Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 19 de abril de 2011


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Mis dulces lectores!! estoy que me muero de la emoción!!
ya hay 200 seguidores en este humilde rincón!!! cuando lo vi no me lo podía creer!!!
muchas gracias a todos, muchas gracias por querer ser parte de mi mundo, soys lo mejor, y no se como agradecerlo, así que para celebrar este día, publicaré capítulo de cada uno de los fics!! sisisisi, hoy tendreís para leer un buen rato xDxD

Mil y una vez gracias!! Espero que esto se multiplique jejeejej

Un beso enorme y... OSAMO!!!!!! n.n

martes, 12 de abril de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 2

"media" adaptación


CAPÍTULO 2

Aunque dormí hasta tarde, logre salir por la puerta y llegar a casa de Alice a tiempo.




Alice me abrió la puerta y justo cuando estaba por decir “hola”, alzó su mano y dijo:

-No hables. Solo mira mi cara y dime lo que ves. Qué es lo primero que notas? Y no mientas.



-Tus hermosos ojos dorados- le digo mientras escuchaba los pensamientos en su cabeza y deseando, no por primera vez, poder mostrarles a mis amigos como escudar sus pensamientos y mantenerlos en privado.



Pero eso significaría divulgar mi poder para leer mentes, psíquicamente conocer secretos, y no puedo hacerlo.



Alice negó con la cabeza y subió, acercándose al espejo retrovisor de mi Mini y examinando su barbilla.



-Eres una mentirosa. Mira, esta justo ahí! Brillante y rojo, no lo puedes ignorar, así que ni siquiera intentes pretender que no lo ves.



La miré de reojo mientras salgo de la entrada de su casa, viendo la espinilla que se atrevió a aparecer en su cara, aunque fue la pintura de uñas rosa lo que robó mi atención.



-Bonitas uñas.- me reí.



-Es para la obra.- sonrió, todavía mirando su barbilla. -No puedo creer esto! Es como que estoy derrumbándome justo cuando todo estaba saliendo perfecto. Los ensayos están saliendo geniales, se todas mis líneas tan bien como los demás… creí que estaba totalmente preparada, y ahora esto!



Dijo mientras señalaba su cara.



-Son solo los nervios.- le digo, justo cuando la luz cambia a verde.



-Exacto -Asintió. -Lo que prueba que soy una aficionado. Porque los profesionales, los realmente profesionales, no se ponen nerviosos. Solo entrar en la zona creativa y… crean. Quizás no estoy hecha para esto- Me miró, con cara tensa, con preocupación. -Quizás no esta bien que haya ganado el papel principal.



La miré, recordando como Tanya dijo que se había metido en la cabeza del director para que elija a Alice. Pero aun si eso es verdad, eso no quiere decir que no pueda con ello, eso no quiere decir que no haya sido la mejor.



-Eso es ridículo.- Meneé la cabeza. -Muchos actores se ponen nerviosos, sufren de pánico escénico o lo que sea. De verdad. -Como sea, no tienes que usar como una tonelada de maquillaje



-Seh. Así que. ¿Cuál es el punto? La obra es el viernes, lo que, para tú información, es mañana. Esto no se va a ir para entonces.



-Quizás.- Me encogí. -Pero lo que quise decir es que puedes usar maquillaje para cubrirlo.



Alice puso los ojos en blanco y protestó:



-Ves esto? No hay forma de cubrirlo. Tiene ADN propio! Está dando sombra!



Me estacioné en la escuela, en el lugar que generalmente usaba, al lado del lustroso Volvo de Edward.

Y cuando miré a Alice nuevamente me sentí atraída a tocar su cara. Como si mi dedo índice estuviera inexplicablemente atraído por el granito en su barbilla.



-Qué estás haciendo?- Preguntó, alejándose.



-Solo… Solo quédate quieta- Susurré, sin tener idea de lo que estaba haciendo. Lo único que sabía es que mi dedo tiene un destino en mente.



-Bueno no lo toques- Gritó, en el momento justo que hago contacto.-Genial, esto es genial. Ahora segur que tiene el doble de tamaño.- Ella meneó la cabeza y se bajó del coche, y yo no pude evitar sentirme algo desalentada al ver que la espinilla siguía ahí.



Suponía que estaba esperando haber desarrollado alguna habilidad curativa.

Desde que Edward me dijo, justo después de decidir aceptar mi destino y empezar a tomar el jugo inmortal, que podía esperar algunos cambios, cualquier cosa conectada con mis habilidades psíquicas, como otras habilidades sobrenaturales, o algo completamente diferente a lo que ya tenía, había estado a la espera de algo extraordinario.



Pero hasta ese momento, lo único nuevo eran unos pocos centímetros de más, lo que no hacía mucho por mí más que obligarme a comprar nuevos jeans. Y eso, hubiera pasado de un momento a otro igualmente.



Tomé mi mochila y bajé del coche, mis labios se encontraron con los de Edward al segundo que el apareció por mi lado.



-Okey, de verdad. -Cuánto más puede durar esto?



Ambos nos separamos y miramos a Alice.



-Si, hablo con vosotros.- Ella mueve los dedos. -Todos esos besos, y abrazos, y no nos olvidemos de los susurros constantes.-Entrecerró los ojos. -De verdad. Creí que ya lo habríais superado para ahora. Quiero decir, no me malinterpretéis, estamos todos muy felices de que Edward haya vuelto a

la escuela, de que os hayáis encontrado de nuevo, y que seguramente vayáis a vivir felices por siempre. Pero de verdad, no creéis que es tiempo de cortarla un poquito? Porque algunos de nosotros no somos tan felices como vosotros. Algunos de nosotros estamos algo privados de amor.



Tú estas privada de amor?- Me reí, ni un poco ofendida por lo que había dicho, sabiendo que tiene más que ver con su ansiedad por la obra que con Edward y yo. -Que le paso a Jasper?



-Jasper?- ella negó. -Ni siquiera me hables de él- Meneó la cabeza y se dio la

vuelta, dirigiéndose hacia Rosalie que estaba en la puerta esperando.



-Cuál es su problema?- Edward preguntó, mientras tomaba mi mano y entrelazando nuestros dedos, mirándome con los ojos llenos de amor, a pesar de lo que había pasado ayer.



-Mañana es la apertura.- Me encogí. -Así que está asustada, tiene un granito en la barbilla, y naturalmente, decidió hacernos responsables.- Dije, viendo mientras Alice tomaba a Rosalie del brazo y la dirigía a clases.



-No les vamos a hablar a ellos,- Dijo, mirando por sobre su hombro hacia nosotros. -Estamos en huelga hasta que dejen de actuar tan enamorados, o esta espinilla se vaya, lo que sea que venga primero.- Asintió, hablando solo mitad en broma.



Rosalie rió y se fue con ella, mientras Edward y yo nos vamos a la clase de inglés, Pasando justo por delante de Jessica quien le sonrió a él y trata de hacerme la zancadilla.



Pero justo cuando ella estaba por poner la mochila en mi paso, esperando humillarme cuando me caiga, la vi levantarse, y la… sentí…. chocar justo contra su rodilla. Y aun cuando siento el dolor yo también, estaba feliz de haberlo hecho.



-Owww! -Protestó, fregando su rodilla y mirándome, aun cuando no tenía ninguna prueba de que yo fuera de alguna manera responsable.

Pero yo solo la ignoré y me sienté en mi lugar. He hecho mejor en ignorarla. Desde que ella hizo que me expulsaran por beber en el colegio, había hecho lo posible para que me quedara fuera de su camino… a veces no podía conmigo misma.



-No deberías de haber hecho eso- Susurró Edward, intentando mirarme enojado mientras se acercaba a mí.



-Por favor. Tú eres el que quiere que practique.- Me encogí. -Parece que las lecciones están dando sus frutos.



Me miró meneando la cabeza y dijo:

-Ya ves, es peor de lo que imagine, porque lo que acabas de

hacer no es una manifestación, sino que utilizaste psicoquinesias. Ya ves cuanto aprendes?”



-Psico.. Qué???- miré de soslayo, sin saber que significa el termino, aunque hacerlo fue verdaderamente divertido.



Él tomó mi mano, una sonrisa apareció jugando en la esquina de sus labios mientras decía:

-He estado pensando…



Miré mi reloj, viendo que ya pasaron 5 minutos desde las nueve y sabiendo que el Sra. Angela estaba dejando el aula de profesores.



-El viernes a la noche... Que dices si vamos a un lugar… especial- Sonrió.



-Como La Tierra del Verano?- miré a Edward, mi pulso se aceleraba. Había

estado queriendo volver e ese lugar mágico y místico desde hacía mucho. La dimensión entre dimensiones, donde podía manifestar océanos, elefantes, y puedo mover las cosas mucho más que solo proyectar bolsos de Prada… solo que necesitaba a Edward para llegar a ese estupendo lugar.



Pero él solo rió y negó.



-No, no iremos a La Tierra del Verano. Aunque regresaremos ahí, lo prometo. Estaba pensando algo mas así como el Montage, o el Ritz, quizás?- Subió las cejas.



-Pero la obra de Alice es el viernes y le prometí que estaría ahí- le contesté, dándome cuenta como convenientemente había olvidado la obra cuando creí que se trataba de La Tierra del Verano. Pero en ese momento que Edward quería ir a uno de los hoteles más ostentosos… mi memoria de pronto volvió.



-Esta bien entonces, qué te parece después de la obra?- Me ofreció. Pero en cuanto me miró, cuando vio como dudaba, como presioné mis labios buscado una forma educada para decir que no, agregó -O no. Fue solo una idea.



Lo miré de reojo, sabiendo que debería aceptar, que quería aceptar. Escuchaba la voz en mi cabeza que decía: ¡Di que si! ¡Di que si! Te prometiste que ibas a avanzar, sin mirar hacia atrás, esta es tu oportunidad… ¡solo hazlo! ¡SOLO DI QUE SI!

