Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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sábado, 28 de agosto de 2010

Por y para siempre * Capítulo 31

Hola mis dulces lectores!! Aquí os dejo el último capítulo de este fic. Espero que lo disfruteiis!! :)
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Seguramente me desmaye, pero solo un momento, porque cuando volví a abrir los ojos, ella seguía encima mio. Tenía la cara y las manos manchadas con mi sangre, y susurraba palabras para convencerme de que me rindiera, para que me dejara morir.


Pero aunque estaba tentada a hacerlo, los cosas habían cambiado. Esa zorra había matado a mi familia, y iba a pagar por ello.

Sentí la fuerza crecer en mi interior, y no se como me la quité de encima con tal fuerza que salió volando y chocó contra la pared de delante.

-Impresionante Bella. Pero para serte sincera, tu patética demostración de fuerza es innecesaria.

De repente sentí mucho dolor dentro de mi, como si todas las agujas del mundo se estuvieran clavando en todos los rincones de mi piel, y parecía que alguien hacía fuerza para que todas de golpe entraran dentro de mi.

-Bellita, Bellita.. ese dolor lo estoy provocando yo. Puedo incrementar el dolor si quieres o puedes dejarte morir. Es así de fácil. Tú decides.

Cerré los ojos y pensé: No puedo permitir que me gane, no puedo dejarla ganar, no esta vez. No después de lo que le hizo a mi familia.

Con mi cuerpo débil, golpeé con mi puño su pecho. Sabía que no había conseguido hacerle daño, pero sin embargo, el dolor que sentía fue desapareciendo poco a poco, y cuando abrí los ojos, descubrí a Tanya aferrándose el pecho y retrocediendo contra la pared.

-Edward!- gritó con la vista clavada en algún lugar de mi espalda- No permitas que me haga esto!

-Es demasiado tarde- Edward cogió mi mano y entrelazo nuestros dedos- ha llegado el momento que te vayas.

-No!!- gritó Tanya en el mismo momento que su rostro se empezaba a arrugar y poco a poco su cuerpo se iba convirtiendo en polvo.

-¿Como..?- pregunté con la vista clavada en el suelo, fija donde estaba el vestido que Tanya llevaba puesto. Una prueba que ella había estado ahí.

-Se acabó, se acabó para siempre. Nunca más volverá a molestarnos- me dijo Edward mientras me besaba.

-¿La he.. matado?¿Como?

-Todo se reduce al sencillo echo que la venganza debilita y el amor fortalece, y de alguna manera has logrado que Tanya se debilitara.

-Pero.. si apenas le he rozado

-Le diste de pleno en el cuarto chacra.

-¿Eh?

-El cuerpo tienes siete chacras. Y tú le diste en el cuarto, en el del corazón, que es el núcleo del amor, de la compasión, de la parte más elevada del yo.. y Tanya carecía de todo eso.

-Pero.. si era tan vulnerable ¿porque no se ha protegido?

-No era consciente de ello; se engañaba por su ego.

Edward me volvió a besar.

-No te vayas- le dije mirándolo a los ojos- Por favor. Yo.. te he echado de menos.

-Ya lo sé- me dijo mientras depositaba en mi frente un suave beso- Oí todo lo que dijiste. Habría venido antes, pero necesitaba saber que estabas completamente segura.

-¿De modo que casi me dejas morir porque no sabías si estaba completamente segura?

-Jamás te dejaría morir. No otra vez.

-¿Y Tanya?

-La subestimé. No tenía ni idea.

-¿No le podías leer los pensamientos?

-Aprendimos a ocultarlos.

-¿Me enseñarás?

-Con el tiempo te lo enseñare todo, te lo prometo. Pero Bella tienes que entender lo que significa todo esto, nunca volverás a estar con tu familia, nunca podrás cruzar al “otro lado”..

-Sé que hay que renunciar a muchas cosas, pero seguro que habrá algún modo de solucionarlo. Si la eternidad empieza hoy, así es como quiero vivirla. Voy a vivir este día, y sólo este día. Porque Edward, se que siempre estarás a mi lado. Y he dicho siempre ¿si?

-Por y para siempre- dijo mirándome a los ojos

-Te quiero

-Yo también te quiero- sonrió y buscó mis labios con los suyos- siempre te he querido, y siempre te querré.

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Bueno.. ¿os gustó?¿dejaiis comentariios?
Este es el final de este fic, he disfrutado muxo escribiendolo y me entristece que se acabe, pero todo lo bueno termina. Espero que a vosotros también os haya gustado.
Dar las grácias a todas esas personas que se han tomado la molestia dejando comentarios, que aunque no lo creais, vuestras dulces palabras me ayudan a seguir con mis locuras..
En fin.. nos leemos en mis otras locuras!!
OsAmo!! Besos&abrazoS^^

jueves, 26 de agosto de 2010

Por y para siempre * Capítulo 30

Hola mis dulces lectores!! aquí dejo la penúltima entrega de este fic. Espero que la disfruteís!! Nos leemos más abajo :):)
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Llegué a mi casa, subí corriendo las escaleras, y impaciente entre en mi habitación. Edward me había enviado una piruleta de San Valentín, una piruleta que había conseguido que de nuevo brillara el Sol, que cantarán los pájaros y que mi día fuera perfecto.


Encendí mi portátil, tenía algo importante que buscar: El significado de las flores.



En el siglo XVIII, la gente a menudo comunicaba sus intenciones por medio de las flores que enviaban, ya que las distintas variedades tienen significados específicos.



Desplace hacía abajo la lista organizada en orden alfabético mientras buscaba con la mirada los tulipanes. Cuando los encontré, contuve el aliento.



Tulipanes rojos: amor eterno.



Por curiosidad, busqué el significado de las rosas blancas.



Rosas blancas: el corazón que no conoce el amor, el corazón que es ajeno al amor.



Comprendí que Edward me estaba poniendo a prueba. Coqueteaba con Jessica para poder conseguir una reacción de mi parte y poder leerme la mente, y descubrir si me importaba.

En ese momento, lo único que tenia que hacer para poder verlo de nuevo era pronunciar las palabras en voz alta y él aparecería delante de mi. Porque la verdad es que lo quería. Lo había querido siempre. Lo había querido desde el primer día. Lo quería incluso cuando juraba que no era así. Lo quería sin poder remediarlo. Y aunque no sabía de que iba todo eso de la inmortalidad, la Tierra del Verano, era un lugar genial.

Cerré los ojos y imagine el maravilloso cuerpo de Edward acurrucado junto al mío; sus labios susurrándome en la oreja, en el cuello.. la sensación de sus labios contra los míos.

Mantuve esa imagen en mi mente, la sensación que provocaba nuestro amor perfecto, nuestros besos perfectos.. susurre las palabras que me había guardado hacía tanto tiempo, que me asustaba pronunciar.

Las pronuncié una y otra vez, y mi voz ganaba fuerza a medida que resonaban en las paredes de mi habitación.

Pero.. cuando abrí los ojos, descubrí que estaba sola. Y entonces comprendí que había echo esperar demasiado tiempo a Edward.

····································

Bajé las escaleras en busca de helado, sabía que el dulce no curaría mi corazón roto, pero tenía la esperanza de que hiciera un poco más llevadero el dolor.

Me giré y el bote de helado cayó de mis manos, cuando escuche una voz a mis espaldas. Una voz que yo no quería escuchar.

-Que conmovedor Bella.. muy conmovedor.

Tanya estaba sentada en la mesa de la cocina, con las piernas cruzadas, las manos entrelazadas sobre su regazo y la espalada recta.

-Ha sido muy bonito que llamaras a Edward después de haber formado esa escena de amor en tu cabeza. ¿Sabes? Aún puedo leer lo que pasa por tu mente, tu escudo.. no es muy fuerte. De todas formas, en lo que respecta a Edward y a ti como pareja y vuestro “vivieron felices y comieron perdices”.. Bueno, eso no lo puedo permitir. Mi trabajo en esta vida es destruirte, y por si no te habías dado cuenta, aún puedo hacerlo.

La observé mientras intentaba mantener mi respiración regular, y en alejar mi mente de cualquier pensamiento, porque ella lo usará en contra de mi. Pero cuando intentas despejar la mente, es tan efectivo como pedirle a alguien que no piense en elefantes.. porque en ese momento solo puede pensar en elefantes. Y eso es lo que me pasó a mi.

-¿Elefantes?¿En serio? Por el amor de Dios ¿se puede saber que ha visto Edward en ti? Esta claro que no es tu inteligencia ni tu ingenio, porque yo no he visto algún signo de ellos. ¿Y esa escena de amor que formaste en tu cabeza? Muy propia de Disney.. muy aburrida.. Bella, ¿te tengo que recordar que Edward lleva en este mundo muchos años? Y entre ellos entra los años sesenta y el amor libre.

-Tanya, si buscas a Edward, él no está aquí.

-Créeme, siempre se donde esta Edward.

-¿Te dedicas a acecharlo?

-¿Yo?- dijo con voz inocente

-Bueno.. si a eso es lo que te has dedicado durante 300 años, tengo que decir que..

-Niña, di mejor 600 años. Años que tú no has estado con él, y yo si- dijo poniendo énfasis a las palabras “tú” y “yo” - Los mortales sois tan aburridos, estúpidos, ordinarios.. Pero, aún así, siempre hacéis que Edward se encariñe con vosotros. Hacéis que despierte en él un afecto que le impulsa a luchar contra la pobreza, salvar las ballenas, a reciclar, a meditar sobre la paz, a decir no a las drogas.. todas las estupideces que quieras y más, y total, no sirven para nada. Persigue absurdas causas altruistas ¿para que?¿Acaso los mortales aprendéis? ¿Habéis escuchado hablar del calentamiento global? Parece que no. Y aún así Edward y yo siempre hemos seguido adelante, aunque me cuesta algún tiempo desprogramarlo para volver a tener al Edward lujurioso, ambicioso.. que conozco y que tanto quiero.

>> Si te digo la verdad Bella, no entiendo que es lo que has visto en e´l. Y no me refiero a lo que ven las demás mujeres, y admitámoslo, la mayoría de hombres. Me refiero que cuando Edward y tú estáis juntos, siempre sufrís. Edward es el responsable de que estés pasando por todo esto. Si no hubieras sobrevivido a ese accidente.. creía que era seguro marcharme, pero de repente.. ¡sorpresa! Edward se traslado a este pueblo porque había conseguido traerte de nuevo a la vida. Cualquiera diría que después de tantos siglos tendría que aprender a ser mas paciente, pero la verdad, es que me aburres, y esta claro, que eso no es culpa mía.

>> Yo provoque el accidente, que hizo que tu familia.. ¿como decirlo? Ya no este aquí. Fue demasiado sencillo para que me resultara divertido, pero no te equivoques Bella, esta vez no esta Edward a tu lado para ayudarte, y te aseguro que esta vez, me quedare para asegurarme que he cumplido con mi objetivo.

>> Me gustaría terminar de una vez sino te importa. Normalmente, me tomo mi tiempo y me divierto un poco, pero hoy es San Valentín, y tengo planeado cenar con mi Eddie tan pronto como acabe todo esto.

