Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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miércoles, 16 de marzo de 2016

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 38

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 38: La última semana antes de la boda

Por la mañana como ya era habitual me desperté con los primero rayos de sol que comenzaban a entrar por la ventana del dormitorio envuelta en los brazos de Edward

-Buenos días cariño

-Buenos días  Edward

-¿Has descansado? Anoche nos acostamos bastante tarde con los regalos y las llamadas

-Si he descansado, entre tus brazos duermo muy a gusto, creo que ya no me acostumbraría a dormir sin estar en ellos

-Me alegra oírte decir eso

-Buenos días parejita. ¿Bella estas lista en media hora para salir de compras?

-Buenos días Alice.- le dijimos Edward y yo a la vez

-¿Qué vamos a comprar Alice?

-Algunas cosas para vuestra luna de miel y con lo que compremos ya nos pondremos a preparar las maletas

-Bueno mientras vosotras habláis yo voy a vestirme para irme a la oficina ya que Rose hoy no va a ir porque va con vosotras de compras

- Vale hermanito.- le dijo Alice mientras se iba hacia el armario a sacarme la ropa que me iba a poner

Mientras que elegíamos mi ropa Edward se ducho y se vistió.

-Hasta luego hermanita, hasta luego cariño.- nos dijo Edward saliendo del baño, dándome un beso y yéndose

-Bueno Alice ahora que estamos solas ¿Qué vamos a comprar?

-Algunos conjuntos de ropa interior, algunos picardías,…….para que Edward se divierta un poco en la luna de miel y te haga disfrutar

-Alice…….

-Bella yo creo que a Edward le va a gustar verte con lencería ….. y sobre todo…..

-Sobre todo que Alice? Habla

-Dúchate y vístete y luego hablamos

-Hablamos mientras me ducho y me visto ¿vale?

-Vale te digo mientras te arreglas.- me dijo Alice mientras me metía a ducharme

-He visto que……

-Di ya lo que sea, me estas poniendo nerviosa

-He vista a Edward y a ti en  vuestra luna de miel y tu usabas algo de lo que vamos a comprar para el y el lo rompía debido a la excitación que alcanza al verte con la prenda………….ya que las ganas que va a tener esa noche por estar contigo van a llegar a ser tantas que no se va a parar en quitaros la ropa y la va a destrozar.
Y te aviso que eso de romper la ropa le va a gustar y no va a romper solo un conjunto

-Pues con eso me estas diciendo que la luna de miel promete

-Puede ser. Pero vamos a que desayunes que Esme y Rose nos están esperándonos

-Si,vamos

Cuando llegamos a la cocina Esme y Rose estaban sentadas en la mesa esperándonos y el desayuno ya estaba listo

-Buenos días.- les dije al entrar a Esme y Rose

-Buenos días.- me dijeron ambas a la vez mientras yo me sentaba

Mientras desayune estuvimos hablando de lo que tenia previsto comprar Alice para mi y para ellas ya que puesto que íbamos a comprar pues iba a aprovechar.

Cuando termine recogimos el desayuno y nos montamos en el coche de Alice y nos fuimos al centro comercial

Estuvimos en varias tiendas de lencería y de cada una compramos lo  que  nos fue gustando después de ver muchas prendas, de diferentes modelos, texturas y colores y probárnoslas.

íbamos cargadas de bolsas las cuatro cuando terminamos por fin las compras y nos dirigimos al coche para meter todo en el maletero y dirigirnos hacia casa. Era la hora de comer y nuestras parejas nos estarían esperando

Cuando llegamos a casa Edward me había preparado la comida y nos esperaban sentados en el comedor

-Bella ve a comer nosotras bajamos las bolsas del coche

-Vale Alice.- le dije a la vez que me iba a la cocina con Edward.

-Yo creo que cuando comas cariño, te vas a sentar en el sofá y no te vas a mover, se te ve cansada

-Un poco de las piernas de tanto ir de un lado para otro y estar de pie toda la mañana

-Bueno, pues ahora a comer y a descansar.- me dijo Edward sirviéndome la comida para sentarse junto a mi a verme comer como hacia siempre mientras los demás estaban con las bolsas y en el comedor



martes, 15 de marzo de 2016

¿Nuestro destino? * Capítulo 4

Summary: Bella y Edward han viajado por muchas vidas, han combatido a centenares de enemigos oscuros, para poder estar juntos. Pero cuando su deseado destino casi esta en sus manos, Edward cae en una maldición poderosa. Un simple contacto entre ellos le causaría la muerte a Edward llevándoselo a Shadowland. Bella desesperada por salvar a Edward, consigue ayuda de un surfo: James. Aunque se acaban de conocer, James le resulta muy familiar. Traicionando a Edward, Bella es atraída por James, con su cabellera rubia, sus ojos verdes, sus poderes mágicos y un pasado muy misterioso. Bella sabe que Edward es su alma gemela y nunca lo olvidara. Pero al pasar del tiempo, su conexión con James crecerá más y será más fuerte, poniendo a prueba su amor por Edward como nunca antes...

N/A:  Los personajes son de la magnifica Meyer. Continuació de "Solos tú y yo". Adapatción del libro de Alison Nöel Shadowland





CAPÍTULO 4


Mientras me dirigía hacia mi clase de historia estaba preguntándome ¿que sería peor – ver a Emmett o al Sr. Muñoz? Porque si bien no he visto ni hablado con ninguno de ellos desde el pasado viernes cuando mi mundo entero se vino abajo – no hay duda de que les deje a ambos en una nota bastante extraña 

Mi último contacto con Muñoz consistió en mí poniéndome sentimental y no solo confiándole mis poderes síquicos – que es algo que nunca hago – sino también animándolo a una cita con mi tía Esme – que es algo que estoy empezando a lamentar seriamente. Y tan horrible como eso fue, solo rivalice mis últimos momentos con Emmett cuando apunte mi puño a su chacra del ombligo, determinada no solo a matarlo sino a borrarlo completamente. Y lo hubiera hecho también – excepto por el hecho de que estaba totalmente estrangulada y él escapo. Y aunque en retrospectiva eso probablemente funcionara para mejor, todavía estoy tan furiosa con él, ¿qué quien diría que no lo intentaría otra vez? Pero la verdad es, que se que no voy a intentarlo de nuevo. Y no solo porque Edward pasó toda la clase de Ingles sermoneándome telepáticamente sobre que la venganza nunca es la respuesta, que el karma es lo único y es solo el verdadero sistema de justicia, y mucho mas de, blah, blah, blah – pero principalmente porque no está bien. 

A pesar del hecho de que Emmett me engaño y de la peor manera, dejándome absolutamente sin ninguna razón para confiar en él de nuevo - y sin embargo no tengo el derecho de matarlo. Eso no resolverá mi problema. No cambiara nada. Aunque él es horrible, malo, y todo lo que abarque de mal, aun así no tengo el derecho de… ―¡Bueno, ahí está mi mono sinvergüenza!‖ 

El se desliza a mi lado, con el cabello rubio todo despeinado, los ojos azules como el océano, y los dientes blancos y brillantes, estirando tranquilamente su fuerte brazo bronceado a través de la puerta del salón de clases, salvándome de no acercarse demasiado. Y eso es todo lo que necesita. El irritante ronroneo de su acento Británico poco convincente y su completa malevolencia de su mirada de soslayo (de reojo), y simplemente así estoy tentada de matarlo de nuevo. Pero no lo haré. Le prometí a Edward que permanecería a salvo en la clase sin acudir a eso. 

―¿Así que dime, Bella, como estuvo tu fin de semana? ¿Disfrutaste tú y Edward de una buena velada? ¿Él fue capaz de – sobrevivir a ti – por casualidad?‖ 

Empuño mis manos a los costados, imaginando como se vería sin tener nada más que un montón de ropa de diseñador y un montón de polvo, a pesar del voto de no-violencia que tome.

―Porque si no, si no consideraste mi consejo y sacaste a ese viejo dinosaurio a dar un
paseo, entonces supongo que tendré que ofrecerte mis más profundas condolencias‖. 

Asiente, la mirada fija sobre la mía, bajando la voz mientras añade. 

―No te preocupes, no estarás sola por mucho tiempo. Una vez que el periodo de luto apropiado termine, estaré encantando de intervenir y llenar el vacío que su extinción ha dejado‖. 

