Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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lunes, 31 de mayo de 2010

PremiiOs!!



Estos premiios son del blog http://www.deseoyoscuridad.blogspot.com/ , muxas graxias por acordarte de mi!! ^^

Este premiio es tanto del blog http://www.deseoyoscuridad.blogspot.com/ como del blog http://goxu-amanecercontigo.blogspot.com/ , graxiias xicas!!



Estos premiios me los dio el blog http://adifferentworldforgirls.blogspot.com/ , muxas graxiias xicas, son hermosos!!^^

Por y paRa siempRe * CapítuLo 18

Hola mis niñas!! perdón por no haber publicado antes :P por aqui les dejo este capítulo, disfrutenlo :)
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Edward conducía deprisa. Muy deprisa. Así que cuando llegamos al aparcamiento solo habían pasado unos pocos minutos.

-Donde estamos?- pregunté mientras me fijaba en un cartel donde ponía “entrada oeste”- entrada de que?- le dije mientras señalaba ese cartel

-Creo que esto te tendría que servir como explicación- dijo mientras se echaba a reír. En ese momento pasaron a mi lado dos purasangre negros, seguidos de sus respectivos jockeys.

-El hipódromo?

Al igual que me pasó cuando me llevo a Disneyland, el hipódromo, era un lugar donde nunca me hubiese imaginado que me llevaría.

-Esto no es cualquier hipódromo, estamos en el Santa Ann, el mas bonito. Vamos tenemos una reserva a las tres en Favorito.

-Donde?

-Tranquila solo es un restaurante- dijo riendo

Cuando llegamos al lugar, el camarero saludó a Edward como si lo conociera de toda la vida, y nos condujo hasta una de las mejores mesas.

La verdad, es que me lo pasé bastante bien, comimos, reímos.. y hasta apostamos en las carreras, aunque no confiaba que fuera muy legal lo de apostar, ya que yo aun no tenia la mayoría de edad.

-Bueno.. y que piensas de las carreras?- preguntó Edward mientras entrelazaba nuestros brazos, y me conducía afuera del edificio.

-La verdad, es que ahora entiendo porque te preocupas tan poco las clases. Esto no tiene ni punto de comparación.- le conteste riendo

-Vamos, que te quiero comprar algo con el dinero que me gané apostando- dijo mientras me arrastraba hasta la tienda de regalos

-No, no tienes porque..- empece a decir

-Insisto- dijo contra mi oído- puedo y quiero hacerlo. Pero hay una condición, nada de sudaderas ni capuchas. Si quieres cualquier otra cosa, solo dilo.

Al final Edward me compro una pulsera con un caballo de cristal.

-Así, de esta forma, ocurra lo que ocurra, jamas te olvidaras este día- decía mientras me abrochaba el broche de la pulsera. Sus dedos rozaron mi muñeca, y una corriente travesó mi cuerpo.

·························

El camino de vuelta a casa, fue mas corto que el de ida, amenos eso es lo que a mi me pareció. Y cuando Edward aparcó enfrente de mi casa, me di cuenta, que no quería que el día terminara. No tan pronto.

-Mira esto- dijo mientras señalaba el reloj del salpicadero del coche- te he traído antes de medianoche, tal como te prometí.

Cuando se inclinó para besarme, le devolví el beso con tal entusiasmo, que prácticamente, lo arrastre a mi asiento.

-Puedo entrar?- preguntó mientras me tentaba con sus labios, que en ese momento recorrían mi cuello.

Me sorprendí a mi misma, cuando separe a Edward de mi, y le negué con la cabeza. No solo porque sabia que Esme estaba dentro de casa, sino también porque necesitaba recuperar la cordura, después de ese beso.

-Te veré mañana en el instituto- le dije mientras salia de su volvo

-El instituto es puro aburrimiento.. no se como lo aguantas- me contestó con un suspiro

-Que como lo aguanto? Bueno.. ya sabes, te levantas, te vistes y te vas. Y algunas veces, si prestas atención, aprendes un par de cosas mientras estas allí.

Cuando esas palabras salieron me di cuenta que eso era mentira. Porque la verdad, es que no había aprendido nada ese maldito año. Resultaba difícil aprender algo, cuando mas o menos puedes saberlo todo.

-Debe haber una forma mejor de hacerlo- aseguro Edward con un suspiro

-Como hacer novillos? No creo que esa sea la mejor forma. No si quieres ir a la universidad, y quieres ser algo en la vida.

Edward se echo a reír.

-Esta bien. Jugaremos con tus normas. Por el momento. Te veré mañana, Bella.

Apenas había atravesado la puerta de mi casa, cuando Edward, ya se estaba alejando con el coche.

····························

Por la mañana, mientras me estaba vistiendo, mi tía Esme, estaba indecisa de entrar a mi habitación. Yo ya sabia lo que me quería preguntar, pero no podía abrir la puerta, y decirle a Esme: “tranquila me parece bien”.

Al final mi tía, entró en la habitación, con un posado rígido, y algo nerviosa. Se sentó en el borde de la cama antes de suspirar y empezar a hablar.

-Carlisle, me ha incitado ha pasar el fin de semana fuera, pero he creído que primero te lo tenia que consultar.

-Quien es Carlisle?- le pregunté mientras me ponía los pendientes y me giraba para mirarla.
Aunque conocía de sobras la respuesta, me pareció necesario formularla de todas formas.

-Vino a la fiesta de hallowen, iba disfrazado de Dacrula.

La verdad, es que Carlisle, me pareció un buen tipo, tenia casa propia, y un buen sueldo, y se le veía buena persona. Y si Esme se marchaba de la ciudad un par de días.. bueno, era una oportunidad, que podía que no se presentara de nuevo.

-Pues ve, y pasatelo bien!- le conteste al fin

Mi tía sonrió con una expresión que revelaba alivio y entusiasmo, a partes iguales. Después se levantó de mi cama y cuando iba a salir por la puerta, se detuvo para continuar hablando.

-Nos marchamos hoy, después del trabajo. Tiene una casa a dos horas de aquí, así que se necesitas algo.. no estaré muy lejos. Volveremos el domingo. Y Bella.. me parece bien que invites a tus amigos a casa, pero.. es necesario que mantengamos una conversación al respecto?

-Tengo las cosas claras. Puedes estar tranquila.

-Nos vemos el domingo- se despidió dándome un beso en la mejilla

-Nos vemos el domingo, pasatelo bien.

····························

Cuando llegue al aparcamiento del instituto, ahí estaba Edward, y saber que me estaba mirando, me provocaba un hormigueo por todo el cuerpo.

-Hola- me dijo mientras me observaba como salia del coche

-Hola- le conteste con una gran sonrisa, a la cual el correspondió.

Nos dirigimos hacia dentro del recinto, pero antes de traspasar las rejas que separaban el aparcamiento de la entrada, Edward se detuvo.

-Tengo una idea mejor. Vamos a desayunar.

Yo negué con la cabeza, y antes de que me diera tiempo a dar dos pasos, Edward me agarró de la mano, y me detuvo.

-Vamos..- me dijo rogándome, mirándome a los ojos, y haciendo esa sonrisa torcida que hacia que se me olvidara respirar.

-No podemos, ademas, ya he desayunado.

-Bella, por favor!- dijo mientras se ponía de rodillas, y juntaba las manos en modo de suplica- por favor, no me obligues a entrar ahí. Si tienes algo de compasión, no me obligues a hacerlo.

Apreté los labios en un intento de no echarme a reír. Nunca me hubiera podido imaginar que llegaría a ver a mi guapo, elegante y sofisticado novio suplicándome de rodillas. Pero a pesar de todo, sacudí la cabeza, y dije:

-Venga, levantate. Esta a punto de sonar el timb..- aun no había terminado la frase cuando el maldito timbre empezó a sonar.

Edward sonrió, se puso de pie, se sacudió los pantalones y me rodeo la cintura con el brazo.

-Sabes? Dicen que es mejor no aparecer, que llegar tarde.

-Quien lo dice? Me parece que el único que lo dice eres tú.

-Bueno.. si.. puede ser que sea yo quien lo dice. De todas formas te puede asegurar, que hay formas mejores de pasar la mañana. Porque Bella- me dijo mientras apretaba mi mano- no tenemos que hacer esto. Y tú no tienes que ponerte esto- me quitó la gafas de sol y me bajó la capucha- El fin de semana, empieza ahora.

Y aunque se me ocurrieron un millón de buenas razones por las que no deberíamos saltarnos las clases, por las que el fin de semana tendría que haber esperado hasta las tres en punto, como cualquier otro viernes, solo hizo falta que Edward me mirara con esos ojos tan profundos y incitantes, que me sumergí en ellos sin pensarlo dos veces.

-Démonos prisa, antes que nos pillen- dije antes de salir corriendo cogida de la manos de Edward.
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Hola de nuevo!! xD dejaran sus dulces palabras? espero que si!! jajaj

sábado, 29 de mayo de 2010

PremiiOs!!



Muchas graxiias a Elifer y su blog http://secretosdelamanecer.blogspot.com/ , por estos premiios tan bonitos!! Graxiias por acordarte de mi ;) TeQuiieRo^^

viernes, 28 de mayo de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 6/4

— No puedo creerlo —comentó Grace—. ¿Las mujeres siempre se comportan así contigo?

— Sí —contestó él con la ira reflejada en la voz—. Por eso odio mostrarme en lugares públicos.

— No dejes que te moleste —le dijo Selena, mientras cogía una alita de pollo—. Definitivamente, tu presencia resulta muy útil. De hecho, propongo que lo saquemos más a menudo.

Grace dejó escapar un bufido.

— Sí, bueno; si esa criatura anota su nombre y su número de teléfono en la cuenta antes de dárnosla, tendré que darle un bofetón.

Selena estalló en carcajadas.

Antes de que Grace pudiese preguntar cualquier otra cosa, Cupido entró sin prisas en el restaurante, y se acercó hasta ellos.

Tenía un ligero moratón en el lado izquierdo de la cara, donde Julián lo había golpeado. Intentó mostrarse indiferente, pero aun así, Grace percibió la tensión en su interior, como si estuviese preparado para huir en un momento dado. Arqueó una ceja ante el pelo corto de Julián, pero no dijo ni una palabra mientras tomaba asiento junto a Selena.

— ¿Y bien? —preguntó Julián.

Cupido suspiró profundamente.

— ¿Quieres que primero te dé las malas noticias o prefieres las pésimas?

— Veamos… ¿qué tal si hacemos que mi día sea más memorable? Comienza con las pésimas y sigue con las malas para intentar mejorar el ambiente.

Cupido asintió.

— De acuerdo. En el peor de los casos, la maldición jamás se podrá romper.

Julián se tomó la noticia mejor que Grace; apenas si hizo un gesto de aprobación.

Grace miró a Cupido con los ojos entornados.

— ¿Cómo puedes hacerle esto? ¡Dios Santo!, mis padres habrían removido cielo y tierra para ayudarme, y tú te limitas a sentarte sin ni siquiera decirle lo siento. ¿Qué clase de hermano eres?

— Grace —la amonestó Julián—. No le retes. No sabemos qué consecuencias puede traer.

— Eso es cierto mort…

— Tócala —le interrumpió Julián— y utilizaré la daga que llevas en el cinturón para sacarte el corazón.

Cupido se movió para alejarse de él.

— Por cierto, te olvidaste algunos detalles jugosos cuando me contaste tu historia.

Julián le miró furioso, con los ojos entrecerrados.

— ¿Como qué?

— Como el hecho de que te acostaras con una de las sacerdotisas vírgenes de Príapo. Tío, ¿en qué estabas pensando? Ni siquiera te preocupaste de quitarle la túnica mientras la tomabas. No eras tan estúpido como para hacer eso, ¿se puede saber qué te ocurrió?

— Por si se te ha olvidado, estaba muy enfadado con él en aquel momento —dijo con amargura.

— Entonces deberías haber buscado a una de las seguidoras de mamá. Para eso están.

— Ella no fue la que mató a mi esposa. Fue Príapo.

Grace estuvo a punto de sufrir un infarto al escucharle. ¿Estaba hablando en serio?

Cupido ignoró la abierta hostilidad de Julián.

— Bueno, Príapo aún está un poco sensible con respecto al tema. Parece que lo ve como el último de tus insultos.

— ¡Ah, ya entiendo! —gruñó Julián—. El hermano mayor está enfadado conmigo por haberme atrevido a tomar a una de sus vírgenes consagradas, ¿es que esperaba que me sentara tan tranquilo y dejara que él matara a mi familia a su antojo? —La ira que destilaba su voz hizo que a
Grace se le erizara el vello de la nuca—. ¿Te molestaste en preguntarle a Príapo por qué fue tras ellos?

