Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 12 de enero de 2016

Puddle Jumping * Capítulo 15

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 15


A partir de ahí, Edward hizo lo que dijo. Si hacíamos planes, los mantenía. Su madre se encargaba si parecía que iba en otra dirección. Y me puso primero, lo que se sintió increíble. No fue forzado. Simplemente tuve que establecer expectativas exactas. Decir lo que quería. Ser literal.

Tuvimos un nuevo entendimiento, y funcionó.

Las últimas tres semanas de la escuela pasaron volando. Entre estudiar para los exámenes finales y realizarlos, mi cabeza estaba enfocada en otro sitio. Siempre que podíamos, estudiábamos juntos; ya sea en persona, por la computadora, o teléfono.

Acepté nuestra relación por lo que era: maravillosamente dulce. Nos tomábamos nuestro tiempo. Se basaba en algo más que sexo, a diferencia de las relaciones de otras personas que conocíamos. Incluso si algunos de ellos ya hacían algo más, no me importaba. Mis recuerdos de la secundaria no necesitaban el sexo para ser feliz.

Saqué buenos resultados en mis exámenes finales.

Edward también, obviamente.

No se quedó trabajando hasta tarde el día de la graduación. Se encontraba justo allí en las gradas para aceptar su diploma. Fue agridulce abrazar a Alice luego. Fue más agridulce cuando los brazos de Jasper me rodearon para hacerme girar como una muñeca de trapo, mientras su traje de graduación de color rojo me cegaba.

Edward no golpeó a Jasper. Confiaba en él. Y también los extrañaría. Lo aseguraba. 

Al igual que ellos nos extrañarían.

Fue un logro, y no pude haberme sentido más orgullosa cuando vi a mi novio aceptar su diploma frente a tanta gente y sin tener uno de sus "episodios".

Se sentía como si por fin todo estuviera uniéndose. 

El comienzo de algo nuevo para todos nosotros.

Los días largos conllevan a noches aún más largas y, por lo general, todo eso termina en aburrimiento. Pero no esta vez.

Todos estábamos muy ocupados. Parecía que los meses transcurrían mucho más rápido de lo que pude imaginar. No me malinterpreten, era bueno. Tan sólo respaldaba ese viejo dicho de que el tiempo vuela cuando uno se divierte.

Con Edward entramos en una rutina genial, y parecía estar menos estresado al no ir a clases. Él prosperaba en el museo, centrado en su obra, y en pasar tiempo con nuestros amigos y conmigo. Aunque era evidente que nuestro tiempo a solas era lo que más le gustaba.

Tenía que estar de acuerdo.

Cuando el clima lo permitía, pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo fuera. Algunos de mis mejores recuerdos del verano eran de nosotros bajo unos aislados árboles, en la orilla de un arroyo del bosque detrás de su casa. Un lugar donde podía sentarme y leer libros mientras él pintaba.

Verlo pintar al aire libre era hermoso. Parecía capturar los colores de la naturaleza de una manera tan perfecta, y era casi mágico verlo perderse en lo que tanto amaba. Para entonces, el silencio entre nosotros era cómodo. Se sentía que teníamos todo el tiempo del mundo.

Aquellos meses me hicieron apreciar una gran cantidad de cosas que, quizá, di por sentado durante mucho, mucho tiempo.

John Lennon una vez dijo que la vida es lo que pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes. Él era bastante impresionante, y ahora entendía lo que quiso decir con eso.

Estoy segura de que te preguntas por qué he estado escribiendo acerca de mi relación con Edward. Dejando de lado los obstáculos evidentes que habíamos enfrentado. Dejando de lado el hecho de que éramos jóvenes. Tiene que haber más en la historia, ¿verdad?

A veces los cambios hacen que uno se siente y preste atención, darte cuenta de muchas cosas nuevas. Es como si hubieses estado dormida durante los primeros dieciocho años de tu vida.

Los planes cambian.

La vida cambia.

Y como consecuencia, el amor cambia, también. 

Ayudé a planear la fiesta de su cumpleaños decimoctavo con Esme. 

