Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 28 de mayo de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 6/3

Salieron del Brewery y atravesaron el estacionamiento en dirección al Hard Rock Café.

Afortunadamente, no tuvieron que esperar demasiado antes de que la camarera les buscase una mesa.

— ¡Oye! —dijo un chico cuando se acercaban a la mujer—. Nosotros llegamos antes.

La camarera le lanzó una mirada glacial.

— Su mesa aún no está preparada —y se volvió hacia Julián con ojitos tiernos—. Si es tan amable de seguirme…

La chica abrió la marcha contoneando las caderas, como si no tuviese otra cosa que hacer.

Grace miró a Selena aguantando la risa, y le indicó con un gesto que mirara a la chica.

— No se lo tengas en cuenta —le contestó su amiga—. Nos ha colado por delante de diez personas.

La camarera les llevó hasta una mesa en la parte trasera.

— Aquí se puede sentar —dijo mientras rozaba ligeramente el brazo de Julián—, y yo me encargo de que su comida no tarde mucho.

— ¿Y nosotras somos invisibles? —preguntó Grace cuando la chica se alejó.

— Empiezo a creer que sí —respondió Selena, sentándose en el banco situado cara a la pared.

Grace se sentó enfrente, con el muro a su espalda. Como era de esperar, Julián ocupó un sitio a su lado.

Ella le ofreció el menú.

— No puedo leer esto —le dijo antes de devolvérselo.

— ¡Ah! —exclamó Grace, avergonzada por no haberlo pensando antes—. Supongo que no enseñaban a leer a los soldados de la antigüedad.

Julián se pasó una mano por la barbilla y pareció adoptar una actitud malhumorada ante el comentario.

— En realidad sí lo hacían. El problema es que me enseñaron a leer griego clásico, latín, sánscrito, jeroglíficos egipcios y otras lenguas que hace mucho que desaparecieron. Usando tus propias palabras, este menú está en griego para mí.

Grace se encogió.

— No vas a dejar de recordarme que escuchaste todo lo que dije antes de que aparecieras, ¿verdad?

— Me temo que no.

Apoyó el brazo en la mesa y, en ese momento, Selena apartó la vista del menú y le miró la mano.
Entonces jadeó.

— ¿Eso es lo que yo creo? —preguntó mientras le alzaba la mano.

Para sorpresa de Grace, él permitió que le agarrara la mano y que mirara el anillo.

— Grace, ¿has visto esto?

Ella se incorporó en el asiento para poder verlo más de cerca.

— No, la verdad. He estado un tanto distraída.

Un tanto distraída, sí, claro. Eso es como decir que el Everest es un adoquín.

Aún bajo la tenue luz del local, el oro emitía luminosos destellos. La parte superior era plana y tenía grabada una espada rodeada de hojas de laurel, e incrustadas entre las hojas, había unas piedras preciosas que parecían ser diamantes y esmeraldas.

— Es hermoso —dijo Grace.

— Es un jodido anillo de general, ¿cierto? —preguntó Selena—. No eras un simple soldado de a pie. ¡Eras un puto general!

Julián asintió sobriamente.

— El término es equivalente.

Selena soltó el aire totalmente anonadada.

— Grace, ¡no tienes ni idea! Julián tuvo que ser alguien realmente relevante en su tiempo para tener este anillo. No se lo daban a cualquiera —y movió la cabeza—. Estoy muy impresionada.

— No lo estés —le contestó Julián.

Por primera vez en años, Grace envidió la licenciatura en Historia Antigua de su amiga. Lanie sabía mucho más acerca de Julián y de su mundo de lo que ella jamás podría averiguar.

Pero no parecía necesitar ese grado de conocimiento para entender lo doloroso que debía haber sido para él pasar de ser un general que ordenaba a un ejército, a un esclavo gobernado por las mujeres.

— Apuesto a que eras un magnífico general —dijo Grace.

Julián la miró, captando la sinceridad con la que había pronunciado sus palabras. Por alguna inescrutable razón, su cumplido le reconfortó.

— Hice lo que pude.

— Apuesto a que les diste una patada en el culo a unos cuantos ejércitos —continuó ella.

Él sonrió. No había pensado en sus victorias desde hacía siglos.

