Adapatción
CAPÍTULO 10:
Tomaron un taxi, que pagaría Jessica. Después de todo, tenían que mantener la ropa limpia y fresca para el baile. El Museo de la Vida Antigua acababa de abrir un ala nueva, y la fiesta se celebraba en el mismo museo. Todos los asistentes eran patronos que habían donado grandes cantidades para la construcción de la nueva ala. Iban muy bien vestidos, y la mayoría eran de mediana edad, o mayores, y todos estaban deleitándose por el hecho de que les reconocieran públicamente el haber contribuido a una buena causa.
Cuando llegaron al museo, Edward y Bella permanecieron un minuto observando las limusinas y los coches de lujo que depositaban a los ocupantes en la entrada principal. Ellos se dirigieron hacia una de las puertas traseras, la que les había indicado Jessica. El vigilante de la puerta comprobó sus nombres en una lista.
-Un momento- dijo el hombre- ustedes ya están aquí
-Imposible-dijo Edward- Aquí está mi carné de conducir. Y aquí está el de mi compañera
-Mmm- dijo el vigilante nerviosamente- no se como ha ocurrido esto. No debería dejarlos pasar
-Entonces tendrán que pasar sin su baile- dijo Edward- vamos, Bella
Bella no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo, pero se dio cuenta de que Edward era bastante indiferente ante el hecho de que otra persona hubiera usado su nombre, como si casi lo hubiera esperado. Si él no se preocupaba por ello, Bella tampoco lo haría.
-Voy a llamar a mi jefa- le dijo al hombre- puede explicarle a Jessica que no nos permitieron la entrada, para que no nos culpen a nosotros, de acuerdo?
El hombre se puso más nervioso, y recorrió la lista de admisión con la mirada, una y otra vez, por si surgía algo distinto. Cuando alzó la vista hacía Edward, y el vampiro captó su mirada, la cara del hombre perdió su expresión beligerante al momento.
-Supongo que sus nombres fueron tachado por error un poco antes. Adelante- les dijo
Bella miró con admiración a Edward. Las habilidades de un vampiro podían ser muy útiles.
Era una suerte que se hubiera arreglado en el estudio, porque no había ningún rincón para ellos allí. La parte trasera del museo no estaba diseñada teniendo en cuenta las fiestas, como estaba pensada la casa de los Clerwater. Las pequeñas habitaciones y pasillos estrechos estaban llenos de figuras que se movían apresuradamente, y Bella se dio cuenta de que las cosas estaba dirigidas por EEE, la empresa de Heidi, que había organizado la fiesta de los Clerwater. Los camareros llevaban la chaqueta blanca tradicional, con el logotipo de EEE en el hombro. Los pasillos estaban llenos de bandejas y bandejas de canapés y cajas y cajas de botellas de champán. Heidi estaba coordinado a los camareros, con la misma sonrisa serena.
Y el hombre con una chaqueta que le quedaba tirante era Stefan, que trabajaba para Black Moon. En cuanto lo hubo identificado, Bella se dio cuenta de que la mujer de pelo corto que estaba abriendo una botella de champán era Kate, y su compañero, Elezar, estaban ocupados llenando una bandeja con copas vacías. Elezar estaba muy diferente con su pelo espeso y ondulado peinado hacía atrás y engominado.
-Edward- dijo ella, tirándole de la mano para hacer que se detuviera- has visto a Stef?
Él asintió, sin mirar a su alrededor. Continuaron avanzando por el laberinto de pasillos hacia la puerta indicada en el mapa que les había dejado Jessica.
-Bien, es aquí- dijo Edward, y se detuvieron.
No había ningún lugar especial en el que pudieran dejar las bolsas, así que las depositaron junto la puerta, y se pusieron los zapatos de baile allí mismo.
-Todos están aquí- le dijo a Bella cuando estuvo preparada- los he llamado. Todos los que no tenían que trabajar esta noche, quiero decir. Emmett y Rosalie tenían un número en Basing, y Dimitri y Feliz tienen un compromiso privado justo después de esto, para unos cuantos patronos selectos del museo. Pero el resto están aquí, incluso Jasper.
-Y Jessica lo sabe?
-No. pero así no se verá involucrada
-Es maravilloso que hagan esto por ti
-Lo hacen por ti. Stefan y Senna dieron nuestros nombres para poder entrar. Los demás vinieron con la empresa de catering. Cuando me enteré que el museo había pedido que viniéramos nosotros específicamente, me imaginé que Vulturi estaba detrás de todo. Los vamos a detener esta noche- dijo Edward, y después lamentó haberlo dicho de un modo tan directo- no te preocupes, Bella- dijo, y la besó en la mejilla para no estropearle el carmín de los labios
Bella estaba demasiado aturdida para entender lo que había dicho Edward. Automáticamente, se inspeccionaron el uno al otro. Edward miró el reloj y abrieron las peurtas. Entraron de la mano, caminando de un modo ligero, casi como un juego, hasta que llegaron al centro de una gran zona abierta. La cúpula ascendía tres pisos, calculó Bella. Ella había estado en aquel museo antes, cuando estaban construyendo la nueva ala, de hecho. Le encantaba aquella extensión enorme de suelo de mármol. No se perdería la música en un espacio tan amplio?
Edward y Bella llegaron al centro de zona de baile y se detuvieron. Sonrieron, con los brazos extendidos, esperando a que los patronos se percataran de su presencia y despejaran la zona para que ellos pudieran empezar la actuación.
-Son guapísimos- exclamó una mujer de pelo blanco, con unos pendientes de zafiro. Sin embargo, a su lado había alguien que mostraba su desacuerdo con gesto hosco. Bella reconoció a aquel hombre desagradable de la fiesta de los Clerwater, Billy.
La música comenzó, y Bella tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la sonrisa. Edward tenía otra sorpresa para ella. Había cambiado los números. La música era un bolero. Era un número sexy, uno que solo habían realizado un par de veces, en fiestas de aniversario. Por que había elegido aquella música para esa noche?
Pero, cuando comenzaron a entrelazarse en los movimientos iniciales, la sensualidad se apoderó de Bella. Sintió la pasión y el deseo que transmitía la música.
De repente, Edward la levantó agarrándola de los muslos, recta en el aire, hasta que formaron una columna. Ella lo miró, inclinando la cabeza hacía abajo, con deseo. ´le le devolvió la mirada. Bella extendió los brazos con gracialidad, hacía atrás, mientras él giraba lentamente, dibujando un círculo. Mientras Edward continuaba sujetándola, cambiando la posición para que ella permaneciera sobre él, como un pájaro, el público comenzó a aplaudir su exhibición de fuerza y elegancia. Edward la hizo decender gradualmente, con tanta precisión que los pies de Bella tocaron el suelo con delicadeza, y ella pudo recuperar los pasos de baile fácilmente. Entonces, Edward la inclinó hacía atrás, sobre su brazo, y le puso los labios sobre el cuello. Ella esperó el mordisco con una tenue sonrisa.
Sin embargo, en aquel segundo, Bella percibió la diferencia. Su pareja estaba mucho más tensa que nunca. Era como un animal esperando un ataque. Cubrió su cuerpo más completamente de lo que debería, como si quisiera protegerla. El público también estaba más cerca de lo que debería, y ella vio como Jasper volvía bruscamente la cara hacia la derecha, con la boca abierta para gritar y los colmillos prolongados. Una mujer gritó.
Alec, con un esmoquin, salió del círculo que habían formado los asistentes para dejar espacio a los bailarines, y se sacó una navaja del bolsillo del pantalón. Apretó un botón de la empuñadura e hizo surgir una hoja afilada. En un segundo le había dado una cuchillada a Jasper, que trastabilló y cayó al suelo. Rachel intentó agarrar a Alec del brazo, y habría conseguido detenerlo a no ser que Billy la empujó con toda la fuerza que pudo, y la hizo caerse al suelo, como había hecho la noche de la fiesta. Alec estaba en el círculo de la pista de baile, con ellos.
Bella sabía lo que tenía que hacer. Estaba segura de que Edward pensaba que Alec iba a matarla a ella, y era posible, pero primero, intentaría matar a Edward. Aquel baile acababa de demostrar claramente que ella amaba al vampiro, y Alec disfrutaría más matando a quien ella amara. Como Edward no se lo esperaba, Bella pudo apartarlo de un empujón cuando la navaja descendía.
Senna agarró a Alec por la espalda, de modo que Alec no pudo asestar un golpe mortal, pero si acuchilló a Bella en el vientre y apartó la mano para repetir el movimiento. Entonces, Jasper, herido, ensangrentado y furioso, se tiró sobre él. Con un grito de entusiasmo, como si estuviera en un campo de fútbol americano, Stefan se lanzó sobre ellos.
El dolor no fue instantáneo. Por desgracia, Bella recordaba bien que, cuando Alec le había hecho los mismo, años antes, había empezado a sentir un dolor horrible en muy poco minutos. Emitió un sonido de asombro al sentir una súbita humedad. Entre los gritos de la multitud, Edward estaba intentando levantar a Bella del suelo para sacarla de aquel caos.
-Tal vez haya contratado a gente para que lo ayudaran. Tenemos que salir de aquí- le dijo con urgencia.
Sin embargo, Bella vio a Paul tumbar de un puñetazo a Billy antes de lanzarse con los demás vampiros a inmovilizar a Alec, que forcejeaba y luchaba como un loco. No todos los patronos del museo habían visto el cuchillo, y estaban confusos, gritando. Podría haber veinte asesinos en aquella confusión de camareros, patronos y empleados.
-Vamos, cariño- le dijo Edward, sujetándola mientras la ayudaba a salir entre la gente. Sentía su desesperación, y pensó que conocía el motivo. Estaba ocupado observando toda la gente a su alrededor, intentando asegurarse de que no llevaran armas- Pensé que si bailábamos un bolero esta noche, podríamos provocarlo para que atacara cuando todos estuviéramos listos para detenerlo, pero no era esto lo que yo había planeado- soltó una carcajada seca.
Bella se metió la mano libre bajo el vestido y notó la humedad de la sangre que le caía por las piernas. Siguió a Edward tambaleándose durante unos metros, hasta que tuvo que apoyarse en una columna. Cuando bajó la cabeza para intentar seguir caminando, vio claridad su huella en el suelo, marcada con su propia sangre.
