Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

Translate

lunes, 14 de junio de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 8/4

Apoyándose sobre sus duros pectorales, Grace observó sin aliento en el espejo cómo Julián dejaba sus pechos y le acariciaba las costillas, descendiendo hasta las caderas y una vez allí, metía las manos bajo el elástico de sus braguitas.

— Tienes un cuerpo hermoso, Grace —le dijo mientras le acariciaba el pubis.

Por primera vez en toda su vida, lo creyó. Julián le mordisqueó el cuello mientras sus manos jugueteaban con los rizos oscuros de su entrepierna.

— Julián —lloriqueó, sabiendo que si no lo detenía ahora no sería capaz de hacerlo más tarde.

— ¡Shh! —le dijo al oído—. Ya te tengo.

Y, entonces, separó los tiernos pliegues de su cuerpo y acarició su sexo.

Grace gimió, consumida por la pasión. Julián capturó sus labios y la besó plena y profundamente.

De forma instintiva, se dio la vuelta entre sus brazos para saborearlo mejor.

La levantó del suelo, sin abandonar sus labios, mientras la llevaba hasta la cama. De algún modo, se las arregló para acomodarla sobre el colchón y tumbarse sobre ella sin dejar de besarla.

Ciertamente tenía un gran talento.

Y ¡uf!, Grace se sentía arder con sus caricias. Con su aroma escandalosamente sensual. Con la sensación de su cuerpo tendido junto a ella. Comenzó a temblar de pies a cabeza mientras él le separaba los muslos con las rodillas y se colocaba, aún vestido, sobre ella.

Sentir su peso era algo maravilloso. Su cuerpo duro y viril, mientras restregaba sus esbeltas caderas contra ella. Aun a través de los vaqueros, podía sentir su erección presionando sobre su entrepierna. Como si estuviesen atraídas por un imán, sus caderas se alzaron acompasándose al movimiento de Julián.

— Eso es, Grace —murmuró sobre sus labios, mientras seguía rozando su miembro hinchado contra ella, de un modo tan magistral que Grace supo que ya habría llegado al clímax si estuviese dentro de ella—. Siente mis caricias. Siente mi deseo por ti, sólo por ti. No luches contra él.

Grace volvió a gemir cuando Julián abandonó sus labios y dejó un abrasador reguero de besos por su garganta, hasta llegar a sus pechos, que comenzó a succionar con suavidad.

Grace deliraba de placer mientras enterraba las manos en los rizos rubios de Julián.

Él atormentó implacablemente sus pechos con la lengua.

Todo su cuerpo temblaba por el tremendo esfuerzo que le suponía mantenerse vestido. Quería introducirse en ella con tanta desesperación que su cordura se desvanecía poco a poco.

Con cada envite de sus caderas contra las de Grace, le daban ganas de gritar por la agonía del deseo insatisfecho. Era la tortura más deliciosa que jamás había experimentado.

Y todo empeoró al sentir a Grace deslizar las manos por su espalda, e introducirlas en sus bolsillos traseros para acercarlo aún más, apretándolo con fuerza.

Julián se estremeció ante la sensación.

— ¡Sí, oh, sí! —jadeaba Grace cuando él aumentó el ritmo de sus embestidas.

Julián sintió que todo le daba vueltas. Tenía que hundirse en ella. Y si no podía hacerlo de una manera, por todos los templos de Atenas que lo haría de otra.

Se apartó de ella y se movió hacia abajo, pasando los labios por su estómago y besándole las caderas mientras le quitaba las braguitas.

Grace temblaba de pies a cabeza al sentir el poder que él ostentaba en ese momento.

— Por favor —le suplicó, incapaz de soportarlo más.

Le apartó los muslos con los codos. Grace se lo permitió sin protestar. Colocó las manos bajo ella y le elevó las caderas hasta que le pasó las piernas por encima de sus hombros.

Los ojos se le abrieron de par en par en el mismo instante en que Julián la tomó en la boca.

