Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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miércoles, 6 de enero de 2016

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 28

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 28: Una nueva semana. Relatado por Bella

Eran las nueva cuando escuchamos el coche llegar con mi Edward, Emmett y Jasper. Los estábamos esperando en el comedor junto con Carlisle que quería hablar con ellos.

-Buenas noches.- nos dijo Emmett al entrar al comedor seguido de Edward y Jasper

-Buenas noches.- le contestamos

-Necesito hablar un momento con vosotros, así que si vosotras me hacéis el favor de dejarnos solos.- nos dijo Carlisle

-Si claro que os dejamos solos, nos vamos a nuestros dormitorios a esperaros.- le dijo Esme a Carlisle mientras nos íbamos levantando y saliendo del comedor para dirigirnos a nuestros dormitorios

CARLISLE POV

-¿Qué es lo que nos tienes que decir Carlisle?- le pregunte una vez nos quedamos solos

-Si ¿Qué  es lo que pasa?.- pregunto Jasper

-No pasa nada, solo quería deciros que mientras que Bella y tu estáis en el viaje de novios nosotros vamos a terminar vuestra casa si os parace bien a todos

-Claro que nos parece bien Carlisle, además la llevamos bastante avanzada.- dijo Emmett

-Bien pues era eso lo que quería deciros, así que ya podemos irnos con nuestras parejas que nos están esperando. Buenas noches

-Buenas noches Carlisle.- le dijimos antes de salir del comedor y dirigirnos a nuestros dormitorios


Cuando Edward subió a nuestro dormitorio yo me encontraba en el armario buscando algo con lo que sorprenderle

-Cariño, voy a darme una ducha.- me dijo desde la puerta del baño

-Vale.- le dije saliendo del armario sin elegir nada al escuchar el agua de la ducha correr.
Me dirigí todo lo sigilosamente que pude al baño.

-Hay Bella no se si hacer lo que me ha dicho Emmett o no, no quiero forzarte ni quiero ponerte en el aprieto de tener que rechazarme porque estés cansada o no tengas ganas.- le oí decirse a si mismo.- Pero el agua fría no funciona y ahora verte con esa poca ropa que usas para dormir tan ceñida a tu cuerpo durmiendo acurrucada en mi pecho……

-¿Puedo ducharme contigo?.- le dije en el oído después de entrar en la ducha , ponerme detrás de el y abrazarlo por la cintura sin que se diera cuenta de que estaba con el hasta que le hable, ya que estaba muy pensativo

-Claro que si puedes ducharte conmigo mi Bella.- me dijo cogiéndome de mis manos, mientras yo me ponía delante de el

-Ummmm…..Bella

-Shhhh…..no pienses en nada, solo en nosotros y en este momento.- le dije mientras sentía sus manos en mi cintura y nuestros cuerpos rozarse

Comenzamos a besarnos con pasión, con urgencia a la vez que nos íbamos acercando a la pared para que yo me firmara.

Al sentir el frío de la pared en mi espalda frente al calor que desprendía mi cuerpo se me escapo un gemido y Edward sonrió con sus labios pegados a los mios.

Nuestras manos recorrían el cuerpo del otro hasta que Edward las puso en mis nalgas y me ayudo a subir mis piernas a mis caderas mientras seguíamos besandonos.

-Edward….. grite al sentir como entraba en mi con un solo movimiento.

-Estas siempre lista para mi.- me dijo ronco por la excitación antes de que comenzaramos a movernos en un exquisito vaivén bajo el agua de la ducha hasta que llegamos a un maravilloso climax  a la vez, haciéndonos gritar nuestros nombres a la vez  que Edward quitaba una de sus manos de mis nalgas para apoyarla en la pared y sostener a los dos mientras dejábamos de temblar debido al orgasmo que habíamos alcanzado

-¿Vamos a la cama?.- me pregunto después de unos minutos en silencio hasta que nos relajamos y el salia de mi dejandome un gran vació

-Si, claro.- le dije feliz y completa

Me tomo en brazos y me llevo a la cama, dejandome en esta de forma suave y tumbándose junto a mi para que me acomodara en su pecho aun mojado debido a que no nos habíamos secado, cubriendo nuestros cuerpos desnudos con la fina sabana de seda, antes de que me quedara placidamente dormida
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martes, 5 de enero de 2016

Puddle Jumping * Capítulo 14

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 14

Luego estuvo el baile.

Una vez vi una película donde el actor principal decía que el baile era un hito importante para los adolescentes. Que eso no debería perderse. Y creo que esa es una declaración bastante verdadera, porque he oído hablar de las señoras que se perdieron el suyo y eso las marcó de por vida. Como que terminaron locas y perdiendo sus mentes, escribiendo sus memorias desde la cárcel y vinculando todo 
con la noche en que se perdieron su fiesta de graduación.

En serio. Ve un episodio de Snapped.

De todas formas, siendo esto supuestamente algo importante, no estaba muy de acuerdo. Era otro baile con la gente de la escuela. Excepto que los vestidos eran más caros y lo celebraban en un hotel en vez del gimnasio.

Pienso que ponemos demasiada presión sobre nuestros hombros para estar emocionados con cosas como estas. Tanta, que están definiendo momentos que nopodemos perdernos, ya que pasan una vez en la vida. Aunque pienso que es bueno tener los recuerdos, la acumulación es generalmente mejor que el acontecimiento en sí. 

Tal vez si paramos de tratar de alcanzar los estándares de las películas sobre la grandeza, estaríamos muy felices con lo que tenemos.

Ojalá hubiera tenido esa mentalidad para el baile cuando llegó. Debí haber sabido que no saldría como yo esperaba.