-Edward- dijo
Él se dio la vuelta impacientemente, al instante, sus ojos quedaron fijos en la huella. La miró con el ceño fruncido, como intentado comprender que era. Finalmente, entendió el olor a sangre, que apenas había asimilado en su empeño por llevarse a Bella a un lugar seguro.
-No- dijo, mirándole el vestido, y palideció
Sus ojos parecían zafiros, pensó Bella, consciente de que no razonaba con normalidad. Sin embargo, posiblemente aquello era lo mejor, por que en un minuto comenzaría el dolor.
-Estás perdiendo mucha sangre- dijo él
-Va a morir- dijo Paul con tristeza. Había aparecido de repente junto a ellos, y se estaba quitando la chaqueta blanca mientras evaluaba el estado de Bella- aunque llamaras a una ambulancia ahora mismo, llegarían tarde.
-Que....
Por una vez, parecía que Edward no sabía lo que debía hacer
-Tienes que esconderla- dijo Jasper, uniéndose a ellos
El vampiro guardaespaldas, que normalmente llevam¡ba un aspecto impecable, estaba desarreglado y manchado de sangre, pero tenía la cabeza suficientemente clara como para tomar decisiones.
-Si quieres salvarla, es tu única oportunidad- dijo
-Tengo que encontrar algún sitio- dijo Edward.
Su voz tenía un tono de miedo, pensó Bella. Y ella nunca había visto a Edward asustado.
-La sala egipcia- dijo Paul
Edward tomó a Bella en brazos. Jasper y Paul lo siguieron para protegerlos de cualquier posible ataque. Sin embargo, solo se toparon con uno de los guardias del museo, que les hizo un comentario incoherente sobre la herida de Bella, Jasper, que no estaba de humor para preguntas, y quizá estuviera un poco enloquecido por el olor a sangre, oprimió el cuello del hombre hasta que lo dejó inconsciente.
La sala egipcia siempre había sido la favorita de Bella. Le encantaba los sarcófagos y las vitrinas que contenían las momias, incluso las momias en si. A menudo se había cuestionado si era ético exponer así los cuerpos, porque una vez que una persona había recibido su enterramiento, tenía derecho a permanecer así. Sin embargo, a Bella le gustaba mirar los rasgos de aquellas momias, e imaginarse como habían sido en vida, que comían, como se vestían, a quien había amado....
En aquel momento, Edward la llevó hasta un amplio sarcófago que había en el centro de la sala. Estaba hecho para albergar el ataúd de un faraón. Era de piedra tallada, y estaba rodeado por una pantalla de plástico transparente para impedir que la gente tocara su decoración y sus tallas. Por suerte, la pantalla estaba abierta por la parte superior, y un vampiro podía superar aquella barrera con facilidad.
Edward saltó con ligereza, seguido por Paul, mientras Jasper sujetaba a Bella. Aunque la tapa debía pesar toneladas, Paul y Edward la desplazaron con facilidad hacia un lado y dejaron una estrecha abertura. Entonces, Jasper puso a Bella en brazos de Paul, con delicadeza, mientras Edward entraba en el profundo sarcófago. Paul le entregó a Bella y Edward la tendió en el fondo. Ella pudo tumbarse boca arriba con las piernas extendidas, y tuvo la sensación de que Edward estaba flotando sobre ella, a cientos de metros de distancia. Él se tendió a su lado.
En aquel momento, Bella dejó de notar entumecimiento y comenzó a notar un dolor lacerante en el vientre. Mientras comenzaba a gritar, Paul colocó la tapa del sarcófago en su sitio, y todo quedó en una oscuridad perfecta.
-Bella- dijo Edward en tono de urgencia
Ella oyó su voz, pero el dolor no le permitía entenderlo.
-Bella, quieres que termine con el dolor?
Ella solo pudo emitir un débil gemido, y hundió los dedos en su brazo.
-Puedes ser como yo- dijo Edward, y finalemente, Bella lo entendió
-Morir?- le preguntó con la voz entrecortada
-Si. No he sido lo bastante rápido, y no he planeado las cosas lo suficientemente bien. Y después, tú te has asegurado de que él te atacara a ti y no a mi, porque Bella? Porque?
Bella no podía explicarle que había reaccionado así por instinto. No hubiera podido soportar que el cuchillo hiriera a Edward, aunque él habría podido sobrevivir, y ella no.
-Si te convierto en lo que soy, vivirás- le dijo Edward
Aquel no era el mejor momento para tomar una decisión tan importante, pero Bella recordó la historia que le había contado Edward sobre el ataque repentino de su amo, de la crueldad de aquel hombre, que había dejado a Edward enfrente solo con aquel cambio repentino. Si Edward pudo sobrevivir a tal metamorfosis, ella también podía, porque Edward estaría a su lado.
-No te irás?- le preguntó con la voz temblorosa, casi inaudible. Sin embargo, él lo entedió.
-Nunca- dijo Edward con firmeza- Si me quieres como yo te quiero a to, superaremos el cambio.
-De acuerdo
“Amor”, pensó Bella. Él la quería.
-Ahora?
-Ahora. Te quiero- dijo con un gran esfuerzo.
Sin titubeos, Edward la mordió. Ella ya estaba sufriendo tanto que un poco más de dolor no le importó. Entonces, sintió que Edward succionaba en su cuello, que la vaciaba. Estaba asustada, pero no tenía fuerzas para luchar. Después, en un minuto, sintió en la cabeza algo gris, pesado, que se la llevó.
-Toma- dijo una voz autoritaria- Tienes que beber, Bella. Isabella. Tienes que beber ahora.
Le estaba presionando la cara contra la piel desnuda de su mano, y Bella sintió algo en los labios. Agua? Tenía mucha sed. Se lamió los labios y descubrió que no era gua, que no estaba frío. Estaba tibio, y era salado. Pero ella estaba sedienta, así que puso la boca en la piel y comenzó a tragar.
Se despertó de nuevo un poco después.
Se sentía.... extraña. Débil, si, pero no dolorida. Recordaba muy bien el despertar en el hospital, después del último ataque, con las vías de suero en el brazo, el olor de las sábanas, los sonidos tenues del pasillo del hospital. Pero allí estaba mucho más oscuro.
Intentó mover la mano, y se dio cuenta de que si podía hacerlo. Se palpó el cuerpo, y se dio cuenta de que era un desastre. Y había alguien tumbado a su lado, en aquel lugar oscuro. Alguien que no respiraba.
Otra persona que no respiraba.
Abrió la boca para gritar.
-No, cariño.
Edward
-Estamos.... estoy.....
-Era la única forma de salvarte la vida
-Ahora lo recuerdo todo- dijo
Comenzó a temblar, y Edward la rodeó con sus brazos. Le besó la frente, y después los labios. Ella sintió su contacto de un modo en el que nunca había sentido el contacto con otra persona. Sentía la textura de su piel, y oyó el sonido de la ropa moviéndose por si cuerpo. Su olor era de excitación intensa. Cuando él volvió a besarla en la boca, ya estaba preparada.
-Túmbate de costado, ángel- le pidió a Edward con la voz entrecortada, y ella lo hizo. Entre los dos, libraron a Bella de las medias y la ropa interior, y entonces él la penetró, y ella emitió un sonido de puro placer. Nunca había sentido nada tan agradable. Él fue más brusco con ella, y Bella supo que era porque se había convertido en lo mismo que él, y que la fuerza de Edward no le haría daño. Tuvo un clímax de una intensidad devastadora. Cuando terminó, se sintió exhausta de una manera extraña. Y se dio cuenta de que tenía mucha hambre.
Entonces, dijo:
-Cuando podemos salir?
-Vendrán pronto a quitar la tapa- dijo él- podría hacerlo yo mismo, pero me da miedo romperla si empujo con demasiada fuerza. Nadie debe saber que hemos estado aquí.
En pocos minutos, ella oyó como comenzaba a moverse la tapa del sarcófago, y la luz tenue mostró a Dimitri y a Felix sobre ellos, sujetando la pesada tapa entre los dos. Entonces, Rosalie y Emmett se asomaron al interior para ayudarlos a salir.
-Como es?- preguntó Rosalie con timidez, cuando Bella y ella estuvieron a solas en el baño de señoras.
Los hombres estaban limpiando todas las pistas que pudieran quedar en el sarcófago, y Bella había decidido que solo tenía que lavarse la cara y aclararse la boca. Aunque podría ahorrarse el esfuerzo, pensó, observando su imagen en el espejo, y encantada por poder verse, pese al viejo mito. Tenia la ropa rasgada, ensangrentada y arrugada. Por lo menos Rosalie le prestó un cepillo de pelo.
-Ser así?
Rosalie asintió
-Es de verdad tan diferente?
-Oh, si- dijo Bella. De hecho, era un poco difícil concentrarse, con los latidos del corazón de Rosalie tan cerca de ella. Necesitaba una botella de sangre, y la necesitaba desesperadamente.
-La policía quiere hablar contigo- dijo Rosalie
-Llévame con él- dijo Bella- aunque será mejor que antes tome algo
No era muy frecuente que la víctima de un asesinato pudiera acusar a su asesino en persona. La llegada de Bella a la comisaría con el vestido lleno de sangre fue una imagen impactante. Pese a que tenía el brazo roto, Alec Vulturi fue colocado en una rueda de identificación, con otros hombres a quienes habían vendado el brazo para que se parecieran a él. Bella disfrutó la identificación.
Después, Edward hizo lo mismo.
Y Stefan.
Y Senna.
Tres vampiros una artista de espectáculos sexuales no eran los testigos preferidos por la policía, pero varios de los patronos del museo habían presenciado la agresión, entre ellos, el anfitrión de la fiesta que había bailado con Bella, Nahuel.
-Habrá juicio. Por supuesto- le dijo el detective a Bella- sin embargo, con lo que le hizo a usted en el pasado, sus huellas en la navaja y todas las declaraciones de los testigos, no tendremos problemas en conseguir que lo condenen. Ahora no estamos en el territorio de su papá.
-He tenido que morir para conseguir justicia- dijo ella. Hubo un momento de silecio
Entonces Rosalie intervino.
-Vamos a mi casa para que podáis ducharos, y después iremos a bailar. Es una nueva vida Bella!
