Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 14 de julio de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 11

Adaptación



CAPÍTULO 11:

Salgo por la puerta a toda velocidad, llego al callejón y observo todo a mi alrededor mientras mis ojos se acostumbran a la obscuridad de ese espacio ocupado solo por una hilera de abarrotados contenedores, vidrios rotos, un gato hambriento, pero nada de Edward.


Me adentro más en el callejón y mis ojos buscan implacablemente mientras mi corazón late tan rápido que temo que vaya a romper mi pecho. Me niego a creer que él no está aquí. Me niego a creer que él me dejó plantada. ¡Emmett es terrible! ¡Él está mintiendo! Edward jamás se iría y me dejaría así.

Mis dedos trazan la pared de ladrillos, buscando una guía. Cierro mis ojos e intento sintonizar la energía de él, llamándolo a través de un mensaje telepático de amor, necesidad y preocupación.

Pero lo único que consigo como respuesta es un vacío negro. Luego, con mi célular presionado contra mi oído, zigzagueo entre todos los autos que esperan para salir, mientras observo por las ventanas y dejo una serie de mensajes en su correo de voz.

Cuando se rompe el tacón de mi sandalia derecha, los arrojo a un lado y sigo caminando. No me importan mis zapatos. Puedo crear cientos de pares.

Pero no puedo crear a otro Edward. Mientras el teatro se vacía lentamente, y aún sigo sin señales de él, me desmorono en la acera sintiéndome sudada, exhausta y desanimada, mientras observo como los cortes y ampollas de mis pies se curan simultáneamente y deseo poder cerrar mis ojos, tener acceso a su mente y poder leer sus pensamientos y saber su paradero.

Pero la verdad es que nunca he sido capaz de entrar a su cabeza. Es una de las cosas que más me gustaron de él. El que él sea psíquicamente inaccesible me hizo sentir normal. Quién diría que lo que una vez fue tan atrayente es la misma cosa que ahora está en contra mía.

-Quieres que te lleve?

Levanto la vista y me encuentro con Emmett parado frente a mí, haciendo tintinear sus llaves con una mano y con la otra sosteniendo mis sandalias rotas.

Muevo la cabeza y miro hacia otra parte, sabiendo que no estoy en posición de negarme a que me acerque a casa, aunque preferiría arrastrarme por un camino de carbones calientes y vidrios rotos en lugar de meterme con él en un coche para dos.

-Vamos,- él dice. -Prometo no morder.

Recojo mis cosas, tiro mi teléfono dentro de mi bolso y aliso mi vestido mientras me levanto y digo:

-Estoy bien.

-De verdad?- Él sonríe, acercándose tanto que la punta de nuestros pies casi se tocan. -Porque, honestamente, no te ves muy bien.

Doy la vuelta y me dirijo a la salida, sin preocuparme en detenerme cuando él dice:

-Me refería a que la situación no se ve muy bien. O sea, mírate Bella, estás despeinada, descalza y, aunque no estoy seguro, parece que tu novio te ha dejado plantada.

Respiro profundamente y sigo caminando deseando que él pronto se canse de este juego, se canse de mí, y se vaya.

-Y aún así, incluso en ese frenético y desesperado estado, debo admitir que sigues siendo sexy, si no te molesta que te lo diga.

Me detengo súbitamente y me giro para encararlo, a pesar de que me propuse seguir avanzando.

Avergonzándome mientras sus ojos recorren lentamente todo mi cuerpo, deleitándose con mis piernas, mi cintura y mi pecho, con una malicia inconfundible.

-Hace a uno pensar en qué está pensando Edward porque, si me lo preguntas…

-Nadie te ha preguntado nada,- le digo, sintiendo que mis manos están comenzando a temblar y me recuerdo a mi misma que aquí yo estoy completamente al mando; que no tengo ninguna razón para temerle. Que, aunque luzca como la clásica chica indefensa, soy todo lo contrario. Soy más fuerte de lo que solía ser, tan fuerte que si de verdad lo quisiera, podría derribarlo de un solo puño. Podría agarrarlo por los pies y tirarlo al otro lado de la calle. Y ni pienses que no estoy tentada a probarlo.

Él sonríe con esa sonrisa despreocupada que convence a todos menos a mí y sus férreos ojos azules miran directamente a los míos de una manera tan conocedora, tan personal y divertida, que mi primer impulso es largarme de allí.

