Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 26 de enero de 2016

Puddle Jumping * Capítulo 17

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 17


Me preocupaba a cómo reaccionaría a que trepara por su ventana de nuevo, luego de las semanas que estuvimos separados. Una parte de mí se preguntaba si estallaría en uno de sus colapsos. Otra parte se preguntaba si se encontraría bien, y Esme simplemente exageró para que viniera. 

Camino a su casa, llamé a Rosalie y la conversación más o menos fue así. 

—Su madre vino... 

—La odio. 

—No tuvo intención de que esto ocurriera. Le preguntó si iba a contarme primero. 

—Hmm. Bien. Me reservo el derecho de volver a examinar mi odio en otro momento. 

—Me pintó un retrato de sí mismo. Tiene Te Amo escrito por todas partes. 

—¿De verdad?

—Sí. Me dirijo allí ahora. 

—Llámame más tarde.

Ni siquiera me molesté en aparcar mi coche al otro lado del vecindario. El cielo se estaba poniendo un poco más oscuro, y sabía que el señor Cullen trabajaba como loco, con horas desquiciadas. Y a pesar de que pude haber tocado la puerta, sentí que tenía que subir a ese enrejado por última vez. 

Lo hice, con mi corazón tronando en mis oídos y mis manos temblando por la ansiedad que me ahogaba. Pero una vez que comprobé el pestillo y me di cuenta que la ventana seguía desbloqueada, las lágrimas llenaron mis ojos y tuve que tomar un respiro antes de trepar por ella 

Me pregunté si la dejó desbloqueada todo el tiempo sin pensar en ello... o si la comprobaba todas las noches para ver si todavía estaba abierta, en caso que viniera. 

De cualquier manera... me hizo sentir horrible. 

Trastabillé en la habitación a ciegas, rezándole a Dios una vez más que no rompiera nada mientras intentaba desenredar mis pies de la ventana. Cuando me enderecé, noté que el cuarto de arte se hallaba muy vacío. Todo estaba guardado. 

Se sentía mal. Extraño. Nunca la había visto así antes. 

Por supuesto, Edward no me había dejado antes, tampoco. 

Luego de prepararme por un momento, me acerqué lentamente a la puerta y miré por el pasillo hacia su habitación, notando el suave tintineo de la música filtrándose en el espacio abierto. Vi la iluminación en su habitación cambiar, su sombra apareciendo y desapareciendo con sus pasos. 

De acá para allá. 

Preparándose para irse. 

¿O caminaba de un lado a otro? 

Ya sin preocupación para elegir el momento oportuno, me acerqué a su puerta abierta y me quedé allí, observándolo mientras movía un pie y luego hacia atrás, con la mirada baja, mientras sus manos comenzaban alcanzar algo y luego se detenía, y repetía el movimiento una y otra vez. Parecía estar muy frustrado. 

Golpeé con suavidad su pared, conteniendo la respiración cuando se giró bruscamente y se quedó mirando mi rostro. Simplemente se quedó mirando. Sin decir nada. 

—Hola —saludé en voz baja. 

Su reacción me sorprendió. En un abrir y cerrar de ojos, se lanzó hacia adelante y envolvió los brazos alrededor de mi cintura, presionándome a la pared y enterrando su cara en mi cuello mientras respiraba profundamente y sacaba todo el aire de mis pulmones. 

—Nada funciona —comenzó, con las manos amasando mis costados mientras trataba de nuevo—. Lo intento. Y lo intento. Pero nada funciona. No me puedo concentrar. No puedo... no puedo. 

—Lo siento. —Tuve que detenerme—. Pido disculpas por no haber venido a verte más pronto.

—Estabas molesta. Te lastimé. Algo debe haber ocurrido para que te mantuvieras alejada de mí. ¿Verdad? —Su nariz estaba presionada bajo mi oído, y luché contra otra ronda de lágrimas dado que él simplemente no lo entendió del todo. Él pudo haber estado repitiendo las palabras de Esme hasta donde sé. 

—Te vas. 

Su cuerpo se puso rígido, y poco a poco se apartó de mí para mirar sus zapatos. 

—¿Te gustaría más si me quedara? 

—¡No! —Era una mentira. Pero a la vez no—. Esta es una... grandísima... oportunidad para ti. Tienes que ir —sus ojos si dirigieron a los míos por unos segundos—, pero voy a extrañarte mucho durante tu ausencia.

