Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 8 de julio de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 10

Media adaptación




CAPÍTULO 10:

Cuando llego detrás de bastidores, Alice está rodeada por su familia y amigos y aún esta vestido con las botas blancas go-gó y el mini vestido que utiliza Tracy Turnblad en la última escena de Hairspray.


-Bravo! Estuviste fantástica!- le digo, ofreciéndole las flores en lugar de un abrazo. Estoy tan nerviosa, que no me puedo arriesgar a recibir más energía cuando apenas puedo lidiar con la mía.

-En serio, no tenía idea de que pudieras cantar así.

-Si lo sabías.- ella mueve a un lado su larga peluca y sumerge su nariz entre los pétalos. -Me has escuchado cantar en el coche muchas veces.

-Pero no así.- Sonrío y lo que estoy diciendo lo digo en serio. De hecho, ella estuvo tan bien, que hasta estoy planeando asistir a otra presentación en otra noche que no esté tan nerviosa como en esta.

-Y dónde está Jasper?” Le pregunto, aunque ya sé la respuesta. Simplemente estoy intentando hacer conversación hasta que llegue Edward. -De seguro ya se han arreglado…

Alice frunce el ceño y hace un gesto con la cabeza, señalando a su padre, mientras yo me encojo y le digo:

-Lo siento

-No te preocupes, todo está bien. Tuve un mal momento, pero ya está todo perdonado y olvidado. Hablando del príncipe encantador…

Yo me giro hacia la puerta, ansiosa por ver a Edward caminar por ella. Mi corazón se desboca por el solo hecho de pensar en él, por lo maravilloso y glorioso que es pensar en él… y no hago mucho para disimular mi desencanto cuando me doy cuenta que él se refiere a Rosalie y Royce.

-Qué opinas?- Alice pregunta, señalándolos con la cabeza. -Crees que lo logren?”

Yo observo como Royce desliza su brazo alrededor de la cintura de Rosalie, curvando sus dedos y acercándola más hacia él. Pero no tiene caso. No importa lo mucho que se esfuerce. A pesar del hecho de que son perfectos cuando están juntos, ella ha puesto toda su atención en Emmett, observando la manera en que él se para, la manera en que él echa para atrás su cabeza cuando ríe, la manera en que él sostiene las manos… Toda la energía de ella fluye directamente hacia él, como si Royce no existiera. Y aunque Emmett parece no estar interesado, desafortunadamente él es del tipo que estaría más que dispuesto a invitarla a salir y sacarle partido.

Me giro hacia Alice y finjo que me encojo de hombros de manera casual.

-En casa de Irina habrá una fiesta con todos los actores.- Dice Alice. -Iremos pronto para allá. Quereís ir? -Yo la miro completamente en blanco. Ni siquiera sé quién es ella. -Ella interpretó a Penny Pingleton.

Tampoco sé quién es esa, pero sé muy bien que no debo dejarle saber eso, así que asiento con la cabeza como si supiera quién es.

-No me digas que vosotros estuvieron haciendo cositas durante todo el espectáculo y no vieron nada!- ella mueve la cabeza de una manera que deja claro que está en parte bromeando.

-No seas ridícula, lo vi todo!- Le digo, pero mi cara esta tan roja que sé que ella nunca me va a creer, aunque es más o menos cierto. Porque, aunque nos estábamos comportando y de ninguna manera estábamos haciendo cositas, era como si nuestras manos lo estuvieran haciendo, por la manera en que Edward cruzó sus dedos con los míos y nuestros pensamientos lo estuvieran haciendo, con todos esos pensamientos que compartimos telepáticamente. Porque, aunque mis ojos estuvieron todo el tiempo observando el espectáculo, mi mente estaba en otra parte, en nuestra habitación en el

Montage.

-Vas a ir o no?- Pregunta Alice, aunque en su mente ya supone que voy a decir que no y no está tan molesta como yo pensé que iba a estar. -Y a dónde vais a ir? Qué podría ser más emocionante que una fiesta con los actores y el equipo de producción?

Y cuando la miro, estoy tan tentada de decirle, de compartir mi gran secreto con alguien que conozco y en quien confío. Pero cuando me convenzo de decirle, Emmett se acerca con Royce y Rosalie pegados a los tobillos.

-Nos vamos. Alguien quiere que lo lleve? Mi coche solo tiene dos asientos, pero puedo

llevar a alguien más.- Emmett me hace un gesto con la cabeza, presionando y retando con su mirada, incluso cuando miro hacia otra parte.

Alice dice que no con la cabeza.

Emmett sonríe y las esquinas de sus labios se curvean mientras sus ojos viajan sobre mi cuerpo y, aunque técnicamente hablando, sus pensamientos se podrían considerar como un halago, la verdad es que el hecho de que vengan de él, me dan escalofríos.

Yo evito mirarlo, viendo hacia la puerta, sabiendo que Edward ya debería estar aquí y estoy a punto de mandarle un mensaje telepático diciéndole que venga aquí y se reúna conmigo cuando soy interrumpida por la voz de Emmett diciendo:

-Edward ya se ha marchado

Yo me giro, mis ojos encontrando los suyos y sintiendo ese indudable vuelco en mi interior, mientras el frío arropa mi piel.

-Él no se ha marchado-, le digo sin ni siquiera intentar disimular el enojo en mi voz. -Él  sólo fue a buscar el coche.

Pero Emmett se encoje de hombros y me mira con lástima.

-Lo que digas, soló pensé que deberías saber que justo ahora, cuando salí a fumar, vi a Edward salir del estacionamiento y alejarse a toda velocidad.

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lunes, 4 de julio de 2011

El Beso del Vampiro * OneShoot

Este OneShoot es de la mano de Arancha. Los comentarios dedicados a ella :)



EL BESO DEL VAMPIRO

El beso del vampiro era excitante y escalofriante a la vez. No sabría describir esa sensación en medio de un bosque repleto de abetos. Hasta que lo vi a el apoyado en uno de los árboles. Era alto, rubio, de ojos claros muy impresionantes y penetrantes. Me recogió del bosque y me llevo a su chalet.


Era un chalet super grande con piscina, jardín, gimnasio, piscina climatizada, etc y un montón de cosas más. Me dijo, voy a llamar a las sirvientas que te ayudaran a acomodarte en una de las habitaciones de la planta de arriba. Les diré que te organicen la habitación al lado de mía. Te prepararan un baño caliente. Y te ayudaran a arreglarte para la cena de bienvenida de esta noche. Ella cuando entro en la habitación se sorprendió de que hubiera un fogón a la derecha y encima de el, velas rojas y verdes como la decoración de la misma.