Tanya se tiró sobre mi con tanta rapidez, que perdí el equilibrio y choqué contra el frigorífico. Me quedé sin aire, y caí al suelo.

Tanya se colocó encima mio, y rasgo mi rostro con sus afiladas uñas mientras susurraba en mi oído:

-Ríndete Bella. Deja que ocurra. Ve a reunirte con tu familia feliz, no estas echa para esta vida, no te queda nada por lo que vivir, y ahora tienes la oportunidad de acabarla..

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Bueno, bueno.. ¿ les gustó?
Tengo que decir que ya tengo el final escrito, pero que no lo publicare hasta que este capítulo tenga al menos 5 comentarios, si, soy mala, pero en la última publicación de este fic no habían comentarios, y me puse muy muy triste :'(
Así que cuando esten esos 5 comentarios subire el final. Vosotros decidiis cuando, solo hace falta comentar!! Da igual si es en esta entrada o en la cajita del chat!! :):) No me odien por esto, pero para mi los comentarios son muy importantes..
OsAmo!!! Besos^^

Un amante de ensueño * Capítulo 16/2

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.

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Ella suspiró con fuerza y abrió el libro.


— Me van a joder bien por esto.

Súbitamente, otro destello cegador iluminó la sala y Grace tuvo que cerrar los ojos. La cabeza comenzó a darle vueltas y todo pareció girar a su alrededor, haciendo que su estómago protestara.

¿Por esto pasaba Julián cada vez que alguien lo invocaba? No lo sabía con certeza, pero ya era bastante terrorífico y por sí solo suponía una tortura.

Y, entonces, la luz desapareció.

Grace cayó a un profundo foso donde la oscuridad era un ente con vida que la ahogaba, impidiéndole respirar y haciendo que le escocieran los ojos.

Intentó incorporarse para frenar la caída y sintió bajo ella una superficie mullida que le resultaba familiar.

La luz volvió y se encontró en su cama, con Julián sobre ella.

Él miró alrededor, perplejo.

— ¿Cómo…?

— Será mejor que esta vez no la fastidiéis —les dijo Afrodita desde la puerta—. No quiero ni pensar en lo que me harán los de arriba si intento esto de nuevo.

Y se esfumó.

Julián dejó de mirar el hueco de la puerta y clavó los ojos en Grace.

— Grace, yo…

— Cállate, Julián —le ordenó; no quería perder más tiempo— y enséñame cómo quieren los dioses que un hombre ame a una mujer.

Diciendo esto, lo agarró por la cabeza y lo acercó para darle un beso apasionado y profundo.

Él se lo devolvió con ferocidad, y con un poderoso y magistral envite se introdujo en ella.

Echó la cabeza hacia atrás y gruñó cuando el húmedo cuerpo de Grace le dio la bienvenida, envolviéndolo con su calidez. El impacto que sufrieron sus sentidos fue tan poderoso que se estremeció de la cabeza a los pies. Por los dioses, era mucho mejor de lo que había imaginado.

Recordaba las palabras que le había dirigido.

«No quiero vivir sin ti, Julián. ¿Lo entiendes? No puedo vivir sin ti.»

Con la respiración entrecortada, la miró a la cara y quedó subyugado al sentir a Grace, cálida y estrecha, alrededor de su verga. Deslizó la mano por su brazo, hasta capturar su mano y aferrarla con fuerza.

— ¿Te estoy haciendo daño?

— No —le contestó con una mirada tierna y sincera. Se llevó la mano de Julián a los labios y la besó—. Jamás me harás daño estando conmigo.

— Si lo hago, dímelo y me detendré.

Ella lo rodeó con los brazos y las piernas.

— Si se te ocurre sacarla antes del amanecer te perseguiré durante toda la eternidad para darte una paliza.

Julián se rió; no le cabía la menor duda.

Grace le pasó la lengua por el cuello y se deleitó al sentir cómo vibraba entre sus brazos.

Él alzó las caderas, muy lentamente, torturándola con el movimiento y, sin previo aviso, se hundió en ella con tanta fuerza que Grace creyó morir de placer.

Contuvo el aliento al sentirlo por completo dentro de ella. Era una sensación increíble. Era maravilloso sentir las embestidas de ese cuerpo ágil y fuerte.

Cerró los ojos y disfrutó del movimiento de los músculos de Julián, que se contraían y se relajaban sobre su cuerpo. Entrelazó las piernas con las suyas y la embrujó el cosquilleo que producía el vello masculino.

Jamás había sentido algo parecido. Se limitaba a respirar y a expresar con su cuerpo el amor que sentía por él. Era suyo. Aunque luego la abandonara, disfrutaría de este momento de gloria junto a él.

Extasiada por el peso de su cuerpo sobre ella, le pasó las manos por la espalda hasta llegar a las caderas y lo empujó, incitándolo a ir más rápido.

Julián se mordió los labios cuando sintió que Grace le clavaba las uñas en la espalda. ¿Cómo era posible que unas manos tan pequeñas tuvieran el poder de vencerlo?

Jamás lo entendería; como tampoco entendería por qué lo amaba.

Se lo agradecía en el alma.

— Mírame, Grace —le dijo, hundiéndose profundamente en ella de nuevo—. Quiero ver tus ojos.

Grace obedeció. Julián tenía los ojos entrecerrados y, por su modo de respirar y la expresión de su rostro, supo que estaba disfrutando de cada certera embestida. Ella sentía cómo se le contraían los abdominales cada vez que se movía.

Alzó las caderas para salir al encuentro de los furiosos envites. Nada podía ser mejor que tener a Julián sobre ella, besándola con pasión y deslizándose dentro y fuera de su entrepierna.

Cuando creyó que ya no podría resistirlo más, su cuerpo estalló en miles de estremecimientos de placer.

— ¡Julián! —gritó, arqueando más su cuerpo hacia él—. ¡Sí, oh, sí!

Él se hundió en ella hasta el fondo y permaneció inmóvil, observándola mientras los músculos de su vagina se contraían a su alrededor.

Cuando ella abrió los ojos, se encontró con su diabólica sonrisa.

— Te ha gustado eso, ¿verdad? —le preguntó, mostrando sus hoyuelos y rotando sus caderas para que ella lo sintiera dentro.

A Grace le costó un enorme esfuerzo no gemir de placer.

— Ha estado bien.

— ¿Bien? —le preguntó con una sonrisa—. Creo que tendré que seguir intentándolo.

Se dio la vuelta y la arrastró consigo, con cuidado de que su miembro no la abandonara.

Gimió al encontrarse sobre él. Julián alargó un brazo y deshizo el lazo que cerraba el escote de la negligé. El diminuto trozo de tela se abrió.

La mirada de puro gozo que transmitían sus ojos fue mucho más placentera para Grace que sentirlo en su interior. Sonriendo, alzó las caderas y las bajó para absorberlo por entero.

Ella lo sintió estremecerse.

— Te ha gustado eso, ¿verdad?

— Ha estado bien. —Pero la voz estrangulada traicionaba su tono despreocupado.

Ella soltó una carcajada.

Julián alzó las caderas en ese momento y se introdujo aún más en ella.

Grace siseó de placer al sentir que la llenaba por entero. Al sentir la dureza de su cuerpo y la fuerza que ostentaba. Y ella aún quería más. Quería ver el rostro de Julián cuando llegase al clímax. Quería ser ella la que le diera lo que hacía siglos que no experimentaba.

— Si seguimos a este ritmo vamos a estar extenuados cuando llegue el amanecer, ¿lo sabías? —le dijo él.

— No me importa.

— Pero te vas a sentir dolorida.

Ella contrajo los músculos de la vagina para rodearlo con más fuerza.

— ¿Ah, sí?

— En ese caso… —él deslizó la mano muy lentamente por el cuerpo de Grace hasta llegar a su ombligo, y bajó aún más separando los húmedos rizos de su entrepierna para acariciarle el clítoris.

Se mordió los labios mientras los dedos de Julián jugueteaban con ella, acoplándose al ritmo que imponían sus caderas. Cada vez más rápido, más hondo y con más fuerza.

La cogió por la cintura y la ayudó a seguir el frenético ritmo. Cómo deseaba poder abandonar el cuerpo de Grace el tiempo suficiente como para enseñarle unas cuantas posturas más. Pero no les estaba permitido.

Por ahora.

Pero cuando llegara el amanecer…

Sonrió ante la perspectiva. En cuanto amaneciera tenía toda la intención de mostrarle una nueva forma de utilizar el Reddi-wip.

Grace perdió la noción del tiempo mientras sus cuerpos se acariciaban y se deleitaban en su mutua compañía. Sintió que la habitación comenzaba a girar bajo sus expertas caricias, y se dejó llevar por la maravillosa sensación de expresar el amor que sentía por él.

Los dos estaban cubiertos de sudor, pero no dejaron de saborearse; seguían disfrutando de la pasión que al fin compartían.

Esta vez, cuando Grace se corrió, se desplomó sobre él.

La profunda risa de Julián reverberó por su cuerpo mientras pasaba sus manos por su espalda, sus caderas y por sus piernas.

Grace se estremeció.

Estaba extasiado por el hecho de tener a Grace desnuda y tumbada sobre él. Sentía sus pechos aplastados sobre su torso. Su amor por ella brotaba de lo más hondo de su alma.

— Podría quedarme así tumbado para siempre —dijo en voz baja.

— Yo también.

La rodeó con los brazos y la atrajo aún más hacia él. Notó cómo sus caricias se ralentizaban y su respiración se hacía más relajada y uniforme.

En unos minutos estuvo completamente dormida.

La besó en la cabeza y sonrió mientras se aseguraba de que su miembro no abandonara el lugar donde debía estar.

— Duerme preciosa —susurró—. Aún falta mucho para el amanecer.



Grace se despertó con la sensación de tener algo cálido que la llenaba por completo. Cuando comenzó a moverse, fue consciente de unos brazos fuertes como el acero que la inmovilizaban.

— Con cuidado —le advirtió Julián—. No la saques.

— ¿Me quedé dormida? —balbució, sorprendida de haber hecho tal cosa.

— No importa. No te perdiste gran cosa.

— ¿De verdad? —le preguntó ella meneando las caderas y acariciándolo con todo el cuerpo.

Él soltó una carcajada.

— Vale, de acuerdo. Te perdiste un par de cosillas.

Se incorporó y lo miró a lo ojos. Trazó la línea de la mandíbula, levemente áspera por la barba incipiente, con un dedo que Julián capturó y mordisqueó en cuanto llegó a los labios.

Súbitamente, él se incorporó y se quedó sentado con ella en su regazo.

— Mmm, me gusta —dijo ella mientras le pasaba las piernas alrededor de la cintura.

— Mmm, sí —convino él y comenzó a mover suavemente las caderas.

Bajando la cabeza, capturó uno de sus pechos y lamió el duro pezón. Jugueteó con ella y la torturó dulcemente antes de soplar sobre la humedecida piel, que se erizó bajo su cálido aliento.

Dejó ese pecho y se dirigió al otro. Grace acunó su cabeza, acercándolo aún más a ella, completamente extasiada por sus caricias. En ese momento se dio cuenta de que el cielo comenzaba a clarear.

— ¡Julián! —exclamó—. Está amaneciendo.

— Lo sé —le contestó, tumbándola de espaldas sobre la cama.

Lo miró a los ojos mientras se acomodaba sobre ella sin dejar de mover las caderas.

La contemplaba totalmente hechizado. Percibía su ternura y su amor. Nadie lo había conocido como ella y jamás habría creído posible que alguien pudiese lograrlo. Lo había acariciado en un lugar que nadie había tocado antes.

En el corazón.

Y entonces anheló mucho más. Desesperado por tenerla por completo, siguió moviéndose dentro de ella.

Necesitaba más.

Grace lo envolvió con sus brazos y enterró el rostro en su hombro al sentir que aceleraba el ritmo de sus envites. Más y más rápido, más y más fuerte; hasta que ella se quedó sin aliento por el frenético ritmo.

De nuevo, el sudor los cubría. Grace lamió el cuello de Julián, embriagada por sus gemidos. Él siseó de placer.

Y todavía seguía hundiéndose en ella, una y otra vez, hasta que Grace pensó que no podría soportarlo más.

Le clavó los dientes en el hombro mientras alcanzaba el orgasmo rápida y salvajemente. Julián no disminuyó sus acometidas cuando Grace se tumbó sobre el colchón.

Se mordió el labio con fuerza y se movió aún más rápido, haciendo que ella se corriera de nuevo, y esta vez con más intensidad que la anterior.

Justo cuando el primer rayo de sol atravesaba los ventanales de la habitación, escuchó que Julián gruñía y lo vio cerrar los ojos.

Con un envite profundo y certero, se derramó en ella y todo su cuerpo se convulsionó entre los brazos de Grace.

Julián era incapaz de respirar y la cabeza le daba vueltas a causa del éxtasis que acaba de sentir; la intensidad de su orgasmo había sido increíble. Le dolía todo el cuerpo, pero aún así, no recordaba haber experimentado con anterioridad semejante placer. La noche pasada lo había dejado exhausto, y estaba agotado por las caricias de Grace.

Habían roto la maldición.

Alzó la cabeza y vio que Grace le sonreía.

— ¿Ya está? —le preguntó ella.

Antes de que pudiera contestar, el brazo comenzó a dolerle como si le estuvieran marcando con un hierro candente. Siseando, se apartó de ella y lo cubrió con la mano.

— ¿Qué pasa? —le preguntó ella al ver que se alejaba.

Perpleja, observó cómo un resplandor anaranjado le cubría todo el brazo. Cuando apartó la mano, la inscripción griega había desaparecido.

— Ya está —balbució Grace—. Lo conseguimos.

La sonrisa se borró del rostro de Julián.

— No —dijo él, rozándole la mejilla con los dedos—. Tú lo hiciste.

Riéndose, Grace se arrojó en sus brazos. Él la abrazó con fuerza mientras se besaban en un caótico frenesí.

¡Ya había acabado!

Era libre. Por fin, después de tantos siglos, volvía a ser un hombre mortal.

Y era Grace la que lo había conseguido. Su fe y su fortaleza habían revelado lo mejor de sí mismo.

Ella lo había salvado.

Grace volvió a reírse y giró en la cama hasta quedar encima de él.

Pero la alegría le duró poco ya que otro destello, aún más brillante que los anteriores, atravesó la habitación.

Su risa murió al instante. Percibió la malévola presencia antes de que Julián se tensara entre sus brazos.

Sentándose en la cama, obligó a Grace a ponerse tras él y se colocó entre ella y el apuesto hombre que los observaba desde los pies de la cama.

Ella tragó saliva cuando vio al hombre alto y moreno que los miraba furioso. Estaba claro que tenía todas las intenciones de matarlos allí mismo.

— ¡Bastardo engreído! —gritó el hombre—. ¡Cómo te has atrevido a pensar que puedes ser libre!

Al instante, Grace supo que estaba ante el mismísimo Príapo.

— Déjalo, Príapo —le contestó Julián con una nota de advertencia en la voz—. Ya ha acabado todo.

Príapo resopló.

— ¿Crees que puedes darme órdenes? ¿Quién te crees que eres, mortal?

Julián sonrió con malicia.

— Soy Julián de Macedonia, de la Casa de Diocles de Esparta, hijo de la diosa Afrodita. Soy el Libertador de Grecia, Macedonia, Tebas, Punjab y Conjara. Mis enemigos me conocían como Augustus Julius Punitor y temblaban ante mi simple presencia. Y tú, hermano, eres un dios menor y poco conocido, que no significaba nada para los griegos y al que los romanos apenas si tomaron en cuenta.

La ira del infierno transfiguró el rostro de Príapo.

— Es hora de que aprendas cuál es tu lugar, hermanito. Me quitaste a la mujer que iba a dar a luz a mis hijos y que aseguraría la inmortalidad de mi nombre. Ahora yo te quitaré a la tuya.

Julián se arrojó sobre Príapo, pero ya era demasiado tarde. Había desaparecido llevándose a Grace.

Un amante de ensueño * Capítulo 16/1

1Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.

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Ninguno de los dos habló mucho en todo el día. De hecho, Julián la evitó constantemente.
Eso, más que ningún otro detalle, le hizo imaginarse cuál era la decisión que había tomado.

Grace tenía el corazón destrozado. ¿Cómo podía abandonarla después de todo lo que habían pasado juntos? ¿Después de todo lo que habían compartido?

No podía soportar la idea de perderlo. La vida sin él sería intolerable.

Al atardecer, lo encontró sentado en la mecedora del porche, contemplando el sol por última vez. Su rostro tenía una expresión tan dura que apenas si podía reconocer al hombre alegre que había llegado a amar tanto.

Cuando el silencio se hizo demasiado insoportable, le habló:

— No quiero que me abandones. Quiero que te quedes aquí, en mi época. Puedo cuidar de ti, Julián. Tengo mucho dinero y te enseñaré todo lo que desees saber.

— No puedo quedarme —le contestó entre dientes—. ¿Es que no lo entiendes? Todos los que han estado cerca de mí alguna vez han sido castigados por los dioses: Jasón, Penélope, Calista, Atolycus. —La miró como si estuviese aturdido—. ¡Por Zeus! Kyrian acabó crucificado.

— Esta vez será diferente.

Se puso en pie y la miró con dureza.

— Tienes razón. Será diferente. No voy a quedarme aquí para ver cómo mueres por mi culpa.

Pasó por su lado y entró a la casa.

Grace apretó los puños, deseando estrangularlo.

— ¡Eres un… testarudo!

¿Cómo podía ser tan insoportable?

En ese momento notó que el diamante del anillo de boda de su madre se le clavaba en la palma de la mano. La abrió y lo miró durante un buen rato. Estaba a punto de conseguir que el pasado dejara de atormentarla. Por primera vez en su vida tenía un futuro en el que pensar. Un futuro que la llenaba de felicidad.

Y no estaba dispuesta a permitir que Julián lo echara todo por la borda.

Más decidida que nunca, abrió la puerta de la casa y sonrió maliciosamente.

— No vas a librarte de mí, Julián de Macedonia. Puede que hayas vencido a los romanos, pero te aseguro que a mi lado son unos enclenques.

Julián estaba sentado en la salita, con su libro en el regazo. Pasaba la palma de la mano sobre la antigua inscripción, despreciándola más que nunca.

Cerró los ojos y recordó la noche que Grace lo convocó. Recordó lo que se sentía cuando no tenía conciencia de su propia identidad. Cuando no era más que un simple esclavo sexual griego.

Hacía mucho, mucho tiempo que se hallaba perdido en un lugar oscuro y temible, y Grace lo había encontrado.

Con su fortaleza y su bondad había conseguido desafiar lo peor que había en él y le había devuelto la humanidad. Sólo ella había percibido su corazón y había decidido que merecía la pena luchar por él.

Quédate con ella.

¡Por los dioses!, qué fácil parecía. Qué sencillo. Pero no se atrevía. Ya había perdido a sus hijos. Grace era la dueña de lo que le quedaba de corazón, y perderla por culpa de su hermano…

Sería lo más doloroso a lo que jamás se hubiera enfrentado.

Hasta él tenía un punto débil. Ahora conocía el rostro y el nombre de la persona que podría hacerle caer de rodillas.

Grace.

Tenía que apartarse de ella para que estuviera a salvo.

La sintió entrar en la estancia. Abrió los ojos y la vio de pie, en el hueco de la puerta, mirándolo fijamente.

— Ojalá pudiese destruir esta cosa —gruñó al devolver el libro a la mesita.

— Después de esta noche no tendrás necesidad de hacerlo.

Sus palabras le dolieron. ¿Cómo podía hacer esto por él? No soportaba la idea de que alguien la utilizara y aquí estaba él, usándola del mismo modo que lo habían usado a él tantas y tantas veces.

— ¿Aún estás dispuesta a dejarme utilizar tu cuerpo para que pueda marcharme?

La sinceridad de su mirada lo dejó paralizado.

— Si de ese modo conseguimos que seas libre, sí.

La siguiente pregunta se le atravesaba en la garganta, pero tenía que saber la respuesta.

— ¿Llorarás cuando me haya marchado?

Grace apartó la mirada y él vio la verdad en sus ojos. No era mucho mejor que Paul. Era exactamente igual que aquel egoísta.

Pero, después de todo, era hijo de su padre. Tarde o temprano, la mala sangre siempre hacía acto de presencia.

Grace se dio la vuelta y se marchó, dejándolo solo con sus pensamientos. Dejó que sus ojos vagaran por la salita. Cuando miró enfrente del sofá, el corazón se le encogió.

Cómo iba a echar de menos las noches pasadas allí junto a Grace, escuchando su voz. Su risa.

Pero sobre todo, echaría de menos sus caricias.

Era muy tentador quedarse, pero no podía hacerlo. No había sido capaz de proteger a sus hijos, ¿cómo iba a proteger a Grace?

— ¿Julián?

Se sobresaltó al escuchar la voz de Grace que lo llamaba desde el piso de arriba.

— ¿Qué?

— Son las once y media. ¿No deberías subir?

Julián miró el bulto que se apreciaba bajo los vaqueros. Había llegado la hora de darle utilidad.

Debería estar encantado. Era lo que había querido desde el primer instante en que la vio.

Pero, por alguna razón, le dolía el hecho de tomarla así.

Por lo menos no le harás daño.

¿No?

De hecho, dudaba mucho que Paul la hubiese hecho sufrir tanto como él estaba a punto de hacer.

— ¿Julián?

— Voy —le contestó, obligándose a abandonar el sofá.

En la puerta, volvió la cabeza para mirarlo todo por última vez.

Incluso ahora podía ver la imagen de Grace tumbada en el sofá, con los pechos cubiertos de nata mientras él, muy lentamente, los lamía hasta no dejar ni rastro de la crema. Podía escuchar su risa y ver el brillo de sus ojos cada vez que la llevaba al clímax.