Cupido se pasó una mano por los ojos y dejó escapar un suspiro entrecortado.

— Claro, ¿recuerdas que perseguiste a Livio y lo derrotaste en Conjara? Pues él pidió que se vengara su muerte, justo antes de que le cortaras la cabeza.

— Estábamos en guerra.

— Ya sabes lo mucho que siempre te ha odiado Príapo. Estaba buscando una excusa para poder lanzarse sobre ti sin temor a sufrir represalias; y se la diste tú mismo.

Grace observó a Julián, cuyo rostro era una máscara inexpresiva.

— ¿Le has dicho a Príapo que quiero verlo? —le preguntó.

— ¿Estás loco? ¡Maldición! Claro que no. Mencioné tu nombre y estuvo a punto de estallar de furia. Dijo que podías pudrirte en el Tártaro durante toda la eternidad. Créeme, no te gustaría estar cerca de él.

— ¡Ja! ¡Me encantaría!

Cupido asintió.

— Vale, pero si lo matas, tendrás que vértelas con Zeus, Tesífone y Némesis.

— ¿Y crees que me asustan?

— Ya sé que no, pero no quiero verte morir de ese modo. Y si no fueses tan terco como una mula, al menos durante tres segundos, tú mismo te darías cuenta. ¡Venga ya! ¿De verdad quieres desencadenar la ira del gran jefe?

Por la expresión de Julián, Grace hubiera dicho que le daba exactamente igual.

— Pero —continuó Cupido—, mamá señaló que existe un modo de acabar con la maldición.

Grace contuvo la respiración mientras la esperanza revoloteaba en los ojos de Julián. Ambos esperaron a que Cupido se explicara.

En lugar de seguir, él se dedicó a observar el interior del sombrío local.

— ¿Crees que esta gente se come esta mier…?

Julián chasqueó los dedos delante de los ojos de su hermano.

— ¿Qué hago para romper la maldición?

Cupido se arrellanó en el asiento.

— Ya sabes que todo en el universo es cíclico. Todo lo que comienza tiene un final. Puesto que fue Alexandria la que originó la maldición, debes ser convocado por otra mujer dedicada a Alejandro.
Una que también necesite algo de ti. Debes hacer un sacrificio por ella y… —entonces, estalló en carcajadas.

Hasta que Julián se estiró por encima de la mesa y le agarró por la camiseta.

— ¿Y…?

Él le dio un empellón para que le soltara y adoptó una actitud seria.

— Bueno… —continuó mirando a Grace y a Selena—. ¿Nos disculpáis un momento?

— Soy una sexóloga —le dijo Grace—. Nada de lo que digas podrá sorprenderme.

— Y yo no pienso levantarme de esta mesa hasta que escuche los jugosos cotilleos —confesó Selena.

— De acuerdo entonces —convino Cupido, mientras miraba de nuevo a Julián—. Cuando la mujer consagrada a Alejandro te invoque, no podrás meter tu cucharita en su jarrita de mermelada hasta el último día. Será entonces cuando debáis uniros carnalmente antes de la medianoche, y te encargarás de no separar vuestros cuerpos hasta el amanecer. Si sales de ella en cualquier momento, por cualquier motivo, regresarás de inmediato al libro y la maldición seguirá vigente.

Julián maldijo y miró hacia otro lado.

— Exactamente —le contestó su hermano—. Sabes lo fuerte que es la maldición de Príapo. No hay una puñetera forma de que aguantes treinta días sin tirarte a tu invocadora.

— Ése no es el problema —dijo Julián entre dientes—. El problema radica en encontrar a una mujer consagrada a Alejandro que me invoque.

Con el corazón latiendo desenfrenado a causa de los nervios, Grace se incorporó en el asiento.

— ¿Qué significa lo de «una mujer consagrada a Alejandro»?

Cupido encogió los hombros.

— Que tiene que llevar el nombre de Alejandro.

— ¿Como apellido? —preguntó ella.

— Sí.

Grace alzó los ojos y buscó la mirada apesadumbrada de Julián.

— Julián, mi nombre completo es Grace Alexander.

Amante de ensueño * CapítuLo 6/3

Salieron del Brewery y atravesaron el estacionamiento en dirección al Hard Rock Café.

Afortunadamente, no tuvieron que esperar demasiado antes de que la camarera les buscase una mesa.

— ¡Oye! —dijo un chico cuando se acercaban a la mujer—. Nosotros llegamos antes.

La camarera le lanzó una mirada glacial.

— Su mesa aún no está preparada —y se volvió hacia Julián con ojitos tiernos—. Si es tan amable de seguirme…

La chica abrió la marcha contoneando las caderas, como si no tuviese otra cosa que hacer.

Grace miró a Selena aguantando la risa, y le indicó con un gesto que mirara a la chica.

— No se lo tengas en cuenta —le contestó su amiga—. Nos ha colado por delante de diez personas.

La camarera les llevó hasta una mesa en la parte trasera.

— Aquí se puede sentar —dijo mientras rozaba ligeramente el brazo de Julián—, y yo me encargo de que su comida no tarde mucho.

— ¿Y nosotras somos invisibles? —preguntó Grace cuando la chica se alejó.

— Empiezo a creer que sí —respondió Selena, sentándose en el banco situado cara a la pared.

Grace se sentó enfrente, con el muro a su espalda. Como era de esperar, Julián ocupó un sitio a su lado.

Ella le ofreció el menú.

— No puedo leer esto —le dijo antes de devolvérselo.

— ¡Ah! —exclamó Grace, avergonzada por no haberlo pensando antes—. Supongo que no enseñaban a leer a los soldados de la antigüedad.

Julián se pasó una mano por la barbilla y pareció adoptar una actitud malhumorada ante el comentario.

— En realidad sí lo hacían. El problema es que me enseñaron a leer griego clásico, latín, sánscrito, jeroglíficos egipcios y otras lenguas que hace mucho que desaparecieron. Usando tus propias palabras, este menú está en griego para mí.

Grace se encogió.

— No vas a dejar de recordarme que escuchaste todo lo que dije antes de que aparecieras, ¿verdad?

— Me temo que no.

Apoyó el brazo en la mesa y, en ese momento, Selena apartó la vista del menú y le miró la mano.
Entonces jadeó.

— ¿Eso es lo que yo creo? —preguntó mientras le alzaba la mano.

Para sorpresa de Grace, él permitió que le agarrara la mano y que mirara el anillo.

— Grace, ¿has visto esto?

Ella se incorporó en el asiento para poder verlo más de cerca.

— No, la verdad. He estado un tanto distraída.

Un tanto distraída, sí, claro. Eso es como decir que el Everest es un adoquín.

Aún bajo la tenue luz del local, el oro emitía luminosos destellos. La parte superior era plana y tenía grabada una espada rodeada de hojas de laurel, e incrustadas entre las hojas, había unas piedras preciosas que parecían ser diamantes y esmeraldas.

— Es hermoso —dijo Grace.

— Es un jodido anillo de general, ¿cierto? —preguntó Selena—. No eras un simple soldado de a pie. ¡Eras un puto general!

Julián asintió sobriamente.

— El término es equivalente.

Selena soltó el aire totalmente anonadada.

— Grace, ¡no tienes ni idea! Julián tuvo que ser alguien realmente relevante en su tiempo para tener este anillo. No se lo daban a cualquiera —y movió la cabeza—. Estoy muy impresionada.

— No lo estés —le contestó Julián.

Por primera vez en años, Grace envidió la licenciatura en Historia Antigua de su amiga. Lanie sabía mucho más acerca de Julián y de su mundo de lo que ella jamás podría averiguar.

Pero no parecía necesitar ese grado de conocimiento para entender lo doloroso que debía haber sido para él pasar de ser un general que ordenaba a un ejército, a un esclavo gobernado por las mujeres.

— Apuesto a que eras un magnífico general —dijo Grace.

Julián la miró, captando la sinceridad con la que había pronunciado sus palabras. Por alguna inescrutable razón, su cumplido le reconfortó.

— Hice lo que pude.

— Apuesto a que les diste una patada en el culo a unos cuantos ejércitos —continuó ella.

Él sonrió. No había pensado en sus victorias desde hacía siglos.

— Pateé a unos cuantos romanos, sí.

Grace se rió ante el uso del vocabulario.

— Aprendes rápido.

— ¡Oye! —exclamó Selena, interrumpiéndolos—. ¿Puedo echarle un vistazo al arco de Cupido?

— ¡Sí! —exclamó Grace—. ¿Podemos?

Julián lo sacó de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa.

— Con cuidado —advirtió a Selena mientras alargaba el brazo—. La flecha dorada está cargada.
Un pinchacito y te enamorarás de la primera persona que veas.

Ella retiró la mano.

Grace cogió el tenedor y con él arrastró el arco hasta tenerlo cerca.

— ¿Se supone que debe ser tan pequeño?

Julián sonrió.

— ¿Es que nunca has oído esa frase que dice: «El tamaño no importa»?

Grace puso los ojos en blanco.

— No quiero ni escucharla de un hombre que la tiene tan grande como tú.

— ¡Grace! —jadeó Selena—. Jamás te había oído hablar así.

— He sido extremadamente comedida, considerando todo lo que vosotros me habéis dicho estos últimos días.

Julián acarició el pelo que le caía sobre los hombros. Esta vez, Grace no se retiró. Estaba haciendo progresos.

— Entonces, dime cómo usa Cupido esto —le dijo ella. Julián dejó que sus dedos acariciaran los sedosos mechones de su pelo. Brillaban aun con la escasa luz del restaurante. Deseaba tanto sentir ese pelo extendiéndose sobre su pecho desnudo… Enterrar su rostro en él y dejar que le acariciara las mejillas.

Con la mirada ensombrecida, imaginó cómo se sentiría al tener el cuerpo de Grace rodeándolo. Y el sonido de su respiración junto al oído.

— ¿Julián? —preguntó ella, sacándolo de su ensoñación—. ¿Cómo lo utiliza Cupido?

— Puede adoptar un tamaño semejante al del arco, o puede hacer que el arma se haga más grande. Depende del momento.

— ¿En serio? —preguntó Selena—. No lo sabía.

La camarera llegó corriendo y colocó la bandeja sobre la mesa, mientras devoraba con los ojos a Julián como si fuese el especial del día.

Muy discretamente, Julián recogió el arco de encima de la mesa y lo devolvió a su bolsillo.

— Siento mucho haberle hecho esperar. Si hubiese sabido que no iban a atenderle de inmediato, yo misma le habría tomado nota nada más sentarse.

Grace le dirigió a la chica una mirada ceñuda. ¡Joder!, ¿es que Julián no podía tener cinco minutos de tranquilidad, sin que una mujer se le ofreciera abiertamente?

¿Y eso no te incluye a ti?

Se quedó helada ante el giro de sus pensamientos. Ella se comportaba exactamente igual que las demás, mirándole el culo y babeando ante su cuerpo. Era un milagro que él soportara su presencia.

Hundiéndose en el asiento, se prometió a sí misma que no lo trataría de aquel modo. Julián no era un trozo de carne. Era una persona, y merecía ser tratado con respeto y dignidad.

Pidió el menú para los tres, y cuando la camarera regresó con las bebidas, trajo una bandeja de alitas de pollo al estilo Búfalo.

— Nosotros no hemos pedido esto —apuntó Selena.

— ¡Oh, ya lo sé! —respondió la chica, sonriendo a Julián—. Hay mucho trabajo en la cocina y tardaremos un poco más en poder servirle la comida. Pensé que debería estar hambriento y por eso le traje las alitas. Pero si no le gustan, puedo traer cualquier otra cosa; la casa invita, no se preocupe. ¿Preferiría otra cosa?

¡Puaj! El doble sentido era tan obvio que a Grace le entraron ganas de arrancarle de raíz el pelo cobrizo.

— Está bien así, gracias —le dijo Julián.

— ¡Ay, Dios mío!, ¿puede hablar un poco más? —le pidió la chica, a punto de desmayarse—. ¡Oh, por favor, diga mi nombre! Me llamo Mary.

— Gracias, Mary.

— ¡Ooooh! —exclamó la camarera—. Se me ha puesto la piel de gallina —y con una última mirada a Julián, cargada de deseo, se alejó de ellos.

Amante de ensueño * CapítuLo 6/2

La furiosa mirada de Julián se endureció aún más.

— ¿Cómo soportas hablar de ella? Afrodita estaba tan celosa de ti que intentó casarte con un hombre horrible, y después casi te mató para evitar que te casaras con Cupido. Para ser la diosa del Amor, no tiene mucho para los demás, todo lo malgasta en ella misma.