Pero cuando me di cuenta que era tiempo de seguir adelante, aunque amaba a Edwarrd con todo mi corazón, y estaba determinada a dejar atrás su pasado y dar el siguiente paso, lo que salió de mi boca fue totalmente diferente.



-Ya veremos- Dije, evitando su mirada y concentrándome en la puerta, justo cuando la Sra. Angela entró.

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Hola mis dulces lectores! Aquí ya he publicado un nuevo capítulo de este fic que tanto me gusta :)
recordar, que al ser una secuela del fic "PoryParaSiempre" habra cosas que si no habeis leido la primera parte no sabreís de que va la cosa, asi que.. si aun no habeis leido la primera parte.. a que esperaís?? xDxD
Bueno.. espero que me dejeís muchos comentarios, más que nada para saber vuestra opinión, si os gusta, si no.. venga! que no es cuesta nada! que no hay IVA!! jajajajaj
Un beso enorme y.. OSAMO!! n.n

lunes, 11 de abril de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 16

Adaptación----Lemmon



CAPÍTULO 16

Bella entró en el hospital, vestida con unos pantalones y camiseta holgados, de tonos apagados, con una peluca corta de color rubio ceniza y acompañada de Alice. Jasper y Edward las seguían lo suficientemente cercas para atacar a cualquiera que se metiera con ellas.


En su opinión estaban exagerando. Seguro que las llamadas anónimas que había recibido eran de los paparazzi. Además si era verdad que alguien quería hacerle daño a ella, ¿por qué explotar la casa de su padre?

En vez de ir directamente a la habitación de su padre, Edward la había hecho rodear el hospital desde la zona de maternidad.

Cuando llegó hasta su padre casi se desmoronó.

Él parecía tan… frágil.

Daba la sensación de que había empequeñecido. Y su espesa cabellera negra había sido rapada.

-Venga, gatita – susurró Edward rodeándole los hombros con un brazo – Lo haremos juntos.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Tras unos minutos hablando con su padre, Edward y Bella salieron de la habitación. Bella se sorprendió al ver allí a Seth. Su hermano había llegado hacía unos minutos.

No tardó mucho tiempo en enfrentarse a Edward por estar con su hermana. Seth sabía muy bien el tipo de relaciones que practicaba Edward, y no le gustaba nada que Bella ahora estuviera con él.

Por suerte, Edward se mantuvo impasible a sus insultos.

Tras varios insultos, ignoró a Edward para dirigirse a Bella:

-¿Quieres explicarme, aunque sea, por qué, si he visto a Jacob Black diciendo por todos lados que eres su prometida, estás con el señor menage?

Eso no se lo esperaba. Jacob insistía en que iba a casarse con él. Y ella había estado tan absorta en el pantano que no se había enterado de nada.

-¿Ha salido en las noticias del extranjero?

-Sale en todos lados.

Negando con la cabeza, le explicó:

- Rompí con el. Al parecer, aún no lo ha aceptado. No necesita una esposa, si no un apoyo. Pero eso da igual, ¿qué sabes sobre el estado de papá?

Tras una breve charla, Edward avisó a Bella que era la hora de irse.

Seth tuvo que aceptar al final la decisión de Bella de irse finalmente de vuelta con Edward y Emmett.

Salieron del hospital por una ruta diferente, hasta llegar a una tienda donde vendían revistas y periódicos. Bella no pudo ignorar una revista en la que el titular rezaba: “¿Habrá Boda?”. Justo debajo del titular, había una foto de ella y Jake la noche del concierto en la que Jake anunció su compromiso. Le echó una ojeada a la revista, en la cual las entrevistas se mostraban más interesadas en la vida desenfrenada del chico y el comportamiento frenético de Jacob.

Parecía que Jake había perdido contacto con la realidad.

Edward le arrancó la revista y la colocó en su sitio.

-No leas esa mierda. Tú, más que nadie sabes que es mentira.

-Es que no entiendo qué diablos está haciendo Jacob. Rompí el compromiso. Envié el comunicado a todos los periódicos que se me ocurrió.

Edward apretó los dientes, guiándola hacia el coche. Jasper los seguía, con Alice de su mano.

-Algunos periódicos han hecho caso omiso al comunicado. Piensan que es un bulo.

-También se lo envié a Jake. Le dije que lo dejaba. Sabe que fui yo quien envió ese correo.

-Vale, pues el no piensa lo mismo.

Algo tenía que hacer. Eso tenía que acabar.

-Sea lo que sea lo que estés pensando – le advirtió Edward – la respuesta es no.

-Tengo que poner fin a todo esto.

-No

-Pero…

-No

-¿Por qué no? – dijo en voz más alta de la cuenta.

-Nos hemos esforzado mucho para protegerte. Jacob se ha hecho su propia cama. Ya tuve que ver una vez como te ibas con él, y él no pudo hacer que lo vuestro funcionara. No vas a arriesgas tu vida para sacar a ese capullo del lío en que se ha metido.

-Pero…

-¿Quieres volver con él?

Edward sabía muy bien como acorralarla con sus palabras.

-No.

Edward le lanzó una mirada con aquellos salvajes ojos verdes que ella no pudo descifrar.

-¿Quieres estar con Emmett y conmigo?

-No me gusta tener que ocultarme en medio de la nada y tener que estar lejos de mi padre.

-Responde a la pregunta.

La simple pregunta que Edward le había hecho le había dado a Bella esperanzas. Contuvo una sonrisa. Edward le había hecho una pregunta, cuya respuesta era importante para él.

Extendió la mano hacia él y se la puso en el muslo.

-Sabes que sí – susurró con voz dulce.

Edward asintió con la cabeza, dando por finalizada la conversación.

-Entonces no vuelvas a mencionar a ese gilipollas jamás.





OoOoOoOoOoOoOoOoOoO





Bella pasó la semana siguiente entre los eufóricos encuentros en los brazos de Edward y Emmett y el abatimiento por la falta de mejoría en la salud de su padre.

Seth mostraba su desaprobación cada vez que hablaba con él, lo cual no mejoraba su estado de animo.

Esa mañana, como si detectara su confusión y tristeza, Edward la había despertado con unos tiernos besos en el cuello y sus exigentes dedos dentro de su sexo. Emmett había atendido sus pezones, usando esas pinzas a las que parecía haber cogido tanto cariño.

Después de unos minutos todas sus preocupaciones se habían esfumado para dejar paso a la necesidad de sentirlos. Ello, como siempre hacían, la habían complacido.

Cuando todo hubo acabado, Emmett le dio un beso en la frente y se fue a darse una ducha, dejándola sola con Edward. Este la estrechó contra su cuerpo.

Bella contuvo las ganas de llorar. Temía que su padre no mejorara, que sus decisiones la alejaran de su hermano. Y también temía que no consiguiera nunca el amor de Edward.

-¿Bella? - Edward le acarició la espalda. Era su manera de preguntar si estaba bien.

Ella solo quería preguntarle si la amaba. Pero sabía que no debía. No estaba segura de querer saber la respuesta. Los dos hombres se ocupaban muy bien de ella. Tan bien que se preguntaba si no acabaría volviéndose loca de tantos orgasmos. Y no podía quejarse. Pero Edward no había dicho ni una palabra, y ella seguía sin conocer su pasado.

-Estoy bien – mintió. ¿Qué más podía decir?

El cambio de postura para mirarla desde arriba. Era tan guapo, casi perfecto.

¿Qué haría si ella no era más que un buen polvo para él?

-Estás demasiado tensa para estar bien – le deslizó una mano por le sexo - ¿Necesitas correrte de nuevo, gatita?

Bella le agarró la muñeca para detenerlo. Él podría llevarla al orgasmo, de eso estaba segura, pero no hacía el amor con ella si estaba solo. Y no le contaba nada de sus sentimientos, si es que realmente sentía algo por ella como afirmaba Emmett.

-No sigas – se apartó de él y se dispuso a levantarse.

Edward la agarró por la cintura y volvió a acercarla a él.

-¿Quieres volver a llamar a Félix para saber como está tu padre?

-Es muy temprano. Puede que aun no estén en el hospital. Aunque esté preocupada por mi padre no puedo hacer nada por el en estos momentos.

-Entonces cuéntame por qué demonios pareces a punto de echarte a llorar.

Bella se retorció intentando liberarse. Pero fue inútil, Edward era demasiado fuerte.

Tenía que salir de allí, o acabaría diciéndole que lo amaba.

-¿No crees que tengo motivos para echarme a llorar?

-Sí. Pero no es lo habitual en ti, ¿qué te pasa?

Por más que lo intentaba no conseguía liberarse. Frustrada dijo:

-¿Qué demonios quieres de mí? ¿Que te abra mi corazón? No veo que tu estés ansioso de hacer lo mismo conmigo.

-Vayamos por partes, gatita. Habla conmigo.

-De acuerdo, tú lo has querido. No sé si esto significa algo para ti – empezó diciendo al mismo tiempo que señalaba la cama – Y cada día, yo te abro mi corazón y mi cuerpo, esperando que te des cuenta de que ¡te amo!

En el momento en que dijo las palabras, se llevó la mano a la boca, deseando no haberlas dicho. Él se puso rígido.

-Hace solo unas semanas amabas a Jacob Black,

-Hace unas semanas pensaba que lo que sentía por él era amor, ahora conozco la diferencia. Pero no te preocupes, sé que tienes un horrible pasado que te mantiene alejado de mí. Que me protegerás y…

-Yo también te amo.

Bella abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué?

Él suspiró, le acarició suavemente la mejilla y la besó tiernamente. Bella estaba a punto de echarse a llorar.