Pero no lo hago.

Porque todo en él se siente como un reto y de ninguna manera voy a dejar que él gane.

-No necesito que me lleves,- digo finalmente, girándome para seguir caminando y sintiendo un escalofrío al estar él justo detrás de mí, con su aliento frío en mi nuca, diciendo:

-Bella, por favor, detente un minuto ¿Sí? No quería hacerte sentir mal.

Pero yo no me detengo, sigo caminando determinada a poner entre nosotros toda la distancia que pueda.

-Vamos, ven aquí.- Él ríe. -Solo estoy intentando ayudar. Todos tus amigos se han ido, Edward se ha largado, el equipo de limpieza se fue, lo cual me deja a mí como tu única esperanza.

-Tengo bastantes opciones,- digo entre dientes, deseando que se largue de una vez para poder intentar manifestar un auto, zapatos y poder irme.

-Yo no veo ninguna.

Yo muevo mi cabeza y sigo caminando. Esta conversación ha terminado.

-Entonces prefieres caminar todo el trayecto hasta tu casa en lugar de ir en el auto conmigo?

Alcanzo el final de la calle y presiono el botón de peatones una y otra vez, deseando que la luz cambie a verde para poder llegar al otro lado y deshacerme de él.

-No sé a qué se deba todo este mal comienzo, pero es claro que me odias y no tengo idea de porqué.- Su voz es suave y tentadora, como si de verdad quisiera que volvamos a comenzar y hacer las paces; borrón y cuenta nueva y esas cosas.

Pero no quiero hacerlo. No quiero hacer las paces con él. Yo solo quiero que se vaya a alguna otra parte y me deje sola para poder encontrar a Edward.

Pero aún así, no puedo dejarlo ir. No puedo dejar que él tenga la última palabra, así que miro sobre mis hombros y digo:

-No te halagues tanto Emmett. Te tiene que importar alguien para poder odiarlo, lo cual en este caso es imposible, así que no puedo odiarte.

Luego, aunque la luz aún no ha cambiado a verde, comienzo a caminar por la calle, bailando alrededor de varios autos que aceleran antes de que la luz amarilla se vuelva roja y sintiendo el insistente frío de su mirada.

-Y tus zapatos?- Él grita. -Es una pena que los dejes así. Estoy seguro que el tacón se puede arreglar.

Pero yo solo sigo caminando. Viendo como él hace una profunda reverencia, haciendo un exagerado arco con su mano y mis sandalias colgando de la punta de sus dedos. Y su risa toda acompasada me persigue a través del boulevard y la carretera.
 
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miércoles, 13 de julio de 2011

La Danza de la Noche * Capítulo 9

Adaptación



CAPÍTULO 9:

-Eras criado de un aristócrata?- preguntó ella, y su rostro se iluminó de interés


-Si. Mi familia era muy pobre. Mi padre murió cuando yo tenía once años, así que no pude hacerme cargo de su herrería. Mi madre no sabía que hacer. Éramos cinco hermanos, y ella tuvo que vender el negocio. Tuvimos que mudarnos a una casa más pequeña, y mi hermana mayor, que tenía quince años, tuvo que casarse. Yo tuve que buscar trabajo.

-Pobrecito- dijo Rosalie- dejar tan pequeño el colegio

Él sonrió.

-Lo cierto es que no había colegio para los de mi condición social- dijo- yo sabía leer y escribir, porque me enseñó nuestro sacerdote. Mis hermanas no sabían, porque nadie imaginaba que fueran a necesitarlo- explicó, y frunció el ceño- Deberías comer. No te he traído la comida para que se te quede fría.

Ella giró la cabeza para ocultar la sonrisa, y tomó el tenedor.

-Conseguí trabajo con un caballero que estaba de paso en el pueblo. Su mozo murió de unas fiebres mientras estaban alojadas en la posada, y él me contrató al instante. Yo estaba al servicio de su ayuda de cámara, May. Me fui con ellos cuando volvieron a Inglaterra. El caballero se llamaba sir Jason Jenks, y era un hombre extraño. A mi me parecía extraño.

-Supongo que resultó ser un vampiro

-Si. Si, lo era. Tenía unos hábitos muy peculiares, pero entonces no se cuestionaban a la gente que estaba por encima de ti en la escala social, y menos si era una persona generosa que trataba bien a la gente. Viajaba mucho, además, así que nadie podía preguntarse cosas sobre él durante mucho tiempo, de vez en cuando paraba en su casa de campo durante una temporada. Aquello era maravilloso, porque viajar era muy difícil entonces, muy incómodo.