Me concentro en mi respiración, manteniéndola lenta y constante mientras tomo el fuerte, bronceado y musculoso brazo que bloquea mi camino, sabiendo que todo lo que necesito es una buena posición de karate para romperlo por la mitad.
 
―Al demonio, incluso si realmente logras contenerte y mantenerlo vivo,  y todo lo que necesitas es hablar yo estaré a tu lado‖. 

Sonríe, sus ojos posándose sobre mí de la manera más íntima. 

―Pero no hay necesidad de responder demasiado rápido o comprometerse todavía. Tomate el tiempo que quieras. Porque, Bella, te aseguro, a diferencia de Edward, soy un hombre que puede esperar. Además, es solo cuestión de tiempo antes de que vengas a mí al fin y al cabo‖.

 ―Solo hay una cosa que quiero de ti‖.  Estreche mi mirada hasta que todo lo que esta rodeándonos se distorsionó. ―Y eso es que tú me dejes en paz‖. El calor subiendo por mis mejillas mientras su más descarada mirada se profundiza. 

―Me temo que no, cariño‖.  Se ríe, examinándome y moviendo su cabeza. ―Confía en mí, lo querrás de esa manera, pero no te preocupes, como dije, esperare todo el tiempo que sea necesario. Es Edward el que me preocupa. Y tú deberías preocuparte también. Por lo que vi aquellos últimos seiscientos años, él es un hombre impaciente. Es un poco materialista realmente. No espera mucho tiempo por algo, eso es todo lo que te puedo decir‖. Trago con dificultad y me esfuerzo por mantener la calma, recordándome no caer en su trampa.

Emmett tiene la destreza de de hallar mi debilidad, mi kriptonita sicológica por así decirlo, y vive para explotarlo. 

―No me malinterpretes, el siempre ha sido uno de los que guarda las apariencias – usar el brazalete negro, y pareciendo inconsolable en el velorio – pero confía en mí, Bella, el musgo no tiene tiempo de adherirse a su zapato antes de él vuelva al acecho. Buscando ahogar sus penas en cualquier cosa o – debería de decir en quienquiera – que pudiera. Y aunque prefieras no creerlo, tómalo en cuenta de alguien que ha estado allí todo el tiempo. Edward no espera por nadie. Y ciertamente nunca espero por ti‖. 

Respiro profundamente, llenando mi cabeza con palabras, música, ecuaciones matemáticas que se extienden mucho más allá de mis capacidades, cualquier cosa para ahogar las palabras que son como flechas cuidadosamente afiladas y dirigidas a mi corazón. 

―Síp. ¡Lo he visto con mis propios ojos, lo hice -Sonríe mientras cambia de posición en sus lujosos zapatos londinenses, y se apoya hacia a tras de nuevo. -Tanya lo vio también. Rompió su pobre corazón. Aunque, diferencia de mí,  y me temo, que también a diferencia de ti, el amor de Tanya era incondicional. Dispuesta de recibirle sin importar donde hubiera estado, sin hacer preguntas. Lo que, enfrentémoslo, es algo que tú nunca harías‖. 

―¡Eso no es verdad!‖ grite, con voz ronca, seca, como si fuera la primera vez que la usara en todo el día. ―He tenido a Edward desde el momento en que nos conocimos – Yo –―, me detengo, sabiendo que no debí haber comenzado. Es inútil participar en esta lucha.
 
―Lo siento, querida, pero estas equivocada. Nunca has tenido a Edward en lo absoluto‖. Un
beso por aquí, un poco de manitas sudadas allá ―-encoge los hombros, con mirada burlona. "Es en serio, Bella, ¿crees que algunos patéticos intentos de llegar a segunda base realmente puede satisfacer a una ávido, narcisista, auto-indulgente como él? ¿Por más o menos de cuatrocientos años?" Trago con dificultad, obligándome a tranquilizarme así no lo aparente cuando digo ―Eso es mucho más de lo que alguna vez tuviste con Tanya".
 
"No gracias a ti‖, el escupe las palabras, con su dura mirada fija en la mía. ―Pero, es como
dije, soy un hombre que puede esperar. Edward no lo es‖.  Sacude su cabeza.
―Es una pena que estés tan decidida de hacerte la difícil. Tú y yo somos mucho más
parecidos de lo que piensas. Ambos suspirando por alguien que en realidad nunca tendremos-‖ 

―Te podría matar ahora mismo", susurro, con voz inestable, las manos temblorosas, aunque le prometí a Edward que no haría esto, incluso aun cuando se que es lo mejor. ―Podría‖-aspiro lentamente, sin querer que el sepa lo que sólo Edward y yo sabemos, que apuntar al chakra más débil de un inmortal, una de los siete energías centrales del cuerpo, es la manera más rápida de eliminarlos. 

―¿Podrías qué?‖ Él sonríe, su cara y su respiración tan cerca enfría mi mejilla.  ―¿Golpearme en mi centro sagrado, quizás?‖

Me quedo boquiabierta, preguntándome dónde pudo haber aprendido eso. Pero él sólo se ríe, moviendo la cabeza mientras dice, 

"No te olvides, cariño, Edward estuvo bajo mi hechizo, lo que significa que me lo dijo todo, y respondió a cada pregunta, incluyendo algunas sobre ti". 

Me quede ahí, negándome a reaccionar, decidida a lucir compuesta, serena, pero ya  era demasiado tarde. Él llegó a mí. Justo a donde cuenta. Y no creo que él no lo sepa. 

"No te preocupes, cariño. No tengo planes de ir tras de ti. A pesar de que es evidente tu falta de discernimiento y trágico mal uso del conocimiento me dice que un golpe rápido a mi chakra de la garganta es todo lo que se necesitaría para destruirte por completo".  

El sonríe, su lengua serpentea alrededor de sus labios. 

"Me estoy divirtiendo demasiado observándote retorcerte al intentar algo así. Además, no tardarás demasiado hasta que estés bajo mis órdenes. O incluso sobre mí. Las dos maneras me parecen bien." Se ríe, sus ojos azules fijos en los míos, mirándome de una manera tan molesta, íntima, y tan profunda, que mi estómago no podía dejar de exhalar. "Te dejaré a ti los detalles. Pero no importa lo mucho que lo desees, no vas a ir tras de mí tampoco. Sobre todo porque yo tengo lo que quieres. El antídoto para el antídoto. Te lo aseguro. Sólo tendrás que encontrar una forma de ganártelo. Tendrás que pagar el precio correcto". 

Me quede boquiabierta, con la boca seca y la mandíbula floja, recordando cómo el pasado viernes el había afirmado la misma cosa. Estuve tan distraída por el despertar de Edward despertar que había olvidado, hasta ahora. Aprieto mis labios, mientras encuentro su mirada con la mía, mi esperanza crece, por primera vez en días, sabiendo que es sólo cuestión de tiempo hasta que el antídoto sea mío. Sólo necesito encontrar una manera de obtenerlo de él. 

"Oh, mira eso." Él sonríe. "Parece que olvidaste nuestra cita con el destino". El levanta el brazo y yo empiezo a abrirme paso, pero entonces él lo baja muy rápidamente, riendo mientras me mantiene encerrada. "Respira profundamente", él susurra, sus labios rodean el borde de mi oreja, sus dedos se deslizan sobre mi hombro, dejando un helado frío en su camino. "No hay necesidad de pánico. No hay necesidad de asustarse de nuevo. Estoy seguro de que podremos llegar un acuerdo mutuo, encontrando una manera que todo funcione". 

Le doy una mirada, asqueada por el precio que ha establecido, mis palabras son lentas y deliberadas, cuando digo: 

"¡Nada de lo que me digas o hagas me podría convencer de acostarme contigo! ", justo cuando el Sr. Muñoz abre la puerta, permitiendo que toda la clase lo escuche. 

"Whoa," Emmett sonríe, levantando las manos en señal de rendición mientras retrocede hacia el fondo del salón.  "¿Quién dijo algo de eso, amiga?" Él echa la cabeza hacia atrás y se ríe, lo que permite que su espeluznante Tatuaje uroboros parpadee dentro y fuera de mi vista. "Quiero decir, no quiero decepcionarte, querida, pero yo busco un buen revolcón, y… ¡una virgen seria lo último que buscaría!