Asintió un poco. 

—Tu mamá me entregó mi regalo de cumpleaños. Es maravilloso. Gracias. 

Una triste sonrisa curvó su boca. 

—Quería que me tuvieras contigo. 

El dolor en mi corazón creció mil veces más. 

—Lo sé. —Presioné mi mano contra su mejilla—. Fue muy considerado. Igual que las palabras que pintaste... 

Fue entonces que sus ojos se encontraron con los míos. Aún no estoy segura qué fue lo que vio en ese momento, pero se sentía como si estuviera mirando más allá de mi rostro y en mi alma. 

—Yo pinto la verdad, Bella.

Mi corazón se detuvo. 

—Lo hago... te amo. Si necesitabas que lo dijera antes, debiste habérmelo dicho. Sé lo que significa. —La forma en que lo decía era como si las palabras fueran sacadas por sí mismas de su boca casi dolorosamente, su cara retorciéndose mientras salían de sus labios y frunció el ceño—. Este vacío en mi interior aquí —puso mi mano en su pecho—, significa que te amo. Cuando no estás aquí, no me 
puedo concentrar. Hay demasiado ruido... Pero mi corazón hace esto cuando estás cerca. 

Bajo mi palma, la cadencia errática era más evidente de lo que nunca había notado antes. 

—Sueño contigo. Y no me gusta cuando no puedo hablar contigo o verte o tocarte. —Sus ojos se encontraron con los míos de nuevo—. Eso es amor.

Un sollozo salió de mi pecho mientras él reflexionaba sobre ello. —Sí, lo es.

—¿Mi amor te pone triste? —La preocupación apareció en las comisuras de sus ojos. 

—No, no estoy triste porque me amas.

—Entonces, ¿por qué lloras?

Tuve que reír un poco. 

—Porque estoy feliz.

Estaba más confundido. 

—Pues, eso no tiene sentido. El llanto es de tristeza. 

—A veces —me reí más fuerte—, significa felicidad. Pero... las chicas somos extrañas. 

Su cabeza se inclinó un poco mientras pensaba. 

—Eres más experta en eso que yo. 

Lo acerqué más, rodeando su cintura con mis brazos y escuchando su respiración mientras nos quedamos allí, presionados uno contra el otro. Me disculpé, él aceptó y estábamos bien, una vez más. Era lo bello de nosotros. Era lo que era. Sin juegos. Sin pretextos. Sin reproches o culpa por enfrentar las cosas de forma innecesaria. 

—¿Me necesitas para ayudarte a terminar de empacar? —le pregunté con mi rostro presionado en la parte delantera de su camiseta gris. 

—Prefiero besarte por un rato antes de que tengas que volver a casa.

Mi sonrisa empezó, y luego vaciló. 

—Olvidé traer mi cepillo de dientes. 

Se fue y volvió en menos de cinco segundos, sosteniendo un nuevo cepillo frente a mi rostro. 

—Mi madre compró uno extra para mi viaje.

Una vez más, estaba agradecida con Esme algo. 

Observó, como siempre lo hacía, causando que me hiciera una imagen mental de él inclinado contra la pared mientras escupía y me enjuagaba. Y tan rápido como pude llegar a él, estaba en sus brazos. 

La puerta se cerró con pestillo. La música estaba puesta. Quiero decir, no había velas ni nada de eso, pero estábamos juntos por última vez antes de que se fuera por un año. Nuestra reciente separación no hizo nada para apaciguar nuestra pasión. Sólo la hizo más enérgica. Nuestras caricias fueron intensas. Significativas. Persistentes. Quería que lo recordara todo. 

No perdí tiempo quitándole la camisa. No hubo ninguna vacilación en sus manos mientras quitamos torpemente la mía. 

Fueron besos necesitados de aquí y ahora. 

Fue un: lleva esto contigo cuando te vayas. 

Fue un: mantén esto en tu memoria cuando te acuestes por la noche.

Fue un: Tienes todo de mí ahora.

Nuestros dedos se exploraron mutuamente. Lo memorizaba con mis ojos cerrados, y mi cuerpo estalló en piel de gallina mientras se sobrecalentaba a la vez. 