-Te amo. Ojala fuera… un hombre mejor para ti. Pero mi vida personal y mi mente… están jodidas. Algunas veces - Edward tragó saliva – odio tener que compartirte. – Bella parpadeó. Nunca se lo hubiera imaginado. A ella le había pasado lo mismo. Sentía mucho cariño por Emmett, pero no amor.

-Entonces no lo hagas, me encantaría estar sola contigo, solo nosotros dos. Por favor.

Edward negó con la cabeza.

-No puedo. Esta es la única forma en que puedo estar contigo.

Y ahí estaba de nuevo, separándolos, su secreto.

-Si pudieras decirme por qué…

-Eso no cambiaría nada.

-Puede que te equivoques. Es posible que si habláramos de ello…

-Es complicado, y hablar de ello no va a cambiar las cosas. De momento no tengo otra opción – dijo angustiado, aunque intentaba mostrar que lo estaba – Tómalo o déjalo. Es elección tuya.

Él no iba a ceder. La estaba dejando fuera.

Bella le dio la espalda. Volvió a aguantarse las ganas de llorar. Edward la amaba, pero no confiaba en ella. No podía – o no quería – dejar de compartirla con su primo.

Ninguno de los dos se movió. Fue un momento muy doloroso. Bella no sabía que decir.

El sonido del teléfono rompió el tenso silencio entre ellos. Pero siguieron sin moverse.

-¿Por qué no responde nadie? – Emmett cruzó molesto el pasillo, descalzo y con una toalla anudada a la cintura - ¿Diga?

Hizo una pausa, escuchó y asintió. Bella lo observaba. Emmett se giró finalmente.

Bella se incorporó, mirándolo por encima de Edward.

-Es para ti cariño. Es Félix.

Bella se levantó de la cama completamente desnuda, bajo la atenta mirada de los dos hombres. Edward le lanzó la bata. Pero Bella la dejó caer a sus pies. Después de todo, ¿qué más daba andar desnuda en esa casa si no había lugar de su cuerpo que no hubiesen recorrido ya Edward y Emmett?

-Dime Félix.

-Hola. Tengo buenas noticias hermanita. ¡Papá está consciente! Y en perfecto estado.

Bella reflejó toda su alegría en su cara. Lo sabía, porque al momento Emmett corrió a su lado y le cogió la mano. Edward se acercó lentamente.

-¿Cuándo? – preguntó, aun sin podérselo creer.

-Hace unos veinte minutos. Hoy van a hacerle más pruebas. Si todo va bien, le darán el alta en unos días.

-Eso es estupendo – chilló – es… es asombroso.

-Y aun hay más. Estamos seguros de saber quién fue el capullo que puso la bomba.

-¿Qué? ¿Lo han detenido?

-Sí – dijo con alegría. Una alegría que Bella rara vez había oído en su hermano – Lo habíamos visto merodear por el hospital y los pasillos desde hace varios días. Esta mañana entro en la habitación de papá con una pistola. Pero Seth lo desarmó antes de que tuviera tiempo de hacer nada más.

El corazón de Bella se detuvo.

-¿Está ya bajo custodia?

-Por supuesto. Seth está abajo con la policía. El muy imbécil sigue negando que él pusiera la bomba, pero seguro que fue él. Tarde o temprano acabará confesando.

-Genial – murmuró ella.

Por fin podría abandonar esa cabaña. No tendría que estar escondiéndose. Ni aguantar a Edward las 24 horas del día. Edward, quien la amaba, la había reclamado, pero no estaba dispuesto a estar con ella, sólo. Bella debía decidir si dejarle o quedarse y esperar que las cosas entre los tres cambiaran.

Pero ahora lo importante era su padre. Siguió hablando un rato más con Félix. Cuando colgó se apoyó en el mostrador, mirando a los dos hombres.

-¿Ha salido tu padre del coma? – preguntó Emmett ansioso.

-¿Han detenido al psicópata que te amenazaba? – dijo Edward al mismo tiempo.

-Sí – le tembló la voz – a las dos cosas.

Emmett la atrajo por la cintura y le dio un beso embriagador, para luego decir:

-Es genial, cariño. Me alegro mucho.

Emmett siguió besándola, acariciándola, hasta que la chica sintió como renacía su deseo. Bien sabía ella que Emmett podría hacer que ella lo deseara. Pero nada más. Edward permaneció inmóvil, observándolos. Entonces pensó por qué no podría amar a Emmett, que si estaba preparado para estar con ella.

Interrumpió el beso, intentando no llorar, y el chef lo interpretó como si lo que le pasaba era por su padre, y no por Edward, como en realidad era.

-No llores. Todo saldrá bien – le acarició suavemente la mejilla – por fin podemos abandonar este lugar y volver a nuestra casa y nuestra vida. Tú, yo… y Edward. – sonrió calidamente a la chica – No puedo esperar.

Luego la besó de nuevo, casi con exigencia. Bella permaneció con los ojos abiertos, observando a Edward, que los miraba con cólera y… excitación.

Emmett interrumpió el beso, le cogió la mano y la condujo al dormitorio.

-Ven conmigo. Quiero celebrarlo amándote.

Dio, tendría que hacerlo. Si todo seguía igual, ¿podría soportar ser compartida por ambos? Si Edward realmente la amaba, ¿por qué permanecía allí viendo como Emmett acabaría tirándosela?

Tenía que encontrar la forma de hacerle ver que el trío no era una solución a su relación si querían estar juntos.

Bella besó apasionadamente a Emmett, dejando caer su toalla al suelo y restregándose por su desnuda intimidad.

Lo miró con sensualidad y dijo:

-Ven conmigo.

Edward no dijo ni una palabra. Sólo la observó, con los puños cerrados.

Así que eso no le gustaba. Bien. Había llegado la hora de follar con Emmett a fondo. Puede que Edward no soportara ver hasta el final. Sería mejor que se preparara para una buena función.

Bella siguió ignorando a Edward, como había hecho desde que Emmett le sugirió que celebraran las buenas noticias en la cama.

Edward, por su parte, pensaba en la mejor manera de llegar a ella antes de volver a su vida habitual. Y no sólo tocando su cuerpo, si no tocando su corazón.

Tenía que hacerle ver, que aunque Emmett la tocase, ella era suya.

Bella se merecía un hombre entero, en su opinión, pero era un egoísta que no estaba dispuesto a renunciar a ella.

Quiero abrazarte cariño – dijo Emmett – quiero…

-Los dos – Edward se acercó a ellos – queremos abrazarte.

-Por supuesto – Emmett volvió a acariciarle la mejilla – Estamos igual de aliviados que tú. Emocionados. No podemos esperar a celebrarlo contigo.

Emmett se aproximó a la cama y se dejó caer en ella con los brazos abiertos, invitando a Bella a que se reuniera con él. Por un momento, Bella vaciló. Y Edward, a pesar de sentir que Emmett tocara a Bella como una patada en los testículos, empujó a la chica a los brazos de su primo.

Bella le dirigió una mirada envenenada por encima del hombro. Pero después se dejó caer sobre Emmett, descargando toda su ira en un beso devorador.

Bella se montó a horcajadas sobre Emmett, profundizando más el beso.

Gimiendo, Bella se posicionó sobre la erección de Emmett, y empezó a contonear las caderas, restregando su húmedo sexo sobre el pene de Emmett.

Aquellos sonidos, el hecho de ver a “su mujer” rozando el clítoris sobre el pene de otro hombre… hizo que Edward tragara saliva. Aquello le dolía, como si alguien le arrancara las entrañas. Dios, no podía mirar.

Pero se obligó a hacerlo.

Observó como el roce del sexo de Bella sobre el miembro de Emmett se convertía en un tormento húmedo y sedoso. Ella interrumpió el beso y dejó caer la cabeza hacia atrás.

-No te pares. Frótate sobre mí – gruño Emmett cuando ella bajó hacia él - ¿No sientes lo duro que estoy para ti?

Bella gimió, y el sonido atravesó a Edward como si fueran miles de cuchillos afilados.

-Sí – lloriqueó ella, mientras se estremecía de placer – Estoy mojada, muy mojada. Emmett…

-¿Quieres correrte?

Bella echó la cabeza hacia atrás y continuó frotándose. Era una visió hermosa para Edward. Y maldita sea, fue él quién la empujó a los brazos de Emmett. Entonces quiso separarla de sus brazos.

Volvió a preguntarse por qué Emmett mantenía ese tipo de relaciones a tres cuando el no tenía problemas en llevarse a la cama a una mujer. Pero entonces, viéndolo con Bella, se temió lo peor.

Se quedó allí paralizado, observando la escena, a pesar de que hacerlo le producía más daño.

Bella se encontraba ahora apoyada sobre sus manos y rodillas sobre el cuerpo de Emmett, frotando aun su clítoris sobre el glande de su primo. Sudorosa y temblorosa, miró a Emmett.

-Dime que quieres correrte – susurró Emmett , agarrándola por las caderas para detener sus movimientos hasta que contestara.

Su grito de protesta y el deseo que rugía en su interior, hicieron que Edward se moviera. Dio un paso adelante para darle a Bella él mismo aquel orgasmo, para arrancarla de los brazos de Emmett…

- Sí – gritó ella – Sí ¡Quiero correrme!

Entonces, ella se liberó de las manos de Emmett, arqueándose, moviéndose y gritando hasta que su cuerpo tembló por la liberación. Bella se agarró a él con fuerza, frotando su dulce sexo – ese que pertenecía a Edward – por la polla de Emmett, intentando encontrar el clímax salvaje que Edward sabía que necesitaba.

Ni hablar. Edward no podía permitirlo. Ella era suya. y ese orgasmo tendría que dárselo él.

Antes de que pudiera tocar a Bella, todo el cuerpo femenino se sacudió. Y la palabra que soltó amenazó con destruirle:

- ¡Emmett!

