Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 20 de mayo de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 20

Adapatación---Lemmon



CAPITULO 20:



Edward bajó del coche y se encaminó a la puerta de urgencias. Allí se encontraban los hermanos de Bella, a quienes había llamado en el transcurso del viaje.

Edward se acercó a ellos, que lo saludaron con la cabeza.

-¿Son sus familiares? – les preguntó una enfermera.

-Somos sus hermanos – dijo señalándose a si mismo y a Félix.

Ella hizo un gesto en dirección a Edward. Este tragó saliva. No era ninguna novedad que a los hermanos de Bella no les caía bien. Pero Seth dio la cara por él.

-Es quien le ha salvado la vida. Se queda.

Edward soltó un suspiro de alivio.

La enfermera empezó a preguntarles sobre su historial médico, alergias…

-¿Está tomando otra medicación?

Seth se encogió de hombros, molesto por no saberlo.

-No lo sé.

-No - dijo Edward, aclarándose la garganta.

Ambos lo miraron, muy agradecidos.

-Gracias – murmuró Seth.

-¿Algún trauma o conmoción cerebral? ¿Mareos? ¿Desmayos?

-No.

-¿Algo más que deba saber?

Edward tragó aire. Los dos hermanos negaron con la cabeza.

No lo sabían. Vaya putada.

La enfermera comenzó a darse la vuelta. Edward la sujetó del brazo.

-Hay otra cosa – inspiró profundamente – Está embarazada.

-¡Cabrón! – Félix se lanzó sobre él – Voy a arrancarte los ojos y a metértelos por el culo, bastardo…

-No. Para. No es el momento ni el lugar – Seth agarró a su hermano y lo contuvo a duras penas.

-Será mejor que arreglen sus problemas fuera – dijo la enfermera irritada.

Seth fulminó a Edward con la mirada.

-¿el bebé es tuyo o de tu primo? – preguntó Seth quedamente.

-¿O ni siquiera lo sabes? – se burló Félix.

-Es mío. Y no pienso disculparme por ello. Amo a vuestra hermana. Esta noche fui a su apartamento para hablar con ella. Lo que ocurra entre nosotros es cosa nuestra. Pero si os atrevéis a disgustarla mientras se recupera – si se recuperaba- os cortaré los huevos y os lo meteré por la boca. ¿Ha quedado claro?

Féliz parecía que iba a protestar, pero Seth lo detuvo.

-Gracias a ti Bella está viva. Aclararemos todo esto cuando Bella se haya recuperado y le den el alta a mi padre.

Edward asintió y se dirigió a una de las sillas de la sala.

Seth y Félix hicieron lo mismo, pero en sillas mas apartadas.

Después de tres horas esperando noticias, Emmett apareció en la sala de urgencias con una mirada cautelosa.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



A las nueve menos cinco de la mañana, Edward estaba ya que se subía por las paredes. Hasta las nuevo no podría entrar a ver a Bella si no era un familiar.

A las cinco de la mañana, los médicos le informaron que Bella había despertado. Había tenido una ligera conmoción y varias magulladuras, pero estaba bien por lo demás.

Edward volvió a mirar el reloj, que había avanzado sólo dos minutos.

-Respira hondo – murmuró Emmett – Tranquilízate.

-¿Qué? – Edward se encogió de hombros, molesto.

-Bella está bien. Seth nos lo dijo antes de marcharse a recoger a su padre.

Pero él quería verla, y todavía no había podido.

Dos minutos mas tarde una enfermera llegó hasta ellos para informarle de que ya podían ver a Bella, y decirle el número de su habitación.

Edward corrió hacia el ascensor, ignorando los intentos de coqueteo de la enfermera, y Emmett lo siguió.

Dentro del ascensor su primo le miró a los ojos.

- Esto me resulta bastante embarazoso. Supongo que simplemente debería preguntarlo. ¿Me odias?

-¿Qué si lo odiaba?

-Supongo que te refieres a lo de tu…

-Mi esterilidad – terminó Emmett por él.

-Me cogió por sorpresa. Dije algunas cosas que no debería haber dicho. Eres como un hermano para mí. Han pasado demasiadas cosas entre nosotros para que te odie.

Aliviado, Emmett alargó el brazo para estrecharle la mano. En el momento en que sus manos se rozaron, Emmett tiró de él y acabaron dándose un abrazo. Eso significaba mucho para su primo, y para él también.

-Gracias. Por si te sirve de algo, lo siento. Te quiero y lamento haber jodido las cosas. Nunca fue mi intención manipularos.

-Disculpa aceptada. – Emmett sonrió.

-Bueno, ¿Qué vas a hacer? Intentaras recuperar a Bella, ¿no?

Edward se encogió de hombros. Ojala pudiera, pero ahora lo único que le importaba era verla y saber que estaba bien.

-Ya veremos, y tu ¿qué vas a hacer?

-No lo sé.

Edward fijó su mirada en su primo.

-Déjame darte un consejo, hermano. Creo que deberías d eolvidarte de los bebés por una temporada y llamar a Rosalie Hale. Sospecho que sientes más por ella de lo que quieres admitir. Incluso aunque no concibáis un niño, lo pasaréis de vicio practicando.

-Me lo pensare. Desde luego le debo una por aceptar ser compartida por nosotros.

Al fin se abrió la puerta del ascensor, y Edward corrió hacia la habitación. Desde el umbral se detuvo a ver a Bella, quien pareció sentir su presencia y se volvió hacia ellos.

Tenía un moratón en la mejilla y un arañazo en la barbilla. Pero lo que impactó a Edward fueron sus ojos hinchados y su nariz roja. Había estado llorando.

-Gatita. – Edward se acercó a ella con rapidez - ¿Te duele algo? ¿Quieres que busque a una enfermera para que te dé algo?

Bella negó con la cabeza, rodeándose con los brazos. Edward la abrazó, atrayéndola a su cuerpo.

-No pasa nada. Todo está bien. Sam está preso. Nunca volverá a hacerte daño. No se lo permitiré.

-Lo sé. Gracias por rescatarme – murmuró – Jacob ya ha llamado 3 veces para disculparse.

Edward se tensó.
-Espero que le dijeras a ese bastardo que no querías volver a verle – gruñó Edward.

-Solo llamó para explicar por qué intentó matarme Sam.

-¿Te ha llamado para explicarte que su pobre agente estaba hecho polvo?

-Me dijo que Sam había perdido a otra estrella cuando esta se casó.

-¿Acaso te ha pedido perdón por su agente?

-No, sólo me explicó por qué actuó así.

Edward se relajó. O por lo menos lo intentó.

-O sea, que Sam intentó deshacerse de ti para que Jacob no se distrajera y pudiera seguir vendiendo CDs mientras él seguía sacando tajada de todo eso.

-Sam se está haciendo viejo y al parecer no podía permitirse perder a la gallina de los huevos de oro – Bella se encogió de hombros – Aunque yo había rechazado a Jake, se sintió preocupado por las entrevistas y estaba convencido de que si yo no desaparecía del mapa, Jake se autodestruiría. Así que pensó que sería mejor eliminarme antes.

-Vaya locura – Emmett negó con la cabeza mientras se dirigía al otro lado de la cama y le cogía la mano – Hola, cariño.

Bella miró a Emmett, y no pudo contenerse de volver a llorar.

-Eh, vamos. Sam va a pasar unos cuantos años entre rejas. Será muy viejo cuando lo suelten – intentó bromear Edward - ¿No estarás llorando por él?

Ella negó con la cabeza.

-No es eso. Tengo que deciros algo… no estoy… no hay bebé.

Edward abrió los ojos aturdido. Emmett contuvo el aliento.

-Lo siento… pensé… Supongo que fue un falso positivo. Nunca hubo ningún bebé. Me lo dijeron los médicos esta mañana.

Siguió sollozando. A Edward se le partía el corazón.

-Shh. No pasa nada. Todo va a salir bien. Ya lo verás.

-¡No, no es cierto! Quería tener ese bebé. Lo quería. No supe cuánto hasta que ya no lo tuve – miró a Emmett de nuevo – Lo siento. Tú querías a este…

Edward aun no se movía. La sorpresa aún le recorría el cuerpo.

-Está bien, cariño. No es culpa tuya. Céntrate en ser feliz y en ponerte bien. – besó la cabeza de Bella.

-Espero que tú también seas feliz. – pero Emmett tenía una expresión que decía todo lo contrario.

Emmett le dio una palmadita en el hombro a Edward y después se fue.

Edward no sabía que decir. Y Bella tampoco decía nada.

Le acarició con la espalda la mano cuando se dio cuenta de la dolorosa pérdida que suponía para ella.

-Gatita no pasa nada.

-¿Qué no pasa nada? – espetó – Para ti es fácil. Como ya no hay bebé, no tienes de que preocuparte. Vete y celébralo.

-Mira gatita. Anoche fui a tu casa a decirte lo que siento por ti. Lo mucho que te amo. Quiero estar contigo. Haya bebé o no, eso no ha cambiado. He permitido que la muerte de Tanya me afectara demasiado tiempo, y que afectara a mi relación contigo. No puedo decirte cuanto lo siento. Todavía pienso que te mereces a alguien mejor, pero no voy a dejar que nada ni nadie se interponga entre nosotros. Si todavía me quieres, quiero intentarlo.

Bella lo miró con dolor, y después volvió a bajar la mirada.

-¿Para qué? Te amo, pero no queremos las mismas cosas.

-¿Qué cosas?

-Yo quiero tener hijos algún día.

Edward esperó sentirse invadido por el pánico. Pero sólo pudo imaginar a una Bella embarazadísima y sonriente. Con ella podría tener hijos. Estaría encantado de tenerlos.

-También yo. No puedo prometerte ser perfecto. En realidad, ni siquiera se si puedo… - suspiró – Aun no sé si seré capaz de hacer el amor contigo yo solo. Pero lo intentaré. Y lo seguiré intentando hasta que funcione. Tú no quieres ser compartida. Yo no quiero compartirte. Sólo quiero amarte tanto tiempo como tú me lo permitas.

Bella abrió la boca al mismo tiempo que entró el médico en la habitación.

Todas sus pruebas estaban bien, así que le dio el alta médica.

Le preguntó quién le acompañaría a casa, y con los ojos llenos de lágrimas volvió su vista a Edward y dijo:

- Él.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Una vez que hubo pasado el revuelo de la prensa por el intento de asesinato de Sam, Edward llamó a la puerta de Bella, a la misma hora a la que ella le había pedido que fuera.

Llevaba un ramo de flores y con la mano derecha intentaba aflojar el nudo de la corbata. No era un hombre que acostumbrara a usarla, pero quería tratarla como todo un caballero. Hacerlo lo mejor posible.

Esa noche se decidiría si las cosas se arreglaban o no entre ellos.

Bella abrió la puerta, vestida con un provocador conjunto, que haría sufrir a Edward una auténtica tortura si tenía que verla así durante toda la cena.

-Hola – dijo Bella, cogiendo las flores que le tendía. – Pasa.

Edward ignoró el estremecimiento que sentía y entró en el apartamento, cerrando la puerta.

La mesa estaba puesta, con dos velas adornando el centro, y una suave música de ambiente sonaba en la sala. Olía muy bien.

Bella se dio la vuelta para colocar el ramo en un jarrón y observó que la espalda de Bella quedaba al descubierto. Entonces la necesidad de tocarla lo golpeó de lleno.

Incluso así, sintió ese temor a no poder estar solo con ella, pero no quería pensar en nada que hiciera que fracasase esa noche.

Edward se acercó a ella por detrás, y rodeándole con los brazos la estrechó contra su cuerpo y le acarició suavemente las caderas.

-¿Te has puesto eso para volverme loco? – Bella sonrió – Porque funciona.

-Mmm, tengo que pedirte un favor – dijo la chica mirándolo por encima del hombro.

-¿Cuál? – contestó frunciendo el ceño.

Bella se volvió y le rodeo el cuello con los brazos. Edward pudo sentir el deseo de hacer el amor con ella. Solo tenía que… seguir con ese pensamiento.

-Quiero saber como te gustan las relaciones sexuales – le acarició el pecho – al estar tu y yo solos.

Edward inspiró profundamente. No había hecho nada solo desde Tanya. Esa noche, tenía que intentarlo. Por el bien de ella. De los dos.

-No estoy seguro de eso.

-Lo resolveremos juntos. Primero cenamos o… - Bella señaló con la cabeza el pasillo que daba al dormitorio.

Edward vaciló. No tenía prisa en quedar en evidencia si al final fracasaba. Pero comer antes no le iba a ayudar a mantener la erección que tenía, y más si durante la cena seguían atacándole sus miedos.