 Camine hacía mi escritorio, con mis mejillas encendidas, y mi mirada fija en el suelo, paso los próximos cuarenta minutos observando cómo mis compañeros estallan en histeria cada vez que Emmett dirige un asqueroso sonido hacía mi, a pesar de lo numerosos intentos de el Sr. Muñoz para callarlos. Y en el momento en que la campana suena, yo corro hacia la puerta. Desesperada por llegar a Edward antes que Emmett lo haga, convencida de que Emmett lo hará enfurecerse y él responderá, y ninguno de los dos complementos pueden permitirlo, ahora que Emmett tiene la llave. Pero justo cuando gire la perilla escucho decir, 

―¿Bella? ¿Tienes un minuto?" Me detengo, mis compañeros se acumula detrás de mí, deseosos de llegar al pasillo, donde puedan seguir a Emmett y burlarse de mí un poco más. Su risa burlona llega hacia mí mientras me dirijo al Sr. Muñoz para ver lo que quiere.   

"Lo hice". Dijo sonriente, con postura rígida, y su voz ansiosa, pero aún todavía más ansioso por que yo lo supiera. Yo cambio mi incómoda postura, moviendo mi mochila de un hombro al otro, deseando que hubiera tomado el tiempo para aprender la remota visibilidad para poder mantener un ojo en las mesas del almuerzo y asegurarme que Edward se apegue al plan. "Me acerqué a ella. Tal como me lo dijiste.‖ Él asiente. Yo hago bizcos, volviendo mi atención a él, mi intestino se retuerce mientras comienzo a comprender. "¿La mujer de Starbucks? ¿Esme? La vi esta mañana. Incluso hablamos por un momento, y él encoge los hombros, con la mirada a la deriva, evidentemente, aún está muy emocionado por el evento. 

Me pongo de pie ante él, sin aliento, sabiendo que tengo que detener esto, haciendo lo que sea necesario, antes de que se salga de control. "Y tienes razón. Ella es realmente agradable. De hecho, probablemente no debería decírtelo, pero vamos a ir a cenar este viernes por la noche". Asiento, en trance, las palabras pasan por encima de mí, mientras le doy un vistazo a su energía y la veo desarrollarse en su cabeza: Esme de pie en la fila, ocupándose de sus propias cosas, hasta que el Sr. Muñoz se acerca a ella, haciéndola darse la vuelta y sonreír, eso, ¡eso es un vergonzoso coqueteo! Salvo que no hay vergüenza en lo absoluto. Al menos no por parte de Esme. Tampoco es el caso del Sr. Muñoz. No, la vergüenza es toda mía. Estos dos no podrían ser más felices. Esto no puede suceder. Por demasiadas razones, esta cena no puede tener lugar

Uno de ellas es que Esme no es sólo mi tía, sino también mi tutora, mi guardián, ¡mi única pariente viva en el mundo entero! Y otra razón, posiblemente incluso más urgente, es el hecho de que, gracias a mi patética y sentimental, debilidad el pasado viernes, Muñoz se enteró de que soy psíquica, ¡mientras que Esme no lo sabe! He tomado grandes medidas para mantener esto en secreto, y no hay manera en que vaya a ser expuesta por mi enamorado profesor de historia.   Pero justo cuando estoy a punto de decirle que absolutamente, bajo ninguna circunstancia, puede llevar a mi tía a cenar y / o divulgar cualquier información que podría haber confesado accidentalmente durante un momento de debilidad y cuando estaba segura de que nunca volvería a verlo, él se aclara la garganta y dice:
 
―Como sea, deberías ir y conseguirte algo para almorzar antes de que sea demasiado tarde. No era mi intención el retrasarte tanto, yo solo pensé…"   

"Oh, no, está bien, digo.  "Yo sólo…"   Pero él no me deja terminar. El prácticamente me empuja fuera de la puerta mientras que despide, diciendo: 

"Vamos. Ve a buscar a tus amigos. Solo pensé que debería darte las gracias, eso es todo."





Hola mis lectores!
Perdón por el retraso con este fic/adaptación, pero la verdad que he estado muy liada con mis estudios, y aunque parezca mentira, las adaptaciones, también hay que prepararlas bien :)

Espero (con muchas ganas) vuestros comentarios!

Besos grandes! Os amo!
 
 

jueves, 10 de marzo de 2016

Los placeres de la noche * Capítulo 15

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 15

Eran las cinco en punto de la tarde y comenzaba a oscurecer cuando Amanda llegó a casa de Kyrian.

Aparcó su Taurus azul delante de la mansión, caminó hasta la puerta principal y llamó.

Esperaba que Nick le contestara pero, en lugar de eso, la puerta se abrió, muy lentamente, y no vio

a nadie en el recibidor. Frunciendo el ceño, entró. Al instante, la puerta se cerró dando un fuerte golpe a

sus espaldas. El sobresalto hizo que soltara un jadeo. Acababa de darse cuenta de que la verja de la en-
trada también se había abierto sola; claro, que había supuesto que Kyrian había visto su coche en el

monitor y había abierto la puerta antes de que tuviese la oportunidad de utilizar el portero automático.

Ya no estaba tan segura.

Cada vez más nerviosa, echó un vistazo sin ver a nadie. El silencio de la casa daba a entender que

estaba vacía.

–¿Hola? –preguntó, avanzando muy despacio a través del recibidor–. ¿Nick? ¿Kyrian?

–Así que tú eres Amanda Devereaux...

Al escuchar la voz procedente del salón se quedó helada. Era una voz grave e incitante, con un acen-
to que no se parecía a ninguno que hubiese escuchado anteriormente. Le recordaba al sonido profundo

y ronco del trueno.

Por un momento, temió que se tratara de un Daimon; hasta que los ojos se le adaptaron a la oscuri-
dad y pudo distinguir al espléndido espécimen masculino tumbado en el sofá. Tendido de espaldas y con

las piernas colgando sobre el brazo del sillón, tenía los brazos doblados bajo la cabeza y la observaba

atentamente desde las sombras.

Estaba desnudo de cintura para arriba y descalzo. Llevaba unos ceñidos pantalones de piel y tenía

una larga melena de color verde oscuro. En el hombro izquierdo, Amanda distinguió el estilizado tatuaje

de un pájaro, cuya cola descendía en espiral y se enrollaba alrededor del bíceps. Su piel era del mismo

tono dorado que la de Kyrian y el bronceado resaltaba el pequeño colgante de oro que llevaba en el

cuello.

–¿Y usted es...? –le preguntó ella.

–Acheron Parthenopaeus –le contestó con esa voz profunda y serena–. Encantado de conocerte. –

Sus palabras carecían de cualquier signo de emoción o calidez.

Vale, no se parece en nada a Yoda. Bueno... los dos tienen el pelo verde.

El tipo del sofá no aparentaba más de veinticinco años, pero el aura de crueldad que lo rodeaba em-
pañaba esa apariencia juvenil. Al mirarlo, daba la impresión de que había visto los fuegos del infierno de

primera mano y que la experiencia lo había transformado en un ser mucho más sabio. Aun tumbado, le

provocaba escalofríos de terror al tiempo que despertaba su curiosidad. Había algo en el tal Acheron que

resultaba espeluznante, aunque no era capaz de expresarlo con palabras.

La hacía sentirse muy incómoda.

–Así que usted es el infame Acheron...

El devastador rostro del hombre dibujó una sonrisa juguetona.

–Amo y señor de la horda de bárbaros que pululan por la noche.

–¿Usted los dirige?

Él se encogió de hombros con indiferencia.

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–En realidad, no. Sería mucho más fácil gobernar al viento.

Amanda soltó una risilla nerviosa.

Acheron se levantó muy despacio y se acercó a ella con todo el aspecto de una bestia al acecho. Se-
gún se aproximaba, el magnetismo de su presencia y su enorme altura la dejaron abrumada. Con sus

buenos dos metros, se alzaba sobre ella como una torre y la diferencia de altura le daba una apariencia

bastante poderosa.

–¡Por amor de Dios! –jadeó mientras doblaba el cuello para poder mirarlo a los ojos–. ¿Es que hay

alguna ley tácita por la cual todos los Cazadores Oscuros tengan que ser gigantes?

Acheron rió, mostrándole un destello de sus colmillos.

–¿Qué puedo decir? Artemisa quiere que sus Cazadores sean altos. No se admiten solicitudes de

hombres bajitos.