Las entrañas de Edward se desgarraron cuando ella se corrió gritando el nombre… de otro hombre.

Otra vez estaba ahí la sensación de querer golpear a Emmett.

Intentó respirar profundamente mientras Bella se dejaba caer sobre el pecho de su primo.

Bella suspiró tristemente, lo que hizo a Edward salir de su ensimismamiento.

Cuando ella empezó a llorar no pudo evitar arrancarla del abrazo de Emmett y estrecharla contra su cuerpo.

-No quiero que la toques sin mi – le gruñó a Emmett – Es mía ¡Mía!

De inmediato ella comenzó a forcejear para liberarse de él. Bella siguió sollozando, y Edward comprendió lo que pasaba por su mente: ¿cómo había podido dejar que otro hombre tocara su cuerpo?

Joder, ¿qué le había hecho a Bella?

La vergüenza y después la furia contra sí mismo lo asolaron.

Entonces sólo sintió ira.

Edward empujó a Bella a la cama, le agarró los muslos y se los separó.

La chica se mostraba ante él brillante, sonrosada y muy mojada. Sus pliegues parecían invitarlo a entrar, y aquella visión no hacía más que ponerlo hambriento.

-No soy solo tuya. También lo soy de él – le respondió ella.

Él la miró intensamente a los ojos. Comprendió que debía tratarla de manera que la tocara quien la tocara ella debía tener muy claro que le pertenecía a él.

Enseguida, Edward le cubrió el cuerpo con el suyo, se envolvió las piernas de Bella en torno a su cintura y se deslizó profundamente dentro de ella.

Bella jadeó.

Edward sonrió torcidamente, y luego dijo:

-Vas a aprender algo muy distinto, gatita. Ahora mismo.

Edward comenzó un vaivén duro, gimiendo y jadeando, al tiempo que Bella se retorcía bajo él. Pero para el hombre no era lo suficientemente profundo. Rodeándola con los brazos empujó con más fuerza. Jadeando con frenesí, fusionó su boca con la de ella y la penetró de nuevo. Bella se estremeció y gimió aun más fuerte, pero seguía sin ser suficiente.

Jamás lo sería.

Siguió moviéndose con rudeza y rapidez.

Ella era todo lo que él había querido siempre y que nunca creyó que existiera o se mereciera. Y no pensaba dejar esa cama hasta que ella estallara en otro orgasmo y gritara su nombre.

-Edward – la voz de Emmett interrumpió el ritmo salvaje con el que la embestía - ¡Edward!

-¿Qué? – gruñó él.

-Sé más suave.

Edward bajó la mirada llena de deseo hacia Bella. Tenía las pupilas dilatadas y un impulso eléctrico recorrió su miembro cuando ella gimió de necesidad.

-¿Te hago daño?

Antes de que ella pudiera contestarle, él volvió a penetrarla rudamente. Ella se estremeció y le arañó la espalda.

-¿Te lo hago? – exigió.

-No. Más. ¡Oh, Dios mío, quiero mucho más!

Sonrió, y embistió contra ella como un maníaco enloquecido de lujuria. La inmovilizó bajo su cuerpo y la devoró con un beso apasionado.

- Bueno, parece que no me necesitáis aquí. Así que… me voy – Edward quedó paralizado. En el mismo momento en que Emmett pronunció estas palabras, sintió también que le habían arrancado todo el deseo, sustituyéndolo por temor, puesto que toda la sangre abandonó su erección.

Mierda. ¿Qué le pasaba? Eso no le había ocurrido nunca, y ahora que quería demostrarle a Bella que ella era solo suya, ahora que quería hacer el amor con ella, su erección… estaba desapareciendo.

Edward cerró los ojos intentando centrarse en el sexo. Pero nada. Lo único que podía sentir era temor.

Se sintió menos hombre. Ni siquiera podía mantener una erección sin tener a su primo cerca. ¿En qué le convertía eso?

-¡Detente! – le ordenó Edward – Detente, por favor, ven aquí y háblale con suavidad. Yo no puedo.

Emmett vaciló.

-Por favor.

Con un suspiro de derrota, Emmett regresó al lado de la cama, subiéndose a ella. Edward removió hasta que la espalda de Bella reposó sobre el pecho de su primo.

En el instante en que Emmett comenzó a susurrarle a Bella dulces palabras, Edward sintió que su erección volvía. Sujetó a Bella de las caderas y se impulsó en su interior, diciéndole:

-Eres preciosa, gatita. Jamás he querido a nadie como te quiero a ti.

Bella comenzó a llorar mientras rodeaba el cuello de Edward con los brazos.

Tras unas cuantas embestidas, Bella llegó al orgasmo.

-¡Edward!

La chica se contrajo salvajemente, lo que provocó que él la acompañara.

Sus miradas se encontraron. Edward no podía apartar la vista de ella.

Un rato después, Bella se relajó y rompió la conexión entre ellos, se apartó de él y abrazando a Emmett comenzó a llorar desconsoladamente.

Emmett la envolvió con sus brazos, pero su mirada buscó la de Edward.

Edward no estaba seguro de nada en ese momento. Toda su atención se centraba en Bella.

-¿Gatita? – se acercó a ella inclinándose sobre su espalda - ¿Qué te pasa?

Ella se negó a hablar los primeros minutos, a pesar de que él insistía, así como Emmett. Pero no les respondió. Sólo siguió llorando, desgarrando a la vez el corazón de Edward.

Tanto Emmett como él hicieron lo único que podían hacer, acariciarla y decirle que todo estaría bien. Entonces, ella dijo:

-Nunca más.

Luego cerró los ojos para no verlo. Ambos se quedaron paralizados.

-¿Nunca más qué? – preguntó Emmett consternado.

Acaso se refería a lo que ellos temían.

Edward suspiró.

-Emmett, sabes que te considero un hermano, ¿verdad?

Emmett lo miró con enojo.

-¿Sí?

-Te das cuenta de lo que pasa, ¿verdad? No podemos continuar haciéndole esto. Bella no quiere volver a ser compartida.

-¿Y qué… vas a follarla tú solo? – le desafió Emmett - ¿Igual que hace unos minutos?

Bastardo. Después de lo que había pasado hacía unos momentos había quedado demostrado que no era un hombre completo, que no podía hacer el amor con una mujer si no había otro hombre con ellos. Sólo necesitaba la seguridad de saber que había alguien más… por si acaso.

Emmett continuó.

-Le has dicho que ibas a reclamarla para ti. ¿Cómo piensas hacerlo?

-Sabes que no puedo hacerlo solo – Edward estaba avergonzado – Incluso así, esto de nosotros tres… tiene que parar.

-¡Maldita sea!

-Venga. Ella no vale para esto, ¿no te das cuenta?

-¡Yo lo necesito! Tú lo necesitas. ¿Qué diablos quieres que hagamos?

Emmett frunció el ceño.

-¿Por qué lo necesitas tú? ¿Qué obtienes con ello?

-Ya basta. Yo no voy a tirarlo todo por la borda. Hasta hoy, Bella se ha portado maravillosamente con nosotros. Ha sido perfecta. Esto ha sido algo aislado…

-No lo es – interrumpió Edward - ¿Acaso no has visto como lloraba a lágrima viva?

Realmente deseaba que Emmett tuviera razón. Pero la realidad era que Bella probablemente se sintiera despreciada, sucia, sabiendo que él la amaba pero, a pesar de ello, permitía que su primo la tocara. Y él apenas podía soportar ver como Emmett le ponía las manos encima.

-¿Qué coño ha pasado?

Mierda.

-Bella me ha dicho que me ama.

-También me lo ha dicho a mí – Emmett no sonaba celoso en absoluto.

Edward estaba confundido.

-Yo también le he dicho que la amo.

-¿Te ha dicho que solo quería estar contigo?

Se encogió de hombros.

-Ambos sabemos que yo no puedo mantener una relación así. Me siento… - Edward escondió el rostro entre sus manos – destrozado. ¿Qué clase de hombre necesita que un amigo le eche una mano para poder hacer el amor con una mujer?

-¿Crees que ella lo entiende? ¿Qué sabe por qué?

-No – Emmett quiso hablar pero Edward le interrumpió antes de que pudiera hacerlo – Decírselo no cambiará las cosas.

-Chorradas. Esas son cosas que te dices a ti mismo para no tener que decirle la verdad.

-Déjalo ya. – Emmett se encogió de hombros enojado.

-¿Y ahora qué?

Edward suspiró, bajando la mirada a Bella.

-Ahora nos iremos a casa y le diremos a Bella, después de la cena, que no la vamos a volver a compartir. Luego, supongo que la dejaremos decidir qué quiere hacer.

-¿Querrás decir a quién de los dos quiere?

Buena pregunta. Las opciones eran un hombre roto o uno al que no amaba.

Edward se pasó la mano por el pelo.

-Sí.

Bella le había preguntado cuando fue a pedirle ayuda cómo lo llevaban con eso de los celos. Nunca lo había sentido, porque ninguna mujer de las que había compartido le había importado. Pero ahora lo sabía, y no solo no lo estaba llevando bien, si no que lo más probable es que acabara perdiéndola por culpa de eso.



OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Para cuando volvieron a su casa, Bella sentía que Edward se distanciaba de ella. Acaso el temor a su pasado era mas grande que lo sentía por ella, que estaba dispuesto a renunciar por no poder estar sin un hombre cada vez que se acostara con ella.

El ambiente en el que se encontraba la asfixiaba, y antes de pensarlo demasiado, pidió el coche prestado a Emmett y se dispuso a ir a comprarle algo a su padre.

Cuando volvió a casa, después de haber ido a ver a su padre, Emmett la recibió con una sonrisa.