-Pero, cmo llegaste a ser su ayudante de cámara? Que le ocurrió a May?

-May había envejecido a su servicio, y cuando yo cumplí dieciocho años, su artritis había empeorado mucho y le dolía caminar. Por compasión, sir Jason le compró una casita en el campo y le concedió una pensión. Y a mi me ascendió. Yo me ocupaba de su ropa, de sis pelucas, de sus necesidades. Lo afeitaba. Cambiaba su ropa blanca, pedía su baño cuando lo deseaba, le limpiaba sus zapatos. Por eso se cuidar de ti- dijo, y le acarició el pelo- Cuando entré en contacto más cercano con sir Jason, entendí que aquel hombre tenía algo más que excentricidad. Sin embargo, yo lo quería por su bondad, y sabía que debía guardar su secreto, tanto por mi bien como por el suyo. Seguimos así, como amo y sirviente, durante muchos años... quizá doce, o quince. Perdí la cuenta de la edad que tenía.

Aquello le pareció muy triste a Bella. Tuvo que bajar la cabeza para que él no viera que se le habían llenado los ojos de lágrimas.

-Más tarde me di cuenta de que bebía un poco de las mujeres con las que se acostaba- dijo Edward- Él les satisfacía mucho, pero al día siguiente, muchas de ellas estaban débiles. En nuestro pequeño vecindario del campo, tenía fama de ser una mujeriego. Sin embargo, él tenía que cambiar de una a otra para que ninguna de ellas tuviera que soportar todas sus necesidades. Estaba mucho más sano cuando íbamos a la ciudades, porque allí podía visitar casas de mala reputación, tanto como quisiera, y podía cazar en los callejones.

-Y que ocurrió?

-La gente del pueblo comenzó a sospechar. Él no envejecía, y en aquella época, todos envejecían muy rápidamente. Perdió dinero, y no podía permitirse el lujo de viajar continuamente, así que tenía que quedarse en la casa de campo. Nunca iba a la iglesia los domingos. No podía salir a la luz del día, por supuesto. Y no llevaba cruz. El cura comenzó a recelar de él, aunque mi amo donaba mucho dinero a la iglesia. La gente también comenzó a evitarme a mi, porque yo era el hombre de sir Jason. Fue un tiempo muy difícil- dijo Edward, y suspiró- Entonces, una noche vinieron a buscarlo, gente del pueblo y el cura. Le dije quien estaba en la puerta, y él me respondió: “Edward, lo siento, pero tengo que comer antes de huir” Y entonces, se abalanzó sobre mi.

Bella había perdido el apetito. Se limpió la boca con la servilleta y posó la mano sobre la de Edward.

-Me dio unos cuatos tragos de su sangre después de haberme vaciado- prosiguió él. Me dijo: “Vive, si tienes valor, chico”. Después, desapareció. La gente echó a bajo la puerta y comenzó a buscarlo por toda la casa, y me encontraron a mi. Creyeron que estaba muerto. Estaba muy pálido, tenía marcas de la mordedura y no oían los latidos de mi corazón. Tampoco podía hablar, por supuesto. Así que me enterraron.

-Oh, Edward.

-Por suerte, me enterraron enseguida. Y en un ataúd podrido, además. Me mantuvieron protegido de la luz del sol, y me resultó fácil romper la tapa cuando me desperté- dijo, y se encogió de hombros- Quería terminar rápidamente con el trabajo, así que la fosa que cavaron para mi no era profunda. Y no dejaron vigilancia en el cementerio para comprobar si me levantaba. Otro golpe de suerte. La gente no sabía tanto de vampiros como cien años después.

-Y que hiciste después de eso?

-Fui a ver a mi novia, una chica del pueblo. Era hija del tendero- dijo, y sonrió ligeramente- Llevaba luto por mi. La vi cuando salió por un cubo de agua. Me di cuenta de que le destrozaría el resto de la vida si me mostraba ante ella. Quizá la impresión la matara, y si no, podía hacerlo yo. Tenía mucha hambre, después de pasar tres días en la tumba. Y no había nadie que pudiera decirme lo que tenía que hacer. Sir Jason se había marchado.

- Y como te las arreglaste?