Justo cuando llegó frente a ella, Amanda vio sus ojos con claridad.

Y se quedó boquiabierta.

A diferencia de los de Kyrian, éstos lanzaban destellos. No se podía describir de otra manera. Mien-
tras los observaba, cambiaron de color; de un azul profundo a un matiz plateado. Como si estuviesen

hechos de mercurio, los colores cambiaban y se mezclaban entre ellos en ambos iris. Le recordaban la

superficie del mar, agitada por unas olas tranquilas.

–Desconcertantes, ¿verdad? –le preguntó él sin dejar de mirarla, consciente de que lo estaba obser-
vando.

–¿Se supone que es normal que hagan eso?

Él sonrió sin despegar los labios, pero no contestó. Sacó unas gafas oscuras del bolsillo trasero del

pantalón y se las puso. Con los ojos cubiertos, Amanda se fijó en la extraña cicatriz que tenía en el cue-
llo. Parecía la huella de una mano, grabada a fuego. Como si hubiesen querido estrangularlo. Muy, muy

extraño.

–¿Qué te trae por aquí, pequeña? –le preguntó Acheron.

–He venido a ver a Kyrian.

–No quiere que lo molesten.

–Bueno –dijo ella, enderezando la espalda para no dejarse amedrentar por un Cazador Oscuro que,

estaba segura, podría destrozarla en un nanosegundo–. No siempre sabemos lo que nos conviene.

Acheron soltó una carcajada.

–Muy cierto. Entonces... ¿crees que puedes salvarlo?

–¿Es que duda de mí?

Él ladeó la cabeza, como si estuviese sopesando su temple, y caminó a su alrededor sin dejar de ob-
servarla. Cuando le dio la espalda, Amanda vio que estaba cubierta de heridas, ya casi curadas. Daba la

impresión de que lo hubiesen golpeado, superponiendo y entrecruzando los latigazos hasta formar un

complicado dibujo, tan hermoso como macabro.

El estómago se le contrajo al pensar en las incontables horas de sufrimiento que debía haber sopor-
tado, dado el estado que presentaba.

Al descender la mirada por esa amplia y musculosa espalda, descubrió la marca de Artemisa, un arco

doble idéntico al que Kyrian tenía en el hombro. La diferencia estribaba en que el de Acheron estaba lo-
calizado en la cadera derecha.

–Por si no lo sabe, señora –continuó hablando con ese tono funesto y grave–, llevo caminando por el

mundo desde hace once mil años. –Se detuvo y se inclinó para seguir susurrándole al oído–. He visto

cosas que jamás podría llegar a imaginarse, y ¿me pregunta si dudo de usted? –Retrocedió unos pasos

para poder mirarla a la cara antes de acabar la frase–. Señora, dudo hasta del aire que respira.

–No le entiendo.

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Él hizo caso omiso de su confusión.

–Quieres su alma.

–¿Cómo dice? –le preguntó mientras los nervios la hacían temblar.

–Puedo sentir sus emociones, señora. Escucharla. Su mente es un torbellino de sentimientos y temo-
res: ¿Puede conseguir que sea suyo? ¿La ama? ¿Podrá amarla algún día? ¿Lo ama de verdad? ¿Hay la

más mínima oportunidad de estar juntos o se está engañando a sí misma?

Amanda tembló al escuchar sus dudas más íntimas en boca de Acheron.

Se detuvo al llegar frente a ella y le alzó la barbilla para mirarla a los ojos.

Amanda sintió que esos ojos le taladraban el alma, mientras que ella era incapaz de ver un indicio de

los sentimientos de Acheron en esas profundidades plateadas. Lo único que veía era su propio reflejo en

los cristales oscuros de las gafas.

Cuando él volvió a hablar, Amanda escuchó su voz directamente en la cabeza.

–Y la pregunta que más te inquieta es cómo salvarlo sin perder a tu hermana en el proceso.

–¿Cómo sabe todo eso?

Él le dedicó una extraña sonrisilla.

–No puedes imaginar hasta dónde llegan mis poderes.

–Y entonces, ¿por qué no mata a Desiderius antes de que vuelva a hacerle daño a Kyrian?

Él le soltó la barbilla.

–No puedo.

–¿Por qué no?

–Por la misma razón que Kyrian no puede: no tengo alma. Desiderius acabaría conmigo y, dados los

pecados que cometí en el pasado, tiemblo con sólo pensar en el uso que podría hacer de ellos.

Amanda reflexionó un instante. Desiderius había intentado matar a Kyrian recreando el modo en que

murió cuando era humano, lo que significaba que la muerte de Acheron debía haber sido mucho más

cruel que la crucifixión.

¿Cómo habría muerto este temible Cazador Oscuro?

Y, al hilo de ese pensamiento, le vino a la mente otra incógnita.

–¿Cómo recupera su alma un Cazador Oscuro?

Acheron la acorraló contra la pared, exactamente igual que un león haría con su presa. El aire de la

habitación parecía restallar con la energía mística y el poder que exudaba.

–Las almas son entes muy extraños, señora. Sólo se trasladan por voluntad propia, siempre y cuan-
do quienes las posean las dejen marchar.

–Según eso, tengo que convocar a Artemisa, ya que es ella la que posee el alma de Kyrian, ¿no es

cierto?

La pregunta hizo que Acheron soltara una carcajada perversa.

–Te comería viva, pequeña.

El tono de ese hombre estaba comenzando a irritarla. Puede que estuviera frente al ser más malvado

del universo, pero ella no era una cría.

–No me hable como si fuese una niña.

–¡Vaya! Si no lo estoy haciendo... sólo te estoy avisando. Eres incapaz de enfrentarte a la diosa. Ella

es el viento; es la dueña de nuestros destinos y tú, pequeña, no eres más que un tierno bocadito al que

le encantaría merendarse por pura diversión y luego, quizás, escupirlo de nuevo.

–Gracias por una descripción tan gráfica –le dijo ella con un nudo en el estómago tan sólo de pensar-

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Él sonrió al escucharla y suavizó su expresión.

–Quieres salvarlo, ¿verdad?

De nuevo tuvo la sensación de que Acheron volvía a leerle el pensamiento.

–Por supuesto que quiero. Kyrian lo es todo para mí.

Él asintió.

–Tienes un corazón puro. Puede que esto funcione.

Ese comentario la asustó más que cualquier otra cosa de las que había dicho antes. El tono de voz

que usó decía bien a las claras que lo que estaba pensando era bastante arriesgado.

–¿A qué te refieres?

Acheron se acercó hasta una mochila negra que estaba encima de la mesa-ataúd. Rebuscó en su in-
terior y sacó una caja negra de madera tallada, cubierta por extraños símbolos de color plateado e ins-
cripciones griegas.

–Aquí está lo que buscas.

Abrió la caja y le mostró el interior; estaba forrado de terciopelo negro y sobre el suntuoso tejido

descansaba un medallón rojo. Brillaba exactamente igual que sus ojos. Pero el color de la piedra variaba

del rojo al anaranjado, con matices de amarillo. Los colores parecían moverse en espiral desde la ins-
cripción central del medallón hasta los bordes.

–Es precioso –jadeó, alargando la mano para tocarlo.

Acheron lo alejó.

–Tócalo y sentirás que te abrasan los fuegos del infierno.

Ella bajó la mano de inmediato.

–¿Qué es?

–El alma de Kyrian.

El corazón de Amanda estuvo a punto de dejar de latir ante el tono hastiado de Acheron. Tragó sali-
va y miró fijamente el medallón. ¿Sería cierto?

No. Era imposible.

–Me estás mintiendo.

–Nunca miento –replicó él sucintamente–. No tengo necesidad de hacerlo.

Aun así, no estaba preparada para creer que Acheron tenía en sus manos lo que ella más ansiaba en

el mundo.

–¿Y qué vas a hacer con ella?

–Tenía la esperanza de que me ayudaras a devolvérsela, para que pudiera acabar con Desiderius.

–Devolvérsela... ¿cómo?

Acheron cogió el medallón, cerró los dedos a su alrededor y dejó la caja a un lado.

–¿No te quema? –le preguntó ella.

Él le contestó con una taimada sonrisa.

–Ya te lo he dicho, mis poderes van más allá de tu imaginación.

–Y entonces, ¿por qué no se la devuelves tú?

