Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 12 de agosto de 2011

Hambrientos de Deseo * Epílogo

Adaptación




EPÍLOGO:


A pesar de que la novia y la dama de honor sólo tuvieron unos días para prepararse, fue una boda tan bella que pareció un cuento de hadas. La ceremonia y la recepción posterior se celebraron en el callejón de los Cazadores, como indicaba la tradición del clan de Jacob. Por suerte para todos, no llovió; y para compensar el frío del otoño, encendieron unas cuantas hogueras.

Renesmee estaba radiante con el vestido de color marfil que Emily le había comprado en Covington. Y Embry Call llegó a tiempo de participar en la ceremonia; de hecho, fue quien entregó la novia al novio.

Un rato después, mientras su flamante esposa charlaba con Seth, Jacob mantenía una tranquila conversación con el miembro de la Liga de los Ancianos.

—Ha llegado el momento de que tengas a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más —dijo Embry—. No confíes en nadie. Es una situación peligrosa.

—Tiene que ser alguien de la Liga.

Embry suspiró.

—Sea quien sea, sé que lo encontrarás.

—Por supuesto que sí.

Jacob se quitó de encima la tensión y sonrió a su amigo. El día siguiente a la muerte de James, los Cazadores habían decidido que uno de ellos se uniría a los Crestas Plateadas para descubrir al traidor desde dentro.

—Ha llegado la hora de anunciarlo —continuó.

—Esto va a ser divertido —dijo Embry, sonriendo.

Jacob se puso en pie, alcanzó una cucharilla y golpeó su copa de cristal, con cuidado de no romperla porque era de la vajilla preferida de su madre.

—¡Escuchadme un momento, por favor! Tengo el honor y el privilegio de anunciar que la Liga de los Ancianos ha aprobado el ingreso de nuestro querido Seth Clerwater en el clan de los Crestas Plateadas.

Como ya imaginaba, todos los presentes se quedaron en silencio. Sólo se oía el sonido de la brisa.

—Y ahora, brindemos por él —añadió, alzando la copa—. Por Seth, un hombre más valiente que yo.

Todos los invitados rompieron a aplaudir y alzaron sus copas en honor a Seth, que sonrió a regañadientes. Todos, menos uno. Porque Jacob vio que una rubia solitaria se daba la vuelta y desaparecía en las sombras del bosque.

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Hola mis dulces lectores! Pues esta adaptación ya ha llegado a su fin... espero que os haya gustado, tanto como a mi :)
Espero vuestros comentarios!! Os amo!!

viernes, 5 de agosto de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 13

Adaptación




En este capítulo hay algo de lemmon, así que estaís avisadas! ;)

CAPÍTULO 13:

Con el corazón en un puño, Renesmee miró al hombre que amaba y al individuo que había convertido sus vidas en un infierno. Sara la tomó de la mano y se la apretó con fuerza, mientras Billy permanecía al lado de su esposa, con Carlisle.
Justo entonces, Jacob se transformó. Dejó de ser el hombre que conocía y se convirtió en algo extraño, en un ser de musculatura asombrosa, con el pecho cubierto de pelo, garras en el lugar de sus manos y cabeza de lobo. Lo único que no cambió fueron sus piernas y su cintura.
Renesmee pensó que debería sentirse horrorizada, pero no fue así. Jacob giró la cabeza y la miró con aquellos ojos demoníacos, en cuyo fondo vio un brillo de amor.
En ese momento, supo que había cometido un error al temerlo. Aquel hombre lobo era Jacob, el hombre que amaba, y le seguía pareciendo tan bello como siempre. De haber podido, habría corrido hacia él, lo habría abrazado y le habría pedido perdón por insinuar que era un monstruo.
Los dos hombres lobo empezaron a luchar, soltando zarpazos y gruñidos. Jacob golpeó a James en primer lugar, pero éste contraatacó con un golpe tan fuerte a su cabeza que empezó a echar sangre por la nariz.
Los dos combatientes se separaron un poco, moviéndose como si fueran boxeadores, con una rapidez asombrosa para su tamaño.
—¡Acaba deprisa con él, Jake! —exclamó Seth.
—Sí, dale una buena lección a ese idiota —dijo Carlisle—. Merece todo el dolor que le puedas causar.
Intercambiaron una serie de golpes que a Renesmee le parecieron extrañamente bellos a pesar de la violencia. Se mordían, se arañaban, llenaban el ambiente con el calor que irradiaban sus cuerpos.
Hasta ese instante, no había entendido el poder del mal. Ahora lo entendía perfectamente, y le pareció increíble que Jacob tuviera la valentía y la fuerza de voluntad necesarias para asumir y utilizar toda aquella maldad sin perder su alma en el intento.
La pelea se volvió aún más feroz. Jacob dio un golpe a James que lo hizo tambalearse, pero su enemigo se recuperó y le soltó un zarpazo al pecho.
—Vamos, Jake… —murmuró Renesmee.
James había tomado la iniciativa. Cada vez atacaba con más brutalidad y con más rapidez.
Parecía imposible de derrotar.
Y el miedo la dominó.