-La primera vez intenté aguantar demasiado tiempo sin comer. El primer hombre del que me alimenté no sobrevivió. Tampoco el segundo, ni el tercero, ni el cuarto. Tardé en aprender cuando podía beber, y cuando podía aguantar el hambre antes de hacer algo que después pudiera lamentar.

Bella apartó la comida.

-Y volviste a ver a sir Jason?

-Si, lo vi en París, diez años depués.

-Como fue?

-Él estaba en una taberna. De nuevo, era un aristócrata bien vestido, amo y señor de todo lo que veía- dijo Edward, en un tono desprovisto de pasión- Siempre le gustó eso.

-Y hablasteis?

-Me senté frente a él y lo miré a los ojos.

-Y que dijo él?

-Ni una palabra. Nos miramos el uno al otro durante un par de minutos. En realidad no había nada que decir. Me levanté y me fui. Aquella noche decidí aprender a bailar. Había bailado danzas rurales cuando era niño, por supuesto. Me gustaba más que ninguna otra cosa, y tenía siglos que llenar. Los hombres bailaban entonces. Casi todos los hombres. Era una habilidad social imprescindible si eras de clase alta, y yo podía pasar de una clase a otra, actuando como sir Jason cuando quería aprender danzas de los grandes salones de baile de los ricos, y como uno de mi clase cuando quería aprender bailes folclóricos.

Ambos se relejaron mientras Edward hablaba de bailar. Bella tomó su tenedor de nuevo y comió un poco. Poco a poco, Edward se fue quedando en silencio, cuando ella estuvo segura de que se había recuperado de la narración de su historia, le dijo:

- Tengo que darle de comer a la gata. Necesito ir a mi departamento

-Pero no puedes quedarte allí- dijo Edward con tirantez

-Entonces, donde?

-Aquí, por supuesto. Conmigo.

Ella hizo un esfuerzo por no mirar a su alrededor en el diminuto apartamento. Probablemente, podría meter su libros y su ropa en algún sitio, pero tendría que renunciar a todo lo que había adquirido con tanto esfuerzo. Como iba a coordinar sus vidas tan diferentes? Hasta que punto los sentimientos de Edward no eran solo de compasión?

Él interpretó acertadamente si estado de ánimo.

-Vamos por tus cosas. Si no me equivoco, ya has perdido un día de clases. Tendrás que ir mañana si puedes. Que tal caminando?

Bella se movía lentamente, con rigidez. Edward le puso los calcetines y le ató las botas con practicidad, con cuidado, y ella se sintió conmovida.

-Por lo menos, no tengo peluca que debas empolvar- dijo, y sonrió

-Eso fue una gran avance del siglo XX respecto al XVIII- comentó él- El cuidado del pelo y los zapatos. Ahora es mucho mejor.

-El pelo y los zapatos- dijo ella en tono divertido

Pensó en aquello mientras Edward se preparaba, y cuando salieron a la calle, se sentía mucho más alegre. Esperaba tener muchas conversaciones con Edward, en las que él pudiera contarle cosas sobre la ropa, la forma de hablar y las costumbres sociales de la década que había vivido. Seguramente, podría escribir ensayos muy interesantes para el final del semestre.

Le encantaba oír hablar a Edward. Le encantaba que la besara. Le encantaba como le hacía sentir, como una mujer atractiva en la cama. Y adoraba como la sujetaba cuando bailaba, con respeto. Como había ocurrido aquello en tan pocos meses? Cuando se había convertido él en algo tan importante para ella?

Y en aquel momento, caminando a su lado, se sentía feliz. Aunque la vida se hubiera hecho añicos y tuviera el cuerpo dolorido de los golpes, se sentía calmada, estable, porque tenía a Edward. Adoraba todas las pecas de su cara, su cuerpo blanco y fuerte, su boca, su talento para el baile.

Él había hecho cosas maravillosas por ella. Sin embargo, no le había dicho que quería. Pero tenía los ojos fijos en su rostro como si fuera la mujer más bella del mundo, y eso debería ser suficiente. La manera en le había hecho el amor le daba a entender a Bella que él pensaba que era maravillosa, y eso debería ser suficiente. Tenía la sospecha de que cualquier hombre se reiría de ella por preguntar aquello, pero ella no era un hombre, así que necesitaba oír las palabras sin haberlas pedido.