Grace enterró las manos en el cabello de él y echó la cabeza hacia atrás, siseando de placer ante las caricias tan íntimas que la lengua de Julián le prodigaba. Jamás había experimentado algo así.
Una y otra vez, penetrándola con la lengua implacablemente, él la lamía, la atormentaba, hurgaba en su interior hasta dejarla sin aliento, exhausta.

Julián cerró los ojos y gruñó cuando probó su sabor. Y disfrutó de la sensación. Los murmullos de placer que escapaban de la garganta de Grace resonaban en sus oídos. Percibía cómo ella reaccionaba ante cada caricia sensual de su lengua, cuidadosamente ejecutada. De hecho, sentía como le temblaban los muslos y las nalgas, como se estremecían contra sus hombros y sus mejillas.

Grace se retorcía de modo muy erótico en respuesta a sus caricias.

Con la respiración entrecortada, Julián quiso mostrarle exactamente lo que se había estado perdiendo. Cuando saliera de la habitación esa noche, Grace no volvería a encogerse de temor ante sus caricias.

Ella gimoteó cuando movió la mano despacio para introducir el pulgar en su vagina, mientras continuaba lamiéndola.

— ¡Julián! —jadeó con un involuntario estremecimiento de su cuerpo.

Él movió el dedo y la lengua aún más rápido, más profundo, aumentando la presión mientras giraba y giraba. Grace sentía que la cabeza le daba vueltas por el roce de la barba de Julián en sus muslos, en su sexo.

Y, cuando pensaba que ya no podría soportarlo más, alcanzó el clímax de forma tan violenta que echó la cabeza hacia atrás y gritó mientras su cuerpo se convulsionaba por las continuas oleadas de placer.

Pero Julián no se detuvo, siguió prodigándole caricias hasta que tuvo otro nuevo orgasmo, casi seguido al primero.

La tercera vez que le ocurrió pensó que moriría.

Débil, y totalmente saciada, sacudía la cabeza a uno y otro lado, sobre la almohada, mientras él continuaba su implacable asalto.

— Julián, por favor —le suplicó mientras su cuerpo seguía experimentando continuos espasmos por sus caricias—. No puedo más.

Sólo entonces, él se apartó.

Grace se sentía palpitar desde la cabeza hasta los pies, y respiraba entrecortadamente. Jamás había conocido un placer tan intenso.

Julián trazó una senda de besos desde sus muslos hasta su garganta, y allí se quedó.

— Dime la verdad, Grace —le dijo al oído—. ¿Has sentido algo así antes?

— No —susurró ella con honestidad; dudaba que muchas mujeres hubiesen conocido algo semejante a lo que ella acababa de experimentar. Quizás no hubiese ninguna—. No tenía ni idea de que pudiese ser así.

Con una mirada hambrienta, Julián la contempló como si quisiese devorarla.

Ella sintió la presión de su erección sobre la cadera y cayó en la cuenta que él no había llegado al orgasmo. Había mantenido su promesa.

Con el corazón latiéndole frenético ante el descubrimiento, quiso proporcionarle lo mismo que ella acababa de vivir. O al menos, algo que se le aproximara.

Bajando la mano, comenzó a desabrocharle los pantalones.

Julián le cogió la mano y se la llevó a los labios para besarle la palma con mucha ternura.

— Tu intención es buena, pero no te molestes.

— Julián —le dijo en tono de reproche—. Sé que es muy doloroso para un hombre si no se…

— No puedo —insistió él, interrumpiéndola de nuevo.

Grace lo miró ceñuda.

— ¿Que no puedes qué?

— Tener un orgasmo.

Grace abrió la boca, atónita. ¿Estaría diciendo la verdad? De todos modos, sus ojos tenían una expresión mortalmente seria.

— Es parte de la maldición —le explicó él—. Puedo darte placer, pero si me tocas justo ahora, sólo conseguirás hacerme más daño.

Sufriendo por él, le acarició la mejilla.

— Entonces, ¿por qué…?

— Porque quería hacerlo.

No lo creía. No. Apartó la mano de su rostro y miró hacia otro lado.