Jacob recibió un golpe en la cabeza que estuvo a punto de dejarlo sin sentido. Sabía que estaba perdiendo, pero la promesa de un futuro con Renesmee lo mantenía en pie y dispuesto a resistir.
Entonces, James le pegó una dentellada en el hombro; el festín que se había dado con la pobre Irina le había dado tanta fuerza que ahora resultaba casi imbatible. Antes de que Jacob se pudiera recuperar del mordisco, su adversario le pegó otro golpe en la cabeza y lo derribó.
—Levántate, idiota —se dijo a sí mismo.
Sacudió la cabeza e intentó levantarse. Estaba tan desorientado que oyó voces y no entendió nada; sonaban muy distantes, como en el agua. Pero al reconocer la de Renesmee, reaccionó.
—¡Golpea, Jacob! —gritaba ella—. ¡Maldita sea, no te atrevas a morir! ¡Tienes que pelear! ¡Tienes que luchar! ¡Te amo, Jacob! ¡Te amo!
—Renesmee…
Alzó la cabeza y se giró hacia la mujer que amaba. Cuando sus miradas se encontraron, sintió que sus fuerzas renacían. En ese momento, se sintió prácticamente invencible.
—Prepárate para morir —dijo James a su espalda.
Jacob se lanzó sobre James con tanta furia que éste empezó a retroceder y a defenderse de los golpes como podía, sorprendido por su empuje; pero Jacob era tan fuerte y tan rápido que no sirvió de nada: un segundo después, Jacob le pegó en la cabeza con tanta ferocidad que le hundió el cráneo.
James seguía con vida, aunque no por mucho tiempo. Jacob se acercó y le puso una bota sobre el pecho.
—No puedes detenerme, Black… Encontrarás más cadáveres de pelirrojas. Esto no va a terminar.
—Terminará. Muy pronto.
—Da igual que me mates. Habrá más asesinatos, más licántropos como yo. En este rompecabezas hay muchas piezas que ni siquiera alcanzas a imaginar. Pero ha sido tan divertido… sabía que te volverías loco si raptaba a tu humana —declaró—. No puedes ganar, Black.
—Ya he ganado. Tu tiempo se acaba.
—Mi muerte sólo será el principio. No sabes contra quién luchas. Cuando actúen, morirás. Tú y todos tus amigos moriréis.
—No si ellos mueren antes.
Jacob se inclinó, agarró la cabeza de James y terminó el desafío.
Acababa de soltar la cabeza de su enemigo cuando Renesmee corrió hacia él y se lanzó a sus brazos. Jacob se quedó completamente sorprendido. Lo estaba abrazando a pesar de su forma de lobo, sin importarle en absoluto, aceptando lo que era.
Jacob respiró hondo, recobró su forma humana y la abrazó con fuerza. Después, miró a Seth y dijo:
—Te regalaré una caja entera de botellas de whisky si te llevas a Riley a casa.
Su compañero sonrió.
—Eso está hecho, amigo.
Jacob saludó con la cabeza a sus padres y a sus compañeros y salió de la cueva llevando a Renesmee en brazos.
—Jacob… —dijo ella—. ¿Estás seguro de que puedes cargar conmigo? Después de lo que ha pasado, te dolerá todo el cuerpo…
Él la besó en la frente.
—No siento tu peso, cariño.
Jacob fue sincero. No sentía su peso. Por primera vez en muchos años, su corazón estaba en paz. Habían sobrevivido al mal y se sentía el hombre más feliz del mundo.
—Lo que dije antes, lo decía en serio, Jacob. Te amo. Y me siento tan orgullosa de ti… Pero ¿adónde me llevas?
—A casa. ¿Adónde si no? Te meteré en la cama y no me separaré de ti en siete días.
Ella le acarició el cuello.
—Eso suena bien —dijo—. ¿Sellaremos el pacto de sangre?
Jacob miró su boca.
—¿No tienes miedo de que te duela?
—No tengo miedo de nada. Eres lo más maravilloso que me ha ocurrido nunca. Sé que no me harías daño.
—Renesmee, siento haber sido tan estúpido —murmuró—. Tenía miedo de lo que sentía; pero luego, al darme cuenta de que podía perderte… comprendí que te amaba, que me había enamorado de ti en cuanto te vi en aquel restaurante, y que no podía ni quería hacer nada por evitarlo.
—¿Sabes? Cuando te he dicho que quería sellar el pacto de sangre en la cueva, no lo he dicho únicamente porque fuera útil para vencer a James. Lo deseaba y lo sigo deseando.
—Y yo, lo deseo y lo necesito —dijo él.
—Yo también lo necesito, Jacob.
Renesmee le besó la mandíbula. Después, ladeó la cabeza, se apartó el cabello con manos temblorosas y le ofreció el cuello para que la mordiera.
Jacob admiró su garganta y la vena que latía en su frágil piel. Le pareció lo más bello del mundo, lo más tentador.
Su parte humana quería esperar a que llegaran a la cabaña, pero su parte de lobo no podía esperar más tiempo.
—Renesmee… —murmuró contra su sien—. No puedo esperar más.
—Ni yo quiero que esperes, Jake.
—¿Sabes cómo he vencido esta noche, Ness?
—No has vencido. Le has dado una verdadera paliza —dijo ella, sonriendo.
—He vencido porque pensaba en ti, en todo lo que quiero de ti, en la vida que tendremos. Pensaba en lo mucho que te amo, y me arrepentía de no haberte explicado antes lo del pacto… y cuando he oído tu voz, me ha dado tantas fuerzas que he sabido que no podía perder.
—Jacob…
Jacob la besó en la boca.
—Te amo, Ness. Mi parte humana y mi parte de lobo están loca y totalmente enamoradas de ti. Eres una mujer preciosa y perfecta, por dentro y fuera. Sé que mereces algo más que una pesadilla en un bosque, pero no puedo esperar…
Jacob se inclinó sobre su cuello y le acarició la piel con los colmillos.
—¿Crees que no he esperado ya bastante? —alegó ella.
—Necesitaba saber si serías capaz de soportarlo —se explicó—. Tenía que estar seguro antes de ofrecértelo.
Renesmee suspiró.
—Jacob… Eres el hombre más atractivo que he conocido nunca. Como humano y como lobo.
Jacob gimió, la dejó en el suelo y la abrazó. Ella se estremeció al sentir que bajaba la cabeza y le lamía la garganta. Un segundo después, incapaz de contenerse, le hundió los colmillos en la carne.
Renesmee soltó un gemido de excitación. Él llevó una mano a su cintura y la otra, a uno de sus senos, que acarició suavemente. El sabor de su sangre era tan maravilloso que bebió de ella tanto como pudo; después, se apartó de su cuello y tocó las dos marcas con dulzura.
—Te amo. Te amaré siempre, Renesmee.
Ella soltó un gemido de satisfacción y dijo:
—Es tan perfecto…
—Lo es.
Jacob la besó en el cuello y supo que debían llegar a la cabaña antes de que fuera tarde, porque la deseaba tanto que era capaz de hacerle el amor allí mismo, en pleno bosque.
Cuando llegaron a la cabaña, la llevó directamente al cuarto de baño y se metieron en la ducha. Quería borrar todas las huellas de la pesadilla que acababan de vivir.
Sólo después, se tumbó con ella en la cama y la cubrió con el calor de su cuerpo.


Renesmee gimió de placer cuando Jacob le besó un pecho y se introdujo el pezón en la boca, succionándolo de tal manera que la hizo estremecer. Él rió, se cambió al otro pecho, repitió la operación y le introdujo las manos entre los muslos. Ella cerró los ojos con fuerza y vio destellos brillantes.
—Sabes tan bien que no pareces real —murmuró Jacob—. No me canso nunca de ti.
—Sigue, por favor, sigue…
—Quiero sentirte, probarte… vamos, Ness. Dame tu placer, dámelo.
Renesmee no habría podido contener el clímax aunque hubiera sido su intención. Unos momentos después, sintió una oleada de pequeños y preciosos orgasmos, tan intensos que se arqueó contra él y gritó su nombre.
—¡Jacob!
Se quedó completamente agotada, rendida.
—Vaya… ha sido increíble. Perdona que te lo diga, pero dudo que puedas superarlo —bromeó.
Jacob sonrió con malicia y la besó nuevamente.
—Eso ya lo veremos. Pero dime una cosa, Ness… ¿cómo es posible que me sienta así contigo? ¿Cómo consigues hacerlo?
—Lo consigo porque tú tienes el mismo efecto en mí. Y pensar que hasta hace poco creía que no encontraría al hombre de mis sueños… Me convencí de que sólo existía en mis fantasías; tal vez, porque era más seguro de esa forma. Y no me di cuenta de que sólo te estaba esperando a ti… Los sueños no son sino una forma de pasar el tiempo hasta que encontramos a la persona adecuada. Y quiero que sepas que tú eres mejor que cualquiera de mis sueños.
Jacob sonrió, emocionado.
—¿Te he dicho ya que te amo, Ness?
La miró con cara de lobo, se apoyó en un brazo, la miró a los ojos y la penetró con fuerza.
—Esta vez va a ser más salvaje —le advirtió.
Jacob cumplió su palabra. Fue aumentando el placer de Renesmee hasta que ella empezó a gritar y se rindió nuevamente. Pero la noche sólo había empezado. Hicieron el amor una y otra vez, investigando cada ángulo, rodando sobre la cama, manteniendo una batalla interminable que sólo terminó cuando quedaron completamente exhaustos.
Entonces, ella se apretó contra él y murmuró:
—Abrázame.
Jacob la abrazó y besó las marcas que le había hecho en el cuello.
—Siempre —dijo.


El chillido de un halcón lo despertó. O tal vez fue algún tipo de alarma interna al notar que su compañera ya no estaba en la cama con él. Fuera como fuera, Jacob se levantó inmediatamente, se puso los pantalones y caminó hacia la puerta.
La encontró en la cocina, tomándose un helado de chocolate.
—Ah, estás aquí… ¿quieres un poco?
Jacob se acercó y abrió la boca. Renesmee le dio un poco. Sabía muy dulce.
—¿Has tenido otra pesadilla?
—No, es que tenía hambre. Supongo que tanto ejercicio físico me ha abierto el apetito —confesó—. Además, dudo que vuelva a tener pesadillas, Jake. Eso es agua pasada. Gracias a ti.
Jacob metió un dedo en el helado y se lo puso en un hombro.
—En ese caso, cariño mío —dijo—, creo que debemos celebrarlo.


—Eres un demonio —dijo ella, mientras Jacob la lamía—. ¡No puedo creer que lo hayas hecho!
Jaocb levantó la cabeza de su entrepierna, con las manos cerradas sobre sus muslos, y la volvió a lamer.
—¿Tienes alguna queja al respecto?
Ella entrecerró los ojos y sonrió.
—No, en absoluto… Cuando te conocí, debería haber supuesto que eras el diablo en persona.
—No lo sabes tú bien.
Jacob le lamió una oreja y se apretó contra ella. La fuerza de su erección era evidente.
—Y además, eres insaciable…
—Desde luego.
—Y un pervertido.
—Ciertamente.
—Y delicioso…
—Tú sí que eres deliciosa.
Jacob le puso un poco de helado en un pezón y se lo lamió. Renesmee
arqueó la espalda, estremecida.
—Alcanza el bol —ordenó él, momentos después.
Jacob puso las manos en su trasero, la encaramó a la encimera de la cocina y la penetró.
Pasaron la noche dándose placer y descubriendo que el helado era mucho más dulce cuando se disfrutaba entre dos. A la mañana siguiente, cuando despertaron, el sol ya estaba alto en el horizonte.
Renesmee miró el reloj e intentó ver la hora, pero no pudo.
—¿Qué hora es? —preguntó él.
—Como si yo lo supiera… —respondió entre risas—. Me temo que, sin las gafas, no veo nada.
—¿No has tenido pesadillas?
—Ni una. Creo que he encontrado una cura perfecta para mis males —respondió con malicia.
Jacob la abrazó.
—Me gusta cómo suena eso. Pero dime una cosa, ¿qué te parece si pasamos el día juntos, haciendo planes?
—¿Haciendo planes?
—Sí, planes de boda.
—¿De boda?
Renesmee se sobresaltó tanto que se sentó en la cama.
—Te amo, Ness. Desde el punto de vista de los licántropos, ya estamos casados. Pero quiero ofrecerte una boda humana, cariño. Quiero verte con un vestido blanco, el pelo sobre los hombros y un ramo de flores. No me lo perdería por nada del mundo —afirmó—. ¿Y bien? ¿Qué dices?
—¿Qué quieres que diga? ¡Sí! ¡Sí, sí, sí! —exclamó, riendo de júbilo.
—Menos mal… —dijo él, aliviado—. ¿Nos casamos este fin de semana?
—¿Este fin de semana? Eso es imposible… No podemos planear una boda en cuatro días. Necesitamos cuatro semanas como poco.
—No voy a esperar semanas para hacerte mi esposa.
—Jacob, no podemos organizar la boda en menos tiempo.
—Eso ya lo veremos.
Jacob la abrazó con fuerza y la besó.
Cuatro días después, se habían casado.