–Porque no confía en mí y porque, al contrario de lo que ocurre contigo, yo no tengo corazón; ni pu-
ro ni de ninguna otra manera. –Giró el medallón en la palma de la mano, como si lo estuviera estudian-
do–. Ya ves, sólo existe un modo de que un Cazador Oscuro recupere su alma. Una persona de corazón

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puro y tierno debe sostener el medallón en la mano mientras el Cazador pierde sus poderes sobrenatu-
rales. Sólo cuando la parte humana controle su cuerpo podrá morir de forma natural.

–¿Cómo dices?

Él alzo la cabeza y, aunque Amanda seguía sin verle los ojos, supo que la estaba observando con in-
tensidad.

–El único modo de devolver el alma a un Cazador Oscuro es haciendo que su corazón humano deje

de latir. Durante el último latido, el medallón debe colocarse sobre la marca que indica el lugar donde el

alma fue atrapada; una vez allí, el alma abandonará el medallón y volverá a entrar al cuerpo de donde

salió.

Amanda sentía un punzante dolor de cabeza mientras intentaba comprender las palabras de Ache-
ron.

–No lo entiendo. ¿Cómo se detiene su corazón?

–Primero hay que conseguir que sus poderes de Cazador Oscuro desaparezcan y, después, se le

atraviesa el corazón con un objeto punzante.

Ella retrocedió con la mente hecha un lío.

–¡No! Se evaporaría como un Daimon. Estás intentando que lo mate, ¿verdad?

–No –le contestó con brusquedad–. Todos los Cazadores Oscuros son mis niños y antes de hacer da-

ño a cualquiera de ellos, me convertiría en una Sombra. Me has preguntado sobre el modo de devolverle

su alma y te he contestado. Si quieres liberarlo, tienes que conseguir que pierda sus poderes y, des-
pués, matarlo.

Antes de que pudiera decir una sola palabra más, Acheron le cogió la mano y la puso sobre la que

sostenía el medallón. El calor que desprendía era insoportable. Era como tocar un quemador de gas.

–Imagina que lo tocas directamente –le susurró–. Y ahora imagina que lo sostienes en la mano. De-
berás tenerlo en la mano desde el momento en que le atravieses el corazón hasta que éste deje de latir

y el alma pase de nuevo a su cuerpo.

La agarró con más fuerza de la muñeca y Amanda sintió que esos ojos ocultos tras las gafas la per-
foraban.

–¿Lo amas lo suficiente?

–Yo... –dudó ella–. ¿Cuánto tiempo tendré que sostenerlo?

–Tanto tiempo como dure el proceso. No puedo decírtelo con exactitud. Es distinto para cada Caza-
dor Oscuro.

–¿Y si lo suelto antes de que el alma se libere?

–Entonces Kyrian estará condenado a vagar durante toda la eternidad sin ser un Cazador Oscuro ni

un humano. Será una Sombra, atrapada entre este mundo y el siguiente. Deseará comer y no podrá ha-
cerlo. Tendrá sed y nunca podrá beber. Sufrirá durante toda la eternidad.

Amanda contempló horrorizada el medallón.

–No puedo arriesgarme.

Acheron le soltó la mano y devolvió el medallón a la caja.

–De ese modo, también morirá cuando se enfrente a Desiderius.

–Tiene que haber otra salida –susurró ella.

–No la hay.

Con el corazón en un puño, imaginó que drenaba los poderes de Kyrian y lo dejaba vulnerable. ¿Se-
ría capaz de hacerle eso?

Acheron se acercó a la mochila para volver a guardar la caja.

–Espera –lo increpó ella, deteniéndolo–. Has dicho que el medallón debe colocarse en el mismo lugar

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donde el alma fue capturada.

–Sí.

–¿Cómo sabré cuál es el sitio exacto?

Él señaló la marca que tenía en la cadera.

–El arco doble señala el lugar que Artemisa tocó mientras capturaba nuestras almas.

Amanda abrió la boca para hablar pero una voz atronadora se lo impidió.

–¿Qué estás haciendo aquí?

Se giró y descubrió a Kyrian tras ella, mirando a Acheron.

–¿Por qué la has dejado entrar?

Acheron la miró con una silenciosa advertencia.

No digas nada, le susurró su voz en la mente.

–Me apetecía –le contestó a Kyrian, ya en voz alta.

El rostro de Kyrian adoptó una expresión crispada.

–Te dije que no lo hicieras.

Acheron sonrió, mostrando los colmillos por un instante.

–¿Y desde cuándo te hago caso?

Kyrian le lanzó una mirada furiosa.

Amanda deslizó la mirada por el cuerpo de Kyrian y notó que había vuelto a vestirse de negro por

completo: vaqueros, camisa y botas.

–No irás a salir esta noche a por él, ¿eh?

–No tengo otra alternativa.

Ella miró hacia atrás, buscando a su jefe.

–Acheron...

Éste se encogió de hombros despreocupadamente.

–Es su decisión.

–Está herido –insistió Amanda.

–Es un Cazador Oscuro. Conoce sus debilidades y su fuerza. Él es quién decide.

La frustración tomó por asalto a Amanda y le entraron ganas de matar a los dos allí mismo.

–¿Vas a permitir que muera?

–Esto no tiene nada que ver con Acheron –la interrumpió Kyrian–. Como ya te ha dicho, soy yo quien

decide.

–Sí, claro. Pues vaya porquería de decisión.

–Sí, claro... Tabitha dijo lo mismo de ti.

Ella lo miró, furiosa.

Él le devolvió la mirada hasta que ella apartó los ojos. Kyrian echó un vistazo a Acheron antes de ha-
blar.

–Vigílala por mí.

–¿Eso es una orden? –le preguntó Acheron con incredulidad.

–No seas asno.

Él alzó una ceja con un gesto burlón.


–Perdón, Ash, no ash-no.

En la mandíbula de Kyrian empezó a palpitar un músculo.

–Tengo una cita. Hasta luego. –Y dándose la vuelta salió de la habitación con aire ofendido.

Amanda se quedó paralizada en el salón. Y el corazón se le detuvo cuando escuchó que la puerta del

garaje se abría para, segundos después, oír el motor del coche de Kyrian. ¡Ese hombre era más terco

que una mula!

–Kyrian estaba equivocado, Acheron. Tú no eres el asno, él sí que lo es.

El hombre rió con ganas.

Amanda se frotó los ojos mientras intentaba aclararse. En el fondo de su corazón, tenía muy claro lo

que debía hacer. Kyrian iba a morir de un modo u otro. Al menos, si ella lo mataba tendría una oportu-
nidad.

–Dame el medallón.

Acheron le ofreció la caja.

–¿Estás segura?

–Para nada.

Ella alargó la mano para coger la caja, pero Acheron se lo impidió.

–Hagas lo que hagas, no se te ocurra cambiar de opinión una vez tengas el medallón en la mano. Es

lo peor que puedes hacerle. En su lugar, yo preferiría mil veces morir a manos de Desiderius antes de

hacerlo a manos de la mujer que amo. Por segunda vez.

La mano de Amanda temblaba bajo la de él.

–Jamás podría hacerle daño.

–No te lo tomes a mal, pero la última vez que oí eso, la mujer tiró el medallón al suelo diez segundos

después de cogerlo. No me decepciones.

–No lo haré.

Él asintió con una mirada severa y le entregó la caja.

–Recuerda, tienes que cogerlo en el mismo momento que le atravieses el corazón. Sostenlo hasta

que muera y, entonces, lo colocas sobre la marca.

–¿Cómo sabré que todo ha acabado?

–Confía en mí; lo sabrás.

Amanda guardó el medallón en uno de los bolsillos de su mochila, junto a la caja de la Barbie que Li-
za le había regalado. Había comenzado a llevar a Starla consigo la noche que Tabitha había sido ataca-
da. Probablemente se tratara de una estupidez, pero se sentía más tranquila sabiendo que la muñeca

estaba ahí en caso de necesidad. Además, era mejor que llevar una pistola, mucho más segura, aunque

llevara esas cuchillas escondidas en las piernas.

Mientras cerraba el bolsillo, su móvil comenzó a sonar. Lo sacó y contestó.

–Mandy, ¿eres tú?

Ella arrugó la nariz al reconocer la voz nasal de Cliff.

–Creía que...

