Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 27 de julio de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 11/1

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.
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Selena observaba cómo Julián se paseaba nervioso, por delante de su puesto, mientras hacía una tirada para un turista. ¡Dios santo!, podría pasarse todo el día observándolo caminar. Ese modo de andar hacía saltar los ojos de las órbitas, y a ella le entraban unos deseos terribles de salir corriendo a casa, agarrar a Bill y hacerle unas cuantas cosas pecaminosas.

Una y otra vez, las mujeres se acercaban a él, pero Julián no tardaba en quitárselas de en medio.
Era ciertamente divertido ver a todas esas chicas pavoneándose a su alrededor mientras él permanecía ajeno a sus estratagemas. Nunca le había parecido posible que un hombre actuara así.

Pero claro, hasta ella podía llegar a aborrecer el chocolate si se daba un atracón.

Y por el modo en que las mujeres respondían a la presencia de Julián, dedujo que él ya había sufrido más de un dolor de tripa causado por un empacho. La verdad es que parecía muy preocupado.

Y Selena se sentía fatal por lo que les había hecho a ambos, a él y a Grace. Su idea parecía bastante sencilla en un principio. Si hubiese reflexionado un poco más…

¿Pero cómo iba a saber quién era Julián? Claro, que su nombre podía haber hecho sonar algún timbre en su mente; de todos modos, su especialidad era la Edad de Bronce griega que, hasta para la época de Julián, era la Prehistoria.

Y tampoco había creído que el tipo del libro fuese realmente humano. Pensaba que era alguna clase de genio o criatura mágica, sin pasado ni sentimientos.

¡Señor!, cuando metía la pata lo hacía hasta el fondo.

Meneando la cabeza, observó cómo Julián rechazaba otra oferta, esta vez procedente de una atractiva pelirroja. El hombre era un verdadero imán de estrógenos.

Acabó la lectura.

Julián esperó unos minutos y se acercó a la mesa.

— Llévame con Grace.

No era una petición, no. Estaba segura de que era el mismo tono de voz que empleaba para dirigir a su ejército en mitad de una batalla.

— Dijo que…

— No me importa lo que dijese. Necesito verla.

Selena envolvió la baraja en el pañuelo negro de seda. ¿Qué demonios? Tampoco es que necesitara que su mejor amiga volviera a hablarle.

— Vas directo a tu funeral.

— Ojalá —dijo en voz tan baja que ella no pudo estar segura de haber escuchado correctamente.

La ayudó a recoger sus trastos para meterlos en el carrito, y llevarlo todo hasta la pequeña caseta que tenía alquilada para guardarlo.

Sin pérdida de tiempo, llegaron a casa de Grace.

Aparcaron en el camino del jardín justo cuando Grace estaba guardando sus maletas.

— ¡Hola, Gracie! —saludó Selena—. ¿Dónde vas?

Ella miró furiosa a Julián.

— Me marcho por unos días.

— ¿Dónde? —le preguntó su amiga.

Grace no contestó.

Julián salió del coche y se acercó a ella. Iba a arreglar las cosas, costase lo que costase.

Grace arrojó una bolsa al maletero y se alejó de Julián.

Él la cogió por un brazo.

— No has contestado a la pregunta.

Ella se zafó de su mano.

— ¿Y qué vas a hacer, pegarme si no lo hago? —le dijo, mirándolo con los ojos entrecerrados.

Julián se encogió ante el evidente rencor.

— ¿Y te extrañas de que quiera marcharme? —Entonces se dio cuenta. A Grace le estaba
costando horrores contener las lágrimas. Tenía los ojos húmedos y brillantes. La culpa lo asaltó—.
Lo siento, Grace —murmuró mientras cubría su mejilla con la mano—. No pretendía hacerte daño.

Grace observó la batalla que mantenían el arrepentimiento y el deseo en el rostro de Julián. Su caricia era tan tierna y tan suave… Por un instante, estuvo a punto de creer que, en realidad, él se preocupaba por ella.

— Yo también lo siento —susurró—. Ya sé que no tienes la culpa.

Él soltó una brusca y amarga carcajada.

— En realidad, todo lo que sucede es culpa mía.

— ¡Eh! ¿Me puedo fiar de vosotros? —preguntó Selena.