Obviamente, una fiesta sorpresa no funcionaría, así que nos aseguramos de tener planes decididos y contárselo con mucha antelación, diciéndole que era importante para nosotros celebrar el hecho de que él era increíble, lleno de vida y que estaba en nuestras vidas.

Por supuesto, llovió en su cumpleaños y los planes que hicimos tuvieron que ser modificados, ya que no podíamos estar afuera para una barbacoa en medio de un aguacero. Con su mamá nos sentíamos claramente más decepcionadas que él de que las cosas no salieran tan bien como esperábamos. Pero todos nuestros amigos se encontraban allí, y mantuvimos la cantidad de invitados al mínimo para 
que pudiera ser íntimo. Así significaría algo.

De verdad él parecía estar pasando un buen rato, y Esme me besó en la cabeza mientras limpiaba, luego de que el último de los invitados se marchara. No necesitó decirlo en voz alta, pero era obvio que Edward nunca tuvo una fiesta de cumpleaños con amigos. El hecho de que tuviéramos que hacer una lista seleccionando a quién invitar, para que las personas fueran pocas y la fiesta fuera íntima, hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Voy a admitirlo... mis ojos también se llenaron de lágrimas.

Después de que todos se fueron, la lluvia cesó, y le pregunté a Edward si quería dar un paseo.

La verdad es que quería un poco de tiempo a solas con él en su cumpleaños, y tomaría lo que pudiera conseguir. Salimos a la calle, de la mano, caminando por la acera en silencio mientras la noche se volvía más oscura. Y de repente, me di cuenta de lo que significaba su cumpleaños en términos de nuestra relación.

—Ahora tenemos la misma edad. —Reí, y sostuve su mano con más fuerza.

—¿Eso te molesta? —preguntó, inclinando su cabeza de una manera muy encantadora.

Sacudí la cabeza. 

—No. Me gusta que tengamos la misma edad ahora.

—Técnicamente, sigues siendo mayor que yo por una buena cantidad de meses... —empezó a decir, y lo interrumpí con un apretón juguetón en su hombro.

—No me importan los tecnicismos. Tenemos la misma edad. No lo discutas.

Se había facilitado más con el tiempo. Aún seguía siendo muy literal y siempre lo sería, pero si me expresaba lo bastante bien, él encontraría el humor en las cosas. Caminamos hasta el borde del bosque y me apoyé en un enorme árbol viejo, con hojas gruesas que goteaban sobre mi cabeza. Pero ver a Edward bajo la luz de la luna hacía que cualquier molestia pareciera tan insignificante, que, en algún 
momento, dejé de prestar atención a todo lo demás.

Le susurré al oído que lo amaba y le deseé feliz cumpleaños, prometiéndoleque el siguiente sería aún mejor. Y el siguiente después de ese. Lo besé hasta que estuve segura de que la luna se hallaba celosa.

Entonces, de pronto, la luz de la luna desapareció y el cielo se abrió en un aguacero torrencial. Olvídense de estar molesta por las gotas de lluvia cayendo de las hojas. Ahora era una rata ahogada, riendo histéricamente conforme baldes y baldes de agua caían desde el cielo.

Y cuando un relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno tan fuerte que hizo temblar el suelo bajo mis pies, vislumbré el mismo asombro infantil en el rostro de Edward que tuvo hace tantos años, el primer día que fui a su casa para pretender cuidarlo.

Esta vez, no se cubrió las orejas. En vez de eso, me agarró la mano y empezó a correr, saltando sobre los charcos mientras regresábamos a su casa.

Me encanta ese recuerdo.

Tal vez es el que más me gusta.

El verano casi terminaba y me hallaba tan focalizada, solo viendo a través de un túnel, que no debí haber estado prestando atención. A nada. Porque ahora, cuando miro hacia atrás, creo que hubieron pequeñas pistas.

Creo que las hubo.

La señora Esme llamó y me pidió que invitara a mi familia para una comida al aire libre en su casa. Fue con poca antelación, lo cual fue inesperado. Pero estaba muy emocionada, animándome a llevar a nuestros amigos, también. No parecía nada fuera de lo común invitarlos. Solo que normalmente tenía más de un día de antelación.

De cualquier manera, me presenté escoltada por mis padres. Apenas tuve tiempo suficiente para poner mis cosas en el armario de los abrigos antes de ser abordada por Rosalie y apartada a un rincón lejano del patio trasero, donde solía estar el viejo columpio.

Entre ella hablando hasta por los codos, y la señora Cullen corriendo de ida y vuelta entre el patio y la casa, no noté nada fuera de lo común.

Debí haberlo hecho.

La felicidad... provoca ceguera.

Más tarde me enteré de que Esme le permitió a Edward tomar la decisión de tenernos a todos nosotros allí para anunciar su gran noticia. A diferencia de cuando consiguió el trabajo en el museo y me enteré por ella, ahora quería que su hijo lo anunciara él mismo. Para todo el mundo.

Fue algo completamente nuevo. Sucedió hace menos de veinticuatro horas.

La noticia que rasgaría un agujero en mi pecho de par en par, y causaría que toda mi vida se desmoronara como un castillo de naipes a medio construir.

Se veía tan complacido. ¿Y por qué no iba a estarlo? Realmente era todo un logro. No podía discutirlo. Y me habló directamente a mí cuando lo dijo en voz alta por primera vez. Esme nos reunió alrededor, y animó a Edward para que hablara. 

Su sonrisa era tan eléctrica. Ella estaba tan orgullosa. Radiante por lo lejos que él había llegado. Se puso a mi lado, y apretó mis hombros.

—Él pidió decírselo a todos juntos.

Su padre se quedó con mis padres, prácticamente rebosando de alegría. Es probable que mi mamá y mi papá se hallaran tan confundidos como yo. Y pese a que me encontraba de pie en medio de una multitud de gente en la que confiaba y amaba, nunca me sentí más sola que en ese momento.

Edward, tan feliz y orgulloso, con una gran sonrisa, bajó la mirada por un momento antes de alzarla, y sin más decirlo de la mejor forma que podía.

—Me han ofrecido una pasantía en Inglaterra por medio del museo.

Mi corazón murió.

Cayó, saliendo de mi pecho y aterrizando en el césped brillante bajo mis pies mientras lo miraba fijamente, en silencio por la conmoción.

—Voy a abordar un avión para salir del país el 13 de agosto a las 21:00. —Otra sonrisa. Estallaron aplausos alegres y felicitaciones de parte de la multitud.

A excepción de mí.

A excepción de mí y mis padres. Tal vez tampoco de Rosalie. No recuerdo bien, ya que la confusión era muy abundante. El recuerdo, pese a no es tan antiguo, es difícil de precisar porque es surrealista, ¿sabes?

—El conservador juvenil lo acompañará. Él va a estar bien cuidado —dijo Esme como si fuera la cosa más obvia del mundo, y mi corazón no se estuviera rompiendo a su lado. 

Se me cayó la copa, y el líquido pegajoso mojó los dedos de mis pies. Y creo que ahí fue cuando la gente comenzó a quedarse en silencio.

—¿Qué hay de la universidad? —Mis manos temblaban demasiado, pero no podía hacer que se detuvieran. Habíamos hablado de esto. Yo no me iría tan lejos. 

Hablamos de transferirnos a la misma universidad con el tiempo. Habíamos hablado sobre el futuro...

Me miró con una expresión que me mató por dentro. Tan honesta. Tan pura. 

—Estudiaré en el extranjero. 

Fue entonces cuando perdí todo indicio de control, y mi cabeza cayó sobre mi pecho en tanto empezaba a llorar tanto que no podía ver. 

—¿Me estás dejando? —Algunas manos se apoyaron en mí. Consolándome. 

Mis padres. Tal vez incluso Rosalie, pero no estaba segura, pues no dejé que durara demasiado tiempo.

En su lugar, me abrí paso con rapidez entre todos ellos, sin siquiera decirle algo más a Edward a medida que corría por el patio y entraba a la casa para escapar por la puerta principal.
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