Psique apartó la mirada.

— No hables así de ella —le espetó Cupido—. Es nuestra madre y se merece nuestro respeto.

La siniestra ira que reflejó el rostro de Julián habría aterrorizado al mismísimo diablo, y Cupido se encogió al verla.

— No te atrevas jamás a defenderla delante de mí.

Fue entonces cuando Cupido notó la presencia de Grace y de Selena. Las miró dos veces, sorprendido, como si acabasen de aparecer de repente en mitad del grupo.

— ¿Quiénes son?

— Amigas —contestó Julián, para sorpresa de Grace.

El rostro de Cupido adoptó una expresión dura y fría.

— Tú no tienes amigas.

Julián no respondió, pero la tirante mueca que torció sus labios afectó profundamente a Grace.

Aparentemente inconsciente de la dureza de sus palabras, Cupido se acercó indolentemente hasta Psique.

— Aún no me has dicho por qué es tan importante para ti echarle el guante a Príapo.

La mandíbula de Julián se tensó.

— Porque me maldijo a pasar la eternidad como un esclavo, y no puedo escapar. Quiero tenerlo delante el tiempo suficiente para empezar a arrancarle partes del cuerpo que no puedan volver a
crecerle.

Cupido perdió el color del rostro.

— Tío, ya le echó pelotas si hizo eso. Mamá le hubiese matado de haberse enterado.

— ¿En serio crees que voy a creerme que Príapo me hizo esto sin que ella se enterase? No soy tan estúpido, Eros. A esa mujer no le interesa nada lo que pueda ocurrirme.

Cupido negó con la cabeza.

— No empieces con eso. Cuando te ofrecí sus regalos me dijiste que me los metiera por mi orificio trasero. ¿Te acuerdas?

— ¿Por qué lo haría? —preguntó Julián con sarcasmo—. Zeus me expulsó del Olimpo horas después de mi nacimiento, y Afrodita jamás se molestó en discutir la decisión. Sólo os acercabais a mí para torturarme de algún modo. —Julián miró a Cupido con furia asesina—. Cuando a un perro se le golpea con frecuencia, acaba volviéndose agresivo.

— Vale, lo admito. Algunos de nosotros podríamos haber sido un poco más condescendientes contigo, pero…

— Nada de peros, Cupido. No hicisteis nada por mí, ni una puñetera vez. Especialmente ella.

— Eso no es cierto. Mamá jamás superó que le dieses la espalda. Eras su favorito.

Julián resopló.

— ¿Y por eso he estado atrapado en un libro los últimos dos mil años?

Grace sufría por él. ¿Cómo podía Cupido escucharlo tan tranquilo, sin ni siquiera pensar en usar sus poderes para liberar a su hermano de un destino peor que la muerte? No era de extrañar que Julián les maldijera. Súbitamente, Julián cogió una daga del cinturón de Cupido y se hizo un profundo corte en la muñeca.

Ella jadeó horrorizada, pero antes de poder abrir la boca, la herida se cerró sin haber derramado una sola gota de sangre.

Cupido abrió los ojos de par en par.

— ¡Qué cabrón! —jadeó—. Ésa es una de las dagas de Hefesto.

— Ya lo sé —le respondió Julián mientras le devolvía el arma—. Hasta tú puedes morir si te hieren con una de éstas, pero yo no. Hasta ahí llega la maldición de Príapo.

Grace contempló el horror en los ojos de Cupido al ser consciente de la magnitud de lo ocurrido.

— Sabía que te odiaba, pero jamás pensé que caería tan bajo. Tío, ¿en qué estaba pensando?

— No me importa lo que pensara, sólo quiero librarme de esto.

Cupido asintió. Por primera vez, Grace vio simpatía y preocupación en su mirada.

— Muy bien, hermanito. Paso por paso. No te vayas muy lejos mientras voy a buscar a mamá y veo lo que tiene que decir al respecto.

— Si me quiere tanto como dices, ¿por qué no la llamas para que venga aquí y hablo directamente con ella?

Cupido le miró pensativamente.

— Porque la última vez que mencioné tu nombre, estuvo llorando durante un siglo. Le hiciste mucho daño.

Aunque la apariencia de Julián seguía siendo rígida y distante, Grace sospechaba que, en el fondo, debía haber sufrido tanto como su madre.

Si no más.

— Lo consultaré con ella y volveré en un momento —le dijo mientras pasaba un brazo alrededor de los hombros de Psique—. ¿De acuerdo?

Julián alargó el brazo, cogió el colgante que Cupido llevaba al cuello y tiró de él con fuerza.

— De este modo me aseguro de que regreses.

Cupido se frotó el cuello; parecía bastante malhumorado.

— Ten mucho cuidado. Ese arco puede ser muy peligroso si cae en las manos equivocadas.

— No temas. Recuerdo muy bien cómo duele.

Ambos intercambiaron una mirada cargada de significado.

— Hasta ahora —se despidió Cupido dando una palmada, y junto con Psique, se desvaneció entre los vapores de una neblina dorada.

Grace retrocedió un paso, con la mente en ebullición. No podía acabar de creerse lo que había presenciado.

— Debo estar soñando —murmuró—. O eso, o he visto demasiados episodios de Xena.

Permaneció muy quieta mientras se esforzaba por digerir todo lo que había visto y oído.

— No puede haber sido real. Debe ser algún tipo de alucinación.

Julián suspiró con cansancio.

— Me gustaría poder creerlo.

— ¡Dios Santo!, ¡ése era Cupido! —exclamó Selena extasiada—. Cupido. El real. Ese querubín tan mono que tiene poder sobre los corazones.

Julián resopló.

— Cupido es cualquier cosa menos «mono». Y con respecto a los corazones, se encarga de destrozarlos.

— Pero hace que la gente se enamore.

— No —le contestó, apretando con más fuerza el colgante entre sus dedos—. Lo que él ofrece es una ilusión. Ningún poder celestial puede conseguir que un humano ame a otro. El amor proviene del corazón —confesó con una nota apesadumbrada en la voz.

Grace buscó su mirada.

— Hablas como si lo supieras de primera mano.

— Lo sé.

Grace sentía su dolor como si fuese el de ella. Alargó el brazo para tocarle suavemente el brazo.

— ¿Eso fue lo que le ocurrió a Penélope? —le preguntó en voz baja.

Julián apartó la mirada de Grace, pero ella captó el sufrimiento que se reflejó en sus ojos.

— ¿Hay algún lugar donde pueda cortarme el pelo? —preguntó inesperadamente.

— ¿Qué? —respondió Grace, consciente de que había cambiado el tema para, de ese modo, no tener que contestar a su pregunta—. ¿Por qué?

— No quiero tener nada que me recuerde a ellos —el dolor y el odio que se veían en su rostro eran tangibles.

De mala gana, Grace asintió.

— Hay un lugar en el Brewery.

— Por favor, llévame.

Y Grace lo hizo. Abrió la marcha de vuelta al centro comercial, hasta llegar al salón de belleza.

Nadie dijo una palabra hasta que estuvo sentado en la silla con la estilista detrás.

— ¿Está seguro de que quiere cortárselo? —preguntó la chica, pasando las manos con una caricia reverente entre los largos y dorados mechones—. Le aseguro que es magnífico. La mayoría de los hombres están espantosos con el pelo largo, pero a usted le sienta de maravilla, ¡lo tiene tan saludable y suave! Me encantaría saber qué usa para acondicionarlo.

El rostro de Julián permaneció impasible.

— Córtelo.

La chica, una diminuta morena, miró por encima de su hombro buscando a Grace.

— ¿Sabe? Si tuviese esto en mi cama todas las noches y pudiese acariciarlo, no me gustaría nada que quisiese estropearlo.

Grace sonrió. Si la chica supiera…

— Es su pelo.

— Está bien —contestó con un suspiro resignado. Lo cortó justo por encima de los hombros.

— Más corto —dijo Julián mientras la chica se alejaba.

La estilista pareció sorprendida.

— ¿Está seguro?

Julián asintió con la cabeza.

Grace observó en silencio cómo la chica le cortaba el pelo dejándoselo con un estilo que recordaba al David de Miguel Ángel, con los rizos alborotados enmarcándole el rostro.

Estaba más deslumbrante que antes, si es que eso era posible.

— ¿Qué tal? —le preguntó la chica finalmente.

— Está bien —le respondió él—. Gracias.

Grace pagó el corte y le dio una propina a la chica. Miró a Julián y sonrió.

— Ahora pareces de esta época.

Él volvió la cabeza con un gesto rápido, como si ella le hubiese dado un bofetón.

— ¿Te he ofendido? —le preguntó Grace, preocupada por la posibilidad de haberle hecho daño inadvertidamente. Eso era lo último que Julián necesitaba.

— No.

Pero Grace lo intuía. Algo relacionado con su comentario le había herido. Profundamente.

— Entonces —dijo Selena pensativamente, mientras se unían a la multitud que atestaba el Brewery—, ¿eres hijo de Afrodita?

Él la miró de reojo, furioso.

— No soy hijo de nadie. Mi madre me abandonó, mi padre me repudió y crecí en un campo de batalla espartano, bajo el puño de cualquiera que anduviese cerca.

Sus palabras desgarraron el corazón de Grace. No era de extrañar que fuese tan duro. Tan fuerte.

La asaltó una inquietud: ¿lo habría abrazado alguien con cariño alguna vez? Sólo una vez, sin que él tuviese que complacer a ese alguien primero.

Julián encabezaba la marcha y Grace observaba su andar sinuoso. Parecía un depredador esbelto y letal. Llevaba los pulgares metidos en los bolsillos delanteros de los vaqueros, y caminaba totalmente ajeno a las mujeres que suspiraban y babeaban a su paso.

Intentó imaginarse a Julián con la apariencia que habría tenido llevando su armadura de batalla.
Dada su arrogancia y su modo de moverse, debía haber sido un fiero luchador.

— Selena —llamó a su amiga en voz baja—. ¿No leí en la facultad que los espartanos golpeaban a sus hijos todos los días, para comprobar el grado de dolor que podían soportar?

Julián le contestó en su lugar.

— Sí. Y una vez al año, hacían una competición en busca del chico que aguantase la paliza más dura sin llorar.

— Un gran número de ellos moría por la brutalidad de las competiciones —añadió Selena—. Bien durante la paliza o por las posteriores heridas.

Grace lo recordó todo de repente. Sus palabras acerca de ser entrenado en Esparta y su odio por los griegos.

Selena miró con tristeza a Grace antes de dirigirse a Julián.

— Siendo el hijo de una diosa, supongo que aguantarías más de una paliza.

— Sí, las soportaba —dijo llanamente, con la voz carente de emociones.

Grace nunca tuvo más deseos de abrazar a otro ser humano como en ese momento. Quería sostener a Julián entre sus brazos. Pero sabía que a él no le agradaría.

— Bueno —comentó Selena, y por su mirada, Grace supo que intentaba alegrar el ambiente—, tengo un poco de hambre. ¿Por qué no pillamos unas hamburguesas en el Hard Rock?

Julián frunció el ceño hasta formar una profunda V.

— ¿Por qué tengo constantemente la impresión de que habláis en otro idioma? ¿Qué es «pillar una hamburguesa en el Hard Rock»?

Grace soltó una carcajada.

— El Hard Rock es un restaurante.

Julián pareció horrorizado.

— ¿Coméis en un sitio cuyo nombre anuncia que la comida es más dura que una roca?
Grace se rió aún más. ¿Por qué nunca se había percatado de eso?

— Es muy bueno, en serio, ya verás.