Al siguiente segundo, una visión inesperada la sacó de su ensimismamiento. Miró automáticamente hacia las ventanas de su apartamento y se llevó una horrible sorpresa.

-La luz de mi casa está encendida- dijo, deteniéndose en seco.

-Te la dejaste encendida anoche?

-No. solo dejo encendida la lamparita de mi mesilla de noche

-Voy a ver- dijo Edward, y cuidadosamente, hizo que ella le soltara el brazo

-Oh, por favor, no vayas a la puerta- dijo Bella- Tal vez te esté esperando

Edward se encogió de hombros

-Si lo prefieres....

Ella se acercó a escondidas al edificio y vio a Edward subiendo por la escalera de incendios. Cuando llegó al piso de Bella, miró por la ventana. Desde abajo, Bella no consiguió verle la cara ni adivinar su expresión.

-Eh, Bella- dijo alguien

Ella se sobresaltó, al darse la vuelta vio que su vecina de enfrente, una artista que se hacía llamar Kachiri, estaba a su lado.

-Que está haciendo ese tipo?- le preguntó a Bella

-Está mirando dentro de mi apartamento- dijo ella

-Y se puede saber que estaba haciendo a noche? Parecía que querías recolocar todos los muebles del piso

-Yo no estuve ayer en casa

Kachiri era una mujer lata, con un peinado al estilo rastafari, y llevaba unas gafas de pasta de color rojo. No era alguien que se asustara de las verdades incómodas

-Entonces es que alguien entró en tu apartamento- dijo- y tu amigo está mirando para ver lo que ha ocurrido?

Bella asintió.

-Debería haber llamado a la policía anoche, cuando oí todo ese ruido- dijo la mujer- Pensaba que estaba haciéndote un favor al no llamar a la policía, pero en vez de eso, estaba siendo la típica vecina de la gran ciudad. Lo siento.

-Me alegro mucho de que no fueras a llamar a mi puerta- dijo Bella

-Oh. Es grave, entonces.

Observaron como Edward bajaba las escaleras de nuevo. No estaba contento.

Edward, aunque no era parlanchín, siempre era amable, así que Bella supo que tenía malas noticias cuando no saludó a Kachiri.

-Serás mejor que no subas ahí- le dijo a Bella- dime lo que necesitas y yo te lo bajaré

De repente, Bella supo lo que había ocurrido

-Ha matado a Nessi- dijo con espanto- La ha matado?

-Si

-Pero tengo que....- se dirigió hacia la puerta del edificio, pensando en todas las cosas que necesitaba, en que tenía que encontrar una caja para su mascota, en la pena que sentía.

-No- dijo Edward- No debes subir

-Tengo que enterrarla- insistió Bella, tratando de zafarse de él

-No

Bella lo miró sin entender nada.

-Pero, Edward, tengo que hacerlo.

Kachiri dijo:

-Cariño, tu amigo te está diciendo que no queda mucho que enterrar

Bella apenas pudo aceptar aquello, pero su mente saltó a otras preocupaciones

-Y mis libros? Mis apuntes?- preguntó, intentando asimilar la magnitud del daño

-No utilizables

-Pero si ya llevamos cuatro semanas de este semestre! No voy a poder.... Voy a tener que dejarlo!

Tan solo los libros le habían costado seiscientos dólares. Había comprado la mayor parte de ellos de segunda mano, por supuesto, pero, estando tan adelantado el curso, no iba a encontrar más.

Por lo menos tenía sus zapatos de baile. Algunos pares estaban en la taquilla de Black Moon Entretainment, y el resto en la bolsa que se había llevado a casa de Edward. Bella siguió pensando.

-Y la ropa?- murmuró, antes de que le fallaran las rodillas

-Puedo que quede algo salvable- dijo Edward, aunque no parecía muy convencido, y se agachó a su lado.

-Conozco a unas personas que pueden limpiar el apartamento- dijo Kachiri- Acaban de llegar de África, y necesitan dinero

Aquella era una ayuda inesperada.

-Pero Edward dice que es horrible lo que hay dentro....- dijo Edward, con las mejillas llenas de lágrimas

-Cariño, comparado con las fosas comunes y las carnicerías que han tenido que limpiar en su país, esto será pan comido para ellos.