Antes de pensar mas nada contestó:

-O. Definitivamente o.

-Buena elección – susurró ella. – deja que apague el horno.

Bella fue a la cocina y cuando volvió venía con una cerveza. Tomando la cerveza, Edward se bebió media de golpe. Bella se mordisqueó el labio mientras lo observaba.

Edward solo pensaba que Bella era completamente suya y que tenía que actuar en consecuencia.

Edward dejó la cerveza en la mesa, hizo lo mismo con la copa de ella y cogiéndola en brazos se encaminó al dormitorio.

Bella había colocado velas que iluminaban toda la estancia y proporcionaban un olor agradable a la habitación. Era muy hermoso. Como ella.

Edward dejó a Bella en la cama, no pensaba en nada, mas que en la mujer que tenía delante.

Había pasado mucho últimamente, y ahora estaba ahí con el. Debía asegurarse que se sintiese amada y deseada. Solo tenía que acariciarla, tomarla y nunca dejarla ir.

En un segundo Edward la desnudó y a continuación se desnudó el también.

En cuanto colocó las manos sobre la piel de Bella, comenzó a pensar de nuevo en si fracasaba.

Soltando un suspiro, Edward le cubrió el cuerpo y la besó, hundiéndose en ella con fiereza. Fracasar no era una opción. No lo permitiría. Bella era suya. Toda ella.

Bella empezó a acariciar su erección, a pesar de que él no necesitaba más estimulación.

Edward sólo quería acariciarla, protegerla, abrazarla. Amarla. Y también, follarla… de todas las maneras posibles. Aquello era una buena señal. Él único miedo que ahora sentía era el miedo a defraudarla.

Se acomodó entre sus muslos, rozando sus labios con los de ella, luego se hundió en su boca, saboreándola. Por mucho que la besara, jamás tendría suficiente.

-Quiero… quiero hacer el amor contigo esta noche. Todas las noches, gatita. Me alegro de que seas mía. Me siento muy afortunado.

-Yo soy la afortunada. Cuando me miras así, me siento amada.

-Lo eres – Edward la besó tiernamente en la boca – lo eres.

-¿Y no quieres demostrármelo? – arqueó las caderas hacia él en una descarada invitación.

-Dios mío, sí.

Bella le mordisqueó el hombro y fue dando besitos por su cuello.

-Todavía estoy tomando la píldora, pero por si acaso, los condones estás en la mesita de noche.

Edward vaciló, esperando la conocida reacción de pánico, que… no llegó.

-Pase lo que pase, lo resolveremos juntos, ¿vale?

-Sí.

Estaba muy tenso. Jamás había necesitado y temido tanto algo al mismo tiempo.

Durante 3 días no he podido pensar en otra cosa que no fuera sentirte dentro de mí.

Luego, Bella le rodeó las caderas con las piernas. Edward comenzó a sudar al sentir su húmedo sexo apretado contra su polla. Su corazón parecía a punto de estallar. Él también había pensado en ello. De forma obsesiva.

Bella le mordisqueó el lóbulo de la oreja, provocándole un nuevo estremecimiento.

-Va a ser genial. Te he echado de menos. Te miro y me duele.

Edward sabía exactamente a lo que se refería, porque se sentía igual.

-Necesito tenerte dentro de mi – gimió Bella – Lo necesito.

Edward empezó a rozar la punta de su miembro contra su vagina. Gimió.

Bella arqueó las caderas y la punta entró, haciéndolos gemir de nuevo a ambos.

-Penétrame hasta el fondo, o gritaré. Siempre me vuelves loca.

Como si aquellas palabras no lo volvieran loco a él. No podía contenerse más. Ni quería.

Edward la agarró de las caderas y se deslizó en ella de un solo movimiento, apretándose tanto como pudo.

Inspiró profundamente antes la oleada de sensaciones que comenzó a experimentar.

Bella era perfecta para él.

Empezó a retirarse y a hundirse en ella con dureza. Bella gimió de nuevo.

Edward le ahuecó las nalgas con las manos y la apretó aun más contra su cuerpo.

La besó en la boca, con el mismo ritmo que imponían sus caderas. Le encantaba la fricción que había creado. Cada roce de sus carnes era como un choque eléctrico que se convertían en miles de pequeñas explosiones en su interior. Lo único que podía hacer era sentir. Sentir el placer, y a ella.

Bella gemía en su oído. Unos momentos más tarde ella gritó… su nombre. Él sintió las palpitaciones de ella, y no pudo hacer nada cuando perdió el control, uniéndose a ella.

Se aferró a Bella, rodeándola estrechamente con los brazos.

Se sentía como de gelatina. Haber hecho el amor solo con Bella era lo más asombroso que había experimentado. Casi creía que en cualquier momento se abriría el cielo para revelarle el paraíso o algo así.

Bella le devolvió el abrazo con lágrimas en los ojos. ¡Lo habían conseguido!

Jadeando, Edward alzó la cabeza y sus miradas se encontraron.

-Hola – murmuró ella.

-Hola.

-Ha sido… hermoso. Me has conmovido. – Edward sonrió.

-Si, bueno, lo cierto es que estoy intentando no llorar como un bebé. – Bella rió sintiendo su corazón hinchado de alegría.

-Y solo nosotros dos, ¿ha sido difícil?

-No tanto como creía. Solo tuve que pensar en ti y después, todo fue bien.

-Fue perfecto – le corrigió, acariciándole la mejilla.

-Si.

-Sabes, cuando te pedí ayuda, era una niña tonta persiguiendo un sueño estúpido. Pero tú me diste algo real. Me trataste como una mujer, me enseñaste lo que era el sexo, el amor. Gracias.

-No. Gracias a ti. Te hice pasar un infierno y me odio por ello. Pero aun así me curaste, te preocupaste por mí, no perdiste las esperanzas conmigo. Te amo, gatita. Siempre lo haré. ¿Te casarás conmigo algún día?

Bella abrió los ojos sorprendida.

-¿Me lo pedirás algún día?

-Sí. – le apartó un mechón de pelo de la cara.

Bella le dio un suave beso en los labios y bromeó:

-No sé. La primera vez que te pedí que me enseñaras lo que era el sexo, me dijiste que no habría lazos afectivos.

Edward bufó.

-Fui un idiota. Necesito ese vínculo entre nosotros. Es vital, como respirar – le dio un beso en los labios – Espero… que todavía quieras tener bebés conmigo algún día.

Ella asintió con la cabeza.

-Me alegro de que podamos. De que jamás llegaras a…

-¿A hacerme una vasectomía? Lo pensé varias veces, pero era difícil. Emmett tenía razón, no lo hice porque en el fondo tenía la esperanza de ser padre algún día. En alguna parte de mi mente, no quería que el pasado tuviera poder sobre mí durante el resto de mi vida.

-Has dado un enorme paso esta noche para dejar atrás el pasado. ¿Te extrañaría si te dijera que me siento orgullosa de ti?

Un destello de lágrimas iluminó los ojos verdes. Edward parpadeó para hacerlas desaparecer.

-No. Demonios, yo también me siento orgulloso de mí mismo – bromeó – Y ahora eres mía. Toda mía. Solo mía.

Bella sonrió.

-Soy tuya. Para siempre.



FIN

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miércoles, 11 de mayo de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 19

Adaptación----Lemmon


CAPÍTULO 19

Por más que lo intentaba, Bella no conseguía quedarse dormida. Probablemente había dado ya 6 ó 7 vueltas en la cama, pero todo lo que había pasado en las últimas semanas le rondaba la cabeza, robándole el sueño.


Suspiró.

Lo que más temía era la reacción de sus hermanos, y en menor medida, la de su padre, cuando se enterara de que estaba embarazada.

Volvió a darse la vuelta en la cama, buscando una postura más cómoda cuando el silencio de la casa fue interrumpido con leves golpecitos que provenían de la sala de estar.

Eran sonidos extraños, especialmente porque parecían provenir de alguien que intentaba no hacer ruido. De hecho, parecía que estaban forzando la ventana.

Bella tomó el móvil y se acerco a la puerta de la habitación. Ahora el sonido indicaba que alguien estaba dando pasos lentos sobre el crujiente parqué.

Sin ninguna duda alguien había entrado en la casa, y lo más seguro era que llamara a la policía, así que procurando hacer el menor ruido posible se encerró en el vestidor y marcó el número.

La operadora le dijo que la policía estaba en camino. Debía esperar y quedarse donde estaba.

Los pasos sonaban cada vez más cercanos. Había quedado claro que tendría que defenderse por sí misma, porque la policía no iba a llegar a tiempo.

Los pasos entraron en el dormitorio, se detuvieron un segundo, probablemente echando un vistazo a la habitación, y luego se encaminaron hacia el vestidor.

Bella se apretó contra la pared, sintiendo algo duro en su espalda.

Un bate de béisbol. Bien. Al menos tendría con que defenderse.

Mientras tanto, Edward, casi un día después de que Bella hubiese soltado la bomba, ya se sentía preparado para hablar con ella.

Le habían hecho falta 12 años y una charla con Emmett para por fin darse cuenta que el no había sido el culpable de que Tanya se suicidara.

Pensándolo bien, él solo había sido el culpable de ser muy estúpido y estar demasiado asustado para luchar por lo que podría haber sido.

No cometería ese error con Bella, sobre todo amándola como la amaba.

Pero no se haría ilusiones. Se había comportado como un cabrón con ella cuando se entero de lo del embarazo. La había tratado peor de lo que había tratado a Tanya, como bien le dijo Emmett. Pero había llegado el momento de intentar que las cosas fueran diferentes.

Así que buscó la dirección de Bella en Internet. La encontró fácilmente, cosa que no le agradó, porque cualquiera podría ver sus datos personales. Y hablaría de eso con ella… más tarde.

Entró en el aparcamiento de los apartamentos. Ningún puesto de vigilancia. Maldita sea.

Bueno, si todo salía bien, después de que hablara con ella, Bella se iría a vivir con él, y la falta de medidas de seguridad no sería un problema.

Cuando encontró el apartamento de Bella vio que una de las ventanas estaba abierta de par en par.

Mierda, ¿por qué coño no había cerrado la ventana y había puesto el aire acondicionado?

Cerró el coche, llamó a la puerta y esperó en silencio a que le abriera.

Nada.

Esa tarde había escuchado en la radio que Bella había comido con Jake en un restaurante. Tal vez estuviera aun con él, porque todavía sentía algo por el cantante. Edward no podría culparla por eso, pero solo pensar en esa posibilidad le hacía querer romper algo.

Sacó el móvil y la llamó. No hubo respuesta. Debía de haber visto el identificador y habría decidido ignorarlo.

Daba igual, porque fuese lo que fuese no se iba a dar por vencido.

No se movería de la puerta hasta que ella hablase con él.

Le prometería que haría todo lo posible por ser el hombre que ella necesitaba. Tendría que conseguirlo.

Se apoyó en la puerta, y escuchó un ruido - ¿un gruñido? – que aunque débil, estaba completamente fuera de lugar.

Edward frunció el ceño y se acercó a la ventana. Oyó otro ruido. Un choque, como algo golpeando la pared.

Pero, ¿qué coño estaba pasando aquí?

Era Bella. Había llevado a otro hombre a su apartamento. Quizá Jacob. No, no podía creerlo… no de Bella. Bella no era Tanya.

Pero claramente esos sonidos estaban fuera de lugar, así que se coló por la ventana. Sacó su pistola y fue avanzando lentamente por el apartamento.

Un chillido rompió el silencio y un escalofrío le recorrió la espalda. Maldición. Era Bella.

Edward llegó corriendo al dormitorio, que era de donde provenía el grito. Estaba oscuro y vacío, con la cama deshecha.

Del cuarto de baño provenían los sonidos de una lucha. No, no eran del cuarto de baño, si no del vestidor que había en el pasillo.

Si ese hijo de puta se había atrevido a hacerle daño a Bella comería de una pajita el resto de su vida.

Antes de precipitarse puso la oreja en el vestidor. No quería que por abrir la puerta rápidamente Bella sufriera algún daño.

Pon el bate de béisbol en el suelo – gruñó el hombre – no quiero hacerte daño.

Luego, un golpe sordo y un gruñido.

¡Perra! Me has hecho daño.

Bella le había acorralado. Bien. Aún podría salvarla.

De repente, Bella soltó un grito.

Maldita sea. Muere como una buena chica.

No – el grito de terror de Bella atravesó las paredes y desgarró a Edward.

Se acabó. No podía aguantar más. Abrió la puerta de un golpe e irrumpió en el pequeño cuarto. Lo único que pudo distinguir entre tanta oscuridad fue el cuerpo de Bella escurriéndose por la pared hasta el suelo y la sangre resbalando por su cuerpo.

Embargado por la furia, Edward se giró con rapidez, agarró al tipo por el cuello y lo empujó contra la pared.

Pudo distinguir un destello metálico a tiempo de esquivar el filo de la navaja y agarrar por la garganta a su agresor, apuntándole al mismo tiempo con la pistola.

Tira el cuchillo al suelo.

El extraño vaciló, dando boqueadas por la falta de aire. A pesar de que Edward apretaba con fuerza el arma contra su sien, el extraño no cooperaba.

Y Edward no sabía si Bella necesitaba urgentemente un médico o no. Puede que se estuviese muriendo y él estaba perdiendo el tiempo con este tipo.

Con la paciencia ya agotada comenzó a apretar el gatillo.

El extraño abrió los ojos y finalmente soltó el cuchillo. Edward lo pisó para que no pudiera volver a cogerlo. Se contuvo de golpearlo, porque ahora Bella era quien más lo necesitaba.

Siéntate ahí, con las manos donde pueda verlas. Y si se te ocurre hacer algún movimiento no vacilaré en meterte una bala en la cabeza.

El extraño asintió.

Edward se acercó al interruptor de la luz. Al encenderla observó al hombre, que llevaba una careta.

Se acercó a Bella y buscó el origen de la sangre. La examinó con rapidez, rezando porque aun estuviera viva.

Y lo estaba. Respiraba. Su pulso era constante, aunque hubiese perdido el conocimiento. La sangre provenía de su brazo. Seguramente se lo había hecho el extraño con el cuchillo, cuando ella levantó el brazo para defenderse. Bella habría pasado un pánico terrible.

Le dirigió al hombre una fría mirada de furia.

Como se muera, te mato. ¿Me has entendido?

Tras la careta, el hombre asintió, tembloroso.

No parecía que Bella tuviera más heridas, pero el pánico lo invadió, porque ella seguía inconsciente.

Sacó el móvil y marcó a la policía. Al darle la dirección de Bella la operadora afirmó que ya venían en camino varias unidades. Bien. Chica lista. Ahora sólo tenía que resistir. Pidió también una ambulancia, y luego colgó.

¿La has drogado?

No – dijo una voz rota.

¿Violado?

No.

Pero querías matarla, jodido pirado – gruñó Edward – Quítate la careta. – el hombre vaciló, y Edward levantó la pistola - ¡Ahora!

El hombre se la quitó y Edward frunció el ceño.

- ¿Qué demon…? Tienes al menos 50 años - ¿No era un poco mayor para dedicarse a asaltar casas?

El extraño se aclaró la garganta.

Tengo 62.

¿Te gusta acosar a las mujeres, abuelito? – aquello le hizo querer estrangular a aquel hijo de perra.

No. No es nada personal. No quería hacerle daño. Sólo quería que se mantuviera lejos.

Edward apretó el arma.

¿Lejos de qué?

Silencio.

¿Lejos de qué? – repitió gritando – Se me está acabando la paciencia.

De la carrera de Jacob Black. Ella ha intentado acabar con ella unas cuantas veces y a él ni siquiera le importa. Jake está cargando contra la prensa… se está autodestruyendo. Va a destruir su carrera y a todos los que le rodean, por culpa de esta mujer.

Un abuelo obsesionado por la carrera de Black. Por lo que Bella les había contado a Emmett y a él sobre Jacob, aquel era su agente. ¿Cómo se llamaba…? ¿Sam?

Ya estoy viejo para empezar de nuevo – la voz del hombre era temblorosa.

Había sido una estupidez pensar que al acabar con Bella se resolverían sus problemas. Si la policía no aparecía pronto, Edward no sabía si podría controlar su furia y sus deseos de venganza lo suficiente. Pero tenía que contenerse. Este hijo de perra debía acabar en una celda.

Continúa – le instó Edward – Sam, ¿no?

Sí – dijo el hombre con cautela.

¿A qué te referías con empezar de nuevo?

Él vaciló.

Creo que no volveré a abrir la boca sin mis abogados delante.

Justo cuando iba a replicar, la policía interrumpió en el apartamento. Edward cogió a Sam por la nuca, obligándole a caminar. Una vez que hubo dado parte a la policía centró su atención en los paramédicos que atendían a Bella.

Bella aun seguía inconsciente.

Una vez en la ambulancia, partieron al hospital. Edward los seguía en el coche.

Al menos ahora la chica estaba estable, pero él seguía teniendo un mal presentimiento.

Y si a Bella le pasaba algo… No. No podía pasar eso. Amaba a Bella. La necesitaba a su lado. Siempre. Con bebé o sin él. Con muchos niños más si ella quería. Intentaría ser el mejor para ella. Lo intentaría todo. Todo.

Durante toda su vida.

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miércoles, 27 de abril de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 18

Adaptación---- Lemmon




CAPÍTULO 18

Unas horas más tarde Bella volvía a atravesar la puerta de la casa de Emmett, llevando la misma maleta que hacía unos días. Sólo que ahora tenía el corazón roto.


No hacía falta ser un genio para darse cuenta que Edward no quería estar con ella. Después de todo, ella se había acostado en su cama y él sin embargo había dormido en el sofá. Había podido comprobarlo cuando se levantó de madrugada a por un vaso de agua.

Ya lo tenía todo decidido. Pensaba tener ese bebé, aunque fuese sóla. No importaba lo que pensaran sus hermanos y su padre. Era su decisión y tendrían que respetarla.

Cuando estaba cerca de casa llamó a Félix. No tenía ganas de hablar con él, pero necesitaba saber cómo estaba su padre.

-¿Bella? – contestó rudamente.

-Hola.

-¿Dónde estás?

-En mi apartamento.

-¿En serio? ¿Por fin has acabado con toda esa locura?

-No. En realidad la locura había sido arruinarle la vida a dos hombres maravillosos que jamás recuperaría.

-Se acabó. Dejémoslo así.

Ya le hablaría del bebé cuando se sintiese más fuerte. Y cuando su padre estuviese mejor.

-Me alegro de oírlo.

La actitud positiva de Félix no la ayudaba en nada, porque para ella no suponía todo aquello un alivio, si no un gran dolor.

-¿Por qué? ¿Qué tenías contra ellos?

-Venga ya Bella. Tú mejor que nadie deberías saber por qué no quería que estuvieses con esos pervertidos. Me dan ganas de vomitar cada vez que pienso en las cosas que te habrásn hecho… a la vez, sin duda. Las mismas que habrán hecho a cientos de…

-¿Pervertidas? – ya era suficiente. Se estaba empezando a cabrear – Mira quién fue a hablar. Tú, que tienes que darle latigazos a una mujer y provocarle dolor para sentirte lo suficientemente hombre como para tener sexo con ella.

-Maldita sea – gruñó – Eso ha sido un golpe bajo. Y no tiene nada que ver con la reali… - aspiró profundamente – Nos estamos desviando del tema. Lo importante es que los has dejado y no piensas volver con ellos.

Bella desistió de seguir peleando con él.

-Exacto. – aparcó el coche y recogió el correo del buzón.

-Lo siento – masculló finalmente Félix – Sé que ya eres una adulta, y que todos cometemos errores. No volveré a molestarte con esto.

-Gracias. Yo también lo siento. ¿Cómo está papá? Preguntó mientras ventilaba las habitaciones.

-Mañana le darán el alta. Hoy sabremos los resultados de los últimos análisis. Papá querrá verte.

-Ahora que han encerrado al que puso la bomba podré ir a verle sin problemas.

-No sé cuanto tiempo estará retenido. No hay pruebas de que haya sido él el que puso la bomba. No tienen pruebas para acusarlo, y además él insiste en que no la puso. Acabarán soltándolo.

-¿Tú qué piensas sobre eso?

-No lo sé, Bella. Pero intuyo que no fue él.

-¿Quieres decir que puede que el psicópata que realmente puso la bomba está por ahí suelto y anda detrás de papá?

-O de ti. Mientras estabas con… cuando papá estaba ingresado recibimos varias llamadas de un tipo que preguntaba dón de podía encontrarte. Y siempre llamaba con número oculto. Podría haber sido un periodista. O no.

-Félix era un exagerado. Seguramente que la persona que llamó era la misma que le había dejado llamadas pérdidas y mensajes en el móvil, y no se trataría de un criminal, si no de cualquier paparazzi.

-No tengo enemigos.

-Que tú sepas. – Bella suspiró.

-¿Podrías acompañarme al hospital por si acaso?

-Sí. Dime a qué hora.

-Necesito descansar. Llámame más tarde, ¿vale?

-Claro. Lo haré.

Después de colgar examinó su correo. En uno de los sobres se encontraban los resultados de sus exámenes. Aprobados. Con buena nota. Suspiró aliviada. Bien, algo menos de lo que preocuparse. Ahora podría conseguir un buen trabajo para mantener al bebé.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Bella leía una revista cuando sonó su móvil.

Jacob.

Contestó dispuesta a aclarara lo de su supuesto y continuado noviazgo.

Bella quiso negarse a la invitación de Jake a que se vieran para hablar. Pero sabía que la única manera de aclararlo todo sería hacerlo cara a cara. Así que suspiró y finalmente dijo:

-Quedamos a la una.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Edward estaba en la cocina cuando apareció su primo.

-¿Dónde está Bella? – preguntó Emmett de manera seca.

-Se ha ido. – contestó Edward sin mirarle.

-¡Maldita sea! Dijo que se iría pero pensé que se despediría, al menos.

-¿Dime por qué se ha ido? ¿Y por qué pasó la noche en mi cama en vez de en la tuya?

Emmett le miró incrédulamente.

-Eres un auténtico bastardo. ¿Crees que debería haber pasado la noche al lado o dentro de la mujer que amas?

Edward contuvo su creciente ira.

-Eso te lo dejo a ti – le respondió con mirada cínica.

-No te molestes. Bella no se va a casar conmigo.

Edward se sorprendió. En su cara Emmett reflejaba el dolor del rechazo de Bella, y de no poder ser él quien criara a su bebé. Pero no podía decirle que lo lamentaba, porque en realidad para él era un alivio.

-Te ama a ti. Antes prefiere estar sola que con otro hombre.

Edward negó con la cabeza.

-¿Qué piensas hacer?

Edward parpadeó.

-Nada. Ya he hecho bastante y nada bueno ha salido de ello.

Emmett agarró a su primo del cuello de la camisa, levantándolo bruscamente de la silla.

-¿Qué coño haces? – le preguntó Edward.

-Contenerme para no molerte a golpes.

-Adelante – le provocó Edward.

-¿Y darte la satisfacción? No. Te voy a hacer entrar en razón. No voy a permitir que dejes a Bella sola con un bebé cuando podrías…

-¿Podría qué? ¿Amarla? No sin ti o algún otro tío delante. Conozco mis limitaciones, y ella se merece más de lo que yo puedo darle. Recuperará la cordura y aceptará tu propuesta.

-Por tu bien espero que eso no ocurra. Será mejor que intentes arreglar las cosas.

-¿Qué demonios quieres decir?

Emmett volvió a agarrarlo por la camisa.

-Que lo superes. ¿Estoy siendo lo suficientemente claro?

-¿Qué lo supere? – Edward se soltó de un tirón - ¿Quieres que me olvide que provoqué la muerte de una chica de dieciséis años? Eres un cabrón. ¿Acaso crees que puedo quitarme la culpa sin mas y hacer como si nada hubiera pasado?

-Han pasado doce años…

-Y durante todo este tiempo Tanya ha estado muerta, por mi culpa.

-¡Deja de decir eso! No es cierto – gruñó Emmett – No voy a conseguir a Bella, pero tú sí puedes hacerlo. Ella te ama. Puede curarte. Sólo tienes que aceptar la verdad sobre Tanya y las circunstancias que rodearon su muerte.

-Conozco la maldita verdad – dijo Edward apretando los dientes.

-Conoces aquella locura que su familia fomentó. Y que tú aceptaste por completo. Pero piénsalo bien. Piensa en cómo era ella en realidad. Era un desastre. Haberse quedado embarazada sólo era uno de sus problemas.

Edward se encogió de hombros.

-Por supuesto que tenía más problemas, pero quedarse embarazada era el mayor de ellos.

-Claro. ¿Y qué pasa con las drogas que tomaba? ¿O con que sus padres se estuvieran divorciando? Le iba mal en el instituto también, ¿cierto? Y dos días antes de tomarse las pastillas había suspendido el examen de conducir, ¿no?

-No era una drogadicta. Sus padres al final no se separaron. Podría haber recuperado el instituto, y repetir el examen de conducir.

-Y también podría haber interrumpido el embarazo. Sus padres se ofrecieron a pagarle el aborto. No se mató porque no quisiera que sus padres supieran que se había acostado contigo. Y tampoco porque no tuviese otra elección.

-Tú no conocías a Tanya.

-Claro que sí – gritó Emmett – esa chica deseaba llamar la atención. Lamento que se haya muerto. Pero fue culpa suya si no quiso enfrentarse a la vida. Castigó a todo el mundo porque nadie la quisiera como ella quería ser amada. Su hermana se portó fatal con ella. Su padre jamás tuvo tiempo para ella. Su madre tomaba tantos antidepresivos que ni podía pronunciar su nombre. Si buscas en el diccionario el significado de familia disfuncional, verás la imagen de ellos debajo.

-Sí – suspiró – pero fue quedarse embarazada lo que la llevó al límite.

-O no. No puedes saberlo con seguridad. Ella descubrió que estaba embarazada mucho antes de enterarse de que sus padres se iban a divorciar, y antes de conocer las notas del instituto o del examen de conducir. Era una chica volátil e insegura. Pudo haberse suicidado por cualquier cosa. No puedes seguir culpándote porque tú no la obligaste a que se tomara el bote de pastillas.

Verdad. Si él hubiese estado presente lo habría evitado. Pero todos afirmaban que el embarazo la había perturbado tanto que la había llevado a acabar con su vida.

-Tus únicos errores fueron usar un condón roto y la manera en que te comportaste después de que Tanya te diera la noticia. Aunque comparándolo con como trataste a Bella, no es tan grave.

Edward se quedó paralizado.

-¿Qué estás diciendo?

-Has reaccionado con miedo y furia. La has rechazado. Ésa no es la manera en que una mujer quiere que se comporte un hombre cuando le dice que va a tener un hijo suyo. Si estás preocupado por Bella, dejársela a otro hombre o permitir que se enfrente sola a todo este no es la mejor manera de asegurarte su salud emocional. – Edward abrió los ojos con impresión – La pregunta aquí es – continuó Emmett – es si vas a alejar de ti a la mujer que amas y a tu hijo por una muerte, de la que no fuiste responsable, acaecida hace más de una década.

Edward se sentó de nuevo frente a una taza de café y meditó las palabras de Emmett. Realmente la familia de Tanya le habían echado la culpa, y cada vez estaba más convencido de ello, con tal de buscar un culpable que no fueran ellos. Además, Bella no había reaccionado como Tanya.

Tras descubrir que estaba embarazada, y ver lo mal que él había recibido la noticia, Tanya se había ido de juerga toda la noche, se había emborrachado y acostado con su mejor amigo… algo de lo que se aseguró que él supiera sólo para castigarlo.

Bella, sin embargo, había rechazado a Emmett, había llorado hasta quedarse dormida en su cama, y luego, había hecho la maleta y se había ido sin decirle nada que lo hiciera sentir culpable. Simplemente había seguido con su vida.

Pero el problema mas grande que tenía era, ¿y si no conseguía hacer el amor con Bella, los dos solos, como un hombre normal?

No obstante, tenía que aclarárselo. Y debía asegurarle que sería un padre y amigo, y que la ayudaría económicamente si lo necesitaba. Con el tiempo, Bella conocería a un buen hombre. Como dolía eso. Pero lo ignoró. Ya lo afrontaría llegado el momento.

Como deseaba ser el hombre que la mereciera.

-¿Qué buscas exactamente de arreglar las cosas entre Bella y yo? ¿quieres seguir manipulándonos o es para poder estar cerca del niño?

-Me lo merezco. He intentado influenciaros a ambos para obtener lo que quiero. Pero ahora sólo intento hacerte ver lo que es mejor para ti. Eres como un hermano para mí. Y quiero que seas feliz. Te lo mereces después de tanta mierda.

Edward tragó saliva. Quería creerle. Y lo hizo…

-Gracias.



OoOoOoOoOoOoOoO



Bella frunció el ceño al ver aparecer a Sam como un perrito detrás de Jacob.

Insistió en estar presente por si me acosaban. Pero se quedará dentro del restaurante. No saldrá a la terraza. Esta comida es privada, sólo para nosotros.

Jacob se sentó al mismo tiempo que la camarera, que fingía realmente mal que no sabía quién era, les tomaba el pedido.

Una vez se fue la camarera, Bella miró seria a Jacob, esperando que hablara.

-Gracias por haber venido.

-Será la última vez hasta que aceptes el hecho de que no nos vamos a casa. ¿Cómo se te ocurrió anunciar el compromiso sin siquiera habérmelo consultado?

-Simplemente se me ocurrió. Ya lo habíamos hablado antes. No me gusta cómo se dirige mi vida y tu eres una buena influencia para mi.

-Si no te gusta tu vida, cámbiala. Yo no puedo hacerlo por ti.

Jacob le tomó las manos.

-Puedes ayudarme. Contigo soy más fuerte. Consigues que quiera ser mejor persona.

-Eso debes hacerlo por ti mismo, Jake. Si lo que quieres realmente es liberarte, despide a Mike. Olvídate de las fiestas. Hazle caso a Sam. Puede que sea brusco y serio, pero intenta evitar que te autodestruyas.

-Eso haré – prometió.

-Puedes hacerlo Jake. Sé que con solo proponértelo serás capaz de enfrentarte a ello.

Jake se quitó las gafas de sol, revelando una cara cansada y ojos rojos.

-No te culpo por no querer ayudarme. No debería haberme acostado con la rubia en la gira, y el video… fui un estúpido. Lo siento. Pero me moría de deseo cada vez que te tenía cerca, y no podía tocarte porque ¿Cómo iba a corromperte? Eres demasiado inocente.

-No. Ya no.

Jacob se quedó paralizado.

-¿Le diste tu virginidad al gilipollas del teléfono?

-Jake, me enamoré de él. Ya lo estaba antes de ir a la gira contigo. Él hizo todo lo que pudo para alejarme, pero…

-Mas bien diría que encontró la manera de meterse entre tus piernas – gruñó - ¿Dónde está ahora?

Bella suspiró.

-Algunas veces las cosas no salen bien. Igual que con nosotros.

-No digas eso. Ven conmigo. Cuidaremos el uno del otro.

-No. Estarás bien sin mí. Sólo tienes que hacerte a la idea. Hacer lo que es correcto. Te has hecho famoso y rico muy joven. ¿Qué hubieran querido tus padres que hicieras? ¿Quieres tener que contarles a tus hijos esta parte de tu vida? Dedícate a hacer cosas de las que te sientas orgulloso.

-No vas a cambiar de idea, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza.

-Siempre estaré disponible por teléfono o correo electrónico. Y podemos quedar cuando vengas a la ciudad, ser los viejos amigos que éramos.

Jacob parecía triste, pero finalmente se acercó a ella y la abrazó.

-Eres una mujer muy especial – dijo. Bella sonrió.
Jacob le cubrió la boca con un beso. Un simple piquito de amigos, como despedida.

En ese momento un flash los interrumpió. Y luego, chillidos femeninos.

En un solo segundo estaban rodeados de seguidoras histéricas y periodistas. Tanto las chicas como los periodistas empezaron a hacerles preguntas, que ellos, por la sorpresa, eran incapaces de contestar.

Jacob intentó echarlos de la manera más educada posible, dada la situación, pero todo aquello era demasiado. Y para empeorar la cosa, la multitud se hacía cada vez más y más grande.

Varias chicas se abalanzaron sobre Jacob. Una de ellas consiguió quitarle la camisa que había dejado en el respaldo de la silla antes de sentarse y otras quisieron quitarle la camiseta, que aún llevaba.

Bella parpadeó asombrada, ¿Cómo podía Jake aguantar eso allá donde iba?

Sam apareció entre la gente y sugirió a Jacob que se marchara antes de que la cosa fuera peor.

Jake se rehusó durante un segundo, hasta que Sam le aseguró que él acompañaría a Bella a casa para asegurarse que llegaba bien.

Jacob se volvió hacia Bella antes de irse para preguntarle si estaría bien. La chica le dijo que no se preocupara. Como bien había dicho Sam, él la acompañaría, y podría estar segura.

Jake la besó en la mejilla, ignorando los flashes de las cámaras.

Finalmente, Bella salió del restaurante acompañada por Sam.

Por fin Jake había comprendido que no tendrían un futuro juntos. Él reharía su vida.

Y ella también.
 
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martes, 19 de abril de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 17

Adapatación ----- Lemmon



CAPÍTULO 17

Edward se mantuvo a la espera. Pero al observar como Emmett le acariciaba el vientre a Bella se mareó ante la posibilidad de que su primo hubiese creado una vida en Bella. Sintió ganas de romper algo.


Luego Emmett se puso en pie y lo miró con resignación.

-Pero no puedo ser el responsable, Edward. Ese bebé no puede ser mío.

-Tú también te acostaste con ella. Lo hicimos los dos.

-Cierto – Emmett fue a sentarse a su lado y le dio una palmada en la espalda – Pero yo no puedo tener hijos. Soy estéril.

Bella soltó un jadeo ahogado, pero Edward apenas la oyó.

Clavó los ojos en su primo. Era la segunda bomba de la noche. Una auténtica devastación nuclear.

-¿No puedes?

-No – tragó saliva – Cuando tenía 14 años mas o menos, pillé algún tipo de virus. Tuve muchísima fiebre – se encogió de hombros – Al parecer se cargó todos mis espermatozoides.

Edward no podía comprenderlo.

-¿Qué?

-¿Estás seguro Emmett? – preguntó Bella.

-Hace unos años hice que me repitieran las pruebas. Todos los especialistas que visité me dijeron que mi recuento de espermatozoides era tan bajo que era prácticamente imposible que dejara embarazada a una mujer.

-¿Por qué nunca me lo dijiste?

Emmett encogió los hombros otra vez.

-Les pedí a mis padres que no se lo contaran a nadie de la familia.

-¿Ni siquiera a mí? ¿Por qué?

-Ya sabes como somos las personas, siempre queremos lo único que no podemos tener – su sonrisa era tensa – Quería tener un bebé que al menos compartiera un poco de mi sangre. Un bebé que al menos se pareciera a mí. Quería conocer a su madre. Ser parte de la familia. Sentirme conectado a ella durante la concepción, embarazo, parto y crecimiento del niño. Te habría pedido que fueras el donante, de veras, pero sabía que tú no querías aceptar la responsabilidad de un hijo.

Edward comprendió entonces, que ésa había sido la intención de Emmett desde el principio.

-¿Llevas doce años esperando que dejemos embarazada a una tía? – Edward se había quedado boquiabierto - ¿Por eso siempre hablabas de esposas y de casitas con una cerca? ¿Por eso me presionaste para que tomara la virginidad de Bella?

Edward había considerado a Emmett como un hermano, y todo ese tiempo ¿Emmett lo había considerado como un donante de esperma?

-La habrías tomado de todas maneras. Reconócelo.

Rechinando los dientes Edward admitió para sí mismo que Emmett tenía razón. Pero no pensaba darle esa satisfacción.

Emmett suspiró.

- Edward, hay muchas razones por las que he estado contigo durante todos estos años. Pero tengo que admitir que esperaba que, finalmente, encontráramos a la mujer con la que tener hijos. Jamás te lo oculté.

- ¡Sabías que lo último que quería era dejar embarazada a otra mujer!

- Pero también sabía que algún día volverías a sentirte un hombre completo y que querrías tener hijos. Algo que tú también creías en lo más profundo de tu ser. Si no, te habrías hecho una vasectomía hace ya tiempo. Te conozco.

Edward no había querido pensar demasiado en ello. Había considerado la posibilidad de practicarse una vasectomía. Incluso había llegado a tener una cita. Pero luego… algo lo había detenido. Le había parecido muy drástico; los condones y los menages eran suficientes.

-Pero como no lo hiciste, me aseguré que encontraras a la mujer perfecta…

-¿Para que la follara, la preñara y formara una familia para ti?
-No. Jamás tuve la intención de dejarte fuera. Pensaba que…

-Puedo imaginar lo que pensaste – gruño Edward – Felicidades, ya has conseguido tu jodido deseo. Ahora ya tienes a una mujer preñada bajo tu techo que te dará un bebe. Y tú – clavó una acerada mirada en Bella – tienes un hombre completo que desea casarse contigo y formar una familia. Podéis consideraros el uno al otro como mi regalo de bodas perfecto.





OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Edward cerró la puerta de golpe, dejando atrás a una temblorosa Bella.

En cuanto Edward se marchó sintió un terrible temor. No había esperado que se alegrara por el embarazo, pero tampoco se hubiera imaginado una reacción así.

Emmett se sentó a su lado rodeándole la cintura con un brazo.

-¿Estás bien?

No. No lo estaba.

-Creo que hubiera preferido que me atropellara un camión. Hubiera resultado menos doloroso.

Emmett la atrajo hasta su pecho y le acarició la espalda..

-Lo siento. Sé que la manera de actuar de Edward te ha hecho mucho daño. No sé que decir para explicar su reacción.

-No espero que me expliques nada. Edward ya es mayorcito para hacerse responsable de sus acciones. – Y ella ya habría estado cabreado con él, de no haber sido por el temor que claramente él sentía.

-Edward jamás lo superó.

-Está claro que no.

-Después de la muerte de Tanya, asumió la culpa. Y la familia de ella no ayudó. La hermana de Tanya extendió por el instituto el rumor de que Edward la había empujado al suicidio. Su madre trabajaba allí de profesora y se aseguró de que casi todos los profesores pensaran que Edward había sido el responsable de aquello, y lo trató como si fuera un asesino. Vivían en un pueblo muy pequeño, así que mi primo no pudo cambiar de colegio. Apenas podía salir de casa sin la compañía de uno de sus padres. Una de las veces que lo hizo, el padre de Tanya lo detuvo y lo metió en la cárcel por exceso de velocidad. Lo llevó a la celda que ocupaba un peligroso delincuente adulto, a pesar de que Edward era menor de edad. Si el padre de Edward no hubiese averiguado con rapidez donde se encontraba su hijo y no se hubiese presentado en la cárcel con un abogado, estoy seguro de que aquel individuo hubiera violado a Edward.

A Bella se le oprimió el corazón.

-Oh, Dios mío… es terrible.

-Pero lo peor de todo es que Edward asumió la culpa. Creo que todavía lo hace. Y estoy seguro de que lleva años temiendo poder llegar a ser el causante de la muerte de otra mujer.

Aquello había sido terrible. Por culpa de Tanya y su familia, Edward se había llenado de inseguridades y habían destrozado su autoestima.

Y ahora, ella misma volvía a introducir otro bebé en su historia.

-Gracias por contármelo.

-¿No estás enfadada conmigo?

-¿Por no haber sido sincero sobre el pasado de Edward?

Emmett hizo una mueca.

-No. Por no haber sido sincero sobre mi… problema antes.

-Porsupuesto que no.

-A mí no me debías ninguna explicación.

Él agachó la cabeza cuando entendió la indirecta.

-Pero sí se la debía a Edward.

-¿Por qué no le contaste la verdad? Eres su mejor amigo, el hombro en el que se apoya. Le importas, confía en ti…

-Pensé… que los dos teníamos mucho que ganar con este acuerdo. Siempre he creído que algún día conoceríamos a la mujer que podía hacer de él un hombre completo. Y que luego él aceptaría que ella se quedara embarazada. Uno de los dos se casaría con ella, todos seríamos felices… creí que de esa manera él volvería a ser el de antes y que yo obtendría la familia que tanto quería.

Se había equivocado.

-Supongo que el hecho de que yo fuera virgen fue un golpe de suerte.

-Para Edward, sí. Pensé que si él te poseía sería como una catarsis, que derribaría sus barreras mentales. Y cuando lo hizo, creí que lo había superado. Tú le importas mucho. La manera en que respondió a ti fue, desde el principio, totalmente diferente. Creo que ya estaba medio enamorado de ti cuando entraste por la puerta. Y no me cabe ninguna duda de que tú también estabas medio enamorada de él. La primera vez que te vi me pareciste dulce y maravillosa.- Sonrió tristemente – creí que todos saldríamos ganando.

-Bueno, supongo que eso era lo que parecía a simple vista – Pero todo se había ido al infierno, y Bella no tenía idea de qué hacer ahora.

Emmett le alzó la barbilla para que le mirase.

-Cariño, lo siento tanto. – le dio un suave beso en la boca.

Bella sonrió negando con la cabeza.

-Bella – continuó Emmett, inspirando profundamente – Cásate conmigo.

¿Qué?

-Sería un buen arreglo. Tú tendrías un bebe. Yo tendría un marido. Pero ambos sabemos que es un error. Tú no me amas.

-Eso no es cierto.

Bella lo miró a los ojos y vio en ellos amor. El mismo amor que ella sentía por él.

-Emmett, no puedo negar que existe una atracción sexual entre nosotros…

-Una atracción muy fuerte – Emmett sonrió.

-Pero no me amas. Me quieres de la misma manera que yo te quiero a ti, como un amigo. Con el paso del tiempo, esa atracción desaparecerá.

-Puede que sí, o puede que no. Hay mucha gente que comienza con menos y acaba muy enamorada. Formaríamos una familia. Por favor, piénsatelo antes de contestar – parecía a punto de implorar.

Maldición. Bella no quería hacerle daño, pero si le decía que sí, solo estaría retrasando el daño que le haría más tarde, cuando viera que lo suyo no resultaba.

-Edward siempre se interpondría entre nosotros. Siempre será el padre del bebé, y yo siempre lo amaré. Conforme vayan pasando los años, no creo que puedas soportarlo.

-Sí que podría…

-Entiendo cuanto quieres a este bebé y tener una familia propia. No tengo la menor duda de que serás un tío estupendo para él, pero no creo que sea buena idea que nos casemos.

-Por favor… eres mi última esperanza. Voy a cumplir 34 años. Edward jamás querrá volver a compartir a una mujer conmigo a partir de ahora… ni a ti, ni a nadie. Tener un hijo es lo único que no puedo hacer por mí mismo. He conseguido éxito en mi profesión. He conseguido comprar una casa. Tengo buenos amigos. Más dinero del que puedo gastar. Pero… este vacío es algo que no puedo llenar.

Bella sufrió por él.

-¿Has considerado adoptar un niño?

Él le cogió las manos.

-Quiero que tenga algo de mí, incluso aunque sea una parte ínfima. Tú llevas una pequeña parte de mí en ti. Edward no va a querer ejercer de padre, y este bebé necesitaría uno. Seré un buen marido.

-No tengo la menor duda – pero para la mujer a quién de verdad amara – Sé que Edward no va a cambiar de idea. Pero no creo que sea bueno añadir otro error a la lista.

-Piénsalo antes de decir que no.

-Ya lo he hecho. Serás parte de la vida del bebé. Pero si te casas conmigo, tu relación con Edward se destruirá. No creo que quieras eso. Y yo, desde luego, no quiero tener algo así sobre mi conciencia.

Emmett hundió los hombros derrotado.

-Sé que no lo harás, pero si cambias de idea…

-Ya sé donde encontrarte.

Bella se acercó a él y lo besó dulcemente. Sólo un roce de labios. Emmett la atrajo hacia él, devorándole la boca en un beso suplicante. Bella sintió nuevamente el deseo. Sería muy fácil derretirse contra él. Pero no podía hacerlo, porque eso le daría falsas esperanzas. Así que se apartó.

-Me iré por la mañana.

Emmett se tensó, apretó los labios y finalmente, la soltó.

-¿Adonde irás?

-Tengo que ponerme en contacto con mis hermanos. Mi padre saldrá pronto del hospital y en cuanto le den el alta ira a casa de Félix. Necesitará mi ayuda. Mi apartamento no queda muy lejos del de Félix, aunque supongo que estarás hecho un desastre.

-¿Me darás tu nuevo número de teléfono? Quiero estar en contacto con tigo. Quiero estar tan involucrado en la vida del bebé como me dejes.

Ella sonrió.

-Claro. Necesitaré que me echen una mano, y ni Félix ni Seth sabrás como manejar esto. Me alegraré de que estés conmigo. Incluso aunque no nos casemos, llevo una pequeña parte de ti conmigo. Nunca podría alejar este bebé de ti Emmett. Nunca.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO





Por más que intentaba emborracharse no lo conseguía. Edward estaba intentando reunir fuerzas para poder enfrentarse a la visión de Bella en los brazos de Emmett, en la cama. Y debería acostumbrarse pronto porque en cuanto se casaran estarían así a menudo, frente a él, durante toda su vida.

A menos que Bella siguiera el camino de Tanya después de enterarse de su pasado. No, eso no podía pasar, Emmett no lo permitiría. Su primo la salvaría.

Dios, sólo pensar en que Emmett tendría el derecho de tocarla, acariciarla, follarla… y él no, lo mataba.

Se obligó a pensar que eso era lo mejor para ella.

Tragó aire. Y aunque sabía que moriría en cuanto viese a “la parejita feliz” se obligó a ir hacia el dormitorio.

La casa parecía silenciosa, pero ¿y si todavía mantenían relaciones sexuales?

Inspiró profundamente antes de mirar en la habitación de su primo. Pero sólo vio a Emmett, tumbado en la cama, dormido.

El alivio y el miedo lo recorrieron a la vez. ¿Dónde estaba Bella?

Continuó andando hasta su habitación, mientras pensaba que por favor estuviese allí, y bien.

Entró en su dormitorio y allí estaba ella. Dormida con una enorme camiseta de color blanco. Con la cabeza apoyada en la almohada y abrazada a una de sus camisetas.

Se apoyó en el marco de la puerta, admirando su figura.

No podía dejar de pensar si ella habría aceptado la propuesta de matrimonio de Emmett. Quizá aún no le había respondido y por eso estaba en su dormitorio. Porque lo que no le cabía duda es que su primo seguro le habría propuesto que se casara con él.

Sea cual fuese la razón por la que Bella aun estaba allí, lo que él sabía seguro es que no se la merecía. Bella estaría mejor con Emmett.

Bella gimió en sueños. Él dejó de lado todas las razones por las que debía olvidarla y cruzó la habitación hasta llegar a la cama.

Bella debía haber llorado, porque aun tenía la nariz enrojecida y las mejillas brillaban por las lágrimas secas.

Mierda, hubiera preferido darse una patada en el estómago a ver eso.

Y a pesar de todo lo pensado antes, no quería más que meterse en la cama y acurrucarse en sus brazos para dormir. Luego se despertarían juntos, se besarían, se acariciarían y después, tal vez…

NO. Eso no iba a ocurrir. No podría hacer el amor con ella a menos que estuviese Emmett, o cambiaría la cosa ahora que ella estaba embarazada. Daba igual, porque Bella no querría volver a ser compartida cuando tuviese el bebé, y él, sinceramente, tampoco quería volver a verla en los brazos de Emmett.

Además, después de lo que había pasado anoche, Emmett y él no volverían a compartir a ninguna mujer.

Tendría que encontrar a otro hombre y asegurarse que la mujer que escogiera no significara nada para ellos.

Pero después de Bella, había tenido otro problema. El desinterés por el sexo que había experimentado con Rosalie, ¿sería permanente o se le pasaría?

Además tendría que ser valiente y hacerse una vasectomía. Así no habría más líos. Se aseguraría de no joderle la vida a ninguna otra mujer.

Y tendría que mudarse. Dejaría la ciudad, así no tendría que aguantar ver a su primo y a Bella todos los días. Pero antes de irse se aseguraría que ella estaba bien.

Ahora, viéndola, y sabiendo que se iba a ir, era incapaz de alejarse de ella. Cogió su mano, sujetándola con suavidad para no despertarla. Llevó su mano hacia su boca y depositó un suave beso en sus nudillos.

Dios, como la amaba. De alguna manera, incluso cuando trabajaba para Charlie, y ella solo tenía 17 años, pudo sospechar que ella era su debilidad. Ahora no sólo iba a tener que vivir sin ella, si no que también tendría que lidiar con que ella perteneciera a su primo, a quien consideraba como a un hermano.

Y lo más triste es que ella estaría mejor sin él.

Con ese pensamiento no pudo aguantar más, y explotó. Las lágrimas corrían una tras otra y no podía detenerlas.

Edward suspiró profundamente, intentando contenerlas.

Su aliento se entrecortó. Cerró los ojos apretando la mano de Bella. ¿Qué iba a hacer sin ella?

Mirando atrás, podía ver que ella le había ofrecido toda su confianza. Sabía cuando ser ruda o tierna con él. Amaba aquella manera femenina en que se imponía a él, y en como podía conseguir que aumentase su miembro de tamaño con sólo una sonrisa.

Edward enterró la cara en las sábanas al lado del muslo de Bella y dejó escapar los sollozos. En silencio. No quería despertarla, ni que nadie lo supiera. Pero no podía detenerse. Su vida había sido un gigantesco error. Durante años, Tanya había ocupado el primer lugar en su lista de pesares. Ahora, además tenía que añadir a Bella. Ella iba a sufrir durante los años que viniesen y no sabía que hacer para mejorar la situación.

Excepto hablar con ella de la forma más civilizada posible sobre el bebé que crecía en su vientre. Y luego… la dejaría en paz.


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lunes, 11 de abril de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 16

Adaptación----Lemmon



CAPÍTULO 16

Bella entró en el hospital, vestida con unos pantalones y camiseta holgados, de tonos apagados, con una peluca corta de color rubio ceniza y acompañada de Alice. Jasper y Edward las seguían lo suficientemente cercas para atacar a cualquiera que se metiera con ellas.


En su opinión estaban exagerando. Seguro que las llamadas anónimas que había recibido eran de los paparazzi. Además si era verdad que alguien quería hacerle daño a ella, ¿por qué explotar la casa de su padre?

En vez de ir directamente a la habitación de su padre, Edward la había hecho rodear el hospital desde la zona de maternidad.

Cuando llegó hasta su padre casi se desmoronó.

Él parecía tan… frágil.

Daba la sensación de que había empequeñecido. Y su espesa cabellera negra había sido rapada.

-Venga, gatita – susurró Edward rodeándole los hombros con un brazo – Lo haremos juntos.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Tras unos minutos hablando con su padre, Edward y Bella salieron de la habitación. Bella se sorprendió al ver allí a Seth. Su hermano había llegado hacía unos minutos.

No tardó mucho tiempo en enfrentarse a Edward por estar con su hermana. Seth sabía muy bien el tipo de relaciones que practicaba Edward, y no le gustaba nada que Bella ahora estuviera con él.

Por suerte, Edward se mantuvo impasible a sus insultos.

Tras varios insultos, ignoró a Edward para dirigirse a Bella:

-¿Quieres explicarme, aunque sea, por qué, si he visto a Jacob Black diciendo por todos lados que eres su prometida, estás con el señor menage?

Eso no se lo esperaba. Jacob insistía en que iba a casarse con él. Y ella había estado tan absorta en el pantano que no se había enterado de nada.

-¿Ha salido en las noticias del extranjero?

-Sale en todos lados.

Negando con la cabeza, le explicó:

- Rompí con el. Al parecer, aún no lo ha aceptado. No necesita una esposa, si no un apoyo. Pero eso da igual, ¿qué sabes sobre el estado de papá?

Tras una breve charla, Edward avisó a Bella que era la hora de irse.

Seth tuvo que aceptar al final la decisión de Bella de irse finalmente de vuelta con Edward y Emmett.

Salieron del hospital por una ruta diferente, hasta llegar a una tienda donde vendían revistas y periódicos. Bella no pudo ignorar una revista en la que el titular rezaba: “¿Habrá Boda?”. Justo debajo del titular, había una foto de ella y Jake la noche del concierto en la que Jake anunció su compromiso. Le echó una ojeada a la revista, en la cual las entrevistas se mostraban más interesadas en la vida desenfrenada del chico y el comportamiento frenético de Jacob.

Parecía que Jake había perdido contacto con la realidad.

Edward le arrancó la revista y la colocó en su sitio.

-No leas esa mierda. Tú, más que nadie sabes que es mentira.

-Es que no entiendo qué diablos está haciendo Jacob. Rompí el compromiso. Envié el comunicado a todos los periódicos que se me ocurrió.

Edward apretó los dientes, guiándola hacia el coche. Jasper los seguía, con Alice de su mano.

-Algunos periódicos han hecho caso omiso al comunicado. Piensan que es un bulo.

-También se lo envié a Jake. Le dije que lo dejaba. Sabe que fui yo quien envió ese correo.

-Vale, pues el no piensa lo mismo.

Algo tenía que hacer. Eso tenía que acabar.

-Sea lo que sea lo que estés pensando – le advirtió Edward – la respuesta es no.

-Tengo que poner fin a todo esto.

-No

-Pero…

-No

-¿Por qué no? – dijo en voz más alta de la cuenta.

-Nos hemos esforzado mucho para protegerte. Jacob se ha hecho su propia cama. Ya tuve que ver una vez como te ibas con él, y él no pudo hacer que lo vuestro funcionara. No vas a arriesgas tu vida para sacar a ese capullo del lío en que se ha metido.

-Pero…

-¿Quieres volver con él?

Edward sabía muy bien como acorralarla con sus palabras.

-No.

Edward le lanzó una mirada con aquellos salvajes ojos verdes que ella no pudo descifrar.

-¿Quieres estar con Emmett y conmigo?

-No me gusta tener que ocultarme en medio de la nada y tener que estar lejos de mi padre.

-Responde a la pregunta.

La simple pregunta que Edward le había hecho le había dado a Bella esperanzas. Contuvo una sonrisa. Edward le había hecho una pregunta, cuya respuesta era importante para él.

Extendió la mano hacia él y se la puso en el muslo.

-Sabes que sí – susurró con voz dulce.

Edward asintió con la cabeza, dando por finalizada la conversación.

-Entonces no vuelvas a mencionar a ese gilipollas jamás.





OoOoOoOoOoOoOoOoOoO





Bella pasó la semana siguiente entre los eufóricos encuentros en los brazos de Edward y Emmett y el abatimiento por la falta de mejoría en la salud de su padre.

Seth mostraba su desaprobación cada vez que hablaba con él, lo cual no mejoraba su estado de animo.

Esa mañana, como si detectara su confusión y tristeza, Edward la había despertado con unos tiernos besos en el cuello y sus exigentes dedos dentro de su sexo. Emmett había atendido sus pezones, usando esas pinzas a las que parecía haber cogido tanto cariño.

Después de unos minutos todas sus preocupaciones se habían esfumado para dejar paso a la necesidad de sentirlos. Ello, como siempre hacían, la habían complacido.

Cuando todo hubo acabado, Emmett le dio un beso en la frente y se fue a darse una ducha, dejándola sola con Edward. Este la estrechó contra su cuerpo.

Bella contuvo las ganas de llorar. Temía que su padre no mejorara, que sus decisiones la alejaran de su hermano. Y también temía que no consiguiera nunca el amor de Edward.

-¿Bella? - Edward le acarició la espalda. Era su manera de preguntar si estaba bien.

Ella solo quería preguntarle si la amaba. Pero sabía que no debía. No estaba segura de querer saber la respuesta. Los dos hombres se ocupaban muy bien de ella. Tan bien que se preguntaba si no acabaría volviéndose loca de tantos orgasmos. Y no podía quejarse. Pero Edward no había dicho ni una palabra, y ella seguía sin conocer su pasado.

-Estoy bien – mintió. ¿Qué más podía decir?

El cambio de postura para mirarla desde arriba. Era tan guapo, casi perfecto.

¿Qué haría si ella no era más que un buen polvo para él?

-Estás demasiado tensa para estar bien – le deslizó una mano por le sexo - ¿Necesitas correrte de nuevo, gatita?

Bella le agarró la muñeca para detenerlo. Él podría llevarla al orgasmo, de eso estaba segura, pero no hacía el amor con ella si estaba solo. Y no le contaba nada de sus sentimientos, si es que realmente sentía algo por ella como afirmaba Emmett.

-No sigas – se apartó de él y se dispuso a levantarse.

Edward la agarró por la cintura y volvió a acercarla a él.

-¿Quieres volver a llamar a Félix para saber como está tu padre?

-Es muy temprano. Puede que aun no estén en el hospital. Aunque esté preocupada por mi padre no puedo hacer nada por el en estos momentos.

-Entonces cuéntame por qué demonios pareces a punto de echarte a llorar.

Bella se retorció intentando liberarse. Pero fue inútil, Edward era demasiado fuerte.

Tenía que salir de allí, o acabaría diciéndole que lo amaba.

-¿No crees que tengo motivos para echarme a llorar?

-Sí. Pero no es lo habitual en ti, ¿qué te pasa?

Por más que lo intentaba no conseguía liberarse. Frustrada dijo:

-¿Qué demonios quieres de mí? ¿Que te abra mi corazón? No veo que tu estés ansioso de hacer lo mismo conmigo.

-Vayamos por partes, gatita. Habla conmigo.

-De acuerdo, tú lo has querido. No sé si esto significa algo para ti – empezó diciendo al mismo tiempo que señalaba la cama – Y cada día, yo te abro mi corazón y mi cuerpo, esperando que te des cuenta de que ¡te amo!

En el momento en que dijo las palabras, se llevó la mano a la boca, deseando no haberlas dicho. Él se puso rígido.

-Hace solo unas semanas amabas a Jacob Black,

-Hace unas semanas pensaba que lo que sentía por él era amor, ahora conozco la diferencia. Pero no te preocupes, sé que tienes un horrible pasado que te mantiene alejado de mí. Que me protegerás y…

-Yo también te amo.

Bella abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué?

Él suspiró, le acarició suavemente la mejilla y la besó tiernamente. Bella estaba a punto de echarse a llorar.

-Te amo. Ojala fuera… un hombre mejor para ti. Pero mi vida personal y mi mente… están jodidas. Algunas veces - Edward tragó saliva – odio tener que compartirte. – Bella parpadeó. Nunca se lo hubiera imaginado. A ella le había pasado lo mismo. Sentía mucho cariño por Emmett, pero no amor.

-Entonces no lo hagas, me encantaría estar sola contigo, solo nosotros dos. Por favor.

Edward negó con la cabeza.

-No puedo. Esta es la única forma en que puedo estar contigo.

Y ahí estaba de nuevo, separándolos, su secreto.

-Si pudieras decirme por qué…

-Eso no cambiaría nada.

-Puede que te equivoques. Es posible que si habláramos de ello…

-Es complicado, y hablar de ello no va a cambiar las cosas. De momento no tengo otra opción – dijo angustiado, aunque intentaba mostrar que lo estaba – Tómalo o déjalo. Es elección tuya.

Él no iba a ceder. La estaba dejando fuera.

Bella le dio la espalda. Volvió a aguantarse las ganas de llorar. Edward la amaba, pero no confiaba en ella. No podía – o no quería – dejar de compartirla con su primo.

Ninguno de los dos se movió. Fue un momento muy doloroso. Bella no sabía que decir.

El sonido del teléfono rompió el tenso silencio entre ellos. Pero siguieron sin moverse.

-¿Por qué no responde nadie? – Emmett cruzó molesto el pasillo, descalzo y con una toalla anudada a la cintura - ¿Diga?

Hizo una pausa, escuchó y asintió. Bella lo observaba. Emmett se giró finalmente.

Bella se incorporó, mirándolo por encima de Edward.

-Es para ti cariño. Es Félix.

Bella se levantó de la cama completamente desnuda, bajo la atenta mirada de los dos hombres. Edward le lanzó la bata. Pero Bella la dejó caer a sus pies. Después de todo, ¿qué más daba andar desnuda en esa casa si no había lugar de su cuerpo que no hubiesen recorrido ya Edward y Emmett?

-Dime Félix.

-Hola. Tengo buenas noticias hermanita. ¡Papá está consciente! Y en perfecto estado.

Bella reflejó toda su alegría en su cara. Lo sabía, porque al momento Emmett corrió a su lado y le cogió la mano. Edward se acercó lentamente.

-¿Cuándo? – preguntó, aun sin podérselo creer.

-Hace unos veinte minutos. Hoy van a hacerle más pruebas. Si todo va bien, le darán el alta en unos días.

-Eso es estupendo – chilló – es… es asombroso.

-Y aun hay más. Estamos seguros de saber quién fue el capullo que puso la bomba.

-¿Qué? ¿Lo han detenido?

-Sí – dijo con alegría. Una alegría que Bella rara vez había oído en su hermano – Lo habíamos visto merodear por el hospital y los pasillos desde hace varios días. Esta mañana entro en la habitación de papá con una pistola. Pero Seth lo desarmó antes de que tuviera tiempo de hacer nada más.

El corazón de Bella se detuvo.

-¿Está ya bajo custodia?

-Por supuesto. Seth está abajo con la policía. El muy imbécil sigue negando que él pusiera la bomba, pero seguro que fue él. Tarde o temprano acabará confesando.

-Genial – murmuró ella.

Por fin podría abandonar esa cabaña. No tendría que estar escondiéndose. Ni aguantar a Edward las 24 horas del día. Edward, quien la amaba, la había reclamado, pero no estaba dispuesto a estar con ella, sólo. Bella debía decidir si dejarle o quedarse y esperar que las cosas entre los tres cambiaran.

Pero ahora lo importante era su padre. Siguió hablando un rato más con Félix. Cuando colgó se apoyó en el mostrador, mirando a los dos hombres.

-¿Ha salido tu padre del coma? – preguntó Emmett ansioso.

-¿Han detenido al psicópata que te amenazaba? – dijo Edward al mismo tiempo.

-Sí – le tembló la voz – a las dos cosas.

Emmett la atrajo por la cintura y le dio un beso embriagador, para luego decir:

-Es genial, cariño. Me alegro mucho.

Emmett siguió besándola, acariciándola, hasta que la chica sintió como renacía su deseo. Bien sabía ella que Emmett podría hacer que ella lo deseara. Pero nada más. Edward permaneció inmóvil, observándolos. Entonces pensó por qué no podría amar a Emmett, que si estaba preparado para estar con ella.

Interrumpió el beso, intentando no llorar, y el chef lo interpretó como si lo que le pasaba era por su padre, y no por Edward, como en realidad era.

-No llores. Todo saldrá bien – le acarició suavemente la mejilla – por fin podemos abandonar este lugar y volver a nuestra casa y nuestra vida. Tú, yo… y Edward. – sonrió calidamente a la chica – No puedo esperar.

Luego la besó de nuevo, casi con exigencia. Bella permaneció con los ojos abiertos, observando a Edward, que los miraba con cólera y… excitación.

Emmett interrumpió el beso, le cogió la mano y la condujo al dormitorio.

-Ven conmigo. Quiero celebrarlo amándote.

Dio, tendría que hacerlo. Si todo seguía igual, ¿podría soportar ser compartida por ambos? Si Edward realmente la amaba, ¿por qué permanecía allí viendo como Emmett acabaría tirándosela?

Tenía que encontrar la forma de hacerle ver que el trío no era una solución a su relación si querían estar juntos.

Bella besó apasionadamente a Emmett, dejando caer su toalla al suelo y restregándose por su desnuda intimidad.

Lo miró con sensualidad y dijo:

-Ven conmigo.

Edward no dijo ni una palabra. Sólo la observó, con los puños cerrados.

Así que eso no le gustaba. Bien. Había llegado la hora de follar con Emmett a fondo. Puede que Edward no soportara ver hasta el final. Sería mejor que se preparara para una buena función.

Bella siguió ignorando a Edward, como había hecho desde que Emmett le sugirió que celebraran las buenas noticias en la cama.

Edward, por su parte, pensaba en la mejor manera de llegar a ella antes de volver a su vida habitual. Y no sólo tocando su cuerpo, si no tocando su corazón.

Tenía que hacerle ver, que aunque Emmett la tocase, ella era suya.

Bella se merecía un hombre entero, en su opinión, pero era un egoísta que no estaba dispuesto a renunciar a ella.

Quiero abrazarte cariño – dijo Emmett – quiero…

-Los dos – Edward se acercó a ellos – queremos abrazarte.

-Por supuesto – Emmett volvió a acariciarle la mejilla – Estamos igual de aliviados que tú. Emocionados. No podemos esperar a celebrarlo contigo.

Emmett se aproximó a la cama y se dejó caer en ella con los brazos abiertos, invitando a Bella a que se reuniera con él. Por un momento, Bella vaciló. Y Edward, a pesar de sentir que Emmett tocara a Bella como una patada en los testículos, empujó a la chica a los brazos de su primo.

Bella le dirigió una mirada envenenada por encima del hombro. Pero después se dejó caer sobre Emmett, descargando toda su ira en un beso devorador.

Bella se montó a horcajadas sobre Emmett, profundizando más el beso.

Gimiendo, Bella se posicionó sobre la erección de Emmett, y empezó a contonear las caderas, restregando su húmedo sexo sobre el pene de Emmett.

Aquellos sonidos, el hecho de ver a “su mujer” rozando el clítoris sobre el pene de otro hombre… hizo que Edward tragara saliva. Aquello le dolía, como si alguien le arrancara las entrañas. Dios, no podía mirar.

Pero se obligó a hacerlo.

Observó como el roce del sexo de Bella sobre el miembro de Emmett se convertía en un tormento húmedo y sedoso. Ella interrumpió el beso y dejó caer la cabeza hacia atrás.

-No te pares. Frótate sobre mí – gruño Emmett cuando ella bajó hacia él - ¿No sientes lo duro que estoy para ti?

Bella gimió, y el sonido atravesó a Edward como si fueran miles de cuchillos afilados.

-Sí – lloriqueó ella, mientras se estremecía de placer – Estoy mojada, muy mojada. Emmett…

-¿Quieres correrte?

Bella echó la cabeza hacia atrás y continuó frotándose. Era una visió hermosa para Edward. Y maldita sea, fue él quién la empujó a los brazos de Emmett. Entonces quiso separarla de sus brazos.

Volvió a preguntarse por qué Emmett mantenía ese tipo de relaciones a tres cuando el no tenía problemas en llevarse a la cama a una mujer. Pero entonces, viéndolo con Bella, se temió lo peor.

Se quedó allí paralizado, observando la escena, a pesar de que hacerlo le producía más daño.

Bella se encontraba ahora apoyada sobre sus manos y rodillas sobre el cuerpo de Emmett, frotando aun su clítoris sobre el glande de su primo. Sudorosa y temblorosa, miró a Emmett.

-Dime que quieres correrte – susurró Emmett , agarrándola por las caderas para detener sus movimientos hasta que contestara.

Su grito de protesta y el deseo que rugía en su interior, hicieron que Edward se moviera. Dio un paso adelante para darle a Bella él mismo aquel orgasmo, para arrancarla de los brazos de Emmett…

- Sí – gritó ella – Sí ¡Quiero correrme!

Entonces, ella se liberó de las manos de Emmett, arqueándose, moviéndose y gritando hasta que su cuerpo tembló por la liberación. Bella se agarró a él con fuerza, frotando su dulce sexo – ese que pertenecía a Edward – por la polla de Emmett, intentando encontrar el clímax salvaje que Edward sabía que necesitaba.

Ni hablar. Edward no podía permitirlo. Ella era suya. y ese orgasmo tendría que dárselo él.

Antes de que pudiera tocar a Bella, todo el cuerpo femenino se sacudió. Y la palabra que soltó amenazó con destruirle:

- ¡Emmett!

Las entrañas de Edward se desgarraron cuando ella se corrió gritando el nombre… de otro hombre.

Otra vez estaba ahí la sensación de querer golpear a Emmett.

Intentó respirar profundamente mientras Bella se dejaba caer sobre el pecho de su primo.

Bella suspiró tristemente, lo que hizo a Edward salir de su ensimismamiento.

Cuando ella empezó a llorar no pudo evitar arrancarla del abrazo de Emmett y estrecharla contra su cuerpo.

-No quiero que la toques sin mi – le gruñó a Emmett – Es mía ¡Mía!

De inmediato ella comenzó a forcejear para liberarse de él. Bella siguió sollozando, y Edward comprendió lo que pasaba por su mente: ¿cómo había podido dejar que otro hombre tocara su cuerpo?

Joder, ¿qué le había hecho a Bella?

La vergüenza y después la furia contra sí mismo lo asolaron.

Entonces sólo sintió ira.

Edward empujó a Bella a la cama, le agarró los muslos y se los separó.

La chica se mostraba ante él brillante, sonrosada y muy mojada. Sus pliegues parecían invitarlo a entrar, y aquella visión no hacía más que ponerlo hambriento.

-No soy solo tuya. También lo soy de él – le respondió ella.

Él la miró intensamente a los ojos. Comprendió que debía tratarla de manera que la tocara quien la tocara ella debía tener muy claro que le pertenecía a él.

Enseguida, Edward le cubrió el cuerpo con el suyo, se envolvió las piernas de Bella en torno a su cintura y se deslizó profundamente dentro de ella.

Bella jadeó.

Edward sonrió torcidamente, y luego dijo:

-Vas a aprender algo muy distinto, gatita. Ahora mismo.

Edward comenzó un vaivén duro, gimiendo y jadeando, al tiempo que Bella se retorcía bajo él. Pero para el hombre no era lo suficientemente profundo. Rodeándola con los brazos empujó con más fuerza. Jadeando con frenesí, fusionó su boca con la de ella y la penetró de nuevo. Bella se estremeció y gimió aun más fuerte, pero seguía sin ser suficiente.

Jamás lo sería.

Siguió moviéndose con rudeza y rapidez.

Ella era todo lo que él había querido siempre y que nunca creyó que existiera o se mereciera. Y no pensaba dejar esa cama hasta que ella estallara en otro orgasmo y gritara su nombre.

-Edward – la voz de Emmett interrumpió el ritmo salvaje con el que la embestía - ¡Edward!

-¿Qué? – gruñó él.

-Sé más suave.

Edward bajó la mirada llena de deseo hacia Bella. Tenía las pupilas dilatadas y un impulso eléctrico recorrió su miembro cuando ella gimió de necesidad.

-¿Te hago daño?

Antes de que ella pudiera contestarle, él volvió a penetrarla rudamente. Ella se estremeció y le arañó la espalda.

-¿Te lo hago? – exigió.

-No. Más. ¡Oh, Dios mío, quiero mucho más!

Sonrió, y embistió contra ella como un maníaco enloquecido de lujuria. La inmovilizó bajo su cuerpo y la devoró con un beso apasionado.

- Bueno, parece que no me necesitáis aquí. Así que… me voy – Edward quedó paralizado. En el mismo momento en que Emmett pronunció estas palabras, sintió también que le habían arrancado todo el deseo, sustituyéndolo por temor, puesto que toda la sangre abandonó su erección.

Mierda. ¿Qué le pasaba? Eso no le había ocurrido nunca, y ahora que quería demostrarle a Bella que ella era solo suya, ahora que quería hacer el amor con ella, su erección… estaba desapareciendo.

Edward cerró los ojos intentando centrarse en el sexo. Pero nada. Lo único que podía sentir era temor.

Se sintió menos hombre. Ni siquiera podía mantener una erección sin tener a su primo cerca. ¿En qué le convertía eso?

-¡Detente! – le ordenó Edward – Detente, por favor, ven aquí y háblale con suavidad. Yo no puedo.

Emmett vaciló.

-Por favor.

Con un suspiro de derrota, Emmett regresó al lado de la cama, subiéndose a ella. Edward removió hasta que la espalda de Bella reposó sobre el pecho de su primo.

En el instante en que Emmett comenzó a susurrarle a Bella dulces palabras, Edward sintió que su erección volvía. Sujetó a Bella de las caderas y se impulsó en su interior, diciéndole:

-Eres preciosa, gatita. Jamás he querido a nadie como te quiero a ti.

Bella comenzó a llorar mientras rodeaba el cuello de Edward con los brazos.

Tras unas cuantas embestidas, Bella llegó al orgasmo.

-¡Edward!

La chica se contrajo salvajemente, lo que provocó que él la acompañara.

Sus miradas se encontraron. Edward no podía apartar la vista de ella.

Un rato después, Bella se relajó y rompió la conexión entre ellos, se apartó de él y abrazando a Emmett comenzó a llorar desconsoladamente.

Emmett la envolvió con sus brazos, pero su mirada buscó la de Edward.

Edward no estaba seguro de nada en ese momento. Toda su atención se centraba en Bella.

-¿Gatita? – se acercó a ella inclinándose sobre su espalda - ¿Qué te pasa?

Ella se negó a hablar los primeros minutos, a pesar de que él insistía, así como Emmett. Pero no les respondió. Sólo siguió llorando, desgarrando a la vez el corazón de Edward.

Tanto Emmett como él hicieron lo único que podían hacer, acariciarla y decirle que todo estaría bien. Entonces, ella dijo:

-Nunca más.

Luego cerró los ojos para no verlo. Ambos se quedaron paralizados.

-¿Nunca más qué? – preguntó Emmett consternado.

Acaso se refería a lo que ellos temían.

Edward suspiró.

-Emmett, sabes que te considero un hermano, ¿verdad?

Emmett lo miró con enojo.

-¿Sí?

-Te das cuenta de lo que pasa, ¿verdad? No podemos continuar haciéndole esto. Bella no quiere volver a ser compartida.

-¿Y qué… vas a follarla tú solo? – le desafió Emmett - ¿Igual que hace unos minutos?

Bastardo. Después de lo que había pasado hacía unos momentos había quedado demostrado que no era un hombre completo, que no podía hacer el amor con una mujer si no había otro hombre con ellos. Sólo necesitaba la seguridad de saber que había alguien más… por si acaso.

Emmett continuó.

-Le has dicho que ibas a reclamarla para ti. ¿Cómo piensas hacerlo?

-Sabes que no puedo hacerlo solo – Edward estaba avergonzado – Incluso así, esto de nosotros tres… tiene que parar.

-¡Maldita sea!

-Venga. Ella no vale para esto, ¿no te das cuenta?

-¡Yo lo necesito! Tú lo necesitas. ¿Qué diablos quieres que hagamos?

Emmett frunció el ceño.

-¿Por qué lo necesitas tú? ¿Qué obtienes con ello?

-Ya basta. Yo no voy a tirarlo todo por la borda. Hasta hoy, Bella se ha portado maravillosamente con nosotros. Ha sido perfecta. Esto ha sido algo aislado…

-No lo es – interrumpió Edward - ¿Acaso no has visto como lloraba a lágrima viva?

Realmente deseaba que Emmett tuviera razón. Pero la realidad era que Bella probablemente se sintiera despreciada, sucia, sabiendo que él la amaba pero, a pesar de ello, permitía que su primo la tocara. Y él apenas podía soportar ver como Emmett le ponía las manos encima.

-¿Qué coño ha pasado?

Mierda.

-Bella me ha dicho que me ama.

-También me lo ha dicho a mí – Emmett no sonaba celoso en absoluto.

Edward estaba confundido.

-Yo también le he dicho que la amo.

-¿Te ha dicho que solo quería estar contigo?

Se encogió de hombros.

-Ambos sabemos que yo no puedo mantener una relación así. Me siento… - Edward escondió el rostro entre sus manos – destrozado. ¿Qué clase de hombre necesita que un amigo le eche una mano para poder hacer el amor con una mujer?

-¿Crees que ella lo entiende? ¿Qué sabe por qué?

-No – Emmett quiso hablar pero Edward le interrumpió antes de que pudiera hacerlo – Decírselo no cambiará las cosas.

-Chorradas. Esas son cosas que te dices a ti mismo para no tener que decirle la verdad.

-Déjalo ya. – Emmett se encogió de hombros enojado.

-¿Y ahora qué?

Edward suspiró, bajando la mirada a Bella.

-Ahora nos iremos a casa y le diremos a Bella, después de la cena, que no la vamos a volver a compartir. Luego, supongo que la dejaremos decidir qué quiere hacer.

-¿Querrás decir a quién de los dos quiere?

Buena pregunta. Las opciones eran un hombre roto o uno al que no amaba.

Edward se pasó la mano por el pelo.

-Sí.

Bella le había preguntado cuando fue a pedirle ayuda cómo lo llevaban con eso de los celos. Nunca lo había sentido, porque ninguna mujer de las que había compartido le había importado. Pero ahora lo sabía, y no solo no lo estaba llevando bien, si no que lo más probable es que acabara perdiéndola por culpa de eso.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Para cuando volvieron a su casa, Bella sentía que Edward se distanciaba de ella. Acaso el temor a su pasado era mas grande que lo sentía por ella, que estaba dispuesto a renunciar por no poder estar sin un hombre cada vez que se acostara con ella.

El ambiente en el que se encontraba la asfixiaba, y antes de pensarlo demasiado, pidió el coche prestado a Emmett y se dispuso a ir a comprarle algo a su padre.

Cuando volvió a casa, después de haber ido a ver a su padre, Emmett la recibió con una sonrisa.

-No tardaré mucho. ¿Me esperarás? Debemos hablar…

Bella no amaba a Emmett como si amaba a Edward, pero el chef conseguía tranquilizarla con su sola presencia.

-¿Vas a decirme que ha terminado conmigo?

-Lo que suceda será por decisión tuya – La besó dulcemente en los labio, y después se fue.

Cuando se fue, Bella no pudo evitar llorar desconsoladamente. ¿Desde cuando se había vuelto tan sensible? Y además últimamente estaba muy cansada.

Al menos esperaba que no hubiera ninguna razón oculta tras ese agotamiento.

Se levantó del sofá y se preparó la comida. Ya tendría tiempo de pensar en sus preocupaciones después.

Dio un respingo al oír el ruido de un coche aparcar. Edward había llegado y ella no se sentía con fuerzas de hablar con el, así que cogió su nuevo móvil, las cosas que había comprado y se dirigió al cuarto de baño.

Cuando Edward llegó a casa llamó a Emmett para avisarle que ya se encontraba allí. Había llegado el momento de aclarar la situación, y realmente esperaba no acabar a puñetazos con su primo.

Intentando controlar sus nervios, Edward fue en busca de Bella. Antes de que llegara Emmett, él tenía que decirle algunas cosas.

Estaba en el pasillo cuando la oyó hablar por teléfono, pero ¿con quién?

-Yo también me alegro de hablar contigo – una pausa – sí, tenemos que aclarar algunas cosas.

Frunciendo el ceño, Edward se apoyó en la pared exterior del cuarto de baño. Bella suspiró. Edward sabía que no debía escuchar a escondidas, pero no pudo evitarlo.

-Lo sé. He tenido que ocultarme, es por eso que no está disponible. Por el hombre que puso la bomba en casa de mi padre – otra pausa – Está bien, y yo también. Solo un poco candada. Quizá podríamos hablar mañana.

Edward se paso la mano por la cara. Intuía ya quién podía ser.

-No, no estoy tratando de darte largas. – otra pausa, y luego… un fuerte sollozo – Por favor, déjame en paz. No me amas, Jacob. Tu quieres alcanzar la redención, y yo no puedo conseguirlo por ti. Ni siquiera puedo resolver mis propios problemas.

Mierda. Sus sospechas eran ciertas. ¿Y qué coño quería ahora el niño bonito? Además, ese capullo estaba haciéndola llorar.

Antes de que pudiera hacer nada, Bella comenzó a chillar.

-¡Maldita sea, ahora no! ¡Para de una vez!

Bella jamás se había puesto tan histérica. Ya había oído suficiente.

Irrumpió en el cuarto de baño y le arrebató el teléfono a Bella.

-Si vuelves a llamar y molestar a mi mujer, te romperé todos los huesos del cuerpo, cabrón.

Colgó el teléfono con furia y agarró a Bella, estrechándola entre sus brazos.

Ella temblaba violentamente.

-Gatita. Cariño…

Le acarició el pelo con suavidad intentando tranquilizarla, aunque lo que de verdad quería era buscar a Jake y partirle la cara.

A lo lejos escuchó el coche de Emmett. Gracias a Dios. Emmett sabría tranquilizar a Bella.

-Déjame llamar a Emmett.

-No – se aferró con fuerza a él – Edward, tengo miedo.

Edward se sintió aliviado de que ella siguiera queriéndole.

-No tengas miedo de Jacob. Si es necesario lo haré entrar en razón personalmente…

-No es por eso. – Bella comenzó a llorar de una manera que al empezó a entrarle miedo.

-Entonces, ¿Qué pasa? Si es por lo de esta mañana, lo siento, gatita. Respira profundamente y…

Ella levantó los ojos llorosos y lo miró, dejándolo paralizado.

-Estoy embarazada.

Lentamente Bella se separó de él para enseñarle la prueba de embarazo.

Tenía dos rayas rosas.

Edward tragó saliva. Aquello no podía estar pasando. Estaba a punto de vomitar.

-¿Cómo coño ha pasado? ¿No estabas tomando la píldora…?

-En el hospital me dieron antibióticos para que no se me infectaran los puntos. Se me olvidó que reducen el efecto de la píldora… Oh, Dios. Tienes mala cara.

Edward se sentía mareado. Aquello era la peor pesadilla de su vida.

Volvía a revivir el pasado.

-No puede ser – negó con la cabeza – Jamás debería de haber tomado tu virginidad. Sabía que no debería haberlo hecho.

Edward salió disparado del cuarto de baño. Oyó el llanto de Bella, cada vez más lejos. Antes de poder salir a la calle, vio que Emmett ya había llegado. Y por su mirada supo que lo había escuchado todo.

Su primo lo agarró por los hombros.

-Inspira profundamente.

-La has oído. ¡Está embarazada!

Emmett estaba muy calmado. Pero ¿por qué? Si el sabía mejor que nadie por todo lo que había pasado.

Edward se pellizcó el puente de la nariz mientras se mataba pensando.

¿Por qué coño no había usado condón? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Debía vigilarla día y noche? ¿Cómo podía estar seguro que todo iba a ir bien cuando no estaba seguro ni de sí mismo?

-Lo sé – Emmett intentó tranquilizarlo – Edward, sé que estas molesto. Pero es una bendición…

-Bueno, no fue una maldita bendición para Tanya.

-¿Quién es Tanya? – preguntó Bella, rodeándose el estómago con los brazos.

Edward se giró con rapidez. Bella tenía una expresión atormentada que le retorció las entrañas.

Emmett suspiró.

-Tanya es…

-La razón por la que no valgo ni para ti… ni para ninguna otra mujer – lo interrumpió Edward – Es la razón por la que no puedo follar con ninguna si no hay otro hombre conmigo. Y yo soy la razón de que ella esté muerta.

Edward avanzó hasta el sofá y se hundió en el, sujetándose la cabeza con las manos.

-Y ahora la historia vuelve a repetirse, y volverá a ser culpa mía.

-¿De qué estas hablando? – murmuró ella.

Edward levantó la cabeza de repente.

-De todas maneras iba a contártelo todo esta noche. Pero no de esta manera.

Edward se sentó en una silla, vacilante. Ahora dudaba de él. Era una pena que no se hubiera dado cuenta del peligro antes.

Edward inspiró hondo, antes de hablar, luchando contra el dolor que le provocaba recordar el pasado.

-Tanya era mi novia del instituto. Comenzamos a salir cuando ella tenía 15 años y yo 16. Salimos un año antes de comenzar… - era duro hablar de eso – a mantener relaciones sexuales. Ella acababa de cumplir 16 años. Era virgen.

-Supongo que se quedó embarazada – advirtió Bella.

-Sí. Estábamos muy asustados. Aún no había cumplido los 18. su padre era el sheriff del pueblo. Jamás le caí bien.

-Imagino que murió. ¿Fue en el parto? – susurró horrorizada Bella.

-No – el cerró los puños. Luego se tranquilizó – se suicidó.

Bella soltó un grito ahogado, y después se cubrió la boca. Probablemente lo estaba condenando por ello. Se lo merecía.

-se tomó un bote de pastillas. En la carta de despedida, le decía a su familia que me odiaba y que había sido una estúpida por dejar que la tocara. Les decía que sería un padre horrible – dijo con voz temblorosa.

-Edward, no. Solo eras un crío.

-Pero ella tenía razón. Yo y mi estúpida polla hicimos que se tomara ese bote de pastillas.

-Ella fue la que tomó esa decisión – insistió Bella.

-Sí, pero después de que yo la dejara embarazada. Me juré a mi mismo que jamás permitiría que volviera a ocurrir algo así. Y ahora mira.

-¿Nunca? ¿Pretendías no tener hijos nunca? – Bella parecía consternada – Edward, no es posible que creas que todas las mujeres sean capaces de reaccionar igual que Tanya. Yo, por ejemplo… ¿acaso has pensado que yo haría lo mismo que ella ahora que estoy embarazada?

-Sí. Se le había pasado por la cabeza justo eso.

-Bella, solo hace unos segundos que sabes que estás embarazada. Pero ¿Cómo te sentirás cuando empieces a tener nauseas sin parar? ¿O dentro de unos meses, cuando tu cuerpo haya cambiado y no te parezca tuyo?

Bella parecía… traicionada. Y Edward se encontraba completamente confundido.

-Un embarazo no es el fin del mundo. Lo llevaré bien. Si piensas por un momento que haría algo que pudiera ponerme en peligro a mí o al bebé para intentar llamar la atención, es que no me conoces. En absoluto – las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

-Eso dices ahora…

-Y lo diré siempre – juró Bella.

Dios. Como quería creerla. Pero ¿y si no era así? ¿Y si al final Bella decidía que no quería al bebé, a él, o a su propia vida?

La culpa por la muerte de Tanya lo había destrozado. Casi no pudo acabar el instituto. Si no hubiera sido por Emmett, el ejército y los menages, hubiera estado tentado de seguir a Tanya.

-Eso al menos deja las cosas claras. Comenzaste a practicar menages tras la muerte de Tanya, ¿verdad? Así, si la chica se quedaba embarazada, podías echarle la culpa a otro hombre.

Había dado justo en el clav… ¡Un momento!

Clavó la mirada en Emmett.

-Quizá tú seas el padre del bebé. Quizá…

-Ojala fuera así.

Emmett se arrodilló frente a Bella, le levantó la camiseta y le dio un beso en el vientre aun plano.
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