–Escúchame –la interrumpió–, ha sucedido algo horrible...

Daba la impresión de que había estado llorando. Y, aunque en el plano sentimental habían acabado,

no podía evitar preocuparse por él. Puede que fuese un imbécil, pero no hacía ni dos semanas que había

estado pensando en casarse con él.

–¿Qué?

–Se trata de mi madre –le dijo con un sollozo–. Mira, ya sé que nuestra relación no es precisamente

amistosa, pero no tengo a nadie más a quien acudir. ¿Puedes venir, por favor? No quiero estar solo.

Ella dudó. Sentía un nudo en el estómago; una sensación muy extraña. Lo atribuyó al hecho de tener

que volver a verlo de nuevo y se dio cuenta de que negarse a ayudarlo sería muy egoísta de su parte.

La necesitaba. Iría a su casa, estaría un rato con él y regresaría a esperar que Kyrian volviera.

–Muy bien, voy para allá.

–Gracias.

Acheron la miró y alzó una ceja.

–¿Pasa algo?

–Un amigo en apuros.

Él asintió.

–Ve; mientras tanto, me ocuparé de buscar a tu hermana para vigilarla. –Se puso una camiseta de

manga corta negra antes de volver a hablar–. Por cierto... ten cuidado.

–¿Con qué?

–Es de noche y rondan muchas criaturas malignas por ahí afuera.

El miedo le produjo un escalofrío que la recorrió de arriba abajo.

–¿Debería estar asustada?

–Sigue tus instintos, pequeña. Haz lo que tengas que hacer.

Odiaba que la llamara pequeña todo el tiempo, pero no parecía muy apropiado echarle la bronca...

–Te gusta ser misterioso, ¿no es cierto?

–La cosa estaba entre ser Cazador Oscuro o profeta. Personalmente, me gusta mucho más lo de lu-
char y matar que lo de rezar en la posición del loto.

Sin duda ninguna, Acheron Parthenopaeus era un individuo muy extraño.

Amanda cogió las llaves del coche y subió al Taurus. Mientras conducía por la carretera, camino de la

autopista, cayó en la cuenta de lo raro que era que Acheron la dejara ir sola...

¿Por qué lo había permitido si Kyrian le había pedido que la vigilara?

Porque es más probable que Tabitha se meta en líos recorriendo las calles que tú yendo a casa de

Cliff.

Sí, claro. Eso lo explicaba todo. El único peligro que podía correr en casa de su ex era morir de abu-
rrimiento.

No tardó mucho en llegar. Subió al apartamento, situado en el primer piso, llamó a la puerta y espe-
ró a que le abriera.

Su ex llevaba unos Levi’s y una camisa amarilla.

–Qué sorpresa –le dijo, mirando más allá del hombro de Amanda–, ¿hoy no te ha traído ningún ami-
go?

Ella lo miró, furiosa, al reconocer los celos implícitos en el comentario. ¡Cómo se atrevía!

–¿Y qué se supone que significa eso?

Cliff se encogió de hombros y abrió más la puerta.

–Nada. Es que esta noche estoy un poco nervioso. Gracias por venir tan rápido.

Amanda volvió a escuchar la vocecilla interna que la instaba a marcharse, no obstante, cometió la

estupidez de ignorar la advertencia y entró al apartamento.

Él cerró la puerta y echó la llave una vez Amanda pasó al interior.

–Bueno, bueno –dijo una voz conocida desde la cocina–. ¿Qué tenemos aquí?

Amanda se quedó petrificada cuando vio a Desiderius salir de entre las sombras.

miércoles, 9 de marzo de 2016

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 37

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 37: La última semana antes de la boda

Una vez termine de comer recogimos la cocina y nos dirigimos al comedor donde la familia nos esperaba para que abriéramos los regalos que nos esperaba para que abriéramos los regalos que nos habían mandado los Denali y los Vulturi.

Alice sonreía de forma radiante al igual k la familia, que ya sabían que eran los regalos; Edward y yo éramos los únicos que no lo sabíamos, ya que Edward quería saberlo a la misma vez que yo.

-Venga Bella, hermanito abrid los regalos

-Tranquila Alice

-Edward, primero vamos a abrir el de los Denali es mas grande  y me llama mas la atención.

-Vale.- me dijo Edward mientras yo rompía el papel de regalo que envolvía la caja que nos habían enviado los Denali para que el la abriera y sacara su contenido.

-Que preciosidad.- fue lo único que pude decir cuando Edward saco de la caja un cuadro en el que aparecían los  Denali, los Cullen y yo, esto era algo que no me esperaba

-Bella…..Edward….¿os gustan?.- nos pregunto Alice ante nuestra sorpresa

-Claro que me gusta Alice, esta hermoso

-Hermanita esta hermoso y demuestra la familia que somos

-Sabia que os gustaría, lo ha pintado Eleazar con mucho cariño

-Pues les tenemos que llamar para darle las gracias, tanto a Eleazar como a los demás, me ha gustado muchísimo este regalo que nos han hecho y el cariño que ha puesto para hacerlo

-Cariño trae una carta por detrás pegada ¿la quieres leer?

-No Edward, léela tu

-Vale.

"Bella y Edward estamos muy felices por ver lo mucho que os queréis y que por ello vais a dar este gran paso que supone casarse.

Bella te agradecemos de todo corazón el que  Edward sea una persona que irradia felicidad desde que te conoció y no se arrepienta de tener que vivir para toda la eternidad.

Edward estamos muy felices por ti, ya que has encontrado tu media naranja, la persona que te hace feliz con solo mirarte, tocarte o acariciarte y sobre todo  la persona por la que darías tu vida si fuera necesario.

Os deseamos que sigáis tan felices y tan unidos como hasta ahora por siempre.

Felicidades y bienvenida a la familia Bella.

Familia Denali"


-Que tierno, seguramente lo ha escrito Tanya.- nos dijo Esme mirándonos a todos.

-Cariño……¿Por qué lloras?

-No es nada Edward, es que me he emocionado con la carta

-Tomate sécate las lágrimas.- me dijo Edward dándome el pañuelo que llevaba en uno de los bolsillos.

-Gracias.- le dije cogiendo el pañuelo que me daba y le sonreía

-Bueno Bella, ahora te toca abrir el de los Vulturis

-Vamos con el Alice, ¿haber que es?

Cogi el regalo de los vulturis y comencé a quitarle el papel de regalo que lo envolvía para encontrarme con una caja de madera tallada. Parecía un pequeño baúl. Pero la sorpresa fue mayor  cuando la abrí y vi el rostro de Edward y el mío tallado en el interior de la tapadera y el resto del interior forrado en terciopelo rojo

-Bella….cariño…- me dijo Edward sacándome de mi estado de sorpresa

-Si…Edward, dime.

-¿Te encuentras bien?

-Si solo es que me ha sorprendido el regalo

-Vale. ¿Leo la carta que lo acompaña?

-Si, claro

-Bien pues comienzo

"Isabella Swan y Edward Cullen

Esperamos que nuestro detalle por vuestro próximo compromiso os guste

Lo hemos mandado a realizar exclusivamente para vosotros.

Es un pequeño cofre en el que esperamos guardéis todos vuestros recuerdos juntos siendo Isabella humana para que nunca desaparezcan, ya que una vez sea como nosotros sus nuevos recuerdos duraran para la eternidad

Felicidades por el compromiso

Cordialmente los Vulturis"


-Bueno……. Aceptan que te cases con una humana, o sea, conmigo y saben lo de mi transformación

-Tuvimos que decírselo Bella, ellos son los que rigen nuestras normas como bien sabes para que no se interpusieran en que os casarais.- me dijo Carlisle un poco apenado

-No se preocupe Carlisle, entiendo que tengan que estar informados y me alegra que gracias a ello nada, ni nadie se va a interponer entre Edward y yo

-¿Seguro que no te molesta?

-Segura Carlisle y creo que es buena idea guardar todos los momentos que he pasado con Edward y con vosotros como humana para que nunca se olviden, ¿Qué te parece  a ti cariño?.- les dije señalando el cofre y mirando a Edward

-Me parece estupendo todo lo que tu digas mi vida.-  me dijo Edward antes de atraerme hacia su cuerpo y besarme apasionadamente.- Te amo

-Yo también

-Que tierno…..jaajajjaa

-Emmett no vayas a empezar con bromas

-Vale Edward me cayo

-Bueno yo quiero que el cuadro de los Denali este aquí en la casa sobre la chimenea si todos lo veis bien…..

-Claro que lo vemos bien Bella quedara hermoso, es mas Jasper y Emmett van a quitar el que hay y van a colocar este ahora mismo.- me dijo Esme muy contenta por lo que había decidido antes de que terminara

-Y el cofre lo pondré en el dormitorio y lo iremos llenando poco a poco con todos los recuerdos

-Claro cariño, ahora mismo lo subo a nuestro dormitorio.- me dijo Edward cogiendo el cofre y desapareciendo escaleras arriba mientras Jasper y Emmett hacían el cambio de los cuadros de forma cuidadosa bajo la atenta mirada de Carlisle.

Cuando todo estuvo listo nos sentamos en el comedor todos y llamamos tanto a los Denali como a los Vulturi para agradecerles los regalos y ver si iban a venir al enlace antes de irnos a nuestros dormitorios ya que sin darnos cuenta se había echo de noche y yo tenia que descansar.



jueves, 3 de marzo de 2016

Los placeres de la noche * Capítulo 14

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 14

Kyrian retrocedió, alejándose de ella, mientras Tabitha se giraba para mirarlo frente a frente. Aún

tenía la cara magullada por la paliza que le habían dado los secuaces de Desiderius y llevaba un apósito

sobre los puntos de sutura. Se agachó, medio cojeando, y adoptó una postura de ataque.

Le dolió verla así.

No había sido capaz de proteger a una de las personas que Amanda más quería y juró que jamás

volvería a suceder.

–¿Quién eres? –exigió saber Tabitha–. ¿Dónde está Esmeralda?

Kyrian echó un vistazo al espejo y, al ver que no se reflejaba, retrocedió un paso más, antes de que

ella lo notara.

–Se le estropeó el coche cuando regresaba y Amanda fue a recogerla.

Se dio cuenta, demasiado tarde, de que debía haber mantenido la boca cerrada porque Tabitha lo

reconoció en cuanto lo escuchó hablar; su acento era inconfundible.

–¡Tú! –chilló–. ¿Qué les has hecho a mis hermanas?

–Nada; están bien.

–¡Y una mierda! –exclamó al tiempo que se abalanzaba sobre él.

Kyrian se dio la vuelta y se alejó corriendo por el pasillo; no quería hacerle daño.

–¡Un vampiro! –gritó Tabitha.

Escuchó ruidos en la planta baja y se dio cuenta de que la hermana gemela de Amanda no estaba

sola.

–¡Abrid las cortinas! –Y mientras gritaba la orden agarró el cordón del riel de las cortinas del pasillo y

tiró con fuerza.

Kyrian siseó cuando la luz del sol lo rozó. Saltó sobre la barandilla y aterrizó en la sala de estar del

primer piso.

Dos pares de ojos lo miraron atónitos, observándolo de arriba abajo. El hombre de pelo oscuro se

quedó muy pálido, pero la chica rubia reaccionó con rapidez y se acercó a la ventana sin perder tiempo

para subir las persianas.

Antes de que pudiera moverse, Tabitha estaba sobre él, lanzándole un golpe con el pie que le dio en

el costado, sobre la herida.

–¡Muere, hijo de puta!

Kyrian siseó, enseñándole los colmillos, y saltó hacia atrás girando en el aire, para escapar hacia la

cocina. Pero tuvo que detenerse al llegar a la puerta y ver que la luz del sol entraba a raudales en la es-
tancia. No había ni un solo sitio en todo el cuarto donde no corriera el riesgo de acabar frito.

En ese momento, algo duro y afilado lo golpeó en el hombro. Con un gruñido, se dio la vuelta y vio a

Tabitha que empuñaba una daga alargada, dispuesta a hundírsela de nuevo. La sujetó por la muñeca en

el mismo instante que sus dos amigos se abalanzaban sobre él. Los cuatro se tambalearon y, de un em-
pujón, logró deshacerse de uno de ellos. Intentó regresar a la sala de estar pero, de algún modo, Ta-
bitha se las arregló para interponerse en su camino.

Blandió la daga directa a su estómago; el odio que sentía por él se reflejaba de forma alarmante en

sus ojos. Kyrian saltó hacia atrás y un rayo de sol le dio en la espalda. El dolor lo fulminó al instante. Si-
seando de nuevo, la esquivó y corrió de vuelta a la sala, intentando permanecer en las sombras.

Tabitha y sus dos amigos se arrojaron sobre él y lo lanzaron contra la puerta. Mientras lo tiraban al

suelo, las palabras de Desiderius resonaron en sus oídos.

Se echarán sobre ti como una manada de perros salvajes.

Tabitha se sentó sobre su pecho, rodeándole el cuello con una mano, y sus dos amigos lo agarraron

por los brazos, extendiéndolos. Si lo hubiesen atacado de ese modo el día anterior, el pánico lo habría

vuelto loco. Pero en ese momento recordó a Amanda mientras lo ataba y sintió una extraña lucidez.

–¿Qué has hecho con mi hermana? –preguntó Tabitha.

–Nada.

–¡No me mientas! He visto las vendas manchadas de sangre en la papelera.

Intentando no hacerle daño, alzó las piernas y la agarró con ellas para lanzarla hacia atrás, en el

mismo momento que intentaba hundirle la daga en la garganta. Falló por milímetros. Le dio un puñetazo

en el estómago al tipo que estaba a su derecha y arrojó a la chica rubia sobre el sofá. Cuando sintió que

Tabitha le mordía en el muslo soltó una maldición, le quitó la daga y la tiró al suelo, donde quedó clava-
da en uno de los listones del parqué.

–Escúchame.

–¡No! –gritó ella mientras se retorcía e intentaba golpearlo con los puños.

Kyrian giró en el suelo y se colocó sobre ella, inmovilizándola. Todos sus instintos le exigían que la

dejara inconsciente, pero, al observar ese rostro tan parecido al de Amanda, se dio cuenta de que jamás

podría hacerle daño.

Ese momento de incertidumbre le costó muy caro. Sus amigos volvieron a atraparlo de nuevo. Los

cuatro rodaron por el suelo y Kyrian consiguió ponerse en pie al tiempo que la puerta de la calle se abría

e inundaba de luz la habitación.

Soltando otro taco, logró llegar como pudo a un rincón oscuro.

El grito agudo de Amanda resonó por toda la casa.

–¡Ya basta!

Tabitha y sus compañeros se quedaron inmóviles al escucharla y Kyrian aprovechó para recuperar el

aliento. Sentía un dolor punzante en las nuevas heridas y la sangre le corría por la espalda. Amanda se

acercó corriendo a él y lo tocó, inspeccionando las heridas.

Su hermana arrancó la daga del suelo y se acercó a ellos con actitud decidida y furiosa, sin dejar de

mirar a Kyrian a lo ojos.

–Apártate de mi camino, Mandy. Estoy a punto de matar a un vampiro.

–Te equivocas –la interrumpió Esmeralda, cerrando la puerta de la entrada y colocándose entre Ta-
bitha y Kyrian–. Estás a punto de matar al novio de tu hermana gemela.

Tabitha la miró con la boca abierta y se detuvo al instante, mirando a Kyrian y a Amanda alternati-
vamente.

–¿Cómo has dicho?

Amanda ignoró a su hermana.

–¿Estás bien?

Kyrian se pasó la mano por la herida abierta del brazo.

–Nunca he estado mejor.

–¿Y le preguntas a él? –masculló Tabitha con incredulidad–. Y los chicos y yo, ¿qué? No veo que es-
tés muy preocupada por nosotros. Ha estado a punto de decapitarnos.

Amanda lanzó una mirada furiosa a su gemela.

–Me parece que no estáis sangrando. Créeme, si hubiese querido haceros daño ninguno de vosotros

estaría de pie ahora mismo.

Tabitha los observó atentamente y soltó un gruñido indignado.

–¿Estás defendiendo a un vampiro?

–Estoy defendiendo a Kyrian –le contestó Amanda con énfasis.

Apretando los labios aún más, Tabitha miró al uno y al otro.

–¿Qué pasa contigo? ¿Es que estás loca? ¿Quieres un novio que bebe sangre, que va a vivir eterna-
mente, que mata para divertirse y que no puede salir a la luz del día? Vaya, Mandy, veo que al final has

encontrado al Rey de los Perdedores. Felicidades. Jamás me imaginé que existiera alguien peor que Cliff.