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Hola mis dulces lectores!! Quería decir que muchas de vosotras me habeís pedido que hiciera un maratón de este fic, y la razón de que no lo he hecho, es que quedaban poco capítulo....
Este capítulo ya es el último, solo queda el epilogo.
Espero que dejeís comentarios!! OsAmo!!


 
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viernes, 29 de julio de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 12

Adaptación



CAPÍTULO 12:

Tic, tac; tic, tac.

Renesmee observó las manecillas del reloj moderno que colgaba de la pared. El tiempo pasaba tan despacio que no lo podía soportar. La espera la estaba destrozando. Jacob llevaba varias horas fuera de casa y su miedo y su preocupación aumentaban exponencialmente.
Se había sentado en el sofá de cuero del sótano, con Riley en el extremo opuesto. Pensaba en lo todo lo que había pasado durante los días anteriores e intentaba encontrar respuestas, sin éxito.
Justo entonces, se oyó el teléfono. Seth apareció en cuestión de segundos.
—Es para ti, Riley.
—¿Para mí? —preguntó el joven, extrañado.
Seth se encogió de hombros y le dio el teléfono inalámbrico.
—Es una chica. No sé cómo te ha encontrado, pero parece bastante desesperada. Creo que deberías hablar con ella.
Riley se alejó un poco y contestó la llamada. Renesmee decidió aprovechar la ocasión para ir a buscar una aspirina, así que se levantó del sofá y caminó hacia la puerta. En ese momento, oyó un golpe seco a su espalda y se giró. Seth estaba tendido en el suelo, con una herida en la cabeza. Riley se encontraba junto a él, y el teléfono estaba manchado de sangre.
—¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha pasado? —preguntó.
Se acercó a Seth y se arrodilló junto a él.
—Se recuperará —afirmó Riley—. No le he pegado demasiado fuerte… sólo lo justo para que pierda el sentido.
—¿Cómo sabes que se recuperará? ¡Lo has golpeado en la cabeza, Riley!
Riley se acercó a la cama, recogió la camiseta que Jacob le había prestado y se la puso. A continuación, se limpió las manos en las perneras de los pantalones y se giró hacia ella. Estaba muy pálido.
—Tienes que venir conmigo, Renesmee.
—¿Qué diablos te pasa, Riley? ¿Con quién has hablado?
Ella quiso alcanzar el móvil de Seth, que llevaba en la cintura, pero el joven se le adelantó y lo arrojó contra una pared, destrozándolo.
—¡No puedes llamar a Jacob! —exclamó—. ¡No puedes llamar a nadie!
Renesmee tomó aire e intentó mantener la calma.
—¿Por qué haces esto? ¿Quién te ha llamado? ¿James?
—Era Irina. James la ha secuestrado a ella y a la madre de Jacob.
—Oh, Dios mío… Pero ¿qué has hecho, Riley? Si eso es cierto, Seth nos podría haber ayudado…
—¡No! Tú no lo entiendes. Me ha dicho que las matarán a las dos si no vamos ahora mismo. Solos.
—Yo no pienso ir a ninguna parte.
Renesmee reaccionó rápidamente e intentó alcanzar el teléfono inalámbrico, que Riley había dejado sobre la cama. Sin embargo, el adolescente la atrapó con suma facilidad.
—Por favor, Renesmee —le rogó—. No quiero hacerte daño. Te estoy diciendo la verdad.
—¿Estás seguro de que era Irina? Podría ser una trampa.
—Estoy seguro. Y me ha pedido que te diga que también tiene el medallón con las fotos… ¿A qué se refería?
—Oh, esto no puede ser verdad… —declaró ella, desesperada—. Se refiere al medallón de Sara Black, que lleva dentro las fotografías de sus dos hijos. Tenemos que esperar a Jacob y a sus compañeros. No podemos ir solos.
—No, no, tenemos que marcharnos. No puedo dejar a Irina con ese hombre.
—Riley…
Renesmee sabía que no podría convencer al joven. Sólo esperaba que Jacob volviera a tiempo de ayudar a Seth; suponía que la herida de la frente no sería peligrosa para un hombre lobo, pero odiaba la idea de dejarlo allí, solo, tendido en el suelo.
—Está bien, Riley, de acuerdo. Te acompañaré.
Riley la agarró de la muñeca.
—Pues vamos. Démonos prisa.
Salieron de la cabaña. El cielo se había cubierto, bloqueando los rayos del sol de la tarde.
Renesmee sintió un frío repentino y se frotó los brazos. Había salido tan deprisa que ni siquiera se había podido poner una chaqueta, y el jersey que llevaba era demasiado fino.
Sabía que Riley no le haría daño, pero también sabía que James no la dejaría escapar bajo ningún concepto. Las utilizaría a Sara y a ella para atraer a Jacob a una trampa, y luego la obligaría a contemplar la muerte del hombre del que se había enamorado.
Jacob era más fuerte que James y, en circunstancias normales, habría acabado con él con cierta facilidad; pero James no jugaba limpio. Y en cuanto a Riley, era evidente que tampoco lo dejaría marchar.
—¿Les has mentido, Riley? —preguntó mientras se internaban en el bosque.
—¿Cómo?
—¿Has mentido a Jacob y a sus compañeros con lo de tu pesadilla? Dime la verdad, por favor.
—¿Crees que mentiría a Jacob? —preguntó, mirándola fijamente.
—¿Serías capaz?
—No. Por Dios, Renesmee… no tengo ningún deseo de que James se salga con la suya, pero no me ha dejado elección.
—Riley, sé que estás asustado, pero necesito que me lo cuentes todo. No puedo ayudarte si no me lo cuentas.
—¿Ayudarme? Dios, Renesmee, eres la única persona que conozco que ofrecería ayuda al tipo que acaba de secuestrarla.
—Porque sé que no me harás daño, Riley. Y si quieres que salgamos de ésta, tendremos que trabajar juntos.
—No pierdas el tiempo conmigo. Ambos sabemos con seguridad que Jacob me matará cuando me encuentre.
—Riley, deberías haber confiado en ellos. Te habrían ayudado.
El chico la miró con expresión de angustia, casi a punto de llorar.
—Eso ya no importa. Tengo que hacer algo… no puedo permitir que hagan daño a Irina. James la ha encontrado por mi culpa, y sacarla de allí es responsabilidad mía.
Renesmee no intentó huir de nuevo. Las cosas se habían puesto muy feas, pero no estaba dispuesta a abandonar al joven. Además, las vidas de Irina y de Sara estaban en juego.
—En eso te equivocas. También es cosa mía, Riley. No estás solo.