* * *

Mi vestido fue blanco, para gran disgusto de mi padre. Se mantuvo mirándome como si hubiera elegido un maldito vestido de novia, y tuve que rodar los ojos una infinidad de veces antes de que por fin dejara de estar boquiabierto. 

Me esforcé, e incluso había recogido mi cabello... Supongo que tenía muchas ganas de sentirme como si luciera linda esa noche.

No me juzguen. Sigo siendo una chica. 

En fin, me encontraba alistándome en mi habitación con Rosalie, cuando la primera llamada llegó. Era la señora Cullen y sonaba muy apenada, pero Edward todavía se hallaba en el trabajo haciendo algo para una de las exhibiciones, por lo que tendría que quedarse hasta tarde para tratar de terminarlo.

Y, como yo sabía, Edward normalmente completaba cualquier proyecto que le daban.

—¿Cuándo cree que termine? —Sostenía el teléfono entre mi oído y hombro mientras intentaba ponerme rubor y fallaba miserablemente.

No sabía, pero prometió que me llamaría en cuanto supiera porque iba a tratar de decirle, una vez más, lo importante que era su promesa para mí. Y que ese trabajo podía esperar.

La señora Cullen tenía un tono.

La decepción me invadió tan pronto colgué, y mi mejor amiga hizo su mejor esfuerzo para hacerme sentir mejor con solo ser... pues... Rosalie. Estuvo contando chistes y haciendo muecas estúpidas y voces para despejar mi mente, pero no se podía negar que sería otra vez como en el Día de San Valentín y yo estaría en la limusina sola esa noche. Sola en la cena.

Sola en el baile.

Me tomé fotos con el grupo, no con mi pareja.

No tenía ni ramillete.

Lo más difícil fue ver a los demás con sus citas; todos melosos y románticos el uno al otro. Simplemente remarcaba más el hecho que me encontraba sola esa noche.

Alice en su vestido rosa y Jasper en su chaleco de color rosa.

Rosalie en su vestido amarillo... con dos citas.

Supongo que fue una suerte para mí que tuviese dos: Paul y Embry. Ríete todo lo que quieras, pero a ninguno de los chicos les importó que ambos fueran las citas. Estoy bastante segura de que les prometió algo que no quería saber.

Después de todo el progreso que había hecho...

Eran muy amables. Atractivos. Agradables. Ella se sentía feliz. No podía reclamarle nada al respecto. Los tigres no cambian sus rayas, como diría mi madre. 

¿O eran las cebras?

El tema del baile era James Bond o algo equivalente. Fotografías eran tomadas en cuanto entrabas por la puerta, y yo me hallaba súper cabreada con la idea de tener que caminar sola, tomarme una foto sola cuando en realidad, de verdad, tenía un novio. Sólo que no estaba presente. 

Pero antes de que pudiera poner un pie en el enorme salón de baile, Rosalie me detuvo y me apartó para decirme que, si deseaba, Paul podría acompañarme. 

En realidad daba lo mismo. No era como si fuera a comprar una de las fotografías. 

Simplemente no deseaba esa mirada de compasión que la gente era tan rápida de dar. Y el fotógrafo detenía a todos para tomar fotografías de grupo en la puerta, por lo que, en realidad, ¿qué otra opción tenía?

Paul era alto y moreno, con una especie de pequeño peinado de cresta. Me pregunté si tendría un tatuaje... un piercing o algo igual de exótico como sus raíces hawaianas. Me pregunté cuántos años tenía exactamente, puesto que tenía cara de niño, pero un cuerpo realmente masculino y fornido. Es probable que se ejercitara cinco veces a la semana. Había una probabilidad setenta-treinta de que él estuviera en mediados de los veinte.

Tenía una sonrisa fácil, y me recordó a esos tipos que guiñan un ojo y luego dicen algo que creen que piensas que es tierno. Le agradecí por haberme tenido compasión y anclarme de su brazo, deteniéndome frente al fotógrafo para dedicar una sonrisa a medias antes de ingresar al frenesí de los cuerpos moviéndose, que solo el día anterior parecía gente con la que iba a la escuela.

Ahora la mitad de las chicas parecían modelos de pasarela y la otra mitad parecían prostitutas.

Me pregunté a cuál me parecía.

Paul no tuvo ningún problema en ofrecerme bailes por lástima y conseguirme una bebida de vez en cuando. Con las cosas así, intenté divertirme, sin importar cuán vacío se sentía mi pecho.

El rey y la reina del baile fueron anunciados, y me quedé sin habla cuando Alice y Jasper ganaron, recibiendo sus coronas y besándose frente al cuerpo estudiantil. Eso significó algo. Sencillamente... lo hacía. Independiente de quiénes eran en un salón de clases; ellos eran Alice y Jasper. Todos los conocían. Tenían igualdad de oportunidades en cada elección.

Después de que hubieran bailado, Rosalie me hizo a un lado para avisarme que saldría a fumar cigarrillos con Paul. Embry había hecho un par de amigos en la mesa donde pusimos todas nuestras cosas, y tuve que reír al verlo charlando con una porrista engreída llamada Claire. La famosa Claire de Clam-rostro.

Salí con Rosalie porque no tenía nada mejor que hacer y pensé que podría ayudarme a despejar un poco la cabeza. Seré honesta: sin duda, me encontraba abatida.