Me metí en la bañera y me empecé a ver que llevaba muchos arañazos que me escocían muchísimo y de repente me vi sangrar la pierna y el brazo. De los chillidos que pegue vinieron sus sirvientas y mi salvador misterioso, que al final reconocí que era un vampiro muy atractivo. Al verme le cambio la cara muy rápido y se le pusieron los ojos muy raros. Le pregunte: Estas bien? Si sí, me dijo.Pero yo insisti, volvi a insistir otra vez y me dijo que se habia quedado paralizado al ver las heridas tan graves que llevaba y que le había entrado algo al ojo, pero yo sabía que en esos momentos tenía una sed de sangre impresionante,aque el me las podria curar despues que me las limpiaran bien las sirvientas. Le dije a una de las sirvientas que me curara las heridas y que me ayudaran a vestirme y a recogerme el pelo en una coleta con rizos o en un moño. Como quisiera yo.

En una esquina tenía en una cesta con tres cachorros de pastor alemán que estarían conmigo todas las noches.

Cuando acabaron de curarme y vestirme el llamo a la puerta y me vino a buscar a la habitación. Se me acercó y me dijo al oído: estas guapísima. Llevaba un vestido con escote palabra de honor en tonos dorados. Al final las sirvientas me hicieron un semirecogido rizado y hacia el escote caían unos tirabuzones. Al llegar al salón, en medio, había una mesa grande de madera. Y empezamos a cenar, todo estaba muy bueno hasta que al final me invito a bailar con el.

Bailamos toda la noche. Después me acompaño a mi habitación. Se quedo a dormir conmigo hasta que me dio el beso del vampiro. El iba despacio y todo mi cuerpo estaba sensible y con el no lo estaba.

Me empezó a susurrar palabras al oído y fue muy excitante.

Al amanecer tuve que beber de la sangre que me ofreció que se encontraba guardada en unas bolsitas de plástico. Me puso un colgante en el cuello que en el había un vampirito pequeño.

Al día siguiente al despertarme el no estaba en su habitación y le pregunte a su sirvienta y me dijo que se había ido temprano y que no volvía en tres días. Esos días me las pase paseando a los perros, yendo a cabalgar a caballo, leyendo en la gran biblioteca, etc. Ya soy una vampiro!. Leo muy rápido, escucho voces y conversaciones, leo la mente de otras personas si las tengo cerca, etc. Al final llego mi vampiro de su viaje, muy cansado y se quería echar pero al final decidió hablar conmigo. Esa noche dormí con el en su habitación y descansamos abrazados.

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Comentarios para esta vampira?? ;)

Rayos de Luna * OneShoot

Este OneShoot va dedicado a mi Lobita Annie! Fue su cumpleaños hace unas semanas, y aunque estamos muy lejos la una de la otra, esto es lo que menos se merece :) Te Amo Loba!!
Contiene Lemmon Suave.






RAYOS DE LUNA

Era sábado por la noche, el primer fin de semana de las vacaciones de verano, aun así los amigos de Jacob Black no había querido salir a disfrutar del primer día de libertad.


Las escusas eran variadas, pero la que se repitió fue la de: “No tengo dinero, para gastármelo en copas”. Jacob había insistido en que para salir a mover un poco el esqueleto no hacía falta para nada el dinero, sin embargo, seguían sin querer salir.

Así que Jake, decidió salir solo, divertirse solo, bailar solo y ligar solo. Se autoncenvencía que no necesitaba a nadie para pasarlo bien. Pero cuando llegó a la puerta de la discoteca de moda, se dio cuenta de lo equivocado que estaba, y que era de los más pringado salir de fiesta sin ningún amigo.

Con la cabeza gacha se fue a andar, y salir del barullo de gente que tanto le agobiaba.

-Hubiera sido mejor quedarme en casa...- se susurró para si mismo.

Poco a poco, paso tras paso y sin darse cuenta terminó pisando la arena de la playa. La luna llena se reflejaba brillante sobre la calmada agua del océano. Se quitó los zapatos y sus dedos tocaron la fría arena, no era desagradable, sino más bien lo contrario, hundió más sus dedos.

Se acercó a la orilla, y sin que el agua pudiera mojarlo, se sentó a observar el oscuro mar.

No sabía cuanto tiempo llevaba ahí sentado, pero no podía dejar de mirar el reflejo de la luna, era hipnotizante y hermoso.

Las estrellas brillaban, parpadeando en el negro cielo.

Entonces fue cuando algo cambio, el reflejo de la luna empezó a desaparecer. Jacob se levantó para observar mejor lo que pasaba.

Alguien estaba saliendo del agua, y se acercaba allí donde estaba el chico.

Jake abrió los ojos cuando se dio cuenta de que esa persona que estaba saliendo del agua era una hermosa mujer.

Su cabello era negro como el cielo esa noche, largo hasta los hombros, liso y brillante. Sus ojos eran como cajas en las que se guardaba un trozo de ese océano que le mojaba los pies, los labios eran carnosos, una invitación para ser besados, y su cuerpo.... era un cuerpo hecho para pecar. Estaba desnuda y podía ver su fina cintura, sus suaves muslos y sus pechos. La piel de la diosa brillaba.

-Simplemente perfecta- pensó Jake

Lo que Jacob Black no sabía es que esa mujer, era algo más que una simple mujer con belleza única, ella era la dehesa de la luna y la protectora de las estrellas.

Ella había sido creada para cuidar eso que los humanos siempre habíamos querido tocar.

Las noches de luna llena, como esa, los rayos de la luna se reflejaban como destellos de diamantes encima del mar, y ella podía andar por ellos y tocar la tierra con sus pies, podía sentirse humana algunas horas.

Jacob vio como la diosa cada vez se acercaba más y más a él, y como más se acercaba, más hermosa y perfecta era.

La dehesa miró fijo los ojos del hombre que tenía delante, hacía siglos que no veía alguien como él. Aunque era humano, a ella le pareció perfecto.

A pesar de la oscuridad de la noche, ella podía verlo todo a la perfección, así que para nada le paso desapercibido el tono bronceado de la piel de Jacob, ni tampoco los músculos de los brazos bien marcados, ni los ojos llenos de deseo, y por supuesto que tampoco pudo evitar quedarse mirando fijamente los labios, que decía sin ninguno descaro: bésame.

La diosa ya estaba a un par de metros de donde se encontraba Jacob Black. Sentía una gran excitación con solo mirarlo, y sabía que no podía evitar andar hacía él y dejarse llevar por el pasión.

Un hubo presentaciones ni formalismos cuando los labios de la protectora de la luna y del humano se tocaron con desesperación. No había sentimientos ni dulzura, solo era deseo.

-Jacob

-Anne

Dijieron sus nombres cuando el humano necesitó separarse de ella, algo que no quería, porque necesitaba del aire.

Las manos de Jacob se posaron en la cintura de ella, y la acercó a su cuerpo como si necesitara que sus cuerpos se hicieran uno solo.

Ella sentía su erección contra la pierna, y no pudo evitar tocarla por encima ganándose un gemido por parte de él.

Anne, sin dejarlo de besar, pasaba sus manos por el pecho del chico, y él pasaba las suyas por la espalda, dibujando círculos que a la diosa le parecieron muy eróticos.

La protectora de la luna se deshizo de la camiseta de Jacob, y después desabrocho sus pantalones.