-Haces bien en darme perspectiva- dijo Bella, e irguió los hombros. No parecía que Kachiri hubiera pretendido tal cosa, pero se mordió el labio y se mantuvo en silencio- Soy tonta. A mi no me encontró en el apartamento, y no he terminado como Nessi

Bella se puso de pie, y consiguió mantenerse durante diez segundos, antes de que el recuerdo de su querida gata la hiciera desmoronarse de nuevo.

-Lo mataré, querida- dijo Edward, abrazándola

-No, Edward – dijo ella- deja que se encargue la ley

-Quieres llamar a la policía

-Deberíamos hacerlo. Habrá dejado huellas

-Y si llevó guantes todo el rato?

-Dejé que se escapara después de haberme golpeado anoche, y que hizo él? Venir aquí, matar a mi gata y destrozar mis cosas. Debería haber llamado a la policía anoche.

Edward no dijo nada, pero su expresión era de escepticismo.



La policía fue mejor, más amable, de lo que Bella esperaba. Sabía lo que significaba eso. Su apartamento debía de estar completamente ensangrentado. Edward le dijo al detective Eric, que él podía indicarle las cosas que faltaban.

-Usted no necesitaba subir- le dijo Eric a Bella- si su amigo puede hacerlo por usted

Edward y Eric subieron al apartamento y Bella se tomó una taza de chocolate caliente que le llevo Kachiri. Bella pensó que había tenido amigos a su alrededor durante todo el tiempo, si se hubiera molestado a mirar.

Cuando Edward apareció de nuevo, con una bolsa de basura llena de ropa que había podido salvar, le dijo a Bella que lo único que había echado en falta con seguridad había sido su agenda

-Estaba mi dirección apuntada?- le preguntó

-No- dijo ella- tal vez tu número de teléfono. Pero yo no sabía donde vivías hasta anoche

-La policía dice que podemos irnos ya. Volvamos a mi casa- le sugirió Edward. Después de una pausa insegura, añadió-: Crees que podrás bailar esta noche? Es demasiado tarde para llamar a Jessica y decirle que consiga una pareja de sustitución

-Bailara esta noche?- preguntó ella, mirándolo mientras caminaba- Oh! Se supone que deberíamos estar en el museo esta noche!

-Baile de salón. Podrás hacerlo?

-Si hay un vestido que pueda ponerme en el estudio, si

Aunque tendría que apartarse de la cabeza el recuerdo de su apartamento destrozado, sería un alivio pensar en otra cosa. Bailarían un vals, harían un número con la canción Puttin'on the Ritz. Habían hecho aquello algunas veces más. Era una sesión que encantaba al público mayor, y era posible que los patronos del museo lo fueran.

-Pidieron que fuéramos nosotros, específicamente- dijo Edward. Sin embargo, frunció el ceño. Como si aquella idea tuviera algo que no le gustaba.

-Entonces tenemos que hacerlo- dijo Bella. Estaba tan embotada que no podía expresar lo que sentía.

Cuando Edward abrió la puerta del estudio, se empeñó en que ella se quedara fuera un instante mientras él comprobaba que no hubiera nadie extraño, y ella obedeció. Después la hizo entrar, observándola con atención, intentando evaluar su capacidad.

-Solo se que necesito dinero. No tengo nada- dijo Bella, y la enormidad de la situación la golpeo de lleno- No tengo nada.

-Me tienes a mi

-Porque?- le preguntó- Por que estás haciendo esto?

-Por que me importas

-Pero- dijo ella, disgustada. Soy tan débil.... Mírame, me estoy desmoronando, como si no pudiera haber previsto que iba a suceder esto. Por que decidí tener una gata? Debería haber sabido que algo así ocurriría.

-Deberías haber sabido que no podías querer algo porque cabía la posibilidad de que te lo quitarán?

-No, debería haber sabido que él iba a matar cualquier cosa que yo quisiera

-Vamos- dijo Edward, en un tono de voz duro- vas a ponerte un vestido bonito, y yo voy a hacer algunas llamadas de teléfono.

El vestido era de color rosa pálido, sin tirantes, y le llegaba hasta los tobillos. En la bolsa de basura, encontró medias y ropa interior del mismo color que el vestido. Su bolsa de zapatos estaba allí, gracias a dios, y dentro había unas sandalias de tacón adecuadas para aquel programa.

Edward, que había terminado de hacer las llamadas, se puso unos pantalones de bailarín y una camisa blanca de manga larga. Después se puso un chaleco negro, y metió sus zapatos de baile en la bolsa de Bella

-Te vas a dejar el pelo suelto?- preguntó Edward- Así está precioso- dijo. Bella casi nunca se dejaba el pelo suelto para una actuación, pero él pensó que el rosa pálido del vestido realzaba su color caoba-Pareces una flor- añadió, con la voz llena de admiración- serías maravillosa fuera cual fuera tu aspecto, pero tu belleza es un añadido.

Ella intentó sonreír, pero fue incapaz de hacerlo.

Estaba demasiado triste como para apreciar el cumplido

-Es agradable oírtelo decir. Tenemos que irnos. No podemos llegar tarde.

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Mis dulces lectores! este es el penúltimo capítulo de esta adaptación. La semana que viene el último :)
Comentarios??
 

martes, 12 de julio de 2011

El Beso del Vampiro * OneShoot

Este OneShoot pertenece con cada una de sus letras a Arancha. Espero que os guste y dejeís muchos comentarios :)




EL BESO DEL VAMPIRO:

El beso del vampiro Stefan fue mágico y lleno de fantasía. Me transportó a una casa antigua en medio del bosque para que sus criadas me curaran los arañazos. Esos arañazos me los hice cuando corría por en medio del bosque porque me perseguía alguien o algo. Y al final era el, Stefan, quien me salvo la vida en medio de la noche oscura de luna llena.

En su casa había un jaleo impresionante. Su hermano George había vuelto de un viaje de 4 días. Cuando lo vio, ni le saludo. Stefan estaba ansioso por verme curada de las heridas sangrantes que llevaba. Me acompaño el personalmente a mi habitación pasando por delante de su hermano. La habitación estaba en la planta de arriba. Al entrar estaba toda bien organizada. La cama estaba al fondo de la habitación y entrando a la derecha una gran estantería llena de libros de lectura así no tendría que salir a buscarlos a la biblioteca. El se acerco y me dijo que se tenía que ir un momento pero que intentaría volver pronto.

Al irse, cerró la puerta. Pero al rato llamaron a la puerta:

Pom Pom Pom!!!

-Quien es?- Dije yo.

-Soy el hermano de Stefan, George, que vengo a hacerte una visita. Ya me han contado lo que te paso y que bien que estaba mi hermano sensible y cariñoso Stefan cerca del bosque para que te salvara.

-Que es lo que quieres?

-Solo venia de visita. Ya se lo que pasa, mi hermano aún no te ha convertido. Como sabes eso?

-Porque te acabo de leer la mente y he visto k aun no lo ha hecho.

-Que me has hecho??? Como te atreviste???

Al instante Stefan al oír los gritos entro en mi habitación.

-Que pasa aquí George? -le pregunto a su hermano.

Su hermano le dijo que solo había entrado para saludarla y nada mas. Y le dije yo a Stefan que mentía que había entrado a verme y decirme que había tenido mucha suerte en que me hubieras encontrado en el bosque y también que me ha leído la mente para ver si me habías convertido en vampiro.

Yo asustada me acurruque sentada en la cama.

Empezaron a hablar de lo que paso pero al final acabaron peleándose y los dos atravesaron uno de los cristales del ventanal y cayeron al jardín trasero.

Empecé a llorar y a temblar de miedo por lo que les pudiera pasar pero salieron ilesos de ella. Entonces Stefan echo de mi habitación a su hermano y me dijo que se iba a quedar conmigo esta noche a dormir. Como habían traspasado el ventanal y estaba roto, de fondo se escuchaban los aullidos de los lobos y empecé a temblar y me dijo:
-No te preocupes amor que aquí estoy yo para protegerte

Y en ese momento me dio el beso del vampiro en mis sensibles y fríos labios. Me siguió besando por todo el cuerpo hasta que me dormí abrazada a él. Y en ese mismo instante en que me quede dormida, me mordió. Fue una sensación excitante y escalofriante a la vez.


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viernes, 8 de julio de 2011

Hambrientos de Deseo * Capítulo 9

Adaptación



CAPÍTULO 9:

Renesmee dio vueltas y más vueltas al asunto, pero seguía sin saber si estaba haciendo lo correcto al mantener las distancias con Jacob o si, por el contrario, estaba destrozando su mejor posibilidad de ser feliz.


Ni siquiera sabía si había tomado la decisión por motivos de peso o por simple y puro miedo. Para empeorarlo todo, la atracción que sentía era tan fuerte que no la dejaba pensar con claridad. Allí estaban, compartiendo la misma casa; y sin embargo, en algunos sentidos, no podían estar más lejos.

Por enésima vez, se preguntó por qué era incapaz de disfrutar del presente. Y siguió preguntándoselo mientras sacaba sus cosas de la maleta y las cajas y las guardaba en los cajones vacíos de la cómoda y el armario que, por suerte, tenían espacio de sobra.

Tardó un buen rato en guardarlo todo. Cuando terminó, puso el teléfono móvil a cargar. Después, decidió que ya era hora de salir de su escondite.

Se cepilló rápidamente el pelo, se puso un poco de carmín y se dirigió a la cocina. Al asomarse, se quedó asombrada por la escena que se abría ante ella: era una especie de fiesta de testosterona. No es que Jacob, Seth y los dos desconocidos estuvieran haciendo nada en particular; es que eran tan grandes, tan fuertes y tan masculinos que llenaban la habitación con su energía.

La presencia física de los Cazadores habría afectado a cualquier mujer; y más aún si, como ella, se encontrara delante de cuatro. En algún momento de la mañana, habían aparecido dos más.

Tomó aliento, se secó las palmas en los pantalones y entró en la cocina, iluminada por la luz del sol. La conversación de los hombres se detuvo en seco y todos los ojos se volvieron hacia ella. Renesmee sintió una timidez repentina, como una niña a quien hubieran pillado in fraganti mientras miraba los regalos del día de Navidad antes de tiempo.

—Hola… —dijo.

Seth le dedicó la mejor de sus sonrisas.

—Hola, muñeca.

—Renesmee… —dijo Mason, más cauto y más cómplice a la vez—. Te presento a Charlie y Carlisle. Viven aquí, en el callejón, y trabajan con Seth y conmigo.

Renesmee saludó a los recién llegados, bastante incómoda por ser el centro de atención.

—Vaya, un bocado de lo más suculento —dijo Carlisle, mirándola de la cabeza a los pies—. Qué calladito te lo tenías, Jake… con ese rubor tan dulce y esa sonrisa tan inocente, casi estoy por olvidar que es tu chica.

Carlisle se detuvo un momento, la miró mejor y añadió:

—Veo que no has dado el paso definitivo. Interesante.

—¿El paso definitivo? ¿Qué paso es ése? —preguntó ella.

Por lo visto, todavía le ocultaban cosas.

—No le hagas caso —dijo Jacob—. Déjala en paz, Carlisle.

—Hoy estás de mal humor, ¿verdad? —murmuró Carlisle, arqueando una ceja—. Sé reconocer a un colega comprometido cuando lo veo, y tú no lo estás.

—¿Qué significa eso de comprometido? —insistió ella.

—¿Acaso no se lo has…?

—Te lo explicaré más tarde, Renesmee —dijo Jacob, molesto con Carlisle—. No es una conversación que quieras mantener delante de todos. Créeme.

Ella frunció el ceño, pero supuso que tenía razón. Si la conversación era demasiado personal, no quería compartirla con el resto de los hombres.

Se acercó a Jacob y vio que Carlisle le dedicaba una mirada seductora, que seguramente no le fallaba nunca con las mujeres.

—Si todavía no eres de Black, cariño mío —dijo—, tal vez quieras ser mía…

Renesmee consideró la posibilidad de responder con algún comentario que lo pusiera en su sitio, pero su atrevimiento le sacó una sonrisa irónica.

—Veo que te has ganado tu fama a pulso, Carlisle.

Él inclinó la cabeza con elegancia.

—Llámame Carl, amor.

—No es tu amor, payaso irlandés —intervino Jacob.

—Lo será si ella quiere.

—Me temo que de momento prefiero seguir sin hombres —dijo ella.

Renesmee caminó hasta los armarios, sacó una taza y se sirvió un café. Al girarse, vio que Jacob y Carlsile se miraban con cara de pocos amigos.

Se sentó en la encimera, junto a la pila de metal. Segundos después, intervino Charlie.

—¿Y bien? ¿Qué ha dicho nuestro invitado? —preguntó, refiriéndose al joven del sótano.

—Ha dicho —respondió Seth— que James se ha dedicado a reclutar un pequeño ejército de seres desesperados, oprimidos, sin esperanza…

—Por Dios, déjate de tonterías y responde de una vez —dijo el irlandés, impaciente.

Seth rió. