Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 31 de mayo de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 4

Adaptación




CAPÍTULO 4


A Renesmee le pareció una situación de lo más irónica. Para exorcizar los demonios de su pasado, había tenido que descubrir que eran reales. Y sorprendentemente, había sobrevivido.

Em había cerrado pronto la tienda y la habían llevado a su casa para mantenerla a salvo de su peor pesadilla. Renesmee estaba sentada en el borde del canapé, contándoles su fantástica historia. Emily y Quil se habían acomodado delante de ella.

—Al final, abrí el grifo del lavabo para que no oyeran que abría la ventana. Después, salté al callejón y corrí hasta la tienda —concluyó.

Renesmee había hecho un esfuerzo sobrehumano para saltar por la ventana. Cabía la posibilidad de que James la estuviera esperando, pero no podía quedarse allí y permitir que Jacob y Seth se la llevaran.

Mientras corría hacia la tienda, atajando por callejuelas secundarias, se preguntó si debía llamar a la policía. Pero habría sido absurdo. No podía decir que la había atacado un hombre lobo y que otros dos hombres lobo le habían salvado la vida. La habrían tomado por una loca.

Renesmee tomó aire y clavó la vista en la taza de té que tenía entre las manos. Le preocupaba que ni Emily ni Quil la creyeran, pero sus amigos la miraban con inquietud y comprensión.

—Sé que parece imposible —continuó en un susurro—, pero es verdad. Creedme. Me gustaría que fuera una pesadilla, pero no lo es. Todo es absolutamente cierto. Hasta la última palabra.

Em se inclinó hacia delante.

—Hiciste lo correcto al ir a buscarnos, chérie. Y te creemos. A estas alturas, ya deberías saber que no hay nada imposible.

Renesmee se sintió enormemente aliviada.

—¿Me creéis?

Quil asintió y la miró con toda la calidez de sus ojos azules.

—Por supuesto que sí, Nessi. Eres como de la familia. Y las familias tienen que estar juntas, pase lo que pase.

—Sí, pero… ¿hombres lobo? Es como una historia sacada de una película de terror —acertó a decir.

En el exterior, el viento aullaba con tanta furia que la mantenía al borde de un ataque de nervios. Tuvo que apretar los dientes para impedir que le castañearan.

—Nessi, te he hablado muchas veces de nuestro pasado —declaró Em con suavidad—. Los pantanos del sur están llenos de historias de vampiros, hombres lobo y fantasmas… Quil y yo crecimos entre esas historias, así que no nos sorprende en absoluto. Para asumir lo inexplicable, hay que tener una mente abierta.

Renesmee dejó la taza de té en la mesita y se secó las manos, sudorosas, en los vaqueros.

—Ojalá fuera tan fácil para mí —confesó—. Ya sabes que soy capaz de enfrentarme a muchas de esas cosas, pero esto… son hombres lobo, Em. Después de lo que me ha pasado, dudo que pueda llevar una vida normal.

Renesmee cruzó los brazos y empezó a oscilar, nerviosa.

—No estás sola, Ness. Ni Quil ni yo te vamos a dejar en la estacada.

El viejo reloj de pared del abuelo de Em dio unas campanadas. Al ver la hora que era, Renesmee miró a Quil y preguntó:

—¿No deberías estar en el trabajo?

Quil sacudió la cabeza y sonrió.

—Ya te dije que me han cambiado el turno. Y me alegro mucho, porque así podré estar con vosotras y echaros un ojo.

—Oh, Dios mío…

Renesmee gimió y cerró los ojos con fuerza. En sus prisas por huir de Jacob y Seth, no se le había ocurrido que estaba poniendo en peligro a Emily y Quil. Si James la había encontrado una vez, podría encontrarla de nuevo.

Em se dio cuenta de que algo andaba mal y preguntó:

—¿Qué ocurre, Nessi?

Renesmee abrió los ojos. Se sentía enferma.

—Que he cometido una estupidez al venir aquí. No podía pensar con claridad… Os he puesto en peligro, Em. ¿Qué pasará si me encuentra?

—Si intenta algo contra ti, lo pagará muy caro —contestó Quil.

Renesmee se quedó asombrada con su respuesta. Quil ya no era un niño; se había convertido en un hombre. En un hombre fuerte, alto y de hombros anchos. En uno perfectamente capaz de cuidar de sí mismo. En uno que ardía en deseos de vérselas con James.

Pero naturalmente, Renesmee no estaba dispuesta a permitirlo. Tenía que marcharse de allí.

Habló con ellos y se lo dijo. Sin embargo, los hermanos no le hicieron el menor caso.

—No quiero oír ni una sola palabra más —declaró Emily, con expresión orgullosa.

Em se levantó, llevó las tazas vacías a la cocina y regresó un momento después con un vaso de agua y dos píldoras pequeñas, de color azul.

—Te quedarás aquí —afirmó—. Ven conmigo y te llevaré a la habitación de invitados. Pareces completamente agotada.

Tras diez minutos de discusión y otros diez de organización, Renesmee se encontró metida en un baño caliente, en la habitación de invitados. El lugar estaba cargado de vaho, y los tranquilizantes de Emily empezaban a surtir efecto.

Mucho más relajada, inclinó la cabeza hacia delante y se echó agua en el pelo y en el cuello. Pero ahora estaba preocupada por otro motivo: sabía que no había huido de su casa por miedo a Jacob, sino porque sentía un deseo irrefrenable de quedarse con él. Y no estaba dispuesta admitirlo.

Era una locura, pero deseaba a Jacob Black con toda su alma. De hecho, su deseo era mucho más fuerte que su miedo a él y a lo que era cuando se transformaba. Había visto sus garras brevemente, durante la pelea con James, y sabía de lo que era capaz.

Alzó la cabeza y pensó que estaba perdiendo el juicio. Pero no se podía engañar a sí misma.

A pesar de todo lo sucedido, a pesar de que Jacob Black fuera un hombre lobo, quería estar con él.





Escondido en las sombras de la noche, Jacob apoyó la espalda en el tronco de un olmo enorme y olisqueó el fresco aire de otoño en busca del rastro de James.

Sus ojos se clavaron en la casa que estaba ante él, la casa que había estado vigilando desde que Dimitri lo llamó y le dio la dirección, después de que siguiera a Renesmee desde la tienda. Era una construcción de dos pisos, típica del centro histórico de Covington; la fachada daba a una calle llena de árboles y la parte trasera al bosque.

Por fuera, Jacob parecía en calma, concentrado en la vigilancia; pero por dentro, estaba furioso.

No podía creer que Renesmee hubiera huido de él por segunda vez.

Cuando descubrió que se había escapado por la ventana del cuarto de baño, salió a la calle y la siguió a pie. Poco después, Dimitri lo llamó por teléfono y le dijo que acababa de llegar a Muse. Al cabo de un rato, sus compañeros la siguieron hasta la casa de Emily Young.

Jacob y Seth aparcaron el todoterreno a un par de manzanas y atajaron por el bosque, donde permanecían ocultos. Se habían preparado para pasar una noche larga y fría. El viento soplaba con fuerza y el cielo estaba tan cubierto que casi no se veía la luna.

Seth, que estaba apoyado en un árbol cercano, miró el piso superior de la casa y vio la silueta de Renesmee contra una de las ventanas.

—Hay que reconocer que es todo un caso —comentó—. Ahí la tienes, disfrutando de la calidez y la comodidad de una casa mientras nosotros pasamos la noche a la intemperie.

—Sigo sin creer que me haya intentado engañar —gruñó su amigo.

Jacob encendió un cigarrillo y dio una calada larga. Estaba muy enfadado con ella, pero sobre todo estaba enfadado consigo mismo, por no haber hecho caso a su instinto. Cuando Renesmee se fue al cuarto de baño, supo que no debía fiarse de ella. Pero quiso concederle el beneficio de la duda. Y una vez más, le había tomado el pelo.

—¿Que te ha intentado engañar? —dijo Seth, sonriendo con ironía—. No lo ha intentado, amigo mío. Lo ha conseguido. Y no una, sino dos veces en el mismo día… Debo admitir que empieza a caerme bien. Siempre me pregunté cómo sería la mujer que te pusiera en tu sitio.

—Sí, bueno… —murmuró Jacob, mirando hacia la ventana—. Me alegra que te estés divirtiendo a mi costa.

—Para eso están los amigos, ¿no?

—Por supuesto que sí. Pero recuerda que el último ríe mejor.

Seth dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó.

—Que no te volveré a ayudar con cierta bruja rubita.

Su compañero suspiró.

—Eres un cerdo, Jake… Eso es jugar sucio.

—Lo que tú digas. Pero no lo olvides —dijo Jacob, dando otra calada.

Seth se sentó en el suelo y apoyó la espalda contra el árbol. Tras unos segundos de silencio, arqueó una ceja y miró a Jacob.

—¿Qué vamos a hacer ahora?

—Esperar. Puede que James vuelva.

—Esto está tan tranquilo que parece un cementerio —murmuró Seth—. No se oye nada, ni los grillos… Si se acerca a la casa, lo sabremos. Aunque no captemos su olor.

Jacob asintió y miró la parte trasera de la casa.

—Si se acerca, morirá. Me aseguraré de ello —dijo.

—¿Has vuelto a hablar con Dimitri?

—Sí, hablé con él mientras tú echabas un vistazo a la calle. Felix y él se han ido a comprobar los bajos fondos de Covington, pero no han visto nada. Me dijo que Charlie y Carlisle siguen en Delaine, investigando el otro asesinato.

Seth frunció el ceño.

—¿Todavía no han atrapado a ese canalla?

—Me temo que no —murmuró.

Jacob se pasó una mano por la mandíbula y pensó que necesitaba afeitarse y darse una buena ducha. Por desgracia, tendría que esperar.

—¿No han encontrado su rastro?

—No han encontrado nada de nada, pero parece ser que notaron un olor raro, ácido. Intentaron seguirlo y sólo consiguieron que les afectara el olfato… se parece demasiado a lo que nos ha pasado con James —comentó.

—Los asesinatos son demasiado rituales… no encajan en los ataques típicos de los licántropos. Este asunto me da mala espina, Jake.

—Y a mí.

Durante las semanas anteriores habían encontrado dos cadáveres de mujeres, los dos en zonas boscosas, cerca del territorio de los hombres lobo de la especie de James, los Crestas Plateadas. Las dos mujeres eran rubias y de ojos azules y a las dos les habían arrancado los corazones para devorarlos.

Hasta el momento, el clan de los Cazadores se las había arreglado para controlar la situación e impedir que mataran a más personas, pero Jacob sabía que las cosas se pondrían feas si no lo solucionaban pronto. No se trataba únicamente de las vidas humanas; debían impedir que la existencia de los hombres lobo se llegara a conocer: un peligro constante que aumentaba año tras año.

Además, ahora sabían algo nuevo, algo potencialmente catastrófico para todos los hombres lobo. James había aprendido a transformarse en pleno día.

Estaba pensando en la gente con quien podía consultar el problema cuando Seth dijo:

—Hay algo que te quería preguntar hace un rato; pero han pasado tantas cosas que no he tenido ocasión.

Jacob lo miró con inquietud.

—Adelante.

—Sólo quería saber si lo llevas bien…

Jacob apagó el cigarrillo y contestó, con voz tensa.

—Por supuesto que sí.

Seth sacudió la cabeza.

—Vamos, Jake… Soy tu compañero, tu mejor amigo, hombre. Puedes confiar en mí.

—No es para tanto —gruñó Jake, incómodo.

—Lo que intento decir es que… demonios, Jake, sé lo que piensas de estas cosas desde lo de Edward, y sé que no querías que te pasara a ti. Pero te ha pasado y necesito saber que te encuentras bien.

—Pues estoy bien —afirmó.

—¿Seguro?

Jacob suspiró, frustrado.

—Por Dios, Seth, ¿qué quieres que te diga?

Seth sonrió, pero mirándolo fijamente, sin dejarse engañar por el farol de su amigo.

—La verdad.

Jacob no habría sido capaz de definir la verdad. Sólo sabía que debía mantener a Renesmee con vida. Después, cuando acabaran con James, podría preguntarse por sus sentimientos y tomar alguna decisión. Pero hasta entonces, su trabajo consistía en esperar, vigilar y asegurarse de que seguía a salvo.