Jake agarró el trasero de Anne y ella enredó sus piernas en la cintura, y poco a poco se fueron recostando sobre la arena mientras sus cuerpos eran suavemente mojados por las olas que llegaban a la costa.

Black se desizó de sus pantalones y de su ropa interior, quedando desnudo igual que la diosa.

Anne besaba el cuello de su hombre perfecto, mientras él acariciaba sus pechos suavemente.

La noche se empezaba a inundar con sus gemidos.

Con sus dedos tocaba la intimidad de la protectora de la luna, sintiendo su humedad correr por sus dedos.

-Por favor...- gimió la diosa deseosa de más

Sin necesidad de que repitiera su suplica Jacob introdujo su verga en el interior de Anne.

Ella se sintió completa, llena. Sintió como sus cuerpos encajaban en la perfección y un gemido de satisfacción se escapo del centro de su alma.

Lo movimientos de Jake eran delicados, llenos de pasión y certeros, si no fuera porque Anne sabía al cien por cien que era humano, habría puesto las manos en el fuego asegurando que ese hombre que se encontraba entre sus piernas había sido creado para ser el dios del sexo.

Sus jadeos eran cada vez más fuertes, y los dos estaban deseosos de más.

-Más...- gritaba Anne

-Eres perfecta...

Poco después llegaron juntos a lo más alto del placer. Fue un orgasmo que la diosa nunca hubiera imaginado y el humano no sabía como explicar con palabras.

-Fue...- intentó explicarse Jacob

-Lo se

Se quedaron los dos, tumbados en la arena, abrazados. Anne intentaba que ese momento no terminara, que la noche durara para siempre, y Jake solo quería seguir abrazado a ese ser perfecto que no conocía de nada.

La diosa sabía que se le terminaba el tiempo, así que decidió levantarse.

-Adiós Jacob- y besó por última vez eso labios que le había hecho rozar la locura y desear por primera vez poder ser humana.

Se volvió a meter en el agua. Black no pudo decir nada, se había quedado estático. Veía como el cuerpo de la mujer que había estado hacía apenas unos minutos se perdía, difuso, entre las olas del mar.
 
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viernes, 1 de julio de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 8

Adaptación



CAPÍTULO 8:

—Hum… Sabía que olía a café.


Seth se alejó de la encimera, en la que estaba apoyado, y sonrió al oír la voz de Renesmee.

—Eres muy previsible, Nessy —bromeó—. Lo único que se necesita para que aparezcas corriendo es la promesa de un poco de cafeína.

—Me temo que has descubierto mi debilidad… —dijo ella.

Renesmee rió y él se movió para servirle una taza.

Cuando se despertó, sola en la cama, Renesmee descubrió que en una de las esquinas del dormitorio habían dejado una maleta y cuatro cajas llenas de pertenencias suyas. Contenta con la rapidez con que habían llegado, se puso unos calcetines, unos vaqueros desgastados y un jersey de color azul oscuro y decidió aventurarse fuera de la habitación.

El olor del café había hecho todo lo demás.

—¿Lo quieres con leche y azúcar? —preguntó Seth.

Renesmee sintió un poco de frío y arrugó los dedos de los pies contra los baldosines del suelo de la cocina, que estaban calientes.

—Las dos cosas, gracias.

—Estaba pensando que no le mencionaré a Jake lo de tu adicción a la cafeína —dijo él, mientras guardaba la leche en el frigorífico—. Lo quiero como si fuera mi hermano, pero me gustaría ver cómo se esfuerza por llegar a tu corazón y averiguar las cosas que te gustan. Será muy divertido.

Renesmee se estremeció al oír el nombre de su amante, y se alegró de que Seth estuviera en ese momento de espaldas y no la pudiera ver.

—¿Está por aquí? —preguntó, con el tono más neutral que le fue posible.

—Sí, en su despacho, comprobando si hay algo nuevo por Covington. Tenemos toda una red de informantes que están buscando a James.

Renesmee preguntó por el hombre lobo que estaba en el sótano. Seth la informó mientras terminaba con el café.

—Ya ha vuelto en sí, así que lo tenemos sometido a vigilancia permanente. Jacob ha intentado sacarle algo útil, algo que nos pueda servir.

Seth se sentó frente a ella, con la mesa de madera de pino entre los dos, y la miró con una sonrisa.

—No quiero meter la nariz donde no me llaman, cariño, pero he notado que la cara te cambia cada vez que menciono a Jake. ¿Por qué tengo la sensación de que las cosas no os fueron bien anoche?

—No, te equivocas, fueron perfectamente… No se trata de eso. Es que le pregunté por lo de ser su compañera y él me lo explicó.

—Sí, claro, seguro que te lo explicó —dijo Seth, sacudiendo la cabeza—. Jacob es un desastre con las palabras. Seguro que ni él mismo querría escuchar lo que dijo.

—Bueno, no dijo demasiado. Supongo que quiso explicarme que esto es una atracción física y que no debo hacerme ilusiones con la posibilidad de que se enamore de mí. Afirmó, literalmente, que no está hecho para eso.

—Vaya, lo siento. Adoro a Jacob, pero puede llegar a ser un verdadero cretino.

—¿Por qué tiene tanto miedo de querer a alguien?

Seth, el hombre que siempre estaba de buen humor, dejó de sonreír y frunció el ceño de repente.

—Parte de su miedo se debe a la infancia que tuvo. Nuestra naturaleza nos afecta a todos, claro, pero de forma diferente. Siempre estamos en guardia, atentos a cualquier peligro… no es una vida muy normal. Pero en su caso, creo que tiene miedo de quererte por lo que le pasó a Edward, a su hermano.

Renesmee sintió un escalofrío.

—¿Qué le pasó a su hermano?

—Se suicidó hace ocho años.

—¿Por qué?

Seth suspiró, echó la silla hacia atrás y cruzó las manos por encima del estómago.

—Edward llevaba casi tres años casado cuando su esposa murió en un incendio. El nexo que se establece en nuestras parejas es tan fuerte que su ruptura es un verdadero infierno. A veces, el superviviente se muere por dentro poco a poco; pero otras veces se deja llevar por una furia destructiva que lo consume. Cuando Edward perdió a Bella, se descubrió en el segundo caso y tuvo miedo de lo que podía llegar a ser. Por eso, para evitarlo, se mató.

—Creo que lo entiendo. Le preocupaba perder el control y convertirse en un descontrolado como James, ¿verdad?

—Sí.

—Y como no quería hacer daño a nadie ni condenar a su propio hermano a darle caza, decidió suicidarse…

—En efecto —dijo Seth, que sacudió la cabeza—. Jacob fue quien encontró su cadáver. Aquel mismo día, se prometió que él no sufriría el destino de Edward.

—Ahora entiendo que se empeñe en ocultar sus emociones. Sólo quiere protegerse…

—Lo puede intentar, pero no lo va a conseguir —afirmó Seth entre risitas—. Tengo la sensación de que tú eres la persona adecuada para sacarlo de su ensimismamiento, Nessi. No te puede quitar los ojos de encima. Tendrás que confiar en él y darle un poco de tiempo.