Amante de ensueño * CapítuLo 6/1

— ¡Ven aquí, pedazo de…! —Julián dejó caer una retahíla de maldiciones que hubiesen avergonzado hasta a un marinero.
Grace abrió unos ojos como platos. No estaba muy segura de qué le sorprendía más: si el ataque de Julián al desconocido motero o el lenguaje que estaba usando.
Como él no dejaba de darle puñetazos, el tipo empezó a defenderse; pero sus habilidades en la lucha no se aproximaban, ni de lejos, a las de Julián.
Olvidando por completo a Selena, Grace echó a correr hacia ellos con el corazón latiendo desbocado mientras intentaba pensar lo que hacer. No había manera de interponerse entre los dos hombres, teniendo en cuenta que intentaban matarse el uno al otro.
— ¡Julián, detente antes de que le hagas daño! —gritó la chica que les acompañaba.
Grace se detuvo al escucharla, incapaz de moverse.
¿Cómo es que conocía a Julián?
La mujer daba vueltas alrededor de ambos, en un intento de ayudar al motero y estorbar a Julián.
— Cielo, ten cuidado, va a… ¡Ay, eso ha debido doler! —la mujer se encogió en un gesto de dolor, cuando Julián golpeó al tipo en la nariz—. ¡Julián, deja de maltratarle de ese modo! Vas a hacer que se le hinche la nariz. ¡Uf, corazón, agáchate!
El motero no se agachó y Julián le asestó un tremendo puñetazo en la barbilla, que lo hizo tambalearse hacia atrás.
La mirada de Grace pasaba de Julián a la mujer con total incredulidad, anonadada.
¿Cómo era posible que se conociesen?
— ¡Eros, corazón! ¡No! —gritó la chica de nuevo, agitando las manos frenéticamente delante de la cara.
Selena se acercó hasta Grace.
— ¿Éste es el Eros que Julián ha invocado? —le preguntó Grace.
Selena se encogió de hombros.
— Puede ser; pero jamás me habría imaginado a Cupido de motero.
— ¿Dónde está Príapo? —preguntó Julián a Eros, mientras le agarraba para empujarle sobre la barandilla de madera, bajo la cual discurría el río.
— No lo sé —le contestó, forcejeando para apartar las manos de Julián de su camiseta.
— No te atrevas a mentirme —gruñó Julián.
— ¡No lo sé!
Julián le sujetó con la fuerza que otorgan dos mil años de dolor y rabia. Las manos le temblaban mientras le tiraba de la camiseta. Pero aún peores que el deseo de matarle allí mismo, eran las implacables preguntas que resonaban en su cabeza.
¿Por qué nadie había acudido antes a sus llamadas?
¿Por qué lo había traicionado Eros?
¿Por qué lo habían dejado solo para que sufriera?
— ¿Dónde está? —preguntó de nuevo Julián.
— Comiendo, eructando; ¡demonios! No lo sé. Hace una eternidad que no lo veo.
Julián lo apartó de la barandilla de un tirón y lo soltó. Tenía la cara desencajada por la ira.
— Tengo que encontrarlo —dijo entre dientes—. Ahora.
En la mandíbula de Eros comenzó a palpitar un músculo mientras intentaba alisarse las arrugas de la camiseta.
— Bueno, dándome una tunda no vas a llamar su atención.
— Entonces quizás deba matarte —le contestó Julián, acercándose de nuevo a él.
Súbitamente, los otros moteros reaccionaron para detenerlo.
Al acercarse a ellos, Eros se agachó para esquivar el puñetazo de Julián y se interpuso entre éste y sus amigos.
— Dejadle en paz, chicos —les dijo mientras agarraba al más cercano por el brazo y lo empujaba hacia atrás—. No querréis luchar con él. Hacedme caso. Podría sacaros el corazón y hacer que os lo comierais antes de que cayeseis muertos al suelo.
Julián estudió a los hombres con una furiosa mirada que desafiaba a cualquiera de ellos a acercarse. Grace sintió terror ante la ira reflejada en sus ojos. Una ira letal que parecía confirmar las palabras de Eros.
— ¿Estás loco? —preguntó el más alto observando incrédulo a Julián—. No creo que sea capaz de tanto.
Eros se limpió la sangre del labio y sonrió débilmente al mirarse el dedo.
— Sí, bueno. Confiad en mí. Sus puños son como almádenas, y tiene la condenada habilidad de moverse tan rápido que no podréis esquivarlo.
A pesar de sus polvorientos pantalones de cuero negro y la desgarrada camiseta, Eros era increíblemente guapo y no parecía estar agotado, como el resto de sus compañeros. Su apuesto rostro podría ser hermoso si no llevase una perilla castaña rodeada de una barba de tres días, y el corte de pelo al estilo militar.
— Además, no es más que una pequeña riña familiar —continuó Eros, con un extraño brillo en los ojos. Dio unas palmaditas a su amigo en el brazo y soltó una carcajada—. Mi hermano pequeño siempre ha tenido un carácter desagradable.
Grace intercambió una atónita e incrédula mirada con Selena, a la par que ambas se quedaban boquiabiertas por el asombro.
— ¿He escuchado bien? —le preguntó a Selena—. No es posible que sea hermano de Julián. ¿O sí?
— ¿Cómo quieres que lo sepa?
Julián le dijo algo a Eros en griego que hizo que los ojos de Selena se abrieron como platos y que la sonrisa desapareciera del rostro del dios.
— Si no fueses mi hermano, te mataría por eso.
Los ojos de Julián lo fulminaron.
— Si no necesitase tu ayuda, ya estarías muerto.
En lugar de enfadarse, Eros se rió a carcajadas.
— No se te ocurra reírte —le advirtió con enfado la chica—. Es mejor que recuerdes que es de las pocas personas capaz de cumplir esa amenaza.
Eros asintió y se giró para hablar con sus compañeros.
— Marchaos —les dijo—. Nos reuniremos con vosotros más tarde.
— ¿Estás seguro? —preguntó el más alto de los cuatro, mirando con nerviosismo a Julián—-
Podemos echarte una mano, si te hace falta.
— No, no pasa nada —dijo moviendo la mano despectivamente—. ¿No recordáis que os dije que tenía que ver a alguien? Mi hermano está un poco cabreado conmigo, pero se le pasará.
Grace se apartó para dejar pasar a los moteros; todos se marcharon, con la excepción de la imponente mujer, que se quedó allí de pie, observando cautelosamente a los dos hombres con los brazos cruzados sobre el generoso pecho cubierto de cuero.
Totalmente ajeno a ella, a Selena y a la mujer, Eros caminó lentamente alrededor de Julián, dibujando un círculo para poder examinarle atentamente.
— ¿Relacionándote con mortales? —le preguntó Julián, deslizando una mirada igualmente fría y desdeñosa sobre Eros—. Vaya, Cupido… ¿es que se ha congelado el Tártaro desde que me marché?
Eros hizo caso omiso de sus airadas palabras.
— ¡Joder, chico! —exclamó incrédulo—. No has cambiado un ápice. Creía que eras mortal.
— Se suponía que debía serlo pero… —y de nuevo comenzó a soltar improperios, uno tras otro.
Los ojos de Eros comenzaron a brillar, amenazadores.
— Con una boca como ésa, deberías codearte con Ares. ¡Joder, hermanito!, no sabía que pudieras conocer el significado de todo eso.
Julián volvió a agarrar a su hermano por la camiseta, pero antes de poder hacer nada más, la mujer alzó el brazo e hizo un extraño movimiento con la mano.
Julián se quedó inmóvil como una estatua. Por la expresión de su rostro, Grace podía afirmar que no estaba muy contento.
— Déjame, Psique —gruñó.
Grace abrió la boca por la sorpresa. ¿Psique? ¿Sería posible?
— Sólo si prometes no volver a golpearlo —contestó ella—. Sé que no tenéis la mejor de las relaciones, pero respeta el hecho de que me guste su cara tal y como está, y que no soporte que le des un solo puñetazo más.
— Li-bé-ra-me —volvió a decir Julián, recalcando cada sílaba.
— Es mejor que lo hagas, Psique —le dijo Eros—. Está siendo amable contigo, pero puede librarse de ti mucho más fácilmente que yo, gracias a mamá. Y si lo hace, acabarás herida.
Psique bajó el brazo.
Julián liberó a su hermano.
— No te encuentro para nada gracioso, Cupido. Nada de esto me resulta gracioso. Y ahora, dime dónde está Príapo.
— ¡Maldita sea! No lo sé. Lo último que supe de él es que estaba viviendo en el sur de Francia.
A Grace le zumbaban los oídos ante la información que estaba descubriendo. No podía dejar de mirar a Cupido y a Psique. ¿Sería posible? ¿Podrían ser verdaderamente Cupido y Psique?
¿Y serían familia de Julián? ¿Sería posible tal cosa?
De nuevo supuso que sería tan lógico como la imagen de dos mujeres borrachas conjurando a un esclavo sexual griego, que estaba encerrado en un viejo libro.
Captó la mirada ávida y encantada de Selena.
— ¿Quién es Príapo? —le preguntó Grace.
— Un dios fálico de la fertilidad que siempre se ha representado totalmente empalmado —le susurró.
— ¿Y para qué lo necesita Julián?
Su amiga se encogió de hombros.
— ¿Porque quizás fue él quien le maldijo? Pero entonces aquí habría algo muy divertido: Príapo es hermano de Eros, por tanto, si Eros es hermano de Julián, hay bastantes posibilidades de que éste y Príapo también lo sean.
¿Condenado a una eternidad como esclavo por su propio hermano?
El simple pensamiento la ponía enferma.
— Llámalo —le dijo Julián con tono amenazador a Eros.
— Llámalo tú. Yo estoy fuera de juego para él.
— ¿Fuera de juego?
Cupido le respondió en griego.
Con la mente totalmente embotada por todo lo que estaba sucediendo, Grace decidió interrumpirlos y ver si conseguía algunas respuestas.
— Perdóname pero, ¿qué está pasando aquí? —le preguntó a Julián—. ¿Por qué le has golpeado?
Él la miró con regocijo.
— Porque me apetecía mucho.
— Muy bonito —le dijo Cupido lentamente a Julián, sin ni siquiera mirar a Grace—. No me ves desde hace… ¿cuánto?, ¿dos mil años? Y en lugar de darme un abrazo fraternal y amistoso, acabo aporreado. —Cupido sonrió jocoso a Psique—. Y mamá se pregunta por qué no me relaciono más con mis hermanos…
— No estoy de humor para aguantar tus sarcasmos, Cupido —le advirtió Julián entre dientes.
Cupido resopló.
— ¿Es que no vas a dejar de llamarme por ese nauseabundo nombre? Jamás he podido soportarlo, y no puedo creer que te guste, dado lo mucho que odiabas a los romanos.
Julián le dedicó una fría sonrisa.
— Lo utilizo porque sé lo mucho que lo odias, Cupido.
Cupido apretó los dientes y Grace notó que se contuvo a duras penas para no abalanzarse sobre Julián.
— Dime, ¿me llamaste tan sólo para zurrarme? ¿O hay algún otro motivo, más productivo, que explique mi presencia?
— Para serte sincero, no pensaba que te molestaras en venir, puesto que me has ignorado las últimas tres mil veces que te llamé.
— Porque sabía que ibas a pegarme —dijo Cupido señalándose la mejilla hinchada—; y lo has hecho.
— Y entonces, ¿por qué has acudido esta vez? —inquirió Julián.
— Para serte sincero —contestó, repitiendo las palabras de Julián—, asumía que estabas muerto y que me llamaba un simple mortal cuya voz era muy similar a la tuya.
Grace observó cómo las emociones abandonaban a Julián. Como si las hirientes palabras de
Cupido hubiesen matado algo en su interior. A él también parecieron afectarlo, ya que se veía más calmado.
— Mira —le dijo a Julián—, sé que me culpas de lo que pasó, pero no tuve nada que ver con lo que le sucedió a Penélope. No tenía forma de saber lo que Príapo iba a hacer al descubrirlo todo.
Julián hizo un gesto de dolor, como si Cupido lo hubiese abofeteado. Una agonía arrolladora se reflejó en sus ojos y en su rostro. Grace no tenía ni idea de quién era la tal Penélope, pero parecía bastante obvio que había significado mucho para Julián.
— ¿Ah, no? —le preguntó Julián con la voz ronca.
— Te lo juro, hermanito —contestó Cupido en voz baja. Lanzó una rápida mirada a Psique y de nuevo se centró en Julián—. Nunca tuve la intención de hacerle daño, y jamás quise traicionarte.
— Ya —dijo él con una sonrisa burlona—. ¿Y esperas que me lo crea? Te conozco demasiado bien, Cupido. Te encanta causar estragos en las vidas de los mortales.
— Pero no lo hizo contigo, Julián —le dijo Psique con voz lastimera—. Si no le crees a él, confía en mí. Nadie quiso que Penélope muriera de esa manera. Tu madre aún llora sus muertes.

jueves, 27 de mayo de 2010

Cambiando la rutina * CapítuLo 3

Holas mis dulces lectoras!! perdón por tenerlas medio abandonas, pero ultimamente, no me sentía con ganas de escribir.. xD Pero aquí les traigo, este capítulo cargado de lemmon!! DisfrutenLo!!
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Creo que había sido la mejor idea que habíamos tenido hacía mucho. Iba a sorprender a Emmett, y eso me encantaba, igual que yo sabia que le gustaba que le sorprendiesen.