Ella tomó de la mano a Edward.
-Es una nueva vida- susurró
FIN
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Hola mis dulces lectores! Como toda historia, esta también tiene un fin. Espero que os haya gustado tanto como a mi me gustó hacer la adaptación :)
Espero vuestros comentarios! Un beso enorme! Os Amo!
Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón.
En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo.
Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas.
En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau.
La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer.
Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com
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jueves, 21 de julio de 2011
miércoles, 20 de julio de 2011
Regalitos! :)
Hola mis dulces lectores! mi mari del blog http://sangreyhielo.blogspot.com/ , que también colabora con este blog :) ya tiene 200 seguidores en su blog! Y para celebrarlo ha hecho estos regalitos! Muchas felicidades amor, tú te los mereces ;)
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lunes, 18 de julio de 2011
Misterio & Ian * OneShoot
Hola mis dulces lectores! Aquí os dejo otro OneShoot de la mano de Arancha :) Lleno de vampiros, fantasía y amor como siempre!
MISTERIOS & IAN
Una noche de invierno con mucho frío, nieblas y caía mucho granizo, Misterio iba sola por las calles de Londres. El suelo estaba muy resbaladizo y ella iba muy despacio cuidando por donde pisaba hasta que no se dio cuenta y al final se cayó al pisar una piedra con hielo.
De las heridas que llevaba no se podía ni mover ni levantar. Pasaba mucha gente a su alrededor pero nadie le hacía caso. A lo lejos diviso una sombra, no se veía muy bien. cuando lo vio un poco mejor era un hombre alto, con abrigo negro y un sombrero. Poco a poco y despacio se le fue acercando a ella. Misterio se asusto y empezó a decirle:
-No se acerque a mí, No se acerque a míiiiiiii!!!!!
Hasta que se fue a cobijar a un callejón que había cercano pero de repente el hombre estaba enfrente de ella. Ella le intento leer la mente y lo que vio no le gusto nada.
-Vayase, vayaseeee!!!! Déjeme en paz, no quiero que me ayude nadie siempre he sabido cuidarme yo sola desde pequeña.
-Ya veo, ya veo que te puedes cuidar sola y de repente pisas una piedra con hielo, te resbalas y caes. Tranquila, no te voy a hacer daño -Dijo él.- Solo quería saber como te llamas. Ya he visto que otras personas que pasaban por tu lado no te han ayudado pero yo te quiero ayudar.
Misterio se levanto despacio por el miedo que tenía a ese hombre y porque le molestaba todo el cuerpo.
-Me llamo Misterio y vivo por aquí. He salido un rato y no me he dado cuenta de que había una piedra un poco fuera y me he resbalado.
-Yo me llamo Ian
Mientras él se presentaba, Misterio le leyó la mente otra vez y se fijo en que tenía los ojos muy raros, como rojos y muy abiertos e hinchados. El se fijo en que ella le miraba a los ojos y giro la cara. Tenia sed de sangre, y al verle las heridas, aumentaba su sed mas. Misterio le pregunto:
-Estas bien? Que te pasa?
El le respondió:
-Si no te preocupes, no pasa nada. Te voy a llevar hasta mi casa y allí mis ayudantes te ayudaran a cambiarte y a curarte las heridas.
Al llegar a su casa, Misterio, no salía de su asombro, lo primero el era guapisimo, moreno de pelo rizado con ojos verdes. Segundo en la entrada de la casa había una fuente con estalactitas y estalagmitas de colores. Ian le encamino por el pasillo de la derecha que era en donde estaban las habitaciones. Las ayudantas ya estaban en la habitación preparadas para ayudar y curar a Misterio. Mientras él, se fue a su habitación a beber dos bolsas de sangre para saciar su sed. pero antes de llegar a la puerta volvió y le dijo que volvería mas tarde para hablar con ella. Al final el se fue pero ella se quedó pensativa. Sera un vampiro?, Sera un hombre- lobo? o sera un híbrido? o Uno que cambia a muchas formas?. No estaba segura, pero de lo que estaba segura era que Ian era muy extraño y demasiado guapo. Sus ojos y su boca le llamaban mucho su atención. Parecía perfecto.
Cuando Volvió él, ella ya estaba recostada en la cama con la espalda apoyada en una almohada. Aún le molestaban los moratones. Ian se acerco despacio, lentamente y le besó en los labios que los tenía hinchados por culpa del frío y que al caerse se los araño con la piedra. Al besarla se le despertó la sed otra vez pero se alejo rápidamente,no quería hacerle daño. Asustada aún, le preguntó:
-Que eres? Porque me has traído aquí? cómo me has traído? Que quieres hacer conmigo?
-Bueno, buenoooo....... tranquila Misterio. -Era la primera vez que ella le escuchaba decir su nombre y la voz la tenía ronca y suave. Muy provocativa. -Que soy...... que soy...... Soy un vampiro, que de vez en cuando se transforma en lobo. -Misterio se asusto tanto que se alejo de él, lo mas lejos posible.- Porque te he traído aquí...... porque te he traído aquí...... porque me gustaste desde el primer momento en que te vi, por eso, te bese en la habitación cuando volví a verte. Me gustó tu sensibilidad, tu miedo pero a mi no me lo tienes que tener, no te voy a hacer daño. Como te traje.......... mmmmm Te tuve que dormir porque te pusiste muy nerviosa, te cogí en brazos y te agarraste a mi cuello y te quedaste dormida. Al llegar a mi casa te desperté. Y Por último, y no menos importante, Que quiero hacer contigo? mmmmm...... Dejame pensar...... lo primero no quiero hacerte daño como ya te he dicho, me he enamorado de ti y no quiero nunca alejarme de ti. Misterio, quieres vivir conmigo?
Ella entre sollozos, alejada de el, le dijo que si y se dieron un fuerte abrazo, a ella le encantaba como olía y se apretó mas a él. Ian no quería hacerlo porque sabía que ella le iba a tener miedo siempre pero al final, le mordió y ella empezó a sentir que se estaba enamorando de el.
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MISTERIOS & IAN
Una noche de invierno con mucho frío, nieblas y caía mucho granizo, Misterio iba sola por las calles de Londres. El suelo estaba muy resbaladizo y ella iba muy despacio cuidando por donde pisaba hasta que no se dio cuenta y al final se cayó al pisar una piedra con hielo.
De las heridas que llevaba no se podía ni mover ni levantar. Pasaba mucha gente a su alrededor pero nadie le hacía caso. A lo lejos diviso una sombra, no se veía muy bien. cuando lo vio un poco mejor era un hombre alto, con abrigo negro y un sombrero. Poco a poco y despacio se le fue acercando a ella. Misterio se asusto y empezó a decirle:
-No se acerque a mí, No se acerque a míiiiiiii!!!!!
Hasta que se fue a cobijar a un callejón que había cercano pero de repente el hombre estaba enfrente de ella. Ella le intento leer la mente y lo que vio no le gusto nada.
-Vayase, vayaseeee!!!! Déjeme en paz, no quiero que me ayude nadie siempre he sabido cuidarme yo sola desde pequeña.
-Ya veo, ya veo que te puedes cuidar sola y de repente pisas una piedra con hielo, te resbalas y caes. Tranquila, no te voy a hacer daño -Dijo él.- Solo quería saber como te llamas. Ya he visto que otras personas que pasaban por tu lado no te han ayudado pero yo te quiero ayudar.
Misterio se levanto despacio por el miedo que tenía a ese hombre y porque le molestaba todo el cuerpo.
-Me llamo Misterio y vivo por aquí. He salido un rato y no me he dado cuenta de que había una piedra un poco fuera y me he resbalado.
-Yo me llamo Ian
Mientras él se presentaba, Misterio le leyó la mente otra vez y se fijo en que tenía los ojos muy raros, como rojos y muy abiertos e hinchados. El se fijo en que ella le miraba a los ojos y giro la cara. Tenia sed de sangre, y al verle las heridas, aumentaba su sed mas. Misterio le pregunto:
-Estas bien? Que te pasa?
El le respondió:
-Si no te preocupes, no pasa nada. Te voy a llevar hasta mi casa y allí mis ayudantes te ayudaran a cambiarte y a curarte las heridas.
Al llegar a su casa, Misterio, no salía de su asombro, lo primero el era guapisimo, moreno de pelo rizado con ojos verdes. Segundo en la entrada de la casa había una fuente con estalactitas y estalagmitas de colores. Ian le encamino por el pasillo de la derecha que era en donde estaban las habitaciones. Las ayudantas ya estaban en la habitación preparadas para ayudar y curar a Misterio. Mientras él, se fue a su habitación a beber dos bolsas de sangre para saciar su sed. pero antes de llegar a la puerta volvió y le dijo que volvería mas tarde para hablar con ella. Al final el se fue pero ella se quedó pensativa. Sera un vampiro?, Sera un hombre- lobo? o sera un híbrido? o Uno que cambia a muchas formas?. No estaba segura, pero de lo que estaba segura era que Ian era muy extraño y demasiado guapo. Sus ojos y su boca le llamaban mucho su atención. Parecía perfecto.
Cuando Volvió él, ella ya estaba recostada en la cama con la espalda apoyada en una almohada. Aún le molestaban los moratones. Ian se acerco despacio, lentamente y le besó en los labios que los tenía hinchados por culpa del frío y que al caerse se los araño con la piedra. Al besarla se le despertó la sed otra vez pero se alejo rápidamente,no quería hacerle daño. Asustada aún, le preguntó:
-Que eres? Porque me has traído aquí? cómo me has traído? Que quieres hacer conmigo?
-Bueno, buenoooo....... tranquila Misterio. -Era la primera vez que ella le escuchaba decir su nombre y la voz la tenía ronca y suave. Muy provocativa. -Que soy...... que soy...... Soy un vampiro, que de vez en cuando se transforma en lobo. -Misterio se asusto tanto que se alejo de él, lo mas lejos posible.- Porque te he traído aquí...... porque te he traído aquí...... porque me gustaste desde el primer momento en que te vi, por eso, te bese en la habitación cuando volví a verte. Me gustó tu sensibilidad, tu miedo pero a mi no me lo tienes que tener, no te voy a hacer daño. Como te traje.......... mmmmm Te tuve que dormir porque te pusiste muy nerviosa, te cogí en brazos y te agarraste a mi cuello y te quedaste dormida. Al llegar a mi casa te desperté. Y Por último, y no menos importante, Que quiero hacer contigo? mmmmm...... Dejame pensar...... lo primero no quiero hacerte daño como ya te he dicho, me he enamorado de ti y no quiero nunca alejarme de ti. Misterio, quieres vivir conmigo?
