Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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lunes, 11 de abril de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 16

Adaptación----Lemmon



CAPÍTULO 16

Bella entró en el hospital, vestida con unos pantalones y camiseta holgados, de tonos apagados, con una peluca corta de color rubio ceniza y acompañada de Alice. Jasper y Edward las seguían lo suficientemente cercas para atacar a cualquiera que se metiera con ellas.


En su opinión estaban exagerando. Seguro que las llamadas anónimas que había recibido eran de los paparazzi. Además si era verdad que alguien quería hacerle daño a ella, ¿por qué explotar la casa de su padre?

En vez de ir directamente a la habitación de su padre, Edward la había hecho rodear el hospital desde la zona de maternidad.

Cuando llegó hasta su padre casi se desmoronó.

Él parecía tan… frágil.

Daba la sensación de que había empequeñecido. Y su espesa cabellera negra había sido rapada.

-Venga, gatita – susurró Edward rodeándole los hombros con un brazo – Lo haremos juntos.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Tras unos minutos hablando con su padre, Edward y Bella salieron de la habitación. Bella se sorprendió al ver allí a Seth. Su hermano había llegado hacía unos minutos.

No tardó mucho tiempo en enfrentarse a Edward por estar con su hermana. Seth sabía muy bien el tipo de relaciones que practicaba Edward, y no le gustaba nada que Bella ahora estuviera con él.

Por suerte, Edward se mantuvo impasible a sus insultos.

Tras varios insultos, ignoró a Edward para dirigirse a Bella:

-¿Quieres explicarme, aunque sea, por qué, si he visto a Jacob Black diciendo por todos lados que eres su prometida, estás con el señor menage?

Eso no se lo esperaba. Jacob insistía en que iba a casarse con él. Y ella había estado tan absorta en el pantano que no se había enterado de nada.

-¿Ha salido en las noticias del extranjero?

-Sale en todos lados.

Negando con la cabeza, le explicó:

- Rompí con el. Al parecer, aún no lo ha aceptado. No necesita una esposa, si no un apoyo. Pero eso da igual, ¿qué sabes sobre el estado de papá?

Tras una breve charla, Edward avisó a Bella que era la hora de irse.

Seth tuvo que aceptar al final la decisión de Bella de irse finalmente de vuelta con Edward y Emmett.

Salieron del hospital por una ruta diferente, hasta llegar a una tienda donde vendían revistas y periódicos. Bella no pudo ignorar una revista en la que el titular rezaba: “¿Habrá Boda?”. Justo debajo del titular, había una foto de ella y Jake la noche del concierto en la que Jake anunció su compromiso. Le echó una ojeada a la revista, en la cual las entrevistas se mostraban más interesadas en la vida desenfrenada del chico y el comportamiento frenético de Jacob.

Parecía que Jake había perdido contacto con la realidad.

Edward le arrancó la revista y la colocó en su sitio.

-No leas esa mierda. Tú, más que nadie sabes que es mentira.

-Es que no entiendo qué diablos está haciendo Jacob. Rompí el compromiso. Envié el comunicado a todos los periódicos que se me ocurrió.

Edward apretó los dientes, guiándola hacia el coche. Jasper los seguía, con Alice de su mano.

-Algunos periódicos han hecho caso omiso al comunicado. Piensan que es un bulo.

-También se lo envié a Jake. Le dije que lo dejaba. Sabe que fui yo quien envió ese correo.

-Vale, pues el no piensa lo mismo.

Algo tenía que hacer. Eso tenía que acabar.

-Sea lo que sea lo que estés pensando – le advirtió Edward – la respuesta es no.

-Tengo que poner fin a todo esto.

-No

-Pero…

-No

-¿Por qué no? – dijo en voz más alta de la cuenta.

-Nos hemos esforzado mucho para protegerte. Jacob se ha hecho su propia cama. Ya tuve que ver una vez como te ibas con él, y él no pudo hacer que lo vuestro funcionara. No vas a arriesgas tu vida para sacar a ese capullo del lío en que se ha metido.

-Pero…

-¿Quieres volver con él?

Edward sabía muy bien como acorralarla con sus palabras.

-No.

Edward le lanzó una mirada con aquellos salvajes ojos verdes que ella no pudo descifrar.

-¿Quieres estar con Emmett y conmigo?

-No me gusta tener que ocultarme en medio de la nada y tener que estar lejos de mi padre.

-Responde a la pregunta.

La simple pregunta que Edward le había hecho le había dado a Bella esperanzas. Contuvo una sonrisa. Edward le había hecho una pregunta, cuya respuesta era importante para él.

Extendió la mano hacia él y se la puso en el muslo.

-Sabes que sí – susurró con voz dulce.

Edward asintió con la cabeza, dando por finalizada la conversación.

-Entonces no vuelvas a mencionar a ese gilipollas jamás.





OoOoOoOoOoOoOoOoOoO





Bella pasó la semana siguiente entre los eufóricos encuentros en los brazos de Edward y Emmett y el abatimiento por la falta de mejoría en la salud de su padre.

Seth mostraba su desaprobación cada vez que hablaba con él, lo cual no mejoraba su estado de animo.

Esa mañana, como si detectara su confusión y tristeza, Edward la había despertado con unos tiernos besos en el cuello y sus exigentes dedos dentro de su sexo. Emmett había atendido sus pezones, usando esas pinzas a las que parecía haber cogido tanto cariño.

Después de unos minutos todas sus preocupaciones se habían esfumado para dejar paso a la necesidad de sentirlos. Ello, como siempre hacían, la habían complacido.

Cuando todo hubo acabado, Emmett le dio un beso en la frente y se fue a darse una ducha, dejándola sola con Edward. Este la estrechó contra su cuerpo.

Bella contuvo las ganas de llorar. Temía que su padre no mejorara, que sus decisiones la alejaran de su hermano. Y también temía que no consiguiera nunca el amor de Edward.

-¿Bella? - Edward le acarició la espalda. Era su manera de preguntar si estaba bien.

Ella solo quería preguntarle si la amaba. Pero sabía que no debía. No estaba segura de querer saber la respuesta. Los dos hombres se ocupaban muy bien de ella. Tan bien que se preguntaba si no acabaría volviéndose loca de tantos orgasmos. Y no podía quejarse. Pero Edward no había dicho ni una palabra, y ella seguía sin conocer su pasado.

-Estoy bien – mintió. ¿Qué más podía decir?

El cambio de postura para mirarla desde arriba. Era tan guapo, casi perfecto.

¿Qué haría si ella no era más que un buen polvo para él?

-Estás demasiado tensa para estar bien – le deslizó una mano por le sexo - ¿Necesitas correrte de nuevo, gatita?

Bella le agarró la muñeca para detenerlo. Él podría llevarla al orgasmo, de eso estaba segura, pero no hacía el amor con ella si estaba solo. Y no le contaba nada de sus sentimientos, si es que realmente sentía algo por ella como afirmaba Emmett.

-No sigas – se apartó de él y se dispuso a levantarse.

Edward la agarró por la cintura y volvió a acercarla a él.

-¿Quieres volver a llamar a Félix para saber como está tu padre?

-Es muy temprano. Puede que aun no estén en el hospital. Aunque esté preocupada por mi padre no puedo hacer nada por el en estos momentos.

-Entonces cuéntame por qué demonios pareces a punto de echarte a llorar.

Bella se retorció intentando liberarse. Pero fue inútil, Edward era demasiado fuerte.

Tenía que salir de allí, o acabaría diciéndole que lo amaba.

-¿No crees que tengo motivos para echarme a llorar?

-Sí. Pero no es lo habitual en ti, ¿qué te pasa?

Por más que lo intentaba no conseguía liberarse. Frustrada dijo:

-¿Qué demonios quieres de mí? ¿Que te abra mi corazón? No veo que tu estés ansioso de hacer lo mismo conmigo.

-Vayamos por partes, gatita. Habla conmigo.

-De acuerdo, tú lo has querido. No sé si esto significa algo para ti – empezó diciendo al mismo tiempo que señalaba la cama – Y cada día, yo te abro mi corazón y mi cuerpo, esperando que te des cuenta de que ¡te amo!

En el momento en que dijo las palabras, se llevó la mano a la boca, deseando no haberlas dicho. Él se puso rígido.

-Hace solo unas semanas amabas a Jacob Black,

-Hace unas semanas pensaba que lo que sentía por él era amor, ahora conozco la diferencia. Pero no te preocupes, sé que tienes un horrible pasado que te mantiene alejado de mí. Que me protegerás y…

-Yo también te amo.

Bella abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué?

Él suspiró, le acarició suavemente la mejilla y la besó tiernamente. Bella estaba a punto de echarse a llorar.

-Te amo. Ojala fuera… un hombre mejor para ti. Pero mi vida personal y mi mente… están jodidas. Algunas veces - Edward tragó saliva – odio tener que compartirte. – Bella parpadeó. Nunca se lo hubiera imaginado. A ella le había pasado lo mismo. Sentía mucho cariño por Emmett, pero no amor.

-Entonces no lo hagas, me encantaría estar sola contigo, solo nosotros dos. Por favor.

Edward negó con la cabeza.

-No puedo. Esta es la única forma en que puedo estar contigo.

Y ahí estaba de nuevo, separándolos, su secreto.

-Si pudieras decirme por qué…

-Eso no cambiaría nada.

-Puede que te equivoques. Es posible que si habláramos de ello…

-Es complicado, y hablar de ello no va a cambiar las cosas. De momento no tengo otra opción – dijo angustiado, aunque intentaba mostrar que lo estaba – Tómalo o déjalo. Es elección tuya.

Él no iba a ceder. La estaba dejando fuera.

Bella le dio la espalda. Volvió a aguantarse las ganas de llorar. Edward la amaba, pero no confiaba en ella. No podía – o no quería – dejar de compartirla con su primo.

Ninguno de los dos se movió. Fue un momento muy doloroso. Bella no sabía que decir.

El sonido del teléfono rompió el tenso silencio entre ellos. Pero siguieron sin moverse.

-¿Por qué no responde nadie? – Emmett cruzó molesto el pasillo, descalzo y con una toalla anudada a la cintura - ¿Diga?

Hizo una pausa, escuchó y asintió. Bella lo observaba. Emmett se giró finalmente.

Bella se incorporó, mirándolo por encima de Edward.

-Es para ti cariño. Es Félix.

Bella se levantó de la cama completamente desnuda, bajo la atenta mirada de los dos hombres. Edward le lanzó la bata. Pero Bella la dejó caer a sus pies. Después de todo, ¿qué más daba andar desnuda en esa casa si no había lugar de su cuerpo que no hubiesen recorrido ya Edward y Emmett?

-Dime Félix.

-Hola. Tengo buenas noticias hermanita. ¡Papá está consciente! Y en perfecto estado.

Bella reflejó toda su alegría en su cara. Lo sabía, porque al momento Emmett corrió a su lado y le cogió la mano. Edward se acercó lentamente.

-¿Cuándo? – preguntó, aun sin podérselo creer.

-Hace unos veinte minutos. Hoy van a hacerle más pruebas. Si todo va bien, le darán el alta en unos días.

-Eso es estupendo – chilló – es… es asombroso.

-Y aun hay más. Estamos seguros de saber quién fue el capullo que puso la bomba.

-¿Qué? ¿Lo han detenido?

-Sí – dijo con alegría. Una alegría que Bella rara vez había oído en su hermano – Lo habíamos visto merodear por el hospital y los pasillos desde hace varios días. Esta mañana entro en la habitación de papá con una pistola. Pero Seth lo desarmó antes de que tuviera tiempo de hacer nada más.

El corazón de Bella se detuvo.

-¿Está ya bajo custodia?

-Por supuesto. Seth está abajo con la policía. El muy imbécil sigue negando que él pusiera la bomba, pero seguro que fue él. Tarde o temprano acabará confesando.

-Genial – murmuró ella.

Por fin podría abandonar esa cabaña. No tendría que estar escondiéndose. Ni aguantar a Edward las 24 horas del día. Edward, quien la amaba, la había reclamado, pero no estaba dispuesto a estar con ella, sólo. Bella debía decidir si dejarle o quedarse y esperar que las cosas entre los tres cambiaran.

Pero ahora lo importante era su padre. Siguió hablando un rato más con Félix. Cuando colgó se apoyó en el mostrador, mirando a los dos hombres.

-¿Ha salido tu padre del coma? – preguntó Emmett ansioso.

-¿Han detenido al psicópata que te amenazaba? – dijo Edward al mismo tiempo.

-Sí – le tembló la voz – a las dos cosas.

Emmett la atrajo por la cintura y le dio un beso embriagador, para luego decir:

-Es genial, cariño. Me alegro mucho.

Emmett siguió besándola, acariciándola, hasta que la chica sintió como renacía su deseo. Bien sabía ella que Emmett podría hacer que ella lo deseara. Pero nada más. Edward permaneció inmóvil, observándolos. Entonces pensó por qué no podría amar a Emmett, que si estaba preparado para estar con ella.

Interrumpió el beso, intentando no llorar, y el chef lo interpretó como si lo que le pasaba era por su padre, y no por Edward, como en realidad era.

-No llores. Todo saldrá bien – le acarició suavemente la mejilla – por fin podemos abandonar este lugar y volver a nuestra casa y nuestra vida. Tú, yo… y Edward. – sonrió calidamente a la chica – No puedo esperar.

Luego la besó de nuevo, casi con exigencia. Bella permaneció con los ojos abiertos, observando a Edward, que los miraba con cólera y… excitación.

Emmett interrumpió el beso, le cogió la mano y la condujo al dormitorio.

-Ven conmigo. Quiero celebrarlo amándote.

Dio, tendría que hacerlo. Si todo seguía igual, ¿podría soportar ser compartida por ambos? Si Edward realmente la amaba, ¿por qué permanecía allí viendo como Emmett acabaría tirándosela?

Tenía que encontrar la forma de hacerle ver que el trío no era una solución a su relación si querían estar juntos.

Bella besó apasionadamente a Emmett, dejando caer su toalla al suelo y restregándose por su desnuda intimidad.

Lo miró con sensualidad y dijo:

-Ven conmigo.

Edward no dijo ni una palabra. Sólo la observó, con los puños cerrados.

Así que eso no le gustaba. Bien. Había llegado la hora de follar con Emmett a fondo. Puede que Edward no soportara ver hasta el final. Sería mejor que se preparara para una buena función.

Bella siguió ignorando a Edward, como había hecho desde que Emmett le sugirió que celebraran las buenas noticias en la cama.

Edward, por su parte, pensaba en la mejor manera de llegar a ella antes de volver a su vida habitual. Y no sólo tocando su cuerpo, si no tocando su corazón.

Tenía que hacerle ver, que aunque Emmett la tocase, ella era suya.

Bella se merecía un hombre entero, en su opinión, pero era un egoísta que no estaba dispuesto a renunciar a ella.

Quiero abrazarte cariño – dijo Emmett – quiero…

-Los dos – Edward se acercó a ellos – queremos abrazarte.

-Por supuesto – Emmett volvió a acariciarle la mejilla – Estamos igual de aliviados que tú. Emocionados. No podemos esperar a celebrarlo contigo.

Emmett se aproximó a la cama y se dejó caer en ella con los brazos abiertos, invitando a Bella a que se reuniera con él. Por un momento, Bella vaciló. Y Edward, a pesar de sentir que Emmett tocara a Bella como una patada en los testículos, empujó a la chica a los brazos de su primo.

Bella le dirigió una mirada envenenada por encima del hombro. Pero después se dejó caer sobre Emmett, descargando toda su ira en un beso devorador.

Bella se montó a horcajadas sobre Emmett, profundizando más el beso.

Gimiendo, Bella se posicionó sobre la erección de Emmett, y empezó a contonear las caderas, restregando su húmedo sexo sobre el pene de Emmett.

Aquellos sonidos, el hecho de ver a “su mujer” rozando el clítoris sobre el pene de otro hombre… hizo que Edward tragara saliva. Aquello le dolía, como si alguien le arrancara las entrañas. Dios, no podía mirar.

Pero se obligó a hacerlo.

Observó como el roce del sexo de Bella sobre el miembro de Emmett se convertía en un tormento húmedo y sedoso. Ella interrumpió el beso y dejó caer la cabeza hacia atrás.

-No te pares. Frótate sobre mí – gruño Emmett cuando ella bajó hacia él - ¿No sientes lo duro que estoy para ti?

Bella gimió, y el sonido atravesó a Edward como si fueran miles de cuchillos afilados.

-Sí – lloriqueó ella, mientras se estremecía de placer – Estoy mojada, muy mojada. Emmett…

-¿Quieres correrte?

Bella echó la cabeza hacia atrás y continuó frotándose. Era una visió hermosa para Edward. Y maldita sea, fue él quién la empujó a los brazos de Emmett. Entonces quiso separarla de sus brazos.

Volvió a preguntarse por qué Emmett mantenía ese tipo de relaciones a tres cuando el no tenía problemas en llevarse a la cama a una mujer. Pero entonces, viéndolo con Bella, se temió lo peor.

Se quedó allí paralizado, observando la escena, a pesar de que hacerlo le producía más daño.

Bella se encontraba ahora apoyada sobre sus manos y rodillas sobre el cuerpo de Emmett, frotando aun su clítoris sobre el glande de su primo. Sudorosa y temblorosa, miró a Emmett.

-Dime que quieres correrte – susurró Emmett , agarrándola por las caderas para detener sus movimientos hasta que contestara.

Su grito de protesta y el deseo que rugía en su interior, hicieron que Edward se moviera. Dio un paso adelante para darle a Bella él mismo aquel orgasmo, para arrancarla de los brazos de Emmett…

- Sí – gritó ella – Sí ¡Quiero correrme!

Entonces, ella se liberó de las manos de Emmett, arqueándose, moviéndose y gritando hasta que su cuerpo tembló por la liberación. Bella se agarró a él con fuerza, frotando su dulce sexo – ese que pertenecía a Edward – por la polla de Emmett, intentando encontrar el clímax salvaje que Edward sabía que necesitaba.

Ni hablar. Edward no podía permitirlo. Ella era suya. y ese orgasmo tendría que dárselo él.

Antes de que pudiera tocar a Bella, todo el cuerpo femenino se sacudió. Y la palabra que soltó amenazó con destruirle:

- ¡Emmett!

Las entrañas de Edward se desgarraron cuando ella se corrió gritando el nombre… de otro hombre.

Otra vez estaba ahí la sensación de querer golpear a Emmett.

Intentó respirar profundamente mientras Bella se dejaba caer sobre el pecho de su primo.

Bella suspiró tristemente, lo que hizo a Edward salir de su ensimismamiento.

Cuando ella empezó a llorar no pudo evitar arrancarla del abrazo de Emmett y estrecharla contra su cuerpo.

-No quiero que la toques sin mi – le gruñó a Emmett – Es mía ¡Mía!

De inmediato ella comenzó a forcejear para liberarse de él. Bella siguió sollozando, y Edward comprendió lo que pasaba por su mente: ¿cómo había podido dejar que otro hombre tocara su cuerpo?

Joder, ¿qué le había hecho a Bella?

La vergüenza y después la furia contra sí mismo lo asolaron.

Entonces sólo sintió ira.

Edward empujó a Bella a la cama, le agarró los muslos y se los separó.

La chica se mostraba ante él brillante, sonrosada y muy mojada. Sus pliegues parecían invitarlo a entrar, y aquella visión no hacía más que ponerlo hambriento.

-No soy solo tuya. También lo soy de él – le respondió ella.

Él la miró intensamente a los ojos. Comprendió que debía tratarla de manera que la tocara quien la tocara ella debía tener muy claro que le pertenecía a él.

Enseguida, Edward le cubrió el cuerpo con el suyo, se envolvió las piernas de Bella en torno a su cintura y se deslizó profundamente dentro de ella.

Bella jadeó.

Edward sonrió torcidamente, y luego dijo:

-Vas a aprender algo muy distinto, gatita. Ahora mismo.

Edward comenzó un vaivén duro, gimiendo y jadeando, al tiempo que Bella se retorcía bajo él. Pero para el hombre no era lo suficientemente profundo. Rodeándola con los brazos empujó con más fuerza. Jadeando con frenesí, fusionó su boca con la de ella y la penetró de nuevo. Bella se estremeció y gimió aun más fuerte, pero seguía sin ser suficiente.

Jamás lo sería.

Siguió moviéndose con rudeza y rapidez.

Ella era todo lo que él había querido siempre y que nunca creyó que existiera o se mereciera. Y no pensaba dejar esa cama hasta que ella estallara en otro orgasmo y gritara su nombre.

-Edward – la voz de Emmett interrumpió el ritmo salvaje con el que la embestía - ¡Edward!

-¿Qué? – gruñó él.

-Sé más suave.

Edward bajó la mirada llena de deseo hacia Bella. Tenía las pupilas dilatadas y un impulso eléctrico recorrió su miembro cuando ella gimió de necesidad.

-¿Te hago daño?

Antes de que ella pudiera contestarle, él volvió a penetrarla rudamente. Ella se estremeció y le arañó la espalda.

-¿Te lo hago? – exigió.

-No. Más. ¡Oh, Dios mío, quiero mucho más!

Sonrió, y embistió contra ella como un maníaco enloquecido de lujuria. La inmovilizó bajo su cuerpo y la devoró con un beso apasionado.

- Bueno, parece que no me necesitáis aquí. Así que… me voy – Edward quedó paralizado. En el mismo momento en que Emmett pronunció estas palabras, sintió también que le habían arrancado todo el deseo, sustituyéndolo por temor, puesto que toda la sangre abandonó su erección.

Mierda. ¿Qué le pasaba? Eso no le había ocurrido nunca, y ahora que quería demostrarle a Bella que ella era solo suya, ahora que quería hacer el amor con ella, su erección… estaba desapareciendo.

Edward cerró los ojos intentando centrarse en el sexo. Pero nada. Lo único que podía sentir era temor.

Se sintió menos hombre. Ni siquiera podía mantener una erección sin tener a su primo cerca. ¿En qué le convertía eso?

-¡Detente! – le ordenó Edward – Detente, por favor, ven aquí y háblale con suavidad. Yo no puedo.

Emmett vaciló.

-Por favor.

Con un suspiro de derrota, Emmett regresó al lado de la cama, subiéndose a ella. Edward removió hasta que la espalda de Bella reposó sobre el pecho de su primo.

En el instante en que Emmett comenzó a susurrarle a Bella dulces palabras, Edward sintió que su erección volvía. Sujetó a Bella de las caderas y se impulsó en su interior, diciéndole:

-Eres preciosa, gatita. Jamás he querido a nadie como te quiero a ti.

Bella comenzó a llorar mientras rodeaba el cuello de Edward con los brazos.

Tras unas cuantas embestidas, Bella llegó al orgasmo.

-¡Edward!

La chica se contrajo salvajemente, lo que provocó que él la acompañara.

Sus miradas se encontraron. Edward no podía apartar la vista de ella.

Un rato después, Bella se relajó y rompió la conexión entre ellos, se apartó de él y abrazando a Emmett comenzó a llorar desconsoladamente.

Emmett la envolvió con sus brazos, pero su mirada buscó la de Edward.

Edward no estaba seguro de nada en ese momento. Toda su atención se centraba en Bella.

-¿Gatita? – se acercó a ella inclinándose sobre su espalda - ¿Qué te pasa?

Ella se negó a hablar los primeros minutos, a pesar de que él insistía, así como Emmett. Pero no les respondió. Sólo siguió llorando, desgarrando a la vez el corazón de Edward.

Tanto Emmett como él hicieron lo único que podían hacer, acariciarla y decirle que todo estaría bien. Entonces, ella dijo:

-Nunca más.

Luego cerró los ojos para no verlo. Ambos se quedaron paralizados.

-¿Nunca más qué? – preguntó Emmett consternado.

Acaso se refería a lo que ellos temían.

Edward suspiró.

-Emmett, sabes que te considero un hermano, ¿verdad?

Emmett lo miró con enojo.

-¿Sí?

-Te das cuenta de lo que pasa, ¿verdad? No podemos continuar haciéndole esto. Bella no quiere volver a ser compartida.

-¿Y qué… vas a follarla tú solo? – le desafió Emmett - ¿Igual que hace unos minutos?

Bastardo. Después de lo que había pasado hacía unos momentos había quedado demostrado que no era un hombre completo, que no podía hacer el amor con una mujer si no había otro hombre con ellos. Sólo necesitaba la seguridad de saber que había alguien más… por si acaso.

Emmett continuó.

-Le has dicho que ibas a reclamarla para ti. ¿Cómo piensas hacerlo?

-Sabes que no puedo hacerlo solo – Edward estaba avergonzado – Incluso así, esto de nosotros tres… tiene que parar.

-¡Maldita sea!

-Venga. Ella no vale para esto, ¿no te das cuenta?

-¡Yo lo necesito! Tú lo necesitas. ¿Qué diablos quieres que hagamos?

Emmett frunció el ceño.

-¿Por qué lo necesitas tú? ¿Qué obtienes con ello?

-Ya basta. Yo no voy a tirarlo todo por la borda. Hasta hoy, Bella se ha portado maravillosamente con nosotros. Ha sido perfecta. Esto ha sido algo aislado…

-No lo es – interrumpió Edward - ¿Acaso no has visto como lloraba a lágrima viva?

Realmente deseaba que Emmett tuviera razón. Pero la realidad era que Bella probablemente se sintiera despreciada, sucia, sabiendo que él la amaba pero, a pesar de ello, permitía que su primo la tocara. Y él apenas podía soportar ver como Emmett le ponía las manos encima.

-¿Qué coño ha pasado?

Mierda.

-Bella me ha dicho que me ama.

-También me lo ha dicho a mí – Emmett no sonaba celoso en absoluto.

Edward estaba confundido.

-Yo también le he dicho que la amo.

-¿Te ha dicho que solo quería estar contigo?

Se encogió de hombros.

-Ambos sabemos que yo no puedo mantener una relación así. Me siento… - Edward escondió el rostro entre sus manos – destrozado. ¿Qué clase de hombre necesita que un amigo le eche una mano para poder hacer el amor con una mujer?

-¿Crees que ella lo entiende? ¿Qué sabe por qué?

-No – Emmett quiso hablar pero Edward le interrumpió antes de que pudiera hacerlo – Decírselo no cambiará las cosas.

-Chorradas. Esas son cosas que te dices a ti mismo para no tener que decirle la verdad.

-Déjalo ya. – Emmett se encogió de hombros enojado.

-¿Y ahora qué?

Edward suspiró, bajando la mirada a Bella.

-Ahora nos iremos a casa y le diremos a Bella, después de la cena, que no la vamos a volver a compartir. Luego, supongo que la dejaremos decidir qué quiere hacer.

-¿Querrás decir a quién de los dos quiere?

Buena pregunta. Las opciones eran un hombre roto o uno al que no amaba.

Edward se pasó la mano por el pelo.

-Sí.

Bella le había preguntado cuando fue a pedirle ayuda cómo lo llevaban con eso de los celos. Nunca lo había sentido, porque ninguna mujer de las que había compartido le había importado. Pero ahora lo sabía, y no solo no lo estaba llevando bien, si no que lo más probable es que acabara perdiéndola por culpa de eso.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Para cuando volvieron a su casa, Bella sentía que Edward se distanciaba de ella. Acaso el temor a su pasado era mas grande que lo sentía por ella, que estaba dispuesto a renunciar por no poder estar sin un hombre cada vez que se acostara con ella.

El ambiente en el que se encontraba la asfixiaba, y antes de pensarlo demasiado, pidió el coche prestado a Emmett y se dispuso a ir a comprarle algo a su padre.

Cuando volvió a casa, después de haber ido a ver a su padre, Emmett la recibió con una sonrisa.

-No tardaré mucho. ¿Me esperarás? Debemos hablar…

Bella no amaba a Emmett como si amaba a Edward, pero el chef conseguía tranquilizarla con su sola presencia.

-¿Vas a decirme que ha terminado conmigo?

-Lo que suceda será por decisión tuya – La besó dulcemente en los labio, y después se fue.

Cuando se fue, Bella no pudo evitar llorar desconsoladamente. ¿Desde cuando se había vuelto tan sensible? Y además últimamente estaba muy cansada.

Al menos esperaba que no hubiera ninguna razón oculta tras ese agotamiento.

Se levantó del sofá y se preparó la comida. Ya tendría tiempo de pensar en sus preocupaciones después.

Dio un respingo al oír el ruido de un coche aparcar. Edward había llegado y ella no se sentía con fuerzas de hablar con el, así que cogió su nuevo móvil, las cosas que había comprado y se dirigió al cuarto de baño.

Cuando Edward llegó a casa llamó a Emmett para avisarle que ya se encontraba allí. Había llegado el momento de aclarar la situación, y realmente esperaba no acabar a puñetazos con su primo.

Intentando controlar sus nervios, Edward fue en busca de Bella. Antes de que llegara Emmett, él tenía que decirle algunas cosas.

Estaba en el pasillo cuando la oyó hablar por teléfono, pero ¿con quién?

-Yo también me alegro de hablar contigo – una pausa – sí, tenemos que aclarar algunas cosas.

Frunciendo el ceño, Edward se apoyó en la pared exterior del cuarto de baño. Bella suspiró. Edward sabía que no debía escuchar a escondidas, pero no pudo evitarlo.

-Lo sé. He tenido que ocultarme, es por eso que no está disponible. Por el hombre que puso la bomba en casa de mi padre – otra pausa – Está bien, y yo también. Solo un poco candada. Quizá podríamos hablar mañana.

Edward se paso la mano por la cara. Intuía ya quién podía ser.

-No, no estoy tratando de darte largas. – otra pausa, y luego… un fuerte sollozo – Por favor, déjame en paz. No me amas, Jacob. Tu quieres alcanzar la redención, y yo no puedo conseguirlo por ti. Ni siquiera puedo resolver mis propios problemas.

Mierda. Sus sospechas eran ciertas. ¿Y qué coño quería ahora el niño bonito? Además, ese capullo estaba haciéndola llorar.

Antes de que pudiera hacer nada, Bella comenzó a chillar.

-¡Maldita sea, ahora no! ¡Para de una vez!

Bella jamás se había puesto tan histérica. Ya había oído suficiente.

Irrumpió en el cuarto de baño y le arrebató el teléfono a Bella.

-Si vuelves a llamar y molestar a mi mujer, te romperé todos los huesos del cuerpo, cabrón.

Colgó el teléfono con furia y agarró a Bella, estrechándola entre sus brazos.

Ella temblaba violentamente.

-Gatita. Cariño…

Le acarició el pelo con suavidad intentando tranquilizarla, aunque lo que de verdad quería era buscar a Jake y partirle la cara.

A lo lejos escuchó el coche de Emmett. Gracias a Dios. Emmett sabría tranquilizar a Bella.

-Déjame llamar a Emmett.

-No – se aferró con fuerza a él – Edward, tengo miedo.

Edward se sintió aliviado de que ella siguiera queriéndole.

-No tengas miedo de Jacob. Si es necesario lo haré entrar en razón personalmente…

-No es por eso. – Bella comenzó a llorar de una manera que al empezó a entrarle miedo.

-Entonces, ¿Qué pasa? Si es por lo de esta mañana, lo siento, gatita. Respira profundamente y…

Ella levantó los ojos llorosos y lo miró, dejándolo paralizado.

-Estoy embarazada.

Lentamente Bella se separó de él para enseñarle la prueba de embarazo.

Tenía dos rayas rosas.

Edward tragó saliva. Aquello no podía estar pasando. Estaba a punto de vomitar.

-¿Cómo coño ha pasado? ¿No estabas tomando la píldora…?

-En el hospital me dieron antibióticos para que no se me infectaran los puntos. Se me olvidó que reducen el efecto de la píldora… Oh, Dios. Tienes mala cara.

Edward se sentía mareado. Aquello era la peor pesadilla de su vida.

Volvía a revivir el pasado.

-No puede ser – negó con la cabeza – Jamás debería de haber tomado tu virginidad. Sabía que no debería haberlo hecho.

Edward salió disparado del cuarto de baño. Oyó el llanto de Bella, cada vez más lejos. Antes de poder salir a la calle, vio que Emmett ya había llegado. Y por su mirada supo que lo había escuchado todo.

Su primo lo agarró por los hombros.

-Inspira profundamente.

-La has oído. ¡Está embarazada!

Emmett estaba muy calmado. Pero ¿por qué? Si el sabía mejor que nadie por todo lo que había pasado.

Edward se pellizcó el puente de la nariz mientras se mataba pensando.

¿Por qué coño no había usado condón? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Debía vigilarla día y noche? ¿Cómo podía estar seguro que todo iba a ir bien cuando no estaba seguro ni de sí mismo?

-Lo sé – Emmett intentó tranquilizarlo – Edward, sé que estas molesto. Pero es una bendición…

-Bueno, no fue una maldita bendición para Tanya.

-¿Quién es Tanya? – preguntó Bella, rodeándose el estómago con los brazos.

Edward se giró con rapidez. Bella tenía una expresión atormentada que le retorció las entrañas.

Emmett suspiró.

-Tanya es…

-La razón por la que no valgo ni para ti… ni para ninguna otra mujer – lo interrumpió Edward – Es la razón por la que no puedo follar con ninguna si no hay otro hombre conmigo. Y yo soy la razón de que ella esté muerta.

Edward avanzó hasta el sofá y se hundió en el, sujetándose la cabeza con las manos.

-Y ahora la historia vuelve a repetirse, y volverá a ser culpa mía.

-¿De qué estas hablando? – murmuró ella.

Edward levantó la cabeza de repente.

-De todas maneras iba a contártelo todo esta noche. Pero no de esta manera.

Edward se sentó en una silla, vacilante. Ahora dudaba de él. Era una pena que no se hubiera dado cuenta del peligro antes.

Edward inspiró hondo, antes de hablar, luchando contra el dolor que le provocaba recordar el pasado.

-Tanya era mi novia del instituto. Comenzamos a salir cuando ella tenía 15 años y yo 16. Salimos un año antes de comenzar… - era duro hablar de eso – a mantener relaciones sexuales. Ella acababa de cumplir 16 años. Era virgen.

-Supongo que se quedó embarazada – advirtió Bella.

-Sí. Estábamos muy asustados. Aún no había cumplido los 18. su padre era el sheriff del pueblo. Jamás le caí bien.

-Imagino que murió. ¿Fue en el parto? – susurró horrorizada Bella.

-No – el cerró los puños. Luego se tranquilizó – se suicidó.

Bella soltó un grito ahogado, y después se cubrió la boca. Probablemente lo estaba condenando por ello. Se lo merecía.

-se tomó un bote de pastillas. En la carta de despedida, le decía a su familia que me odiaba y que había sido una estúpida por dejar que la tocara. Les decía que sería un padre horrible – dijo con voz temblorosa.

-Edward, no. Solo eras un crío.

-Pero ella tenía razón. Yo y mi estúpida polla hicimos que se tomara ese bote de pastillas.

-Ella fue la que tomó esa decisión – insistió Bella.

-Sí, pero después de que yo la dejara embarazada. Me juré a mi mismo que jamás permitiría que volviera a ocurrir algo así. Y ahora mira.

-¿Nunca? ¿Pretendías no tener hijos nunca? – Bella parecía consternada – Edward, no es posible que creas que todas las mujeres sean capaces de reaccionar igual que Tanya. Yo, por ejemplo… ¿acaso has pensado que yo haría lo mismo que ella ahora que estoy embarazada?

-Sí. Se le había pasado por la cabeza justo eso.

-Bella, solo hace unos segundos que sabes que estás embarazada. Pero ¿Cómo te sentirás cuando empieces a tener nauseas sin parar? ¿O dentro de unos meses, cuando tu cuerpo haya cambiado y no te parezca tuyo?

Bella parecía… traicionada. Y Edward se encontraba completamente confundido.

-Un embarazo no es el fin del mundo. Lo llevaré bien. Si piensas por un momento que haría algo que pudiera ponerme en peligro a mí o al bebé para intentar llamar la atención, es que no me conoces. En absoluto – las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

-Eso dices ahora…

-Y lo diré siempre – juró Bella.

Dios. Como quería creerla. Pero ¿y si no era así? ¿Y si al final Bella decidía que no quería al bebé, a él, o a su propia vida?

La culpa por la muerte de Tanya lo había destrozado. Casi no pudo acabar el instituto. Si no hubiera sido por Emmett, el ejército y los menages, hubiera estado tentado de seguir a Tanya.

-Eso al menos deja las cosas claras. Comenzaste a practicar menages tras la muerte de Tanya, ¿verdad? Así, si la chica se quedaba embarazada, podías echarle la culpa a otro hombre.

Había dado justo en el clav… ¡Un momento!

Clavó la mirada en Emmett.

-Quizá tú seas el padre del bebé. Quizá…

-Ojala fuera así.

Emmett se arrodilló frente a Bella, le levantó la camiseta y le dio un beso en el vientre aun plano.

3 comentarios:

  1. OMG dios pero que confesion la de Edward ni yo me lo habia imaginado pero que haran ahora...Sigue asi..Besos...

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  2. pobre edward... sabia que algo fuerte lo habia hecho cambiae... y ahora laprueba mas grande revivirla... espero el sig cap ya!!!

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  3. Me encanto toooodo este fic, gracias por publicarlo!!!!!

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Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)