Emmett solía ir cada sábado al gimnasio, porque decía que ese era el día que había menos gente en ese lugar. No llegaba a entender porque iba a ese lugar, si ya era fuerte por naturaleza. Pero lo positivo de eso, es que esa parte del juego, ya la tenia cubierta. Lo único que faltaba, era esperar el momento adecuado para entrar en acción. Y mientras llegaba ese momento.. tenia que ponerme hermosa para mi oso.

Entré en mi dormitorio, y me dirigí directamente al gran armario, que gracias a Alice, era completo, demasiado completo para mi gusto.

Entre toda la ropa, me decidí por una falda de tubo, que me llegaba por encima de las rodillas, un top de tirantes finos de color blanco, y como no, mis tacones.

Cuando termine de vestirme, me coloco la liga, como el juego indicaba. Con la falda puesta no se notaba que la llevaba, pero sabia, que en el momento que Emmett se diera cuenta, se le caería la baba.

Me senté enfrente del tocador, y ate mi cabello en una cola, y me maquille solo un poco los ojos, y me puse brillo en los labios. Estaba perfecta.

Mi descapotable rojo, me esperaba en el garaje, así que subí en el, y me fui en busca de mi oso.
Como siempre, las calles de Forks, estaban desiertas, aunque ese día no caía ni una gota del oscuro cielo, así hice lo que mas le gusta a un Cullen, (aparte de otra cosa, no se si me entienden..) acelerar. La aguja marcaba ya mas de los 170Km/h. Así que en cinco minutos estuve donde quería estar. Frente la puerta del gimnasio de Forks.

Me adentre en el edificio, y no me hizo falta de ningún esfuerzo, para captar el olor de mi Emmett. Su olor tan especial, una mezcla entre dulce y amargo. Me encantaba.

Localice a Emmett, en un tiempo récord, estaba haciendo pesas. Los músculos de sus brazos se tensaban, y eso hacía que no pudiera apartar la mirada de él.

Mi marido, también se dio cuenta que yo estaba ahí, mirándolo, y me dedico una sonrisa muy sexy, y me hizo señas con la mano, para que me dirigiera donde él estaba.

-Hola bebe, que hace tú por aquí?- preguntó aun sonriendo

-Es que no le puedo hacer una visita a mi esposo- le dije los mas sensual que pude

-Aja..- dijo mientras tragaba grueso, y sus ojos se clavan en el escote de mi top

Me acerque a él y le sople en la oreja después de haberla mordido. Emmett se estremeció, y con los ojos oscuros a causa del deseo, me agarró la mano, y me condujo hasta los vestuarios.

Los vestuarios, estaban desiertos, igual que las calles de Forks, no había nadie quien nos pudiera escuchar o ver. Pero si me equivocaba, y si había alguien, la verdad.. me daba igual. Tenia demasiada hambre de oso en ese momento.

Emmett me empujo contra las taquillas, y apoyo sus manos a los lados de mi cabeza. Yo, memorizaba, otra vez, su pecho con las yemas de mis dedos. No me cansaria nunca de hacerlo.

-A que viniste Rosalie? A torturarme?- preguntó mientras me dejaba un camino de besos por mi cuello

-No, vine a ver si de verdad estas en forma, y no son solo palabrerías - dije riéndome, porque sabia que en ese preciso momento, empezaba lo bueno.

Oí como gruñía en mi cuello, y deslizaba las manos por mis pechos, memorizándolos, haciéndome jadear.. subió mi falda, hasta llegar a medio muslo, mientras lo hacia, se dio cuenta, de que llevaba una liga, y se quedo estático.

-Oh!! Emmett, que pasó? Ya no puedes continuar?- dije con carita de perro abandonado. La misma que ponía Alice cuando quería salirse con las suya.

-Claro que puedo bebe.. es que.. la liga.. me vuelves loco nena!!

Dicho eso, me arranco la ropa, y me hizo sentir su cuerpo contra el suyo, sentí su erección en mi entrepierna, y eso solo hizo que el calor de mi cuerpo, se elevara. Emmett aun estaba vestido, así que hice lo mismo que él había hecho antes. Le arranque la ropa.

Ahora nuestros cuerpos estaban desnudos. Podía sentir su piel contra mi piel. Nuestras bocas se saboreaban entre si, y nuestras lenguas jugaban una guerra para ver quien de los dos vencía.

Sin previo aviso, él introdujo su erección en mi interior, eso solo provoco que gritara de placer.
Emmett empezó a darme rápido y duro, y eso me encantaba. Estaba muy excitada, no solo por el hombre que tenía entre mis brazos, que ya solo de verlo tenía ganas de desnudarle, sino, también por la excitación de ser descubiertos. Porque aunque era tarde, en el gimnasio, aun quedaba gente.

-Rose..- gimió en mi oído

-Em.. Emmett.. mas..- jadee, los mas claro que pude

Y aunque parecía imposible, mi oso, me dio las estacas mas fuertes y mas rápidas. Estaba a punto de venirme, de llegar a los mas alto.. no pude aguantar mas, estalle.

-Emmett!!- grite

Mi esposo llegó segundo después, y nos besamos apasionadamente, antes de que él saliera de mi.

-Te amo..- susurro mientras me abrazaba fuerte

-Yo también te amo..

Nos vestimos, y como pudimos nos arreglamos, ya que por culpa del arranque de pasión, planeado por mi parte, habíamos roto sin querer un poco nuestra ropa.

-Bueno.. ahora crees que estoy en forma?- dijo con una sonrisa picara en el rostro. Yo solo pude reír. Cada día que pasaba amaba mas a ese oso de peluche.
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Hola de nuevo.. que les pareció? cortito pero intenso, verdad? es que esa Rosalie y ese Emmett son muy explosivos.. jajaja
Espero sus dulces comentariios, me hacen seguir con mi dulce locura.. :P
Las amo!! BesOs&abrazOs

lunes, 24 de mayo de 2010

Maratón de la saga Crepúsculo


Aaaaaaaa!! chicas no me lo podía creer cuando lo lei, pero si!! Junto con el estreno mundial de Eclipse, se hara una maratón para ver las 3 películas: Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse.
A partir de hoy, 24 de Mayo, se ponen a la venta las entradas, se pueden conseguir tanto por el servicaixa como por internet.
Yo hoy mismo las voy a comprar!! xDxD
Sii quereis saber el listado de los cines donde se proyecta la maratón, aqui os dejo el link:


domingo, 23 de mayo de 2010

Por y paRa siempRe * CapítuLo 17

Por la mañana cuando llegue al aparcamiento del instituto, Edward no estaba ahí.

Así que me dirigí a la clase que me correspondía, pero cuando llegue frente a la puerta, me quede paralizada, porque a lo que se refería a Edward no podía ver nada, así que mi estúpida cabeza y imaginación, empezaron a jugar en mi contra, formando una pesadilla.

La pesadilla consistía en que entraba en clase, y me encontraba a Edward sentado en la mesa de Jessica, riendo y coqueteando, él le sacaba a ella, capullos de rosa de todos lo sitios posibles, mientras yo agachaba la cabeza y me dirigía a mi sitio, donde la calidez de su mirada pasaba rozándome mientras volvía a concentrar su atención en Jessica.

Y sabia que esa vez no podría soportarlo, de verdad, no podría hacerlo. Porque aunque sabia que Jessica es mezquina y detestable, no lo guarda en secreto, muestra con claridad como es a todo el mundo.

Y yo era todo lo contrario, una persona paranoica y reservada, que se escondía tras unas gafas de sol y una capucha, mientras cargaba con una carga pesada. No había nadas sencillo en mi.

Cuando estaba apunto de girar el picaporte, mi mano empezó a temblar, negándose a obedecer, y cuando estaba a punto de huir, por miedo de que mi pesadilla fuera verdad, un chico apareció por detrás.

-Piensas abrirla?- preguntó mientras se aclaraba la garganta. Aunque completo la pregunta en su cabeza con una palabra que no pronunció en voz alta “frikie”.

Así que respire hondo, y abrí la puerta. Cuando entre me sentía peor de lo que había podido imaginar, pero solo porque Edward no estaba ahí.

···························

En cuanto llegue al comedor, examine todas las mesas en busca de Edward, pero al ver que no se encontraba me senté en la mesa de siempre. A los cinco minutos llegó Rosalie.

-Ha pasado una semana, y sigo sin saber nada de Leah- dijo Rosalie

-Has preguntado en el grupo de animadoras?- preguntó Alice

-Si, pero nadie sabe nada. Tanya dice que estoy exagerando, sacando las cosas de lugar.

-Todavía sigue aquí?- dijo Alice mientras la miraba con atención.

-Pues claro que sigue aquí Alice. Ahora vive en esta ciudad. Hay algún problema?

-Ningún problema- aunque Alice contesto eso, su mente no lo pensaba- Es solo que..- empezó a decir

-Solo que.. que?

Yo la mire fijamente pensando: “hazlo Alice! Díselo! Tanya es arrogante, aborrecible, una mala influencia, que solo traerá problemas. No eres la única que lo ve, yo también me he dado cuenta, díselo..”

-Da igual- contesto Alice mientras sacudía la cabeza, y suspiraba profundamente.

-No me lo trago Alice. Así que si tienes algo que decir, dilo y ya- Silencio, solo silencio, al ver que nadie decía nada, Rosalie añadió- No te molestes Alice. Y te digo lo mismo Bella. El echo que no digáis nada, no os hace menos culpables. Vosotras ni siquiera la conocéis! No tenéis derecho a juzgarla. Resulta que Tanya me cae muy bien. Y en el poco tiempo que la conozco a sido mucho mejor amiga que vosotras dos juntas.

-Eso es mentira- gritó Alice- Una mierda como esa..

-Lo siento Alice, pero es la verdad. Vosotras me toleráis, salís conmigo, pero en realidad no encajamos. A Tanya y a mi nos gustan las mismas cosas, nos mueven los mismos intereses. Le gusto tal como soy.

-Vaya.. por eso te has convertido en un clon de Tanya, vistiéndote como ella, y cambiando tu look, porque te acepta tal como eres.

-Tú no lo entiendes Alice. Olvidalo

-Venga! Que te pasa? Lo único que he preguntado es que si seguía aquí, y tú lo has convertido en una disputa. Sabes que? Sientante y disfruta de la comida.
Rosalie no hizo caso a Alice, sino que todo lo contrario. Se fue esquivando las mesas del comedor.

-Me puedes explicar lo que acaba de pasar?- preguntó Alice confundida.

Pero yo no tenia respuesta para eso.

··································

Cuando llegue a mi casa, vi que Edward estaba apoyado contra la puerta de la entrada, sonriendo.

-Sabes? He echo una reserva para dos- dijo mientras me rodeaba con su brazo y me conducía a su coche.

-A donde vamos?- pregunte mientras ocupaba el asiento del copiloto de su magnifico Volvo.- Lo cierto es que tengo muchas tareas.

-Tranquila, eso lo puedes hacer mas tarde

-Mas tarde?

Lo observe con atención, preguntándome si alguna vez seria capaz de acostumbrarme a su belleza y a la calidez de su mirada, y a esa capacidad suya de convencerme para hacer cualquier cosa.

Edward sonrió y puso en marcha el motor silencioso de su coche.

-Antes de medianoche, te lo prometo. Ahora ponte el cinturón, vamos a dar una vuelta.
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Hola mis dulces lectoras!! que les pareció? espero sus dulces palabras :):)
BesOS&abrazOS

Expreso PampLona * Capítulo 4

Hola mis dulces lectoras!! aquí les dejo esta nueva entrega :):) Contiene lemmon, así que ya sabeis: no quiero reclamos!! xDxD
Recordar que la escribimos entre Annie y yo.
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En el otro lado del tren, en uno de los vagones apartados, Marie y Rob, no se quedaban atrás. En el mismo momento que Ann había desaparecido con su acompañante, Marie se lanzo a por los labios del joven actor, saboreando cada centímetro de ellos.

Rob paso las manos por los botones de la camisa de la diosa, quería desabrocharle cada uno de los botones de esa sexy y ajustada camisa. Pero los dedos le temblaban, se sentía primerizo y eso no podía ser.

Aun que en sus escasos encuentros sexuales con las pocas mujeres que logró llevarse a la cama, no entendía por que el desatarle los botones de la blusa le estaba resultando casi imposible..

- Mierda- hasta su voz se oía temblorosa. Otra vez trato de desatarlos, mientras los labios de Marie acariciaban su cuello. Sus finos y delicados dedos habían desatado deportivamente los botones de la camisa de Robert, y el aun no podía hacerlo con ella. Y con forme su ansiedad crecía, Marie se reía cada vez mas del pobre muchacha, aun que claro, no lo hacía con mala intención- Soy un imbécil

- No te preocupes, Robert. Yo lo hago

Marie, de una forma muy sutil, empezó a desatarse los botones, mientras miraba directamente los ojos de Rob.