Ella entre sollozos, alejada de el, le dijo que si y se dieron un fuerte abrazo, a ella le encantaba como olía y se apretó mas a él. Ian no quería hacerlo porque sabía que ella le iba a tener miedo siempre pero al final, le mordió y ella empezó a sentir que se estaba enamorando de el.
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sábado, 16 de julio de 2011
Premio!
Hola mis dulces lectores!!
Quiero agradecer a mi dulce vampira del blog http://vampiresabruji.blogspot.com/ por este premio ;)
Me has alegrado el día!! Mil gracias!! TQM
Quiero agradecer a mi dulce vampira del blog http://vampiresabruji.blogspot.com/ por este premio ;)
Me has alegrado el día!! Mil gracias!! TQM
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viernes, 15 de julio de 2011
Hambrientos de Deseo * Capítulo 10
Adapatción
Hola mis dulces lectores! Antes de leer teneís que saber que este capítulo tiene algo de lemmon, Rated M.... aunque yo lo encuentro bastante suave jajajajaj
De todas formas, es mi deber informar ;)
CAPÍTULO 10:
El aire de la montaña era fresco, y la respiración de Jacob formaba nubes blancas de vaho mientras caminaba en círculos, lentamente, observando la escena con su agudeza de Cazador y sintiendo la ira de su parte humana por la crueldad del crimen.
Todo estaba lleno de sangre y pedazos de carne, como en una película de terror. Y sin embargo, había un orden extraño en los restos.
Jacob había visto mucha muerte y destrucción a lo largo de su vida, pero aquello era distinto; una especie de crimen ritual, sin el frenesí habitual de la ferocidad de un lobo. Conocía a los de su raza y sabía lo que podían hacer cuando se dejaban llevar por sus instintos animales. Sin embargo, la escena del bosque no tenía nada que ver con eso.
Aquello respondía a un plan desarrollado y ejecutado minuciosamente. Había algo más que el simple anhelo de carne humana; algo oscuro y tan terrorífico que hasta él se asustó. Y por la expresión de Carlisle y de Charlie, supo que sentían lo mismo.
Se arrodilló, alcanzó un puñado de tierra y se lo acercó a la nariz. El olor ácido era tan fuerte que los ojos le empezaron a llorar.
—¿Es el mismo olor que encontrasteis en los otros cadáveres?
Charlie se frotó la nunca.
—No exactamente, pero por lo que he podido comprobar, aquí tenemos un grupo entero. Hay huellas de licántropos por todas partes —explicó—. Parece que la mataron hace varias horas, en algún momento de la tarde.
—Entonces, ya conocemos a los culpables. Son los únicos que pueden transformarse de día —dijo Jake.
—Sí, pero no la mataron entre todos. Fue uno, uno solo —declaró el irlandés, que se había apoyado en el tronco de un pino—. Y no tiene las características típicas de un festín, sino de una carnicería calculada.
Charlie asintió y respiró a fondo.
—Eso significa que los demás se limitaron a mirar…
—En efecto —dijo Carlisle—. Lo cual nos lleva a otra pregunta: ¿James fue el ejecutor o un simple espectador de la matanza?
Jacob se levantó y se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros.
—Seguro que fue el ejecutor. ¿Habéis encontrado algún tipo de identificación? ¿El bolso de la víctima? ¿Quizá una cartera?
—No, nada de nada —respondió Charlie—. Hemos registrado la zona mientras te esperábamos, pero sólo hemos encontrado su ropa.
Carlisle contempló los restos de la mujer. Su sonrisa generalmente sarcástica había desaparecido, sustituida por un gesto que se parecía a la compasión.
—Sospecho que era una monada —dijo el irlandés.
Jacob sacó su paquete de cigarrillos.
—Me pondré en contacto con Jason y veré si se ha dado parte de alguna persona desaparecida —comentó Charlie.
Jason era humano, un agente del FBI. Colaboraba con ellos desde que su hermana se había casado con uno de los Crestas Plateadas, y su ayuda había sido determinante en muchos casos.
—En fin, me vuelvo a casa —dijo Jacob.
En ese momento, sonó su teléfono móvil. Jacob lo sacó de la chaqueta y frunció el ceño al ver la pantalla.
—¿Qué diablos quieres, James?
—Era una chica preciosa. Ojalá hubieras estado presente cuando todavía respiraba… fue todo un espectáculo.
James soltó una carcajada cruel.
—Toda la zona apesta a ti, James. Deberías bañarte de vez en cuando.
—Ja, ja, ja —se burló—. Esto debe de ser duro para ti, Black, pero no puedes salvarlas a todas.
—¿Por qué huyes, miserable cobarde? —dijo, intentando provocarlo—. ¿Tienes miedo de enfrentarte a mí?
James hizo caso omiso de la provocación.
—Era una chica tan dulce… sabía a miel. Me recordó a tu mujercita.
El silencio de Jacob fue tan revelador que James volvió a reír.
—Ah, vaya, así que la quieres de verdad. Me alegro sinceramente, Black. Ahora que lo sé, matarla será mucho más satisfactorio.
—Para eso, tendrás que pasar por encima de mi cadáver, James. Y si yo caigo, tú caerás conmigo.
—Tu arrogancia será tu caída, Black. Ni puedes controlar el destino ni me puedes controlar a mí. Ella ya es mía. ¿No se te ha ocurrido que podría estar delante de tu cabaña, mirándola a través de las ventanas? Es muy delicada, pero estoy seguro de que se puede comportar como un animal. Hay algo verdaderamente salvaje en ella… Aunque supongo que tú lo sabes de sobra.
Jacob sintió un pánico repentino. Cortó la comunicación, se guardó el móvil y se concentró en encender un cigarrillo, protegiendo la llama del viento, mientras intentaba controlar el temblor de sus manos.
El aroma del tabaco llenó sus sentidos. Dio una calada larga, con la intención de que le tranquilizara un poco. Pero fue inútil. Tenía miedo por Renesmee. Un miedo feroz, profundo.
Dio una segunda calada y se giró hacia sus compañeros.
—Era James —dijo.
Charlie señaló el cadáver y preguntó:
—¿Te ha dicho si ha sido él?
—Ya conoces a James. Le encantan los juegos psicológicos —respondió—. Pero sí, seguro que ha sido él.
—¿Sabéis lo que creo? —intervino Carlisle.
—Lo vas a decir de todas formas, así que suéltalo —dijo Jacob, impaciente.
—Ya habrás notado que la víctima tenía el pelo rojo —murmuró el irlandés—. James está tan obsesionado contigo, que deberías dejar a tu mujer en nuestras manos.
—No sigas por ese camino, Carlisle —bramó Jacob, con ira—. Éste no es momento para estupideces.
El irlandés lo miró con seriedad.
—No me malinterpretes, Black; sólo intento ayudar. Si te alejas de Renesmee y la dejas a nuestro cuidado, cabe la posibilidad de que James se olvide de ella. Además, estarías menos preocupado y te podrías concentrar en la persecución de ese cerdo. Si no recuerdo mal, es lo que siempre has querido… relaciones fáciles, sin ninguna atadura emocional.
—Carlisle… —le advirtió Charlie.
Jacob apagó el cigarrillo contra el musgo de un árbol y dijo:
—Una palabra más, Carlisle, y lo lamentarás amargamente.
—Sólo es una propuesta amistosa, Black, de un colega a otro. Te diría que la dejaras al cuidado de Charlie, pero la mataría de un susto si le diera por transformarse; y en cuanto a Clerwater, no está en condiciones de cuidar de nadie. Yo soy la mejor opción —afirmó con una sonrisa maliciosa—. Y francamente, no me importa en absoluto. Parece una mujer muy… divertida.
—Tú lo has querido, maldito canalla…
Charlie intentó interponerse entre los dos, pero Jacob se movió con tanta rapidez que derribó al irlandés antes de que pudiera impedirlo.
Cayeron al suelo y rodaron sobre la hierba. El bosque se llenó con el sonido feroz de la batalla.
Casi una hora después, Jacob aparcó el todoterreno delante de la cabaña. Le dolía todo el cuerpo.
El cielo nocturno estaba despejado, sin más luz que la de la luna amarilla que se alzaba a poca altura, alargando de tal modo las sombras de los árboles que parecían gigantescos. Era una noche preciosa, que habría preferido pasar con Renesmee en lugar de dedicarla a la investigación de un crimen y a una pelea con Carlisle.
Albergaba la esperanza de relajarse al llegar a casa, pero todavía estaba enormemente preocupado cuando salió del vehículo. Además, tenía la inquietante sensación de haber dejado un cabo suelto en algún lado.
Molesto, se recordó que no podía permitirse el lujo de dejarse dominar por las emociones. No tenía tiempo para eso. James estaba tan loco que era capaz de hacer cualquier cosa. Sabía que atacaría más tarde o más temprano, y también sabía que, cuando atacara, él estaría allí para detenerlo, para acabar de una vez por todas con la vida de aquel desgraciado.
Desgraciadamente, James sólo era una pieza menor del rompecabezas. Alguien lo estaba utilizando para conseguir un objetivo que Jacob desconocía, lo cual le sacaba de quicio. Había demasiadas posibilidades. Y el riesgo era enorme.
Después de una noche tan sucia, necesitaba algo limpio, algo puro. Necesitaba a Renesmee. Necesitaba su frescura, la llama que ardía en su interior.
La deseaba con todo su ser. Quería introducirse en ella y aprender todo lo que pudiera de sus gustos; que la hacía reír, qué la excitaba, qué la hacía llorar. Quería saberlo todo. Hasta el último de los detalles.
Pero alguien se la quería arrebatar.
Y no lo permitiría.
La encontró tumbada, de lado, en la cama del dormitorio. Tenía la cabeza apoyada en una mano mientras con la otra sostenía un libro. Su largo cabello caía sobre el almohadón y sus rizos rojizos brillaban bajo la luz de la lámpara de la mesita.
