Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 9 de febrero de 2016

¿Nuestro destino? * Capítulo 1

Summary: Bella y Edward han viajado por muchas vidas, han combatido a centenares de enemigos oscuros, para poder estar juntos. Pero cuando su deseado destino casi esta en sus manos, Edward cae en una maldición poderosa. Un simple contacto entre ellos le causaría la muerte a Edward llevándoselo a Shadowland. Bella desesperada por salvar a Edward, consigue ayuda de un surfo: James. Aunque se acaban de conocer, James le resulta muy familiar. Traicionando a Edward, Bella es atraída por James, con su cabellera rubia, sus ojos verdes, sus poderes mágicos y un pasado muy misterioso. Bella sabe que Edward es su alma gemela y nunca lo olvidara. Pero al pasar del tiempo, su conexión con James crecerá más y será más fuerte, poniendo a prueba su amor por Edward como nunca antes...
N/A:  Los personajes son de la magnifica Meyer. Continuació de "Solos tú y yo". Adapatción del libro de Alison Nöel Shadowland





CAPÍTULO 1 

"Todo es energía".

Los oscuros ojos de Edward se enfocan en los míos, me insta a escuchar, escuchar de verdad esta vez. "Todo está alrededor de nosotros". Su brazo barre delante de él, trazando un horizonte de colores que pronto cambia a negro.

"Todo lo que en este universo, aparentemente es sólido, no lo es, es energía pura, energía que vibra. Y mientras que nuestra percepción puede convencernos de que las cosas son sólidas, líquidas o gaseosas, en el nivel cuántico, todo es sólo partículas dentro de partículas, que es toda la energía".

Aprieto los labios y hago un gesto con la cabeza; la voz en mi cabeza no deja de repetirme: ¡Dile! ¡Dile ahora! ¡Sal del estancamiento, acaba de una vez! ¡Apúrate, antes de que empiece a hablar de nuevo!

Pero no lo hago. No digo ni una sola palabra. Solamente espero a que termine, para continuar, aunque sé que puede tardarse aún más.

"Levanta la mano". Él asiente con la cabeza, con la palma de su mano hacia fuera, moviéndose hacia la mía. Levantando el brazo lentamente, con cautela, decidido a evitar cualquier contacto físico, cuando dice: "Ahora dime, ¿qué ves?"
Miro, sin saber que buscar, encogiéndome de hombros le digo: "Bueno, veo la piel pálida, dedos largos, un lunar o dos, y una urgente necesidad de una manicura..."

―Exactamente". Sonríe, como si acabara de pasar la prueba más fácil del mundo. ―Pero si lo pudieras ver, como es realmente, no verías nada en absoluto. En lugar de eso verías un enjambre de moléculas que contienen protones, neutrones, electrones y quarks. Y dentro de los diminutos quarks, hasta el punto más minúsculo, se vería nada más que energía pura, vibrando y desplazándose a una velocidad lo suficientemente lenta, que parece solida y densa, pero con la suficiente rapidez, que no puede ser observada como lo que verdaderamente es".

―Entrecierro mis ojos, no muy segura de lo que creo. No importa el hecho de que él ha estado estudiando estas cosas durante unos cientos de años‖.

"En serio, Bella. Nada es independiente". Se inclina hacia mí, concentrándose totalmente en el tema.

"Todo es uno. Las cosas que aparecen en materia densa, como tú y yo, y esta arena en la que estamos sentados, en realidad sólo son una masa de energía vibrando lo suficientemente lento como para parecer sólida, mientras que cosas como fantasmas y las bebidas espirituales vibran tan rápidamente que son casi imposibles de ver para la mayoría de los seres humanos".

"Veo a Jake," yo digo, ansiosa de recordarle todo el tiempo que pasé con mi hermano fantasma. ―O al menos lo hacía antes, ya sabes, antes de que cruzara el puente y siguiera adelante".

"Y eso es exactamente porque no podrás verla nunca más". Él asiente "Su vibración es demasiado rápida. Aunque hay quienes pueden ver más allá de todo eso".

―Ahora levanta la mano otra vez y ponla cerca de la mía, hasta tocarme‖.

Dudo, llenando la palma de mi mano con la arena, indispuesta a hacerlo. A diferencia de él, sé el precio, es decir, las horribles consecuencias que el contacto más mínimo de la piel puede traer.

Es por eso qué he estado evitando tocarlo desde el viernes pasado. Pero cuando lo miro detenidamente otra vez, su palma esperando la mía, suspiro y levanto mi mano también; me quedo sin aliento al ver que él esta tan cerca de mí.....la distancia que nos separa es extremadamente pequeña.

―¿Lo sientes?― Él sonríe. ―¿Ese cosquilleo y calor?‖ Esa es nuestra energía de conexión".

Mueve la mano hacia atrás y adelante, manipulando la inserción y extracción del campo de fuerza de la energía que hay entre nosotros.

―Pero si todos estamos conectados, como tú dices, entonces ¿por qué no todos pueden sentir lo mismo?" Susurro, sintiendo el flujo magnético innegable que nos une, haciendo que el calor más maravilloso, siga su curso a través de mi cuerpo.

―Todos estamos conectados, todos nosotros estamos hechos de la misma fuente vibrante.

Pero mientras algunas energías se sienten frías y otras tibias, la que está destinada para ti.....se siente como está‖.

Cierro mis ojos y doy la vuelta, permitiendo a las lágrimas derramarse sobre mis mejillas, ya no era capaz de seguir ocultándolas. Saber que está excluido de la sensación de la piel, el roce de los labios, la comodidad caliente y sólida de su cuerpo sobre el mío. Este campo de energía eléctrica que tiembla entre nosotros es lo más cercano que obtendrá, gracias a la horrible decisión que tomé.

"La ciencia‖; es hora de ponerse al día con lo que los metafísicos y los grandes maestros espirituales han sabido durante siglos. Todo es energía. Todo es uno.

Puedo oír la sonrisa en su voz cuando se acerca, deseoso de entrelazar sus dedos con los míos. Pero me alejo rápidamente, acaparando su atención en el tiempo justo para ver la expresión de dolor que expresa su rostro, la misma mirada que ha estado dando, desde que lo hice beber el antídoto que lo devolvió a la vida. Preguntándose por qué estoy actuando tan tranquila, tan distante, porque me niego a tocarlo cuando sólo unas pocas semanas antes yo no podía conseguir lo suficiente.

Incorrectamente, asume que es a causa de su conducta dañina, su coqueteo con Jessica, su crueldad hacia mí, cuando la verdad es que no tiene nada que ver con eso. Estaba bajo el hechizo de Emmett, toda la escuela lo estaba. No fue su culpa.

Lo que él no sabe es que mientras el antídoto lo devolvió a la vida, el que yo añadiera mi sangre a la mezcla fue lo que aseguro que nosotros nunca pudiéramos volver a estar juntos. Nunca.

Jamás.

Para toda la eternidad.