Ella y Paul se quedaron a un lado del hotel, por un callejón, fumando y besándose; me sentí como la tercera rueda, pero al parecer ese era el tema de la noche, de todos modos. Hacía más frío de lo que esperaba y no había traído una chaqueta, por lo que me abrazaba de esa conocida extraña manera, viendo cómo el viento agitaba mi vestido alrededor de mis pies. Es por eso que no noté a Paul acercarse y colgar su chaqueta sobre mis brazos. No me di cuenta hasta que alcé la vista y lo encontré entrecerrando los ojos para evitar el humo que salía del cigarro colgando de sus labios conforme la ponía en mis hombros.

Le di las gracias y sonrió, tomando el cigarrillo en sus dedos y aspirando. 

Recuerdo haber visto la forma en que las cenizas cayeron y fueron elevadas por el viento. Fue un poco poético, en cierto modo. Si te gustan ese tipo de cosas.

Rosalie hablaba por teléfono con su mamá, por lo que él y yo charlábamos, escuchando la música proveniente del baile rebosar a través de cada grieta en el edificio. Estaba tan alta. Tan condenadamente alta.

Y tal vez por eso no le presté atención a mi teléfono en mi bolsito. 

O quizá fue lo fuerte que el viento se sentía en mis oídos, y por eso no escuché a nadie llamarme desde la calle.

El por qué no escuché pasos.

Quizá fue por eso que no pensé para nada en lo cerca que me encontraba de Paul o cómo sus manos frotaban mis brazos hacia arriba y abajo en un intento de calentarme, mientras esperábamos a que su cita colgara el teléfono.

Nop.

No oí nada de eso.

Pero sí vi el puño de Edward antes de que colisionara con la mandíbula de Paul.

En retrospectiva, debí haber sabido que Edward al verme con otro chico enfurecería. Pero no había escuchado la llamada de Esme. No sabía que Edward se cambió de ropa en el trabajo y que su amigo Keith lo acompañaba para reunirse conmigo. No sabía nada nada de aquello. Todo lo que sabía era que me hallaba en mi baile de graduación con mi cantidad limitada de amigos, esperando a mi novio, que apareció de la nada para defenderme sin razón alguna.

Las consecuencias fueron rápidas, con Edward atacando Paul y arrojándolo al suelo, mientras que Paul intentaba alejarlo, gritando blasfemias y yo gritando, tanto para detenerlos y para intentar explicarle que Edward era diferente... algo que nunca deseé decir en toda mi vida, pero Paul no tenía ni idea y yo no le había contado nada de mi novio.

Además, ¡ni siquiera sabía si iba a aparecer!

Rodaron en el concreto hasta que Paul tomó la posición dominante, fijando a Edward debajo de él, cruzando los brazos sobre su pecho a medida que mi novio luchaba y gritaba palabras que nunca le oí decir.

Tan avergonzada como debí haber estado... tan enojada como debí haberme sentido... haber gritado tanto como sé que debí haber hecho y alejarme de todos... 

No pude.

Él era mi Edward.

La presión en su pecho pareció darle el apretón necesario para centrarse y calmarse mientras me arrodillaba, el cemento frío e incluso el viento aún más frío me congelándome hasta los huesos, para hablarle al oído. Le expliqué tan objetivamente como pude que Paul era la cita de Rosalie, y que me prestó su chaqueta porque tenía frío.

Deseaba decir: 

-Porque tú no estabas aquí. 

Porque no podía tener tu abrigo.

Porque no podías habérmelo ofrecido...

En vez de eso, puse mi mano en su frente, y le susurré que mirara mi rostro y me escuchara.

Con cautela, Paul se quitó de encima, dando un paso atrás y frotándose un poco la mandíbula. Y Rosalie sólo lucía como si estuviera medio impresionada y medio aterrada.

Cuando Edward finalmente se puso de pie, su traje arrugado y sucio... mi ramillete aplastado y en pedazos en el suelo... mi vestido manchado por la acera... tenía una apropiada mirada de remordimiento en su rostro.

—Caminamos. —Señaló a alguien de pie a un lado de la escena.

—Lo traje del museo para asegurarme de que llegara bien. —El desconocido se tomó un momento antes de extenderme su mano—. Soy Keith. ¿Supongo que debes ser Bella?

Simplemente asentí.

Me miró de pies a cabeza, y me dedicó una sonrisita. 

—Puedo ver por qué pelearía por ti.

Esa fue la primera vez que perdí la paciencia con nuestra relación. No por quien Edward era... quien es... sino porque pensé que si alguien externo se hallaba mirando y no sabía nada de nosotros, parecía como si simplemente Edward fuera un mal novio. Todas las cosas tiernas y buenas entre nosotros eran en privado. Las meteduras de pata eran públicas. Y quizá me encontraba muy agotada de ser la comprensiva, pero de verdad sentí que habíamos estado juntos el tiempo suficiente como para ser capaz de sentarnos y tener una charla acerca de cómo sus acciones me hicieron sentir aquella noche.

Nos llevé en silencio a nuestra habitación de hotel, sin siquiera molestarme en decirle nada a el resto de nuestros amigos. Rosalie sabía a dónde íbamos y ella podría retransmitir el mensaje si necesitaba ser repetido. Edward estaba en silencio, también, y me siguió a la habitación. Sin hacer preguntas. Era ese tipo de confianza en él que hizo que mi corazón doliera tanto.

Sabía que necesitaba un momento para mí misma, así que me fui al baño a ponerme un pijama, sin recordar que empaqué otro pequeño camisón estúpido en vez de regulares pantaloncillos y una camiseta. No parecía muy apropiado, por lo que opté por la ropa interior que había empacado para el día siguiente y una camiseta, soltándome mi estúpido cabello y prácticamente gritándole blasfemias al 
montón de molestosas horquillas por haberlo mantenido en su lugar. Mis cabellos excesivamente peinados acabaron en un descuidado moño en la cima de mi cabeza y me lavé mi cara para quitar todo el inútil maquillaje que no necesitaba para afrontar al chico que amaba.