Conocía muy bien a James. Sabía que no se rendiría hasta terminar lo que había empezado. Y cuando volviera a actuar, él estaría allí.

Tanto si le gustaba como si no, Renesmee Claire Cullen tendría que aprender a vivir con ello. Tanto si quería estar con él como si no, la pequeña pelirroja se quedaría a su lado. Porque desde ese mismo momento, él le pertenecía.





—Nessi, despierta… vamos, cariño, despierta. Tienes una pesadilla.

Renesmee oyó las palabras, pero las oyó como si estuviera sumergida en un lago. De hecho, movió los brazos y las piernas como los habría movido para nadar. Distinguía el brillo lejano de la luz del sol, pero las sombras oscuras de la pesadilla la mantenían presa.

—¿Le echo un poco de agua? —oyó decir a Quil.

—No, no, ya se está despertando —contestó su hermana—. Venga, Ness, vamos… Abre los ojos y mírame.

Renesmee respiró hondo y consiguió abrir un ojo. La luz del sol era tan intensa que casi le resultó dolorosa.

Tenía la boca seca y el corazón le latía a toda velocidad. Pero al menos, estaba viva.

Em sonrió.

—Ah, ya estás con nosotros… —dijo su amiga—. Te oímos gritar en sueños y supusimos que sería otra de tus pesadillas. ¿Qué tal estás?

—Bien, bien —gimió.

—Estaré en mi habitación si me necesitáis —comentó Quil.

El chico se pasó una mano por el pelo y salió de la habitación de invitados para que tuvieran más intimidad.

Renesmee miró a Em. Se había vestido y maquillado. Tenía muy buen aspecto, aunque sabía que Quil y ella se habían turnado de noche para vigilarla.

—Siento ser una molestia —se disculpó, sintiéndose culpable y desorientada—. Si pudieras prestarme algo de ropa, me vestiré deprisa y estaré en la tienda en quince minutos.

Emily la miró con cierta sorpresa.

—Por supuesto que te puedo prestar ropa —aseguró—. Pero ¿estás segura de que te sientes con fuerzas?

Renesmee asintió.

—Lo último que necesito es quedarme aquí y dedicarme a darle vueltas a la cabeza —le confesó.

Em cruzó los brazos sobre su camisa negra, de seda.

—Lo comprendo, pero creo que no deberías salir de casa. Quil se quedará contigo. No te preocupes.

Renesmee sonrió, intentando parecer animada.

—No, no, lo digo en serio… si me quedo, me volveré loca de preocupación. Me ducharé rápidamente y me iré contigo. Me sentará bien.

—De acuerdo, como quieras. Si estás segura…

Emily caminó hasta la puerta. Una vez allí, se apoyó en el marco. Sus brazaletes tintinearon como campanillas.

—¿Qué te parece si le digo a Quil que vaya con un amigo a tu casa y traiga tus cosas? —preguntó.

Renesmee sacudió la cabeza. Odiaba la idea de que alguien entrara en aquel lugar. Podía ser peligroso.

—No, todavía no. Esperemos un par de días.

Renesmee supo en ese momento que no podría volver a vivir en esa casa, no después de lo que había sucedido. Tendría que mudarse.

—Muy bien, cariño. Pero te quedarás con nosotros todo el tiempo que sea necesario. Y no quiero oír ni una sola protesta —declaró Emily—. Venga, dúchate; iré a buscarte la ropa. Ah, y si tienes suerte, puede que Quil decida prepararte unas tostadas antes de que nos vayamos…

Emily sonrió, le guiñó un ojo y cerró la puerta.





Cuando Quil abrió la puerta trasera de Muse, Renesmee se dio cuenta de que pasaba algo malo. La alarma sólo se podía desconectar desde dentro, así que saltaba cada vez que abrían la tienda. Pero aquella mañana no saltó.

—¿Qué diablos…? —murmuró Quil.

Emily y Renesmee entraron en el establecimiento y se dirigieron a toda prisa a la parte delantera.

Alguien había destrozado el local durante la noche. El suelo estaba lleno de libros y objetos rotos, y los muebles mostraban unas hendiduras extrañas que parecían zarpazos. Había velas, cristales y cartas del tarot por todas partes. No habían respetado nada. Y entre el aroma de los aceites y los bálsamos, sobresalía un olor almizclado, como de animal salvaje.

Emily derramó una lágrima. Quil maldijo en voz alta. Renesmee cerró los ojos y deseó que aquello fuera un mal sueño; pero no lo era.

—Te lo pagaré todo, Em —dijo, emocionada, con un profundo sentimiento de culpabilidad—. Tengo dinero en el banco… descuida, reemplazaremos todo lo que has perdido.

—Ya estoy bastante enfadada, Nessi; no necesito que me enfades más con tonterías —dijo Emily, mirándola fijamente—. No ha sido culpa tuya. Tú no le has pedido a ese canalla que destroce mi tienda. No voy a permitir que te sientas culpable por eso.

—Pero soy culpable… —dijo, irritada consigo misma—. Esto no habría pasado si no hubiera acudido a vosotros.

Emily se cruzó de brazos y la miró con intensidad.

—¿Lo has hecho tú? —preguntó—. ¿Es responsabilidad tuya?

—No, pero si me hubiera marchado a cualquier otra parte, no habría pasado nada —respondió Renesmee.

Renesmee no podía creer que hubiera sido tan estúpida. Sólo tenía que haber subido a un autobús y haberse alejado de allí. Llevaba la cartera con los documentos y las tarjetas de crédito en el bolsillo de los pantalones, así que el dinero no habría sido ningún problema. Podría haber viajado de noche, hacia el norte, hasta encontrar un hotel en alguna localidad pequeña y desconocida. Nadie la habría encontrado. Y Emily no habría pagado las consecuencias.

—Si te hubieras marchado, ahora estarías muerta —dijo Em—. Te parecerá una idiotez, pero me parece que la vida de mi mejor amiga es mucho más importante que los objetos de una tienda.

—Eh… —dijo Quil en ese momento—. Siento interrumpir vuestra conversación, pero tenéis que echar un vistazo a esto.

Renesmee se giró hacia el hermano de Em. Cuando vio lo que estaba mirando, palideció y se tuvo que apoyar en el mostrador para mantenerse en pie.

—Oh, Dios mío…

Le habían dejado un mensaje en la pared del fondo. Decía así:

Puedes huir, Caperucita. Pero no te puedes esconder.

—Eso es lo que James me llamó —dijo, en voz muy baja—. Caperucita…

Renesmee se puso tan nerviosa que empezó a recoger los restos del destrozo mientras se preguntaba por lo que debía hacer. Podía escapar de la casa en mitad de la noche y dejar una nota a sus amigos. Sabía que se enfadarían mucho con ella, pero al menos estarían a salvo; por lo menos, teóricamente: las cosas se habían complicado mucho. Cabía la posibilidad de que Emily y Quil estuvieran en peligro tanto si se quedaba con ellos como si no.

Justo entonces, miró por el escaparate de la tienda y se llevó tal susto que estuvo a punto de tropezar con la pata de un mueble roto y caerse.

—No es posible… —murmuró.

—¿Qué ocurre? —preguntó Emily, que corrió a su lado.

—Es él. Jacob. El que me salvó la vida… está afuera.

—¿El tipo del que huiste? —preguntó Quil.

—Sí, el mismo.

Jacob la miraba fijamente. Estaba apoyado en un todoterreno negro, con los brazos cruzados sobre el pecho y un cigarrillo en la mano. Al igual que el día anterior, llevaba una camiseta y una camisa de franela.

—Vaya… —intervino Emily—. No exageraste ni un poquito al decir que era una maravilla de hombre.

Renesmee suspiró.

—Lo sé, lo sé. En fin, supongo que será mejor que salga y hable con él.

—Sí, será lo mejor, pero te acompañaré —dijo Em.

Cuando Quil hizo ademán de seguirlas, su hermana se lo impidió.

—No, tú te quedas en la tienda —le ordenó—, vigilando por el escaparate. Ya hay bastante testosterona por aquí. No quiero encontrarme en mitad de una pelea.

Quil la miró con cara de pocos amigos, dispuesto a insistir, pero Emily añadió:

—No te preocupes. No le hará daño.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Renesmee abrió la puerta de la tienda. Estaba decidida a mantener la calma, pero sintió una oleada de entusiasmo en cuanto miró a Jacob a los ojos.

Él se apartó del vehículo, tiró el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el tacón de una bota. Después, caminó hacia ella.

—Tienes la mala costumbre de seguirme, ¿verdad, Black?

Jacob arqueó la comisura de los labios, pero sin llegar a sonreír.

—Sí, y más tarde o más temprano, me lo agradecerás. Pero llámame Jacob, por favor.

—¿Sabes quién ha hecho esto?

—Por supuesto que sí. Y tú también, Renesmee.

Ella asintió. Él entrecerró los ojos y preguntó, con voz suave:

—¿Te encuentras bien?

Renesmee volvió a asentir, asombrada con el efecto que le producía aquel hombre. Nadie la había mirado nunca de esa forma. Lograba que se estremeciera por dentro, que sintiera algo terriblemente profundo e íntimo.

A pesar del frío de la mañana, tuvo calor. Jacob estaba tan atractivo como siempre, pero parecía cansado. Tenía ojeras, no se había afeitado y ni siquiera se había cambiado de ropa. De repente, Renesmee se preguntó si habría dormido algo desde que ella huyó de la casa.

Casi en respuesta a su pregunta, Jake hizo un gesto con la cabeza, hacia la tienda, y dijo:

—He estado toda la noche frente a la casa de tu amiga, vigilando. Obviamente, James se dio cuenta y decidió pasar por aquí.

—Le ha dejado un mensaje dentro —intervino Emily, que acababa de llegar.

Jacob la miró con desconfianza.

—¿Qué dice el mensaje? —preguntó, metiéndose las manos en los bolsillos.

Renesmee lo miró a la cara y supo que estaba muy enfadado. Por ella. Porque su vida estaba en peligro.

—Dice que Nessi puede huir, pero que no puede esconderse —contestó Em.

Jacob se giró hacia Renesmee y la miró con detenimiento.

—Sabes lo que tenemos que hacer, ¿verdad? —dijo.

Renesmee pensó que Jacob tenía razón. Pero eso no significaba que le agradara.

—¿Es necesario?

—Si quieres que tus amigos sigan con vida, sí. Ahora bien, si su bienestar no te preocupa… —Jacob se encogió de hombros.

Emily arqueó una ceja y dijo:

—Renesmee no se va a ir a ninguna parte. Además, tú…

—Yo soy la única persona que puede salvarle la vida —la interrumpió—. Y estoy dispuesto a hacer lo que sea.

Emily miró a Jacob durante unos segundos, con la intensidad que utilizaba cuando quería adivinar las emociones de alguien. Después, tomó a Renesmee del brazo y la alejó un poco.

—¿Me concedes unos segundos?

Jacob asintió.

—Por supuesto.

Em se llevó a Renesmee. Seis metros más adelante, soltó a su amiga y la miró con una sonrisa enorme.

—Dios mío, Nessi, ese hombre es increíble —afirmó.

Renesmee gimió y miró hacia el todoterreno. Jacob estaba hablando con Seth, al que no había visto hasta ese momento.

—Ya te lo había dicho. ¿Has conseguido adivinar sus pensamientos?

Emily soltó una risita.

—Sí, bueno, algo parecido —respondió—. Sus sentimientos hacia ti son increíblemente poderosos… ese tipo te quiere con locura, Nessi. Y es verdad que hará cualquier cosa por mantenerte a salvo.

Renesmee volvió a mirar a Jacob.

—No me puedo quedar aquí, Em.

Emily le acarició un hombro.

—Ni yo intento librarme de ti, Ness. Sabes que te puedes quedar todo el tiempo que quieras. Lo sabes.

—Sí, lo sé. Pero me preocupa lo que os pueda pasar —le confesó.

—Quil y yo sabemos cuidarnos. Eres tú quien está en peligro.

—Es posible, pero será mejor que me vaya con él.

Emily volvió a sonreír.

—No sé cómo explicártelo, Nessi… tu amigo me da buenas vibraciones. Sé que cuidará de ti. Y creo que te hará mucho bien en otros sentidos.

—Yo no estoy tan segura de eso… —murmuró Renesmee, sin querer confesar sus sentimientos—. Pero marcharme con él es la mejor solución. No quiero que os hagan daño por mi culpa.

Emily la abrazó.

—Prométeme que tendrás cuidado, y que me llamarás todos los días por teléfono. Pero todos los días, muchachita. No de vez en cuando.

Renesmee rió.

—Estás loca, Em…

—Tal vez. Pero como no me llames…

Emily se alejó hacia la tienda. Antes de desaparecer, apuntó a Jacob con una mano y dijo:

—Cuida de ella o me encargaré de ti.

Em entró en Muse. Jacob intercambió unas palabras con Seth y fue al encuentro de Renesmee.

—¿Estarán bien? —preguntó ella.

Jacob se metió las manos en los bolsillos y la miró a los ojos.

—Descuida, ya me he encargado de que los vigilen.

—Conozco a Em y a Quil y sé que no les hará ninguna gracia…

Él asintió. La brisa llevó su aroma a Renesmee, que estuvo a punto de gemir.

—No tienen por qué saberlo. Dimitri y Felix son muy buenos en su trabajo. Ni siquiera los verán.

—¿Ah, sí? ¿Y dónde estaban anoche? —preguntó, en tono acusador.

—Cuando Seth y yo empezamos a vigilar la casa de tu amiga, les pedí que intentaran seguir el rastro de James —contestó.

—¿Han encontrado algo?

Jacob soltó un gruñido.

—No, todavía no, pero lo encontraremos —le aseguró—. Ahora debemos llevarte a un lugar seguro.

Renesmee cruzó los brazos, nerviosa.

—No puedo creer que me esté pasando esto…

—Te prometo que estarás a salvo, Ness.

Jacob se sacó una mano del bolsillo y se frotó la nuca. La visión de sus fuertes músculos y de su mirada directa, fuerte y hambrienta, le pareció tan masculina a Renesmee que se estremeció.

—No permitiré que te hagan daño —añadió él.

—Si te refieres a James, te creo —murmuró ella—. Pero ¿qué me dices de ti?

Jacob tardó un momento en responder.

—Yo no te haría daño nunca, Renesmee. Siento muchísimo que te hayamos metido en este lío.

—Bueno, tampoco es que tuvierais intención… —lo justificó.

Él entrecerró los ojos.

—Debería haberme mantenido lejos de ti y haberme marchado de ese maldito restaurante. Pero no pude.

Como Renesmee no supo qué decir, no dijo nada.

Se había levantado viento y tuvo frío. Se frotó las manos para calentárselas, y se llevó una sorpresa cuando él extendió un brazo y la tocó. Sin embargo, no hizo otra cosa que cerrar los dedos sobre los de ella para que entrara en calor.

Desconcertada y asombrada por su contacto, Renesmee miró su pecho poderoso y sintió el impulso de hundir la cabeza bajo su cuello. Tenía la piel más caliente que había tocado en su vida; era como si tuviera fuego en las venas.

Suspiró, sin poder evitarlo. Él le acarició una mano de forma inocente, con intención de tranquilizarla un poco. Pero lo que Renesmee sintió no fue inocente en absoluto.

—Tendrás que venir conmigo, Renesmee.

Renesmee tuvo miedo. Pero no podía negar que se sentía atraída por él.

—No tengo elección, ¿verdad?

—No si quieres seguir con vida —respondió, con voz profunda y ronca.

Ella tragó saliva y preguntó:

—¿Adónde me llevas?

La mirada poderosa y cálida de sus ojos marrones la recorrió de la cabeza a los pies y, a continuación, por el camino inverso.

—A casa —respondió él—. A las montañas. A mi cabaña.
 
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Hola mis dulces lectores!!
Que os ha parecído el capítulo?? se merece vuestros comentarios?? esto cada vez se pone más interesante xDxD
OsAmo!!
 
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domingo, 29 de mayo de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 5

Media Adaptación


CAPÍTULO 5:

Cuando llegué a la sexta clase de arte estaba aliviada al ver que Edward ya estaba allí.


Esperaba con impaciencia un poco de tiempo a solas con él. O al menos tan a solas como pudieras estar en un aula con otros treinta estudiantes.

Pero después de ponerme mi delantal y recoger mis utensilios del armario, mi corazón se hundió cuando vi que, una vez más, Emmett había tomado mi lugar.



-Oh, hey, Bella- me saludó, colocando su nuevo lienzo en blanco en mi caballete mientras yo estaba parada allí, sosteniendo mis materiales en mis brazos e ignorando a Edward quien estaba tan inmerso en su pintura que no se había dado cuenta que yo estaba ahí.



Estaba a punto de decirle a Emmett que se largara cuando recordé las palabras de Rosalie, cuando ella dijo que yo odiaba a la gente nueva. Y temiendo que podría tener razón, esforcé a mi rostro y le sonreí y pusé mi lienzo en el caballete al otro lado de Edward, prometiéndome llegar ahí mucho

más temprano al día siguiente y así poder recuperar mi espacio.



-Que hacemos aquí?- preguntó Emmett, mientras colocaba un pincel entre sus diente delanteros, y miraba hacía donde estábamos Edward y yo.



Eso era otra cosa. Normalmente, encontraba los acentos británicos realmente atractivos, pero con Emmett, solo era chirridos.



-Estamos estudiando los ismos- le dije. Decidida a jugar bien a pesar del persistente sonido molesto en mi intestino. -El mes pasado llegamos a escoger nuestra propia selección, pero este mes, todos estamos haciendo el realismo porque nadie lo escogió la última vez.



Emmett me miró, de arriba a abajo, un placentero crucero lento a lo largo de mi cuerpo que hace que mi

estomago vaya todo nervioso, y no de un buen modo.



-Vale, así que haces que lo que dibujas parezca real, como una fotografía.- dijo él. Sus ojos estaban sobre los míos.



Encuentré su mirada. Una mirada que él insiste en sostener durante varios segundos demasiado largos. Pero me niego a retorcerme o mirar hacia otro lado primero. Estoy decidida a permanecer en el juego todo el tiempo que tome. Y aunque puede parecer totalmente ridículo en la superficie, algo sobre ello se siente oscuro, amenazador, como una clase de reto.



O quizás no.



Porque justo después de pensar eso, el dijo:

-Esta escuela es impresionante. De donde vengo yo, todo siempre era la teoría sobre la práctica.



Parece agradable. Eso es incluso peor para mí, porque prácticamente demostraba que Rosalie tenía razón.



Realmente era celosa,

Y posesiva,

Y paranoica.

Y aparentemente odio a la gente nueva también.



Así que tomé un profundo suspiro y lo intento de nuevo. Hablando más allá del nudo en mi garganta y el nudo en mí estomago, decidida a sonar amistosa, incluso si eso significa que tengo que fingir al principio.



-Puedes pintar lo que quieras.- Le digo, usando mi optimista voz amistosa, que en mi antigua vida, antes de que mi familia entera muriera en el accidente y Edward me salvara haciéndome inmortal, era ciertamente la única voz que alguna vez use. -Solo tienes que hacerlo parecer real, como una fotografía. En realidad, se supone que usamos una fotografía real para mostrar la base de inspiración, y, por supuesto, para clasificar objetivos también. Ya sabes, así

podemos probar que logramos lo que nos propusimos.



Le eché un vistazo a Edward, preguntándome si esta escuchando algo de esto y si se siente molesto ya que prefiere su pintura en vez de comunicarse conmigo.



-Y que está pintando él?- pregunta Emmett, cabeceando al lienzo de Edward, una perfecta representación de los campos florecidos de nuestro lugar secreto. Cada hoja de césped, cada gota de agua, cada pétalo de flor, tan luminoso, tan de textura, tan tangible, que es como estar allí. -Parece como el paraíso.



Él asiente con la cabeza.



-Es…- susurró, tan asombrada por la pintura que conteste demasiado rápido, sin tiempo para pensar en lo que acabo de decir. Summerland no es solo un lugar sagrado, es nuestro lugar secreto. Uno de los muchos secretos que he prometido guardar.



Emmett me miró, con sus cejas levantadas.

-Así que es un lugar real entonces?- pero antes de que pueda contestar, Edward sacude su cabeza y dice:

-Ya lo quisiera. Pero yo lo hice, solo existe en mi cabeza.-Luego me mandó una mirada, que decía claramente “cuidado”.



-Así que como haces tan bien la tarea, entonces? Si no tienes una foto para probar que existe? -preguntó Emmett, pero Edward solo se encoje de hombros y vuelve a pintar.



Emmett seguía mirando a Edward, su mirada era claramente de desaprobación.



-Edward no es tan bueno en seguir las reglas. Prefiere ir por libre.



Emmett asintió y giró hacia su lienzo, y Edward me envió un ramillete telepático de tulipanes rojos, se que funcionó, nuestro secreto estaba a salvo y todo estaba bien. Así que me sumerjo en alguna parte de la pintura y vuelvo a trabajar. Ansiosa por que suene la campana y así podamos dirigirnos a mí casa, y dejar que la verdadera lección empiece.



Después de las clases, recogemos nuestros materiales y nos dirigimos al estacionamiento. Y a pesar de mi intento de ser amable con el nuevo chico, no puedo menos que sonreír cuando veo que ha aparcado claramente en el otro lado.



-Te veo mañana.- Le digo. Aliviada por poner un poco de distancia entre nosotros, porque a pesar del encaprichamiento inmediato de todos con él, solo no lo siento de esa manera, no importa que tan fuerte lo intente.



Abro mi auto y tiro mi bolso en el suelo, comenzado a deslizarme en mi asiento mientras digo a Edward:



-Alice tiene ensayo. Quieres venir?



Y giro, sorprendida al encontrarlo parado ante mí, balaceándose siempre tan ligeramente de un lado a otro con una mirada tensa en su rostro.



-Estás bien?- estás bien le pregunto mientras coloco la palma de mi mano en su

mejilla. Tratando de percibir calor o humedad, algún signo de malestar, aun cuando realmente no espero encontrar alguno. Y cuando Edward sacude su cabeza y me mira, por una fracción de segundo todos los colores de agotamiento aparecen enseguida. Pero luego desaparecen tan pronto

como parpadeo.



-Perdón, solo que.. mi cabeza se siente un poco extraño.- Dice él, pellizcando el puente de su nariz y cerrando sus ojos.



-Pero pensé que tu nunca te enfermabas, que nosotros no nos enfermábamos- le digo. Incapaz de poder esconder mi alarma mientras alcanzo mi maletín. Pensando que un sorbo de jugo inmortal podría hacerle sentirse mejor desde que el requiere mucho más que yo. Y aun cuando no estamos exactamente seguros del por qué, Edward supone que seis siglos de estar bebiéndolo han causado una especie de dependencia, requiriéndole consumir mas y mas con cada año que pasa. Que probablemente significa que tarde o temprano requeriré más también. Y aun cuando perece todavía muy lejano, solo espero que él me muestre como hacerlo para entonces, y así no tendré que molestarlo por volverlo a llenar todo el tiempo.



Pero entes de que pueda llegar a mi botella, él alcanza su propia botella y toma un largo trago voraz.



-Estoy bien. De verdad. Carreras hasta tu casa?
 
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HOla mis dulces lectores!!
Aquí está un nuevo capítulo, espero que os haya gustado y que me dejeís comentarios, sii?? pliiis!!! xD
OsAmo!!!
 

viernes, 27 de mayo de 2011



HOla mis dulces lectores!
Quería avisaros que hasta el lunes no voy a poder publicar nada... no estoy en casa... pero prometo el lunes subir los capítulos que tenía que publicar ayer, mañana y el domingo ;)
Espero que me entendaís!!
OsAmo!!! Espero que tengaís un dulce fin de semana!! ^^

lunes, 23 de mayo de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 3

Adaptación


CAPÍTULO 3:

«Los monstruos existen. Los monstruos existen. Los monstruos existen».


Renesmee se lo repetía una y otra vez mientras el peso tremendo del hombro lobo la aplastaba contra el suelo de la habitación. Sabía que debía luchar, forcejear, gritar, pero no pudo hacer otra cosa que seguir allí, paralizada.

El pánico se había extendido por sus extremidades como una droga, entumeciéndole el cuerpo y acelerando tanto su corazón que amenazaba con salirse de la caja torácica.