Antes de que Jacob pudiera llegar a la cara sur de Fiat Rock, Charlie lo llamó por teléfono para informarlo de que habían encontrado restos humanos en una cueva de la cara norte. Jacob subió al todoterreno y se reunió con sus compañeros; después, dedicaron varias horas a seguir el olor que habían dejado los asesinos, pero el viento soplaba con fuerza y dificultaba la tarea.
Como tenían que avanzar en silencio, quitó el sonido al teléfono y lo puso en modo de vibrar. De hecho, se pegó un buen susto cuando el aparato empezó a moverse en su bolsillo.
—¿Dígame?
—¿Sabes cómo consigo reunir a mis seguidores, Black? Les robo hasta su último resto de humanidad, tiento a la bestia que llevan dentro y me los gano con un asesinato. En cuanto prueban la carne humana, se quedan tan enganchados como un adicto a la heroína. Es una sensación maravillosa. No tienen ni la menor opción frente a mí… y tú tampoco la tendrás.
—¿Quieres apostar algo?
—Por supuesto; te acepto la apuesta que quieras. Pero me temo que tienes muy pocas posibilidades.
Jacob notó que algo iba mal.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de ella? Esa cabellera roja —continuó James—. ¿Tiene el pelo de ese color en todas partes? No, no me lo digas. Prefiero descubrirlo personalmente. Seguro que sabe a fresas…
—No sé qué estás tramando, pero no me voy a tragar el farol.
—Lo harás. Ya lo creo que lo harás —murmuró el hombre lobo—. Hasta pronto, Black.
La comunicación se cortó y Jacob se detuvo en mitad del bosque, paralizado. Sentía una angustia que no lo dejaba respirar, pero reaccionó enseguida, llamó a los otros y les ordenó que se reunieran con él junto al todoterreno. Pocos minutos después, conducían hacia la cabaña a toda velocidad.
Poco antes de llegar al callejón, llamó al teléfono de la casa y al móvil de Seth, pero nadie respondía. En cuanto se detuvieron, salió del vehículo y corrió hacia la entrada.
—¡Renesmee! ¡Seth! —exclamó.
No había signos de lucha en ninguna parte, pero ni Renesmee ni Seth estaban allí. Bajó al sótano a toda prisa y encontró a su amigo en el suelo, con una herida en la frente y un charco de sangre bajo la cabeza.
—¡Dios mío! ¡Seth, despierta! ¿Dónde está Renesmee?
Seth gimió y abrió los ojos.
—¿Jake? Oh, no… tengo que encontrarla…
—¿Qué ha pasado?
—Llamaron a Riley… por teléfono. Era una chica. No sé quién…
—Habla, Seth…
—Me golpeó por la espalda. No recuerdo más.
—Tiene que haber sido James; es la única explicación —dijo Jacob—. ¿Tienes idea de adonde han podido ir?
—Ojalá la tuviera, Jake, pero Riley sólo estuvo unos segundos al teléfono y luego me atacó.
Carlisle apareció en la puerta.
—Espero que tuvieras el buen juicio de sellar el pacto de sangre con ella, Black —declaró el irlandés—. Ya no llueve, pero su olor se habrá disipado. El vínculo que se establece con el pacto de sangre podría ser la única forma de encontrarla.
—¿De qué diablos estás hablando, Carlisle? —bramó Jacob—, Tenía entendido que sólo funcionaba con emociones o sentimientos.
Carlisle asintió.
—Sí, pero hay licántropos que afirman que también sirve para localizar físicamente a alguien. Por lo visto, deja una especie de señal que se puede captar como si fuera una emisión de radio… así que tranquilízate y concéntrate en ella. Seguro que sabes dónde está.
Jacob se sintió avergonzado y culpable por no haberlo hecho.
—Vamos, Jake, usa el vínculo —insistió Carlisle.
—Yo… no puedo.
—¿Qué quieres decir con que no puedes? —preguntó Charlie, de pie junto a su compañero—. No me digas que todavía no has establecido el vínculo… ¿Cómo es posible? ¿James la estaba persiguiendo y no te uniste a ella?
—Claro que no lo ha hecho. Estaba demasiado asustado… ¿verdad, Jacob?
La voz que sonó no era la de Charlie ni la de Carlisle, sino la de Billy Black, que acababa de aparecer en la escalera. Tenía sangre en la cabeza y su jersey estaba desgarrado.
Jacob lo miró con incredulidad.
—¿Qué te ha ocurrido? ¿Dónde está mamá?
—Sospecho que en el mismo lugar donde tienen a Renesmee —contestó—. ¿Me acompañas? Tenemos que salvarlas.
—¿Sabes dónde están?
—Por suerte, yo no tengo miedo de seguir los dictados de mi corazón —afirmó su padre—. ¡Por supuesto que sé dónde están!
Jacob se pasó una mano por el pelo, intentando mantener la calma.
—¿Vas a decirme lo que ha pasado? ¿O a seguir gritando?
—Tu madre quería darle unas cosas a Renesmee, de modo que decidimos volver a la cabaña. Alguien disparó a las ruedas de mi coche y nos salimos del camino… Yo quedé atrapado e inconsciente, y cuando desperté, se habían llevado a Sara. Pero basta de preguntas. ¡Tenemos que ir a buscarlas!
—¿Y dónde están?
—Te lo diré en cuanto alguien me traiga un mapa.
—Traeré el que tienes en el todoterreno —dijo Charlie.
Jacob ayudó a Seth a levantarse. Charlie volvió enseguida con el mapa, que extendió sobre la cama del sótano. Billy empezó a buscar la localización, y no tardó demasiado.
—Aquí, aquí es… aquí es donde las tienen.
—Caramba —dijo Seth—, ya me habían dicho que los pactos de sangre se pueden usar para localizar a una persona, pero nunca lo habría creído…
—Pues funciona —afirmó Billy.
Jacob miró a Seth y preguntó:
—¿Te sientes con fuerzas para acompañarnos?
—Intenta detenerme si puedes.
—Entonces, vámonos.
—Podemos ir en coche hasta las cercanías, pero el último tramo lo tendremos que hacer a pie —comentó Billy.
—Me da igual cómo lleguemos —dijo Jacob, que ya se dirigía a la salida—. Siempre y cuando lleguemos a tiempo.