Cuando salí del baño, lo hallé sentado en la cama. Sin zapatos. Sin chaqueta. 

Mirando fijamente la pared.

Tomó una profunda respiración y siguió centrándose allí. 

—Bella, a veces no creo que tenga la capacidad de ser lo que necesitas en una pareja.

—Está bien. Bueno, a veces me siento de la misma forma. —Estaba siendo honesta mientras me arrastraba por el edredón para sentarme a su lado y mirar el mismo lugar que él. Se movió en la cama y tocó mi pierna con la punta de sus dedos, recorriendo con suavidad mi rótula. 

—De ninguna manera siento que no lo seas. Siempre has sido paciente.

Asentí. 

—Sí. Pero es difícil.

Su silencio me hizo saber que quería que explicara con más detalle.

—Mira —empecé, protegiendo mi corazón lo mejor posible para no romper a llorar—, esta noche era especial para mí. Y no te encontrabas allí.

—Me pidieron que me quedara hasta tarde en el trabajo.

Por fin, me atreví a mirarlo a los ojos. 

—Pero me lo prometiste primero. ¿Recuerdas eso? Te pregunté específicamente si querías ir al baile conmigo y dijiste que sí. Habías dicho que sí, Edward.

Si la "compresión" en realidad tenía un aspecto, sería el que cruzó por su rostro en ese momento.

—Ya veo.

—¿En serio? —Me moví para sentarme y mirarlo a la cara—. Era importante para mí, porque no nos hemos visto mucho últimamente por tu nuevo trabajo. Era importante porque estamos por graduarnos pronto. Quería que pasáramos tiempo con nuestros amigos. Porque la amistad es importante.

—La amistad es importante para mí. Tú eres importante para mí.

—Y tú eres importante para mí. Muy importante. Quiero pasar el poco de tiempo que puedo contigo. Me sometí a vestirme y arreglar mi cabello y tan solo hacer este maldito esfuerzo... —Ahora de verdad las lágrimas escocían mis ojos a ese punto. Hasta que su mano ahuecó mi barbilla.

—Era innecesario.

—Para ti. —Esta vez lo miré a los ojos—. Era innecesario para ti. No para mí. Esto era importante para mí. Y necesito... que me hagas importante. Para ti.

—Siempre has sido importante.

—Siempre he sido importante aquí —puse el dedo en su corazón—, y aquí —el dedo en su cabeza—, pero tengo que ser importante en todo. No solo cuando estamos solos. No solo cuando tienes tiempo. Soy tan importante como tu trabajo. Y prometiste que estarías aquí en el baile. He pasado por alto otras cosas, pero esta noche, necesito que entiendas que mis sentimientos están heridos y quiero que tus promesas conmigo sean igual de importantes que tus promesas con otras personas. Si dices que vas a hacer algo conmigo, entonces hazlo.

Mi pecho se sentía apretado.

—Entiendo.

Así como así. Lo dijo, por lo que debía hacerse. No lo obligaba a hacer nada más que cumplir con su palabra.

Y fue entonces cuando sucedió.

—Te amo, Edward. De verdad. Y quiero que estemos juntos.

Su silencio era desgarrador, y los latidos de mi corazón resonando en mis oídos amenazaban con hacerme sorda. Pero tenía que darle el beneficio.

—No lo digas, ¿de acuerdo? Solo quiero que sepas que yo... te amo.

La boca de Edward comenzó a abrirse y a cerrarse lentamente, con su mano tomando la mía mientras él la miraba fijamente. Cerré los ojos y me obligué a alejar mi ansiedad, sintiendo sus dedos trazando mi piel. Un patrón. Las líneas suaves de sus dedos jugando con el dorso de mi mano.

Como un pincel acariciando mi piel.

No necesitaba que lo dijera en voz alta. Me lo había dicho con su toque. Sus acciones, sus palabras, solidificando lo que necesitaba en mi corazón.
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viernes, 1 de enero de 2016

Feliz 2016!





Hola mis amores!

Os deseo un feliz 2016! Que todos vuestros deseos se puedan cumplir este año, que encontréis toda la felicidad y amor que se que os merecéis, y os deseo todo lo mejor para este nuevo año!

Hoy por razones obvias, no habrá más publicaciones en el blog, pero nos leemos pronto... y no olvidéis que este es vuestro hogar, y que este año nuevo que entra seguiremos al pie del cañón para todos los bonitos lectores!

Os amo!




jueves, 31 de diciembre de 2015

Los placeres de la noche * Capítulo 5

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 5

Después de que Kyrian se marchara, Amanda llamó a Tabitha y la tranquilizó, asegurándole que se
encontraba a salvo. Se dio una ducha rápida y se vistió con una sudadera y unos pantalones deportivos de Grace. Cuando ésta y los niños se retiraron para dormir, ella se sentó en el sofá con un plato de es-
paguetis.

Julian salió de la cocina y le ofreció una Coca-Cola antes de sentarse en uno de los sillones.

–Bien –dijo–, ¿por dónde empiezo?

Amanda no tuvo que pensarlo.

–Por el principio. Quiero saber exactamente qué es un Cazador Oscuro y qué son los Daimons. De

dónde vienen los apolitas y qué relación hay entre todos ellos.

Julian soltó una carcajada.

–Vas directa al grano, ¿verdad? –Mientras giraba el vaso de té helado entre las manos pareció sope-
sar la mejor forma de contestar sus preguntas–. En momentos como éste me gustaría que la Kynigos-
taia de Homero hubiese sobrevivido al paso del tiempo.