―¿Bella?―, él susurra, con su voz profunda y sincera. Pero no puedo mirarlo. No puedo tocarlo. Y seguramente no puedo pronunciar las palabras que él merece oír:

Estropeé todo- lo lamento Emmett me engaño, y yo estaba desesperada y fui lo suficientemente estúpida para caer en su trampa - y ahora no hay ninguna esperanza para nosotros porque si tú me besas, si cambiamos nuestro ADN - Tú morirás- No puedo hacerlo. Soy muy cobarde. Soy patética y débil. Y simplemente no hay manera de que pueda encontrar el valor dentro de mí.

―¡Bella, por favor!, ¿Qué pasa?―, él pregunta, alarmado por mis lágrimas. "Tú has estado así por varios días. ¿Es por mí? ¿Es algo que hice? Porque tú sabes que yo no recuerdo mucho de lo que sucedió, y los recuerdos están empezando a aparecer, así que tú debes saber que no era yo en realidad. Yo nunca te haría daño intencionalmente‖.

Me abrazo muy fuerte, hundiendo mis hombros e inclinando la cabeza. Yo deseaba hacerme más pequeña; tan pequeña que él no pudiera verme. El saber que lo que él dice es verdad, que él es incapaz de hacerme daño. Sólo yo podría hacer algo tan hiriente, tan imprudente, tan ridículo e impulsivo. Sólo yo podría ser lo bastante estúpida para caer en la trampa de Emmett. Tan impaciente de probarme que el amor que sentía por Edward era totalmente verdadero. Quería o creía que era la única que podría salvarlo - y ahora mira el desastre que he hecho.

Él se mueve hacia mí, deslizando su brazo alrededor de mí, agarrándome la cintura y acercándome a él. Pero no puedo arriesgarnos a tanta cercanía, mis lágrimas son mortales ahora, y deben estar alejadas de su piel.

Me pongo de pie y corro hacia el océano, metiendo mis dedos del pie en la orilla y permitiendo a la blanca y fría espuma, meterse entre mis dedos. Sintiendo el deseo de poder bucear bajo su inmensidad y ser arrastrada por la marea. Algo para evitar decir las palabras, cualquier cosa para evitar decirle a mi único y verdadero amor, mi compañero eterno, mi alma gemela en los últimos cuatrocientos años y que me ha dado la eternidad.

Que he traído nuestro fin.

Permanezco así, quieta y en silencio. A la espera de que el sol se ponga, hasta que yo finalmente dé vuelta para afrontarlo. Tomando un vistazo, casi indistinguible en la noche, hablando más allá de la picadura que siento en la garganta, cuando murmuro, "Edward... bebé... hay algo que debo decirte‖.


jueves, 4 de febrero de 2016

Los placeres de la noche * Capítulo 10

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 10

Kyrian se despertó en cuanto se abrió la puerta de su habitación. Adormilado, notó cómo Rosa en-
traba al dormitorio y se preguntó el motivo, ya que la anciana jamás lo había hecho antes.

Se dio la vuelta hasta quedar de espaldas sobre el colchón.

–¿Qué pas...?

Su voz se desvaneció al tiempo que una red ligera y brillante lo inmovilizaba en la cama. La furia lo

dejó petrificado. No podía soportar que lo mantuvieran atrapado, especialmente si estaba tumbado de

espaldas. Una locura asesina se apoderó de él, exigiéndole la sangre de su captor.

Hasta que vio a Rosa.

La mujer estaba junto a la cama, con la frente cubierta de sudor, mirándolo con los ojos vacíos e

inexpresivos. Murmuraba la misma letanía en español una y otra vez:

–Tienes que matarlo, tienes que matarlo.

Muy lentamente, alzó el cuchillo que llevaba en la mano.

–Rosa –la llamó Kyrian con la voz más tranquila de la que fue capaz–. Baja el cuchillo.

–Tienes que matarlo... –la anciana dio un paso hacia la cama.

–Rosa, no lo hagas. Deja que me levante, por favor.

La mujer temblaba tanto que Kyrian temía que sufriera un infarto en cualquier momento. Ese frágil

cuerpo no podría soportar la presión a la que lo estaban sometiendo.

–Desiderius dice que eres malo, m’ijo. Debes morir.

Intentó pensar en algún modo de alcanzar la mente de Rosa, confundida por toda esa locura, y

traerla de vuelta a la realidad.

–Rosa, tú me conoces y sabes que eso no es cierto.

La anciana alzó el cuchillo aún más.

Totalmente indefenso bajo la red, miró la brillante hoja metálica, esperando que cayera sobre él.

Quería suplicar a Rosa que se detuviera, gritarle hasta que lograra escucharlo, pero no se atrevía por

temor a lo que le pudiera suceder. Rosa estaba sometida a una enorme presión y él no quería empeorar

la situación. Moriría antes de hacerle daño a la anciana.

En ese momento su móvil sonó.

–Lo sé, Desiderius –susurró en español–. Lo sé. Debe morir. –Le colocó una mano sobre el pecho,

como si de ese modo pudiera inmovilizarlo aunque, de todos modos no podía moverse; la red lo tenía

totalmente atrapado–. Debo despedazarlo.

Kyrian se puso rígido en el instante en que el cuchillo descendió.

Se clavó en el colchón, a escasos centímetros de él.

–M’ijo –susurró Rosa. Sus ojos recobraron la expresión habitual, un segundo antes de quedarse en

blanco y caer al suelo.

Aterrorizado por el estado de la mujer y frenético por su propia vulnerabilidad, Kyrian forcejeó para

librarse de la red, pero fue inútil. Era una de las redes de Artemisa y ninguna presa escapaba una vez

capturada bajo ellas.

¡Por todos lo dioses! ¿Cómo había llegado a manos de Rosa semejante arma? Ni siquiera Desiderius

debería tener acceso a ella. Sólo un dios o un semidiós podían reclamar el uso de un arma inmortal y

sacarla del lugar donde se custodiaba. Y Artemisa, en particular, se encargaba de que sus armas estu-
vieran a buen recaudo.

¿Y cómo podía el Daimon haber controlado la mente de Rosa desde un refugio? Ninguno de ellos era

tan poderoso.

¿Qué coño estaba pasando?

Aunque sabía que era inútil, siguió forcejeando para liberarse de su confinamiento. Con cada minuto

que pasaba los recuerdos afloraban a su mente.

«¿Qué se siente, comandante?» La voz de Valerius se burlaba de él desde el pasado. «Estás total-
mente sometido a mi voluntad. Indefenso.» Todavía podía ver con nitidez la sonrisa burlona del romano,

y sentir la agonía de la tortura. «Voy a disfrutar viendo cómo te retuerces de dolor y me pides clemen-
cia.»

La realidad comenzó a difuminarse para Kyrian. Luchó para respirar con normalidad. No volverían a

atraparlo, no así. Comenzó a luchar como un poseso para librarse de la red, utilizando toda la fuerza de

la que era capaz.

Una hora después del anochecer, Nick entró en la casa seguido de Amanda y Talon.