Al oírlo entrar, ella se movió, lo miró con aquellos ojos verdes y se quedó horrorizada.
—¿Qué te ha pasado?
Renesmee se levantó, pero no caminó hacia él. Dudó, como si no supiera si abrazarlo o mantener las distancias.
Jacob se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldo de una silla.
—Nada, una pequeña diferencia con el irlandés.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Te has peleado con Carlisle?
—No ha sido para tanto. Sobreviviré.
Renesmee miró la herida que tenía en el pómulo, la hinchazón de un ojo y la sangre en la comisura de la boca.
—¿Que no ha sido para tanto, dices? —preguntó, arqueando una ceja—. ¿Os habéis vuelto locos?
—Las peleas son relativamente habituales entre los nuestros. Alivian la tensión y evitan que nos matemos.
—Bueno, dime al menos que Carlisle ha quedado tan mal como tú…
Jacob rió.
—Creo que Charlie se lo ha tenido que llevar a casa —dijo.
—Hombres… —declaró ella, con exasperación.
Jacob se apoyó en la cómoda y empezó a desatarse los cordones de las botas.
—Me sorprende que sigas despierta.
Renesmee dejó el libro y sus gafas en la mesita de noche.
—Por supuesto que sigo despierta —murmuró—. ¿Cómo iba a dormir estando tan preocupada? Te marchaste sin despedirte y Seth no sabía cuándo ibas a volver, así que…
—Lo siento, Ness. No pretendía preocuparte. Debería haberte llamado.
Jacob se estremeció. La idea de que Renesmee se hubiera quedado despierta por él le emocionaba profundamente.
—Me alegra que hayas vuelto de una pieza. Bueno, casi de una pieza —ironizó.
—Necesito una ducha.
Jacob la miró un momento y añadió:
—¿Quieres ducharte conmigo?
Ella se quedó en silencio. Jacob esperó la respuesta durante unos segundos que se le hicieron eternos. Por fin, Renesmee sonrió con timidez y habló.
—Sí.
Aquel monosílabo bastó para dejar a Jake sin aliento. Parpadeó, sorprendido, y tuvo que controlarse para no abalanzarse sobre ella. Se giró y caminó hacia el cuarto de baño. Encendió la luz y ajustó la intensidad hasta que quedó en un destello dorado que borró las sombras.
Fue dolorosamente consciente de la presencia de Renesmee a sus espaldas, cada vez más cerca. Se sintió como el Lobo Feroz engañando a Caperucita Roja.
—Sigo sin entender qué ha podido decir el irlandés para que os pelearais —dijo ella, en voz baja.
Jacob abrió el grifo de agua caliente de la ducha. Renesmee llevó las manos a su camiseta y tiró hacia arriba, para quitársela.
—¿No te lo imaginas? —preguntó él.
Cuando él se quitó la prenda del todo, ella le acarició el pecho y los músculos del abdomen. Lo miraba con tanta admiración que Jacob pensó que sus largas y agotadoras horas de ejercicio habían merecido la pena.
—¿Ha sido por lo que ha pasado esta tarde en la cocina?
—Olvídalo, Ness. Carlisle disfruta molestándome. Sólo es eso.
Jacob supo que Renesmee no se lo había creído; pero afortunadamente, dejó de insistir.
—¿Seguro que te sientes cómoda en esta situación? Haremos lo que quieras hacer, Ness, nada más. Sólo quiero estar contigo.
—Jacob…
—No pretendo que hagamos el amor. Es que esta noche necesito dejar de pensar en cosas terribles… quiero estar a tu lado, sentir el calor de tu cuerpo y saber que te encuentras bien, que estás viva.
—De acuerdo.
Renesmee se empezó a desnudar.
Él se quedó hechizado mientras ella se llevaba las manos al primer botón de los vaqueros, que desabrochó. El corazón de Jacob se fue acelerando, poco a poco, con cada botón. Se aceleró tanto que tuvo miedo de desmayarse y hacer un ridículo espantoso.
Renesmee se quitó después los brazaletes, el sostén y, por último, el vaquero ya desabrochado y las braguitas, de color oscuro. Todo en ella lo excitaba, hasta los dedos de sus pies. Quería llevar la boca a sus tobillos, a sus pantorrillas, a sus muslos, a todas partes. Ardía en deseos de probar todas sus texturas y sus sabores.
Renesmee era la suma de todas las fantasías de Jacob.
Y era suya.
Con dedos temblorosos y respiración entrecortada, Renesmee le ofreció la visión de su cuerpo desnudo, sintiéndose como si estuviera vendiendo su alma al diablo. Había tenido mucho tiempo para pensar, muchas horas para preocuparse por él y preguntarse si volvería a casa sano y salvo.
Su aparición había eliminado hasta el último resto de sus dudas e incertidumbres. Ya no le importaba nada salvo él y su propio deseo. Por fin, había comprendido que debía dar un paso adelante; y aunque tenía miedo, lo hizo. Pero ahora tenía un problema; en ese mismo instante, supo sin lugar a dudas que se había enamorado de Jacob.
No lo amaba porque fuera guapo y sexy y la protegiera de monstruos como James. Lo amaba porque era él, tal cual, todo fuerza y energía por fuera y sensibilidad por dentro; una combinación irresistible de caos y tranquilidad, de complejidad y sencillez. No era un hombre perfecto, ni falta que hacía.
Dio un paso adelante y puso las manos en su pecho. La voz de Jacob sonó levemente quebrada.
—Te deseo más que a nada en mi vida. Te deseo con toda mi alma, Renesmee.
Renesmee se limitó a mirarlo, embriagada por su mirada de deseo.
—Quiero nadar en tus pensamientos, Ness, saberlo todo de ti. Y me da miedo, porque sé que nunca sabré lo suficiente. Es como una adicción… aumenta con el tiempo y no hay cantidad que le satisfaga. ¿Qué diablos puedo hacer?
Renesmee se preguntó cómo era posible que un hombre pareciera tan bello y tan duro a la vez.
—¿Crees que nos gustamos por una simple cuestión de química?
—Olvídate de la química, Ness. Es por ti. Me vuelves loco.
—¿Y no te gusta?
—Lo que no me gusta es otra cosa… Pensar que huirás de mí a la menor oportunidad que se te presente.
Renesmee se sobresaltó. Nunca habría imaginado que Jacob, aquel hombre seguro, dominante, firme, se sintiera vulnerable por su culpa. Tenía miedo a perderla; y eso significaba que debía de sentir algo por ella.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque sabes lo que soy y, más tarde o más temprano, lo verás. Dudo que un monstruo encaje en tu ideal de perfección.
—No me hagas esto, Jacob, no retuerzas mis palabras de ese modo. Sabes muy bien que yo no me refería al aspecto físico de alguien, sino a los sentimientos de su corazón. Quiero un hombre que me ame —declaró, estremecida—. Un hombre que no tenga miedo de admitir su amor.
Jacob tragó saliva.
—¿Y si no puedo ser ese hombre?
Jacobla miró con una expresión tan torturada que ella tuvo que cerrar los ojos por miedo a perder el control y romper a llorar. Aquel hombre tenía la extraña habilidad de conjurar sus emociones más profundas.
Abrió los ojos, le puso una mano en la mejilla y respondió:
—Entonces, me contentaré con saber que te pertenezco, Jacob, que soy tuya.
«Soy tuya».
Jacob esperó, imaginando que le preguntaría si él también era de ella; pero no se lo preguntó.
Su plan de evitar un compromiso emocional con Renesmee estaba saliendo bien; lamentablemente, en lugar de sentirse contento por ello, sentía una mezcla de incomodidad y pánico. Se había llegado a convencer de que sólo necesitaba una relación sexual y en ese momento tenía la impresión de estar destrozando algo precioso; como si le hubieran puesto un objeto cálido, suave y bello en la palma de la mano y él lo estrujara sin darse cuenta.
Renesmee se le iba a entregar aquella noche, pero Jacob quería más, necesitaba más, ansiaba mucho más. No tenía más anhelo que el de abrirla por dentro, metafóricamente, y dejarla tan desnuda ante él que pudiera ver todas sus emociones, todos sus pensamientos y todos sus secretos.
Pero había algo más importante. Quería oírle decir que estaba enamorada de él.
—Quiero hacer el amor contigo, Ness. Quiero tenerte debajo de mí y demostrarte cuánto… cuánto me importas.
Ella le dedicó una sonrisa trémula.
—Acércate, Jacob, por favor. Acércate a mí.
Él gimió y se acercó a ella.
—Te haré sentir tan bien… —le prometió—. Siempre cuidaré de ti, Renesmee, te lo prometo.
Jacob quería decir muchas otras cosas; pero de momento, no era capaz de atreverse a más.
Se ducharon juntos. Estaban nerviosos, ansiosos por terminar y dirigirse a la cama, porque él se había negado a tomarla contra la fría pared de la ducha. No quería que su primera experiencia fuera así. No aquella noche. Ya tendrían más ocasiones en el futuro.
Quería que la primera vez fuera especial para ella.
Contempló su rostro bajo el agua, hechizado por su belleza, y le acarició la mejilla y el hoyuelo de la base de su garganta. Le maravillaba tanto y estaba tan perdido en ella que no la entendió cuando Renesmee rompió el silencio.
—¿Qué has dicho?
—Te he preguntado si siempre me sentiré así contigo.
—No lo sé. Sólo sé que te deseo tanto que casi no puedo respirar. Te quiero más que a mi propia vida.
Jacob cerró el grifo de la ducha y la llevó a la cama. Quería ser dulce con ella, pero no era fácil. Su deseo era demasiado urgente y visceral. Quería darle tanto placer como pudiera sentir. Quería rendirla de deseo, contemplar su rubor y su boca entreabierta mientras la penetraba.
En cuanto llegaron, la posó sobre las frescas y tersas sábanas.
—Ness, te prometo que tendré cuidado. Pero ya no puedo esperar más.
—Me alegro, porque no quiero que esperes.
Renesmee lo abrazó y se estremeció cuando se movió sobre ella, le separó los muslos y sintió el roce de los senos contra su pecho.
Jacob aspiró el aroma de su cabello y le introdujo una mano entre las piernas para situar su sexo, duro y grande, contra la abertura hinchada del cuerpo de Renesmee. Al sentir su humedad, sintió un placer inconmensurable. Después, apretó los dientes para controlar la exquisita sensación, flexionó los músculos y empujó.