–¿Kyni qué?

Él se volvió a reír y tomó un sorbo de té.

–Recogía el nacimiento de los Kynigstosi, los Cazadores Oscuros, y podría haber respondido a la ma-
yoría de tus dudas. Narraba con detalle el nacimiento de las dos razas que una vez dominaron la tierra: los humanos y los apolitas.

Amanda asintió brevemente.

–De acuerdo. Sé de donde vienen los humanos, pero no sé nada de los apolitas.

–Hace eones, Apolo y Zeus caminaban por la ciudad de Tebas cuando, de repente, Zeus declaró la
grandeza de la raza humana y la llamó «el pináculo de la perfección terrenal». Apolo soltó un bufido y
dijo que podía mejorarse en muchos aspectos. Se jactó de poder crear fácilmente una raza superior y
Zeus lo retó a que lo hiciera. Así es que Apolo buscó una ninfa que estuviese de acuerdo en dar a luz a sus hijos.

»En tres días nacieron los primeros apolitas. Tres días más tarde esos niños habían alcanzado la ma-
durez y tres días después estaban preparados para ser los regentes de la tierra.

Amanda se limpió los labios con la servilleta.

–Entonces, los apolitas son los hijos de Apolo. Lo he pillado. ¿Y por qué algunos de ellos se convier-
ten en Daimons?

–¿Por qué no te esperas? Soy yo el que está contando la historia –le dijo Julian pacientemente, con

la misma voz que Amanda suponía que usaba con sus alumnos de la facultad–. Puesto que los apolitas nacieron con un intelecto, una belleza y una fuerza superiores a los de los humanos, Zeus los envió a vivir a la isla de la Atlántida, donde esperaba que vivieran en paz. No sé si has leído los Diálogos de Platón...

–No te ofendas, pero me pasé toda la carrera evitando las asignaturas de letras...

Julian sonrió.

–Da igual. De todos modos, la mayoría de lo que Platón escribió acerca de la Atlántida es cierto. Eran
una raza agresiva que quería dominar la tierra y, como broche final, también el Olimpo. A Apolo no le importaba ya que, una vez cumplidos sus propósitos, él se convertiría en el dios supremo.


Amanda supo a dónde llevaba todo esto.

–Apuesto a que el viejo Zeus estaba contentísimo con esa idea.

–Estaba encantado –le contestó Julian irónicamente–. Pero no tanto como los pobres griegos que es-
taban siendo abatidos por los apolitas. Los humanos se dieron cuenta de que luchar no los llevaría a
ningún sitio, por lo que idearon un plan para que Apolo cambiara de bando. Eligieron a la mujer más
hermosa nacida entre la raza humana, Ryssa y se la entregaron a Apolo como amante.

–¿Era más hermosa que Helena de Troya?

–Todo esto sucedió muchísimo antes de que Helena naciera y, sí, según las crónicas ella era la mujer
más hermosa que el mundo ha visto jamás. De cualquier forma, Apolo –siendo como es...– no pudo resistirse a Ryssa. Se enamoró de ella y, finalmente, la mujer quedó embarazada. Cuando la reina de los apolitas escuchó lo que sucedía, se enfureció tanto que envió a un grupo de asesinos para que acabaran con la vida de la madre y del niño. La reina dio instrucciones a sus hombres para que el crimen pareciera ser el ataque de un animal salvaje, de modo que Apolo no se vengara de los apolitas.
Amanda soltó un silbido e imaginó lo que ocurrió después.

–Apolo lo descubrió.

–Exacto, y no le sentó muy bien. No sé si sabrás que Apolo es también el dios de las plagas. Destru-
yó la Atlántida y hubiese destruido a todos y cada uno de sus habitantes si Artemisa no lo hubiera detenido.

–¿Y por qué lo hizo?

–Porque los apolitas eran carne y sangre de Apolo. Destruirlos hubiese significado acabar con el pro-
pio dios y eso habría supuesto el fin del mundo tal y como lo conocemos.

–¡Vaya! –exclamó Amanda con los ojos abiertos de par en par–. Qué desastre. Menos mal que lo de-
tuvo.

–Eso pensó el resto del panteón griego. Pero Apolo quería vengarse. Y lo hizo. Prohibió a los apolitas caminar bajo la luz del sol para no tener que verlos nunca más y recordar su traición. Puesto que habían intentado hacerle creer que Ryssa había sido atacada por un animal salvaje, les dio características animales: colmillos, sentidos muy desarrollados...

–¿Y la velocidad y la fuerza?

–Ya la tenían; junto con las habilidades psíquicas que Apolo no pudo quitarles.

Amanda frunció el ceño.

–Pensaba que los dioses podían hacer cualquier cosa que se les antojase. ¿No consiste en eso lo de

ser dios?

–No siempre. Tienen leyes a las que atenerse, igual que nosotros. Pero en el caso de los poderes
psíquicos es diferente; una vez ese canal se abre no puede volver a cerrarse. Por eso Apolo no pudo quitarle a Cassandra el don de la adivinación del futuro cuando ella lo rechazó. Lo que hizo fue enmarañarlo todo, de modo que nadie creyera en sus profecías.

–¡Claro!, eso tiene sentido –dijo Amanda antes de beber un sorbo de Coca-Cola–. Vale, entonces los
apolitas tienen poderes psíquicos, son muy fuertes y, además, no resisten la luz del sol. ¿Y lo de beber sangre? ¿Lo hacen o no?

–Sí. Beben sangre, pero sólo si proviene de otro apolita. De hecho, a causa de la maldición de Apolo,
están condenados a alimentarse los unos de los otros cada pocos días para no morir.