La brisa soplaba suavemente entre los árboles, como un susurro en una habitación. Jake estaba tan tenso que las manos y la frente se le habían cubierto de sudor mientras avanzaban por el bosque. Su padre abría camino porque se había ganado el derecho de dirigir la partida; a fin de cuentas, era su instinto el que les había indicado la localización.
Además, ya no tenían ninguna duda. Unos doscientos metros atrás, habían encontrado uno de los brazaletes de Renesmee, tirado en el suelo. Ahora sabía que Renesmee seguía con vida; pero no por cuánto tiempo.
Pensó que si le ocurría algo malo, no se lo perdonaría nunca. Se dijo que había sido un estúpido; se había dejado llevar por sus temores y se había resistido a sus sentimientos sin darse cuenta de que todo era inútil porque ya estaba perdidamente enamorado de Renesmee.
Deseó hundir los colmillos en la frágil base de su cuello, beber su sangre y completar lo que ya estaba escrito con letras indelebles en su corazón.
El grupo se detuvo en el preciso lugar en que el bosque daba paso a un claro de hierba alta, justo antes de la imponente pared de granito. En el interior de una cueva brillaba un fuego, como un dragón a punto de exhalar.
Jacob alzó la cabeza, olfateó el aire y distinguió el aroma de Renesmee, que le pareció el más perfecto y dulce del mundo. Desgraciadamente, también notó su miedo, cercano al terror.
Billy se dio cuenta de que estaba decidido a atacar de frente y lo detuvo.
—Aún no, Jacob. Tenemos que hacerlo siguiendo las normas de nuestra gente.
—De tu gente, querrás decir. No de la mía.
—Jacob, tranquilízate. Si alimentas el odio, se quedará en ti y te devorará por dentro. Suéltalo y asume de una vez la suerte que tienes.
—¿Y qué hay de Renesmee? ¿Esto también te parece una suerte? Papá, le prometí que cuidaría de ella y mira lo que ha pasado. Está en manos de ese canalla por culpa mía.
Carlisle se acercó a ellos. Sus ojos grises brillaban como dos brasas.
—Los únicos licántropos que he podido oler son James y el chico —declaró—. Están solos, con las mujeres.
—Pero no lo estarán por mucho tiempo.
Jacob se abalanzó hacia la cueva en el preciso instante en que el sol se ponía en el horizonte, lanzando un destello de tonos rojos, dorados y naranjas. Ya había llegado a la entrada cuando oyó la voz de su adversario.
—No te molestes en llamar. Te estábamos esperando, Black. Entra y únete a nuestra pequeña celebración.
Jacob entró, seguido de su padre y del resto de sus compañeros, y se sintió enormemente aliviado al ver a Renesmee y a su madre a la derecha. Riley estaba tendido en el suelo, inmóvil, a pocos metros de las mujeres.
James descansaba sobre una roca enorme, con los codos apoyados en las rodillas. Su cara, sus brazos y su torso estaban cubiertos de sangre, y sus ojos parecían dos pozos profundos y sin vida.
Sin apartar la vista del hombre lobo, Jacob avanzó hacia las mujeres. Billy lo siguió.
—Míralas bien, Jacob —dijo James con una sonrisa de satisfacción—. Míralas bien, porque ahora son mías.
—¿Tuyas? Te has vuelto definitivamente loco —bramó.
El hombre lobo soltó una carcajada.
—No te preocupes; te permitiré luchar por su vida… y luego, cuando estés agonizando, me daré un festín con ellas mientras tú contemplas la escena.
—Has sobrepasado todos los límites de la perversión, James —intervino Billy, con voz gutural, rabiosa.
Billy estaba dispuesto a invocar las leyes de la Liga de los Ancianos, lo cual significaba que iba a desafiar a James. Jacob lo sabía perfectamente, así que se le adelantó.
—Jamess, te reto a muerte.
El hombre lobo volvió a reír.
—Vaya, esto va a ser divertido —dijo.
Jacob gruñó y apretó a Renesmee y a su madre contra la pared de la cueva, para mantenerlas tan lejos como fuera posible de James.
—¿Qué le ha pasado a Riley? —les preguntó.
—Que tu mujer le ha dado un buen golpe —explicó Sara—. El chico estaba dispuesto a retar a ese monstruo cuando Renesmee le ha pegado en la cabeza con una roca. Le ha salvado la vida.
—No por mucho tiempo —murmuró Jacob—. Cuando se recobre, lo mataré.
—No puedes hacer eso. No ha sido culpa suya, Jacob —intervino Renesmee—. Sólo quería salvar a Irina; pero cuando llegamos, James ya había…
—¿Ha matado a la chica? —preguntó Jacob, furioso.
Renesmee asintió.
—Tuve que detener a Riley. Si se hubiera enfrentado a ese monstruo, habría muerto —explicó.
—¿Y lo has dejado inconsciente?,
—Me pareció la mejor solución.
—Eres increíble… —dijo, asombrado.
Seth se inclinó sobre Riley y miró su herida.
—Sospecho que tardará un buen rato en despertar… pero quién sabe, puede que el golpe de Nessi le haya devuelto la sensatez —comentó—. No puedo creer que pretendiera acabar con James sin ayuda.
—No tenía elección. ¿Te acuerdas de la llamada telefónica? Era Irina. Le dijo que James las había secuestrado a ella y a Sara y que las mataría si no me traía de inmediato. Cuando llegamos, ya había…
—No lo pienses, Ness —dijo Jacob—. Olvídalo.
Carlisle se acercó en ese momento a Jacob y le susurró:
—Va a ser casi imposible que lo derrotes en combate, Black.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Renesmee.
—La carne humana da una fuerza asombrosa a los licántropos. Se acaba de dar un festín y su sangre está llena de adrenalina.
—¿Y no hay nada que os dé más fuerza que eso? —preguntó Renesmee.
—Ahora que lo dices, sí… —dijo Seth—. Un pacto de sangre.
—¿Un pacto de sangre? Entonces, ¿a qué estamos esperando? Jacob, por favor, tienes que hacerlo —rogó Renesmee—. No queda otra salida.
Jacob sacudió la cabeza.
—No puedo hacerte eso; no después de lo que ha pasado esta noche. No puedo utilizarte de ese modo.
—¡Maldita sea, Jacob! ¡Hazlo de una vez! No quiero perderte… por favor…
—No puedo…
A Jacob le pareció una situación condenadamente irónica. Al principio, no se había atrevido a ofrecerle el pacto porque estaba seguro de que lo rechazaría; y ahora, cuando ella le rogaba que lo hiciera, no podía aceptar; porque si aceptaba y James lo vencía en combate, ella también moriría.
—Sé que no me amas, Jacob, pero no queda otra opción. No permitas que te mate —insistió, llorando—. Te prometo que me marcharé después y te dejaré en paz… te lo prometo. Pero no dejes que te mate. No podría vivir.
—Renesmee, mírame.
Ella alzó la cabeza y lo miró.
—Te amo, Renesmee.
—¿Qué has dicho?
—Que te amo. Te amo tanto que ni siquiera sé cómo explicar lo que siento. Estás en mi corazón, en mi mente, hasta en el aire que respiro… Te amo.
—Entonces, ¿lo harás?-- El volvió a negar con la cabeza.
—No puedo hacerlo, cariño. Así, no. Has pasado por tantos peligros que…
—¿A quién le importa eso, Jake? Estoy viva, Jacob. Pero si te matan…
—Si me matan después de que sellemos el pacto, tú también morirás —le explicó—. Y no lo puedo permitir.
Jacob le dio la espalda a la mujer que amaba y avanzó unos pocos metros. Al acercarse al centro de la cueva, vio los restos de la pobre Irina, junto a la roca en la que James se había sentado.
Carlisle se aproximó, con un cigarrillo en la boca, y sacó un encendedor del bolsillo.
—Billy —dijo—, creo que te corresponde trazar el círculo.
Billy llegó a su altura, tomó un puñado de tierra y lo dejó caer en cuatro puntos distintos, correspondientes a los cuatro puntos cardinales. Después, trazó un círculo amplio en el suelo de la cueva, pronunció las palabras del desafío y concluyó:
—Que así sea entonces. Combatid hasta que sólo quede un lobo con vida.
Jacob se acercó al borde del círculo, se quitó la camiseta y la dejó caer al suelo. James se acercó por el lado contrario.
—¿Luchamos como hombres lobo completos o sólo a media transformación? —preguntó.
—A media —respondió Jake.
James rió y guiñó un ojo a las mujeres.
—Sabía que diría eso.
Billy tocó en el hombro a su hijo y lo miró con ojos llenos de preocupación y orgullo.
—¿Algún consejo? —preguntó Jacob.
—Sí. Puede que Renesmee tenga miedo de nuestro mundo, pero cualquier humano lo tendría. Es una mujer fuerte, valiente y muy protectora contigo. Si la amas, confía en ella. Merece tu fe.
—Lo sé. Es mi compañera.
—En tal caso, es hora de que completes el pacto de sangre, hijo. No juegues con la suerte. La vida es demasiado corta.
Jacob sacudió la cabeza.
—Te prometo que le ofreceré el pacto si salgo con vida de esta cueva. Pero ahora no puedo ni debo hacerlo.
Billy entrecerró los ojos.
—Puede que sea tu única oportunidad de vencer, Jacob.
—Sí, puede ser. Pero por otra parte, la perspectiva de unirme a ella me dará fuerzas sobrehumanas.
Carlisle soltó una risa irónica a su lado. Jacob se giró, caminó hacia Renesmee y la besó en la boca.
—No te pondré en peligro, Ness.
Acto seguido, hizo un gesto a Seth, que se acercó y apartó a Renesmee del lugar donde iban a combatir.
—Te amo, Renesmee. Pase lo que pase, no lo olvides —dicho eso, Jacob tomó aire, inclinó la cabeza y entró en el círculo.

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viernes, 22 de julio de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 11

Adaptación



CAPÍTULO 11:

Jacob estaba junto a la ventana de la cocina, contemplando los pálidos rayos que intentaban abrirse camino en el cielo del alba. Las sombras de la noche todavía dominaban la arboleda. Todo estaba muy tranquilo. Todo excepto él, sumido en un caos.

Renesmee había dormido plácidamente. En cambio, él había soñado.

No recordaba cómo había empezado su sueño. De repente, se vio corriendo por el bosque, con un suelo húmedo bajo sus pies y un ambiente cargado, como si se avecinara una tormenta. Estaba agotado y le dolía todo el cuerpo, pero no se podía detener. Tenía que llegar a alguna parte, aunque desconocía su objetivo. Las ramas y las piedras le hacían daño en los pies porque iba descalzo, y no llevaba nada salvo unos vaqueros.

Súbitamente, alguien lo agarró de un hombro y lo obligó a detenerse en seco. Él se dio la vuelta para enfrentarse a su enemigo y se encontró con su hermano. Edward era tan alto y tenía un aspecto tan orgulloso como siempre; incluso seguía con la pequeña cicatriz junto a la boca, un recuerdo de sus peleas de niños.

Estaba abrazando a una mujer pequeña y delicada, de cabello negro, que llevaba un camisón y parecía enormemente pálida y frágil en comparación con él.

Jacob la reconoció al instante. Era Bella. Y también reconoció el camisón, el mismo que se había puesto la noche en que un incendio acabó con su vida.

En el sueño, Jacob cerró los ojos con fuerza e intentó contener el horror y la angustia del pasado.

—La estás perdiendo, hermano —dijo Edward.

—¿Cómo?

—Escúchame, Jacob, hazme caso. ¡La estás perdiendo! —exclamó.