«No me abandones, Julián», le había susurrado la noche anterior mientras él supuestamente dormía, y sus palabras le habían abrasado. Ahora le estaban partiendo en dos el corazón.

— ¿Julián?

Dándose la vuelta, se encaminó hacia las escaleras y se apoyó en el pasamanos. Sería la última vez que subiría estos escalones. La última vez que cruzaría el pasillo para llegar al dormitorio de Grace.

Y la última vez que la vería en su cama…

Con el corazón en la garganta, se dio cuenta de que apenas podía respirar.

¿Por qué tenía que ser así?

Soltó una amarga carcajada. ¿Cuántas veces se habría hecho esa misma pregunta?

Se detuvo al llegar a la puerta. La habitación estaba alumbrada por la tenue luz de las velas, pero lo que más le impresionó fue ver a Grace con la negligé roja que él había elegido.

Estaba arrebatadora.

De repente, sintió que la lengua acababa de caérsele hasta el suelo y que era imperante enrollarla de nuevo para meterla en la boca.

— No vas a ponérmelo fácil, ¿verdad? —le preguntó con voz ronca.

Ella le dedicó una sonrisa traviesa.

— ¿Debería hacerlo?

Totalmente embobado por ella, Julián era incapaz de mover un músculo mientras observaba cómo se acercaba.

— ¿No tienes demasiada ropa?

Antes de que pudiese responder, ella agarró el borde inferior de su camisa y la levantó hasta pasarla por su cabeza. Una vez la arrojó al suelo, alargó un brazo y colocó la mano en su pecho, justo sobre el corazón. En ese instante, para Julián era la mujer más hermosa del mundo. Ni siquiera la belleza de su madre podía competir con la de Grace.

Permaneció inmóvil como una estatua mientras ella deslizaba las manos sobre su piel, provocándole escalofríos.

No, no iba a ponérselo nada fácil.

Julián notó que ella intentaba desabrocharle el botón del pantalón.

— Grace —le advirtió, y le apartó las manos.

— ¿Mmm? —murmuró ella, con los ojos oscurecidos por la pasión.

— No importa.

Ella se apartó y se subió a la cama. Julián contuvo el aliento al vislumbrar su trasero desnudo a través de la diáfana gasa de la negligé.

Se tumbó de lado y lo miró fijamente.

Tras despojarse de los vaqueros, se unió a ella. Hizo que se tendiera de espaldas y, en esa posición, el profundo escote dejó a la vista uno de sus pechos. Julián se aprovechó de la situación.

— ¡Oh, Julián! —gimió Grace.

La sintió estremecerse bajo él cuando pasó la lengua alrededor del endurecido pezón. Su cuerpo era fuego líquido y gritaba exigiéndole que la poseyera. Pero no sólo anhelaba su carne. La quería a ella.

Y abandonarla lo destrozaría.

Julián tragó y se apartó. Había estado esperando esta noche durante una eternidad. Había pasado la eternidad esperando a esta mujer.

Con mucha ternura acarició su rostro, guardando en la memoria cada pequeño detalle.

Su preciosa Grace.

Jamás la olvidaría.

Su alma lloraba a gritos por lo que estaba a punto de hacerle. Le separó los muslos con las rodillas.

Se estremeció involuntariamente al sentir su piel desnuda bajo la suya. Y, en ese momento, cometió el error de mirarla a los ojos.

El sufrimiento que vio en ellos lo dejó sin aliento.

«Jamás tuviste nada que no robaras antes». Se tensó al escuchar las palabras de Jasón en su cabeza. Lo último que quería era robarle algo a la mujer que le había entregado tanto.

¿Cómo voy a hacerle esto?

— ¿A qué estás esperando? —le preguntó ella.

Julián no lo sabía. Lo único que tenía claro era que no podía apartar la mirada de sus tristes ojos grises. Unos ojos que llorarían si la utilizaba para después abandonarla. Unos ojos que llorarían de felicidad si se quedaba.

Pero si se quedaba, su familia la destruiría.

Y, en ese instante, supo lo que debía hacer.

Grace le envolvió la cintura con las piernas.

— Julián, date prisa. El tiempo se acaba.

Él no habló. No podía hacerlo. En realidad, no confiaba en sí mismo, y podía decir algo que lo hiciera cambiar de opinión.

A lo largo de los siglos había sido muchas cosas: huérfano, ladrón, marido, padre, héroe, leyenda y, finalmente, esclavo.

Pero jamás había sido un cobarde.

No. Julián de Macedonia jamás había sido un cobarde. Era el general que había contemplado victorioso a legiones enteras de romanos, y les había desafiado entre carcajadas a que le mataran y le cortaran la cabeza si podían.

Ése era el hombre que Grace había encontrado, y ése era el hombre que la amaba. Y ese hombre se negaba a hacerle daño.

Grace intentó mover las caderas para que el miembro de Julián se hundiera en ella, pero él no la dejó.

— ¿Sabes lo que más echaré de menos? —le preguntó, mientras deslizaba una mano entre sus cuerpos y le acariciaba el clítoris.

— No —murmuró Grace.

— El aroma de tu pelo cada vez que entierro mi rostro en él. El modo en que te agarras a mí y gritas cuando te corres. El sonido de tu risa. Y sobre todo, tu imagen al despertar cada mañana, con el sol bañándote el rostro. Jamás podré olvidarlo.

Apartó la mano y movió las caderas para encontrar las de Grace. Pero, en lugar de penetrarla, todo se quedó en una placentera caricia que los hizo gemir a ambos.

Bajó la cabeza hasta la oreja de Grace y le mordisqueó el cuello.

— Siempre te amaré —le susurró.

Grace lo oyó respirar hondo en el mismo momento en que el reloj daba la medianoche.

Con un brillante destello, Julián desapareció.

Horrorizada, Grace permaneció inmóvil esperando despertar. Pero siguió escuchando las campanadas del reloj y se dio cuenta de que no era un sueño.

Julián se había ido.

Se había ido de verdad.

— ¡No! —gritó mientras se sentaba en la cama. ¡No podía ser! —. ¡No!

Bajó de la cama con el corazón martilleándole con fuerza en el pecho y corrió hasta el salón. El libro estaba aún sobre la mesita de café. Pasó las páginas y vio que Julián estaba justo en el mismo sitio que antes, sólo que ahora no sonreía diabólicamente y llevaba el pelo corto.

¡No, no y no!, repetía su mente una y otra vez. ¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué?

— ¿Cómo has podido? —Le preguntó mientras abrazaba el libro contra su pecho—. Yo te habría dado la libertad, Julián. No me habría importado. ¡Dios!, Julián ¿Por qué te has hecho esto? —sollozó—. ¿Por qué?

Pero en el fondo lo sabía. La ternura que había visto en sus ojos hablaba por sí misma. Lo había hecho para no herirla como Paul.

Julián la amaba. Y, desde el momento que llegó a su vida, no había hecho otra cosa que protegerla. Cuidarla.

Hasta el final. Aun cuando de ese modo se negara la posibilidad de quedar libre de un tormento eterno, ella había sido más importante.

Grace no soportaba pensar en el sacrificio que Julián acababa de hacer. Lo veía condenado a pasar la eternidad en la oscuridad. Solo y sufriendo una agonía.

Él le había contado que pasaba hambre mientras estaba atrapado en el libro, y sed. Y en su mente lo veía sufrir del mismo modo que lo había visto en su cama. Recordó las palabras que dijo después.

«Esto no es nada comparado con lo que se siente dentro del libro»

Y ahora estaba allí. Sufriendo.

— ¡No! —gritó—. No permitiré que te hagas esto, Julián. ¿Me oyes?

Abrazó con fuerza el libro y se dirigió a toda prisa a la parte trasera de la casa. Abrió las cristaleras que daban al jardín y corrió hacia un claro iluminado por la luna llena.

— Regresa a mí, ¡Julián de Macedonia, Julián de Macedonia, Julián de Macedonia! —lo repitió una y otra vez, rogando por que apareciera.

No ocurrió nada. Nada de nada.

— ¡No!, ¡por favor, no!

Con el corazón destrozado, volvió a la salita.

— ¿Por qué?, ¿por qué? —sollozaba, arrodillada en el suelo sin dejar de mecerse hacia delante y hacia atrás.

— ¡Julián! —susurró con la voz rota mientras los recuerdos la asaltaban. Julián riéndose con ella, abrazándola. Julián sentado tranquilamente, pensando. Su corazón latiendo desenfrenado al mismo ritmo que el suyo.

Lo quería de vuelta.

Lo necesitaba de vuelta.

— No quiero vivir sin ti —balbució dirigiéndose al libro—. ¿Lo entiendes, Julián? No puedo vivir sin ti.

De repente, una luz cegadora iluminó la estancia.

Con la boca abierta, Grace alzó la mirada esperando encontrarse con Julián.

Pero no era él. Se trataba de Afrodita.

— Dame el libro —le ordenó con el brazo extendido.

Grace lo abrazó con más fuerza.

— ¿Por qué le haces esto? —inquirió Grace—. ¿Es que no ha sufrido ya bastante? Yo no lo habría alejado de ti. Preferiría que estuviese contigo antes de que regresara al libro. —Se limpió las lágrimas—. Está solo ahí dentro. Solo en la oscuridad —susurró—. Por favor, no dejes que permanezca ahí. Envíame al libro con él, por favor. ¡Por favor!

Afrodita bajó la mano.

— ¿Harías eso por él?

— Haría cualquier cosa por él.

La diosa la observó con los ojos entrecerrados.

— Dame el libro.

Cegada por las lágrimas, Grace se lo dio mientras rezaba para que Afrodita la ayudara a reunirse con él.

lunes, 23 de agosto de 2010

Mala Jugada * OneShoot

HOla mis dulces lectorea!! aquí les publico este OS de mi adorable Laap.
Ella me lo dedicó, y pues yo le pedí como favor muy especial, si me dejaba publicarlo en mi blog. Y pues ella no me puso ningún porblema!! Bien!!
Entrar en su blog http://mashayadelcrepusculo.blogspot.com/ . Tiene mucho talento!!
Espero que os guste el OS tanto como me gustó a mi.
Laap, te quiero!! Graxiias por dejar que publicara tu talento en mi blog :):)
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Queriada amiga:
Después de hoy,todo cambiará entre tú y yo.Voy a confesarte algo que tal vez no te guste..
Alice.B

Estaba recostada en la cama,maldiciendome una y mil veces.No se como paso pero cometi un grave y doloroso error.Me explico,me encontrada escribiendo una carta para Maria,mi mejor amiga.Ya que no tengo cara para enfrentarla.No es que sea cobarde,pero este asunto me esta calcomiendo la cabeza.¿Su nombre?,si porque todo problema tiene un nombre.El mío...

Jasper

Esto ocurrio,más o menos hace unos meses,Maria,mi mejor amiga,conocio a Jasper.Quien luego salio con ella ya como un par de años.El problema es que me enamoré de él,a travez de lo que me contaba Maria.Si es un poco confuso y loco,que no esta bien.Pero es así,me enamore de Jasper,el novio de mi mejor amiga.


Se que no es la forma de decir,
que falle y que estuve mal.
Pero en esta carta,te confieso,
lo que siento..