—Eso es más fácil de decir que de hacer.

Seth sonrió y ladeó la cabeza.

—Pero es verdad, por desgracia. Sé paciente con él.

—Bueno, ya veremos.

Renesmee echó un trago de café y preguntó:

—¿Cuántos Cazadores viven por aquí?

—Ahora mismo, seis; incluidos Jake y yo. Somos un grupo pequeño, de modo que tendrás ocasión de conocernos a fondo.

—Cualquiera diría que sois una especie de familia…

—Supongo que lo somos. Por lo menos, luchamos como una —dijo, riendo—. Sé que te caerán bien, pero ten cuidado con Liam. Ese irlandés es todo un mujeriego. Se ha ganado una buena reputación.

Renesmee sonrió y miró a Seth con ironía. Tenía la sospecha de que, en cuestión de mujeres, todos ellos tenían buena reputación.

—¿No hay mujeres Cazadoras?

—Sí, tenemos una, pero ahora está en Covington. De hecho, está vigilando a tus amigos con su compañero.

—¿Te refieres a Dimitri? —preguntó ella, recordando el nombre que Jacob había mencionado alguna vez.

Seth negó con la cabeza.

—No, ella es Leah. —contestó—. Teníamos más mujeres, pero todas se han casado y han sentado cabeza.

Renesmee tomó un poco más de café. Sin embargo, seguía tan somnolienta que bostezó.

—Discúlpame. No sé lo que me pasa. Normalmente, el café me despierta enseguida…

—Es que todavía estás agotada —la excusó—. Ayer tuvimos un día bastante complicado… ¿Por qué no te vas a echar una siesta mientras yo preparo un almuerzo rápido?

Renesmee volvió a bostezar, de modo que asintió.

—Sí, creo que es una buena idea. Y gracias por la conversación. Todo esto es difícil para mí, pero me estás ayudando mucho.

—Estoy a tu entera disposición.

Seth le guiñó un ojo. Ella sonrió y salió de la cocina, perfectamente consciente de que el amigo de Jacob no intentaba coquetear en serio con ella.

Poco después, pasó por delante de una habitación cerrada y oyó la voz de Jacob, que debía de estar al teléfono. Consideró la posibilidad de llamar a la puerta y darle los buenos días, pero prefirió no hacerlo y se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba tiempo para pensar.

En cuanto entró en el dormitorio y vio la cama enorme, recordó todas las imágenes de la noche anterior. Como ya la había hecho, se tumbó sobre la manta y apoyó la cabeza en el almohadón mientras se dejaba dominar por las imágenes de su encuentro amoroso con Jacob.

Renesmee nunca había sentido una necesidad física tan arrebatadora. Había sido la experiencia erótica más intensa de su vida. De hecho, sólo tenía que pensar en él para que el pulso se le acelerara inmediatamente.

Si para acostarse con Jacob tenía que perder el corazón, lo perdería con gusto.

Cerró los ojos y hundió la cabeza en el almohadón. Era muy consciente de que la única forma de evitarse un desengaño amoroso era dar un paso atrás y mantener las distancias, pero no iba a ser fácil; nada era fácil en lo relativo a Jacob Black: ni su naturaleza de hombre lobo ni sus opiniones sobre el amor ni el caos que había causado en su vida.

A pesar de ello, y de todas las razones perfectamente lógicas que la inducían a protegerse de él, no podía negar que lo deseaba.





Jacob pensó que no debería haberla tocado. Estaba sentado tras la mesa de su despacho, mirando por la ventana, contemplando las hojas de los árboles bajo el azote del viento. Era una escena llena de color, que normalmente bastaba para tranquilizarle; pero aquel día no podía dejar de pensar en Renesmee.

La noche anterior había hecho algo nuevo para él: mirar a una mujer mientras dormía; mirar los ascensos y descensos leves de su pecho, sus rasgos cada vez más suaves e inocentes. Y fue una suerte que se quedara dormida después de alcanzar el orgasmo, porque la bestia que habitaba en él había estado a punto de despertarse y de tomar el control.

Pero Jacob sabía que no deseaba sólo sexo. Incluso en ese momento, sus colmillos y sus garras se afanaban por salir a la luz; ardía en deseos de establecer el pacto de sangre que los uniría para siempre.

Tocarla y sentir su placer, intenso como una tormenta de verano, había sido el momento más satisfactorio de su existencia. Si quería mantener las cosas dentro de un orden, tendría que imponerse algunas normas antes de repetir la experiencia. Estaba dispuesto a ser su compañero, pero no a ser un idiota incapaz de vivir sin una mujer a su lado. Por mucho que la deseara, no iba a permitir que aquella conexión destrozara su independencia.

Sin embargo, Jacob también sabía que lo que más le preocupaba no era eso. En el fondo, tenía miedo de que Renesmee lo rechazara, de que saliera corriendo si llegara a saber lo que verdaderamente quería de ella. Tenía miedo de perderla para siempre y terminar como su hermano.

Harto de dar vueltas al asunto, intentó tranquilizarse. A fin de cuentas, su problema más urgente no era Renesmee, sino James. Debía encontrar y eliminar a aquel canalla. Y para entonces, con un poco de suerte, ya no se sentiría tan completamente dominado por el deseo.

Al pensar en James, sus manos se cerraron sobre los brazos del sillón y las uñas de sus garras quisieron romper la barrera de la piel. El hombre lobo y sus seguidores habían aprendido a transformarse a plena luz del día. Jacob no hacía otra cosa que preguntarse cómo lo hacían y cuál era su propósito.

Daba por sentado que el extraño aroma ácido que habían encontrado en las mujeres muertas, cuyo asesinato estaban investigando Charlie y Liam, tenía algo que ver. Pero por algún motivo, eran incapaces de seguir el rastro de ese olor.

Algo iba mal, muy mal. Lo sentía en sus entrañas, se lo gritaba su instinto. Y Jacob había aprendido a confiar en su instinto.

Apoyó la cabeza en el cuero del sillón y miró la extensión vacía, de color pastel, del techo. La cabeza le daba vueltas.

Un momento después, llamaron a la puerta del despacho. Cuando se giró hacia ella, vio a Seth.

—El chico se ha despertado. Se llama Riley Biers, va a cumplir dieciocho el mes que viene y es un Cresta Plateada. Es todo lo que ha dicho. Está bastante tranquilo, pero me gustaría presionarlo un poco y ver si le podemos sacar algo más.

—Sí, estoy de acuerdo —dijo Jacob.

—¿Has hablado con Embry?

Mase negó con la cabeza.

—Lo he intentado, pero no ha habido suerte.