La parrafada de Tabitha era un torrente de insultos y de groserías.

–¿Y tú hablas de perdedores? La que sale con un hombre que no ha trabajado más de dos semanas

seguidas en los últimos tres años...

–Por lo menos, Eric tiene alma.

–Kyrian tiene corazón.

–¡Venga, por favor! ¿Y tú crees que con eso se soluciona todo? Dime una cosa, Mandy, ¿estás dis-
puesta a renunciar a todo por él? ¿A tu vida, a tu futuro? ¿Qué puede ofrecerle un vampiro a una conta-
ble? Siempre has querido niños, ¿puede dártelos él?

Kyrian se hundía cada vez más en la desesperación mientras las escuchaba discutir. Cada palabra

que salía de la boca de Tabitha confirmaba lo que él había pensado desde un principio. Tabitha tenía ra-
zón.

Echó un vistazo a la luz del sol que entraba por las ventanas. El sol era letal para él y vital para

Amanda. Para los humanos resultaba tan necesario como el aire que respiraban. Y, mientras ella estu-
viese con él, no encontraría la paz porque tendría que sacrificar todos sus sueños.

Y no podía permitir eso.

Con el corazón encogido, se escabulló entre las sombras hasta llegar a la escalera.

–¡Dejad ya de discutir! –gritó Esmeralda.

Kyrian no volvió a prestarles atención mientras subía la escalera.

Pasaron varios minutos, y una nueva andanada de insultos, antes de que Amanda se percatara de la

ausencia de Kyrian.

–¿Kyrian?

–Está arriba –le contestó Esmeralda.

Amanda hizo el gesto de marcharse pero Tabitha la detuvo.

–No puedes hacerte esto.

–No sabes nada de él, Tabby. Es un Cazador Oscuro, no un vampiro.

–Sí, claro. Y Julian Alexander me explicó que, en realidad, no hay ninguna diferencia entre ellos. Los

dos tienen características animales y son asesinos.

–No me creo que Julian te dijera eso.

–Me da igual que lo creas o no, es la verdad. Y mientras reflexionas sobre eso, déjame decirte otra

cosa que me contó Julian: Artemisa matará a tu novio antes de permitir que sea libre.

Amanda se alejó de su hermana, pensando que no era cierto lo que decía. Encontró a Kyrian en la

habitación, recogiendo sus cosas.

–¿Qué estás haciendo?

–Me voy.

–No puedes salir. Es mediodía.

Su rostro tenía una expresión adusta y fría.

–He llamado a Tate.

–Kyrian... –lo llamó, acercándose para tocarlo.

–No me toques –masculló él, enseñándole los colmillos–. Ya has oído lo que te ha dicho tu hermana.

Soy un animal, no un humano.

–Anoche no dormí con ningún animal.

–¿Ah, no?

–No –le contestó ella, poniéndole la mano en la mejilla.

No tardó más de un segundo en borrar la expresión de deleite que su caricia le producía, pero ella

llegó a verla.

–Eso es lo que tú crees, Amanda. ¿Sabes cuántas veces he tenido que controlarme para no hundirte

los dientes en el cuello? ¿Cuántas veces he sentido el flujo de tu sangre bajo la lengua y he deseado

probarla?

Tragó saliva, espantada. Pero se negaba a creerlo. Sólo estaba intentando asustarla.

–Nunca me has hecho daño y sé que darías tu vida antes de hacerlo.

Kyrian cogió la maleta sin decir nada y se marchó. Ella lo siguió por el pasillo y se detuvo al llegar a

las escaleras.

–No puedes marcharte así.

–Sí puedo.

Tiró de él para detenerlo antes de que bajara hasta el recibidor.

–No quiero que me dejes.

Kyrian se paró en seco al escucharla. Sus palabras lo estaban destrozando. Él tampoco quería dejar-
la; en realidad, lo que quería era echársela sobre el hombro, llevarla de vuelta a la habitación y hacerle

el amor durante toda la eternidad. Quería hacerla suya de forma legítima y tener el derecho de gritar

que le pertenecía. Pero no estaba escrito que sucediera. Él era un sirviente de Artemisa. Su vida perte-
necía a la diosa.

–Vuelve a tu mundo, Amanda. Allí estarás a salvo.

Ella le tomó el rostro entre las manos. Esos brillantes ojos azules lo miraban con un anhelo y un do-
lor tan grandes que lo estaban desgarrando.

–No quiero estar a salvo, Kyrian. Te quiero a ti.

Él le apartó las manos, se alejó de sus tiernas caricias y bajó lo que quedaba de las escaleras.

–No digas eso.

–¿Por qué no? –le preguntó Amanda, bajando tras él–. Es la verdad.

–No puedes tenerme –le dijo entre dientes mientras giraba en mitad de las escaleras para mirarla a

los ojos–. Ya tengo dueña.

–Entonces déjame amarte.

Su resolución se vino abajo al escuchar el ruego de Amanda. ¡Por todos los dioses! Qué sencillo sería

confiar en ella. Tomarla entre sus brazos y... verla envejecer mientras él permanecía igual. Abrazarla

cuando muriera, ya anciana, para dejarlo solo durante toda la eternidad. Solo.

La simple idea era suficiente para dejarlo paralizado. La vida sin ella no merecía la pena. Y si dejarla

tras un par de días dolía tanto, ¿qué se sentiría al perderla después de unas cuantas décadas? Era mu-
cho más de lo que su magullado corazón podía soportar.

–No puedes.

–¿Por qué? –preguntó ella.

–Algunas cosas son imposibles.

Le tocó el brazo, suplicándole con la mirada que viera las cosas tal y como ella las veía. Pero no po-
día hacerlo. No se atrevía.

–Quizás esto sí sea posible.

–Te equivocas.

En ese momento llamaron a la puerta.

Amanda vio cómo Essie abría la puerta y Tate entraba con la camilla. La expresión resignada y ator-
mentada de Kyrian al ver la bolsa negra se le quedaría grabada para siempre en la memoria.

–No te vayas, Kyrian –le pidió una vez más, rezando para que la escuchara.

–No tengo elección.

–Sí que la tienes. ¡Joder, Kyrian! Eres demasiado testarudo. Tienes más opciones. No me dejes.

Él se frotó los ojos, como si le doliese la cabeza.

–¿Por qué quieres que me quede?

–Porque te amo.

La furiosa maldición de Tabitha se escuchó en el recibidor, procedente de la cocina, y el silencio que

siguió resultó ensordecedor.

Kyrian cerró los ojos mientras la agonía lo consumía. Había esperado una eternidad para escuchar a

una mujer decirle esas palabras de corazón.

Pero era demasiado tarde.

–La última vez que creí que una mujer me amaba, perdí un imperio y acabé crucificado mientras ella

se reía de mí. No seas tonta, Amanda. El amor no existe. Es una ilusión. No me amas; no puedes amar-
me.

Antes de que ella pudiera protestar, saltó a la camilla y se metió en la bolsa, cerrando la cremallera

desde dentro.

–¡No me dejes! –le gritó Amanda, agarrándolo por el brazo a través del plástico.

–Llévame a casa, Tate.

Tate le sonrió con tristeza y empujó la camilla para salir de la casa. Amanda soltó un gruñido de frus-
tración.

–Eres un gilipollas, Kyrian Hunter. Un gilipollas.

Kyrian la escuchó; su voz le llegaba amortiguada por el grosor de la bolsa. Sus palabras lo estaban

matando. Estaba actuando como un imbécil.

No la dejes, le suplicaba su corazón.

Pero no tenía otra opción. Éste era el camino que había elegido. Había tomado esa decisión teniendo

en cuenta las consecuencias y todos los sacrificios que tendría que hacer.

Amanda era un ser de luz y él formaba parte de las tinieblas. De algún modo, hallaría la forma de re-
cuperar su alma sin implicarla y, una vez lo hiciera, mataría a Desiderius.

Amanda y Tabitha serían libres y él podría retomar su vida. La vida a la que estaba atado por un ju-

ramento. Pero, en lo más hondo de su corazón, sabía la verdad: la amaba. Más de lo que jamás había

amado a nadie.

Y tenía que dejarla marchar.

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