–¿Rosa? –gritó mientras atravesaba a la carrera la cocina y el salón, de camino hacia las escaleras–.

¿Kyrian?

No hubo respuesta. El extraño silencio resonaba en los oídos de Amanda mientras seguía al Escudero

hasta la habitación de Kyrian.

Nick abrió las puertas con tanto ímpetu que las cortinas que rodeaban la cama se agitaron por el ai-
re.

La habitación estaba vacía.

Amanda se detuvo, temerosa, en la puerta mientras echaba un vistazo a su alrededor. No había na-
da fuera de lo normal, excepto las sábanas.

Aunque... Sentía que algo iba mal. Los poderes que tanto tiempo había mantenido a buen recaudo

comenzaron a agitarse en su interior y conectó con Kyrian sin esfuerzo. Estaba preocupado y furioso.

Talon se acercó a la cama y lanzó una maldición al coger una red plateada.

–Esto es increíble –masculló mientras arrugaba la malla hasta reducirla a una bola que cabía perfec-
tamente en un puño.

–¿Qué es eso? –preguntó Amanda.

–Una diktyon. Una de las redes de Artemisa.

No tenía ni idea de lo que significaba pero, por la expresión del celta, supo que aquello no era nor-
mal. Intuyó que la red no debería estar en la cama de Kyrian cuando él no aparecía por ningún lado.

Una oleada de pánico, más fuerte que la anterior, comenzó a apoderarse de ella.

–¿Y qué hace en la cama de Kyrian?

–No lo sé, pero si él estaba debajo, me temo que quienquiera que lo atrapara se lo ha llevado. –

Talon se inclinó y recogió un cuchillo del suelo.

Amanda sintió que el pánico aumentaba y, en contra de su voluntad, sus poderes se despertaron por

completo y conectaron con Kyrian. No le gustaba en absoluto dejar que sus habilidades psíquicas toma-
ran el control de su mente, pero necesitaba saber si él estaba bien. Necesitaba saber algo, cualquier co-
sa.

Cerró los ojos y lo vio en una estancia de aspecto aséptico. Estaba preocupado, pero no se detectaba

ninguna amenaza a su alrededor.

–Llámalo al móvil –le dijo a Talon.

Él la miró con una expresión que decía a las claras: «¿Otra vez?».

–Ya lo hecho una docena de veces.

–Pues que sean doce y una más.

A Talon no le gustó ni un pelo ese tono tan autoritario y así se lo hizo saber con la mirada.

–Vale –le concedió de mala gana–. ¿Qué más da? En ocasiones hasta las cosas más inútiles tienen

un propósito en la vida. –Sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta y marcó.

–No hay indicios de lucha –dijo Nick, que estaba echando un vistazo por la habitación.

–Kyrian –espetó el celta, mirando a Amanda de forma extraña–. ¿Dónde coño estás?

Ella se acercó un poco más mientras el corazón le latía con fuerza al darse cuenta de que sus pode-
res no se habían equivocado.

–No te muevas hasta que lleguemos. –Talon colgó y miró a Nick–. Está en el hospital. Rosa ha sufri-
do un infarto.

–¡Dios mío! –jadeó Nick–. ¿Cómo se encuentra?

–No me ha dicho nada más, porque no está permitido usar el móvil allí dentro. Dice que nos lo con-
tará todo cuando lleguemos.

Kyrian se paseaba nervioso por la habitación, mitad furioso y mitad asustado. Quería la cabeza de

Desiderius por lo que acababa de hacer. De un modo u otro, iba a conseguir hacerle pagar por todo.

–Por favor, que no le pase nada a Rosa –balbució por enésima vez.

–¿Kyrian?

Al escuchar la voz de Amanda se dio la vuelta y se sintió extrañamente feliz y aliviado cuando la vio

acercarse.

Antes de ser consciente de lo que hacía, la atrajo hasta sus brazos y la sostuvo con tanta fuerza que

ella protestó. Pero no podía evitarlo. El alivio que había sentido al verla sana y salva era demasiado in-
tenso. Ahora que sabía lo fácil que le resultaba a Desiderius penetrar en cualquier casa, no estaba segu-
ra en ningún sitio. El Daimon podía llegar hasta ella en cualquier lado. Podía usar a cualquier persona

para matarla.

La idea lo aterrorizaba y, para empeorarlo todo, en el fondo de su mente, una vocecita le dijo que

Desiderius también podía usarla contra él.

Si le daban la oportunidad.

Le tomó el rostro entre las manos y la besó con ansia. Iba a matar a ese Daimon. En cuanto Deside-
rius saliera de su refugio, acabaría con él. Y, por primera vez en toda su vida, no se arrepentiría de darle

muerte a otro ser.

Al levantar la cabeza vio la censura en los ojos de Talon. Sabía exactamente lo que pasaba por la

mente del celta en esos momentos. Los Cazadores Oscuros tenían prohibido involucrarse en una relación

sentimental. Era la primera norma del Código, y la más necesaria. Nadie podía pensar con claridad si in-
terferían los sentimientos, y él lo sabía de primera mano.

Aún así, la existencia de esa norma no cambiaba lo que sentía por Amanda.

–Necesito que la protejas –le dijo al celta.

Talon lo miró con los ojos entrecerrados.

–Dime qué ha sucedido.

–Desiderius utilizó a Rosa para atraparme. La controló por completo. Si ha podido lograrlo con ella,

puede hacerlo con cualquiera.

Sorprendido, Talon soltó un pequeño silbido.

–Y tú me preguntas que por qué vivo solo...

Ignoró la advertencia que yacía tras las palabras de su amigo, así como la mirada cargada de signifi-
cado que lanzó a la mujer que estrechaba entre sus brazos.

Kyrian miró a Amanda a los ojos y comenzó a acariciarle la mejilla con el pulgar.

–Amanda, necesito que hables con tu hermana. Dile que tenga mucho cuidado y que nunca se que-
de sola. Que una de tus hermanas prepare un hechizo de protección, o lo que quiera que sea que ha-
gan, para que Desiderius no llegue hasta ella. No tenemos ni idea de los poderes que puede tener.

–Supongo que no nos enfrentamos a un Daimon normal, ¿no? –le preguntó ella.

–No. Jamás nos hemos encontrado con algo así. –Volvió a mirar a Talon–. He hablado con D’Alerian

y me ha dicho que Desiderius es capaz de entrar en el subconsciente de los humanos para debilitar

cualquier tipo de resistencia a sus poderes. La ayuda de D’Alerian debería ser suficiente, pero no nos ga-
rantiza protección absoluta. Llama a Acheron y dile que creo que tenemos a un dios haciendo travesu-
ras. Alguno de ellos tiene que estar ayudando a Desiderius; no hay otra explicación posible. Y nos resul-
taría de gran ayuda si supiésemos quién es y por qué.

Talon asintió con la cabeza.

–¿Qué vas a hacer?

–Todo lo que pueda para poner fin a esto hoy mismo. Si consigo encontrar su refugio, voy a entrar.

Talon lo miró disgustado.