— Querrás decir porque tenías que hacerlo. Por la maldición también, ¿no es cierto?

Él la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle a los ojos.

— No. Estoy luchando contra la maldición, si no fuese así, estaría dentro de ti ahora mismo.

— No lo entiendo.

— Yo tampoco —le confesó mirándola a los ojos, como si buscase en ella la respuesta—. Acuéstate conmigo —susurró—. Por favor.

Grace hizo una mueca de dolor ante el sufrimiento que destilaba aquella sencilla petición. Su pobre Julián. ¿Qué le habían hecho? ¿Cómo podían hacerle eso a alguien como él?

Julián cogió el libro y se lo dio a Grace.

— Léeme.

Ella abrió el cuento mientras él colocaba las almohadas en el cabecero de la cama.

Se estiró en el colchón e hizo que Grace se tumbara a su lado. Sin decir una sola palabra, tiró de la manta y la rodeó en un tierno gesto con su brazo.

El olor a sándalo la asaltó de nuevo, mientras comenzaba a leerle la historia de Wendy y Peter Pan.

Estuvieron así durante una hora.

— Me encanta tu voz. Tu forma de hablar —le dijo mientras Grace se detenía para pasar una página.

Ella sonrió.

— Debo decir lo mismo de ti. Tienes la voz más cautivadora que he escuchado jamás.

Julián le quitó el libro de las manos y lo dejó sobre la mesita de noche. Grace alzó la mirada hasta sus ojos. El deseo los hacía más brillantes, y la contemplaba con un anhelo que la dejó sin respiración.

Entonces, para su asombro, la besó suavemente en la punta de la nariz.

Alargó el brazo, cogió el mando a distancia y bajó las luces hasta dejar la habitación en penumbra.
Grace no sabía qué decir mientras él se acurrucaba tras ella y la abrazaba por la espalda.

Julián le apartó el pelo de la cara y apoyó la cabeza en la almohada, al lado de la suya.

— Me encanta tu olor —le susurró, abrazándola con fuerza.

— Gracias —respondió ella en un murmullo.

No estaba segura, pero le daba la impresión de que Julián sonreía.

Se acurrucó aún más, acercándose a la calidez de su cuerpo, pero los vaqueros le rasparon las piernas.

— ¿No estás incómodo vestido? ¿No deberías cambiarte de ropa?

— No —contestó tranquilamente—. De este modo, sé que mi cucharilla permanecerá alejada de tu…

— Ni se te ocurra decirlo —dijo con una carcajada—. No te ofendas, pero tu hermano es asqueroso.

— Sabía que había una razón para que me gustaras tanto.

Grace le quitó el mando a distancia de las manos.

— Buenas noches, Julián.

— Buenas noches, cariño.

Grace apagó la luz.

Al instante, notó cómo Julián se tensaba. Su respiración se convirtió en un jadeo entrecortado y se apartó de ella.

— ¿Julián?

Él no contestó.

Preocupada, Grace encendió la luz para poder verle. Se abrazaba con fuerza el torso, con los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía la frente cubierta de sudor y una mirada aterrada y salvaje mientras se esforzaba por respirar.

— ¿Julián?

Él observó la habitación como si acabara de despertar de una pesadilla espantosa. Grace vio cómo alzaba un brazo y colocaba la mano en la pared, para asegurarse que todo era real, no una alucinación.

Se humedeció los labios, se pasó la mano por el pecho y tragó saliva.

Y entonces, Grace lo entendió.

La oscuridad. Por eso no había apagado las luces, sino que había bajado la intensidad.

— Lo siento Julián, no lo sabía.

Él seguía sin hablar.

Grace lo abrazó, sorprendida de que un hombre tan fuerte buscase consuelo en ella como si no pudiese hacer otra cosa. Julián apoyó la cabeza sobre sus pechos.

Con los dientes apretados, Grace sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Y en ese instante supo que jamás le dejaría regresar a ese libro. Nunca.

De algún modo, romperían la maldición. Y, cuando todo hubiese acabado, esperaba que Julián pudiese vengarse del responsable de su sufrimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)