El actor sentía que iba a explotar en cualquier momento, ya empezaba a sentir que lo que tenia entre las piernas se ponía duro. Y le excitaba mucho mas el solo pensar como se sentiría, tener a esa diosa encima.

El bulto en sus pantalones se izo aun mas notorio. Contuvo el aliento mientras que la mujer a su lado se deshacía de ese diáfano sostén de encaje.

Marie sonrío con toda la malicia que le cupo en su cuerpo de diosa, y beso con mucho cuidado los labios del joven actor que se había quedado duro (en mas de un sentido) al ver los pechos perfectos, cremoso de la diosa.

-Sabes bien- murmuro ella mientras sus dedos rozaban superficialmente la protuberancia entre sus piernas. Ella se sentó sobre su regazo y ambos gimieron de gusto. La sensación de ese cuerpo tan femenino contra el suyo lo estaba volviendo loco. Cada curva de ese suculento cuerpo, tan íntimamente cerca del suyo.

Marie desabrocho muy lentamente el botón del pantalón de Robert, para así liberar su gran "mascota" de la cárcel donde estaba encerrada. El actor masajeaba los pechos de la diosa, haciendo que un ligero gemido saliera de la boca de esta

El fuego recorría sus venas, velozmente. Robert jamás se había sentido tan atraído ni tan excitado. El momento que estaba compartiendo que aquella perfecta desconocida era condenadamente erótico. Una parte de el quería hacerla suya, que gritara hasta quedarse sin aliento, otra decía que estaba loco. Que Taylor podría entrar en cualquier momento, o fans, o peor. Reporteros.

Su mirada recayó en la preciosa mujer que sostenía entre sus brazos. Ella se veía tan cómoda allí con el. Parecía completamente ajena a todo.

Como si confiara soberanamente, que nadie pasaría por esa puerta.

Entonces ella tomó su hinchado miembro en sus manos y lo acarició lento, y tortuoso. Con la punta de sus dedos ella jugó con la punta su miembro y luego recorrió toda su extensión, hasta ahuecar sus genitales en su palma y acariciarlo, enviando oleadas de placer por todo su cuerpo.

Robert le agarro la mano, como todo perfecto caballero, no quería disfrutar él solo, así que muy lentamente, recostó a la diosa y él se posiciono encima

-dejame hacerte mía- susurro en su oído antes de penetrarla con suavidad, pero de repente, acelero sus embestidas, eran rápidas y con ritmo, eso provoco que Marie, sintiera calor y una extraña electricidad por todo su cuerpo

- Oh, si bebe. Dame todo lo que tienes grito Marie mientras apretaba con mas fuerza a Robert contra su cuerpo, necesitaba mas, mucho mas.

Ella movió sus caderas contra las de Robert, tratando así de profundizar sus embistes. La sensación sublime de su cuerpo duro dentro de ella, era ambrosía pura. Le encantaba la pasión que residía dentro de su cuerpo. Teniendo en cuenta que era ingles. Lo que se notaba por sus refinados modales. Él se mostraba tan apasionado haciéndole el amor...

¿haciéndole el amor? no podía ser! eso, eso era un juego, hacer el amor era algo que ella nunca había echo, ella solo había tenido sexo, pero de todas formas se sentía tan bien, nunca nadie la había tratado con tanto respecto.

Una oleada de calor subió desde su mismo centro, y recorrió todo su cuerpo

-Robert!!- grito sin importarle que alguien la estuviera escuchando

-Marie!!- dijo el actor ahogando un gemido contra la boca de la diosa

Mientras los últimos espasmos de sus orgasmos los recorrían, se miraron a los ojo atónitos. Marie nunca había estado con un hombre que realmente la hiciera sentir tan bien. En sus brazos se sentía segura, y tibia. Como cuando uno llega al lugar donde pertenece

Realmente le gustaba Robert. El no se daba la vuelta y se echaba a dormir luego de su orgasmo.
El hacía cosas ilógicas, como besarla con ternura. Acariciar sus hombros y su rostro con las manos. Sonreirle

Desde cuando los hombres humanos eran tiernos con sus amantes? Robert la miraba como si ella fuera algo muy precioso, e invaluable

-Increíble- susurro Marie al oído de su amante

A Robert un escalifrio le recorrió todo el cuerpo, como si no quisiera separarse de esa mujer, como si siempre quisiera quedarse a su lado y protegerla.

···················

En el otro lado del vagón, en los baños mas escondidos, estaban Ann y Taylor, que habían vuelto a la carga, buscando mas de ese placer que encontraban cuando se habían acariciado

-No quiero compartirte con nadie- dijo Tay contra el cuello de la joven diosa. El corazón de Ann dejo de latir, dejo de respirar, se quedo en shock, nunca nadie la había dicho eso, se sentía dichosa, y de inmediato una sonrisa apareció en su rostro, agarro la cara de el actor, y deposito en sus labios un profundo beso, como si fuera el ultimo, aunque ella quería que solo fuera el primero

Era extraño, para ambas. Podía sentir la confusión de Marie mezclarse con la propia. Que habría de diferente en ellos? Por que les importaban?

- Eres tan raro. Por que dices cosas como esas?

-Nunca encontré a alguien como tú, y la verdad, no me apetece perderte

- Woo, la gente no suele decirme eso

-Pues la gente esta ciega, o falta de corazón, porque yo hace tres horas, no te conocía, y ahora no quiero que te vayas, hasta este baño de 3 metros cuadrados parece el mejor lugar si tú estas aquí- dijo Tay con sinceridad a los ojos, eso solo provoco que Ann lo abrazara con fuerza, sentía su corazón palpitar de manera alocada. En ese momento se sitio completa

Era increíble sentirse así. Importante. Especial. El último orgasmo sacudió su cuerpo mientras Taylor seguían empujando con fuerza contra sus caderas, mientras él se sentía llegar.

Toco el cielo unos segundos después. Aun unidos se quedaron abrazados, un poco abrumados por las sensaciones nuevas.

Ella descanso su cabeza sobre su hombro, mientras pensaba en algo aterrador. Ahora era el turno de Marie.

No! No podía dejar que Marie... Ella siempre había sido la mas hermosa. Todos los hombres la preferían sobre ella. Se abrazó a Taylor con fuerza, mientras su respiración se aceleraba. Ella no quería que Taylor le hiciera el amor a Marie como se lo había echo a ella. Ella quería ser la única a la que Taylor tocara.
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Hola de nuevo!! Creen que merecemos vuestras dulces palabras? espero que si!!
Las QuiieRo, BesOs&abrazOs

PremiiO

Este premiiO es de el blog http://adifferentworldforgirls.blogspot.com/ , os recomiendo que os paseis, es un lugar donde se esta al día de todo lo relacionado con la saga crepúsculo, sus actores, true blood, the vampire diaries, harry potter..
Muchas graxias por el premiio!! estoy encantada de formar parte de vuestro mundo, cada vez mas grande!!

Amante de ensueñO * Capítulo 5/5

Pero, sobre todo, era un misterio; al menos para ella. Se moría por conocer unas cuantas cosas sobre él. Y, de una u otra forma, conseguiría averiguarlas durante el mes que tenían por delante.

Cuando llegaron a la Praline Factory, en el último piso, Grace compró dos Pralines de azúcar y nueces y una Coca Cola. Sin pensarlo dos veces, le ofreció un praline a Julián. Pero en lugar de cogerlo, él se inclinó y le dio un bocado mientras ella lo sostenía.

Paladeó el sabor azucarado de una forma que hizo que a Grace le subiera la temperatura; sus ojos azules no dejaron de mirarla mientras degustaba el dulce, como si deseara que fuese su cuerpo lo que saboreaba en aquel momento.

— Tenías razón —dijo con esa voz ronca que hacía que se le pusiese la piel de gallina—. Está delicioso.

— ¡Guau! —dijo la vendedora desde el otro lado del mostrador—. Ese acento no es de por aquí cerca. Usted debe venir de lejos.

— Sí —contestó Julián—. No soy de aquí.

— ¿Y de dónde es?

— De Macedonia.

— Eso no está en California, ¿verdad? —preguntó la chica—. Parece uno de esos surferos que se ven por la playa.

Julián frunció el ceño.

— ¿California?

— Es de Grecia —informó Selena a la chica.

— ¡Ah! —exclamó ella.

Julián arqueó una acusadora ceja.

— Macedonia no es…

— Colega —dijo Selena, con los labios manchados de praline—, por estos contornos puedes
sentirte afortunado si encuentras a alguien que conozca la diferencia.

Antes de que Grace pudiera responder a las bruscas palabras de Selena, Julián le colocó las manos en la cintura y la alzó hasta apoyarla sobre su pecho.

Se inclinó y atrapó su labio inferior con los dientes para, acto seguido, acariciarlo con la lengua. A
Grace comenzó a darle vueltas todo tras el tierno abrazo. Julián profundizó el beso un momento antes de soltarla y alejarse de ella.

— Tenías azúcar —le explicó con una traviesa sonrisa, que hizo que sus hoyuelos aparecieran en todo su esplendor.

Grace parpadeó, sorprendida ante lo rápido que su beso había despertado su pasión, y lo refrescante que parecía al mismo tiempo.

— Podías habérmelo dicho.

— Cierto, pero de este modo fue mucho más divertido.

Grace no pudo rebatir su argumento.

Con pasos rápidos, se alejó de él e intentó ignorar la sonrisa maliciosa de Selena.

— ¿Por qué me tienes tanto miedo? —le preguntó Julián inesperadamente, mientras se ponía a su lado.

— No te tengo miedo.

— ¿Ah, no? ¿Y entonces qué es lo que te asusta? Cada vez que me acerco a ti, te encoges de miedo.

— No me encojo —insistió Grace. Joder, ¿es que había eco?

Julián alargó el brazo y se lo pasó por la cintura. Ella se apartó con rapidez.

— Te has encogido —le dijo acusadoramente, mientras regresaban a la escalera mecánica.

Grace bajaba un escalón por delante de Julián, y él le pasó los brazos por los hombros y apoyó la barbilla sobre su cabeza. Su presencia la rodeaba por completo, la envolvía y hacía que se sintiera extrañamente mareada y protegida.

Miró fijamente la fuerza que desprendían esas manos morenas y grandes bajo las suyas. La forma en las venas se marcaban, resaltando su poder y su belleza. Al igual que el resto de su cuerpo, sus manos y sus brazos eran magníficos.

— Nunca has tenido un orgasmo, ¿verdad? —le susurró él al oído.

Grace se atragantó con el Praline.

— Éste no es lugar para hablar de eso.

— He acertado, ¿verdad? —le preguntó—. Por eso…

— No es eso —le interrumpió ella—; de hecho sí que he tenido algunos.

Vale, era una mentira. Pero él no tenía por qué averiguarlo.

— ¿Con un hombre?

— ¡Julián! —exclamó—. ¿Qué os pasa a Selena y a ti con ese afán de discutir sobre mi vida privada en público?

Él inclinó aún más la cabeza, acercándola tanto a su cuello que Grace podía sentir el roce de su aliento sobre la piel, y oler su cálido aroma a limpio.

— ¿Sabes, Grace? Puedo proporcionarte placeres tan intensos que no serías capaz de imaginarlos.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Le creía.

Sería tan fácil dejar que le demostrara sus palabras…

Pero no podía. Estaría mal y, sin tener en cuenta lo que él dijese, acabaría remordiéndole la conciencia. Y en el fondo, sospechaba que a él también.

Se echó hacia atrás, lo justo para mirarlo a los ojos.

— ¿Se te ha ocurrido pensar que quizás no me interese tu propuesta?

Sus palabras le dejaron perplejo.

— ¿Y eso cómo es posible?

— Ya te lo he dicho. La próxima vez que comparta mi intimidad con un hombre, quiero que estén involucradas muchas más partes además de las obvias. Quiero tener su corazón.

Julián miró sus labios con ojos hambrientos.

— Te aseguro que no lo echarías de menos.

— Sí que lo haría.

Estremeciéndose como si lo hubiese abofeteado, Julián se irguió.

Grace sabía que acababa de tocar otro tema espinoso. Como quería descubrir más cosas sobre él, se dio la vuelta y lo miró a los ojos.

— ¿Por qué es tan importante para ti que yo acceda? ¿Te ocurrirá algo si no cumplo con mi parte?

Él rió amargamente.

— Como si las cosas pudiesen empeorar más.