Se que hice mal,mi cabeza me grita que deje esta locura,pero mi corazón no entiende,Jasper es tan lindo,sensible,amable..¡¡PARA POR FAVOR!!,me grite,inconsientemente,mientras mi pensamientos volaban,y en la busqueda de palabras para explicarme escuche una canción del departamento de al lado.

Amiga no quise molestar,
la relación que tenías con él.
Tan solo queria escucharte
y ayudarte..

DIOS ..de tortura,Alice Brandon,para ya esto solo nececitas dejarlo fluir,me dije y me concentre de nuevo.Pero la verdad es que no me arrepentia de nada,y eso es lo que más me duele,se que no fue intensional,solo paso...Maria hablaba tan bien de él,y yo no la pude parar,lo intente,en serio.Pero ni ella ni yo,lo entendio.

flash back

-Maria ¡ya!,se lo tierno y lindo que es Jasper contigo,ok,para..no quiero escuchar más-dije tristemente.No lo entendia.Me dolia escuchar l0 bueno que era su compañia.Saber que nunca seria mío.Me levante del Bar en donde me encontraba.Maria me habia citado para contarme que Jasper por fin,le habría propuesto ser su novia.

Los celos y el dolor,me estaban dando un dolor profundo en el corazón y un dolor de cabeza,insoportable.

Tire el dinero en la mesa y cuando me proponia a irme,Maria sostuvo mi brazo.

Pero insistias en hablarme de lo que hacias con él.
Inconscientemente poco a poco,
me enamoré de él.
Lo se,no estuvo bien..


-¿Alice que pasa?Te molesto algo..-pregunto la muy incredula Maria.Si sabes,me molestas tú..y tu estupida relacion con Jasper,ahh ¿no entiendes nada no?.

Claro,que tonta soy.Me gusta Jasper amiga,no la verdad estoy enamorada de él,se que esta mal,intente dejarlo pero bueno,mi corazón no lo quiere entiende.

-No Maria la verdad no me siento bien,no vemos mas tarde.¿que te parece?-le dije sin mirarla a la cara.

-ok-contesto y se llevo la taza de cafe a la boca.


Estaba saliendo del bar/cafe,cuando entro Jasper.Estaba de civil,muy bien arreglado,en eso se parecia a mi,siempre a la moda,me rei al pensar en eso.Creo que mal interpreto mi sonrisa y me rio tambien.

Y con voz amable me habló.

-Hola Alice,¿como te encuentras hoy ?-Si pensaran que es un viejo hablando,pero a mi me temblaban las piernas cada vez que me hablaba así.Tan educado y perseptible.

-Bien Jass,gracias por preguntar,ehh debo irme nos vemos..-dije sin separar la vista de sus ojos verdes intensos,era un verde que no se ve a menudo,un verde intenso que te hace olvidarte hasta de tu nombre.Me memorice su rostro y decidi salir de alli,antes de cometer un error.

De repente me encontraba con los ojos humedos,caminando de prisa ,mientras llegaba a mi refugio ,mi hogar y el bendito tema en mi cabeza,no sesaba jamás.

Si,es una locura ya lo ves,
una mala jugada.
Pero,dime que se hace,
cuando en corazón se cruza,
y no quier enterder.

Amiga yo no quise hacerte mal,
es una mala jugada,
pero dime que se hace,
cuando el corazón se cruza,
y no quiere entender.

Fin del flash back

Me habia hido al centro comercial,era mi hobbie favorito,me ayudaba mucho a despejar la mente,a aclarar las ideas.Cuando estaba para buscar algo con lo que combinar mi sueter beige con cuello en v,los ví abrazados,comiendo un helado.No lo aguante,tome el sueter me dispuse a pagarlo y me fui.

Llegue a mi casa,tire el sueter en el sillon de la sala y fui a mi habiatación,a terminar con esta locura.

Querida amiga:
Después de hoy todo cambiará entre tu y yo,voy a confesarte algo que tal vez no te guste..

Con toda la furia y el dolor contenido,descarte esto primero y prosegui mientras caian lagrimas de mis ojos.

Querida amiga:
Después de hoy todo cambiará entre tu y yo,voy a confesarte algo que tal vez no te guste..Se que no es la forma de decir,pero en esta carta te confieso que lo siento,que estube mal..que falle.
Estoy enamorada de Jasper.
Maria,lo siento,tan solo queria escucharte y ayudarte,mientras tu insistias en hablarme de lo hacias con él,inconciente poco a poco me enamoré de él.Se que no hay razón para creer,justificar mi gran amor.Pero surgio asi de pronto de la nada.Te juro que intente dejarlo pero lo amo más que a mí,lo se,no estuvo bien..
Es una locura,pero dime que se hace cuando el corazón se cruza y no queire enterder,amiga yo no quise hacerte mal.
Lo siento,Alice B.

Cuando termine la carta,tome las llaves y el bolso y me fui dirrecto a la casa de Maria a dejarla la carta,iva en camino en mi porche amarillo,llorando por la traicion y el dolor de un amor no correspondido,pero solo fue una mala jugada,en la que yo nunca iva a ganar.

Llegue deje la carta y me fui,pero cuando estaba por dar la espalda a la puerta,sale Jasper con una sonrisa.

Yo me embelese en el momento y me quede inmovil,mientras trataba sin exito,esconder mis lagrimas.

-Alice ¿te sucede algo mal?-pregunto preocupado y fue a abrazarme.

Dios me estas matando,me dije a mi misma,mientras correspondia en abrazo,un poco mas intenso que él,pero no lo capto,de la manera que yo lo hacia,ya que estaba llorando.

Cuando nos separamos,lo mire,estaba tan hermoso esta noche.Con el lumbrar de la luz que provenia de la puerta parecia un angel caido del cielo para mi:No.no para mí,sino para Maria.Con ese sentimiento volvi a llorar.Me despedi de Jasper con un beso tierno en la mejilla y me fui.

Cobarde

Estupida
...

Y un sin fin de insultos para describirme en ese momento,me encontraba en el siento del volante de mi auto,manejando a gran velocidad.

Amiga no hay razón para creer,
justificar mi gran amor,
pero surgio asi de pronto,de la nada.
Porque insistiasen hablarme
todo lo que hacias con él.
Te juro que intente dejarlo,
pero lo amo más que a mí.
Lo se,no estubo bien..


Después de bajar me fui a mi habiatacion,luego de cerrar la puerta.Me tire en la cama y llore,llore hasta quedar dormida.


Si es una locura ya lo ves,
una mala jugada.
Pero,dime que se hace
cuando el corazón se cruza,
y no quiere entender.
Amiga yo no quise hacerte mal,
es mala jugada.
Pero,dime que se hace
cuando el corazón se cruza
y no quiere entender.

lo se.. lo sé .

Pero como era de imaginarse,soñe con él.

Me levante con mal humor y me diriji al baño.

Una vez que termine de haciarme,tome mi desayo y me conduje al trabajo sin muchas ganas de trabajar,aunque mi trabajo era mi pasión.

Luego de terminar mis horas,me voy a un bar/cafe en donde me dispuse a tomar un cafe expreso ..no estaba para un dulce chocolate caliente.

Era un día gris,encima lluvioso,al igual que mi estado.El bar se encontraba semivacio.

Cuando estaba esperando,veo a Jasper entrar con la cara descompuesta y con preocupación en su semblante,como en busca de algo.Pero cuando nuestras miradas se cruzaron,puso la sonrisa más bella y grande que habia visto.

Se encamino a mi mesa y se sento,sin siquiera preguntarme y me dijo:

-Me has hecho esperar mucho tiempo-dijo timidamente pero con un brillo especial en los ojos.

Y desde luego,dejo de llover ,pero no me di cuenta, me encontraba con Jasper,quien pidio dos tazas de chocolate caliente,mientras tomaba de mi mano y la besaba..

Una mal jugada,creo que por una u otra razón,todo salio bien,y mi milagro tenia nombre,el más hermoso de todos:JASPER.

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Bueno.. que? les gustó? Yo lo adore!!!
Recuerden que este OS no es mio es de Laap.
Dejan algún comentario?? Espero que siip!!
Las Amo!! besos^^


Un amante de ensueño * capítulo 15/3

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.

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Afrodita asintió y colocó la mano sobre la frente de Julián. Él echó la cabeza hacia atrás, como si acabara de ser alcanzado por un rayo. La diosa inclinó la cabeza y lo besó con ternura en los labios.


Al instante, Julián se relajó y su cuerpo se quedó inmóvil.

Los grilletes se abrieron y aún así no se movió. El corazón de Grace dejó de latir al darse cuenta de que Julián no respiraba. Aterrorizada, alargó una temblorosa mano para tocarlo.

Él inspiró con brusquedad.

Mientras Afrodita tendía la mano hacia Julián, Grace percibió en sus ojos la necesidad de sentir el amor de un hijo que ni siquiera sabía que estaba allí. Era la misma mirada anhelante que a menudo captaba en los ojos de Julián cuando él no era consciente de que lo estaba observando.

¿Cómo era posible que dos personas que se necesitaban tan desesperadamente no fuesen capaces de arreglar las cosas?

Afrodita desapareció en el mismo instante que Julián abrió los ojos.

Grace se acercó a él. Temblaba tanto que le castañeteaban los dientes. La fiebre había desaparecido y su piel estaba tan fría como el hielo.

Recogió el edredón del suelo y lo cubrió con él.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó Julián con voz insegura.

— Tu madre te liberó.

Julián pareció enmudecer por la sorpresa.

— ¿Mi madre? ¿Ha estado aquí?

Grace asintió con la cabeza.

— Estaba preocupada por ti.

Julián no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Sería cierto?

Pero, ¿por qué iba a ayudarlo su madre ahora si siempre le había vuelto la espalda cuando más la había necesitado? No tenía sentido.

Con el ceño fruncido, intentó bajarse de la cama.

— No, ni hablar —le dijo Grace con brusquedad—. Acabo de hacer que te pongas bien y no voy a…

— Necesito ir al baño urgentemente —la interrumpió él.

— ¡Ah!

Grace lo ayudó a bajar de la cama. Estaba tan débil que no se aguantaba en pie y ella lo sostuvo hasta atravesar el pasillo. Julián cerró los ojos e inhaló el dulce aroma de Grace. Temeroso de hacerle daño, intentó no apoyarse demasiado en ella.

Su corazón se enterneció al ver la forma en que ella lo cuidaba, al percibir la sensación de sus brazos envolviéndole la cintura mientras lo ayudaba a caminar.

Su Grace. ¿Cómo iba a soportar separarse de ella?

Una vez atendió sus necesidades, ella le preparó un baño caliente y lo ayudó a meterse en la bañera.

Julián la contempló mientras lo lavaba. Le parecía imposible que hubiese permanecido a su lado todo aquel tiempo. No recordaba casi nada de los últimos días, pero se acordaba del sonido de su voz atravesando la oscuridad para reconfortarlo.

La había oído pronunciar su nombre a gritos y, en ocasiones, estaba seguro de haber sentido su mano sobre la piel, anclándolo a la cordura.