–¡Puaj! –exclamó ella arrugando la nariz–. Eso es asqueroso –dijo, temblando ante la mera idea de
tener que vivir de ese modo–. Algunos de ellos beben sangre humana, ¿no es cierto?

Julian vaciló antes de contestar.

–No exactamente. Si se convierten en Daimons, beberán de los humanos; pero no es la sangre lo
que buscan... es el alma.

Amanda alzó una ceja y sintió un escalofrío en la espalda. Kyrian no había estado bromeando en ese
aspecto. Genial.

–¿Y por qué necesitan robar nuestras almas?

–Los apolitas sólo viven veintisiete años. El día de su vigésimo séptimo aniversario mueren de forma
lenta y dolorosa; sus cuerpos se desintegran, literalmente, y se convierten en polvo en un plazo de veinticuatro horas.

En esta ocasión, Amanda hizo un gesto de dolor.

–Eso es horrible. Supongo que la moraleja de la historia es que no hay que cabrear al dios de las
plagas.

–Sí –contestó Julian sombríamente–. Para evitar su destino, la mayoría de los apolitas se suicidan el
día anterior a su cumpleaños. Otros deciden convertirse en Daimons. Como tales, burlan la sentencia de muerte apropiándose de almas humanas y manteniéndolas en sus cuerpos. En tanto las almas humanas vivan en su interior, podrán seguir existiendo. Pero el problema reside en que el alma de un humano no puede vivir mucho tiempo en el cuerpo de un apolita, y comienza a morir casi en el mismo instante en que es robada de su verdadero dueño. Como resultado, los Daimons se ven obligados a perseguir y matar humanos cada pocas semanas para poder seguir viviendo.

Amanda era incapaz de imaginarse el tormento que debía suponer ser asesinado por un apolita y
perder no sólo la vida, sino también el alma.

–¿Qué sucede con las almas que mueren?

–Están perdidas para siempre. Por eso existen los Cazadores Oscuros. Su trabajo consiste en buscar
a los Daimons y liberar las almas antes de que expiren.

–¿Y lo hacen de forma voluntaria?

–No, más bien son obligados.

Amanda lo miró, ceñuda.

–¿Obligados de qué forma?

Julian bebió otro sorbo de té y miró al suelo con una expresión extraña. Daba la sensación de estar
recordando su pasado. Algo doloroso.

–Cuando alguien sufre una horrible injusticia –explicó en voz baja–, su alma grita tan fuerte que el
sonido llega hasta el Olimpo. Si Artemisa lo escucha, se acerca a la persona que acaba de gritar y le
ofrece un trato: un solo Acto de Venganza en contra de aquellos que hicieron el mal y, a cambio, ella
obtiene un juramento de lealtad y un nuevo integrante para su ejército de Cazadores Oscuros.

Amanda respiró hondo intentando procesar toda la información.

–¿Y tú cómo sabes todo esto?

Julian alzó la cabeza y la abrasó con su intensa mirada.

–Porque mi alma gritó así el día que mis hijos murieron.

Ella tragó saliva al observar el odio y el dolor que reflejaban los ojos de Julian. Eran tan evidentes
que hasta ella se sentía embargada por el sufrimiento.

–¿Fue Artemisa hasta ti para ofrecerte el trato?

–Sí, pero la rechacé.

–¿Y por qué?

Julian apartó la mirada.

–Mi venganza iba dirigida a otro dios y sabía que ella no podía permitirlo.

Amanda sabía que Julian había estado atrapado en un pergamino, conocía muy bien su historia, pero
ahora le interesaba más Kyrian.

–Kyrian vendió su alma a cambio de poder vengarse de su esposa, ¿verdad?

Él asintió.

–Pero no lo juzgues muy duramente.

–No lo hago –le dijo ella con honestidad. No sabía qué le había ocurrido a Kyrian y, hasta que no lo
averiguara, no podía juzgarlo responsable de nada–. Dime una cosa, Julian, ¿hay algún modo de que un Cazador Oscuro recupere su alma?

–Sí, pero casi nadie lo ha conseguido. La prueba es diferente para cada uno de ellos.

–Lo que significa que no puedes decirme el modo de liberar a Kyrian.

–Lo que significa que no tengo la más remota idea de cómo liberar a Kyrian.

Amanda asintió y cambió el rumbo de sus pensamientos.

–¿Los Cazadores Oscuros también tienen que beber sangre?

–No. Puesto que en un principio eran humanos, no tienen necesidad de hacerlo. Además, si tuviesen
que preocuparse de alimentarse de ese modo, sus habilidades para detectar a los Daimons se verían
afectadas.

–¿Y entonces por qué tienen colmillos?

–Para poder detectar a los Daimons y darles muerte se les otorgaron las mismas características que
a éstos. Los colmillos van en el paquete.

Amanda no tuvo problemas en entenderlo.

–¿Por eso les resulta mortal la luz del sol?

–Más o menos. Pero en el caso de los Cazadores Oscuros es más una consecuencia de servir a Arte-
misa, que es la diosa de la luna, y de resultar abominables para Apolo.

–Pero eso no parece justo.

–Los dioses rara vez lo son.

Horas más tarde, Kyrian permanecía sentado en su coche, maldiciendo el rumbo traicionero de sus
pensamientos. Todavía podía ver a Amanda. Escuchar el sonido de su dulce y suave voz. Sentirla contra su cuerpo mientras le acariciaba el pecho.

Habían pasado siglos desde que deseara a una mujer de ese modo. Creía que esa parte de sí mismo
había quedado olvidada el día que se convirtió en un Cazador Oscuro. Según pasaban los siglos, había
ocasiones en que sentía un ligero interés por una mujer, pero había aprendido a controlarlo. A enterrarlo.

Pero todas esas necesidades, olvidadas hacía tanto, habían despertado con las caricias de una hechi-
cera que estaba resultando ser letal para su cordura. Su recuerdo lo distraía. Lo atormentaba.

La deseaba de un modo que rayaba la desesperación.

¿Por qué? ¿Qué tenía Amanda que él anhelaba tanto? No sabía nada de ella, excepto que poseía un
gran sentido del humor y que bajo su fuego se ocultaba una dulzura increíble.

Y la deseaba como jamás había deseado a una mujer. Ni siquiera a su esposa.

No tenía sentido.

Apagó el motor antes de bajarse del coche y entrar en casa. Arrojó las llaves sobre la encimera de la
cocina y se detuvo. La casa estaba en completo silencio, excepto por los sonidos que llegaban del piso
superior.

Kyrian atravesó las habitaciones oscuras y subió la escalera de caoba tallada hasta llegar a la segun-
da planta y detenerse ante la puerta de su despacho. Un haz de luz se derramaba sobre la alfombra
persa, por debajo de la puerta cerrada.

Sin hacer ruido, giró el picaporte y abrió la puerta.

–Nick, ¿qué coño estás haciendo aquí?

Lanzando una sonora maldición, su Escudero se levantó de la silla giratoria de un salto. Kyrian tuvo
que reprimir una carcajada al ver a ese hombre de un metro y noventa y dos centímetros dispuesto a
matarlo. Los ojos azules de Nick lanzaban fuego y un músculo palpitaba en su mandíbula, firmemente
apretada. El joven se mesó la melena castaña que le caía hasta los hombros.

–¡Jesús, Kyrian! ¿Es que nunca vas a aprender a hacer ruido cuando te mueves? Me has dado un
susto de muerte.

Kyrian se encogió de hombros con indiferencia.

–Pensaba que te irías a casa temprano.

Nick enderezó la silla y se sentó de nuevo, tomando impulso para colocarse de nuevo tras el escrito-
rio.

–Tenía intención de hacerlo, pero quise terminar la investigación sobre Desiderius.

Kyrian sonrió. Nick Gautier podía ser un listillo impetuoso y un coñazo la mayor parte del tiempo, pe-
ro se podía confiar en él. Por eso lo había elegido como Escudero y lo había introducido en el reino de los Cazadores Oscuros.

–¿Algo nuevo?

–Podría decirse que sí. He descubierto que tiene doscientos cincuenta años.

Sorprendido, Kyrian alzó una ceja. Que él supiera, ningún Daimon había vivido tanto.

–¿Cómo es posible?

–No lo sé. Todos los Cazadores Oscuros que van tras él acaban muertos. Parece que a tu amiguito

Daimon le gusta haceros sufrir. –Volvió a mirar el monitor–. No hay nada en la base de datos de Acheron sobre su modus operandi y cuando hablé con Ash hace ya un rato me dijo que no tenía ni idea de dónde procedía Desiderius ni de qué buscaba. Pero lo estamos investigando.

Kyrian asintió.

–¡Ah, por cierto! –dijo Nick mirándolo por encima del hombro–. Estás hecho un desastre.

–Ya lo sé, todos os empeñáis en decirme lo mismo.

Nick sonrió hasta que se fijó en la ropa de Kyrian.

–¿Por qué no llevas tu uniforme de tipo-malo-mata-Daimons?

Kyrian no estaba de humor para explicárselo.

–Hablando de eso, necesito que me compres un abrigo de cuero hoy.

La sospecha oscureció los ojos azules de Nick.

–¿Por qué?

–El viejo tiene un agujero en el hombro.

–¿Y eso?

–Me atacaron. ¿Por qué si no?

Nick no pareció muy contento con las noticias.

–¿Estás bien?

–¿Qué aspecto tengo?

–Horrible.

No había modo de esconderse de Nick.

–Estoy bien. ¿Por qué no te vas a una de las habitaciones de invitados a dormir? Ya son las cuatro
de la madrugada.

–Dentro de un rato. Primero quiero dejar esto acabado. Además, estoy a punto de descubrir qué hizo
Sundown para cabrear a Ash.

Kyrian escuchó el sonido que avisaba a Nick de que tenía un nuevo mensaje en el ordenador.

–Dile a Jess que deje de burlarse de Ash si no quiere acabar chamuscado.

Nick frunció el ceño.

–¿Jess?

–El verdadero nombre de Sundown es William Jessup Brady. Creía que lo sabías.

Nick soltó una carcajada.

–Joder, no. Pero conozco a unos cuantos escuderos que pagarían bastante por saberlo –dijo con una
mirada especulativa–. Rogue tampoco es el verdadero nombre de Rogue, ¿verdad?

–No. Se llama Christopher «Kit» Baughy.

Nick soltó una risilla satisfecha.

–Eso sí que me reportaría serios beneficios.

–No –le corrigió Kyrian–. Eso te reportaría una buena patada en el culo si Rogue descubre que lo sa-
bes.

–Tú ganas. Lo guardaré en el archivador de chantajes, para cuando necesite que un Cazador Oscuro
me haga un favor.

Kyrian meneó la cabeza. El chico era incorregible.

–Hasta la noche.

–Vale, que descanses.

Kyrian cerró la puerta y cruzó el largo pasillo que llevaba hasta su cuarto. La enorme y suntuosa ha-
bitación, de colores oscuros y relajantes que no herían los ojos, le dio la bienvenida. Nick había encendido las tres velas del pequeño candelabro de pared y el suave resplandor creaba sombras sobre el papel color borgoña.

Esa estancia era el santuario donde Kyrian se ocultaba de la luz del día.

Había ordenado que sellaran las ventanas y las cubrieran tan pronto como compró la antigua casa
colonial de estilo neoclásico. Ningún Cazador Oscuro dormiría en un lugar donde el sol pudiera penetrar accidentalmente.

Se quitó la ropa y se tumbó en la enorme cama en la que dormía desde el siglo XIV, pero su mente
insistía en seguir dándole vueltas a sus tribulaciones.

Desiderius le había dado esquinazo y, durante los próximos días, estaría fuera de su alcance.

Joder.

No podía hacer nada. Excepto esperar y estar preparado en el momento en que Desiderius emergie-
ra. Al menos estaba tranquilo porque sabía que el Daimon iría primero a por él. Eso le daría algo más de tiempo para mantener a salvo a Amanda y a Tabitha.

Amanda.

El nombre flotaba en su mente, junto con el recuerdo de sus brillantes ojos azules. La entrepierna se
le tensó al instante bajo las frescas sábanas de seda. Gruñó al sentir el dolor del deseo no saciado.

–No es mía –murmuró.

Y, por todos los dioses del Olimpo, jamás lo sería, sin importar lo mucho que lo deseara su destroza-
do corazón.




miércoles, 30 de diciembre de 2015

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 27

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 27: Una nueva semana. Relatado por Bella

Cuando comí Edward y yo recogimos la cocina y subimos a nuestro dormitorio

-¿Cómo estas cariño? ¿Estas cansada?.- me pregunto Edward sentándose a mi lado en el sillón que teníamos en el dormitorio

-No, hoy no estoy cansada.- le conteste quitandome los zapatos para subir los pies al sofá

-Pues yo si fuera humano si estaría, hemos estado toda la mañana de junta con los casos que hay y varios que han llegado nuevos.- me siguió hablando

-¿Y esta tarde que es lo que tenéis que hacer?.- le pregunte mirándolo

-Pues vamos a recibir a un cliente que nos va a nombrar abogados de sus empresas

-Edward hora de irnos.- grito Emmett desde la planta de abajo

-Voy .- le contesto Edward a Emmett mientras yo me ponía los zapatos y bajamos a reunirnos con los demás.

Jasper, Emmett y Edward se despidieron y se marcharon a la oficina, mientras que Carlisle se despedia de nosotras también y se iba a su despacho

-Bueno creo que debemos de ponernos con las flores para dejarlo todo listo¿ no creéis?.- nos dijo Alice poniendo flores y catálogos sobre la mesa del comedor

-Si claro.- Contestamos Esme, Rosalie y yo sentándonos con Alice en la mesa

Vimos muchas combinaciones distintas de colores y olores y de cómo ponerlas. Decantandonos finalmente con orquideas rosas con pillanovias para los centros de las mesas en unos jarrones ovalados y con rosas champán  y orquideas rosas y blancas para el altar y el resto de la decoración del lugar en el que se iba a celebrar la ceremonia

EDWARD POV

-Edward se te nota tenso ¿es que tienes problemas con Bella?.- me pregunto Jasper examinando mi mirada, mientras íbamos hacia la oficina

-No tengo problemas con Bella, todo va bien

-Entonces ¿estas tenso por la boda?.- me pregunto Jasper a la vez que llegábamos a la oficina

-Tendrá miedo de que Bella lo deje plantado en el altar.- nos dijo Emmett riéndose sonoramente entrando a la oficina

-Emmett guardate las bromitas ¿si?.- le dije comenzando a enfadarme con el

-Vale, hermanito tranquilo, no te gasto mas bromas

-Bien, haber si es verdad.- le dije estando ya en la sala de juntas

-Entonces Edward ¿nos vas a decir porque estas tenso para ver si te podemos ayudar o no?.- me dijo Jasper sentándose junto a mi

-Lo siento pero me da vergüenza decir lo que me tiene tenso ¿vale?

-Yo ya se lo que te tiene tenso, que Bella y tu estáis en abstinencia, sequia….como tu quieras decirle hermanito ¿verdad?.- me dijo Emmett sentándose a mi lado y dandome una palmadita en el hombre

-Pues si es eso, pero es porque cuando nos vamos al dormitorio se ve tan cansada que temo que  me rechace.- les dije sin mirarlos

-Pues hermanito yo cuando me tenso porque Rose me castiga sin sexo me meto en la ducha…- comenzo a decirme Emmett.

-Emmett ya he probado el agua fría y no funciona, además con la poca ropa con la que duerme no ayuda mucho a que me relaje y no piense

-No es agua fría lo que te iba a decir, lo que te decía es que me meto en la ducha y me imagino con Rose, con sus manos por mi cuerpo….

-Vale Emmett no necesito mas detalle, ni mas imágenes.- le dije viendo en su mente como hacia hasta llegar al climax

-Edward yo no he tenido que recurrir a eso que dice Emmett, ya que Alice siempre sabe cuando quiero estar con ella y mi don ayuda mucho a que no se niegue, pero es una buena idea con tal de que no estés tan tenso.- me dijo Jasper mirándome

-Bueno ya veremos que hago, ahora vamos a trabajar que ya es casi la hora de irse

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Nos llevo toda la tarde elegir las flores.
Así que cuando terminamos comí un poco de fruta para que cuando llegara Edward hubiera echo la digestión para poder ducharme y evitar que sucediera la visión de Alice, ya que estando yo el no tenia que recurrir a nada.
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Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)
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