–Kyrian, no eres un Cazador Arcadio, ni un Katagari. Si entras, no serás capaz de regresar. Morirás

en el intento o te quedarás atrapado para siempre entre dos dimensiones. Déjame llamar a Kattalakis...

–Ya te he dicho que no podemos poner a un Cazador Katagari cerca de este tío. Ahora lo tengo más

claro que antes. Que Zeus nos ayude a todos si Desiderius consigue una de sus almas. No podemos

asumir ese riesgo. –Miró a Amanda de soslayo y captó la preocupación que se reflejaba en su rostro. La

protegería, sin importar lo que tuviese que hacer–. Segunda regla del Código: haz lo que tengas que ha-
cer. Si muero, tú eres el siguiente. Y si llegamos a ese punto, no falles.

El celta asintió mientras Amanda agarraba a Kyrian del brazo.

–Kyrian –murmuró–. No quiero que salgas solo.

–Lo sé, Amanda. Pero Desiderius es demasiado poderoso y peligroso para dejar que campe a sus an-
chas. Ha estado a punto de matar a Rosa. –No quiso mencionar que también había estado a punto de

matarlo a él. Ninguno de ellos necesitaba saberlo.

Gracias a los dioses que D’Alerian había sentido la confusión del subconsciente de Rosa y había lle-
gado a punto. Si no hubiese sido por la intervención del Guardián de los Sueños, aún estaría atrapado

en la cama.

Y estar atrapado en la cama sin Amanda era algo que no le apetecía demasiado.

–Nick –lo llamó. El Escudero estaba junto a Talon–. Llámame en cuanto el médico te diga algo. –Hizo

el intento de marcharse, pero Amanda lo detuvo.

Antes de darse cuenta de sus intenciones, Amanda tiró de él hasta que sus labios quedaron a la

misma altura y lo besó apasionadamente. Le abrió la boca con los labios para poder alcanzar su lengua.

Kyrian sentía sus manos aferrando las solapas del abrigo. Sentía la preocupación por él y eso inundó de

puro gozo su malherido corazón.

–Ten cuidado –le dijo ella con brusquedad.

Él le acarició la barbilla con ternura.

–Lo tendré.

Lo vio marcharse con una extraña sensación en el estómago.

–Talon, ¿estás seguro de que no puedes ayudarlo?

–Créeme, odio la regla de «nada de ayuda» tanto como tú. Pero si intento echarle una mano, sólo

conseguiré debilitar sus poderes.

Nick le ofreció el móvil.

–Llama a Tabitha y avísala.

Al marcar el primer número, la asaltó otra duda.

–¿Quién es el tal D’Alerian y cómo puede proteger nuestro subconsciente?

–Es uno de los Guardianes de los Sueños de los que te hablamos –le contestó Talon.

Amanda frunció el ceño.

–¿Podéis elegir a qué categoría queréis pertenecer?

Talon negó con la cabeza.

–Los Guardianes de los Sueños son una raza diferente. Son hijos de los dioses; no hay una gota de

sangre humana en sus venas.

–¿Y los Cazadores Arcadios?, ¿de dónde vienen?

–Son mitad humanos, mitad apolitas. Hay Cazadores Arcadios y Cazadores Katagaria. Algunos de

ellos utilizan sus poderes para fines no muy altruistas.

Amanda intentó contener el miedo que la atenazaba en esos momentos. Lo que Talon contaba pare-
cía ser bastante serio.

–Pensaba que eran de los buenos.

–Algunos sí lo son, pero otros son asesinos.

–... con los poderes de un hechicero que puede viajar en el tiempo y en el espacio –siguió ella, sin-
tiendo que se le hacía un nudo en el estómago.

–Y, en ocasiones, también penetran en los sueños –añadió Nick.

Amanda soltó una risa nerviosa.

–¿Sabéis una cosa? Era mucho más feliz cuando no sabía nada de todo esto.

–Precisamente por eso hacemos todo lo que podemos para que nada de esto salga a la luz –le dijo

Talon–. Créeme, los humanos no volverían a dormir por las noches si supiesen lo que los acecha en la

oscuridad.

Aterrorizada, le dio razón con un ligero movimiento de cabeza mientras pensaba si sería capaz de

volver a dormir algún día.

Acabó de marcar el número de Tabitha. Ahora que sabía con qué se estaban enfrentando necesitaba

que su hermana se cuidara del Malvado Señor de los Daimons y vigilara al Cazador Oscuro que se había

convertido en su única esperanza.

Kyrian pasó gran parte de la noche rastreando las calles de Nueva Orleáns sin encontrar nada. De-
siderius aún estaba en su refugio y no había ni rastro de él ni de ningún otro Daimon en las cercanías.

Posiblemente se debiera a que sus poderes aún no estaban del todo bien o a que Desiderius era capaz

de ocultar su presencia. Fuera lo que fuese, no encontró ni una sola pista del Daimon. Ni siquiera con la

ayuda del rastreador electrónico.

Menuda suerte la suya. Jamás se había sentido tan inseguro desde que se convirtiera en Cazador

Oscuro. Y no le gustaba nada la sensación. No cuando la vida de Amanda dependía de que él encontrara

a su enemigo y le parara los pies.

Asqueado y exhausto, regresó a casa. Todo estaba oscuro y silencioso. Amanda estaba en el segun-
do piso. Sentía su presencia como si fuera una caricia y saber que estaba allí lo reconfortaba de un mo-
do que no se atrevía a analizar en profundidad.

Con sólo sentirla en su casa... lo invadía la felicidad.

Pero no fue a buscarla. Tenía demasiadas cosas en la mente. Asuntos que necesitaba meditar. In-
cógnitas que resolver.

Entró en la sala de juegos y cogió el guante y la pelota de béisbol. Acto seguido, salió al atrio para

lanzar unos tiros. Se concentró en la pelota y dejó que su mente vagara a través del doloroso pasado y

de las dudas que aún lo asaltaban.

¿Por qué no lo había amado su esposa?

Desde el día en que Theone lo traicionó, había sospechado de todo aquél que se acercaba a él. Se

había entregado en cuerpo y alma a su esposa, pero aun así no había sido suficiente. Si no había sido

capaz de ganar el amor de su mujer, no podría ganar el de nadie más. Lo tenía muy claro; había asimi-
lado ese hecho con el paso de los siglos. Al igual que se había convencido de que no necesitaba a nadie.

Hasta que apareció Amanda.

La chica había resquebrajado sus defensas y ahora se sentía desnudo frente a ella. Tenía el poder de

abrir su corazón y llegar hasta lo más hondo. La deseaba en cuerpo, mente y alma. Quería reclamarla

por entero.

Un movimiento a su izquierda le llamó la atención. Giró la cabeza y vio cómo Amanda entraba al

atrio vestida con un chándal. Llevaba el pelo recogido en dos trenzas que le caían a ambos lados del

rostro. La indumentaria le confería un aura inocente y casi infantil, pero no había nada que recordara a

una niña en la mujer que se aproximaba a él en esos momentos.