Sus caricias habían sido su salvación.

Cerrando los ojos, disfrutó de la sensación de las manos de Grace deslizándose sobre su piel mientras lo lavaba. Le recorrían el pecho, los brazos y el abdomen. Y cuando rozaron accidentalmente su erección, no pudo evitar dar un respingo ante la intensidad con la que percibió la caricia.

Cómo la deseaba…

— Bésame —balbució Julián.

— ¿No será peligroso?

Él le sonrió.

— Si pudiese moverme ya estarías conmigo en la bañera. Te aseguro que en este momento estoy tan indefenso como un bebé.

Vacilante, ella se humedeció los labios y le acarició una mano; su roce fue suave y tierno. Lo miró fijamente a los labios como si pudiera devorarlo, y Julián sintió que el frío desaparecía al contemplar sus ojos.

Grace se inclinó y lo besó con ansia. Él gimió al sentir sus labios; anhelaba mucho más. Necesitaba sus caricias.

Para su sorpresa, obtuvo lo que deseaba.

Grace se apartó un instante de sus labios, lo suficiente para quitarse la ropa y quedarse desnuda ante él. Lentamente y con movimientos seductores, se metió en la bañera y se sentó a horcajadas sobre su cintura.

Julián volvió a gemir al sentir su vello púbico sobre el estómago. Grace lo besó de nuevo, tan ardientemente que él creyó que se abrasaba.

¡Maldición, ni siquiera podía abrazarla! No podía mover los brazos. Y necesitaba con desesperación rodearla con fuerza.

Ella debió percibir su frustración porque se incorporó con una sonrisa.

— Ahora me toca mimarte —susurró antes de enterrar los labios en su cuello.

Cerró los ojos mientras Grace dejaba un rastro de besos sobre su pecho. Cuando llegó al pezón todo comenzó a darle vueltas al sentir la lengua de Grace jugueteando y succionándolo. Nada había conseguido estremecerlo del modo que lo hacían sus caricias. No recordaba ninguna ocasión en la que alguien le hubiese hecho el amor a él.

Y ninguna mujer se había entregado de aquel modo. Ni le había dado tanto.

Contuvo la respiración en el momento que ella introdujo la mano entre sus cuerpos.

— Ojalá pudiese hacerte el amor —susurró Julián.

Ella alzó la cabeza para mirarlo a los ojos.

— Lo haces cada vez que me tocas.

Sin saber cómo, consiguió abrazarla, aunque los brazos no dejaban de temblarle, y la atrajo hacia su pecho para reclamar sus labios.

La escuchó quitar el tapón con el pie mientras profundizaba el beso aún más y atormentaba con leves caricias su miembro hinchado.

Julián sintió vértigo al notar la mano de ella sobre su verga. Ansiaba sus caricias; las anhelaba de un modo que no era capaz de definir.

Una vez la bañera se vació de agua, Grace abandonó sus labios para abrasarle la piel con diminutos besos, descendiendo por el pecho. Julián echó la cabeza hacia atrás y la apoyó en el borde mientras ella le pasaba la lengua por el estómago y la cadera.

Y entonces, para su sorpresa, se llevó su miembro a la boca. Él gruñó y le sujetó la cabeza con ambas manos, deleitándose en las sensaciones que provocaban la lengua y la boca de Grace, lamiendo y rodeando su miembro. Ninguna otra mujer había hecho eso antes. Se habían limitado a tomar lo que podían de él, sin ofrecerle jamás nada a cambio.

Hasta que Grace llegó.

Su boca arrasó con los resquicios de su sentido común y venció lo poco que quedaba de su resistencia. Le temblaba todo el cuerpo por la ternura que ella estaba demostrando.

— Lo siento —se disculpó Grace, alejándose de él—. Otra vez estás temblando de frío.

— No es por el frío —le contestó con voz ronca—. Es por ti.

La sonrisa de Grace le atravesó el corazón. Volvió a inclinarse y prosiguió con su implacable asalto.

Cuando terminó, Julián creyó haber sufrido una intensa sesión de tortura. No podría sentirse más satisfecho aunque hubiese llegado al clímax.

Grace lo ayudó a salir de la bañera. Aún le temblaban las piernas y tuvo que apoyarse en ella para llegar a la habitación.

Ella lo sostuvo hasta que estuvo acostado y, después, lo tapó con todas las mantas que encontró. Depositó un beso tierno sobre su frente y acomodó la ropa de la cama.

— ¿Tienes hambre?

Julián sólo fue capaz de asentir con la cabeza.

Ella se apartó de su lado el tiempo justo para calentar un tazón de sopa. Cuando regresó, él estaba profundamente dormido.

Dejó el tazón en la mesita de noche y se acostó junto a él. Lo abrazó y se quedó dormida.



Julián tardó tres días en recuperar toda su fuerza. Durante todo ese tiempo, Grace estuvo a su lado. Ayudándolo.

No acababa de comprender el motivo de la devoción que ella le profesaba. Y su fuerza. Era la mujer que había estado esperando toda su vida. Y con cada día que pasaba, era consciente de que el amor que sentía por ella crecía un poco más. La necesitaba a su lado.

— Tengo que decírselo —se dijo a sí mismo mientras se secaba con una toalla. No podía permitir que pasara un día más sin que ella supiese lo que significaba para él.

Dejó el cuarto de baño y atravesó el pasillo hasta llegar al dormitorio de Grace. Estaba hablando con Selena.

— Por supuesto que no le he contado lo que su madre me dijo. ¡Jesús!

Julián retrocedió un paso y se apoyó contra la pared mientras escuchaba a Grace.

— ¿Qué se supone que debo decirle? ¿«Por cierto, Julián, tu madre me ha amenazado»?

Él sintió que acababan de darle un golpe en el pecho y comenzó a verlo todo negro. Entró a la habitación.

— ¿Cuándo has hablado con mi madre? —inquirió.

Grace alzó la vista, sorprendida.

— Esto… Lanie, tengo que colgar. Adiós. —Dejó el auricular en su sitio.

— ¿Cuándo has hablado con ella? —insistió.

Grace encogió los hombros descuidadamente.

— El día que comenzaste a sentirte mal.

— ¿Qué te dijo?

Ella volvió a encoger los hombros, esta vez con timidez.

— No fue una verdadera amenaza, sólo me dijo que no te compartiría conmigo.

La ira lo atravesó. ¡Cómo se había atrevido! ¿Quién demonios se creía su madre que era como para exigir que Grace o él mismo la obedecieran?

Qué imbécil había sido al pensar que el corazón de Afrodita se había ablandado.

¿Cuándo iba a aprender?

— Julián —lo increpó Grace, poniéndose en pie y acercándose a él, al pie de la cama—, ella ha cambiado. Cuando vino a liberarte…

— No, Grace —la interrumpió—. La conozco mucho mejor que tú.

Y sabía de lo que su madre era capaz. Su crueldad hacía que las acciones de su padre pareciesen meras travesuras.

Con el corazón abatido, comprendió que jamás podría confesarle a Grace lo que sentía por ella.

Y lo que era aún peor, no podía quedarse con ella. Si algo había aprendido acerca de los dioses era que jamás lo dejarían vivir en paz.

¿Cuánto tiempo tardarían en hacer daño a Grace? ¿Cuánto tiempo le llevaría a Príapo ponerla en su contra? ¿O cuándo se vengaría su madre de ambos?

Tarde o temprano, le pasarían factura por ser feliz. No le cabía la menor duda. Y la simple idea de que Grace pudiese sufrir…

No. Jamás podría arriesgarse.





Los días pasaron volando mientras ellos permanecían tanto tiempo juntos como les resultaba posible.

Julián enseñó a Grace cultura clásica griega y algunas formas muy interesantes de disfrutar del Reddi-wip y la crema de chocolate. Grace le enseñó a desahuciar al contrario en el Monopoly y a leer en inglés.

Después de unas cuantas clases más de conducción, y de un nuevo embrague, Grace reconoció que Julián no tenía futuro al frente de un volante.

A Grace le parecía que apenas había pasado el tiempo y, sin embargo, el último día del plazo de Julián llegó tan rápido que la dejó aterrorizada.

La noche previa a ese fatídico día, hizo el más sorprendente de los descubrimientos: no podía vivir sin Julián.

Cada vez que pensaba en retomar su antigua vida, sin él, creía morir de dolor.

Pero finalmente comprendió que la decisión era de Julián, y sólo de él.

— Por favor, Julián —le susurró mientras él dormía a su lado—. No me abandones.

Un amante de ensueño * capítulo 15/2

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.

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Tan pronto como abrió la puerta supo que algo iba mal. Julián no salió a recibirla.


— ¿Julián? —lo llamó.

— Arriba.

Grace dejó las llaves y el correo sobre la mesa, y subió los escalones de dos en dos.

— No vas a creerte quién pasó hoy por la… —su voz se desvaneció al llegar a la puerta de su dormitorio y ver a Julián con una mano encadenada a los barrotes de la cama, tendido en el centro del colchón, sin camisa y con la frente cubierta de sudor.

— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó muerta de miedo.

— No puedo luchar más, Grace —le contestó respirando entrecortadamente.

— Tienes que intentarlo.

Él meneó la cabeza.

— Necesito que me encadenes la otra mano. No llego.

— Julián…

Él la interrumpió con una amarga y brusca carcajada.

— ¿No es irónico? Tengo que pedirte que me encadenes cuando todas las demás lo hacían libremente a las pocas horas de presentarme ante ellas. —La miró directamente a los ojos—. Hazlo, Grace. No podría seguir viviendo si te hiciese daño.

Con el corazón en un puño, ella cruzó la habitación hasta llegar junto a la cama.

Cuando estuvo bastante cerca, Julián alargó el brazo y acarició su mejilla. La acercó hasta él y la besó, tan profundamente que Grace pensó que iba a desmayarse.

Fue un beso feroz y exigente. Un beso que hablaba de deseo. Y de promesas.

Julián mordisqueó sus labios y la alejó.

— Hazlo.

Grace pasó el grillete de plata por los barrotes del cabecero.

El alivio de Julián fue evidente. Hasta ese momento, Grace no se había dado cuenta de lo tenso que había estado durante la semana anterior. Apoyó la cabeza en la almohada y, con dificultad, respiró hondo.

Grace se acercó y le pasó una mano por la frente.

— ¡Dios santo! —jadeó. Estaba tan caliente que casi le hizo una quemadura—. ¿Qué puedo hacer?

— Nada, pero gracias por preguntar.

Grace fue hacia el vestidor en busca de su ropa. Cuando empezó a desabrocharse la blusa, Julián la detuvo.

— Por favor, no lo hagas delante de mí. Si veo tus pechos… —Echó la cabeza hacia atrás como si alguien le hubiese aplicado un hierro candente.

Grace fue consciente en ese momento de lo acostumbrada que estaba a su presencia; no había pensado en desnudarse en otro lado.

— Lo siento —se disculpó.

Se cambió en el cuarto de baño y mojó unas toallas para colocárselas en la frente.

Volvió a la habitación para refrescarlo.

Le acarició el pelo, empapado de sudor.