— Pateé a unos cuantos romanos, sí.

Grace se rió ante el uso del vocabulario.

— Aprendes rápido.

— ¡Oye! —exclamó Selena, interrumpiéndolos—. ¿Puedo echarle un vistazo al arco de Cupido?

— ¡Sí! —exclamó Grace—. ¿Podemos?

Julián lo sacó de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa.

— Con cuidado —advirtió a Selena mientras alargaba el brazo—. La flecha dorada está cargada.
Un pinchacito y te enamorarás de la primera persona que veas.

Ella retiró la mano.

Grace cogió el tenedor y con él arrastró el arco hasta tenerlo cerca.

— ¿Se supone que debe ser tan pequeño?

Julián sonrió.

— ¿Es que nunca has oído esa frase que dice: «El tamaño no importa»?

Grace puso los ojos en blanco.

— No quiero ni escucharla de un hombre que la tiene tan grande como tú.

— ¡Grace! —jadeó Selena—. Jamás te había oído hablar así.

— He sido extremadamente comedida, considerando todo lo que vosotros me habéis dicho estos últimos días.

Julián acarició el pelo que le caía sobre los hombros. Esta vez, Grace no se retiró. Estaba haciendo progresos.

— Entonces, dime cómo usa Cupido esto —le dijo ella. Julián dejó que sus dedos acariciaran los sedosos mechones de su pelo. Brillaban aun con la escasa luz del restaurante. Deseaba tanto sentir ese pelo extendiéndose sobre su pecho desnudo… Enterrar su rostro en él y dejar que le acariciara las mejillas.

Con la mirada ensombrecida, imaginó cómo se sentiría al tener el cuerpo de Grace rodeándolo. Y el sonido de su respiración junto al oído.

— ¿Julián? —preguntó ella, sacándolo de su ensoñación—. ¿Cómo lo utiliza Cupido?

— Puede adoptar un tamaño semejante al del arco, o puede hacer que el arma se haga más grande. Depende del momento.

— ¿En serio? —preguntó Selena—. No lo sabía.

La camarera llegó corriendo y colocó la bandeja sobre la mesa, mientras devoraba con los ojos a Julián como si fuese el especial del día.

Muy discretamente, Julián recogió el arco de encima de la mesa y lo devolvió a su bolsillo.

— Siento mucho haberle hecho esperar. Si hubiese sabido que no iban a atenderle de inmediato, yo misma le habría tomado nota nada más sentarse.

Grace le dirigió a la chica una mirada ceñuda. ¡Joder!, ¿es que Julián no podía tener cinco minutos de tranquilidad, sin que una mujer se le ofreciera abiertamente?

¿Y eso no te incluye a ti?

Se quedó helada ante el giro de sus pensamientos. Ella se comportaba exactamente igual que las demás, mirándole el culo y babeando ante su cuerpo. Era un milagro que él soportara su presencia.

Hundiéndose en el asiento, se prometió a sí misma que no lo trataría de aquel modo. Julián no era un trozo de carne. Era una persona, y merecía ser tratado con respeto y dignidad.

Pidió el menú para los tres, y cuando la camarera regresó con las bebidas, trajo una bandeja de alitas de pollo al estilo Búfalo.

— Nosotros no hemos pedido esto —apuntó Selena.

— ¡Oh, ya lo sé! —respondió la chica, sonriendo a Julián—. Hay mucho trabajo en la cocina y tardaremos un poco más en poder servirle la comida. Pensé que debería estar hambriento y por eso le traje las alitas. Pero si no le gustan, puedo traer cualquier otra cosa; la casa invita, no se preocupe. ¿Preferiría otra cosa?

¡Puaj! El doble sentido era tan obvio que a Grace le entraron ganas de arrancarle de raíz el pelo cobrizo.

— Está bien así, gracias —le dijo Julián.

— ¡Ay, Dios mío!, ¿puede hablar un poco más? —le pidió la chica, a punto de desmayarse—. ¡Oh, por favor, diga mi nombre! Me llamo Mary.

— Gracias, Mary.

— ¡Ooooh! —exclamó la camarera—. Se me ha puesto la piel de gallina —y con una última mirada a Julián, cargada de deseo, se alejó de ellos.

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