Embry Call era el miembro más joven de la Liga de los Ancianos, y uno de los pocos Crestas Plateadas a quien Jacob consideraba un amigo. Con su mirada cálida y su sonrisa amable, muchos habían creído que el hombre lobo era demasiado bueno para ocupar el cargo que le correspondía tras el fallecimiento de su padre, pero él les había demostrado que se equivocaban. Tras su aspecto inocente, se ocultaba todo un guerrero.

Desde el principio, Embry había sido un amigo y un aliado de los Cazadores. Siempre había defendido su causa frente a los que pretendían limitar el papel de los mestizos al de simples perros guardianes de los hombres lobo de pura raza.

Por desgracia, se había marchado a una región remota de Alaska y no estaba localizable. Había ido a visitar a su hermana, que formaba parte de un movimiento opuesto a la tecnología y no tenía ni un simple teléfono móvil. Naturalmente, Jacob lo había intentado con el de Embry, pero debía de estar fuera de cobertura y no lo localizaba.

Cruzó los dedos para que apareciera pronto. Necesitaban su consejo. Que James tuviera la habilidad de transformarse de día era todo un problema; que, además, la tuvieran sus seguidores, era una catástrofe.

Se levantó y salió al pasillo.

—Venga, Seth. Veamos lo que sabe ese Riley.

Minutos después, Jacob estaba sentado en el sofá del sótano, con las manos cruzadas entre las piernas, mientras Seth se apoyaba en la pared y miraba al chico, que yacía en una de las camas, con una muñeca esposada al cabecero de madera. Como era un hombre lobo, se habría podido soltar son facilidad; pero no sin organizar un buen estruendo.

—Tú eres Black —afirmó el chico—. Te conozco. Os conozco a los dos… sois toda una leyenda. Se dice que os habéis quedado con los Cazadores porque os gusta matar.

—Si alguien merece morir, no tenemos ningún problema en quitarlo de en medio —alegó Jacob, oliendo el temor del joven—. Pero no estamos aquí para matarte, Riley. Tenemos que hablar contigo. Necesitamos respuestas.

Riley entrecerró los ojos, desconfiado.

—¿Qué queréis saber?

—Todo lo que sepas sobre James. Cualquier cosa que nos sirva.

—Pensaba que ya lo sabíais todo.

Seth intervino en ese momento. Y habló con tanta dureza y frialdad que el chico se encogió en la cama. La preocupación y el miedo le hicieron parecer mayor.

—La transformación, Riley.

—¿Qué pasa con ella?

—¿Cómo es posible que os transforméis de día? —exigió saber—. ¿Cómo aprendió James? ¿Y cómo consigue que no le podamos seguir el rastro?

El adolescente sacudió la cabeza. Parecía que se sintiera culpable, algo completamente ajeno a un hombre lobo fuera de la ley.

—No lo sé —murmuró.

—Riley, si no nos ayudas, tendremos que…

—¡No recuerdo nada! —exclamó el joven—. ¡No quiero recordar! Ha sido una pesadilla tan horrible que ni siquiera me atrevo a recordarla.

Jacob y Seth pensaron que en aquel asunto había más de lo que parecía. Algo más allá del mal y de las ansias de poder.

—Pareces un chico decente, Riley. ¿Por qué te has mezclado con esos idiotas? —preguntó Jacob.

—Porque no tuve opción —respondió, desesperado.

—Siempre tenemos opción —afirmó Seth.

—¿Me vais a matar?

—No sé por qué lo hiciste, pero salvaste la vida a la compañera de mi amigo —dijo Seth—. No, él no te va a matar.

El chico los miró con desconfianza.

—¿Y tú?

—Seth tampoco te va a hacer daño —respondió Jacob—. Aquí estás a salvo. Pero necesitamos que nos ayudes.

—Ah, ahora lo entiendo… me vais a torturar hasta que os lo diga todo, ¿verdad?

La animosidad del chico era evidente, pero Jacob lo comprendió. Él también había tenido dieciocho años y sabía lo que se sentía al creerse solo y al estar lleno de ira y completamente confundido. Además, Riley era un pura raza, con todos los derechos y privilegios de los suyos. Y eso implicaba que debía aprender las normas y aprender a afrontar la parte animal de su naturaleza, especialmente difícil.

Por lo que sabían hasta entonces, Riley parecía un buen chico que se había descarriado un poco. Sin embargo, no se podían arriesgar. Hasta que aclararan las cosas, seguiría esposado a aquella cama.

—¿Ya has cambiado, Riley?

—¿Qué quieres decir con eso?

—Lo sabes de sobra. Te estoy preguntando si ya te has alimentado de carne humana —dijo Jake.

El chico se cerró en banda.

—No voy a decir nada más. Si queréis torturarme, adelante. De lo contrario, dejadme en paz.

Jacob se levantó del sofá y miró a Seth, que asintió. Los dos sabían que de momento no podían sacarle nada más. Lo mejor que podían hacer era dejarlo solo, con sus pensamientos. Indudablemente, podrían haberse puesto desagradables con él, pero Jacob prefería evitarlo.

—Si nos das tu palabra de que no causarás más problemas, te quitaremos las esposas —afirmó Seth.

—No pienso irme a ninguna parte.

Seth se acercó a la cama, sacó la llave de las esposas y se las quitó. Después, salió de la habitación.

Jacob siguió a su compañero, pero se detuvo en la puerta y se giró.

—Una pregunta más…

—¿Sí?

—¿Por qué le salvaste la vida?

Riley tragó saliva y cerró los ojos.

—No sabía que estaban buscando a una chica. Cuando vi que la atacaba… tuve que hacer algo.

—Tomaste la decisión correcta, Riley. Podrías haber permitido que la matara y no lo hiciste. Y eso te ha salvado la vida.

Jacob dejó al chico a solas y siguió a Seth por la escalera.

—Voy a ver un partido en la televisión —dijo Seth—. Necesito relajarme un poco. Creo que después de lo de ayer, me lo merezco.

—Todavía no te he dado las gracias por quedarte despierto y vigilar a Riley…

Seth sonrió.

—No hay de qué, hombre. Sé que tú harías lo mismo por mí. No podíamos permitir que el chico anduviera por ahí cuando tú tienes a toda una mujer de carne y hueso en tu dormitorio.

Jacob rió.

—¿Seguro que no quieres que llame a Kate para que te mire esa herida?

—Seguro… esa maldita mujer me torturaría para divertirse. Prefiero ahorrarme el dolor de ponerme en sus manos.

Jacob quiso discutírselo, pero sabía que no iba a escucharlo.

—Voy a ver si Renesmee se ha despertado. Después, comprobaré el correo electrónico por si hay noticias nuevas. He enviado mensajes a unos Cazadores del resto del país para ver si alguno de ellos ha oído hablar de licántropos capaces de enmascarar su olor. Puede que sepan algo que nosotros desconocemos.

Seth asintió, pensativo.

—Cuando lleguen Charlie y Liam, deberíamos trazar un plan.

Jacob suspiró.

—Quién sabe. Puede que, para entonces, le hayamos sacado algo al chico.

—Eso espero, porque ahora mismo estamos en un punto muerto… —declaró—. Y sospecho que Riley nos oculta algo.