Toda una vida de pesadillas espantosas, llenas de colmillos y garras afiladas, dominó su mente. Como si estuviera atrapada en la tela de una araña.

—Cuanto más te lamo aquí —dijo la bestia, refiriéndose a su cuello—, más delicioso y más intenso es el aroma de tu miedo.

«No, no, no. Esto no puede ser real. Esto no puede ser real. No puede».

Su enorme cabeza se alzó y sus gigantescos y peludos hombros se movieron cuando la criatura descendió hacia su pecho, arañándola levemente con la punta de los colmillos. Renesmee sentía el calor intenso de sus garras, que le aferraban las muñecas.

—Te diré una cosa… ¿Qué te parece si nos divertimos un poco y descubrimos hasta dónde soy capaz de aterrorizarte?

Renesmee se preguntó cómo podría aterrorizarla más si ya estaba muerta de miedo. Había descubierto que era una cobarde y la sensación le quemaba en el estómago como el ácido, pero por mucho que intentaba rebelarse, no era capaz de superar su miedo.

Y él lo sabía.

El hombre lobo sonrió, ladeó la cabeza y la observó detenidamente, olfateando su aroma.

—Eres tan tímida, pequeña… Eso no me sirve. Disfruto mucho más de mis comidas cuando tienen cierto carácter.

La bestia se rió de su propia broma. Ella cerró los ojos con fuerza y derramó unas lágrimas.

Se había equivocado terriblemente. Los monstruos existían; no eran un producto de su imaginación, sino seres reales.

Más de una vez se había preguntado por las cosas extrañas que había visto y oído en la tienda de Emily, pero en el fondo, nunca había pensado que fueran verdad. Las leyendas estaban por todas partes; en las películas, en los libros, hasta en los periódicos. Su propia madre había creído siempre en las cosas sobrenaturales, en cosas que estaban más allá de la existencia normal. Cuando Renesmee era una niña, la llevaba a todos los estrenos de películas de vampiros, hombres lobo y brujas.

Más tarde, con el paso de los años, llegó a la conclusión de que la obsesión de su madre con esas cuestiones no era más que una forma de huir de los disgustos de la vida. Sin embargo, Renesmee había sido una niña tan miedosa que empezó a tener pesadillas. Em la había ayudado a superarlo, pero había miedos que seguían en el fondo de su mente.

Ahora, mucho tiempo después, resultaba que su madre había estado en lo cierto al advertirle que sus pesadillas tenían un fondo de verdad.

Su madre no era una loca, pero Renesmee no la había creído nunca. Y cuando por fin la creía, ya era demasiado tarde. Estaba a punto de morir.





Jacob volvió a mirar el papel y al leer el nombre escrito.

Renesmee Cullen.

Pasó el pulgar por encima de las letras, se lo guardó en el bolsillo de la camisa de franela y pronunció sus sílabas una a una.

Renesmee. Un nombre poco habitual para una mujer poco habitual. Una mujer que podía volver loco a un hombre. Una mujer que podía destruirlo.

Pensó que lo más inteligente que podía hacer era marcharse de allí y olvidarla. Pero no debía de ser muy inteligente, porque no tenía intención de marcharse. O tal vez, no estaba pensando con la cabeza sino con otra cosa.

Se recostó en el asiento del todoterreno, con un cigarrillo entre el pulgar y el índice del brazo que tenía apoyado en la ventanilla. Cuando Renesmee salió del restaurante, le pidió a Seth que fuera a buscar el vehículo. Entretanto, él siguió a Renesmee a pie; primero hasta la tienda donde trabajaba y, poco después, hasta su domicilio. Una vez allí, llamó a su amigo por teléfono y le dijo dónde estaba.

En ese momento, Seth y él estaban vigilando un edificio de estilo Victoriano, una mansión que sus dueños habían dividido en pisos.

Jacob todavía no entendía que se hubiera comportado de una forma tan extraña en el restaurante. La emoción, el deseo y la necesidad de poner a salvo a Renesmee lo habían cegado por completo. Sabía que James iría tras ella si tenía ocasión, y estaba tan inquieto que se había comportado como un idiota. Lógicamente, Renesmee se había asustado y se había ido.

Pero eso no explicaba que siguieran allí. Si el bienestar de Renesmee era lo único que le preocupaba, podría haber llamado a Dimitri y a Felix, dos de sus compañeros, para que la protegieran. Y al final los había llamado, pero para que vigilaran la tienda.

Golpeó el volante, nervioso, y se preguntó qué diablos le estaba pasando. La vida le había gastado una broma pesada. Cualquiera que lo conociera bien sabía que lo último que deseaba era una compañera.

Y mucho menos, una compañera pequeña, frágil y humana.

Una vez más, se dijo que sería mejor que arrancara y se marchara de allí. Pero no podía. Todo lo sucedido durante los ocho años anteriores, todas las lecciones que había aprendido e incluso todas las promesas que se había hecho a sí mismo de no acabar como Edward, se habían esfumado en unos pocos minutos.

Se maldijo de nuevo, echó una calada larga al cigarrillo y contempló el rayo que en ese momento iluminó el cielo.

A su lado, Seth se cruzó de brazos y bostezó.

—¿Qué tal si comemos algo? —preguntó—. No hemos comido nada y me estoy muriendo de hambre.

Jacob miró el edificio de apartamentos. Por culpa de los truenos, no alcanzaba a oír nada del interior.

Y si empezaba a llover con más fuerza, tampoco podría seguir el olor de Renesmee.

—Ve a buscar algo de comer —murmuró—. Seguro que hay algún bar a poca distancia.

—No pretenderás que me coma una hamburguesa o algo por el estilo. ¿Sabes cuánta grasa tienen esas cosas?

—Quemamos tantas calorías que la grasa no te debería preocupar —observó.

—¿Y mis arterías, qué? —dijo su compañero—. Pero ahora que lo pienso, ¿qué pasa con James? Se supone que deberíamos estar siguiendo a ese sádico.

Jacob no necesitaba que se lo recordaran. Seguían a James desde cuatro semanas antes, cuando encontraron el cadáver descuartizado de una joven prostituta. Se suponía que debían encontrarlo y darle muerte.

Era una carrera contrarreloj. Debían eliminar la amenaza antes de que tuviera ocasión de elegir a otra víctima. Además, Jacob sabía que James aprovecharía cualquier punto débil y lo usaría contra sus perseguidores. Los de su clase eran así. Si los había estado observando y había visto su reacción al encontrarse con Renesmee, actuaría contra ella.

Jacob no lo podía permitir. Por eso había llamado a Dimitri y a Felix. Ellos vigilarían el establecimiento de la amiga de Renesmee mientras Seth y él vigilaban la casa.

—Eres consciente de que la has puesto en un grave peligro, ¿verdad? —dijo Seth.

—Si la toca, morirá —gruñó Jacob—. Lo sabe de sobra.

—No tiene nada que perder, Jake. Ya está condenado a muerte. Puede morir esta noche o dentro de unas semanas, pero James sabe que al final lo encontraremos y lo mataremos —comentó—. Además, te odia tanto que es capaz de atacarte donde más te duele sólo para hacerte sufrir.

—Si quiere llegar a ella, tendrá que pasar por encima de nosotros.

Seth soltó una carcajada.

—¿Ahora somos héroes medievales, dispuestos a enfrentarnos a dragones y a arriesgar nuestras vidas por ayudar a una dama en peligro? Por todos los diablos, Jacob… si es así, espero que nos santifiquen, nos nombren caballeros o nos premien con lo que sea de rigor en estos casos —ironizó.

Jacob pensó que él no era un héroe, ni mucho menos un santo.

Suspiró con pesadez, hundió los hombros y lanzó una mirada cauta al cielo, esperando el rayo siguiente.





El ambiente estaba cargado de electricidad. Otro trueno sonó en la distancia, rompiendo el silencio opresivo de la tarde y anunciando la llegada inminente de la tormenta.

Las sombras del dormitorio de Renesmee se volvieron más oscuras, llenando cada rincón, cubriendo sus cuerpos con un color gris desolado mientras el hombre lobo hacía todo lo posible por asustarla más.

—Llevaba mucho tiempo esperando este día, Caperucita.

La bestia acercó la cabeza y le acarició la nariz con la punta de su hocico brillante de humedad. Sus ojos negros y vacíos la miraron a sólo unos milímetros de distancia, tan cerca que Renesmee pudo ver todos y cada uno de los pelos de sus pestañas.

Su visión era terrorífica. Una mezcla de cuerpo de hombre y de lobo, cubierto de pelo oscuro y con unos músculos enormes. Su pecho era tremendamente grande y sus miembros, largos, poderosos y terminados en garras. En cuanto a su cabeza, no tenía ni asomo de humanidad: era la cabeza de un lobo, con las fauces y los colmillos de un lobo.

La bestia frotó las caderas contra el vientre de Renesmee.

—Ahora que estamos aquí, no sé por dónde empezar —continuó, sarcástico—. ¿Te degüello? ¿O me doy un festín con este cuerpo tan delicado que tienes? Podría penetrarte y destrozarte por dentro, de tal manera que sigas viva y sangrando hasta que acabe contigo.

Dejó de hablar durante unos segundos y la miró como si estuviera imaginando la escena. Después, añadió:

—Supongo que sería muy divertido; tendría una buena historia que contar… —sonrió, dejando caer un reguero de saliva de sus fauces—. Y no creo que a Jacob le guste compartir sus juguetes.

Renesmee no pudo creer lo que oía. Jacob. El chalado del restaurante.

Sin embargo, Renesmee tardó poco en atar cabos. El amigo de Jacob había insinuado que ella estaba en peligro.

Su suerte con los hombres no podía ser peor de lo que era.

De repente, sintió una furia incontenible. La bestia le lamió asquerosamente la cara y apretó el hocico contra su oreja.

—Sí, creo que disfrutaré contándoselo a Black. Casi tanto como voy a disfrutar contigo, torturándote hasta que pidas clemencia.

Renesmee se sorprendió a sí misma con un comentario irónico.

—¿Tu madre no te dijo nunca que con la comida no se juega?

El hombre lobo la miró a los ojos y sonrió.

—Vaya, vaya… así que al final resulta que tienes carácter. Me alegro.

Renesmee se preguntó qué podía hacer. Pero antes de que tuviera ocasión de encontrar una respuesta, él le echó el aliento en la cara.

—Para satisfacer tu curiosidad, te diré que mi querida madre era una bruja que traicionó a mi padre y murió en la cama de otro hombre. Los muy idiotas ni siquiera lo vieron llegar… —declaró la bestia, sonriendo—. Mi padre me dijo que ella todavía estaba gritando, en medio del clímax, cuando él le rebanó la garganta.

—Dios mío…

Renesmee supo que jamás olvidaría aquella escena. Si lograba sobrevivir al hombre lobo, formaría parte de sus pesadillas hasta el fin de sus días.

—Se llevó un recuerdo de ella —continuó—, y estoy pensando que yo debería hacer lo mismo. Matar a la nueva mujer de Black es un placer que querré recordar. Pero ¿qué debería elegir? —murmuró, mirándola con intensidad—. ¿Un mechón de tu cabello? ¿Un dedo, quizá? Eso sería divertido… se lo podría restregar a nuestro amigo Black por la cara. Así no tendría duda alguna de que fuiste mía. Y le dolería mucho, porque te desea con toda su alma. Moriría sabiendo que donde él fracasó, yo tuve éxito.

La bestia bajó la cabeza hasta su pecho y sacó una lengua larga y rosada con la que le lamió un pezón, por encima de la ropa.

Renesmee se estremeció, hizo un gesto de asco y sintió una furia muy extraña que crecía en lo más profundo de su ser. Después, oyó un aullido terrible, ensordecedor, y cayó en la cuenta de que el sonido no procedía de la garganta del hombre lobo, sino de la suya.

—¡Suéltame! —rugió.

Notó que sus músculos se tensaban. Estaba punto de estallar.

La bestia le enseñó los colmillos y entrecerró sus ojos negros, crueles y vacíos.

—Creo que nos lo deberíamos tomar con calma —murmuró, satisfecho.