— Entonces, ¿por qué no te dedicas a disfrutar el tiempo que pases conmigo sin pensar en… —y bajó la voz— el sexo?

Los ojos de Julián llamearon.

— ¿Disfrutar con qué? ¿Conociendo a personas cuyos rostros me perseguirán durante toda la eternidad? ¿Crees que me divierte mirar a mi alrededor sabiendo que en unos días me arrojarán de nuevo al agujero vacío y oscuro donde puedo oír, pero no puedo ver, saborear, sentir ni oler, dónde mi estómago se retuerce constantemente de hambre y la garganta me arde por la sed que no puedo satisfacer? Tú eres lo único que me está permitido disfrutar. ¿Y me negarías ese placer?

Los ojos de Grace se llenaron de lágrimas. No quería hacerle daño. No era su intención.

Pero Paul había utilizado un truco similar para ganarse su simpatía y llevársela a la cama; y eso le había destrozado el corazón.

Tras la muerte de sus padres, Paul le había asegurado que la cuidaría. Había estado junto a ella, consolándola y sosteniéndola. Y, cuando finalmente confío en él por completo y le entregó su cuerpo, él le hizo tanto daño y, de forma tan cruel, que aún sentía el alma desgarrada.

— Lo siento mucho, Julián. De verdad. Pero no puedo hacerlo —bajó de la escalera mecánica y se encaminó de vuelta a la calle peatonal.

— ¿Por qué? —le preguntó, mientras Selena y él le daban alcance.

¿Cómo podía explicárselo? Paul le hizo mucho daño aquella noche. No había tenido compasión alguna por sus sentimientos. Ella le pidió que se detuviera pero no lo hizo.

«Mira, se supone que la primera vez duele —le dijo Paul— ¡Joder!, deja de llorar; acabaré en un minuto y podrás marcharte.»

Para cuando Paul acabó, se sentía tan humillada y herida que se pasó días enteros llorando.

— ¿Grace? —la voz de Julián se introdujo entre el torbellino de sus pensamientos— ¿Qué te sucede?

Le costó mucho trabajo contener las lágrimas. Pero no lloraría; no en público. No así. No permitiría que nadie sintiera lástima por ella.

— No es nada —le contestó.

En busca de una bocanada de aire fresco, aunque fuese más ardiente y espeso que el vapor, se dirigió a la puerta lateral del Brewery que llevaba al Moonwalk. Julián y Selena la siguieron.

— Grace, ¿qué es lo que te hace llorar? —le preguntó Julián.

— Paul —susurró Selena.

Grace la miró furiosa, mientras se esforzaba por recuperar la calma. Con un suspiro entrecortado, miró a Julián.

— Me encantaría echarte los brazos al cuello y meterme en la cama contigo, pero no puedo. ¡No quiero que me utilicen de ese modo, y no quiero utilizarte! ¿Es que no lo entiendes?

Julián apartó la mirada con la mandíbula tensa. Grace miró hacia el lugar donde había fijado su atención y vio un grupo de seis rudos moteros que se acercaban hasta ellos. La vestimenta de cuero debía ser agobiante con aquella temperatura, pero ninguno de ellos parecía notarlo, puesto que no paraban de tomarse el pelo y reírse.

En ese momento, Grace se fijó en la mujer que les acompañaba. Su forma de andar, lenta y seductora, era el equivalente femenino al elegante y ágil deambular tan típico de Julián. La chica también poseía una extraña belleza, propia de cualquier actriz o modelo.

Alta y rubia, llevaba un escueto top de cuero y unos shorts cortísimos y ajustados que abrazaban una figura por la cual Grace sería capaz de asesinar.

La chica aminoraba el paso, quedando rezagada tras los hombres, mientras se deslizaba las gafas por el puente de la nariz para mirar fijamente a Julián.

Grace se encogió mentalmente.

¡Oh Señor!, esto podía ponerse muy feo. Ninguno de los desaliñados y duros moteros parecían pertenecer al tipo de hombre que tolera que su novia mire a otro tío. Y lo último que ella deseaba era una pelea en el Moonwalk.

Grace agarró a Julián de la mano y tiró de él en dirección contraria.

Pero se negó a moverse.

— ¡Venga, Julián! —le dijo nerviosa—. Tenemos que volver al centro comercial.

Aún así no se movió.

Miraba fijamente a los moteros, de forma tan furiosa que parecía querer asesinarlos. Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos, se soltó de la mano de Grace y se acercó a ellos a zancadas, hasta que cogió a uno por la camisa.

Muda de asombro, Grace observó cómo Julián le daba al tipo un puñetazo en la mandíbula.

Amante de ensueñO * CapítuLo 5/4

Era una pena que no hubiese conocido a Grace antes de la maldición. Ella habría sido un bálsamo para su inquietud. Pero de todos modos, las mujeres de su época no se parecían a las actuales; esas mujeres lo trataban como a una leyenda a la que temer o aplacar, pero Grace lo miraba como a un igual.

¿Qué tenía Grace que la hacía parecer única? ¿Qué había en ella que le permitía llegar a lo más hondo de su alma, cuando su propia familia le había dado la espalda?

No estaba muy seguro. Pero era una mujer muy especial. Un corazón puro en un mundo plagado de egoísmo. Nunca había creído posible encontrar a alguien como ella.

Incómodo ante el rumbo que estaban tomando sus pensamientos, echó un vistazo a la multitud.
Nadie parecía molesto con el opresivo calor reinante en aquella extraña ciudad.

Captó la discusión que una pareja mantenía justo enfrente de donde ellos se encontraban; la mujer estaba enfadada porque su marido se había olvidado algo. Con ellos había un niño, de unos tres o cuatro años, que caminaba entre ambos.

Julián les sonrió. No podía recordar la última vez que había visto a una familia inmersa en sus quehaceres. La imagen despertó una parte de él que apenas si recordaba tener. Su corazón. Se preguntó si esas personas sabrían el regalo que suponía tenerse los unos a los otros.

Mientras la pareja continuaba con la discusión, el niño se detuvo. Algo al otro lado de la calle había captado su atención.

Julián contuvo el aliento al darse cuenta de lo que el niño estaba a punto de hacer.

Grace cerró en ese momento el maletero del coche.

Por el rabillo del ojo, vio una mancha azul que cruzaba la calle a toda carrera. Le llevó un segundo darse cuenta de que se trataba de Julián, atravesando como una exhalación el aparcamiento.
Frunció el ceño, extrañada, y entonces vio al pequeñín que se internaba en la calle atestada de coches.

— ¡Oh, Dios mío! —jadeó cuando escuchó que los vehículos comenzaban a frenar en seco.

— ¡Steven! —gritó una mujer.

Con un movimiento propio de una película, Julián saltó el muro que separaba el aparcamiento de la calle, cogió al niño al vuelo y protegiéndolo sobre su pecho, se abalanzó sobre la luna del coche que acababa de frenar, dio un salto lateral y acabó en el otro lado.

Aterrizaron a salvo en el otro carril, un segundo antes de que otro coche colisionara con el primero y se abalanzara directamente sobre ellos.

Horrorizada, Grace observó cómo Julián se subía de un salto a la capota de un viejo Chevy, se deslizaba por el parabrisas y se dejaba caer al suelo, rodando unos cuantos metros hasta detenerse por fin y quedarse inmóvil, tendido de costado.

El caos invadió la calle, que se llenó de gritos y chillidos, mientras la multitud rodeaba el escenario del accidente.

Grace no podía dejar de temblar. Aterrorizada, cruzó la muchedumbre, intentando llegar al lugar
donde había caído Julián.

— Por favor, que esté bien; por favor, que esté bien —murmuraba una y otra vez, suplicando que hubiesen sobrevivido al golpe.

Cuando logró atravesar la marea humana y llegó al lugar donde había caído, vio que Julián no había soltado al niño. Aún lo tenía firmemente sujeto, a salvo entre sus brazos.

Incapaz de creer lo que veía, se detuvo con el corazón desbocado.

¿Estaban vivos?

— No he visto nada igual en mi vida —comentó un hombre tras ella.

Todos los congregados eran de la misma opinión.

Cuando vio que Julián comenzaba a moverse, se acercó muy despacio y muy asustada.

— ¿Estás bien? —escuchó que le preguntaba al niño.

El pequeño contestó con un lastimero aullido.

Ignorando el ensordecedor grito, Julián se puso en pie, lentamente, con el niño en brazos.

¿Cómo se las había arreglado para mantener cogido al pequeño?

Se tambaleó un poco y volvió a recuperar el equilibrio sin soltar al niño.

Grace le ayudó a mantenerse en pie sujetándole por la espalda.

— No deberías haberte levantado —le dijo cuando vio la sangre que le empapaba el brazo izquierdo.

Él no pareció prestarle atención.

Tenía una extraña y lúgubre mirada.

— ¡Shh! Ya te tengo —murmuró—. Ahora estás a salvo.

Esta actitud la dejó asombrada. Aparentemente, no era la primera vez que consolaba a un niño.
Pero, ¿cuándo habría estado un soldado griego cerca de un niño?

A menos que hubiera sido padre.

La mente de Grace giraba a velocidades de vértigo, sopesando las posibilidades, mientras Julián dejaba a la llorosa criatura en brazos de su madre, que sollozaba aún más fuerte que el niño.

¡Señor!, ¿era posible que Julián hubiese tenido hijos? Y si era cierto, ¿dónde estaban esos niños?

¿Qué les habría sucedido?

— Steven —gimoteó la mujer mientras abrazaba al niño—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no te alejes de mi lado?

— ¿Está bien? —preguntaron al unísono el padre del niño y el conductor, dirigiéndose a Julián.

Haciendo una mueca, se pasó la mano por el brazo izquierdo para comprobar los daños sufridos.

— Sí, no es nada —contestó, pero Grace percibió la rigidez de su pierna izquierda, donde le había golpeado el coche.

— Necesitas que te vea un médico —le dijo, mientras Selena se acercaba.

— Estoy bien, de verdad —le contestó con una débil sonrisa, y entonces bajó la voz para que sólo ella pudiese escucharle—; pero he de confesar que los carros hacían menos daño que los coches cuando te chocabas con ellos.

A Grace le horrorizó su inoportuno sentido del humor.

— ¿Cómo puedes bromear con esto?, creía que habías muerto.

Él se encogió de hombros.

Mientras el hombre le daba profusamente las gracias por haber salvado a su hijo, Grace echó un vistazo a su brazo; la sangre manaba justo por encima del codo, pero se evaporaba al instante, como si se tratara de un efecto especial propio de una película.

De pronto, Julián apoyó todo su peso sobre la pierna herida, y la tensión que se reflejaba en su rostro desapareció.

Grace intercambió una atónita mirada con Selena, que también se había percatado de lo que acababa de suceder. ¿Qué demonios había hecho Julián?

¿Era humano, o no?

— No puedo agradecérselo lo suficiente —insistía el hombre—, creía que los dos habían muerto.

— Me alegro de haberle visto a tiempo —susurró Julián. Extendió la mano hacia el niño.

Estaba a punto de acariciar los castaños rizos del pequeño cuando se detuvo. Grace observó las emociones que cruzaban por su rostro antes de que él recuperara su actitud estoica y retirara la mano.

Sin decir una palabra, volvió al aparcamiento.

— ¿Julián? —le llamó, apresurándose para darle alcance—. ¿De verdad estás bien?

— No te preocupes por mí, Grace. Mis huesos no se rompen, y rara vez sangro —en esta ocasión, la amargura de su voz era indiscutible—. Es un regalo de la maldición. Las Parcas prohibieron mi muerte para que no pudiera escapar a mi castigo.

Grace se encogió al ver la angustia que reflejaban sus ojos.

Pero no sólo estaba interesada en el hecho de que hubiese sobrevivido al accidente, también quería preguntarle sobre el niño, sobre su modo de mirarlo —como si hubiese estado reviviendo una horrible pesadilla. Pero las palabras se le atragantaron.

— Tío, te mereces una recompensa —le dijo Selena al alcanzarles—. ¡Vamos a la Praline Factory!

— Selena, no creo que…

— ¿Qué es Praline? —preguntó él.

— Es ambrosía cajun —explicó Selena—. Algo que debería estar a tu altura.

En contra de las protestas de Grace, Selena les condujo hacia la escalera mecánica. Subió al primer escalón y se dio la vuelta para mirar a Julián, que subía en medio de las dos.

— ¿Cómo hiciste para saltar sobre el coche? ¡Fue increíble!

Julián encogió los hombros.

— ¡Vamos, hombre no seas modesto! Te parecías a Keanu Reeves en Matrix. Grace, ¿te fijaste en el movimiento que hizo?