Renesmee todavía estaba durmiendo en la cama cuando Jacob apareció y le tocó un brazo. Ella despertó, sobresaltada, y se apartó inmediatamente de él; pero no se apartó porque Jacob le diera miedo, sino porque sintió un deseo inmediato de retomar lo que habían estado haciendo por la noche.

Por lo visto, su fuerza de voluntad era francamente frágil.

Ella se apartó el pelo de los ojos y Jacob se alejó de la cama, mirándola con extrañeza.

—No pretendía asustarte. Después de lo de anoche, pensé que nosotros… en fin, da igual, no importa —dijo él.

—Discúlpame, Jacob. Es que…

Renesmee no terminó la frase.

—Puedo oler tu miedo, Ness.

Ella sacudió la cabeza.

—Sé que aún crees que me das miedo, pero te equivocas, Jacob. Esta mañana, cuando me he despertado, me he dado cuenta de que no habría permitido que me tocaras si no confiara en ti —dijo Renesmee, con una seguridad que le sorprendió a ella misma—. Pero después de lo de anoche… creo que será mejor que nos lo tomemos con calma, que sólo seamos amigos.

Jacob la miró con intensidad.

—No lo entiendo. Si no me tienes miedo, ¿cuál es el problema?

Ella se mordió el labio.

—Que no quiero que me hagan daño.

—¿Crees que te voy a hacer daño? —preguntó, frunciendo el ceño.

—No, no. Sé que no me harías daño físico, Jacob. Eres un protector. Pero la conexión que se ha establecido entre nosotros es muy potente y… bueno, creo que no deberíamos llegar más lejos. No eres precisamente una apuesta segura para alguien como yo.

Jacob asintió.

—Claro. Me rechazas por lo que soy.

—No, no es por eso —dijo, frustrada—. Y por favor, deja de malinterpretar mis palabras a tu antojo. Lo único que pretendo decir es que… Por Dios, Jacob, ¿cómo es posible que no lo entiendas? Cada vez que me miras, yo…

Jacob soltó una carcajada que sonó más áspera de lo normal, como si no practicara la risa muy a menudo.

—Si eso es un halago, Ness, no estoy seguro de que quiera saberlo…

—Sólo intento decirte que no se trata de ti, sino de mí. Busco algo más que una buena experiencia sexual. Y sí, lo admito… me vuelvo loca de deseo cuando siento tu contacto. Pero eso no basta para establecer una relación duradera. No es suficiente para mí. Tú y yo somos muy diferentes.

—O en otras palabras, tú eres humana y yo un monstruo.

—No. Digo que buscamos cosas distintas. Tú no quieres amor; yo sí.

Jacob se metió las manos en los bolsillos.

—Diablos, Renesmee, si acabamos de conocernos… ¿cómo es posible que ya estés pensando en el amor?

—Pienso en él porque lo que hay entre nosotros ha cambiado las normas. Ya no intento resistirme a ti. Sólo intento ser sincera, de la misma forma que fuiste sincero conmigo cuando te pregunté por las relaciones amorosas de vuestra especie —afirmó.

—Ahora lo entiendo —dijo él—. No quieres arriesgarte. Eres de las que golpean primero por miedo a que te golpeen antes. ¿Verdad?

—Aunque así fuera, eso sólo significaría que he aprendido la lección por las malas. Crecer con una mujer como mi madre me hizo pensar mucho. Tomé la decisión de que sólo me dejaría llevar cuando encontrara mi sueño.

—¿Tu sueño? ¿A qué te refieres? —preguntó.

Jacob se acercó hasta la cama. Llevaba vaqueros y una camiseta blanca que remarcaba los músculos de su pecho. Parecía más descansado que el día anterior y tenía mucho mejor aspecto.

Ahora, cuando Renesmee lo miraba, ya no sentía miedo; ya no quería esconderse ni huir de él. Sólo quería sentir el contacto de sus manos, de su boca, de su cuerpo entero.

—Me refiero al sueño de mi vida, al hombre que estoy buscando, a un hombre capaz de darme algo más que placer y una cara bonita. Emily dice que son estupideces mías y que no debería leer tantas novelas románticas, pero… no es verdad, no es sólo eso, es algo que siento aquí, Jacob, en el corazón. Algo que necesito. Y no me voy a contentar con menos. Quiero…

—¿Qué quieres, Renesmee? ¿Un cuento de hadas? —ironizó él.

—No, no busco un príncipe azul. Sólo quiero el hombre de mis sueños.

—Por supuesto. Y un hombre lobo no puede ser el hombre de tus sueños —dijo Jacob, con amargura.

—Esto no tiene nada que ver con el aspecto físico. Es algo emocional. Quiero un hombre que me ame, Jacob, un hombre que me quiera más que a nada en el mundo, que quiera abrazarme mientras admiramos una puesta de sol, que quiera tomar un café conmigo mientras miramos el amanecer y que me tome entre sus brazos, a la luz de la luna, por el simple placer de estar conmigo.

Jacob no dijo nada. Todavía tenía las manos en los bolsillos, y la miraba con una mezcla de frustración, rabia y un sentimiento que Renesmee no supo reconocer.

—Busco un hombre capaz de reír y de compartir su vida conmigo, voluntariamente —continuó—. Y busco un hombre que quiera todo eso porque… me ame. ¿Lo entiendes ahora, Jake?

Jacob suspiró.

—Sí. Entiendo que estás buscando un imposible, algo completamente irreal. Cuando busques a un hombre de verdad, dímelo.

Ella apretó los puños, molesta.

—¿Un hombre de verdad? Pues supongo que eso te excluye a ti, porque un hombre de verdad no tendría miedo de lo que siente. No tendría miedo de compartir sus sentimientos con los demás.

—¡Por Dios! —dijo él, mirando el techo con desesperación—. Lo sabía. En cuanto te vi en ese restaurante, supe que lo ibas a complicar todo.

—Esto se ha complicado sin mi ayuda —le recordó—. ¿Sabes qué me asusta a mí? Lo que siento cuando me acerco a ti, la fuerza de esta atracción. Yo no soy capaz de separar el amor y el sexo, Jacob. No puedo, es imposible… lo he intentado antes y nunca he podido. Lo que ha ocurrido esta noche lo demuestra; de tener miedo de ti, he pasado a desearte con toda mi alma. Pero…

—Pero no es suficiente —la interrumpió—. Maldita sea, Renesmee, yo tampoco me había sentido así en toda mi vida. Los licántropos sólo tenemos un amor. Y aunque no te puedo prometer el amor que buscas, puedo prometer que te seré fiel hasta el final. Ahora que te encontrado, no volveré a desear a otra persona.

—Ojalá pudiera contentarme con eso —murmuró ella—, pero no puedo. Por muchas promesas que hagas, Jacob, nuestra relación no duraría sin amor. Sólo quiero ahorrarme un desengaño inevitable.

Renesmee habló con seguridad, pero ya no estaba tan convencida de tener razón.