Le acarició la cara con una garra, observó detenidamente sus rasgos y dijo:

—Pensemos un momento. Hasta es posible que Black esté fuera, esperándonos; se cree muy listo, pero yo he llegado antes que él y ni siquiera lo sabe. Podría poseerte… y dejar tus restos para que los encuentre más tarde. Una idea magnífica, ¿no crees?

—Eres repugnante.

Renesmee le escupió a la cara.

El hombre lobo rió.

—Y tú estás muerta de miedo —afirmó—. No sé si lo has entendido antes, pero el miedo me alimenta, cariño. Cuanto más asustada estés, más satisfactoria será mi recompensa.

—¿Tu recompensa?

—Black me quitó algo hace mucho tiempo y he estado esperando el momento de devolverle el favor —respondió—. Como ahora está aquí, tengo intención de disfrutar cada segundo.

La bestia le soltó las manos y se echó hacia atrás bruscamente, quedando a horcajadas sobre ella. Ya acercaba las garras a sus vaqueros cuando Renesmee reaccionó por fin y se dejó llevar por el instinto de supervivencia.

Con más rapidez de la que se habría creído capaz, dobló las rodillas, plantó los pies en el suelo y arqueó las caderas hacia arriba. El hombre lobo pesaba tanto que apenas logró moverlo, pero logró que se inclinara hacia la izquierda. Acto seguido, sin perder el tiempo, repitió el movimiento otra vez y liberó la pierna derecha. Cuando su enemigo perdió el equilibrio, Renesmee extendió un brazo y palpó el suelo en busca del abrecartas que se le había caído.

En cuanto sus dedos tocaron el instrumento de plata, lo agarró firmemente por la empuñadura, se giró y hundió la hoja en el duro cuello de la bestia. Él soltó un rugido inhumano y ella retorció el abrecartas para ahondar la herida.

El hombre lobo cayó sobre Renesmee, aplastándola contra el suelo. Uno de sus poderosos brazos la golpeó en la cara y sus gafas salieron volando. Él intentó morderla con sus letales mandíbulas; Renesmee logró apartarse a tiempo, pero no pudo evitar que le estampara la cabeza contra la base del tocador.

—¡Aaaarg! —bramó Renesmee, apretando los dientes.

Con la palma de la mano, empujó el abrecartas más adentro y se resistió a la tentación de soltarlo cuando la sangre empezó a brotar a borbotones y le manchó la mano.

El hombre lobo empezó a emitir sonidos guturales, monstruosos y grotescos, como salidos de las profundidades del infierno.

—¡Muere de una vez! —exclamó ella.

De repente, Renesmee oyó un estruendo y gritos procedentes del exterior. La bestia también debió de oírlos, porque giró la cabeza y soltó un aullido tan fuerte que la puerta y las ventanas temblaron.

Unos segundos después, apareció un ser grande y extrañamente familiar que agarró al hombre lobo y se lo quitó de encima. Renesmee aprovechó la ocasión para tomar aire; los pulmones le dolían por la falta de oxígeno.

Intentó ver lo que sucedía, pero la cabeza le dolía tanto y todo pasó tan deprisa que le costó mucho. Se apartó, se colocó en posición fetal y miró a su alrededor. Había tres seres de forma inhumana que gruñían, aullaban y soltaban dentelladas y maldiciones mientras luchaban y destrozaban sus muebles. Renesmee se quedó perpleja cuando vio lo que parecía ser un brazo de hombre normal y corriente, pero con una garra. Luego se oyó un chasquido intenso, como de un hueso al romperse. Fue tan estremecedor que se le revolvió el estómago.

Entonces, la ventana saltó por los aires.

—¡Huye! ¡Corre tanto como puedas! —gritó de nuevo esa voz conocida—. ¡Pero te encontraré y te mataré!

Renesmee parpadeó, intentando apartar las gotas de sudor que le caían sobre los ojos. Por primera vez, pudo ver el rostro del ser que le había salvado la vida, el ser que ahora estaba arrodillado junto a ella y que le tomaba el pulso, para asegurarse de que se encontraba bien.

—Eres tú… —dijo, asombrada.

—Tranquila. Descansa un poco.

Él la miró. En su expresión quedaban restos de ferocidad, de ira, de un instinto depredador y salvaje que estaba en todas las líneas de su cuerpo y hasta en sus ojos, que a Renesmee le parecieron diferentes. Ahora parecían más amarillos que marrones. Y tenían una intensidad primitiva que la hizo sentirse incómodamente sensible.

Cuando se quiso dar cuenta, Renesmee estaba abrazada el pecho más grande que había sentido nunca.

El calor de aquellos músculos, sólidos y bien definidos bajo una camiseta empapada de sudor, le resultó tan placentero que estuvo a punto de gemir; pero se contuvo y permaneció en silencio.

Enseguida, oyó la voz del compañero de su salvador.

—He echado un vistazo a la manzana, pero no hay un alma. Parece que nadie se ha enterado, de modo que la policía no nos molestará… —dijo—. He vuelto a poner la puerta en su sitio. Se caería con una simple ráfaga de viento, pero engañará a cualquiera que pase por la calle hasta que la saquemos de aquí.

Unos dedos fuertes e increíblemente capaces apartaron el pelo de la cara a Renesmee.

—Tendrá que servir de momento —dijo Jacob.

—¿Cómo se encuentra?

Jacob le acarició la frente y las mejillas.

—Bastante asustada, pero James no la ha mordido. Supongo que el muy canalla estuvo aquí todo el tiempo, esperando a que volviera de la tienda. ¿Cómo es posible que la haya encontrado tan deprisa?

—Oh, vamos, ya sabes que tiene muchos contactos. Además, si ella frecuenta el restaurante donde la conocimos, sólo ha tenido que entrar y sacarle su nombre y su apellido a cualquiera —declaró Seth—. Seguro que ha encontrado su dirección en Internet. Apenas habrá tardado unos minutos.

Jacob gruñó mientras pasaba las manos por el cuerpo de Renesmee. No parecía muy convencido de que se encontrara realmente bien.

Renesmee intentó no estremecerse, pero fracasó. Jacob olía maravillosamente. Era un aroma intenso, perverso, exquisito, un aroma pecaminoso que llenaba sus sentidos y que casi podía sentir en la punta de la lengua.

Sabía que todo aquello era muy extraño, pero borró la preocupación de su mente porque le encantaba estar entre sus brazos. Si pensaba demasiado, tendría que apartarse. Y no quería.

—De todas formas, da igual cómo lo haya conseguido —continuó Seth, que puso los brazos en jarras—. Ahora tenemos un problema mucho mayor, Jacob… Afuera es de día. James ha cambiado de forma sin necesidad de la noche. ¿Sabes lo que eso significa?

—Significa que esto no va a ser pan comido.

Jacob seguía comprobando el estado físico de Renesmee. Le pasó una mano dura y caliente por el costado y le palpó las costillas, acercándose maravillosamente a uno de sus senos. Si no hubiera estado tan aturdida, se habría movido un poco, le habría agarrado la mano y la habría puesto justo donde lo deseaba.

—Sí, entre otras cosas —comentó el rubio—. Pero sobre todo, significa que aquí está pasando algo más grave de lo que habíamos imaginado. Aunque James sea un hombre lobo de pura raza, es imposible que un tipo de su edad haya aprendido a transformarse a la luz del sol. Además, ¿cómo es posible que no detectáramos su olor en la calle? Estaba delante de nuestras narices, pero si ella no hubiera gritado, no nos habríamos dado cuenta.

—No sé lo que pasa con su olor. Puedo notarlo aquí dentro, en la casa, pero es mucho más leve de lo que debería y está mezclado con algo intenso que me quema la nariz —dijo Jacob—. Pero no me preocupa lo poderoso que sea ni que pueda transformarse en cualquier momento. Cuando le ponga las manos encima, pagará el precio de haberla tocado.

Seth permaneció un momento en silencio. Después, miró a Renesmee y preguntó:

—¿No le vas a explicar lo que somos?

En cuanto oyó la frase, Renesmee tuvo una revelación. De repente, todas las cosas tenían sentido. Acababa de encontrar la pieza del rompecabezas que siempre le había faltado.





Antes de que Jacob pudiera contestar la pregunta, Renesmee se apartó de él con movimientos lentos y carentes de coordinación. Volvía a estar dominada por el miedo.

—Ya sé lo que sois —dijo.

Sus palabras sonaron lejanas, extremadamente débiles, en poco más que un susurro.

Jacob la miró con calma. Ella retrocedió, apoyándose en las manos y en las rodillas, hasta que chocó contra la pared.

—¿Lo sabes? —preguntó él.

Jacob se levantó con la elegancia y la rapidez de un depredador.

—¿Cómo me habéis encontrado? —preguntó ella, con la voz ronca y hueca por el pánico—. ¿Qué estáis haciendo aquí?

Al notar el miedo en su voz, la expresión de Jacob cambió y se volvió menos intensa, como si una cortina se hubiera cerrado sobre él.

—Dudo que me creas —contestó—, pero te he seguido para mantenerte fuera de peligro. Estaba fuera, vigilando el edificio, cuando oímos que gritabas.

—He visto unas garras… —dijo ella.

Renesmee apartó la vista de Jacob y echó un vistazo a su dormitorio, completamente destrozado. Ya no era el lugar agradable y cómodo que había sido, sino una especie de matadero lleno de sangre. La ventana por donde había escapado la bestia estaba rota. Incluso la puerta se había salido de sus goznes.

—¡Sois hombres lobo! ¡Como él! —los acusó. Jacob inclinó la cabeza un poco y la observó.

—Lo somos, pero no como él.

—Entonces, es verdad que he visto garras… tus garras —dijo ella—. Cuando estabas luchando con ese monstruo, se llame como se llame.

—James. Se llama James. Y en cuanto a las garras que has visto, podían ser las mías o las de Seth.

Jacob se encogió de hombros con toda naturalidad, como si estuvieran hablando de algo tan trivial como el tiempo.

—De día no nos podemos transformar por completo —continuó él—. De hecho, a James le debería pasar lo mismo que a nosotros.

—Comprendo. De modo que de día sólo os podéis transformar parcialmente… Cuánto me alegro —ironizó ella—. Ya me siento mucho más tranquila.

Jacob entrecerró los ojos y la miró fijamente para ponerla en su sitio.

—No pretendo que te sientas mejor —afirmó—. Sólo intento que sigas con vida.

Renesmee soltó un gemido de incredulidad.

—¿Y esperas que te crea?

—Me creerías si te tranquilizaras un momento y prestaras atención a lo que te dice tu instinto. Yo no soy el malo de esta historia. Soy el único que te puede mantener a salvo.

—¿Mantenerme a salvo? ¿Cómo? ¿Dándome un susto de muerte? —preguntó, con voz temblorosa—. No, no te creo.

Jacob suspiró.

—Ni quería asustarte antes, cuando nos conocimos, ni quiero asustarte ahora. Sólo quiero que estés bien, Renesmee.

Ella se sobresaltó.

—¿Cómo es posible que conozcas mi nombre?

Él se metió una mano en el bolsillo de la camisa y sacó un papel, sosteniéndolo con el pulgar y el corazón. Era un resguardo de Renesmee, el que llevaba en el libro como marcapáginas.

Renesmee lo miró y clavó los ojos en Jacob.

—Se te cayó en el restaurante —explicó él.

—Se me cayó… —repitió ella.

Jacob observó en silencio durante unos segundos y dijo:

—Tú también lo sentiste, ¿verdad?

Renesmee sacudió la cabeza, pero no pudo engañarse hasta el punto de creer que entre ellos no había una especie de conexión. Su instinto se lo estaba diciendo a gritos. Y ella se negaba a escuchar.

—Maldita sea, Renesmee, no nos hagas esto —declaró Jacob con furia súbita—. Sé lo que sientes. No mientas.

—Te equivocas —murmuró ella débilmente, incapaz de pensar con claridad—. Mira… lo siento mucho, en serio. Lo lamento de verdad, pero… no puedo seguir con esto. Sencillamente, no puedo.

Él bajó la cabeza y clavó la vista en el suelo, pensativo. Segundos después, cuando su voz volvió a sonar, lo hizo con dulzura.

—Todo el mundo tiene miedo de los hombres lobo, cariño. Al principio.

—No, tú no lo entiendes —se defendió ella, insegura—. No es que tenga miedo, es que estoy aterrorizada. Tengo pesadillas desde niña… todo el tiempo. Yo… no, no puedo…

Jacob dio un paso hacia ella, pero se detuvo al ver que se ponía tensa.

—Es demasiado tarde, Renesmee. No puedo dejarte sola. James no se detendrá hasta atraparte.

—Esto es una locura…

—Escúchame, por favor. Aquí hay más de lo que parece… entre nosotros se ha establecido una conexión profunda y demasiado complicada para explicártela ahora —dijo—. Pero si James lo sabe, o si simplemente lo sospecha, no cejará hasta acabar contigo.

Renesmee tuvo que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas.

—¿Conmigo? ¿Por qué? ¿Por qué yo?

Jacob la volvió a mirar a los ojos. Renesmee se sintió como si pudiera adivinar sus pensamientos, como si se hubiera introducido en su mente y fuera testigo directo de su caos.

—Porque eres perfecta para llegar a mí —respondió.

Renesmee se abrazó a sus rodillas y miró a Jacob y a Seth.

—¿Y qué quiere de ti? ¿Por qué te busca?

Jacob se acuclilló delante de ella.

—Porque soy lo que soy y tengo el trabajo que tengo —explicó—. Me dedico a cazar y a matar licántropos como James, hombres lobo descontrolados. Eso es lo que hacemos. Somos Cazadores. Seth es mi compañero.

—¿Qué quieres decir con eso de hombres lobo descontrolados?

Como Jacob tardó en responder, Renesmee se giró hacia Seth. Pero el rubio la miró con dureza. Era evidente que no tenía intención de entrar en detalles.

—¡Maldita sea! ¡Vosotros me habéis metido en este lío! —protestó—. Merezco una explicación. Quiero saber lo que está pasando.

—Los descontrolados son licántropos que se han dejado llevar —dijo Jacob, al fin.

—¿Licántropos que se han dejado llevar? No lo entiendo…

—Hombres lobo que se dejan dominar por sus instintos depredadores y cazan humanos para alimentarse. Cuando empiezan, ya no se pueden detener… la sensación de matar y devorar es muy adictiva. No tienen ni miedo ni conciencia. Y como James se ha fijado en ti, te seguirá a cualquier parte.

—Dios mío…

—Por eso tenemos que sacarte de aquí, Renesmee. Debemos llevarte a un lugar seguro y asegurarnos de que no te encuentre sola la próxima vez que ataque —sentenció.

Renesmee sacudió la cabeza.

—¿A un lugar seguro? ¡Será una broma…!

Jacob se levantó, se pasó una mano por el pelo y se metió las manos en los bolsillos del pantalón.

—¿Te parece que estoy bromeando?

—No, pero tampoco me pareces un…

—¿Un monstruo? —preguntó, arqueando una ceja.

Renesmee notó un brillo de dolor en su mirada. Seth se apoyó en el marco de la puerta y murmuró algo poco halagador. Ella se sintió tan avergonzada que se ruborizó al instante.

—No, eso no es lo que iba a decir —mintió—. No pongas palabras que no he dicho en mi boca.

—¿Por qué no? —preguntó Jacob, dedicándole una mirada intensa—. Tus pensamientos son tan obvios que los llevas escritos en la cara, Ness. Nunca había conocido a nadie tan fácil de interpretar.

—¿Y tú que sabes? —lo desafió—. No sabes nada de mí.

Jacob resopló.

—Ni tú de mí, querida. Pero eso no impide que estés llena de prejuicios.

Renesmee estaba demasiado asustada para pensar con claridad. Y sin embargo, había algo muy reconfortante en aquel gigante altanero.

Una vez más, tuvo la extraña sensación de que estaban hechos el uno para el otro, pero se resistió a ella.

Aquello era completamente ridículo.

—Yo… creo que voy a vomitar…

Se levantó a duras penas, se llevó las manos al estómago y corrió hacia el cuarto de baño. Por el rabillo del ojo, vio que Jacob hacía ademán de seguirla. Seth lo agarró del brazo y lo detuvo.

—Dale tiempo, hombre —dijo el chico—. Ha tenido una experiencia… difícil.

—Sí, bueno… —gruñó Jacob.

Renesmee entró en el cuarto de baño, cerró la puerta y echó el cerrojo. Sabía lo que tenía que hacer.

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Hola mis dulces lectores!! que os ha parecído el capítulo?? que os está preciendo la adaptación?? Dejar comentarios!! :):)
OsAmo!!

Premiio!!


Hola mis dulces lectores! Quería agradecer a Vampira del blog http://vampirabruji.blogspot.com/ por esté premio tan divertido!! Muchas gracias ;)

viernes, 20 de mayo de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 20

Adapatación---Lemmon



CAPITULO 20:



Edward bajó del coche y se encaminó a la puerta de urgencias. Allí se encontraban los hermanos de Bella, a quienes había llamado en el transcurso del viaje.

Edward se acercó a ellos, que lo saludaron con la cabeza.

-¿Son sus familiares? – les preguntó una enfermera.

-Somos sus hermanos – dijo señalándose a si mismo y a Félix.

Ella hizo un gesto en dirección a Edward. Este tragó saliva. No era ninguna novedad que a los hermanos de Bella no les caía bien. Pero Seth dio la cara por él.

-Es quien le ha salvado la vida. Se queda.

Edward soltó un suspiro de alivio.

La enfermera empezó a preguntarles sobre su historial médico, alergias…

-¿Está tomando otra medicación?

Seth se encogió de hombros, molesto por no saberlo.

-No lo sé.

-No - dijo Edward, aclarándose la garganta.

Ambos lo miraron, muy agradecidos.

-Gracias – murmuró Seth.

-¿Algún trauma o conmoción cerebral? ¿Mareos? ¿Desmayos?

-No.

-¿Algo más que deba saber?

Edward tragó aire. Los dos hermanos negaron con la cabeza.

No lo sabían. Vaya putada.

La enfermera comenzó a darse la vuelta. Edward la sujetó del brazo.

-Hay otra cosa – inspiró profundamente – Está embarazada.

-¡Cabrón! – Félix se lanzó sobre él – Voy a arrancarte los ojos y a metértelos por el culo, bastardo…

-No. Para. No es el momento ni el lugar – Seth agarró a su hermano y lo contuvo a duras penas.

-Será mejor que arreglen sus problemas fuera – dijo la enfermera irritada.

Seth fulminó a Edward con la mirada.

-¿el bebé es tuyo o de tu primo? – preguntó Seth quedamente.

-¿O ni siquiera lo sabes? – se burló Félix.

-Es mío. Y no pienso disculparme por ello. Amo a vuestra hermana. Esta noche fui a su apartamento para hablar con ella. Lo que ocurra entre nosotros es cosa nuestra. Pero si os atrevéis a disgustarla mientras se recupera – si se recuperaba- os cortaré los huevos y os lo meteré por la boca. ¿Ha quedado claro?

Féliz parecía que iba a protestar, pero Seth lo detuvo.

-Gracias a ti Bella está viva. Aclararemos todo esto cuando Bella se haya recuperado y le den el alta a mi padre.

Edward asintió y se dirigió a una de las sillas de la sala.

Seth y Félix hicieron lo mismo, pero en sillas mas apartadas.

Después de tres horas esperando noticias, Emmett apareció en la sala de urgencias con una mirada cautelosa.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



A las nueve menos cinco de la mañana, Edward estaba ya que se subía por las paredes. Hasta las nuevo no podría entrar a ver a Bella si no era un familiar.

A las cinco de la mañana, los médicos le informaron que Bella había despertado. Había tenido una ligera conmoción y varias magulladuras, pero estaba bien por lo demás.

Edward volvió a mirar el reloj, que había avanzado sólo dos minutos.

-Respira hondo – murmuró Emmett – Tranquilízate.

-¿Qué? – Edward se encogió de hombros, molesto.

-Bella está bien. Seth nos lo dijo antes de marcharse a recoger a su padre.

Pero él quería verla, y todavía no había podido.

Dos minutos mas tarde una enfermera llegó hasta ellos para informarle de que ya podían ver a Bella, y decirle el número de su habitación.

Edward corrió hacia el ascensor, ignorando los intentos de coqueteo de la enfermera, y Emmett lo siguió.

Dentro del ascensor su primo le miró a los ojos.

- Esto me resulta bastante embarazoso. Supongo que simplemente debería preguntarlo. ¿Me odias?

-¿Qué si lo odiaba?

-Supongo que te refieres a lo de tu…

-Mi esterilidad – terminó Emmett por él.

-Me cogió por sorpresa. Dije algunas cosas que no debería haber dicho. Eres como un hermano para mí. Han pasado demasiadas cosas entre nosotros para que te odie.

Aliviado, Emmett alargó el brazo para estrecharle la mano. En el momento en que sus manos se rozaron, Emmett tiró de él y acabaron dándose un abrazo. Eso significaba mucho para su primo, y para él también.

-Gracias. Por si te sirve de algo, lo siento. Te quiero y lamento haber jodido las cosas. Nunca fue mi intención manipularos.

-Disculpa aceptada. – Emmett sonrió.

-Bueno, ¿Qué vas a hacer? Intentaras recuperar a Bella, ¿no?

Edward se encogió de hombros. Ojala pudiera, pero ahora lo único que le importaba era verla y saber que estaba bien.

-Ya veremos, y tu ¿qué vas a hacer?

-No lo sé.

Edward fijó su mirada en su primo.

-Déjame darte un consejo, hermano. Creo que deberías d eolvidarte de los bebés por una temporada y llamar a Rosalie Hale. Sospecho que sientes más por ella de lo que quieres admitir. Incluso aunque no concibáis un niño, lo pasaréis de vicio practicando.

-Me lo pensare. Desde luego le debo una por aceptar ser compartida por nosotros.

Al fin se abrió la puerta del ascensor, y Edward corrió hacia la habitación. Desde el umbral se detuvo a ver a Bella, quien pareció sentir su presencia y se volvió hacia ellos.

Tenía un moratón en la mejilla y un arañazo en la barbilla. Pero lo que impactó a Edward fueron sus ojos hinchados y su nariz roja. Había estado llorando.

-Gatita. – Edward se acercó a ella con rapidez - ¿Te duele algo? ¿Quieres que busque a una enfermera para que te dé algo?

Bella negó con la cabeza, rodeándose con los brazos. Edward la abrazó, atrayéndola a su cuerpo.

-No pasa nada. Todo está bien. Sam está preso. Nunca volverá a hacerte daño. No se lo permitiré.

-Lo sé. Gracias por rescatarme – murmuró – Jacob ya ha llamado 3 veces para disculparse.

Edward se tensó.
-Espero que le dijeras a ese bastardo que no querías volver a verle – gruñó Edward.

-Solo llamó para explicar por qué intentó matarme Sam.

-¿Te ha llamado para explicarte que su pobre agente estaba hecho polvo?

-Me dijo que Sam había perdido a otra estrella cuando esta se casó.

-¿Acaso te ha pedido perdón por su agente?

-No, sólo me explicó por qué actuó así.

Edward se relajó. O por lo menos lo intentó.

-O sea, que Sam intentó deshacerse de ti para que Jacob no se distrajera y pudiera seguir vendiendo CDs mientras él seguía sacando tajada de todo eso.

-Sam se está haciendo viejo y al parecer no podía permitirse perder a la gallina de los huevos de oro – Bella se encogió de hombros – Aunque yo había rechazado a Jake, se sintió preocupado por las entrevistas y estaba convencido de que si yo no desaparecía del mapa, Jake se autodestruiría. Así que pensó que sería mejor eliminarme antes.

-Vaya locura – Emmett negó con la cabeza mientras se dirigía al otro lado de la cama y le cogía la mano – Hola, cariño.

Bella miró a Emmett, y no pudo contenerse de volver a llorar.

-Eh, vamos. Sam va a pasar unos cuantos años entre rejas. Será muy viejo cuando lo suelten – intentó bromear Edward - ¿No estarás llorando por él?

Ella negó con la cabeza.

-No es eso. Tengo que deciros algo… no estoy… no hay bebé.

Edward abrió los ojos aturdido. Emmett contuvo el aliento.

-Lo siento… pensé… Supongo que fue un falso positivo. Nunca hubo ningún bebé. Me lo dijeron los médicos esta mañana.

Siguió sollozando. A Edward se le partía el corazón.

-Shh. No pasa nada. Todo va a salir bien. Ya lo verás.

-¡No, no es cierto! Quería tener ese bebé. Lo quería. No supe cuánto hasta que ya no lo tuve – miró a Emmett de nuevo – Lo siento. Tú querías a este…

Edward aun no se movía. La sorpresa aún le recorría el cuerpo.

-Está bien, cariño. No es culpa tuya. Céntrate en ser feliz y en ponerte bien. – besó la cabeza de Bella.

-Espero que tú también seas feliz. – pero Emmett tenía una expresión que decía todo lo contrario.

Emmett le dio una palmadita en el hombro a Edward y después se fue.

Edward no sabía que decir. Y Bella tampoco decía nada.

Le acarició con la espalda la mano cuando se dio cuenta de la dolorosa pérdida que suponía para ella.

-Gatita no pasa nada.

-¿Qué no pasa nada? – espetó – Para ti es fácil. Como ya no hay bebé, no tienes de que preocuparte. Vete y celébralo.

-Mira gatita. Anoche fui a tu casa a decirte lo que siento por ti. Lo mucho que te amo. Quiero estar contigo. Haya bebé o no, eso no ha cambiado. He permitido que la muerte de Tanya me afectara demasiado tiempo, y que afectara a mi relación contigo. No puedo decirte cuanto lo siento. Todavía pienso que te mereces a alguien mejor, pero no voy a dejar que nada ni nadie se interponga entre nosotros. Si todavía me quieres, quiero intentarlo.

Bella lo miró con dolor, y después volvió a bajar la mirada.

-¿Para qué? Te amo, pero no queremos las mismas cosas.

-¿Qué cosas?

-Yo quiero tener hijos algún día.

Edward esperó sentirse invadido por el pánico. Pero sólo pudo imaginar a una Bella embarazadísima y sonriente. Con ella podría tener hijos. Estaría encantado de tenerlos.

-También yo. No puedo prometerte ser perfecto. En realidad, ni siquiera se si puedo… - suspiró – Aun no sé si seré capaz de hacer el amor contigo yo solo. Pero lo intentaré. Y lo seguiré intentando hasta que funcione. Tú no quieres ser compartida. Yo no quiero compartirte. Sólo quiero amarte tanto tiempo como tú me lo permitas.

Bella abrió la boca al mismo tiempo que entró el médico en la habitación.

Todas sus pruebas estaban bien, así que le dio el alta médica.

Le preguntó quién le acompañaría a casa, y con los ojos llenos de lágrimas volvió su vista a Edward y dijo:

- Él.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Una vez que hubo pasado el revuelo de la prensa por el intento de asesinato de Sam, Edward llamó a la puerta de Bella, a la misma hora a la que ella le había pedido que fuera.

Llevaba un ramo de flores y con la mano derecha intentaba aflojar el nudo de la corbata. No era un hombre que acostumbrara a usarla, pero quería tratarla como todo un caballero. Hacerlo lo mejor posible.

Esa noche se decidiría si las cosas se arreglaban o no entre ellos.

Bella abrió la puerta, vestida con un provocador conjunto, que haría sufrir a Edward una auténtica tortura si tenía que verla así durante toda la cena.

-Hola – dijo Bella, cogiendo las flores que le tendía. – Pasa.

Edward ignoró el estremecimiento que sentía y entró en el apartamento, cerrando la puerta.

La mesa estaba puesta, con dos velas adornando el centro, y una suave música de ambiente sonaba en la sala. Olía muy bien.

Bella se dio la vuelta para colocar el ramo en un jarrón y observó que la espalda de Bella quedaba al descubierto. Entonces la necesidad de tocarla lo golpeó de lleno.

Incluso así, sintió ese temor a no poder estar solo con ella, pero no quería pensar en nada que hiciera que fracasase esa noche.

Edward se acercó a ella por detrás, y rodeándole con los brazos la estrechó contra su cuerpo y le acarició suavemente las caderas.

-¿Te has puesto eso para volverme loco? – Bella sonrió – Porque funciona.

-Mmm, tengo que pedirte un favor – dijo la chica mirándolo por encima del hombro.

-¿Cuál? – contestó frunciendo el ceño.

Bella se volvió y le rodeo el cuello con los brazos. Edward pudo sentir el deseo de hacer el amor con ella. Solo tenía que… seguir con ese pensamiento.

-Quiero saber como te gustan las relaciones sexuales – le acarició el pecho – al estar tu y yo solos.

Edward inspiró profundamente. No había hecho nada solo desde Tanya. Esa noche, tenía que intentarlo. Por el bien de ella. De los dos.

-No estoy seguro de eso.

-Lo resolveremos juntos. Primero cenamos o… - Bella señaló con la cabeza el pasillo que daba al dormitorio.

Edward vaciló. No tenía prisa en quedar en evidencia si al final fracasaba. Pero comer antes no le iba a ayudar a mantener la erección que tenía, y más si durante la cena seguían atacándole sus miedos.

Antes de pensar mas nada contestó:

-O. Definitivamente o.

-Buena elección – susurró ella. – deja que apague el horno.

Bella fue a la cocina y cuando volvió venía con una cerveza. Tomando la cerveza, Edward se bebió media de golpe. Bella se mordisqueó el labio mientras lo observaba.

Edward solo pensaba que Bella era completamente suya y que tenía que actuar en consecuencia.

Edward dejó la cerveza en la mesa, hizo lo mismo con la copa de ella y cogiéndola en brazos se encaminó al dormitorio.

Bella había colocado velas que iluminaban toda la estancia y proporcionaban un olor agradable a la habitación. Era muy hermoso. Como ella.

Edward dejó a Bella en la cama, no pensaba en nada, mas que en la mujer que tenía delante.

Había pasado mucho últimamente, y ahora estaba ahí con el. Debía asegurarse que se sintiese amada y deseada. Solo tenía que acariciarla, tomarla y nunca dejarla ir.

En un segundo Edward la desnudó y a continuación se desnudó el también.

En cuanto colocó las manos sobre la piel de Bella, comenzó a pensar de nuevo en si fracasaba.

Soltando un suspiro, Edward le cubrió el cuerpo y la besó, hundiéndose en ella con fiereza. Fracasar no era una opción. No lo permitiría. Bella era suya. Toda ella.

Bella empezó a acariciar su erección, a pesar de que él no necesitaba más estimulación.

Edward sólo quería acariciarla, protegerla, abrazarla. Amarla. Y también, follarla… de todas las maneras posibles. Aquello era una buena señal. Él único miedo que ahora sentía era el miedo a defraudarla.

Se acomodó entre sus muslos, rozando sus labios con los de ella, luego se hundió en su boca, saboreándola. Por mucho que la besara, jamás tendría suficiente.

-Quiero… quiero hacer el amor contigo esta noche. Todas las noches, gatita. Me alegro de que seas mía. Me siento muy afortunado.

-Yo soy la afortunada. Cuando me miras así, me siento amada.

-Lo eres – Edward la besó tiernamente en la boca – lo eres.

-¿Y no quieres demostrármelo? – arqueó las caderas hacia él en una descarada invitación.

-Dios mío, sí.

Bella le mordisqueó el hombro y fue dando besitos por su cuello.

-Todavía estoy tomando la píldora, pero por si acaso, los condones estás en la mesita de noche.

Edward vaciló, esperando la conocida reacción de pánico, que… no llegó.

-Pase lo que pase, lo resolveremos juntos, ¿vale?

-Sí.

Estaba muy tenso. Jamás había necesitado y temido tanto algo al mismo tiempo.

Durante 3 días no he podido pensar en otra cosa que no fuera sentirte dentro de mí.

Luego, Bella le rodeó las caderas con las piernas. Edward comenzó a sudar al sentir su húmedo sexo apretado contra su polla. Su corazón parecía a punto de estallar. Él también había pensado en ello. De forma obsesiva.

Bella le mordisqueó el lóbulo de la oreja, provocándole un nuevo estremecimiento.

-Va a ser genial. Te he echado de menos. Te miro y me duele.

Edward sabía exactamente a lo que se refería, porque se sentía igual.

-Necesito tenerte dentro de mi – gimió Bella – Lo necesito.

Edward empezó a rozar la punta de su miembro contra su vagina. Gimió.

Bella arqueó las caderas y la punta entró, haciéndolos gemir de nuevo a ambos.

-Penétrame hasta el fondo, o gritaré. Siempre me vuelves loca.

Como si aquellas palabras no lo volvieran loco a él. No podía contenerse más. Ni quería.

Edward la agarró de las caderas y se deslizó en ella de un solo movimiento, apretándose tanto como pudo.

Inspiró profundamente antes la oleada de sensaciones que comenzó a experimentar.

Bella era perfecta para él.

Empezó a retirarse y a hundirse en ella con dureza. Bella gimió de nuevo.

Edward le ahuecó las nalgas con las manos y la apretó aun más contra su cuerpo.

La besó en la boca, con el mismo ritmo que imponían sus caderas. Le encantaba la fricción que había creado. Cada roce de sus carnes era como un choque eléctrico que se convertían en miles de pequeñas explosiones en su interior. Lo único que podía hacer era sentir. Sentir el placer, y a ella.

Bella gemía en su oído. Unos momentos más tarde ella gritó… su nombre. Él sintió las palpitaciones de ella, y no pudo hacer nada cuando perdió el control, uniéndose a ella.

Se aferró a Bella, rodeándola estrechamente con los brazos.

Se sentía como de gelatina. Haber hecho el amor solo con Bella era lo más asombroso que había experimentado. Casi creía que en cualquier momento se abriría el cielo para revelarle el paraíso o algo así.

Bella le devolvió el abrazo con lágrimas en los ojos. ¡Lo habían conseguido!

Jadeando, Edward alzó la cabeza y sus miradas se encontraron.

-Hola – murmuró ella.

-Hola.

-Ha sido… hermoso. Me has conmovido. – Edward sonrió.

-Si, bueno, lo cierto es que estoy intentando no llorar como un bebé. – Bella rió sintiendo su corazón hinchado de alegría.

-Y solo nosotros dos, ¿ha sido difícil?

-No tanto como creía. Solo tuve que pensar en ti y después, todo fue bien.

-Fue perfecto – le corrigió, acariciándole la mejilla.

-Si.

-Sabes, cuando te pedí ayuda, era una niña tonta persiguiendo un sueño estúpido. Pero tú me diste algo real. Me trataste como una mujer, me enseñaste lo que era el sexo, el amor. Gracias.

-No. Gracias a ti. Te hice pasar un infierno y me odio por ello. Pero aun así me curaste, te preocupaste por mí, no perdiste las esperanzas conmigo. Te amo, gatita. Siempre lo haré. ¿Te casarás conmigo algún día?

Bella abrió los ojos sorprendida.

-¿Me lo pedirás algún día?

-Sí. – le apartó un mechón de pelo de la cara.

Bella le dio un suave beso en los labios y bromeó:

-No sé. La primera vez que te pedí que me enseñaras lo que era el sexo, me dijiste que no habría lazos afectivos.

Edward bufó.

-Fui un idiota. Necesito ese vínculo entre nosotros. Es vital, como respirar – le dio un beso en los labios – Espero… que todavía quieras tener bebés conmigo algún día.

Ella asintió con la cabeza.

-Me alegro de que podamos. De que jamás llegaras a…

-¿A hacerme una vasectomía? Lo pensé varias veces, pero era difícil. Emmett tenía razón, no lo hice porque en el fondo tenía la esperanza de ser padre algún día. En alguna parte de mi mente, no quería que el pasado tuviera poder sobre mí durante el resto de mi vida.

-Has dado un enorme paso esta noche para dejar atrás el pasado. ¿Te extrañaría si te dijera que me siento orgullosa de ti?

Un destello de lágrimas iluminó los ojos verdes. Edward parpadeó para hacerlas desaparecer.

-No. Demonios, yo también me siento orgulloso de mí mismo – bromeó – Y ahora eres mía. Toda mía. Solo mía.

Bella sonrió.

-Soy tuya. Para siempre.