Julián miró a Grace con ardiente intensidad, atrapando su mirada y haciéndola temblar.

— ¿Quieres que me vaya? —le preguntó.

No, no quería. Ésa era la base de todo el problema. Que no quería que volviera a abandonarla.
Jamás.

Grace cogió las manos de Julián entre las suyas y las apartó de su rostro.

— Todo está solucionado, Selena.

— En ese caso, me voy a casa. Nos vemos.

Grace apenas si fue consciente de que su amiga ponía en marcha el coche y se alejaba. Toda su atención estaba puesta en Julián.

— ¿Ahora me vas a decir dónde vas? —le preguntó.

Por primera vez, desde que la policía se marchó, Grace sintió que podía respirar. Con la
presencia de Julián, el miedo se desvaneció como la niebla bajo el sol.

Se sentía segura.

— ¿Recuerdas lo que te conté sobre Rodney Carmichael?

Él asintió.

— Estuvo aquí hace un rato. Él… él me inquieta.

La expresión gélida y severa que adoptó el rostro de Julián la dejó atónita.

— ¿Dónde está ahora?

— No lo sé. Se esfumó al llegar la policía. Por eso me marchaba. Iba a quedarme en un hotel.

— ¿Todavía quieres marcharte?

Grace negó con la cabeza. Con él allí, se sentía completamente a salvo.

— Cogeré tu bolsa —le dijo. La sacó y cerró el maletero.

Grace se encaminó hacia la casa.

Pasaron el resto del día en una apacible soledad. Al llegar la noche, se tumbaron delante del sofá, reclinados sobre los cojines.

Grace apoyó la cabeza en el duro vientre de Julián mientras acaba de leerle Peter Pan y hacía todo lo posible para no distraerse con el maravilloso olor que desprendía su cuerpo. Y con lo maravillosamente bien que estaba, apoyada sobre sus abdominales.

Tenía que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no darse la vuelta y explorar los firmes músculos de su torso con la boca.

Julián le acariciaba lentamente el pelo mientras la observaba. Señor, sus manos hacían que le ardiera la piel. Le hacían desear arrancarle la ropa y saborear cada centímetro de su cuerpo.

— Fin —dijo ella, cerrando el libro.

La abrasadora mirada de Julián le quitó el aliento.

Se estiró y arqueó levemente la espalda, apoyándose con más fuerza sobre él.

— ¿Quieres que te lea algo más?

— Sí, por favor. Tu voz me relaja.

Ella lo miró fijamente por un instante y, después, sonrió. No recordaba que ningún otro cumplido hubiese significado tanto para ella como aquél.

— Tengo la mayoría de los libros en mi habitación —le dijo mientras se ponía en pie—. Vamos, te enseñaré mi tesoro escondido y encontraremos algo que nos guste.

La siguió escaleras arriba.

Grace notó que Julián observaba la cama con deseo y después la miraba a ella.

Fingió no darse cuenta y abrió la puerta del enorme vestidor. Encendió la luz y pasó una mano con cariño por las estanterías que su padre había colocado tantos años atrás.

Su padre y su mejor amigo se lo habían pasado en grande mientras colocaban las estanterías. Los dos eran profesores, y tenían la habitación hecha un desastre. Su padre acabó con dos uñas negras antes de que todo estuviese terminado. Su madre no había dejado de reírse y de llamar a su marido «carpintero profesional», pero a él no parecía importarle. La expresión de orgullo en su rostro cuando todo estuvo terminado, y los libros de Grace colocados en las estanterías, quedó impresa para siempre en el corazón de su hija.

Cómo adoraba esa estancia. Aquí era donde realmente sentía el amor de sus padres. Aquí se refugiaba y huía de los problemas y sufrimientos que la perseguían.

Cada libro guardado allí era un recuerdo especial, y todos ellos formaban parte de su mundo.
Miró a su izquierda y vio Shanna, con la que había comenzado su afición a la novela romántica. The Wolfling, la había introducido en la ciencia ficción. Y su adorado Bimbos del Sol Muerto, su primera novela de misterio.

También estaban allí las viejas novelas de sus padres, y las tres copias de los libros de texto que su padre había escrito antes de que ella naciera.