-No tardaré mucho. ¿Me esperarás? Debemos hablar…

Bella no amaba a Emmett como si amaba a Edward, pero el chef conseguía tranquilizarla con su sola presencia.

-¿Vas a decirme que ha terminado conmigo?

-Lo que suceda será por decisión tuya – La besó dulcemente en los labio, y después se fue.

Cuando se fue, Bella no pudo evitar llorar desconsoladamente. ¿Desde cuando se había vuelto tan sensible? Y además últimamente estaba muy cansada.

Al menos esperaba que no hubiera ninguna razón oculta tras ese agotamiento.

Se levantó del sofá y se preparó la comida. Ya tendría tiempo de pensar en sus preocupaciones después.

Dio un respingo al oír el ruido de un coche aparcar. Edward había llegado y ella no se sentía con fuerzas de hablar con el, así que cogió su nuevo móvil, las cosas que había comprado y se dirigió al cuarto de baño.

Cuando Edward llegó a casa llamó a Emmett para avisarle que ya se encontraba allí. Había llegado el momento de aclarar la situación, y realmente esperaba no acabar a puñetazos con su primo.

Intentando controlar sus nervios, Edward fue en busca de Bella. Antes de que llegara Emmett, él tenía que decirle algunas cosas.

Estaba en el pasillo cuando la oyó hablar por teléfono, pero ¿con quién?

-Yo también me alegro de hablar contigo – una pausa – sí, tenemos que aclarar algunas cosas.

Frunciendo el ceño, Edward se apoyó en la pared exterior del cuarto de baño. Bella suspiró. Edward sabía que no debía escuchar a escondidas, pero no pudo evitarlo.

-Lo sé. He tenido que ocultarme, es por eso que no está disponible. Por el hombre que puso la bomba en casa de mi padre – otra pausa – Está bien, y yo también. Solo un poco candada. Quizá podríamos hablar mañana.

Edward se paso la mano por la cara. Intuía ya quién podía ser.

-No, no estoy tratando de darte largas. – otra pausa, y luego… un fuerte sollozo – Por favor, déjame en paz. No me amas, Jacob. Tu quieres alcanzar la redención, y yo no puedo conseguirlo por ti. Ni siquiera puedo resolver mis propios problemas.

Mierda. Sus sospechas eran ciertas. ¿Y qué coño quería ahora el niño bonito? Además, ese capullo estaba haciéndola llorar.

Antes de que pudiera hacer nada, Bella comenzó a chillar.

-¡Maldita sea, ahora no! ¡Para de una vez!

Bella jamás se había puesto tan histérica. Ya había oído suficiente.

Irrumpió en el cuarto de baño y le arrebató el teléfono a Bella.

-Si vuelves a llamar y molestar a mi mujer, te romperé todos los huesos del cuerpo, cabrón.

Colgó el teléfono con furia y agarró a Bella, estrechándola entre sus brazos.

Ella temblaba violentamente.

-Gatita. Cariño…

Le acarició el pelo con suavidad intentando tranquilizarla, aunque lo que de verdad quería era buscar a Jake y partirle la cara.

A lo lejos escuchó el coche de Emmett. Gracias a Dios. Emmett sabría tranquilizar a Bella.

-Déjame llamar a Emmett.

-No – se aferró con fuerza a él – Edward, tengo miedo.

Edward se sintió aliviado de que ella siguiera queriéndole.

-No tengas miedo de Jacob. Si es necesario lo haré entrar en razón personalmente…

-No es por eso. – Bella comenzó a llorar de una manera que al empezó a entrarle miedo.

-Entonces, ¿Qué pasa? Si es por lo de esta mañana, lo siento, gatita. Respira profundamente y…

Ella levantó los ojos llorosos y lo miró, dejándolo paralizado.

-Estoy embarazada.

Lentamente Bella se separó de él para enseñarle la prueba de embarazo.

Tenía dos rayas rosas.

Edward tragó saliva. Aquello no podía estar pasando. Estaba a punto de vomitar.

-¿Cómo coño ha pasado? ¿No estabas tomando la píldora…?

-En el hospital me dieron antibióticos para que no se me infectaran los puntos. Se me olvidó que reducen el efecto de la píldora… Oh, Dios. Tienes mala cara.

Edward se sentía mareado. Aquello era la peor pesadilla de su vida.

Volvía a revivir el pasado.

-No puede ser – negó con la cabeza – Jamás debería de haber tomado tu virginidad. Sabía que no debería haberlo hecho.

Edward salió disparado del cuarto de baño. Oyó el llanto de Bella, cada vez más lejos. Antes de poder salir a la calle, vio que Emmett ya había llegado. Y por su mirada supo que lo había escuchado todo.

Su primo lo agarró por los hombros.

-Inspira profundamente.

-La has oído. ¡Está embarazada!

Emmett estaba muy calmado. Pero ¿por qué? Si el sabía mejor que nadie por todo lo que había pasado.

Edward se pellizcó el puente de la nariz mientras se mataba pensando.

¿Por qué coño no había usado condón? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Debía vigilarla día y noche? ¿Cómo podía estar seguro que todo iba a ir bien cuando no estaba seguro ni de sí mismo?

-Lo sé – Emmett intentó tranquilizarlo – Edward, sé que estas molesto. Pero es una bendición…

-Bueno, no fue una maldita bendición para Tanya.

-¿Quién es Tanya? – preguntó Bella, rodeándose el estómago con los brazos.

Edward se giró con rapidez. Bella tenía una expresión atormentada que le retorció las entrañas.

Emmett suspiró.

-Tanya es…

-La razón por la que no valgo ni para ti… ni para ninguna otra mujer – lo interrumpió Edward – Es la razón por la que no puedo follar con ninguna si no hay otro hombre conmigo. Y yo soy la razón de que ella esté muerta.

Edward avanzó hasta el sofá y se hundió en el, sujetándose la cabeza con las manos.

-Y ahora la historia vuelve a repetirse, y volverá a ser culpa mía.

-¿De qué estas hablando? – murmuró ella.

Edward levantó la cabeza de repente.

-De todas maneras iba a contártelo todo esta noche. Pero no de esta manera.

Edward se sentó en una silla, vacilante. Ahora dudaba de él. Era una pena que no se hubiera dado cuenta del peligro antes.

Edward inspiró hondo, antes de hablar, luchando contra el dolor que le provocaba recordar el pasado.

-Tanya era mi novia del instituto. Comenzamos a salir cuando ella tenía 15 años y yo 16. Salimos un año antes de comenzar… - era duro hablar de eso – a mantener relaciones sexuales. Ella acababa de cumplir 16 años. Era virgen.

-Supongo que se quedó embarazada – advirtió Bella.

-Sí. Estábamos muy asustados. Aún no había cumplido los 18. su padre era el sheriff del pueblo. Jamás le caí bien.

-Imagino que murió. ¿Fue en el parto? – susurró horrorizada Bella.

-No – el cerró los puños. Luego se tranquilizó – se suicidó.

Bella soltó un grito ahogado, y después se cubrió la boca. Probablemente lo estaba condenando por ello. Se lo merecía.

-se tomó un bote de pastillas. En la carta de despedida, le decía a su familia que me odiaba y que había sido una estúpida por dejar que la tocara. Les decía que sería un padre horrible – dijo con voz temblorosa.

-Edward, no. Solo eras un crío.

-Pero ella tenía razón. Yo y mi estúpida polla hicimos que se tomara ese bote de pastillas.

-Ella fue la que tomó esa decisión – insistió Bella.

-Sí, pero después de que yo la dejara embarazada. Me juré a mi mismo que jamás permitiría que volviera a ocurrir algo así. Y ahora mira.

-¿Nunca? ¿Pretendías no tener hijos nunca? – Bella parecía consternada – Edward, no es posible que creas que todas las mujeres sean capaces de reaccionar igual que Tanya. Yo, por ejemplo… ¿acaso has pensado que yo haría lo mismo que ella ahora que estoy embarazada?

-Sí. Se le había pasado por la cabeza justo eso.

-Bella, solo hace unos segundos que sabes que estás embarazada. Pero ¿Cómo te sentirás cuando empieces a tener nauseas sin parar? ¿O dentro de unos meses, cuando tu cuerpo haya cambiado y no te parezca tuyo?

Bella parecía… traicionada. Y Edward se encontraba completamente confundido.

-Un embarazo no es el fin del mundo. Lo llevaré bien. Si piensas por un momento que haría algo que pudiera ponerme en peligro a mí o al bebé para intentar llamar la atención, es que no me conoces. En absoluto – las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

-Eso dices ahora…

-Y lo diré siempre – juró Bella.

Dios. Como quería creerla. Pero ¿y si no era así? ¿Y si al final Bella decidía que no quería al bebé, a él, o a su propia vida?

La culpa por la muerte de Tanya lo había destrozado. Casi no pudo acabar el instituto. Si no hubiera sido por Emmett, el ejército y los menages, hubiera estado tentado de seguir a Tanya.

-Eso al menos deja las cosas claras. Comenzaste a practicar menages tras la muerte de Tanya, ¿verdad? Así, si la chica se quedaba embarazada, podías echarle la culpa a otro hombre.

Había dado justo en el clav… ¡Un momento!

Clavó la mirada en Emmett.

-Quizá tú seas el padre del bebé. Quizá…

-Ojala fuera así.

Emmett se arrodilló frente a Bella, le levantó la camiseta y le dio un beso en el vientre aun plano.

miércoles, 6 de abril de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 1

"media" adaptación


CAPÍTULO 1

Aunque Edward pudiera sentir el momento exacto en que mi tía daba la vuelta por la carretera y entraba al camino que llevaba a la casa, esa no fue la razón por la cuál él se marchó.




Él se fue por mí.



Por el simple hecho de que él había estado tras de mi durante cientos de años, buscándome en todas mis reencarnaciones, para que así podamos estar juntos.



Solo que nunca habíamos estado juntos.



Lo que significa que nunca lo habíamos hecho.



Aparentemente cada vez que estábamos a punto de dar el siguiente paso y consumar nuestro amor, Tanya se las arreglaba para aparecerse y matarme.



Pero ahora que la había matado, que la había eliminado con un bien ubicado, aunque admito que fue débil, golpe al chakra de su corazón, no hay absolutamente nada o nadie que pudiera intervenir en nuestro camino.



Excepto yo.



Porque aunque amaba a Edward con todo mi ser, y definitivamente quería dar el siguiente paso, no podía dejar de pensar en los pasados seiscientos años. En como él había decidido vivirlos, descabelladamente, según él, con quién decidió vivirlos y, aunque odiaba admitirlo, el saber todo eso me hacía sentir un poco insegura.



Bueno... quizá demasiado insegura. No era como si mi patéticamente escasa lista de chicos que había besado se podrían alguna vez comparar con sus seiscientos años de conquistas y aunque sabía que era ridículo, aunque sé que Edward me había amado durante siglos, lo cierto es que el corazón y la razón

no siempre son amigos y en mi caso ellos casi ni se hablan.



Aún así, cada vez que Edward venía para mis lecciones, siempre me las arreglaba para convertirlas en una prolongada sesión de besos, cada vez, pensando: ¡Esta es! ¡Esta vez sí pasará!



Solo para luego empujarlo como si fuera la peor de las enfermedades, y la verdad, es que es exactamente como él decía. Él no podía cambiar su pasado. Simplemente así es. No se puede deshacer algo que ya está hecho. No hay reversa. No hay marcha atrás.



La única cosa que una persona puede hacer es seguir hacia delante y eso es exactamente lo que yo necesitaba hacer. Dar el gran salto hacia delante sin vacilar, sin mirar hacia atrás ni una sola vez. Simplemente olvidar el pasado y forjar el futuro. Ojala hubiera sido así de fácil.



-Bella?- Esme subía las escaleras mientras yo corría frenéticamente por mi habitación, tratando de ordenarlo antes de sentarme frente a mi escritorio y hacer todo un barullo para aparentar que estaba ocupada.-Sigues despierta?-ella preguntó, asomando su cabeza al interior de la habitación. Su ropa estaba arrugada, su pelo estaba caído y sus ojos estaban rojos por el cansancio.



-Estaba terminando una tarea- le dije, mientras apartaba mi ordenador portátil como si lo hubiera estado usando.



-Comiste?- Ella se reclinó contra el marco de la puerta, con sus ojos entrecerrados y llenos de sospechas. Es su detector de mentiras portátil, el cuál llevaba a todas partes sin ella saberlo.



-Por supuesto- le dije, asintiendo y sonriendo y haciendo lo mejor que podía para que pareciera sincera, pero la verdad es que mi rostro se sentía falso.



Odiaba tener que mentir. En especial a ella, después de todo lo que había hecho por mí, de haberse hecho cargo después del accidente en donde toda mi familia había muerto. Ella no estaba obligada a hacer eso. El que ella fuera el único familiar que me quedaba vivo no le impedía decir que no y creerme, la mitad del tiempo probablemente desearía haber dicho que no. Antes de que yo llegara

su vida era mucho menos complicada.



-Me refiero a algo además de esa bebida roja.- Ella hizo señas hacia la botella en mi escritorio. El líquido rojo opaco con el extraño y amargo sabor el cual ya no odiaba tanto como solía hacerlo. Lo cual era bueno porque, según Edward, estaría bebiéndolo durante el resto de mi eternidad. Pero tampoco es que ya no podía comer comida de verdad, es solo que ya no quería. Mi zumo inmortal tenía todos los nutrientes que podría necesitar y siempre me sentía satisfecha sin importar si bebía mucho o poco.



Pero de todas formas sabía lo que ella estaba pensando y no solo porque podía leer todos sus pensamientos, si no porque yo solía pensar lo mismo sobre Edward. Yo solía molestarme mucho cuando lo veía apartar su plato, rechazar la comida o fingir que comía. Hasta que descubrí su secreto, claro.



-Yo, eh, comí algo antes- finalmente le dije, intentando no presionar mis labios, apartar la mirada o contrdecirme. Todas las cosas que usualmente me delatan.-Con Alice y Rosalie- añadí esperando que eso explicará la ausencia de platos sucios, aunque sabía que el dar muchos detalles era malo, como una señal con luces rojas anunciando: mentirosa al frente! Además de que Esme era abogada, es una de las que tenía más prestigio en la firma en donde trabajaba y eso la hacía increíblemente buena en detectar farsantes. Aunque ella utilizaba ese don exclusivamente para su trabajo. En su vida privada, ella prefería confiar. Excepto ese día. Ese día no me estaba creyendo ni una palabra. En cambio me miró y me dijo:

-Estoy preocupada por ti.



Yo me giré para así quedar frente a ella y parecer que estaba abierta y lista para escuchar todas sus preocupaciones, aunque la verdad es que estaba bastante asustada.



-Estoy bien- le dije. Sonriendo y reafirmando con la cabeza para que ella me creyera. -De verdad. Mis notas son buenas, me estoy llevando bien con mis amigos, Edward y yo... - hice una pausa, dándome cuenta de que nunca antes había hablado con ella sobre mi relación con él. Nunca la había definido y me la había guardado para mí y la verdad es que, en ese momento que había comenzado el tema, no sabía cómo seguirlo. Referirme a nosotros como novio y novia sonaba tan mundano e inadecuado... nuestro pasado, presente y futuro era uno solo, porque obviamente, toda nuestra historia compartida nos

hacía mucho más que eso. Pero aún así, tampoco es que fuera a proclamarnos públicamente como compañeros eternales o almas gemelas. Eso sería demasiado extraño y la verdad es que prefería no definirlo. Ya estaba bastante confundida así como están las cosas. Además, qué podría decirle? Qué nos habiamos amado durante siglos, pero aún no lo habiamos hecho? -Bueno las cosas entre Edward y yo van muy bien- dije finalmente, tragando con dificultad cuando me di cuenta que había dicho bien en lugar de grandioso, lo cual vendría siendo la única verdad que hubiera dicho en todo el día.



-Así que él estuvo aquí.- Ella puso en el suelo su maletín de cuero marrón y me miró.

Ambas completamente conscientes de lo fácil que caia en sus trampas de abogada profesional.



Yo asentí, mentalmente pateándome por haber insistido en quedarnos en casa de Esme en lugar de habernos irnos a su casa, como él al principio quería.



-Vi su coche pasar a toda velocidad.- Ella dirigió su mirada hacia la cama deshecha y las almohadas desordenadas y cuando me volvió a mirar, no pude evitar estremecerme. En especial cuando presentí lo que me iba a decir.



-Bella.- Ella suspiró. -Siento que no esté aquí la mayoría del tiempo y que no podamos pasar mucho tiempo juntas y aunque sé que aún estamos acostumbrándonos a estar juntas, quiero que sepas que estoy aquí para ti. Si alguna vez quieres hablar con alguien, yo te escucharé.



Yo presioné mis labios y asentí con la cabeza, sabiendo que ella aún no había terminado, pero deseando que terminará pronto si me mantuviera callada y complaciente. -Porque aunque probablemente pienses que soy demasiado vieja para entender por lo que estas pasando, yo sí recuerdo cómo era tener tu edad, lo insoportable que puede ser la presión constante de tener las medidas de las modelos y actrices y otras imágenes imposibles que ves en la TV.



Yo tragué en seco y evité mirarla, intentando no reaccionar de manera exagerada, de no irme sobre la borda defendiéndome ya que es mejor que ella creyera eso y que no sospechara la realidad.



Desde que fui expulsada, Esme había estado observándome de cerca más que nunca y desde que se había comprado todos esos libros de auto ayuda, libros como: “CómoCriarUnChicoCuerdoEnTiemposLocosComoEste” y “TuAdolescenteYLosMediosDeComunicación”, se había vuelto mil veces peor. Ahora se la pasaba marcando y subrayando todos los comportamientos

adolescentes más alarmantes y luego me examina, buscando síntomas.



-Pero quiero que sepas que eres una chica preciosa, mucho más hermosa de lo que yo fui a tu edad y eso de estar pasando hambre para competir con todas esas celebridades flacuchas que pasan la mitad de su vida entrando y saliendo de rehabilitación no es solamente una meta irrazonable e inalcanzable, también terminará por ponerte enferma. -Ella me miró enfáticamente, deseando poder

atravesarme, sus palabras se quedaran dentro de mí. -Quiero que sepas que eres perfecta así como eres y me duele mucho verte pasar por esto y si es por Edward, entonces tengo que decirte que...



-No soy anoréxica.-Ella me miró. -No soy bulímica, no estoy bajo ninguna dieta absurda, no me estoy dejando morir de hambre, no me estoy forzando a ser talla cero y no estoy intentando parecer una gemela Olsen. En serio Esme, parezco que me estoy dejando morir de hambre?- Me levanté para que ella pudiera ver sin obstrucciones toda mi gloriosa estructura vestida con jeans ajustados, porque en todo caso, me siento todo lo contrario a estar delgada. Creo que me he desarrollado muy bien.



Ella me miró. De verdad me miró. Comenzando desde el tope de mi cabeza, hasta la punta de mis pies y parando en mis pálidos y expuestos tobillos. No me quedó de otra que enseñarlos cuando descubrí que mis jeans favoritos me quedaban demasiado cortos y tuve que enrollarlos.