FIN

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jueves, 19 de mayo de 2011

Adaptación



CAPÍTULO 4:


La música era sobre todo de tambores, y el ritmo era rápido y exigente. Mientras Rachel, Rosalie y Bella mantenían sus posiciones los hombres aparecieron de un salto, y el público emitió exclamaciones de admiración al ver lo alto que podían saltar los vampiros. Edward, Paul y Emmett comenzaron su danza salvaje alrededor de las mujeres. Bella tuvo una buena oportunidad para recuperar el aliento. Sin mover la cabeza, miró hacia el lugar en el que lo había visto. No había nadie que le recordaba a Alec. Quizá solo hubiera sido su imaginación. El alivio la invadió, como si fuera agua dulce y fresca bajando por una garganta sedienta.

Cuando Edward se acercó para levantarla por encima de su cabeza, ella le dedicó una sonrisa resplandeciente. Y mientras él dibujaba un círculo, estampando los pies al suelo al ritmo de los tambores, ella mantuvo perfectamente la colocación del cuerpo, y cuando él la dejó caer en sus brazos, ella arqueó el cuello hacia atrás, esperando con ganas el mordisco. Estaba deseando sentirse mejor, sentir que aquel miedo se borraba por completo.

Aparentemente, él percibió su ansiedad. Antes de que él le hundiera los colmillos en el cuello, Bella notó como le trazaba una línea con la lengua en la piel. Mientras una paz abrumadora inundaba su corazón ansioso, Bella se preguntó si no se estaría haciendo adicta a Edward, una yonki de los vampiros. No quería convertirse en una de aquellas patéticas personas que estaban dispuestas a hacer cualquier cosa para que las mordieran.

El público aplaudió cuando las mujeres se pusieron de pie, mientras los vampiros echaban los brazos hacía atrás para indicar que era el fin de la actuación. La gente observó con avidez las marcas que las mujeres tenían en el cuello. Bella se adelantó con Rosalie y Rachel para hacer una reverencia, y a inclinarse hacia delante, vio a Alec Vulturi otra vez, por el rabillo del ojo. Acaso tenía visiones?

Volvió a esbozar una sonrisa forzada.

Los seis bailarines entraron corriendo a la casa, saludando al público. Tenían que volver al porche con ropa de fiesta en quince minutos. Mientras Mike Newton estaría desmontando el sistema de sonido y cargándolo en la furgoneta, porque iba a empezar a tocar una orquesta.

Cuando se estaba quitando los trajes tropicales, Bella hizo una petición:

-Rosalie, Rachel... os importaría dejaros las pelucas?

Los demás bailarines se detuvieron y la miraron. Rosalie se había puesto unas mallas y se estaba abrochando las sandalias de tacón alto, y Rachel se había dado la vuelta para ponerse unos pantalones de vestir y una camisa de seda. Felix y Dimitri estaban ayudando a Mike a recoger los trajes y el resto de la parafernalia para meterla en la furgoneta.

Sin embargo, todos se quedaron asombrados ante la petición de Bella. Hubo un momento de silencio.

Rosalie y Rachel se miraron.

-Claro, por que no?- dijo Rosalie- No quedará raro. Todas llevamos el mismo traje. También es la misma peluca. Por que no?

-Pero nosotros no vamos a llevar la nuestra- dijo Paul

-No. nosotras estamos muy guapos con las pelucas, pero vosotros estáis muy raros con ellas.

Paul y Emmett sonrieron, porque era cierto, pero Edward seguía mirando a Bella como si, observándola con atención, pudiera leerle el pensamiento.

Minutos después, las tres parejas salieron al porche y comenzaron a bailar al son de la música en vivo. Despuñés de observarlos durante unos minutos, el resto de la gente comenzó a unirse a ellos, y las parejas profesionales se dividieron para bailar con los invitados. Aquella era la parte del trabajo que le resultaba más estresante a Bella. Y se había dado cuenta de que también era la más difícil para su pareja.. Edward no disfrutaba charlando con gente que no hubiera elegido él mismo, y estaba muy rígido. Emmett era el favorito de las invitadas femeninos, siempre, y Paul era muy admirado por su belleza de dios griego y por su cortesía. Sin embargo, parecía que Edward atraía y repelía, al mismo tiempo, a cierta clase de mujeres, mujeres que estaban insatisfechas con su vida. Querían tener un experiencia exótica con un hombre misterioso, y nadie era más misterioso que Edward.

Nahuel, el anfitrión, sonrió a Bella. Ella lo tomó de la mano y lo llevó a la pista de baile. Era un hombre agradable y no parecía que quisiera otra cosa que bailar con ella. Comenzaron amoverse junto a Rachel y su pareja, que se había presentado como Billy. Billy era un hombre de unos cincuenta años. Desde el momento en que había tomado a Rachel de la mano, había estado diciendo en voz alta que le encantaría que ella fuera a su hotel después de la fiesta.

-Trabajo para New Moon, no para Black Moon- dijo Rachel, con calma, pero también con énfasis.

-Me estás diciendo que después de una fiesta como esta, te vas a casa, te pones el pijama y te metes en la cama sola?

-Señor Billy, eso es exactamente lo que estoy diciendo- respondió Rachel

Él se quedó callado durante unos insitantes, y Bella y el señor Nahuel se miraron con una sonrisa de alivio.

-Entonces, me iré a buscar otra mujer con la que bailar, una que se entregue un poco más a la diversión- dijo Billy

Soltó a Rachel con brusquedad, pero antes de salir del porche, empujó con fuerxa a la bailarina.

El empujón fue tan inesperado, tan salvaje, que Rachel no tuvo tiempo de reaccionar. Se tambaleó hacia atrás, y no consiguió recuperar el equilibrio. Bella, moviéndose más deprisa de lo que hubiera creído posible, la agarró a tiempo para que no se golpeara contra el suelo.

En un segundo, Rachel estaba erguida de nuevo, y el señor Nahuel y Edward estaban allí.

Las exclamaciones de varias personas que habían presenciado el pequeño inciedente con Billy dieron lugar a un aplauso, cuando Rachel y el señor Nahuel se deslizaron por el porche en un elegante baile.

-Sonríe- dijo Bella

Edward lo había hecho todo muy bien, salvo eso. Mientras bailaba con ella, tenía los labios blancos de furia.

-Si esto hubiera ocurrido hace cien años, los habría matado- dijo él

Entonces, sonrió, y no fue una sonrisa agradable. Ella le vio los colmillos.

Debería haberse sentido horrorizada.

Debería haberse sentido escandalizado.

Debería haberse sentido mortificada.

-Eres un encanto...- murmuró, tal y como había hecho con miles de personas a lo largo de su vida. En aquella ocasión, lo decía en serio. Aunque Edward había evitado la situación, ella no tenía duda de que él hubiera preferido darle un puñetazo a Billy, y le gustaban ambas reacciones.

En cinco minutos terminó su hora de trabajo, y los seis bailarines se despidieron de los invitados y anfitriones. Cansadamente, doblaron los trajes y los guardaron en bolsas para llevar a la tintorería. Estaban agotados, demasiado como para ser pudorosos. Bella vio que Rachel tenía un bonito tatuaje de una mariposa en la nalga, y que Emmett tenía la cicatriz de una operación de apendicitis. Sin embargo, no había nada lascivo en conocerse los unos a los otros de aquel modo. Eran compañeros. Aquella noche los había unido de una manera especial.

Hacía años que Bella no tenía amigos.

Mike estaba esperándolos en la entrada lateral. Las puertas de la furgoneta estaban abiertas, y cuando Bella subió por la parte trasera, Edward la siguió. Los demás miraron a Edward con sorpresa, porque siempre se sentaba él en el asiento delantero, junto a Mike. Después, Rachel detrás de Edward. La fila del medio estaba ocupada por Paul, Rosalie y Emmett; Felix y Dimitri subieron en la parte delantera, con Mike.

Era muy agradable ir sentado sin necesidad de mantener una conversación amable. Bella cerró los ojos mientras el coche recorría el largo camino de salida de la finca. Mientras volvían a la ciudad, pensó que era buena idea mantener los ojos cerrados. Y si pudiera apoyar la cabeza contra algo...

se despertó cuando el vehículo se detuvo y se encendió la luz interior. Bella se estiró y bostezó. Giró la cabeza para examinar su almohada, y se dio cuenta que había estado durmiendo en el hombro de Edward.

Rachel estaba sonriéndole.

-Te quedaste dormida al instante- le dijo alegremente.

-Espero no haber roncado- dijo Bella, intentado mostrarse indiferente ante el hecho de haber importunado a su compañero.

-Tú no, pero Paul si- dijo Emmett. Después salió de la furgoneta y se estiró.

-Solo respiro fuerte- dijo Paul

-Tienes que ser el único vampiro de mundo que se hecha la siesta y ronca- respondió Rosalie, pero para que sus palabras no fueran hirientes, le dio una abrazo.

Bella y Edward se miraron. Los ojos de Edward eran tan impenetrables como siempre. Aunque ella se lo había pasado muy bien con él antes de bailar en la fiesta de los Clerwater, Edward volvía a tener su habitual mirada de misterio.

-Siento que hayas hecho el viaje de vuelta incómodo- dijo ella- No me había dado cuenta de que estuviera tan cansada.

-No ha sido incómodo- respondió él

Bajó de la furgoneta y le tendió una mano para ayudarla a salir. Después, abrió la puerta del estudio y Paul y Emmett empezaron a descargar el equipo de sonido y los bailarines dejaron los trajes en un banco, junto a la oficina de Jessica. Mike se alejó en la furgoneta vacía.

El pequeño grupo se dividió, Rachel y Rosalie se subieron al taxi que habían pedido, y Paul y Emmett decidieron ir al bar Bissonet's, a ver a Kate.

-Por que no vienes, Edward?- le preguntó Paul- Te vendría bien un poco del grupo 0.

-No, gracias.

-Mostrando tu habitual discurso verboso y florido- dijo Paul con una sonrisa

-Acompañaré a Bella a su casa

-Siempre tan caballeroso- intervino Emmett, aunque no con mucho afecto- Algunas veces, Edward, te comportas como si te hubieras tragado el palo de una escoba.

Edwrad se encogió de hombros. Claramente, no le importaba la opinión de Emmett.

Emmett enseñó los colmillos.

Bella y Paul se miraron. En aquel momento, Bella se dio cuenta de que Paul estaba preocupado por una posible pelea entre los otros dos vampiros, y tomó a Edward por el brazo.

-Ya estoy lista- dijo, y tiró suavemente del él

Los buenos modales de Edward le obligaron a marcharse con ella. Recorrieron las dos primeras manzanas a buen ritmo, y después torcieron a la esquina hacía la parada del autobús.

-Por que te has asustado en el baile?- le preguntó él de repente

Al instante, Bella supo a que se refería: a les segundos anteriores al baile, cuando ella le había parecido ver una cara demasiado familiar. Sin embargo, no podía creer que él hubiera notado su miedo. Ella no había vacilado.

-Como te has dado cuenta?

-Te conozco. Puedo sentir lo que tú sientes.

Bella lo miró. Estaba a la luz de las farolas, y ella lo vio con total claridad. Bella se debatió entre lo que podía decirle sin arriesgarse. Él estaba esperando a que hablara, a que compartiera su carga con él. Sin embargo, ella titubeó. Había perdido la costumbre de confiar en alguien; pero tenía que ser honesta, y reconocer que, cuando estaba con Edward, se sentía segura. Tampoco podía pasar por alto la impaciencia que sentía por pasar tiempo con él. El alivio de miedo, de la preocupación, de la sensación de correr el peligro, era como notar el sol cálido en el rostro.

Él percibía su confianza creciente; Bella lo notaba en su sonrisa. Las comisuras de su labios se giraron hacía arriba, y en sus ojos apareció un brillo cálido.

-Dímelo- le pidió él, con un tono persuasivo.

Si Bella decidió no contárselo, fue por la seguridad de Edward. Él era fuerte, y ella estaba empezando a darse cuenta de que era implacable en lo que ella concernía, pero Edward también era vulnerable durante las horas diurnas. Bella se dejó llevar por otro impulso y lo abrazó. Habló en su pecho.

-No puedo- dijo, y percibió el tono de tristeza de su voz.

Edward se puso rígido en sus brazos. Era demasiado orgullos como para rogarle algo, Bella lo sabía, y durante el resto del trayecto hasta su apartamento, él se mantuvo en sielncio.

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Hola mis dulces lectores!! Espero que os guste el capítulo :)
Cometarios???
Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)