Y esa mujer causaba una verdadera conmoción en el hombre que había en él.

–¿Hace mucho que has vuelto? –le preguntó.

Estaba a punto de contestar la pregunta cuando ella se acercó y le dio un beso en la mejilla, hacien-
do que una extraña sensación se adueñase de él. Todos sus gestos eran cariñosos.

–¿Qué haces levantada? –le preguntó él a su vez–. Son más de la cuatro de la madrugada.

–No podía dormir –contestó mientras caminaba hacia el otro extremo del atrio.

Cuando se dio la vuelta, Kyrian se dio cuenta de que llevaba el guante de Nick. Hizo el gesto de los

jugadores profesionales: alzar la mano enfundada en el guante para indicar que estaba lista.

Sonriendo, él le lanzó la bola con suavidad.

Ella la cogió y se la devolvió con tanta fuerza que, al chocar con su guante, el golpe resonó en las

paredes del atrio y la palma de la mano comenzó a picarle.

–¡Uf! –jadeó, exagerando el dolor. Lanzaba mejor que Nick–. Estoy impresionado.

Ella le guiñó un ojo.

–Soy lo más parecido a un hijo que mi pobre padre ha tenido. Él me enseñó a jugar.

Kyrian le lanzó de nuevo la bola.

–Pues lo hizo bien.

La sonrisa de Amanda se ensanchó.

Estuvieron varios minutos lanzándose la pelota en silencio.

¡Por los dioses! Nunca se había imaginado que pudiese encontrar a una mujer dispuesta a hacer esto

con él a semejante hora de la madrugada. Nick se quejaba, pero ella parecía estar contenta por el sim-
ple hecho de pasar un rato con él.

–¿Qué tal te ha ido? –le preguntó ella–. ¿Lo has encontrado?

–No –contestó con un suspiro–. No puedo descubrir su escondite.

–Ya lo harás.

La absoluta seguridad que transmitía la voz de Amanda le resultó extraña.

–¿Tanto confías en mis habilidades?

–No tengo ninguna duda. No dejarás que nos haga daño.

–No pude ayudar a Rosa.

–Lo siento –le dijo ella mientras cogía la pelota y se la devolvía–. Debe ser duro para ti aceptar lo

ocurrido, pero tú no tuviste la culpa. Hiciste todo lo que estuvo en tu mano para protegerla.

Kyrian apretó la mandíbula.

–Pero duele. Más de lo que creía. Aún no puedo creer que lograra controlarla.

Amanda le sonrió débilmente; sus ojos tenían una mirada cálida y afectuosa.

–Supongo que eso explica cómo entró en mi casa y en la de mi hermana.

Kyrian asintió.

–Lo más probable es que utilizase a Allison. La encontré desmayada en su habitación, igual que le

ocurrió a Rosa. Supongo que la mente humana no puede soportar esa presión durante mucho tiempo.

–Si te sirve de consuelo, Tabitha me dijo que Allison está muy bien y que pronto estará en casa, así

que Rosa se curará y volverá a la normalidad sin ningún tipo de secuelas.

–Es bueno saberlo.

No podía dejar de observarla mientras jugaba con él. Con cada lanzamiento, sentía como caía más y

más. Sabía que se estaba enamorando de ella y no podía evitarlo. No podía luchar contra ese sentimien-
to.

Y, según el juego se fue alargando, su deseo se intensificó. Cada vez que Amanda echaba el brazo

hacia atrás y cogía impulso para lanzar la pelota, la camiseta se le ceñía al pecho. Le encantaba la forma

en que se apartaba de la cara los mechones que habían quedado sueltos con el ejercicio. Y el modo en

sus labios se separaban para respirar entre jadeos, cansada por el esfuerzo.

Comenzó a arrojarle la pelota por encima de la cabeza, de forma intencionada, para que tuviera que

estirar el brazo al recogerla. Cada vez que lo hacía, la sudadera se alzaba y dejaba al aire una pequeña

porción de su vientre que él se encargaba de devorar con los ojos. Y, cuando no lograba cogerla y tenía

que ir corriendo tras ella, el movimiento hacía que sus pechos botaran y que sus caderas se balanceasen

de un lado a otro. Pero lo mejor de todo era cuando se agachaba para recoger la bola y dejaba bien a la

vista ese proporcionado trasero. ¡Por los dioses! Esa mujer tenía el mejor culo...

Incapaz de soportarlo durante más tiempo, se quitó el guante y lo arrojó al suelo.

Amanda se quedó helada al ver cómo Kyrian se acercaba con pasos largos y decididos. Antes de po-
der imaginarse lo que sucedía, la cogió en brazos y la besó ferozmente.

Esos maravillosos músculos la alejaron del suelo mientras se contraían a su alrededor. Debido a su

altura, ningún hombre había sido capaz de alzarla antes, pero Kyrian parecía hacerlo sin que le costara

ningún esfuerzo. El corazón le latía frenético; al lado de él se sentía tan femenina... tan pequeña... y eso

le encantaba.

Le rodeó la cintura con las piernas al tiempo que él la devoraba con la lengua. Sentir esos duros ab-
dominales contrayéndose bajo los muslos era como alcanzar el cielo... Ese hombre era la perfección per-
sonificada.

Kyrian le mordisqueó los labios y ahuecó las manos en torno a su trasero. Gruñendo, abandonó los

labios y bajó hasta el cuello, no sin antes depositar un húmedo beso en su barbilla.

Amanda se derretía cada vez que sentía el cálido aliento de Kyrian sobre la piel. ¡Dios, sí! Esto era lo

que había estado deseando durante todo el día: estar encerrada entre sus brazos, rodearlo con su cuer-
po y demostrarle todo el amor que sentía por él. La necesidad de sentirlo de nuevo dentro de ella hizo

que se estremeciera.

Kyrian también temblaba por la intensidad del deseo. No podía evitar recordar la noche anterior,

cuando se había hundido en ella, o la expresión de su rostro cuando se corrió entre sus brazos. Estaba

ardiendo, pero no se atrevía a hacerle el amor. No ahora. No cuando más necesitaba toda su fuerza pa-
ra acabar con Desiderius. Pero su cuerpo no entendía de razones. Tenía que acariciarla, tenía que sentir

el roce de su piel.

Antes de poder detenerse, cayó de rodillas y la tumbó en el suelo, sobre las frías baldosas.

Amanda tragó saliva al ver esa hambrienta mirada. Kyrian le estaba quitando la ropa con tanta rapi-
dez que apenas si sentía sus manos. Pero, una vez que la tuvo totalmente desnuda, la cosa cambió. Sus

caricias se hicieron más lentas. Completamente vestido, observaba su cuerpo desnudo a la luz de la luna

mientras le acariciaba los pechos, trazando su redondeado contorno y atormentando los pezones con las

palmas de las manos.

–Eres la mujer más hermosa que he visto jamás –le dijo en voz baja.

Amanda sabía que no era cierto. Ella conocía la belleza de Theone; pero, de todos modos, saber que

él lo sentía de aquel modo le provocó un delicioso escalofrío. Él sí que era el hombre más apuesto que

ella había visto jamás. Punto.