Mantuvo los ojos abiertos, contemplando la cara de su amante. Por fin, rompió su resistencia y la penetró. Renesmee soltó un suspiro que lo volvió loco de placer.
Jacob se movió de nuevo, entrando un poco más en ella.
—Renesmee…
Renesmee le oyó pronunciar su nombre mientras echaba la cabeza hacia atrás y se dejaba llevar por la oleada de sensaciones. Era tan increíblemente hermoso que le parecía casi imposible. En ese preciso momento, Jacob formaba parte de ella, parte de su ser. Pero, por increíbles que fueran las sensaciones, Renesmee fue consciente de los esfuerzos de Jacob por mantener el control.
Notaba la tensión de su cara y de sus hombros. Era evidente que tenía miedo de hacerle daño. Quería ser cuidadoso con ella, pero ella no quería que lo fuera.
—Jacob —murmuró—. Basta…
Él gimió y se quedó muy quieto.
—¿Te estoy haciendo daño? —preguntó, preocupado.
Ella rió con dulzura.
—No, no, sólo quiero que dejes de contenerte. Relájate. Te aseguro que no estoy hecha de cristal.
Él le dedicó una mirada llena de hambre.
—¿Quieres más? —preguntó con voz ronca—. Dilo entonces, Renesmee. Dímelo.
—Sí —susurró, estremecida—. Quiero más, Jacob. Te quiero a ti, Jacob. Te quiero entero, todo.
—Esto puede ser peligroso, Ness.
—Pero sé que me voy a sentir tan bien…
—Desde luego.
Jacob se movió en el interior de su cuerpo y contempló sus reacciones.
—Sabía que contigo sería diferente —añadió.
Bajó la cabeza y la besó en la boca, haciéndole sentir la fuerza de su deseo. Ella soltó un gemido de placer y le acarició la piel de los hombros antes de llevar las manos a su cabello.
—No me alejaré nunca de ti, Ness. Nunca.
Le agarró las manos, le puso los brazos por encima de la cabeza y le acarició las muñecas con los pulgares mientras la miraba a los ojos. Estaba tensa, pero también muy húmeda. Jacob se empezó a mover con más fuerza, completamente dentro de su cuerpo.
Se detuvo unos segundos, haciéndole sentir la solidez y la potencia de su sexo; después, retrocedió y le regaló otra acometida profunda. Repitió los movimientos una y otra vez, hasta que la llevó al límite y Renesmee soltó un grito y alcanzó el orgasmo. Entonces, Jacob emitió un sonido casi animal y aceleró el ritmo.
La estaba volviendo loca. Seguía adelante sin pausa, provocándole espasmos incontrolables. Renesmee abrió las piernas tanto como pudo, dividida entre el deseo de pedirle más y el de rogarle que se detuviera, porque ya no tenía fuerzas, porque el placer era tan intenso que no podía resistirlo.
—Aún no —dijo él—. Dame otra vez tu placer, Ness. Deja que vuelva a sentirlo.
—No puedo… —dijo ella, casi sollozando—. No puedo…
—Sí, por supuesto que puedes.
—Jacob…
Renesmee pronunció su nombre como un ruego, aunque no sabía qué estaba rogando.
Clavó los dedos en su espalda y admiró la belleza de su piel, que le pareció de color dorado bajo la luz de la lámpara.
—Jacob… —repitió.
—Lo sé. No te resistas, Ness. Dame tu placer.
Él cambió de posición y subió un poco para acceder mejor a ella, apretándose contra sus senos y sujetándole las piernas. Renesmee no podía hacer nada salvo dejarse llevar. No tenía refugio, lugar donde esconderse.
Las sensaciones se fueron sucediendo, una tras otra, profundizando capa a capa, como pinceladas de pintura en un lienzo, creando algo brillante, nuevo y completamente sorprendente.
Algo que era suyo, de Renesmee.
Algo que ya amaba con todo su ser.
—¡Renesmee!
El grito de Jacob sonó ronco y animal, como surgido de las profundidades de su alma. El orgasmo había sido tan intenso que se sentía, al mismo tiempo, destrozado y más entero que nunca. Y un segundo después, cuando ella volvió a alcanzar el clímax y le hizo sentir la fuerza de sus convulsiones, creyó que la cabeza le iba a estallar.
—Dios mío —dijo—, un poco más y me matas…
Ella rió, feliz.
—Eres increíble, Renesmee. Me has dejado sin fuerzas, pero quiero hacerlo otra vez… aunque antes tendré que recuperar el resuello.
Le soltó las piernas y se tumbó sobre ella, sonriendo. Había sido la experiencia sexual más satisfactoria de su vida, pero lo que sucedió después le dejó una huella mucho más profunda: cuando admiró su cuerpo, cuando aspiró su aroma y contempló toda la belleza de su ser, se dio cuenta de que la quería con locura, por dentro y por fuera.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó ella.
—Necesito… necesito que confíes en mí, Ness —dijo él, mirándola con una expresión casi solemne—. Puedes confiar en mí. Eres mi pareja.
—¿Ser tu pareja significa que debo confiar en ti, Jacob?
—Yo no te traicionaría nunca, Ness. Ni por nada ni por nadie.
Ella frunció el ceño.
—Ni me harías daño… —dijo.
—No, por supuesto que no te haría daño.
Jacob deseó que Renesmee pudiera ver en su interior. Lo que ella buscaba estaba allí, dentro de él, pero no sabía cómo expresarlo.
Sin embargo, se lo podía demostrar. Y durante aquellas horas largas, oscuras, excitantes, presentó su caso con el argumento de la piel contra la piel, del deseo contra el deseo.
Una y otra vez.
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Hola mis dulces lectores! Antes de leer teneís que saber que este capítulo tiene algo de lemmon, Rated M.... aunque yo lo encuentro bastante suave jajajajaj
De todas formas, es mi deber informar ;)
CAPÍTULO 10:
El aire de la montaña era fresco, y la respiración de Jacob formaba nubes blancas de vaho mientras caminaba en círculos, lentamente, observando la escena con su agudeza de Cazador y sintiendo la ira de su parte humana por la crueldad del crimen.
Todo estaba lleno de sangre y pedazos de carne, como en una película de terror. Y sin embargo, había un orden extraño en los restos.
Jacob había visto mucha muerte y destrucción a lo largo de su vida, pero aquello era distinto; una especie de crimen ritual, sin el frenesí habitual de la ferocidad de un lobo. Conocía a los de su raza y sabía lo que podían hacer cuando se dejaban llevar por sus instintos animales. Sin embargo, la escena del bosque no tenía nada que ver con eso.
Aquello respondía a un plan desarrollado y ejecutado minuciosamente. Había algo más que el simple anhelo de carne humana; algo oscuro y tan terrorífico que hasta él se asustó. Y por la expresión de Carlisle y de Charlie, supo que sentían lo mismo.
Se arrodilló, alcanzó un puñado de tierra y se lo acercó a la nariz. El olor ácido era tan fuerte que los ojos le empezaron a llorar.
—¿Es el mismo olor que encontrasteis en los otros cadáveres?
Charlie se frotó la nunca.
—No exactamente, pero por lo que he podido comprobar, aquí tenemos un grupo entero. Hay huellas de licántropos por todas partes —explicó—. Parece que la mataron hace varias horas, en algún momento de la tarde.
—Entonces, ya conocemos a los culpables. Son los únicos que pueden transformarse de día —dijo Jake.
—Sí, pero no la mataron entre todos. Fue uno, uno solo —declaró el irlandés, que se había apoyado en el tronco de un pino—. Y no tiene las características típicas de un festín, sino de una carnicería calculada.
Charlie asintió y respiró a fondo.
—Eso significa que los demás se limitaron a mirar…
—En efecto —dijo Carlisle—. Lo cual nos lleva a otra pregunta: ¿James fue el ejecutor o un simple espectador de la matanza?
Jacob se levantó y se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros.
—Seguro que fue el ejecutor. ¿Habéis encontrado algún tipo de identificación? ¿El bolso de la víctima? ¿Quizá una cartera?
—No, nada de nada —respondió Charlie—. Hemos registrado la zona mientras te esperábamos, pero sólo hemos encontrado su ropa.
Carlisle contempló los restos de la mujer. Su sonrisa generalmente sarcástica había desaparecido, sustituida por un gesto que se parecía a la compasión.
—Sospecho que era una monada —dijo el irlandés.
Jacob sacó su paquete de cigarrillos.
—Me pondré en contacto con Jason y veré si se ha dado parte de alguna persona desaparecida —comentó Charlie.
Jason era humano, un agente del FBI. Colaboraba con ellos desde que su hermana se había casado con uno de los Crestas Plateadas, y su ayuda había sido determinante en muchos casos.
—En fin, me vuelvo a casa —dijo Jacob.
En ese momento, sonó su teléfono móvil. Jacob lo sacó de la chaqueta y frunció el ceño al ver la pantalla.
—¿Qué diablos quieres, James?
—Era una chica preciosa. Ojalá hubieras estado presente cuando todavía respiraba… fue todo un espectáculo.
James soltó una carcajada cruel.
—Toda la zona apesta a ti, James. Deberías bañarte de vez en cuando.
—Ja, ja, ja —se burló—. Esto debe de ser duro para ti, Black, pero no puedes salvarlas a todas.
—¿Por qué huyes, miserable cobarde? —dijo, intentando provocarlo—. ¿Tienes miedo de enfrentarte a mí?
James hizo caso omiso de la provocación.
—Era una chica tan dulce… sabía a miel. Me recordó a tu mujercita.
El silencio de Jacob fue tan revelador que James volvió a reír.
—Ah, vaya, así que la quieres de verdad. Me alegro sinceramente, Black. Ahora que lo sé, matarla será mucho más satisfactorio.
—Para eso, tendrás que pasar por encima de mi cadáver, James. Y si yo caigo, tú caerás conmigo.
—Tu arrogancia será tu caída, Black. Ni puedes controlar el destino ni me puedes controlar a mí. Ella ya es mía. ¿No se te ha ocurrido que podría estar delante de tu cabaña, mirándola a través de las ventanas? Es muy delicada, pero estoy seguro de que se puede comportar como un animal. Hay algo verdaderamente salvaje en ella… Aunque supongo que tú lo sabes de sobra.
Jacob sintió un pánico repentino. Cortó la comunicación, se guardó el móvil y se concentró en encender un cigarrillo, protegiendo la llama del viento, mientras intentaba controlar el temblor de sus manos.
El aroma del tabaco llenó sus sentidos. Dio una calada larga, con la intención de que le tranquilizara un poco. Pero fue inútil. Tenía miedo por Renesmee. Un miedo feroz, profundo.
Dio una segunda calada y se giró hacia sus compañeros.
—Era James —dijo.
Charlie señaló el cadáver y preguntó:
—¿Te ha dicho si ha sido él?
—Ya conoces a James. Le encantan los juegos psicológicos —respondió—. Pero sí, seguro que ha sido él.
—¿Sabéis lo que creo? —intervino Carlisle.
—Lo vas a decir de todas formas, así que suéltalo —dijo Jacob, impaciente.
—Ya habrás notado que la víctima tenía el pelo rojo —murmuró el irlandés—. James está tan obsesionado contigo, que deberías dejar a tu mujer en nuestras manos.
—No sigas por ese camino, Carlisle —bramó Jacob, con ira—. Éste no es momento para estupideces.
El irlandés lo miró con seriedad.
—No me malinterpretes, Black; sólo intento ayudar. Si te alejas de Renesmee y la dejas a nuestro cuidado, cabe la posibilidad de que James se olvide de ella. Además, estarías menos preocupado y te podrías concentrar en la persecución de ese cerdo. Si no recuerdo mal, es lo que siempre has querido… relaciones fáciles, sin ninguna atadura emocional.
—Carlisle… —le advirtió Charlie.
Jacob apagó el cigarrillo contra el musgo de un árbol y dijo:
—Una palabra más, Carlisle, y lo lamentarás amargamente.
—Sólo es una propuesta amistosa, Black, de un colega a otro. Te diría que la dejaras al cuidado de Charlie, pero la mataría de un susto si le diera por transformarse; y en cuanto a Clerwater, no está en condiciones de cuidar de nadie. Yo soy la mejor opción —afirmó con una sonrisa maliciosa—. Y francamente, no me importa en absoluto. Parece una mujer muy… divertida.
—Tú lo has querido, maldito canalla…
Charlie intentó interponerse entre los dos, pero Jacob se movió con tanta rapidez que derribó al irlandés antes de que pudiera impedirlo.
Cayeron al suelo y rodaron sobre la hierba. El bosque se llenó con el sonido feroz de la batalla.
Casi una hora después, Jacob aparcó el todoterreno delante de la cabaña. Le dolía todo el cuerpo.
El cielo nocturno estaba despejado, sin más luz que la de la luna amarilla que se alzaba a poca altura, alargando de tal modo las sombras de los árboles que parecían gigantescos. Era una noche preciosa, que habría preferido pasar con Renesmee en lugar de dedicarla a la investigación de un crimen y a una pelea con Carlisle.
Albergaba la esperanza de relajarse al llegar a casa, pero todavía estaba enormemente preocupado cuando salió del vehículo. Además, tenía la inquietante sensación de haber dejado un cabo suelto en algún lado.
Molesto, se recordó que no podía permitirse el lujo de dejarse dominar por las emociones. No tenía tiempo para eso. James estaba tan loco que era capaz de hacer cualquier cosa. Sabía que atacaría más tarde o más temprano, y también sabía que, cuando atacara, él estaría allí para detenerlo, para acabar de una vez por todas con la vida de aquel desgraciado.
Desgraciadamente, James sólo era una pieza menor del rompecabezas. Alguien lo estaba utilizando para conseguir un objetivo que Jacob desconocía, lo cual le sacaba de quicio. Había demasiadas posibilidades. Y el riesgo era enorme.
Después de una noche tan sucia, necesitaba algo limpio, algo puro. Necesitaba a Renesmee. Necesitaba su frescura, la llama que ardía en su interior.
La deseaba con todo su ser. Quería introducirse en ella y aprender todo lo que pudiera de sus gustos; que la hacía reír, qué la excitaba, qué la hacía llorar. Quería saberlo todo. Hasta el último de los detalles.
Pero alguien se la quería arrebatar.
Y no lo permitiría.
La encontró tumbada, de lado, en la cama del dormitorio. Tenía la cabeza apoyada en una mano mientras con la otra sostenía un libro. Su largo cabello caía sobre el almohadón y sus rizos rojizos brillaban bajo la luz de la lámpara de la mesita.
Al oírlo entrar, ella se movió, lo miró con aquellos ojos verdes y se quedó horrorizada.
—¿Qué te ha pasado?
Renesmee se levantó, pero no caminó hacia él. Dudó, como si no supiera si abrazarlo o mantener las distancias.
Jacob se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldo de una silla.
—Nada, una pequeña diferencia con el irlandés.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Te has peleado con Carlisle?
—No ha sido para tanto. Sobreviviré.
Renesmee miró la herida que tenía en el pómulo, la hinchazón de un ojo y la sangre en la comisura de la boca.
—¿Que no ha sido para tanto, dices? —preguntó, arqueando una ceja—. ¿Os habéis vuelto locos?
—Las peleas son relativamente habituales entre los nuestros. Alivian la tensión y evitan que nos matemos.
—Bueno, dime al menos que Carlisle ha quedado tan mal como tú…
Jacob rió.
—Creo que Charlie se lo ha tenido que llevar a casa —dijo.
—Hombres… —declaró ella, con exasperación.
Jacob se apoyó en la cómoda y empezó a desatarse los cordones de las botas.
—Me sorprende que sigas despierta.
Renesmee dejó el libro y sus gafas en la mesita de noche.
—Por supuesto que sigo despierta —murmuró—. ¿Cómo iba a dormir estando tan preocupada? Te marchaste sin despedirte y Seth no sabía cuándo ibas a volver, así que…
—Lo siento, Ness. No pretendía preocuparte. Debería haberte llamado.
Jacob se estremeció. La idea de que Renesmee se hubiera quedado despierta por él le emocionaba profundamente.
—Me alegra que hayas vuelto de una pieza. Bueno, casi de una pieza —ironizó.
—Necesito una ducha.
Jacob la miró un momento y añadió:
—¿Quieres ducharte conmigo?
Ella se quedó en silencio. Jacob esperó la respuesta durante unos segundos que se le hicieron eternos. Por fin, Renesmee sonrió con timidez y habló.
—Sí.
Aquel monosílabo bastó para dejar a Jake sin aliento. Parpadeó, sorprendido, y tuvo que controlarse para no abalanzarse sobre ella. Se giró y caminó hacia el cuarto de baño. Encendió la luz y ajustó la intensidad hasta que quedó en un destello dorado que borró las sombras.
Fue dolorosamente consciente de la presencia de Renesmee a sus espaldas, cada vez más cerca. Se sintió como el Lobo Feroz engañando a Caperucita Roja.
—Sigo sin entender qué ha podido decir el irlandés para que os pelearais —dijo ella, en voz baja.
Jacob abrió el grifo de agua caliente de la ducha. Renesmee llevó las manos a su camiseta y tiró hacia arriba, para quitársela.
—¿No te lo imaginas? —preguntó él.
Cuando él se quitó la prenda del todo, ella le acarició el pecho y los músculos del abdomen. Lo miraba con tanta admiración que Jacob pensó que sus largas y agotadoras horas de ejercicio habían merecido la pena.
—¿Ha sido por lo que ha pasado esta tarde en la cocina?
—Olvídalo, Ness. Carlisle disfruta molestándome. Sólo es eso.
Jacob supo que Renesmee no se lo había creído; pero afortunadamente, dejó de insistir.
—¿Seguro que te sientes cómoda en esta situación? Haremos lo que quieras hacer, Ness, nada más. Sólo quiero estar contigo.
—Jacob…
—No pretendo que hagamos el amor. Es que esta noche necesito dejar de pensar en cosas terribles… quiero estar a tu lado, sentir el calor de tu cuerpo y saber que te encuentras bien, que estás viva.
—De acuerdo.
Renesmee se empezó a desnudar.
Él se quedó hechizado mientras ella se llevaba las manos al primer botón de los vaqueros, que desabrochó. El corazón de Jacob se fue acelerando, poco a poco, con cada botón. Se aceleró tanto que tuvo miedo de desmayarse y hacer un ridículo espantoso.
Renesmee se quitó después los brazaletes, el sostén y, por último, el vaquero ya desabrochado y las braguitas, de color oscuro. Todo en ella lo excitaba, hasta los dedos de sus pies. Quería llevar la boca a sus tobillos, a sus pantorrillas, a sus muslos, a todas partes. Ardía en deseos de probar todas sus texturas y sus sabores.
Renesmee era la suma de todas las fantasías de Jacob.
Y era suya.
Con dedos temblorosos y respiración entrecortada, Renesmee le ofreció la visión de su cuerpo desnudo, sintiéndose como si estuviera vendiendo su alma al diablo. Había tenido mucho tiempo para pensar, muchas horas para preocuparse por él y preguntarse si volvería a casa sano y salvo.
Su aparición había eliminado hasta el último resto de sus dudas e incertidumbres. Ya no le importaba nada salvo él y su propio deseo. Por fin, había comprendido que debía dar un paso adelante; y aunque tenía miedo, lo hizo. Pero ahora tenía un problema; en ese mismo instante, supo sin lugar a dudas que se había enamorado de Jacob.
No lo amaba porque fuera guapo y sexy y la protegiera de monstruos como James. Lo amaba porque era él, tal cual, todo fuerza y energía por fuera y sensibilidad por dentro; una combinación irresistible de caos y tranquilidad, de complejidad y sencillez. No era un hombre perfecto, ni falta que hacía.
Dio un paso adelante y puso las manos en su pecho. La voz de Jacob sonó levemente quebrada.
—Te deseo más que a nada en mi vida. Te deseo con toda mi alma, Renesmee.
Renesmee se limitó a mirarlo, embriagada por su mirada de deseo.
—Quiero nadar en tus pensamientos, Ness, saberlo todo de ti. Y me da miedo, porque sé que nunca sabré lo suficiente. Es como una adicción… aumenta con el tiempo y no hay cantidad que le satisfaga. ¿Qué diablos puedo hacer?