— Estás ardiendo.

— Lo sé. Me siento como si estuviese en un lecho de brasas.

Siseó cuando Grace le acercó la toalla fría.

— No me has contado qué tal te ha ido el día —le dijo sin aliento.

Grace jadeó al sentir que el amor y la felicidad la invadían. Todos los días Julián le hacía esa pregunta. Todos los días contaba las horas para regresar a casa junto a él.

No sabía lo que iba a hacer cuando se marchara.

Obligándose a no pensar en eso, se concentró en cuidarlo.

— No hay mucho que contar —susurró. No quería agobiarlo con lo que su madre le había confesado. No mientras estuviese así. Ya lo habían herido bastante, y no sería ella la que aumentara su dolor—. ¿Tienes hambre? —le preguntó.

— No.

Grace se sentó a su lado. Pasó toda la noche leyéndole y refrescándolo.

Julián no durmió. No pudo. Sólo era consciente de la piel de Grace cuando lo tocaba y de su dulce perfume floral. Invadía sus sentidos y hacía que la cabeza le diera vueltas. Todas las fibras de su cuerpo le exigían que la poseyera.

Con los dientes apretados, tiró de las cadenas de plata que apresaban sus muñecas y luchó contra la oscuridad que amenazaba con devorarlo. No quería rendirse.

No quería cerrar los ojos y desaprovechar el poco tiempo que le quedaba para estar junto a Grace mientras aún estuviese cuerdo. Si dejaba que la oscuridad lo consumiera no se despertaría hasta estar de vuelta en el libro. Solo.

— No puedo perderla —murmuró. La simple idea de perderla hacía pedazos lo poco que le quedaba de corazón.

El reloj de pared dio las tres. Grace se había quedado dormida hacía muy poco rato. Tenía la cabeza y la mano apoyadas sobre su abdomen y su aliento le acariciaba el estómago.

Podía sentir su cabello rozándole la piel, la calidez de su cuerpo filtrándose por sus poros hasta llegarle al alma.

Lo que daría por poder tocarla…

Cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y se permitió soñar por primera vez desde hacía siglos. Soñó con pasar noches enteras junto a Grace.

Soñó que llegaba el día en que podía amarla como se merecía. Un día en que él sería libre para poder entregarse a ella. Soñó en tener un hogar junto a Grace.

Y soñó con niños de alegres ojos grises, y dulces y traviesas sonrisas.

Aún estaba soñando cuando la luz del amanecer comenzó a filtrarse por las ventanas y el reloj dio las seis. Grace se despertó.

Frotó la mejilla sobre su pecho, acariciándolo de tal modo que para Julián supuso una tortura.

— Buenos días —lo saludó sonriente.

— Buenos días.

Grace se mordió el labio al pasear la mirada sobre su cuerpo y arrugó la frente por la preocupación.

— ¿Estás seguro que tenemos que hacer esto? ¿No te puedo liberar un ratito?

— ¡No! —exclamó con énfasis.

Grace cogió el teléfono y marcó el número de la consulta para hablar con Beth.

— No iré en un par de días, ¿puedes hacerte cargo de algunos de mis pacientes?

Julián frunció el ceño al escucharla.

— ¿Es que no vas a ir a trabajar? —le preguntó en cuanto colgó.

Grace no podía creer que le hiciese esa pregunta.

— ¿Y dejarte aquí tal y como estás?

— Estaré bien.

Ella lo miró como si se hubiese vuelto completamente loco.

— ¿Y si pasara algo?

— ¿Cómo qué?

— Puede haber un incendio o alguien puede entrar y hacerte cualquier cosas mientras estás ahí indefenso.

Julián no discutió. Le entusiasmó el hecho de verla tan dispuesta a quedarse junto a él.

A media tarde, Grace fue testigo de que la maldición empeoraba. Cada centímetro del cuerpo de Julián estaba cubierto de sudor. Los músculos de los brazos estaban totalmente tensos y apenas hablaba; cuando lo hacía, apretaba los dientes.

Pero seguía mirándola con una sonrisa, y sus ojos eran cálidos y alentadores mientras sus músculos se contraían con continuos espasmos y soportaba el sufrimiento que amenazaba con devorarlo.

Grace siguió refrescándolo, pero tan pronto como acercaba la toalla a su piel se calentaba tanto que apenas era capaz de tocarla después.

Para cuando llegó la medianoche Julián deliraba.

Observó impotente cómo se agitaba y maldecía como si un ser invisible estuviese arrancándole la piel a tiras. Grace nunca había visto algo así. Estaba forcejeando tanto que casi temía que echara abajo la cama.

— No puedo soportar esto —susurró. Bajó corriendo las escaleras y llamó a Selena.



Una hora después, Grace abrió la puerta a Selena y a su hermana Tiyana. Con el pelo negro y los ojos azules, Tiyana no se parecía en nada a Selena. Era una de las pocas sacerdotisas blancas de vudú; regentaba una tienda de artículos mágicos y hacía de guía turística por el cementerio los viernes por la noche.

— No sabéis cuánto os agradezco que hayáis venido —les dijo Grace al cerrar la puerta, una vez pasaron al recibidor.

— No es nada —le contestó Selena.

Tiyana llevaba un timbal bajo el brazo e iba vestida con un sencillo vestido marrón.

— ¿Dónde está?

Grace las llevó al piso superior.

Tiyana puso un pie en la habitación y se quedó paralizada al ver a Julián sobre la cama presa de continuas convulsiones y maldiciendo a todo el panteón griego.

El color abandonó su rostro.

— No puedo hacer nada por él.

— Tiyana —la increpó Selena—. Tienes que intentarlo.

Con los ojos abiertos como platos por el miedo, Tiyana meneó la cabeza.

— ¿Quieres un consejo? Sella esta habitación y déjalo hasta que regrese de donde vino. Hay algo tan maligno y poderoso observándolo que no me atrevo a hacerle frente. —Miró a Selena—. ¿No percibes el odio?

Grace comenzó a temblar al escuchar a Tiyana, y su corazón empezó a latir cada vez más rápido.

— ¿Selena? —llamó a su amiga. Necesitaba desesperadamente que alguien aliviara el sufrimiento de Julián de algún modo. Tenía que haber algo que ellas pudiesen hacer.

— Sabes que no puedo ayudarlo —le dijo Selena—. Mis hechizos nunca funcionan.

¡No!, gritó su mente. No podían abandonarlo de aquel modo.

Miró a Julián mientras éste forcejeaba por liberarse de los grilletes.

— ¿Hay alguien a quien pueda acudir en busca de ayuda?

— No —contestó Tiyana—. De hecho, ni siquiera puedo permanecer aquí. No te ofendas, pero todo esto me pone los pelos de punta. —Lanzó una mirada categórica a su hermana—. Y tú sabes muy bien a qué tipo de atrocidades me enfrento diariamente.

— Lo siento, Grace —se disculpó Selena, acariciándole el brazo—. Investigaré y veré lo que puedo descubrir, ¿de acuerdo?

Con el corazón en un puño, Grace no tuvo más remedio que acompañarlas a la puerta.

Cuando la cerró, se dejo caer sobre ella con cansancio.

¿Qué iba a hacer?

No podía limitarse a aceptar que no había ayuda posible para Julián. Tenía que haber algo que pudiese aliviar su dolor. Algo en lo que ella aún no hubiese pensado.

Subió las escaleras y volvió junto a él.

— ¿Grace? —Julián la llamó con un gemido tan agónico que su corazón acabó de hacerse pedazos.

— Estoy a tu lado, cariño —le dijo, acariciándole la frente.

Él dejó escapar un gruñido salvaje, como el de un animal atrapado en un cepo, y se lanzó sobre ella.

Aterrorizada, Grace se alejó de la cama.

Se dirigió al vestidor, con las piernas temblorosas, y cogió el ejemplar de La Odisea.

Acercó la mecedora a la cama y comenzó a leer.

Pareció relajarlo. Al menos no se revolvía con tanta fuerza.

Con el paso de los días, la esperanza de Grace se marchitaba. Julián estaba en lo cierto al afirmar que no había modo alguno de romper la maldición si no lograba superar la locura.

No podía soportar verlo sufrir, horas tras hora, sin ningún momento de alivio. No era de extrañar que odiara a su madre. ¿Cómo podía Afrodita dejarlo pasar por esto sin mover un solo dedo para ayudarlo?

Y había sufrido de aquel modo durante siglos…

Grace estaba totalmente fuera de sí.

— ¡Cómo podéis permitirlo! —gritó enfadada, mirando al techo.

— ¡Eros! —le llamó—. ¿Me oyes? ¿Atenea? ¿Hay alguien? ¿Cómo permitís que sufra así? Si lo amáis un poco, por favor, ayudadlo.

Tal y como esperaba, nadie contestó.

Dejó descansar la cabeza sobre la mano e intentó pensar en algo que pudiera ayudarlo. Seguramente habría algo que…

Una luz cegadora atravesó la habitación.

Perpleja, alzó la vista y se encontró con Afrodita que acababa de materializarse junto a la cama. Si se hubiese encontrado con un burro en la cocina no se hubiese sorprendido tanto.

La diosa perdió el color del rostro al contemplar cómo su hijo se revolvía, agitado por los espasmos, sufriendo una horrible agonía. Alargó una mano hacia él y la retiró con brusquedad, dejándola caer mientras apretaba el puño.

En ese momento miró a Grace.

— Le quiero —dijo en voz baja.

— Yo también.

Afrodita clavó la mirada en el suelo, pero Grace fue testigo de su lucha interior.

— Si lo libero, lo apartarás de mí para siempre. Si no lo hago, las dos lo perderemos. —Afrodita la miró a los ojos—. He estado pensando acerca de lo que me dijiste y creo que tienes razón. Lo hice fuerte y jamás debí castigarlo por eso. Lo único que deseaba es que me llamara madre. —Miró a su hijo.

— Sólo quería que me quisieras, Julián. Un poquito nada más.

Grace tragó saliva al ver el dolor en el rostro de Afrodita cuando acarició la mano de Julián.

Él siseó, como si el roce le hubiese quemado la piel.

Afrodita retiró la mano.

— Prométeme que lo cuidarás mucho, Grace.

— Tanto como él me lo permita; lo prometo.

Un amante de ensueño * Capítulo 15/1

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.
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Julián mantuvo la distancia entre ellos lo que quedaba del fin de semana. Por mucho que Grace intentaba derribar la barrera que lo rodeaba, él la apartaba sin dudarlo.


Ni siquiera quería que le leyera.

Totalmente descorazonada, se fue al trabajo el lunes por la mañana, pero ni siquiera debería haberse molestado en acudir a la consulta. No podía concentrarse en otra cosa que no fuesen sus celestiales ojos azules, cargados de confusión.

— ¿Grace Alexander?

Grace alzó la mirada del escritorio y vio a una mujer rubia, increíblemente hermosa, de poco más de veinte años que estaba parada en el hueco de la puerta. Parecía que acababa de salir de un desfile de modas en Europa, con aquel traje de seda roja de Armani y las medias y los zapatos a juego.

— Lo siento —le dijo Grace—. Mi hora de visitas ha acabado. Si quiere volver mañana…

— ¿Tengo aspecto de necesitar a una sexóloga?

A primera vista, no. Pero claro, Grace había aprendido hacía ya mucho tiempo a no hacer juicios apresurados sobre los problemas de la gente.

Sin que la invitara, la mujer entró tranquilamente a su consulta con un andar presuntuoso y elegante que le resultaba extrañamente familiar. Caminó hacia la pared donde estaban colgados los títulos y certificados de Grace.

— Impresionante —le dijo. Pero su tono expresaba todo lo contrario.

Se volvió para observar concienzudamente a Grace y, por la mueca burlona en su rostro, ésta supo que la mujer la encontraba seriamente deficiente.

— No eres lo bastante hermosa para él, ¿sabes? demasiado baja y demasiado rechoncha. ¿Y dónde has encontrado ese vestido?

Completamente ofendida, Grace adoptó una postura rígida.

— ¿Cómo dice?

La mujer ignoró su pregunta.

— Dime, ¿no te molesta estar cerca de un hombre como Julián, sabiendo que si tuviese oportunidad, jamás querría estar contigo? Tiene un cuerpo tan bien formado, es tan elegante… Tan fuerte y cruel… Sé que nunca antes has tenido detrás de ti a un hombre como él, y jamás volverás a tenerlo.

Atónita, Grace no era capaz de hablar.

Y tampoco tuvo que hacerlo; la mujer siguió sin detenerse.

— Su padre era como él. Imagínate a Julián con el pelo oscuro, un poco más bajo y de apariencia más vulgar, no tan refinado. Pero aún así, ese hombre tenía unas manos que… Mmm… —Sonrió pensativamente, con la mirada perdida—. Por supuesto Diocles tenía todo el cuerpo marcado por horribles cicatrices de las batallas; tenía una espantosa que le atravesaba la mejilla izquierda. —Entrecerró los ojos con ira—. Jamás olvidaré el día que intentó marcar a Julián con una daga, para hacerle esa misma cicatriz. En ese momento hubiera deseado que viviese lo suficiente para arrepentirse de esa infracción, pero me aseguré de que no lo hiciera. Julián es físicamente perfecto, y jamás permitiré que nadie estropee la belleza que yo le di. —La fría y calculadora mirada que Afrodita dedicó a Grace hizo que ésta se estremeciera.

— No compartiré a mi hijo contigo.

La posesividad de las palabras de la diosa despertó la ira de Grace. ¿Cómo se atrevía a aparecer ahora y a decir tal cosa?

— Si Julián significa tanto para ti, ¿por qué lo abandonaste?

Afrodita la miró, furiosa.

— ¿Crees que me dejaron otra opción? Zeus se negó a darle la ambrosía; ningún mortal puede vivir en el Olimpo. Antes de que pudiera siquiera protestar, Hermes me lo quitó de los brazos y lo entregó a su padre.

Grace vio el horror en el rostro de Afrodita al recordar aquel momento.

— Mi dolor por su pérdida iba más allá de los límites humanos. Inconsolable, me encerré para alejarme de todo. Cuando fui capaz de enfrentarme a todos ellos de nuevo, habían pasado catorce años en la tierra. Apenas si reconocí al bebé que yo había amamantado. Y él me odiaba. —Sus ojos brillaron como si estuviese luchando por contener las lágrimas.

» No tienes idea de lo que es ser madre, y que ese hijo que has llevado en tu vientre maldiga hasta tu propio nombre.

Grace comprendía su dolor, pero era a Julián a quien amaba; y su sufrimiento era lo que más le preocupaba.

— ¿Alguna vez intentaste decirle cómo te sentías?

— Por supuesto que lo hice —espetó la diosa—. Le envié a Eros con mis regalos. Me los devolvió, con un mensaje que un hijo no debería decirle a su madre jamás.

— Estaba herido.

— Y yo también —gritó Afrodita. Todo su cuerpo temblaba de furia.

Desconfiada y bastante asustada por lo que una diosa enfadada pudiera hacer con ella, Grace observó cómo Afrodita cerraba los ojos y respiraba hondo para calmarse.

Cuando volvió a hablar, lo hizo con voz dura y el cuerpo tenso.

— Aún así, envié de nuevo a Eros con más regalos para Julián. Los rechazó todos. Me vi a obligada a presenciar cómo juraba lealtad y servicio a Atenea en venganza. —Masculló el nombre de la diosa como si la despreciara.

» Fue en su nombre que conquistó ciudades con los dones que yo le otorgué cuando nació: la fuerza de Ares, la templanza de Apolo y las bendiciones de las Musas y las Gracias. Incluso lo sumergí en el río Estigio para asegurarme de que ningún arma humana pudiera matarlo o dejarlo marcado y, a diferencia de lo que hizo Tetis con Aquiles, sumergí también sus tobillos para que no tuviese ni un solo punto vulnerable. —Meneó la cabeza como si aún no pudiese creer lo que Julián hizo.

» Hice todo lo que estuvo en mis manos por ese chico, y él no me demostró la más mínima gratitud. Ni el respeto que merecía. Finalmente, dejé de intentarlo. Puesto que rechazaba mi amor, me aseguré de que nadie lo amara jamás.

El corazón de Grace se detuvo al escuchar el egoísmo de la diosa.

— ¿Que hiciste qué?

Afrodita alzó la barbilla, altanera, como una reina orgullosa de sus frías y sangrientas hazañas.

— Le maldije del mismo modo que él lo hizo conmigo. Me aseguré de que ninguna mujer humana pudiese mirarlo sin desear su cuerpo, y de que todo hombre que estuviese a su alrededor lo envidiara profundamente.

Grace no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo podía una madre ser tan cruel?

Y tan pronto como ese pensamiento se alejó de su mente, la asaltó otro aún más horrible:

— Tú fuiste la culpable de que Penélope muriera, ¿verdad?

— No, eso fue obra de Julián. Por supuesto que yo estaba enfurecida cuando Eros me contó lo que había hecho por su hermano, y también porque Julián había acudido a él y no a mí.

» Puesto que no podía deshacer lo que la flecha de Eros había conseguido, decidí mermar sus efectos. Lo que Julián tuvo con Penélope fue algo insípido, y él lo sabe. —Afrodita se acercó hasta la ventana y contempló la ciudad.

» Si Julián hubiese acudido a mí alguna vez, habría dejado que Penélope lo amara. Pero no lo hizo. Lo observé acercarse a ella, noche tras noche, tomándola una y otra vez, y percibí su malestar, su angustia porque sabía que su esposa no lo amaba. Y todavía seguía rechazándome y maldiciéndome.

» Fueron las lágrimas que derramé por él a lo largo de los años lo que puso a Príapo en su contra. Siempre ha sido el más leal de mis hijos. Debí detenerlo tan pronto como supe que quería la sangre de Julián, pero no lo hice. Ansiaba que la ira de Príapo consiguiera que Julián me buscara e implorara mi ayuda. —Apretó los dientes.

» Pero no lo hizo.

Grace comprendía su dolor, pero eso no cambiaba lo que le había hecho a su hijo.

— ¿Cómo es que Julián acabó siendo maldecido?

La diosa tragó saliva.

— Todo comenzó la noche que Atenea le contó a Príapo que no existía otro hombre más valiente y fuerte que Julián. Ella lo retó a enfrentar a su mejor general con Julián. Dos días más tarde, contemplé cómo Julián cabalgaba hacia la batalla y supe que no perdería. Cuando venció al ejército romano, Príapo se enfureció.

» Eros se fue de la lengua y le contó lo que había hecho. Al instante, Príapo fue en busca de Jasón y Penélope. Yo no sabía las repercusiones que iba a tener. —Se envolvió la cintura con los brazos.

» Nunca tuve intención de que los niños murieran. No te imaginas las veces que me pregunto al cabo del día por qué dejé que ocurriera aquello.

— ¿No hubo ningún modo de evitarlo?

Afrodita negó tristemente con la cabeza.

— Incluso mis poderes están limitados por las Parcas. Cuando Julián se dirigió a mi templo, tras verlos a todos muertos, contuve el aliento pensando que por fin acudía en busca de mi ayuda. Y entonces vio a esa puerca con la túnica de Príapo que se arrojó a sus brazos y le pidió que tomara su virginidad antes de que tuviese lugar la ceremonia en la que sería reclamada por mi otro hijo. Si Julián hubiese pensado con claridad, sé que la habría rechazado. —El rostro de la diosa se ensombreció por la furia.

» Si no hubiese sido por Alexandria, ese día mi hijo hubiese venido a mí. Sé que me habría pedido ayuda. Pero era demasiado tarde. Todo acabó en el mismo momento en que se derramó en ella.

— ¿Y aún así te negaste a ayudarlo?

— ¿Cómo podía elegir entre dos de mis hijos?

Grace se horrorizó ante la pregunta.

— ¿Y no fue eso lo que hiciste cuando permitiste que encerraran a Julián en un pergamino?

Los ojos de Afrodita brillaron con tal malicia que Grace dio un paso atrás.

— Julián fue quien me rechazó. Todo lo que tenía que hacer era pedirme ayuda y yo se la habría dado.

Grace no podía creer lo que estaba oyendo. Para ser una diosa, Afrodita era bastante egoísta y corta de entendederas.

— Toda esta tragedia porque ninguno de los dos ha querido rebajarse a suplicar al otro. No puedo creer que concedieras a Julián la fuerza de Ares y luego lo maldijeras por esa fuerza que tú misma le otorgaste. En lugar de esperarlo o de enviar a otros en tu nombre, ¿no se te ocurrió nunca ir en persona?

Afrodita la miró furiosa e indignada.

— Yo soy la Diosa del Amor, ¿cómo quieres que me arrastre? ¿Tienes la más ligera idea de lo embarazoso que es para mí que mi propio hijo me odie?

— ¿Embarazoso? Tienes al resto del mundo para amarte. Julián no tiene a nadie.

Afrodita se acercó a ella, furiosa.

— Aléjate de él. Te lo advierto.

— ¿Por qué? ¿Por qué me amenazas cuando no lo hiciste con Penélope?

— Porque él no la amaba.

Grace se quedó paralizada.

— ¿Estás diciéndome…?

La diosa se esfumó.

— ¡Venga ya! —gritó Grace mirando al techo—. ¡No puedes esfumarte en mitad de una conversación!

— ¿Grace?

La voz de Beth hizo que diera un respingo. Girándose de inmediato, la vio asomándose por la puerta.

— ¿Con quién estás hablando? —le preguntó Beth.

Grace hizo un gesto abarcando la consulta y después pensó que no sería muy inteligente decirle a su compañera la verdad.

— Conmigo misma.

Beth la miró sin acabar de creérselo.

— ¿Tienes la costumbre de gritarte a ti misma?

— A veces.

Beth alzó una de sus oscuras cejas.

— Me parece que necesitas una sesión —comentó mientras se alejaba.

Haciendo caso omiso de su compañera, Grace no perdió tiempo en recoger sus cosas. Estaba deseando llegar a casa para ver a Julián.
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