— Sí, lo vi —dijo en voz queda, percibiendo lo incómodo que se sentía Julián ante los halagos de Selena.

También percibió la forma en que las mujeres a su alrededor lo miraban boquiabiertas.

Julián tenía razón. No era normal. Pero, ¿cuántas veces podía contemplarse un hombre como él en carne y hueso?, ¿un hombre que exudara ese brutal atractivo sexual?

Era un saco de feromonas andantes.

Y ahora un héroe.

Amante de ensueñO * CapítuLo 5/3

— Tenemos que hablar con urgencia sobre los comentarios adecuados en un lugar público.

— Si me llevaras a casa, no tendrías que preocuparte por eso.

El tipo era realmente implacable.

Moviendo la cabeza con incredulidad, Grace cogió dos pares más de vaqueros, unas cuantas camisas, un cinturón, unas gafas de sol, calcetines, zapatos y varios boxers enormes y horrorosos. Ningún hombre estaría atractivo con aquellos calzoncillos, decidió. Y lo último que pretendía era que Julián resultase aún más apetecible.

Salieron de la zona de los probadores con Julián vestido de arriba abajo con la ropa nueva: un polo, unos vaqueros y unas zapatillas de deporte.

— Ahora pareces casi humano —bromeó Grace, mientras dejaban atrás el departamento de ropa masculina.

Julián le dedicó una mirada fría y letal.

— Sólo por fuera —le contestó con voz tan baja que Grace no estuvo segura de haber escuchado bien.

— ¿Qué has dicho? —le preguntó.

— Que sólo soy humano exteriormente —dijo él hablando más alto.

Grace captó la angustia en su mirada. Su corazón comenzó a latir con más fuerza.

— Julián —dijo con claras intenciones de reprenderle—, eres humano.

Él apretó los labios y le contestó con una mirada sombría y precavida:

— ¿En serio? ¿Un humano puede vivir dos mil años? ¿Se le permite a un humano caminar por el mundo unas cuantas semanas cada cientos de años?

Miró a su alrededor, fijándose en las mujeres que lo miraban a hurtadillas por entre la ropa.
Mujeres que se detenían por completo, paralizadas, en cuanto lo veían por el rabillo del ojo.

Hizo un amplio gesto con la mano, señalando el espectáculo que se desarrollaba a su alrededor.

— ¿Has visto que hagan eso con alguien más? —el rostro de Julián adoptó una expresión dura y peligrosa, mientras la atravesaba con la mirada— No, Grace, jamás he sido humano.

Con el urgente deseo de reconfortarlo, ella llevó la mano hasta su mejilla.

— Eres humano, Julián.

La duda que vio en sus ojos le partió el corazón.

Sin saber muy bien qué hacer ni qué decir para que se sintiera mejor, dejó pasar el tema y se encaminó hacia la salida. Estaba casi saliendo cuando se dio cuenta de que Julián no iba tras ella.

Se giró y lo localizó de inmediato. Se había distraído en el departamento de lencería femenina; estaba de pie junto a un expositor de minúsculas negligés negras. Comenzó a ruborizarse de nuevo; juraría que podía escuchar los lascivos pensamientos que pasaban en esos momentos por la mente masculina.

Sería mejor que fuese rápidamente a buscarlo, antes de que cualquiera de las mujeres se ofreciera como modelo. Se acercó apresuradamente y se aclaró la garganta.

— ¿Nos vamos?

Él la miró muy despacio, de arriba abajo y Grace supo por sus ojos que estaba conjurando su imagen con aquella prenda de gasa.

— Estarías deslumbrante con esto.

Ella lo miró con escepticismo. Aquella cosa era tan diáfana que se transparentaría por entero. Al contrario de lo que ocurría con él, el suyo no era un cuerpo que consiguiera hacer volver la cabeza de nadie —a menos que el susodicho estuviese muy desesperado. O hubiese estado encarcelado un par de décadas.

— No sé si deslumbraría a alguien, pero seguro que yo acababa congelada.

— No tardarías mucho en entrar en calor.

Grace contuvo la respiración al escuchar sus palabras; las creyó a pies juntillas.

— Eres muy malo.

— No, en la cama no —dijo bajando la cabeza hacia la suya—. Realmente en la cama soy muy…

— ¡Aquí estáis!

Grace retrocedió de un salto al escuchar la voz de Selena. Julián le dijo algo en una lengua extraña que no logró entender.

— Vaya, vaya —dijo con tono acusador—. Grace no entiende el griego clásico. Se dedicó a dormir durante todo el semestre —Selena la miró y chasqueó la lengua—. ¿Lo ves? Te dije que algún día te serviría para algo.

— ¡Sí, claro! —dijo a carcajadas—. Como si en aquella época yo me pudiera haber imaginado que ibas a convocar a un esclavo sexual gri… —la voz de Grace se extinguió al caer en la cuenta de que Julián estaba presente. Avergonzada, se mordió el labio.

— No pasa nada, Grace —la tranquilizó en voz baja.

Pero ella sabía que ese comentario lo había molestado. Era lógico.

— Sé lo que soy Grace; la verdad no me ofende. En realidad, estoy más ofendido por el hecho de que me llames griego. Fui entrenado en Esparta y luché con el ejército macedonio. Para mí era un hábito evitar todo contacto posible con los griegos antes de ser maldecido.

Grace arqueó una ceja ante sus palabras, o mejor dicho ante lo que no había dicho. No hacía ninguna referencia a su infancia.

— ¿Dónde naciste?

Comenzó a latirle un músculo en la mandíbula, y sus ojos se oscurecieron de forma siniestra.
Cualquiera que hubiese sido el lugar de su nacimiento, no parecía agradarle demasiado.

— Muy bien, soy medio griego; pero no estoy orgulloso de esa parte de mi herencia.

Bien; un tema espinoso. De ahora en adelante, borraría la palabra «griego» de su vocabulario.

— Volviendo al asunto de la negligé negra —dijo Selena—, debo decir que allí hay una roja que creo que le quedaría mucho mejor.

— ¡Selena! —le gritó Grace.

Su amiga la ignoró y condujo a Julián al estante donde estaba colgada la lencería de color rojo.
Selena cogió un picardías de color rojo brillante abierto por la parte delantera, y sujeto por un pequeño cordoncillo que se anudaba justo bajo el pecho. Los tirantes eran minúsculos. Unas braguitas y un liguero de encaje del mismo tono completaban el conjunto.

— ¿Qué estás pensando? —le preguntó Grace mientras Selena sostenía la prenda frente a Julián.

Él la miró de forma especulativa.

Si continuaban con ese jueguecito, acabaría muerta de vergüenza.

— ¿Queréis dejar ya eso? —les preguntó—. No pienso ponérmelo.

— De todas formas voy a comprarlo —dijo su amiga con voz resuelta—. Estoy prácticamente segura de que Julián es capaz de convencerte para que te lo pongas.

Él la miró divertido.

— Preferiría convencerla para que se lo quitara.

Grace se cubrió la cara con las manos y gimió.

— Acabará animándose —le contestó Selena con un gesto conspirador.

— No lo haré —le dijo Grace, aún oculta tras las manos.

— Sí lo harás —dijo Julián dejando zanjado el tema, mientras Selena pagaba la negligé roja.

Usó un tono tan arrogante y confiado, que Grace imaginó que no estaba acostumbrado a que le desafiaran.

— ¿Te has equivocado alguna vez? —le preguntó.

La diversión desapareció de su rostro, y de nuevo ocultó sus sentimientos tras una especie de velo. Esa mirada escondía algo, estaba segura. Algo muy doloroso, teniendo en cuenta la repentina tensión de su cuerpo.

No volvió a pronunciar una sola palabra hasta que Selena regresó y le dio la bolsa.

— Vaya —comentó—, se me ocurre que podíais poner unas velas, una música tranquila y…

— Selena —la interrumpió Grace—, te agradezco mucho lo que intentas hacer, pero en lugar de hablar de mí, ¿podemos ocuparnos de Julián?

Selena lo miró de reojo.

— Claro, ¿le pasa algo?

— ¿Sabes cómo sacarlo del libro? De forma permanente, quiero decir.

— Ni idea —contestó y se dirigió a Julián—. ¿Tú sabes algo al respecto?

— No he dejado de repetírselo: es imposible.

Selena asintió con la cabeza.

— Es muy testaruda. Nunca presta atención a lo que se le dice, a menos que sea lo que ella quiere oír.

— Testaruda o no —añadió Grace dirigiéndose a Julián—, no puedo imaginar una sola razón por la cual querrías permanecer encerrado en un libro.

Julián apartó la mirada.

— Grace, no lo agobies.

— Eso es lo que intento, librarlo del agobio de su confinamiento.

— De acuerdo —dijo Selena, cediendo finalmente—. Muy bien, Julián, ¿qué horrible pecado cometiste para acabar metido en un libro?

— Hubris.

— ¡Ooooh! —exclamó Selena con tono fúnebre—, eso no es nada bueno. Grace, puede que tenga razón. Solían hacer cosas como despedazar a la gente por eso. Deberías haber prestado atención durante las clases de cultura clásica. Los dioses griegos son realmente despiadados en lo referente a los castigos.

Grace entrecerró los ojos para mirarlos.

— Me niego a creer que no exista ningún modo de liberarlo. ¿No podemos destruir el libro, o convocar a uno de tus espíritus, o hacer algo para ayudarlo?

— ¡Vaya!, ¿ahora crees en mi magia vudú?

— No mucho, la verdad. Pero te las arreglaste para traerle hasta aquí. ¿Es que no puedes pensar en algo que sirva de ayuda?

Selena se mordisqueó el pulgar en un gesto pensativo.

— Julián, ¿qué dios estaba a tu favor?

Él inspiró hondo, como si estuviese realmente cansado de sus preguntas.

— En realidad, ninguno de ellos me apreciaba mucho. Como era un soldado, normalmente dedicaba sacrificios a Atenea, pero tenía más contacto con Eros.

Selena le dedicó una sonrisa traviesa.

— El dios del amor y el deseo; lo comprendo perfectamente.

— No es por lo que crees —le contestó él agriamente.

Selena le ignoró.

— ¿Has intentado alguna vez recurrir a Eros?

— No nos hablamos.

Grace puso los ojos en blanco ante el despreocupado sarcasmo de Julián.

— ¿Por qué no intentas convocarlo? —le sugirió Selena.

Grace le lanzó una furiosa mirada.

— Selena, ¿podrías hacer el esfuerzo de ser un poco más seria? Sé que me he burlado de tus creencias durante todos estos años, pero ahora estamos hablando de la vida de Julián.

— Estoy hablando totalmente en serio —le contestó con énfasis—. Lo mejor para Julián sería invocar a Eros y pedirle ayuda.

¿Qué demonios? —pensó Grace. La noche anterior, no creía que pudieran invocar a Julián. Quizás Selena tuviese razón.

— ¿Lo intentarás? —le preguntó Grace.

Julián suspiró resignado, pero daba la impresión de que estaba más que dispuesto a zarandearlas a las dos. Con aspecto ofendido, echó la cabeza hacia atrás y mirando al techo dijo:

— Cupido, bastardo inútil, invoco tu presencia.

Grace alzó las manos.

— ¡Joder!, no entiendo cómo no se aparece después de llamarlo de ese modo.

Selena se rió.

— Muy bien —dijo Grace—. De todas formas no me creo nada de este abracadabra. Vamos a dejar las bolsas en mi coche y a buscar un sitio donde comer; allí podremos pensar algo más productivo que invocar al tal «Cupido, bastardo inútil». ¿Estáis de acuerdo?

— Por mí bien —contestó Selena.

Grace le dio la bolsa con la ropa de su marido.

— Aquí están las cosas de Bill.

Selena miró en el interior y frunció el ceño.

— ¿Dónde está la camiseta de tirantes?

— Luego te la doy.

Selena se rió de nuevo.

Julián caminaba tras ellas, escuchando sus bromas mientras salían de la tienda.

Afortunadamente, Grace había encontrado aparcamiento justo en el estacionamiento del centro comercial.

Julián las observó dejar las bolsas en el coche. Si lo pensaba un poco, tenía que admitir que le gustaba el hecho de que Grace estuviese tan interesada en ayudarlo.

Nadie lo había estado antes.

Había recorrido el camino de su existencia en solitario, apoyándose en su inteligencia y en su fuerza. Incluso antes de ser maldecido estaba cansado de todo. Cansado de la soledad, de no contar con nadie en este mundo y, lo más importante, de no tener a nadie que se preocupara por él.
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