-Yo creía...- Ella se encogió de hombros, insegura de qué decir en se momento que la evidencia presentada ante ella señala claramente un veredicto no culpable. -Porque nunca te veo comiendo y siempre estas tomando esa …



-Así que asumiste que de alcohólica pasé a ser anoréxica?- Yo me rei para que ella viera que no estoy enfadada. Un poco molesta tal vez, pero más conmigo misma que con ella. Debí haber fingido mejor. Debí al menos fingir que comía. -No tienes nada de que preocuparte.- Sonreí. -De verdad. Para dejar las cosas claras, tampoco tengo ninguna intención de usar o vender drogas, experimentar con modificaciones en mi cuerpo, cortarme, marcarme, hacerme algún piercing, o lo que sea que encuentres en tu lista de “LosPrimerosDiezComportamientosMalAjustadosParaBuscarEnTuAdolescente” de esta semana. Y para que lo sepas, el que beba de ese líquido rojo no tiene nada que ver con intentar ser delgada como las celebridades o intentar complacer a Edward, simplemente resulta que me gusta y eso es todo. Además yo sé que Edward me ama y me acepta exactamente como... - Me detuve sabiendo que había comenzado un tema completamente distinto del cual no tenía ganas de hablar y antes de que ella pudiera apenas formular las palabras que tiene en la cabeza, yo levanté una mano y le digo -Y no. No me refiero a eso. Edward y yo estamos...- enganchados, saliendo, somos novios, amigos con beneficios, eternamente unidos. -bueno, estamos juntos. Ya sabes, comprometidos como pareja. Pero no estamos durmiendo juntos.



Todavía.



Ella me miró con su rostro tan ceñido e incómodo como yo me siento en mi interior. Ninguna de las dos quería hablar de ese tema, pero al contrario a mí, ella sentía que es su deber.



-Bella, yo no estaba insinuando...- Ella comenzó, pero luego me miró y yo la miré y luego ella se encogió de hombros diciendo que es mejor dejarlo así porque ambas sabemos que sí lo estaba insinuando.



Estaba tan aliviada de que todo hubiera acabado relativamente fácil, que me tomó completamente desprevenida cuando ella dijo:

-Bueno, como parece ser que en realidad te importa este jovencito, creo que será mejor que yo lo conozca. Así que vamos a programar una fecha para ir todos a cenar. Qué tal este fin de semana?



Este fin de semana?



Tragué con dificultad y la miré, sabiendo exactamente lo que ella quería hacer: matar dos pájaros con una cena.

Había encontrado la oportunidad perfecta para verme comer un plato lleno de comida, mientras interroga a Edward.



-Bueno eso estaría muy bien, pero la obra de Alice es este viernes- yo luché por mantener mi voz calmada y segura -y luego se supone que harán una fiesta la cual probablemente acabará muy tarde y...



Ella asintió con sus ojos fijos en los míos y su mirada era tan extraña, que me hizo sudar.



-Pues probablemente no se pueda hacer -terminé de decir, sabiendo que eventualmente tendré que hacerlo, pero deseando que no sea hasta mucho tiempo después. Yo quería mucho a Esme y amaba a Edward, pero no estaba segura si los quería juntos, especialmente cuando comenzara el interrogatorio.



Ella me miró por un momento, luego asintió y se dio la vuelta, y cuando estaba a punto de exhalar aliviada, ella miró sobre sus hombros y dijo:

-Bueno, el viernes queda fuera, pero todavía queda el sábado. Por qué no le dices a Edward que esté aquí a las ocho?
 
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Hola mis dulces lectores!! Hoy tuve un par de horas libres, y no dude en utilizarlas para ponerme a escribir =D así que me dio tiempo para poder terminar el capítulo y publicarlo.
Espero que me dejeis comentarios o me tireís tomates, eso lo dejo a vuestra libre elección, pero dejarme comentario, sii??
Un besazo enorme!! OsAmo!!

lunes, 4 de abril de 2011

La Danza de la Noche * Capítulo 2

Adaptación


CAPÍTULO 2

Edward esperaba en el estudio, con unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas. La mujer todavía no llegaba tarde. Llegaría puntual. Necesitaba el trabajo.


Él la había seguido a casa la noche de la audición. Había sido precavido durante todo el tiempo que había sido vampiro, y eso lo había mantenido con vida durante más de doscientos setenta y cinco años. Una de sus medidas de seguridad era asegurase de que conocía a la gente con la que se relacionaba, así que Edward estaba decidido a saber más sobre aquella Bella.

No sabía que pensar de ella. Era pobre, obviamente. Sin embargo, había dado clases de baile durante años, tenía un buen maquillaje, un buen corte de pelo, y el inglés de los privilegiados. Sería un operativo de incógnito de algún tipo? Si lo era, no habría aprovechado la oportunidad para trabajar para Black Moon, la única empresa de jessica que podía ser remotamente interesante? Quizá fuera una niña rica corriendo una aventura perversa.

Durante sus cincuenta primeros años como vampiros, Edward Cullen había hecho lo posible para esconderse en el mundo de los humanos. Se había mantenido apartado de los de su clase. Cuando estaba con ellos, la tentación de explorar su propia naturaleza era demasiado fuerte. Edward había sido abandonado por el hombre que lo había convertido en lo que era. No había tenido oportunidad de aprender las normas básicas de su condición. En su ignorancia, había matado a infelices en los barrios bajos de Dublín. Poco a poco, había aprendido que no era necesario matar a sus víctimas. Con un trago de sangre podía sobrevivir, si lo tomaba todas las noches. Había aprendido a usar sus influencias vampíricas para borrar recuerdos de las víctimas, y había aprendido a borrar sus propias emociones casi con igual éxito.

Después de cincuenta años, más fuerte, más frío, había comenzado a frecuentar la compañía de otros vampiros. Se había enamorado un par de veces, y siempre había terminado mal, fuera la mujer en cuestión vampira o humana.

Su nueva pareja de baile, aquella Bella, era hermosa, una de las mujeres más bellas que había visto en siglos. Edward podía admirar su belleza sin dejarse influir por ella. Sabía que pasaba algo con aquella chica, que tenía algo oculto en su interior. Se encogió de hombros. Fuera cual fuera su secreto, él terminaría averiguándolo. No estaba impaciente por aquella revelación. Quería bailar con ella durante mucho tiempo; era flexible y dócil entre sus brazos, olía bien, y el balanceo de su espesa melena caoba la producía una punzada de dolor en el pecho.

Aunque intentó negárselo, Edward estaba deseando probarla más de lo que hubiera deseado ninguna otra cosa durante décadas.



La sala de ensayos era un gran estudio detrás de la habitación donde había conocida a Jessica y a los demás. Había una hoja con un horario, y en el hueco de las seis y media hasta las ocho en punto estaba escrito Edward/Bella. Rosalie y Emmett iban a ensayar después de ellos, leyó Bella.

Estaba nerviosa por el hecho de encontrarse a solas con el vampiro. Él la estaba esperando, igual de callado e inmóvil que dos noche antes. Como precaución, Bella se había puesto un colgante con un crucifijo bajo su viejo maillot gris. Había llevado zapatillas de ballet, zapatos de claqué y zapatos de tacón. Asintió a Edward a modo de saludo, y dejó los tres pares en el suelo.

-No sabía que ibas a querer ensayar- le dijo

-Por que son diferentes las iniciales?- preguntó él, y para su consternación, Bella se dio cuenta que le gustaba su acento irlandés.

-A que te refieres? Ah, a la bolsa de los zapatos?

-Cual es tu nombre verdadero?

Bella lo miró. Él tenía los ojos, muy verdes y brillantes, fijos en ella en aquel momento, pero no estaba intentado hipnotizarla, o hacer lo que hicieran los vampiros.

-Es un secreto- dijo ella, como una niña

-Como te llamas de verdad?

Él le hablaba con calma, pero estaba claro que iba a seguir insistiendo. En realidad, Bella no lo culpaba. Era su pareja de baile. Debería saberlo.

-Isabella Marie Swan.

-De acuerdo- dijo él. Donde viven tus padres ahora?

-Murieron- dijo ella, y él supo que había mentido.

Y, aunque tendría que probar su sangre para estar seguro, Edward sospechó que su nueva pareja de baile vivía con miedo.



Después de hacer el calentamiento, su primer ensayo fue bastante bien. Siempre y cuando se concentrara en el baile, la conversación era fácil. Cuando tocaban un tema más personal, no lo era.

Edward le explicó que casi nunca los llamaban para bailar claqué.

-La gente que nos contrata quiere algo llamativo o romántico- dijo- Quieren una pareja que baile tango, o una pareja que haga piruetas, para los bailes de beneficencia. Si es algo como una fiesta de petición de mano, o una aniversario, quieren un baile sexy, lento, que termine con el mordisco.

Bella admiró la forma tan impersonal que tuvo que decirlo, como si los dos fueran profesionales en aquello, como actores ensayando una escena. De hecho, aquello era lo más apropiado.

-Nunca lo he hecho- dijo- Lo del mordisco. Ah.. siempre muerdes en el cuello?

-Es lo que les gusta al público. Es como mejor se ve, y es tradicional. En la vida real, si es que yo puedo usar esa expresión, podemos morder en cualquier sitio. Las mayores arterias están en el cuello y la ingle, así que son los lugares preferidos. No es mortal. Solo necesitamos una o dos gotas. No necesitamos mucho a medida que envejecemos.

Bella se dio cuenta de que palidecía. Aquello era lo mismo que había averiguado en el ordenador de la universidad, aunque se había sentido obligada a pedirle a Edward que le confirmara lo que había leído. Necesitaba saber todo aquello, pero estaba azorada, como si estuviera hablando de posiciones sexuales.

-Vamos a probar con un tango- dijo Edward, y Bella se puso los zapatos de tacón- No puedes llevar un tacón más alto?- le preguntó su pareja.

-Si, puedo bailar con más tacón, pero eso me pondría más cerca de tu altura, no te parece?