—¿Sabes una cosa, Renesmee? La vida no hace siempre lo que queremos. Y digas lo que digas, sé que confías en mí. Como tú misma has dicho, no te habrías dejado llevar si no confiaras en mí.

—Mi cuerpo confía en ti, Jacob; mi cuerpo, no mi corazón —afirmó—. No pretendo llevarte la contraria; sólo quiero ser sincera contigo… tú no crees en el amor y yo busco el amor. ¿Por qué meternos en algo que va a terminar mal?

Jacob maldijo en voz alta y se alejó hacia la puerta. Cuando ya giraba el pomo, añadió:

—Renesmee… entre tus malditos sueños y tus malditas pesadillas, no me das ninguna oportunidad. Eres tú la que la aleja a la gente.

Jacob salió de la habitación y cerró la puerta.
 
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Solos tú & yo * Capítulo 9

MediaAdaptación



CAPÍTULO 9:

De repente yo sentí a Edward cruzando en mi calle. Corro al espejo (de nuevo) y agito mi ropa, asegurándome de que todo esté donde debería estar - el vestido, el sostén, la nueva ropa interior - con la esperanza de que todos se mantenga en su lugar.


Después de que la vendedora de Victoria´s Secret y yo limpiamos el desorden, ella me ayudó a elegir este bonito juego de sostén y panty que no esta hecho de algodón, ni es vergonzosamente sexy, y honestamente tampoco de mucho apoyo en cubrir cualquier cosa, pero supongo que ese es el punto. Después fui a Nordstrom donde compré un bonito vestido verde y algunas cuñas Strappy a

juego con el vestido. De regreso a casa me detuve para una rápida manicura / pedicura, que es algo que aunque no lo haya hecho desde, bueno, desde antes del accidente en que me robaron mi vieja vida para siempre, cuando yo solía ser popular y femenina como Jessica.

Solo que yo realmente nunca fui como Jessica. Quiero decir, pude haber sido popular y animadora pero yo nunca fui un obstáculo.

-Qué estás pensando?- Edward me pregunta, dirigiéndose directamente hasta mi habitación ya que Esme no está en casa.

Yo lo observo, viendo como él se inclina contra la puerta y sonríe. Con sus atractivos pantalones vaqueros obscuros, camisa y chaqueta oscura así como sus botas negras de motociclista que siempre usa, mientras siento mi corazón saltar dos veces.

-Yo estaba pensando en los últimos cuatrocientos años-. Respondo, mientras sus ojos se vuelven obscuros y preocupados, -pero no en la forma en que tú piensas-, añado deseosa de asegurarle que yo no estaba obsesionada pensando en su pasado una vez más. -Yo estaba pensando en todas

nuestras vidas juntos, y cómo nunca... nosotros...-

Él levanta la frente mientras una sonrisa juega en sus labios. Supongo que satisfecho de que esos cuatrocientos años han acabado. Veo como se mueve hacia mí, deslizando sus brazos alrededor de mi cintura, y tira de mí apretándome hacia su pecho. Mis ojos paseándose en su plano rostro, sus ojos, su suave piel y sus irresistibles labios, apreciando todo de él.

-Estoy muy contento- dice, mientras sus ojos miran los míos. -No, pensándolo mejor, es mucho más que eso, porque la verdad es, que yo estoy explotando de alegría, de hecho estoy extasiado.

Él sonríe, pero un momento más tarde frunce sus cejas, diciendo:

-No, eso todavía no lo explica. Creo que necesitamos una nueva palabra.- Él se ríe acercando su boca a mi oído susurrando:

-Tú nunca has estado más bella que esta noche. Y quiero que todo sea perfecto yo quiero que sea todo lo que soñabas que sería, sólo espero no decepcionarte aún.

Me paro, frente a su cara, preguntándome como él aún podría pensar tal cosa cuando todo este tiempo he sido yo la que ha estado preocupada sobre no decepcionarlo.

Él coloca su dedo debajo de mi mentón, levantado mi cara hasta que mis labios se encuentran con los suyos. Y yo le devuelvo el beso con tal fervor, que retrocede y dice:

-Tal vez deberíamos dirigirnos directamente al Montage.

-Okey- murmuro buscando sus labios. -Excepto que no podemos, Alice me matará si me olvido de su debut-. Sonrío, esperando a que él sonría también.

Sólo que no lo hace. Y cuando él me mira con su cara tan estirada y seria. Todas mis vidas siempre se tambaleaban durante esta noche, esta noche nosotros que habíamos planificado estar juntos. Y en una resistente víspera no recuerdo los detalles, él claramente si lo hace.

Pero luego con la misma rapidez regresa el color y toma mi mano cuando dice. -Bueno, por suerte para nosotros esto es bastante estupendo ahora, por lo que no hay nada que nos separe.

Lo primero que me doy cuenta mientras nos dirigimos para nuestros asientos es que Rosalie está al lado de Emmett. Aprovechando al máximo la ausencia de Royce, presionando su cabeza contra su hombro de una manera que permita tener su mirada sobre él con adoración y sonriendo a todo lo que dice. La segunda cosa, es que tengo la sensación de que mi asiento también está al lado del de Emmett. A diferencia de Rosalie, no estoy en absoluto encantada. Pero siento a Edward, ya reclamando el asiento posterior, y no quiero hacer un espectáculo grande de movimiento, de mala gana me hundo en el mío, su atención es tan incómoda, que no puedo dejar de retorcerme.

Miro fijamente alrededor del teatro todo lleno, tratando de mantener fuera de mi mente a Emmett, y estoy aliviada cuando veo a Royce por el pasillo, con su habitual conjunto de jean apretado negro, correa de tachones, la fresca camisa blanca y corbata fina a cuadros, sus brazos están ocupados con los caramelos y botellas de agua, mientras su negro pelo se arroja en sus ojos. No puedo evitar

soltar un suspiro de alivio, viendo como él y Rosalie son perfectos el uno para el otro, y yo estoy gritando ya que no ha sido sustituido.

Agua?.- Él pregunta, con las compras en el asiento del otro lado de Rosalie y pasa dos botellas hacia mí.

Tomo una para mí y trato de pasar otra a Edward, pero él solamente sacude su cabeza y bebe sorbos de su bebida roja.

-Qué es eso?.- Emmett me pregunta señalando hacia la botella, su inoportuno toque envía un escalofrío por mi piel. -Tú chupas esa cosa como si estuviera enriquecida. En tal caso, compartan la riqueza. Nosotros no tenemos aquí para el frío -Él se ríe, ampliando su mano y meneando sus dedos, echando un vistazo entre nosotros con una pizca de desafío en sus ojos.

Estoy a punto de iniciar con los peros, temiendo que Edward podría estar de acuerdo, con darle a Emmett una probadita, pero la cortina se despliega y la obra comienza. Y aun cuando Emmett se rinde y se inclina hacia atrás en su asiento, su mirada fija no se separa de mí.