Cuando Kyrian se inclinó para besarla, ella alzó los brazos y comenzó a desabrocharle la camisa, pero

él la sujetó por las muñecas y negó con la cabeza. Si dejaba que esas delicadas manos lo tocaran, esta-
ba perdido. En lugar de decir nada, se las llevó a la boca y besó las palmas antes de volver a prestar

atención a su garganta y sus pechos.

Saboreó todo ese cuerpo con los labios, la lengua y los colmillos. Y, mientras lo hacía, notó cómo

despertaban sus poderes. Desesperado y consumido por el deseo, descendió depositando un reguero de

besos desde sus pechos hasta la suave piel del vientre y, desde allí, siguió bajando hasta llegar a los

muslos. Al instante, escuchó el jadeo de Amanda que, de forma instintiva, separó las piernas, quedando

totalmente expuesta a él. En ese momento, el deseo se intensificó de tal modo que se sintió sobrecogi-
do. Era una sensación primitiva y arrolladora. El mundo se reducía a ella. Lo único que escuchaba eran

los latidos del corazón de Amanda resonando en sus oídos.

Temblando a causa de la fuerza de la pasión que lo consumía, cerró los ojos y la tomó con la boca,

saboreando la dulzura de ese cuerpo que tanto anhelaba.

Amanda gimió al sentir cómo la lengua de Kyrian la penetraba. Enterró las manos en su cabello y al-
zó las caderas, acercándose aún más a sus labios, estremecida por la ferocidad de sus caricias. No pudo

evitar sisear ante la increíble experiencia de sentir a Kyrian haciéndole el amor con la boca de un modo

tan voraz y desesperado. Se mostraba implacable, moviendo la lengua sobre su sexo hasta que Amanda

se corrió y gritó, sin poder dejar de agitarse, mientras experimentaba el orgasmo más intenso de su vi-
da.

Pero Kyrian no se apartó. Siguió atormentándola, besándola, trazando pequeños círculos con la len-

gua y con los labios, sin apenas rozarla, e intensificando sus caricias después para llevarla de nuevo a

las puertas de otro orgasmo que prometía ser más devastador que el anterior.

Y así fue.

Cuando se relajó, todo daba vueltas a su alrededor y las terminaciones nerviosas de su cuerpo reac-
cionaban al más mínimo estímulo, sobrecargadas por las sensaciones.

Con la respiración agitada, Kyrian se apartó en ese momento y, gateando al estilo de un felino, se

acercó hasta cubrirla por completo. Sus ojos eran aún más oscuros que antes. Separó los labios y se

quedó mirando fijamente el cuello de Amanda con un deseo tan voraz que ella se quedó perpleja.

–¿Kyrian? –lo llamó.

Apenas la escuchó a través de la neblina que le embotaba la mente. Lo único que percibía en esos

momentos era su aroma, y ese cuerpo presionado bajo el suyo mientras el fuego lo consumía, exigién-
dole más y más.

Tómala. Pruébala. Reclámala.

Hazla tuya...

Apretó los dientes mientras contemplaba la vena que latía en el cuello de Amanda.

Sólo una vez...

Una vez...

Pero ella no lo consentiría, la estaría forzando.

–¿Te pasa algo? –le preguntó Amanda.

Luchó contra la parte de sí mismo que le exigía tomarla sin miramientos. La entrepierna le ardía por

el deseo. Estaba fuera de control.

El aroma de Amanda lo rodeaba; no había nada más. No existía nada que no fuese ella. Y eso lo ha-
cía muy peligroso.

Letal.

Con un gruñido, echó mano de la poca fuerza de voluntad que le quedaba y se obligó a apartarse de

ella.

–Corre, Amanda –masculló.

Ella no dudó ni un instante. Algo iba muy mal. Agarró la ropa y salió corriendo hacia su habitación.

Kyrian escuchó, tendido en el frío suelo, cómo los pasos se alejaban. Rodeó su miembro con una

mano y notó cómo se agitaba, dolorido, bajo la palma. Nunca había experimentado algo parecido a lo

que le estaba sucediendo. ¡Por Zeus! Un minuto más y le habría hundido los colmillos en el cuello.

Cerró los ojos y siguió temblando mientras luchaba por dominarse. Por someter a esa bestia que le

exigía tomar a Amanda una y otra vez, sin importar las consecuencias.

Amanda no dejó de temblar hasta que llegó a su habitación. Nunca podría olvidar la expresión ani-
mal del rostro de Kyrian cuando le había ordenado que huyera. No había tenido miedo de él antes pero,

ahora que había visto claramente al Cazador Oscuro, comprendía por qué los Daimons se meaban enci-
ma cuando se topaban con él.

Intentó calmarse respirando profundamente. Lo único que siempre había deseado era una relación

normal.

Pero claro, pedir normalidad a un vampiro era excederse...

Con el corazón desbocado, se miró al espejo. Tenía los labios hinchados por sus besos y el cuello en-
rojecido allí donde la barba de Kyrian la había rozado.

–¿Amanda?

Se quedó petrificada al oír su voz al otro lado de la puerta.

–¿Qué? –le contestó, insegura.

Él abrió la puerta pero no entró.

–¿Te he asustado?

–¿Quieres que sea sincera?

Él asintió con la cabeza.

–Sí.

Esa mirada ardiente se clavó con más intensidad en ella.

–Lo siento.

Amanda supo que era verdad. Kyrian se sentía culpable y sus ojos lo decían con claridad.

–Si es así, ¿por qué no me has pedido que te lleve a casa? –le preguntó él. Aunque hablaba casi en

un susurro, su voz resonó en el pesado silencio de la habitación.

Ella se puso nerviosa.

–¿Quieres que me vaya?

Kyrian tardó tanto en contestar que pensó que no diría nada. Finalmente, murmuró:

–No.

La sinceridad de la respuesta la dejó atónita. Ni una declaración de amor en toda regla habría conse-
guido sorprenderla tanto como esa escueta respuesta.

Estaba a punto de acercarse a él cuando Kyrian retrocedió y ella se dio cuenta de que aún no debía

haber recuperado del todo el control de sus acciones. Pero aún así lo deseaba.

–Entonces no me iré hasta que me eches.

Se quedó helado. El mundo dejaría de existir antes de que él la apartara de su lado. Y, al instante, lo

asaltó otra idea: cuando el mundo dejara de existir, él aún estaría vivo, mientras que ella... se estreme-
ció al recordar el significado de la palabra «inmortal». Era muy consciente de que para ellos dos no ha-
bría un «y vivieron felices para siempre».




miércoles, 3 de febrero de 2016

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 32

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 32: Por fin es fin de semana. Relatado por Bella

-Bueno ya estamos solas. Cada una nos vamos a poner un disfraz y vamos a cenar a cenar en la casa de Leah, ya que Jacob va a llegar tarde. ¿Os parece bien?.- nos dijo Alice mirando a Esme y a Rose

-Si esta bien, pero tendremos que ayudarla con la cena no la va a preparar ella sola

-Bella tranquila, ella no va a preparar la cena hemos contratado a un cocinero y a una sirvienta  y tu eres la anfitriona y no te vas a poner a hacer nada.- me dijo Esme mirándome tranquilamente

-Bueno se es como decís entonces no me preocupo por nada, pero y después de la cena ¿Qué vamos a hacer?