Estudió mi cicatriz y sus dedos se arrastraron sobre la carne levantada de nuevo, tan suavemente... Sabía que recordaba cómo me salvó una vez. Pero la verdad era que me había salvado de nuevo desde entonces. 

Mi toque fue fuerte, como le gustaba. Mis besos eran insistentes, del modo que necesitaban ser. 

Cuando me di cuenta que me encontraba de espaldas sobre su cama, no había pensamiento alguno en mi mente. Saboreé cada caricia. Cada beso. Cada roce de mis labios en su piel, deseando que mi cerebro simplemente recordara. 

Y cuando se apartó de mí, con sus párpados medio abiertos y sus caderas deslizándose hacia adelante como antes, no lo detuve. Observé, fascinada. 

Los libros y las películas lo hacen parecer mucho más fácil, como si tan solo ocurriera. Pero hay más en eso. Solo parecía tomar un poco más de lo que había anticipado. No iba a quejarme, porque en ese momento deseaba estar con él en una última forma. 

Si se iba, él tomaba todo lo que yo tenía para llevárselo con él. 

Su frente se arrugó con... ¿preocupación? ¿Dolor? No podría asegurar cuál, ya que intentaba con todas mis fuerzas no llorar sobre la irrevocabilidad de todo esto. Me sentía demasiado tensa. Era demasiado. 

De repente, se me ocurrió que él debía haber estado experimentando aquello multiplicado por un millón de veces.

—Edward, mira mi rostro —le dije y obedeció, con sus ojos observando mis labios mientras hablaba—. Relájate... —En cuanto lo dije, creo que ambos nos relajamos al mismo tiempo, y por fin, por fin sucedió. 

No fue doloroso con Edward. No apresuró la experiencia. Fue tan abrumador para él que luchaba por respirar. Cambié entonces, sólo minuciosamente, para jalar su cara a la mía con mis manos, agarrando su nuca con fuerza. Luego crucé mis tobillos detrás de su espalda. Y apreté mis muslos contra su torso. 

Duro. 

Creo que ambos tuvimos los ojos cerrados por un momento, pero abrí los míos en un momento dado para verlo mirándome con asombro, con la boca abierta como si estuviera luchando para hablar. 

Pero no necesitábamos hablar. Nos estábamos comunicando muy bien. 

Muchas chicas probablemente pierden su virginidad y es rápido o doloroso, descuidado o molesto. 

La mía no fue así. 

Fue torpe y sí dolió un poquito. Pero estaba con Edward. Era mi primero. Mi único. Y me hizo temblar cuando su cabeza cayó a mi hombro y apretó sus labios contra mi cuello. 

—Bella, Bella —repetía una y otra vez. 

Aflojé mi agarre alrededor de su cintura, y me aferré a él mientras apretaba mi costado con una mano, con toda la fuerza que tenía, sujetándome al colchón, haciendo un sonido de aliento en mi cuello antes de acabar. 

Mis dedos temblorosos tocaron su rostro, esperando a que se relajara. Temía a que enloqueciera. Pero cuando se alejó de mi cuello, sus ojos parecían serenos. 

Las yemas de sus dedos trazaron el costado de mi cabeza y luego bajó a través de mi caja torácica hasta que pude sentirlos en mi cadera. 

Incluso muy suavemente delineó amor contra mi piel. 

* * *

Posteriormente, sólo lo sostuve, recostada sobre su pecho hasta que cayó en un profundo sueño. Mi oído se quedó presionado contra su esternón, escuchando como su respiración se nivelaba y el ritmo cardíaco se ralentizaba. Sólo un par de lágrimas se escaparon cuando cerré los ojos, acariciando su costado y pecho con los dedos. 

Había dicho que me amaba en más de un sentido. 

Le susurré en la habitación a oscuras que lo extrañaría más de lo que jamás entendería. Que lo amaba más de lo que mi corazón podía permitirse. 

Pero no me permití dormirme. No podía justificar desperdiciar ese preciado tiempo. Un rato más tarde escuché a su mamá entrar por la puerta principal y esperé a ver si vendría a su habitación, pero nunca lo hizo. Tal vez el silencio en la casa era suficiente para que supiera que las cosas estaban bien. 

Por mucho que me enfermaba, me obligué a apartarme de su pecho y salir de su cama. Después un último vistazo a su hermoso rostro. Tocar su barbilla con mis dedos. Observar sus ojos moverse detrás de sus párpados.