Jacob sacudió la cabeza, confundido.

—¿Te refieres a Renesmee? —preguntó.

—No sientas lástima de mí. Yo tengo a Bella… me está esperando en casa y seguirá conmigo para siempre. El amor no nos debilita, Jacob. El amor nos hace más fuertes. Recuérdalo.

—Edward —gimió Jacob—. Edward…

—Abre tus ojos antes de que sea demasiado tarde. Abre los ojos y mira. No quiero que termines solo.

Antes de que pudiera reaccionar, Edward empujó a Bella a sus brazos y Jacob vio que ya no era Bella, sino Renesmee. El impacto del descubrimiento fue tan fuerte que cayó de rodillas al suelo. Ella alzó la cabeza y le dedicó una sonrisa de pura felicidad.

—Te amo, Jacob.

Apenas había pronunciado esas palabras cuando se levantó una ráfaga de viento tan feroz que le arrancó a su amada de los brazos y se la llevó volando. Jacob intentó alcanzarla, pero descubrió que sus pies estaban hundidos en el suelo, como si hubiera caído en unas arenas movedizas.

—¡Te amo! —gritó ella—. ¡No me abandones! Te amo…

Jacob despertó un momento después, aterrorizado y empapado en sudor. Cuando se giró, vio que Renesmee seguía en la cama, durmiendo tranquilamente, apretada contra él.

Tras pasar unos minutos en la cocina, contemplando el paisaje, sintió la necesidad de volver al dormitorio. En cuanto se sentó en la cama, ella se despertó.

—¿Qué haces levantado? —preguntó.

—He tenido una pesadilla.

—Oh, yo sé mucho de pesadillas… Si vuelves a la cama, me encargaré de que te sientas mejor —le prometió.

Jacob le acarició la sien y le apartó un mechón de la cara.

—No lo dudo en absoluto, pero creo que debes descansar un poco después de lo de anoche. Seguro que todavía no te has recuperado.

Ella se ruborizó de tal modo que lo hizo reír.

—¿Has preparado café? —preguntó.

—Más que una pregunta, eso parece una petición desesperada… —bromeó él—. Casi tengo miedo de admitir que no lo he preparado.

—Oh, Dios mío —dijo, con un gemido exagerado—. Eres terriblemente cruel.

Jacob sonrió y la besó en la frente.

—¿Cómo puedes decir que soy cruel después de lo que hemos hecho? —murmuró, mordiéndole el lóbulo de la oreja—. Sabes que sólo quiero cuidar de ti, que quiero tenerte completamente satisfecha.





Renesmee suspiró.

La noche anterior, cuando lo vio llegar lleno de magulladuras y cortes, pensó que la vida era tan frágil que se le podía escapar de entre los dedos y decidió que ya no quería perder el tiempo.

Sabía que había tomado la decisión adecuada. Y la noche había resultado absolutamente perfecta.

—¿Sabes una cosa? Seth estaba en lo cierto.

—¿A qué te refieres? —preguntó él.

Jacob le acarició el estómago.

—A esto —murmuró ella—. Este asunto de ser compañeros, del amor a primera vista, es una maravilla.

—¿Del amor a primera vista?

Ella se quedó helada. Lo había dicho sin darse cuenta.

—No, no, eso no es lo que quería decir… me refería al deseo, sí. Al deseo a primera vista —puntualizó, nerviosa.

Los dos se quedaron en silencio. En el fondo de su corazón, Renesmee esperaba que lo sucedido aquella noche hubiera cambiado las cosas; sin embargo, Jacob parecía tener la misma actitud.

—No te preocupes tanto, Jacob, no le des importancia —dijo con suavidad—. Dijiste que sólo es algo físico. Lo comprendo.

—Renesmee, lo siento mucho. Me gustaría que fuera de otro modo, pero…

—Fuiste sincero conmigo. No tienes por qué disculparte.

—Sí, pero de todas formas…

Renesmee sacudió la cabeza.

—¿No has oído lo que acabo de decir?

—Sí, lo he oído, pero no me siento mejor por eso… Lo de anoche no ha cambiado nada entre nosotros.

Renesmee sabía que hablar de amor, cuando sólo llevaban tres días juntos, era sumamente arriesgado. Pero aquello era diferente. Había encontrado el mundo mágico de sus sueños y no quería salir de él. Sin embargo, Jacob sólo le había prometido cariño y fidelidad, no amor.

Sacó las piernas de la cama, alcanzó la camiseta grande que Jake le había prestado el día anterior y se la puso con brazos temblorosos. Lo último que deseaba en ese momento era estar desnuda delante de él.

—Necesito ducharme —murmuró.

Él se levantó y se dirigió hacia ella, pero Renesmee lo detuvo antes de que llegara a tocarla. Estaba tan emocionada que tenía miedo de romper a llorar.

—No, por favor.

El ambiente se cargó de repente.

—Lo solucionaremos, Renesmee. Sé que puedo hacerte feliz, lo sé. Y no quiero perderte —le confesó—. Nunca habría imaginado que llegaría este día, que encontraría a una mujer que fuera mía y sólo mía. Nunca habría imaginado que llegaría a sentir algo tan fuerte como este lazo que nos une. ¿No podríamos dejarlo así, sin complicarlo más?

Renesmee parpadeó y deseo poder aceptar su oferta.

—No, no es posible, Jacob. Te deseo con locura, pero sé que sin amor, te alejarás de mí y me abandonarás.

—Pero anoche dijiste que eras mía… y yo no te voy a abandonar.

—Lo harás —insistió.

—Duda de mí todo lo que quieras, Renesmee, pero no me llames mentiroso. Te he dicho que eres la mujer de mi vida, la única mujer, y es verdad.

—¿En serio?

Jacob cerró los ojos y maldijo en voz baja.

—Jacob, por favor, dime de una vez lo que te pasa. Porque es evidente que algo te preocupa.

Jacob alcanzó una camiseta, de color verde, y se la puso.

—No te he hablado de mis padres, ¿verdad?

—No —contestó ella.

—Vendrán hoy. Quieren conocerte —la informó—. Y conociéndolos, sé que llegarán estúpidamente temprano y que traerán el desayuno. Viven en las montañas, a veinte minutos de aquí.

—¿Tus padres? —preguntó ella, sin saber qué decir.

—Sí, mis padres; mi padre y mi madre, para ser exactos —dijo con humor—. Aunque te resulte difícil de creer, no soy la creación de un demonio.

—Pero… ¿Por qué? ¿Por qué quieren conocerme?

—Porque si no los hubiera llamado para hablarles de ti, se habrían enterado de otra forma y me habrían retorcido el pescuezo por no decirles nada. Créeme, es mejor que nos enfrentemos a ellos cuanto antes.

—Esto es una locura… —dijo ella, confusa.

—Yo que tú, me daría prisa.

Jacob salió de la habitación sin pronunciar una palabra más.

Renesmee se sentó en la cama, miró el suelo y se preguntó qué podía hacer.

La esperanza, que la había calentado tan dulcemente durante las horas pasadas, le empezaba a quemar.





Una hora más tarde, cuando se dirigió a la cocina al oír voces, Renesmee seguía hecha un lío.

Se detuvo en el arco de la entrada y miró a la pareja que se había sentado a la mesa. Jacob estaba sirviendo unos rollitos de canela que, evidentemente, debía de haber llevado su madre. Seth se encontraba en su sitio de siempre, junto a la pila, y la pareja reía por algo que él acababa de decir.

Eran el señor y la señora Black. Los padres de Jacob. En carne y hueso.

Por fin, sacó fuerzas de flaqueza e hizo ademán de entrar en la cocina; pero se quedó helada, como un ciervo sorprendido por los faros de un coche, al ver que todos la estaban mirando.

Jacob la observaba con inquietud, como si no supiera cómo iba a reaccionar.

—Mamá, papá… os presento a Renesmee.

Su madre se levantó y le dio dos besos. Sus ojos, marrones como los de Jacob, brillaron con calidez.

—Encantada de conocerte…

Billy y Sara Black resultaron ser dos personas maravillosas, con las que congenió inmediatamente. Seth llevó una silla del salón y desayunaron entre historias sobre las aventuras juveniles de Jacob.

Sara le contó que una vez, de niño, se había subido a un árbol de diez metros de altura y que luego no se atrevía a bajar. También le contó que, a los trece años, se dedicó a ahorrar durante meses para poder regalarle el medallón que siempre llevaba encima; de hecho, se inclinó hacia delante y lo abrió: llevaba una foto de Edward y otra de Jacob.

Al cabo de un rato, cuando ya habían retirado los platos y los cubiertos, Seth se excusó.

—Disculpadme un momento. Tengo que ir a ver a Riley.

La mención del joven le recordó a Renesmee que todavía estaban en mitad de una pesadilla.

Billy, un hombre distinguido y tan atractivo como su hijo, aunque en una versión más adulta, se recostó en la silla, frunció el ceño y cruzó los brazos sobre el jersey gris que llevaba.

—Nos dijiste que tenías más cosas que contarnos, Jacob.

—Así es, me temo.

—¿Quién es Riley? —preguntó Sara.

—Es una larga historia…

Jacob se frotó la nuca.

—Entonces, empieza de una vez —lo instó su padre.

Durante los diez minutos siguientes, Jacob se dedicó a explicarles todo lo sucedido. Sara escuchó con expresión de absoluto espanto; su padre, con una expresión tan sombría y terrible que habría aterrorizado a Renesmee en cualquier otra circunstancia.

—Como veis, ahora se dedican a manipular a adolescentes como Riley —dijo Jacob—. Alimentan sus deseos naturales, los dominan con ellos y los obligan a hacer cosas que no habrían hecho por sí mismos. Nos enfrentamos a algo que rompe todas las normas de los clanes. Seth y yo luchamos con James a plena luz del día, y estaba completamente transformado. Pero eso no es lo peor… sus seguidores también pueden transformarse del día; y por si fuera poco, han aprendido a ocultar su olor. No sabemos cómo lo hacen.

—Yo, sí —dijo Billy.

Jacob miró a su padre con asombro.

—¿Lo sabes?

—Sé cómo se hace y cómo enseñar a alguien a transformarse de día. Es una de las primeras cosas que se les revela a los ancianos. Pero ese tipo de transformación sólo se usa para fines militares, como arma de guerra… por eso no lo habías oído hasta ahora, porque no se ha utilizado desde hace siglos.

—Comprendo…

—Cuando un hombre lobo se transforma de día —continuó su padre—, deja de producir su aroma normal y deja un olor ácido que trastorna el olfato de sus perseguidores y le da ventaja.

Jacob sacudió la cabeza.

—¿Y lo has sabido todo el tiempo? ¿Por qué no me lo habías dicho?

Billy suspiró con pesadez.

—Lo siento, Jacob. No te lo he dicho antes porque no me estaba permitido.





—¡Maldita sea! —exclamó Jacob, profundamente irritado—. ¡Otra vez tu lealtad a la Liga de los Ancianos! No puedo creer que sigas con eso después de que dieran la espalda.

Renesmee lo miró con expresión de sorpresa, así que Jacob explicó:

—Sí, el hombre que estás viendo fue miembro de la Liga. Hasta que se enamoró de mi madre, por supuesto… como tenía un gran sentido del honor, informó a sus colegas y éstos premiaron su sinceridad con su expulsión del clan. Creen que ningún hombre lobo puede servir al clan si su corazón pertenece a una humana. Y aunque mi padre sabe que eso es una estupidez, sigue siendo fiel a los canallas que lo apuñalaron por la espalda.

—¿Qué pretendes, Jacob? ¿Qué malgaste mi vida odiando a todo el mundo? —preguntó Billy—. ¿Para qué? Tengo amor y una familia a la que adoro… tu enfado no me honra en modo alguno, hijo. ¿Cómo podría quejarme, si soy uno de los hombres más afortunados que conozco?

—Padre…

—Jacob, sé que es difícil para ti —intervino Sara—, pero tienes que superar tu ira. Ya basta… mira a esta joven tan maravillosa. Has recibido un gran regalo. No lo desaproveches.

Jacob miró a su madre y la comprendió perfectamente. Pero no podía hacerlo.

—Renesmee no tiene nada que ver con esto —afirmó.

—Creo que ese comentario es una insinuación para que me marche —dijo Renesmee—. Si me perdonáis, tengo cosas que hacer…

—No, no te marches, Renesmee —dijo Billy—. Quédate, por favor. Eres parte de este asunto y la conversación te concierne.

—No creo que sea necesario…

—No digas tonterías —dijo Sara, sonriendo—. Es obvio que estáis emparejados, Renesmee, pero hay algo que me extraña un poco… ¿Por qué no has hecho el pacto de sangre con ella, Jacob? Deberías hacerlo. Sobre todo si es verdad que vuestra vida está en peligro por culpa de ese James.

—Madre… —dijo Jacob, en tono de advertencia.

—¿Pacto de sangre? —preguntó Renesmee.

—¿No te lo ha explicado? —preguntó Billy.

Renesmee sacudió la cabeza.

—Cuando dos personas se emparejan en el mundo de los licántropos —explicó Jacob—, pueden hacer un pacto de sangre. Uno muerde al otro en el cuello, hundiéndole los colmillos… es una metáfora de los lazos que los unen.

—Oh… —dijo ella, en voz baja—. Yo creía que si un hombre lobo mordía a una humana, la transformaba en hombre lobo…

—No, eso no pasa en la pareja. Un hombre lobo no puede transformar a su compañera si es humana. Pero el pacto los une para siempre, Renesmee. Potencia de tal forma la conexión que los une, que pueden sentirse el uno al otro incluso en la distancia.

—¿Por qué no me lo habías dicho, Jacob? ¿Por lo de mis pesadillas?

—En parte; sé lo que piensas de los licántropos y supuse que nunca te prestarías a ello —respondió—. Pero hay algo más… hace tiempo, me prometí que no sellaría un pacto de sangre con mi compañera, por mucho que la quisiera. El pacto crea un vínculo emocional, un vínculo basado en…

—¿En el amor, Jacob?

Jacob la miró a los ojos durante unos segundos y contestó:

—Sí.

Ella asintió.

—Ahora lo entiendo todo.

—Renesmee, no eres consciente del peligro que implica —se defendió él—. El vínculo que tenemos se haría más fuerte, sí, pero hay un precio: si me matan, tú también morirías. No puedo arriesgarme a eso. No puedo hacerte eso.

—Seth me contó lo que le ocurrió a tu hermano, pero no imaginé que… —dijo Renesmee, entre lágrimas—. A eso se refería Carlisle, ¿verdad? A que no hemos hecho el pacto. Y todos lo saben.

Jacob asintió.

—Sí, lo saben. Los licántropos notamos esas cosas.

—No sólo los licántropos —intervino su madre—. Yo soy humana y noto perfectamente que estás…

Antes de que pudiera terminar la frase, Renesmee la interrumpió.

—Disculpadme. Tengo que salir de aquí —dijo.

—Renesmee… —le rogó Jacob.

Renesmee no hizo caso; se sentía enferma.

Antes de salir, miró al señor y a la señora Black y dijo:

—Me alegro de haberos conocido.

Billy miró a su hijo con disgusto. Jacob sabía que le había hecho daño otra vez, pero se alegró de que se marchara con la cabeza alta y sintió una honda e intensa admiración por ella.

—No me había sentido tan decepcionada en toda mi vida —declaró Sara—. No te crié para que te comportaras de esta forma, Jacob. Le estás rompiendo el corazón. ¿Qué demonios te pasa?

—No me pasa nada —contestó, apretando los dientes—. Salvo que tengo miedo de perderla porque hay un psicópata que me la quiere arrebatar.

—A veces, el miedo es saludable —intervino Billy—; y a veces, es una excusa para alejarnos de las cosas que más deseamos. Asume la verdad de tu corazón. Haz el pacto de sangre. Y no temas a la muerte, hijo mío… todos tenemos que morir. Lo único que cabe hacer es disfrutar de la vida mientras podamos.

—Y el amor nos da fuerzas para afrontar las dificultades —declaró su madre—. Lo que le pasó a Edward fue una tragedia, pero no permitas que el dolor te domine hasta ese punto. Eres muy valiente, Jacob, y estamos muy orgullosos de ti. Sin embargo, tienes que confiar en lo que sientes. Si no aprendes a confiar en el amor, la perderás. No conviertas algo hermoso en algo feo. El pacto de sangre podría llegar a salvarla. El amor puede…

—¿Protegerla? ¿El amor la va a proteger? ¿De verdad? —ironizó Jacob—. ¡El amor no la mantendrá a salvo!

Su padre lo miró y se levantó lentamente.

—Vámonos a casa, Sara. Hablar con Jacob cuando se encuentra en este estado no nos llevará a ninguna parte.

Sara besó a Jacob en la mejilla y se marchó con su esposo. Jacob abrió uno de los armarios, sacó una botella de whisky y se sirvió una copa. Poco después, cuando ya había echado el primer trago, apareció Seth en compañía de Carlisle y de Charlie.

—Acabamos de cruzarnos con tus padres. ¿Qué te ha dicho Billy? —preguntó Carlisle, que se sentó a la mesa—. ¿Alguna noticia?

Jacob miró al irlandés. Tenía un ojo morado.

—Oh, ya lo creo que sí. Por lo visto, lo de transformarse a plena de luz del día es un truco que se les enseña a todos los integrantes de la Liga de los Ancianos. Se usa como arma de guerra, y el olor acre que notamos es una forma de tener ventaja en el combate.

—Por todos los diablos —dijo Seth.

—Dios mío…

—Sí, Dios mío —dijo Jacob—. Porque eso significa que James tuvo que aprender el truco de…

—De un miembro de la Liga —concluyó Carlisle—. Esto se está complicando cada vez más.

Seth se sirvió una copa de whisky y les ofreció a Carlisle y a Charlie, que lo rechazaron.

—¿Por qué no te lo había dicho antes? Es una información demasiado importante para mantenerla en secreto. No entiendo que tu padre se la haya callado hasta ahora.

—Mi padre sigue siendo leal a los mismos idiotas que lo traicionaron. Creo que tenía la esperanza de que no lo llegáramos a saber.

—Pues lo hemos sabido —dijo Seth—. Y por las malas.

—¿Pero te ha contado cómo se hace? —preguntó Charlie.

—No, ni yo he preguntado. Por lo que a mí respecta, que la Liga tenga tantos secretos como le venga en gana. Sólo quiero encontrar al responsable de todo esto y matarlo.

—Me pregunto quién será —dijo Carlisle.

—Lo desconozco, pero creo que podemos descartar Aro —observó Jacob—. Es el mejor amigo de mi padre y prácticamente crecí con él. Además, no tiene carácter para hacer algo así.

—Jane es una amargada —declaró Seth, refiriéndose a la única mujer de la Liga—. Me la imagino perfectamente en el papel de dominatrix maligna.

—No digas esas cosas, Clerwater… Qué horror —dijo Carlisle—. Jane, como dominatrix. Creo que voy a tener pesadillas.

—Vamos, vamos, irlandés, pensaba que te gustaban las mujeres con carácter… —bromeó Seth.

—Al contrario. Me gustan dulces y facilitas.

Jacob echó un trago de whisky y bramó:

—¿Os importa que volvamos al asunto?

—Podrían ser el viejo Marco y Elezar —murmuró Charlie, frotándose la barbilla—. Son un par de reaccionarios.

—No os olvidéis del más evidente de todos —dijo Seth, cruzándose de brazos—. Stefan es un racista que odia a los humanos. No me extrañaría nada que se tratara de él.

—Estoy de acuerdo en lo de Stefan —dijo Jacob—. En cuanto al resto de los miembros de la Liga, no sé qué pensar… llevan poco tiempo en el cargo y no los conocemos bien.

—Eso es verdad. No los conocemos bien —afirmó Carlisle—. No podemos saber si son capaces de hacer algo así.

—¿Qué tal si preguntamos a Embry Call? —intervino Charlie.

—Buena idea —dijo Seth—. Quizá pueda ayudarnos.

—Por desgracia, está ilocalizable —explicó Jacob—. Además, es tan leal a la Liga como a nosotros. Necesitamos a otra persona… y sólo se me ocurre una: Kate.

Seth miró a su amigo con incredulidad y dijo:

—No, eso nunca. Tendrás que pasar por encima de mi cadáver.

—Si no conseguimos ayuda, lo de tu cadáver podría ocurrir muy pronto —afirmó Jacob—. Necesitamos hablar con alguien que conozca bien el clan y la Liga. ¿Y quién mejor que Kate?

—No querrá —dijo su compañero—. No le importamos nada.

—En eso no estoy de acuerdo —contraatacó—. Kate siempre ha querido lo mejor para la gente. En primer lugar, no sería capaz de involucrarse en un asunto tan turbio; y en segundo, Embry y ella son los miembros más progresistas del clan de los Crestas Plateadas. Si le pedimos ayuda, nos la prestará. Y necesitamos su ayuda.

Seth sacudió la cabeza.

—No me gusta nada…

—Ya lo sé. Pero ¿por qué no aprovechas la ocasión para preguntarte por qué te molesta tanto esa mujer?

—No me preocupa —mintió—. Simplemente, sé que no saldrá bien.

—¿Tienes una idea mejor?

Seth abrió la boca para contestar, pero Carlisle interrumpió su discusión.

—Se me ocurre que uno de nosotros debería volver a Shadow Peak, aceptar el puesto que un día nos ofrecieron los Crestas Plateadas en su clan y buscar al traidor desde dentro.

Charlie, Seth y Jacob miraron a Carlisle con tanto asombro y solemnidad que el irlandés soltó una carcajada.

—Si os vierais las caras ahora… —se burló.

Charlie frunció el ceño.

—Maldito canalla. Es un plan diabólico —afirmó.

—Pero brillante —observó el irlandés.

—Y supongo que estás dispuesto a presentarte voluntario, por supuesto —dijo Seth, entrecerrando los ojos.

—¡Por nada del mundo! —exclamó Carlisle, sacudiendo la cabeza—. No estoy tan mal de la cabeza.

Charlie asintió como si acabara de tener una idea.

—Podríamos echarlo a suertes —propuso.

—No me gusta esa idea —dijo Seth.

—A mí tampoco, Seth, pero es lo mejor que podemos hacer —comentó Jacob—. Si tuviéramos a un hombre dentro, podríamos acceder a todos los medios del clan; podríamos trabajar con Kate y llegar al fondo de este asunto antes de que nos estalle en la cara.

—Dios mío —dijo Seth—, y yo que pensé que tu propuesta de hablar con Kate era una locura…

En ese momento oyeron un ruido fuerte, procedente del sótano.

—Es Riley —dijo seth

Los cuatro amigos se levantaron a la vez.

—¡Black! ¡Clerwater! —exclamó el chico.

Cuando Jacob abrió la puerta que daba al sótano, encontró a Riley en lo alto de la escalera, cubierto de sudor.

—¿Qué ocurre, Riley?

—Yo… estaba soñando… he tenido una pesadilla —acertó a responder, entre jadeos—. Me he acordado de aquella noche… sé dónde está el lugar. Había agua y un precipicio… creo que se oía una catarata.

—Es la descripción de Fiat Rock —afirmó Seth—. Está al oeste de aquí.

—Pues vayamos a comprobarlo —ordenó Charlie, que ya se dirigía a la salida—. Pero tendremos que cubrir toda la zona.

Carlisle asintió y dijo:

—Nosotros iremos por el norte.

—Yo iré por el sur —dijo Jacob.

—No puedes ir solo, Black —protestó Charlie.

—Seth no está en condiciones de acompañarme. Además, necesito que se quede aquí, con Renesmee —declaró—. Si me busco algún problema que no pueda solventar yo solo, os llamaré al móvil.

—Eso espero.

Charlie y su compañero salieron de la casa.

—Lo has hecho muy bien, Riley —dijo Jacob al joven.

Riley asintió con expresión de pesadumbre y Jacob sintió lástima de él. Si se había acordado de lugar, también habría recordado los detalles de la muerte de aquella mujer.

—No te preocupes, se recuperará —dijo JSeth—. Venga, márchate de una vez, a ver si averiguas algo.

—Dile a Renesmee que me he marchado.

—Se lo diré. Y hagas lo que hagas, mantén la calma.

Seth se llevó a Riley al sótano. Jacob se disponía a marcharse cuando oyó que lo llamaban.

—¿Te marchas?

Era Renesmee. Estaba en la entrada del salón.

—Puede que tengamos una pista sobre el paradero de James —explicó—, pero debemos actuar con rapidez. Seth te lo explicará todo.

Ella asintió. Se había quedado pálida.

—Ten cuidado, Jacob.

—Lo tendré —le prometió.

Al mirarla, Jacob sintió la necesidad de tumbarla en el suelo y hacerle el amor apasionadamente.

—Si no fuera tan importante, no me iría —añadió.

Ella asintió, pero permaneció en silencio.

—Riley está bastante alterado. Tal vez deberías bajar a hablar con él. Le vendría bien un poco de compañía.

—Por supuesto.

Jacob contempló la cara de Renesmee y pensó que tenía muchas cosas que decirle. Pero no era el momento más adecuado.

—¿Me esperarás? —preguntó.

Ella dudó un momento y dijo:

—Claro.
 
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