-Eso es una sorpresa cuñadita, así que hasta mañana no lo vas a saber.- me dijo Rosalie muy sonriente

-Ni un poquito, nada de nada de lo que me tenéis preparado para después de la cena- les dije haciendo un puchero

-Ni un poquito, además ya viene Edward a quedarse contigo para que nosotras nos vallamos de caza.

-Jo….. no es justo

-¿Qué no es justo cariño?.- preguntándome  Edward entrando al comedor

-Nada Edward, cosas nuestras.- dijo Rose levantándose

-¿Has tardado poco o el tiempo ha pasado muy rápido?.- le pregunte levantándome yo también para dirigirme hacia el

-El tiempo os ha pasado muy rápido, hace tres horas que nos fuimos cariño

-Uf….. pues si me han pasado rápido las tres horas.

-Bueno nosotras nos vamos, ¿Dónde nos están esperando?.- dijo Alice dirigiéndose hacia la puerta

-Os esperan pasado el lago, hermanita

-Vale, hasta mañana.- dijo Alice saliendo de la casa

-Que descanses Bella.- me dijo Esme dándome un beso en la mejilla antes de salir detrás de Alice

-Buenas noches y hasta mañana.- nos dijo Rosalie saliendo la ultima de la casa

-Buenas noches y hasta mañana.- les dijimos Edward y yo antes de cerrar la puerta y subirnos a nuestro dormitorio.

Ya en el nos pusimos los pijamas y nos acostamos para que yo durmiera

Por la mañana me levanto Alice como ya era habitual de forma efusiva, ya que hoy era mi despedida de soltera.

Baje con ella a la cocina a desayunar mientras Edward se vestía para reunirse con Carlisle en su despacho para hablar sobre los días que íbamos a estar en nuestra luna de miel. El y Esme nos lo iban a regalar

Cuando desayune nos reunimos todos para ver en lo que habían quedado Carlisle y Edward. Pero en si después de toda la mañana viendo el viaje y los posibles sitios a visitar no supe a donde íbamos a ir porque Edward quería que fuera una sorpresa.

Al mediodía como me encontraba un poco nerviosa por no saber lo que me tenia preparado exactamente Alice para esta noche, simplemente me tome una ensalada y un poco de compota de fruta, no tenia mucho apetito

Pero antes de que me diera cuenta había pasado la tarde y me encontraba en el dormitorio de Alice dejándome peinar y maquillar para ponerme el disfraz de estudiante que íbamos a usar

Me veía tan rara usando una minifalda de tablas azul, una camisa blanca muy estrecha y un chalequito azul con taconazos, que cuando me vi en el espejo estuve a punto de quitármelo pero no me dejaron. Aunque pensándolo bien quizás este disfraz era mejor que el de vampiresa que era la primera opción en la que había pensado Alice, pero había quedado descartada por la presencia de Leah y Emily.



martes, 2 de febrero de 2016

Puddle Jumping * Epílogo

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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EPÍLOGO


Hubo un tiempo en el que creí que no iba a enamorarme. Pero lo hice. 

Esto fue seguido por la idea de que el chico del que me enamoré, nunca podría amarme de regreso. Pero lo hace. 

Y me ama en la mejor forma que sabe hacerlo. 

Cuatro meses pasaron mientras Edward estaba en Inglaterra. Mis temores disminuyeron poco a poco la primera vez que su rostro apareció en Skype. No hizo mucho contacto visual de principio y desviaba su atención de mí a las cosas que le rodeaban, en especial si su mentor veía la televisión demasiado alto. 

Pero aprendimos. 

Tenía que encontrar su camino por su cuenta. Hacer amigos. Adaptarse al cambio. Me di cuenta, incluso en esos breves momentos que tuve con él, que estaba cambiando. Fue difícil para mí, sabiendo que no fui parte de ello. Pero tal vez, de algún modo, sí participé. 

De modo que seguimos la rutina. Todos los jueves a las ocho de la noche, mi Skype sonaba. Me aseguré de estar siempre en el dormitorio. Y mi compañera de cuarto estaba afuera haciendo algo más. Ella y yo teníamos un acuerdo. 

—Te echo de menos. —Observé su rostro en la pantalla a tiempo que miraba fijamente la mía.

—Estaré en casa en veintisiete días.

Sonreí. 

—Lo sé. Y estoy muy feliz por eso.

—Me alegro de que estés feliz. —Sonrió, como si lo dijera en serio. 

—¿Hay algo que te gustaría hacer cuando llegues a casa?

Asintió, su enfoque dirigiéndose al lado izquierdo de la pantalla. 

—Quisiera besarte, si eso está bien contigo.

—Creo que se puede concretar.

* * *

La universidad fue estresante aquel primer semestre, pero los pequeños momentos que podía conseguir con Edward me hicieron sentir menos ansiosa. Más enfocada. Tenía ensayos y tareas que hacer hasta las orejas, aunque no se lo podía decir al chico detrás de la pantalla. 

Me esforcé para conocer gente nueva. Ir a fiestas. Vivir la experiencia de la universidad. Ni una sola vez mi amistad con Rosalie sufrió. No permití que el espacio entre los nuevos amigos que habíamos hecho alteraran las relaciones que ya teníamos. 

La amistad, como una vez le dije a mi novio, es importante. 

Pero tuve espacio. Tuve tiempo para encontrarme a mí misma otra vez. 

Lo mejor de estar separados fue que decidí mi especialidad. Me centré en mí. Establecí una meta que me gustaría lograr por mi cuenta. 

He tenido un montón de logros en mi vida. No morí. Me gradué de la secundaria. Entré en la universidad de mi elección. 

Pero nunca llamaría amar a Edward un logro. Era un honor. Me cambió. Me hizo realmente convertirme en la persona que había intentado tanto ser tantos años atrás. 

Así que no creo que fuera una sorpresa para cualquiera que el estar con mi novio me hizo ver las cosas bajo una nueva perspectiva. Nunca habría conocido el tipo de persona que yo podía ser sin haberlo conocido. Si pude lograr hacer una diferencia en la vida de una persona, ¿por qué no en otros? Tal vez algún día le enseñaré a mi propia clase interpersonal, y algún chico lindo se inclinará contra la pared en un pasillo y le dirá a la chica que lo ama "lo que sea". 

Y me gustaría estar allí para presenciarlo.

Irónicamente, la noche que decidí mi especialidad, fue la primera vez que me preguntó sobre nuestra situación. 

—¿Deseas que no te hubiera dejado?

—Por supuesto. Te echo de menos. Cada día deseo que estuvieras aquí. Pero te alegras de haberte ido, ¿verdad? Mira todo lo que has logrado.