Éste era su santuario y Julián era, sin contar a sus padres, la primera persona que ponía un pie en él.

— Llevas tiempo coleccionando libros —comentó él mientras echaba un vistazo a las estanterías.

Ella asintió.

— Fueron mis mejores amigos mientras crecía. Creo que el amor por la lectura es el mejor regalo
que mis padres me han dado —alzó el libro de Peter Pan—. Éste era de mi padre, de cuando era niño. Es mi posesión más preciada.

Lo devolvió a una de las estanterías y cogió un ejemplar de Belleza Negra.

— Mi madre me leía éste una y otra vez.

Hizo un pequeño recorrido, mostrándole sus libros.

— Rebeldes —susurró con adoración—. Era mi libro favorito en el instituto. ¡Ah!, junto con éste,
¿Puedes demandar a tus padres por abuso de autoridad?

Julián se rió.

— Ya veo que significan mucho para ti. Se te ilumina el rostro cuando hablas de ellos.

Algo en su mirada le dijo a Grace que él estaba pensando en otro modo de hacer que se iluminara…

Tragando saliva ante la idea, se dio la vuelta y rebuscó en la estantería de la derecha, donde guardaba los clásicos, mientras Julián seguía mirando los de la izquierda.

— ¿Qué te parece éste? —le preguntó él, con una de sus novelas románticas en la mano.

Grace soltó una risita nerviosa al ver a la pareja que se abrazaba medio desnuda en la portada.

— ¡Señor!, me parece que no.

Él miró la portada y alzó una ceja.

— Vale —dijo Grace quitándole el libro de la mano—. Has descubierto mi más profundo secreto.
Soy una adicta a las novelas románticas, pero lo último que necesitas es que te lea una apasionada escena de amor en voz alta. Muchísimas gracias, pero no.

Julián le miró fijamente los labios.

— Preferiría recrear una apasionada escena de amor contigo —dijo en voz baja, acercándose a ella.

Grace comenzó a temblar. Tenía la espalda pegada a la estantería y no podía retroceder más.
Julián colocó un brazo sobre su cabeza y acercó su cuerpo al suyo, hasta dejarlos unidos.
Entonces, bajó la cabeza y se acercó a su boca.

Grace cerró los ojos. La presencia de Julián inundaba todos sus sentidos. La rodeaba de una forma extremadamente perturbadora.

Por una vez, él mantuvo las manos quietas y se limitó a tocarla tan sólo con los labios. Daba igual.
La cabeza de Grace comenzó a girar de todos modos.

¿Cómo había podido su esposa elegir a otro hombre teniéndolo a él? ¿Cómo podía rechazarlo una mujer en su sano juicio? Este hombre era el paraíso.

Julián profundizó el beso, explorando su boca con la lengua. Grace sentía los latidos de su corazón mientras él se acercaba aún más y sus músculos la envolvían.

Jamás había sido tan consciente de la presencia de otro ser humano. Él la ponía al límite, le hacía experimentar sensaciones que no sabía que pudiesen existir.

Julián se retiró un poco y apoyó la mejilla sobre la de Grace. Su aliento caía sobre su pelo y le erizaba la piel.

— Tengo unos deseos horribles de estar dentro de ti, Grace —murmuró—. Quiero sentir tus piernas alrededor de mi cuerpo, sentir tus pechos debajo de mí, escucharte gemir mientras te hago el amor lentamente. Quiero que tu aroma quede impreso en mi cuerpo y que tu aliento me queme la piel.

Todo su cuerpo se tensó antes de separarse de ella.

— Pero ya estoy acostumbrado a desear cosas que no puedo tener —susurró.

Ella le tocó el brazo. Julián cogió su mano, se la llevó a los labios y depositó un rastro de pequeños besos sobre los nudillos.

El deseo que se reflejaba en su apuesto rostro hacía que a Grace le doliera todo el cuerpo.

— Busca un libro y me comportaré.

Tragó saliva mientras él se alejaba. Entonces, se fijó en su viejo ejemplar de La Ilíada. Sonrió. Le iba a encantar, estaba segura.

Lo cogió y bajó las escaleras.

Julián estaba sentado delante del sofá.

— ¡Adivina lo que he encontrado! —exclamó Grace excitada.

— No tengo la más remota idea.

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