Alice estuvo asombrosa. Tan asombrosa que de vez en cuando me encuentro realmente enfocada en las líneas que ella habla y las letras que cantan, mientras el resto del tiempo mi mente está preocupada por el hecho de que estoy a punto de perder mi virginidad, por primera vez, en cuatrocientos años.

Quiero decir, es tan asombroso pensar que de todas aquellas encarnaciones, de todas las veces que nos encontramos y nos enamoramos, nunca, ni una vez hemos logramos sellar el trato.

Pero esta noche, todo cambiará. Esta noche enterraremos el pasado y pasaremos hacia el futuro de nuestro amor eterno.

Cuando la cortina finalmente se cierra, nos levantamos y nos dirigimos a los bastidores. Pero mientras alcanzamos la puerta de atrás, doy vuelta hacia Edward y digo:

-Edward! olvidamos parar por la tienda y comprar algunas flores para Alice.

Pero Edward sólo sonríe, sacude su cabeza y dice:

-Tenemos todas las flores que necesitamos aquí.

Me retuerzo, vagando hasta donde él está, alzando mis ojos, él está con las manos vacías como yo.

-De qué estás hablando?- Susurro, sintiendo la maravillosa carga eléctrica caliente en mí, mientras él coloca su mano sobre mis brazos.

-Bella- Dice con un divertido mirar en su rostro. -Esas flores ya existen en el nivel cuántico. Si deseas acceder a ellas en un plano físico, todo lo que tienes que hacer es manifestarlo como te enseñé.

Miro alrededor, asegurándome que nadie está escuchando nuestra extraña conversación y avergonzándome cuando admito que no puedo.

-No sé como- digo, deseando que él sólo haga las flores y termine de una vez por todas. Este no es momento para una sesión.

Pero Edward no lo creé.

-Claro que puedes. No te he enseñado nada?

Presiono mis labios y miro fijamente el suelo, porque la verdad, es que él ha intentado enseñarme mucho. Pero yo soy una mala estudiante y fui tan vaga que es mejor si dejo que él manifieste las flores.

-Hazlo tú.- Digo, ceñuda ante la desaprobación que transforma su cara. -Eres mucho más rápido que yo. Si yo lo intento, esto se va a convertir en una escena, la gente se va a dar cuenta, y nos van a obligar a explicarlo…

Él menea la cabeza, sin dejarse llevar por mis palabras.

-Cómo vas a aprender si siempre lo hago yo?

Suspiro, sabiendo que tiene razón pero sin querer perder nuestro precioso tiempo, en intentar manifestar un ramo de rosas que bien podría nunca aparecer.

Lo único que quiero es tener las rosas en mis manos, decirle bravo a Alice, e irnos al Montage y seguir con nuestros planes. Y hace unos momentos parecía que eso era lo mismo que él quería.

Pero ahora se puso todo serio y profesional, y para ser honesta, esta poniéndome de mal humor.

Tomo un respiro y sonrío dulcemente, mis dedos alrededor de su solapa cuando digo:

-Tienes razón, y prometo mejorar. Pero estaba pensando que quizás sólo por esta vez, lo podrías hacer tú, ya que eres mucho más rápido que yo… -lo acaricio suavemente sabiendo que está a punto de darse por vencido. -Quiero decir, cuanto más rápido consigamos el ramo, más rápido vamos a poder irnos, y luego…

Y ni siquiera llego a terminar porque él cierra los ojos, extiende una mano como para agarrar un ramo, mientras miro a nuestro alrededor, asegurándome de que nadie nos mira, esperando terminar con esto pronto.

Pero cuando vuelvo mi mirada a Edward entro en pánico. Porque no sólo su manos están vacías, su sudor baja por sus mejillas por segunda vez en 2 días.

Lo que no llamaría la atención si no fuese porque Edward no suda.

Así como nunca se enferma y nunca tiene días malos, el tampoco suda. No importa que temperatura haga, sin importar cuál sea la tarea que tenga que hacer, el siempre se mantiene fresco, calmado y perfectamente capaz de enfrentar lo que este delante de él.

Hasta ayer, cuando no pudo entrar al portal.

Y ahora, que no puede manifestar un simple ramo para Alice.

Y cuando le toco el brazo y le pregunto si está bien, recibo solo una mínima parte de las cosquillas y calor que recibo siempre.

-Claro que estoy bien.- Él dice, abriendo los parpados solo para mirarme, antes de cerrarlos fuertemente de nuevo. Y aun cuando lo vi brevemente, lo que llegue a divisar en su mirada hace que me sienta fría y débil.

Esos no eran los amorosos y cálidos ojos a los que estoy acostumbrada. Esos ojos eran fríos, distantes, remotos… justo como los que vi antes esta semana. Y veo como se concentra, su ceño fruncido, su labio superior lleno de sudor, determinado a terminar con esto para que podamos seguir con nuestra noche perfecta. Y sin querer que esto llegue más lejos o que se repita lo del día anterior cuando no logró abrir el portal, me paro al lado de él y cierro los ojos. Viendo un hermoso ramo de una docena de rosas rojas en sus manos, inhalando su dulce aroma mientras siento los suaves pétalos…

-Ouch!- Edward se lleva un dedo a la boca, aun cuando sana mucho antes de llegar a sangrar. -Me olvide de hacer un florero -Dice, claramente convencido de que él hizo las flores solo, y tengo toda la intención de que así sea.

-Déjame intentarlo- Digo, haciendo un esfuerzo por complacerlo. -Tienes toda la razón, necesito practicar.-Agrego, cerrando los ojos e imaginando el que está en el living de mi casa, el que tiene esos complicados dibujos con facetas luminosas.

-De cristal?- se ríe. -Cuánto quieres que crea que gastamos en esto?

Me rio también, aliviada de que toda la incomodidad haya pasado y que este bromeando de nuevo, tomando el florero que deposita en mis manos, mientras dice:

-Aquí tienes. Dale esto a Alice mientras yo voy a buscar el auto y lo estaciono a la salida.

-Estás seguro?- Pregunto, notando como la piel alrededor de sus ojos parece pálida y tirante, y su frente está un poco pegajosa y húmeda. -Porque bien podríamos entrar, darle nuestras felicitaciones, y salir. No tiene por qué ser gran cosa.

-De esta manera podemos evitar la larga fila de coches y ser más rápidos cuando queramos irnos.- Sonríe. -Creí que estabas ansiosa por irnos.

Lo estoy. Estoy tan ansiosa como él. Pero también estoy preocupada.

Preocupada, porque no puede hacer una manifestación, preocupada por la mirada fría de sus ojos… manteniendo la respiración mientras toma un trago de su bebida, recodándome cuán rápido sanó su herida, convenciéndome de que eso es una buena señal. Y sabiendo que mis preocupaciones solo lo van a hacer sentir peor, aclaro la garganta y digo:

-Esta bien. Tu ve a dejar el coche y yo te encuentro adentro. -Sin poder ignorar la frialdad de sus mejillas cuando le doy un beso.
 
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