—Me habría gustado que vinieras conmigo. 

—A mí también. 

Era algo que nunca habíamos discutido antes, y mi pecho dolía cuando colgamos. 

Soñaba con él a menudo, y me preocupaba por él constantemente. Y pensé que tal vez, cuando volviera a casa por Navidad, no sería lo mismo, y la distancia era demasiado grande para que volviéramos a conectar. 

Quizá así terminaría todo en una película al estilo Hollywood.

Pero somos más que eso. 

Cuando llegó el día, me situé al lado de Esme, sosteniendo su mano y levantando un cartel amarillo con el nombre de mi novio en él, mientras bajaba del avión. No me sorprendió que primero abrazara a su madre. Pero fue sólo porque una vez que sus brazos rodearon mi cintura, no me soltó. Ni en el aeropuerto. Ni en el auto. Y apenas en la puerta para saludar a su padre. 

De lo contrario... 

Nada había cambiado. No para mal, de todos modos. No, de hecho, se sentía cien veces mejor. Sabiendo lo que era estar separados, hizo que fuera más dulce volver a reconectarnos. 

Él olía igual. Él se sentía igual. Sus ojos recorrían mi rostro mientras sonreía y decía mi nombre una y otra vez hasta que lo besaba para silenciar sus susurros. 

Me quedé en su casa, y a mis padres ni siquiera le importó. Era una adulta y podía tomar mis propias decisiones, y siempre y cuando los Cullen no se opusieran, yo era libre de hacerlo. 

La mañana de navidad, sostuve la mano de Edward mientras sus padres apilaban regalos a nuestro alrededor. Justo antes de que comenzara el desembalaje, mis padres llegaron. Debí haber pensado que era inusual, pero era la mañana de navidad, después de todo. 

Se instalaron junto a la chimenea y repartieron sus propios regalos, hasta que estuvimos rodeados por lo que pareció ser un muro de papeles alegres y cintas plateadas y brillantes. 

No pasó mucho rato hasta que abriéramos cada uno de los regalos. Los agradecimientos fueron intercambiados y, justo cuando creí que estaría libre para cambiar mi pijama y tomar una ducha, la señora Cullen se agachó frente a mí y colocó un sobre en mi regazo. 

—¿Qué es esto? —Tuve una idea que era otro pase para el museo, por lo que entrecerré los ojos, a punto de decirle que en verdad ya no los necesitaba, ya que su hijo tenía acceso ilimitado a las exhibiciones. Pero justo cuando abrí mi boca, mi novio me interrumpió. 

—Le preguntamos a tus padres si no había problema. 

Me quedé mirando su rostro, confundida, mientras tenía el sobre en la mano y la agitaba en su dirección. 

—Hay pases para el museos de aquí, ¿verdad?

El señor Cullen se inclinó hacia adelante y alcancé a ver a mi madre cuando tapó su boca y las lágrimas brotaron de sus ojos. Mi padre inhaló profundamente y exhaló con fuerza. 

Esme se acercó y pasó sus dedos por mi mejilla. 

—Queremos que vayas.

Mis dedos temblaban a tiempo que abría el sobre, y me quedé sin aliento, mirando fijamente el boleto en mi mano. 

—¿En serio?

Fue Edward quien contestó, su voz firme e inquebrantable. 

—Quiero que estés allá, Bella.

Estaba cegada por las lágrimas. 

—¿Estás seguro? ¿Seguro? ¿Con certeza?

No necesitaba que fuera con él, así podía asegurarme que él se encontraba bien. Para asegurarme que mantuviera su rutina y no se sintiera solo.

Él quería que fuera. 

—Estoy seguro y con certeza.

—El vuelo sale el tres —la voz de mamá era temblorosa, y mi padre le tomóla mano. 

Mi mente recorría todas las preguntas sin respuesta y promesas del mañana. 

Pero cuando miré a mi novio y lo vi muy, pero muy sonriente –y que su mirada por fin sostenía la mía por de más de un segundo–, lo supe. 

Hollywood tiene que obtener sus finales felices en algún lado. Y aunque el recorrido esté lleno de golpes y moretones a lo largo del camino, siempre existe una posibilidad de encontrar la felicidad al final. Soy la prueba viviente. 

Mi educación no estará dentro de los contornos de un edificio de ladrillos mientras estoy sentada en una silla de plástico. Ya no. La vida es para vivirla, y si se te ofrece la oportunidad de experimentar cosas excepcionales con una persona extraordinaria, entonces no hay razón alguna en el mundo para negarse. 

Y no me negué. Acepté porque nuestro amor no es diferente al de cualquier otro. Es nuestro, y es todo lo que importa. 

Es una historia real de una chica que se enamora de un chico. 

Nada más. 

Nada menos. 

Y no me gustaría que fuera de otra manera.
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Hola mis dulces lectores!
Pues si, hoy termina esta adaptación, espero que os haya gustado tanto como a mi! La verdad que solté alguna lagrimilla... ustedes?

Dejenme comentarios de los que les pareció esta historia, y nos leemos pronto!

Los amo!

PD: si estas interesado en leer el libro (sin ser adaptado) en PDF ponte en contacto conmigo por cualquiera de mis redes sociales, o por correo en mserranoo213@gmail.com

Instagram: maria213s
Twitter: @MaRiia213
FF: https://www.fanfiction.net/~mariia213
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lunes, 1 de febrero de 2016

¿Amistad eterna?






Hola mis lectores,
y es que hoy vengo con esta reflexión... existe la amistad eterna? esa amistad que aunque lleves años sin verte, sin hablarte, sin contar las cosas cotidianas del día a día sigue del mismo modo, de igual manera y con la misma intensidad que cuando juraste el típico: "amigas/os para siempre"?

Ahora, os voy a contar una historia de mi propia vida:
hace años, muchos años, conocí a mis mejores amigas, siempre en nuestros años de adolecencia estuvimos juntas (con nuestros más y con nuestros menos, pero siempre juntas), para la cosa más simple, para la más complicada, ahí estavamos siempre las tres.
Fue tal nuestra amistad que hasta estuvimos unos años compartiendo la misma casa, y por lo tanto todo lo que pasaba en ella, haciendo que nuestra amistad aun si cabe, fuera más unida.

Por cosas de la vida (ya sabéis: parejas, estudios, nuevas metas...) cada una de nosotras cogió un camino diferente, pero eso no quitó que hablaramos y nos viesemos siempre que fuera posible (perdón, pero... joder! eramos las mejores amigas)

Pero al pasar de los años, la cosa se fue... como ¿enfriando? y la verdad es que ya no es lo mismo...

Y ahora estamos en un punto incomodo, como en una conversación que todos se quedan en silencio y no saben que decir...

No se lo que ha pasado... y la verdad es que las hecho de menos...

Vosotros que pensaís lectores sabios?
Os ha pasado esto también?
Creeís de verdad en la amistad eterna?

Decirme lo que pensaís...os quiero.



Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)
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