Besé su nariz. Una vez. 

Antes de que pudiera convencerme de lo contrario, me vestí y me fui de su casa. Sin mirar atrás. No podía acatar la idea de dormir toda la noche y despertar con él despidiéndose. O hacerlo cambiar de opinión y se quedara por mi culpa. 

Tenía que ir. 

No fue hasta que llegué al volante de mi coche que la gravedad de lo que ocurría me golpeó tan duro. Había perdido mi virginidad con el chico que amaba. 

Y se iba en menos de veinticuatro horas. 

Lloré todo el camino a casa, dejándome sentir lo que sucedía y aceptándolo por lo que era. No había vuelta atrás. Estaba decidido, y entre más rápido lamentara la pérdida y superara el dolor, más rápido podía concentrarme en otras cosas. 

* * *

No creo que exista algo el amor convencional. El amor es doblegarse. El amor es esforzarse. El amor es estar constantemente aprendiendo sobre la otra persona hasta que te vuelves loco porque nunca será perfecto, pero no hay ningún mal en intentar. 

Había amado a un chico que era extraordinario más allá de las palabras, ante mis ojos. 

No creo que alguna vez hubiera querido vivir una vida excepcional antes de él. Una vida llena de color y conocimiento y sentirte bella. 

Pero por poco tiempo, lo hice. 

Supongo que pensé que tal vez tanto como aprendí de él, él había aprendido algo de mí, también. No es fácil. No en cualquier medida. Pero no puedo comenzar a desear que nunca haya sucedido. No puedo lamentar ni un solo segundo lo que tuvimos juntos. 

Lo que quería era que él me viera y que deseara que estuviera con él. Lo que quería era que dijera que me amaba —con palabras— y que lo dijera de verdad. 

Necesitaba estas cosas que se hallaban fuera de mi alcance, y sin embargo, seguía teniendo esperanzas. 

Y sucedió. 

Siempre sería tierno y amable. Siempre sería el chico por el que había luchado tanto. Pero cuando hay separación involucrada, no podía tener la certeza de que todo seguiría igual. Me preocupaba el cambio en su rutina. Que no se adaptara a su nuevo entorno. Me alegraba que alguien del museo fuera con él, pero tuve que preguntarme si lo conocían como yo. Si iban a tomar el tiempo y esfuerzo para aprender de verdad, y proporcionarle lo que necesitaba. 

Me pregunté si me extrañaría. 

No hay vergüenza en esto, en sentirse triste y con el corazón roto sobre las cosas que no puedo cambiar. No hay un método mágico. No existe una máquina del tiempo para volver. Es precisamente lo que hemos estado entregando y cómo lidiamos con esto. Cometí errores cuando se trataba de un montón de cosas. 

Pero nadie, en ningún lado, podría decir que no le di lo mejor de mí. 

Cuando me imaginé el rostro de Edward mientras abordaba su vuelo con su mentor, mi corazón se rompió de nuevo. 

Pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Era incontrolable. 

Ojalá hubiera empezado a escribir sobre esto mucho antes, cuando las cosas se hallaban frescas en mi mente, en lugar de con la retrospectiva de lo que estaba por venir. Esto dificulta un poquito ser imparcial. 

Siempre quise que las cosas funcionaran entre nosotros, pero incluso si no es así, puedo asegurar de que estoy agradecida por la posibilidad de haber conocido a alguien como Edward, y ni hablar de haber podido amarlo tanto como lo hago. Sólo tengo que seguir diciéndome eso. Cada día. Los trescientos sesenta y cinco del año. 

Aquí podría ser donde la historia termina. Y duele muchísimo pensar que podría ser así. Que esto es todo. 

Porque, independiente del lugar donde mi corazón vaya, mi cuerpo todavía está aquí. 

De verdad es una vergüenza que más películas no sean como la vida real. 

Quizá así no tendríamos tantas expectativas y no nos sentiríamos defraudados por nuestra propia existencia. 

¿Quién sabe? Tal vez algún día seré suya y él será mío. Y el tiempo ni el lugar importarán, porque estamos destinados a estar juntos. 

Pero no esperaré sentada. La vida no siempre ocurre como lo esperamos.

Más que nada, quiero que sea feliz. Y tal vez, algún día, yo también lo seré.
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