Renesmee se preguntó cómo era posible que un hombre pareciera tan bello y tan duro a la vez.
—¿Crees que nos gustamos por una simple cuestión de química?
—Olvídate de la química, Ness. Es por ti. Me vuelves loco.
—¿Y no te gusta?
—Lo que no me gusta es otra cosa… Pensar que huirás de mí a la menor oportunidad que se te presente.
Renesmee se sobresaltó. Nunca habría imaginado que Jacob, aquel hombre seguro, dominante, firme, se sintiera vulnerable por su culpa. Tenía miedo a perderla; y eso significaba que debía de sentir algo por ella.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque sabes lo que soy y, más tarde o más temprano, lo verás. Dudo que un monstruo encaje en tu ideal de perfección.
—No me hagas esto, Jacob, no retuerzas mis palabras de ese modo. Sabes muy bien que yo no me refería al aspecto físico de alguien, sino a los sentimientos de su corazón. Quiero un hombre que me ame —declaró, estremecida—. Un hombre que no tenga miedo de admitir su amor.
Jacob tragó saliva.
—¿Y si no puedo ser ese hombre?
Jacobla miró con una expresión tan torturada que ella tuvo que cerrar los ojos por miedo a perder el control y romper a llorar. Aquel hombre tenía la extraña habilidad de conjurar sus emociones más profundas.
Abrió los ojos, le puso una mano en la mejilla y respondió:
—Entonces, me contentaré con saber que te pertenezco, Jacob, que soy tuya.
«Soy tuya».
Jacob esperó, imaginando que le preguntaría si él también era de ella; pero no se lo preguntó.
Su plan de evitar un compromiso emocional con Renesmee estaba saliendo bien; lamentablemente, en lugar de sentirse contento por ello, sentía una mezcla de incomodidad y pánico. Se había llegado a convencer de que sólo necesitaba una relación sexual y en ese momento tenía la impresión de estar destrozando algo precioso; como si le hubieran puesto un objeto cálido, suave y bello en la palma de la mano y él lo estrujara sin darse cuenta.
Renesmee se le iba a entregar aquella noche, pero Jacob quería más, necesitaba más, ansiaba mucho más. No tenía más anhelo que el de abrirla por dentro, metafóricamente, y dejarla tan desnuda ante él que pudiera ver todas sus emociones, todos sus pensamientos y todos sus secretos.
Pero había algo más importante. Quería oírle decir que estaba enamorada de él.
—Quiero hacer el amor contigo, Ness. Quiero tenerte debajo de mí y demostrarte cuánto… cuánto me importas.
Ella le dedicó una sonrisa trémula.
—Acércate, Jacob, por favor. Acércate a mí.
Él gimió y se acercó a ella.
—Te haré sentir tan bien… —le prometió—. Siempre cuidaré de ti, Renesmee, te lo prometo.
Jacob quería decir muchas otras cosas; pero de momento, no era capaz de atreverse a más.
Se ducharon juntos. Estaban nerviosos, ansiosos por terminar y dirigirse a la cama, porque él se había negado a tomarla contra la fría pared de la ducha. No quería que su primera experiencia fuera así. No aquella noche. Ya tendrían más ocasiones en el futuro.
Quería que la primera vez fuera especial para ella.
Contempló su rostro bajo el agua, hechizado por su belleza, y le acarició la mejilla y el hoyuelo de la base de su garganta. Le maravillaba tanto y estaba tan perdido en ella que no la entendió cuando Renesmee rompió el silencio.
—¿Qué has dicho?
—Te he preguntado si siempre me sentiré así contigo.
—No lo sé. Sólo sé que te deseo tanto que casi no puedo respirar. Te quiero más que a mi propia vida.
Jacob cerró el grifo de la ducha y la llevó a la cama. Quería ser dulce con ella, pero no era fácil. Su deseo era demasiado urgente y visceral. Quería darle tanto placer como pudiera sentir. Quería rendirla de deseo, contemplar su rubor y su boca entreabierta mientras la penetraba.
En cuanto llegaron, la posó sobre las frescas y tersas sábanas.
—Ness, te prometo que tendré cuidado. Pero ya no puedo esperar más.
—Me alegro, porque no quiero que esperes.
Renesmee lo abrazó y se estremeció cuando se movió sobre ella, le separó los muslos y sintió el roce de los senos contra su pecho.
Jacob aspiró el aroma de su cabello y le introdujo una mano entre las piernas para situar su sexo, duro y grande, contra la abertura hinchada del cuerpo de Renesmee. Al sentir su humedad, sintió un placer inconmensurable. Después, apretó los dientes para controlar la exquisita sensación, flexionó los músculos y empujó.
Mantuvo los ojos abiertos, contemplando la cara de su amante. Por fin, rompió su resistencia y la penetró. Renesmee soltó un suspiro que lo volvió loco de placer.
Jacob se movió de nuevo, entrando un poco más en ella.
—Renesmee…
Renesmee le oyó pronunciar su nombre mientras echaba la cabeza hacia atrás y se dejaba llevar por la oleada de sensaciones. Era tan increíblemente hermoso que le parecía casi imposible. En ese preciso momento, Jacob formaba parte de ella, parte de su ser. Pero, por increíbles que fueran las sensaciones, Renesmee fue consciente de los esfuerzos de Jacob por mantener el control.
Notaba la tensión de su cara y de sus hombros. Era evidente que tenía miedo de hacerle daño. Quería ser cuidadoso con ella, pero ella no quería que lo fuera.
—Jacob —murmuró—. Basta…
Él gimió y se quedó muy quieto.
—¿Te estoy haciendo daño? —preguntó, preocupado.
Ella rió con dulzura.
—No, no, sólo quiero que dejes de contenerte. Relájate. Te aseguro que no estoy hecha de cristal.
Él le dedicó una mirada llena de hambre.
—¿Quieres más? —preguntó con voz ronca—. Dilo entonces, Renesmee. Dímelo.
—Sí —susurró, estremecida—. Quiero más, Jacob. Te quiero a ti, Jacob. Te quiero entero, todo.
—Esto puede ser peligroso, Ness.
—Pero sé que me voy a sentir tan bien…
—Desde luego.
Jacob se movió en el interior de su cuerpo y contempló sus reacciones.
—Sabía que contigo sería diferente —añadió.
Bajó la cabeza y la besó en la boca, haciéndole sentir la fuerza de su deseo. Ella soltó un gemido de placer y le acarició la piel de los hombros antes de llevar las manos a su cabello.
—No me alejaré nunca de ti, Ness. Nunca.
Le agarró las manos, le puso los brazos por encima de la cabeza y le acarició las muñecas con los pulgares mientras la miraba a los ojos. Estaba tensa, pero también muy húmeda. Jacob se empezó a mover con más fuerza, completamente dentro de su cuerpo.
Se detuvo unos segundos, haciéndole sentir la solidez y la potencia de su sexo; después, retrocedió y le regaló otra acometida profunda. Repitió los movimientos una y otra vez, hasta que la llevó al límite y Renesmee soltó un grito y alcanzó el orgasmo. Entonces, Jacob emitió un sonido casi animal y aceleró el ritmo.
La estaba volviendo loca. Seguía adelante sin pausa, provocándole espasmos incontrolables. Renesmee abrió las piernas tanto como pudo, dividida entre el deseo de pedirle más y el de rogarle que se detuviera, porque ya no tenía fuerzas, porque el placer era tan intenso que no podía resistirlo.
—Aún no —dijo él—. Dame otra vez tu placer, Ness. Deja que vuelva a sentirlo.
—No puedo… —dijo ella, casi sollozando—. No puedo…
—Sí, por supuesto que puedes.
—Jacob…
Renesmee pronunció su nombre como un ruego, aunque no sabía qué estaba rogando.
Clavó los dedos en su espalda y admiró la belleza de su piel, que le pareció de color dorado bajo la luz de la lámpara.
—Jacob… —repitió.
—Lo sé. No te resistas, Ness. Dame tu placer.
Él cambió de posición y subió un poco para acceder mejor a ella, apretándose contra sus senos y sujetándole las piernas. Renesmee no podía hacer nada salvo dejarse llevar. No tenía refugio, lugar donde esconderse.
Las sensaciones se fueron sucediendo, una tras otra, profundizando capa a capa, como pinceladas de pintura en un lienzo, creando algo brillante, nuevo y completamente sorprendente.
Algo que era suyo, de Renesmee.
Algo que ya amaba con todo su ser.
—¡Renesmee!
El grito de Jacob sonó ronco y animal, como surgido de las profundidades de su alma. El orgasmo había sido tan intenso que se sentía, al mismo tiempo, destrozado y más entero que nunca. Y un segundo después, cuando ella volvió a alcanzar el clímax y le hizo sentir la fuerza de sus convulsiones, creyó que la cabeza le iba a estallar.
—Dios mío —dijo—, un poco más y me matas…
Ella rió, feliz.
—Eres increíble, Renesmee. Me has dejado sin fuerzas, pero quiero hacerlo otra vez… aunque antes tendré que recuperar el resuello.
Le soltó las piernas y se tumbó sobre ella, sonriendo. Había sido la experiencia sexual más satisfactoria de su vida, pero lo que sucedió después le dejó una huella mucho más profunda: cuando admiró su cuerpo, cuando aspiró su aroma y contempló toda la belleza de su ser, se dio cuenta de que la quería con locura, por dentro y por fuera.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó ella.
—Necesito… necesito que confíes en mí, Ness —dijo él, mirándola con una expresión casi solemne—. Puedes confiar en mí. Eres mi pareja.
—¿Ser tu pareja significa que debo confiar en ti, Jacob?
—Yo no te traicionaría nunca, Ness. Ni por nada ni por nadie.
Ella frunció el ceño.
—Ni me harías daño… —dijo.
—No, por supuesto que no te haría daño.
Jacob deseó que Renesmee pudiera ver en su interior. Lo que ella buscaba estaba allí, dentro de él, pero no sabía cómo expresarlo.
Sin embargo, se lo podía demostrar. Y durante aquellas horas largas, oscuras, excitantes, presentó su caso con el argumento de la piel contra la piel, del deseo contra el deseo.
Una y otra vez.
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