-No soy orgulloso- dijo él con sencillez- Lo más importante es la imagen.

Aristócrata o no, era un hombre práctico. Para agrado de Bella, Edward continuó siendo una gran pareja. Era muy profesional y paciente, y como ella tenía un poco olvidado el tango, le agradeció su tolerancia. A medida que continuaba el ensayo, Bella tomó confianza, y ella comenzó a disfrutar mucho.

Hacía tanto tiempo que no se divertía..

Terminaron con un baile de relajación, una canción romántica de los años cuarenta interpretada por una gran orquesta de jazz. Cuando la música estaba terminando, Edward dijo:

-Ahora te inclino- la bajó hasta que su espalda estuvo casi paralela con el suelo, y la mantuvo en aquella posición- Y entonces, te muerdo- le explicó, e hizo ademán de morderle el cuello. Sintió como ella se estremecía, y esperó a que se calmara, pero al ver que no lo conseguía, la irguió.

-Podríamos tener una actuación este fin de semana, si te parece que puedes hacerlo- le dijo- Tendríamos que practicar todas las noches, y tendrían que arreglarte los trajes.

Bella se sintió aliviada por tener un tema de conversación seguro. Rosalie y Emmett estaban junto en la puerta, esperando su turno de ensayo. Ambos estaban escuchando con interés.

-Jessica ha dicho que había un armario de trajes, no es así?

-Te lo enseñaré- le dijo Edward

Después de haber echado un vistazo en la oficina de Jessica, en la que los trajes estaban colgados en percheros móviles, Bella fue al servicio. Mientras se estaba lavando las manos, entró Rosalie. La joven rubia estaba muy contenta. Tenía las mejillas sonrosadas y una gran sonrisa.

-Tengo que contártelo- le dijo a Bella- Me alegro muchísimo de que eligieras a Edward. A mi siempre me ha parecido muy guapo Emmett, y Edward es muy frío.

-Cuanto tiempo llevas bailando para Jessica?- preguntó Bella. No quería hablar sobre su pareja de baile.

-Oh, un año. También tengo un trabajo de día, como administrativa en una aseguradora, pero ya sabes lo difícil que es mantenerse. He venido a vivir a Rhodes porque pensé que una ciudad del interior del país sería más barata que cualquiera en la costa, pero para una chica sola es difícil ganarse la vida.

Bella estaba de acuerdo.

-Me resulta difícil entender por que trabajan en esto los vampiros- dijo

-También tienen que vivir. La mayoría de ellos también quieren un sitio agradable para vivir, ropa limpia y todo eso.

-Supongo que siempre he pensado que todos los vampiros son ricos.

-No, no. además, Emmett solo es vampiro desde hace veinte años.

-Vaya.

-Está muy abajo de la jerarquía- explicó Rosalie- Lo que es raro es encontrar un vampiro tan viejo como Edward que baile. La mayoría de los vampiros tan mayores pensarían que trabajar para una humana no es digno de ellos- dijo, y parecía que sentía un poco de desprecio por Edward.

Bella dijo:

-Que tengas un buen ensayo, Rosalie. Nos vemos pronto.

-Claro- dijo Rosalie- Buen fin de semana.

Bella no quería ser brusca, pero le tenía simpatía a Edward. Igual que ella, se ganaba la vida con algo que hacía bien, y no tenía un orgullo tonto por ello.

Aquella simpatía se desvaneció la noche siguiente, cuando Bella descubrió que él la estaba siguiendo a casa. Después de bajar del autobús, tuvo un brevísimo atisbo de Edward cuando se dirigía a su edificio. Subió los escalones todo lo rápidamente que pudo, e intentó actuar con normalidad mientras abría la puerta del portal y se dirigía hacia su diminuto apartamento. Cerró de un portazo, con el corazón acelerado, y con gran cautela, dejó las luces apagadas y se acercó a la ventana. Lo vería fuera, mirando hacia arriba. Lo sabía. Lo sabía todo.

Pero él no estaba allí. Bella miró bien, pero Edward no estaba allí.

Se sentó en la única silla que tenía, para poder pensar. Era posible que se hubiera equivocado? Si hubiera sido una mujer con menos experiencia, quizá hubiera podido convencerse de ello, pero hacía mucho tiempo que Bella había decidido fiarse de su instinto. Había visto a Edward. Quizá él quisiera saber más de su pareja de baile. Sin embargo, no había seguido vigilándola una vez que ella había entrado en su apartamento.

Tal vez la hubiera seguido para asegurarse de que llegaba a casa sana y salva, no para espiarla.

Bella tuvo problemas para concentrarse a la mañana siguiente en su clase de historia de las islas británicas. Todavía estaba preocupada, y no sabía si debía enfrentarse a Edward o mantenerse en silencio. Cuando anocheció, se puso en camino hacia el ensayo con un sentimiento de ira.

Durante todo el camino hasta New Moon se preguntó si debía enfrentarse a su pareja de baile. Sin embargo, necesitaba aquel trabajo desesperadamente, y bailar le encantaba. Y aunque le avergonzaba reconocerlo, era muy agradable poder ponerse guapa como fuera posible, en vez de ocultarse como siempre.

Bella llegó a un compromiso consigo misma: si Edward se comporataba adecuadamente durante aquel ensayo, si no le hacía preguntas personales, dejaría el asunto. Bailaría aquel viernes y ganaría dinero.

No pudo evitar sentir furia cuando entró en la sala de ensayo y lo vio, pero él la saludó con calma, y ella contuvo la rabia.

El baile fue muy bien aquella noche; Bella estaba nerviosa, y eso debió de mejorar su actuación. Edward le corrigió un par de posiciones de los brazos, y ella cumplió cuidadosamente con sus sugerencias, e hizo algunas también.

Si Edward la siguió hasta casa aquella noche, Bella no lo vio. Comenzó a relajarse con respecto a la situación.

La noche siguiente, él la mordió.

-Es mejor que la primera vez no suceda delante de todo el público- le dijo- Podrías ponerte a gritar, o desmayarte. Vamos a repetir lo que hemos estado trabajando, ese dúo de rumba de salón.

-Que es, posiblemente, el baile sexy más manido del mundo- dijo ella, deseosa de pelearse con él para disimular su nerviosismo.

-Por un buen motivo- replicó Edward

El dúo en el que había estado trabajando tenía pasos de ballet moderno. Comenzaron con Edward aproximándose a Bella gradualmente, mostrando con los movimientos del cuerpo y de las manos lo mucho que querían tocarse. Finalmente, se entrelazaron en una maravillosa unión de brazos y piernas, y Edward la bajó hasta que Bella estuvo en la misma posición en la que había estado durante el ensayo de la noche anterior.

-Esta vez vamos a bajar mucho- dijo él- Mi rodilla derecha tocará el suelo, y tú deberías extender las piernas en paralelo a mi pierna izquierda. Rodéame el cuello con el brazo izquierdo. Extiende el derecho.

-Y puedes sujetarme así? No quiero terminar en el suelo.

-Si apoyo la mano derecha en el suelo, puedo sujetarnos a los dos.

-Tú eres el vampiro- dijo ella, encogiéndose de hombros.

-Que te he hecho yo?- preguntó él, dolido.

-No sabía que tú ibas a ser el jefe.

-Acaso prefieres estar tú al cargo?- le preguntó Edward con frialdad.

-No- respondió ella rápidamente- Es solo que..

-Que?

-Nada! Nada! Vamos a hacer el maldito final!- exclamó ella con ansiedad.

Se colocó en posición de una manera muy precisa. Él le tomó ambas manos y se la apretó contra el pecho. Sus ojos se clavaron en los de ella. Por primera vez, en su rostro se reflejó algo distinto a la indiferencia.

“No ha sido muy inteligente por mi parte pelearme con él justo antes de que me mordiera” pensó Bella. Sin embargo, la música comenzó a sonar. Con resignación, Bella se movió con el vampiro hasta el final del baile, y entonces, él la inclinó hacía atrás con elegancia, y ella le rodeó el cuello mientras extendía el brazo derecho hacia atrás, dibujando un línea magnífica. Edward estaba inclinado sobre ella, y ella le vio los colmillos y dio un respingo, sin poder evitarlo.

Entonces, él la mordió.

Todos sus problemas desaparecieron, todos sus músculos se relajaron, y ella se sintió completa de nuevo. Su cuerpo era perfecto, estaba intacto.

En un instante, Bella estaba llorando, sentada en el suelo con las piernas cruzadas. Edward estaba sentado a su lado, con el brazo sobre sus hombros.

-Ya no volverá a ser así- le dijo en voz baja, cuando estuvo seguro de que ella lo entendía.

-Que ha pasado? Es así para todo el mundo?- preguntó Bella, mientras se secaba las mejillas con el pañuelo que la había dado Edward.

-No. la primera vez puedes ver lo que te hace más feliz. La próxima vez será más agradable, pero no tan abrumador.

Bella se alegró de que le hubiera mostrado en privado como era aquello. Claro que tampoco Edward hubiera deseado que ella se desmayara en la pista de baile. Habría quedado como una estúpida, y él también.

-Sabes lo que estoy sintiendo?- le preguntó, y giró la cara para mirarlo a los ojos.

Él no rehuyó la mirada.

-Si, de un modo apagado. Distingo si eres feliz, o si estás triste, al morderte.

Edward no le dijo que a partir de aquel momento, siempre sería capaz de saber como se sentía. No le dijo que le había sabido más dulce que el recuerdo que tenía de la miel, más dulce que ningún otro humano al que hubiera mordido en la vida.

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Hola mis dulces lectores! perdón por no publicar antes, pero aquí os dejo este nuevo capítulo!
dejaís comentarios?? ;D
Un beso enorme, OsAmo!! ^.^
Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
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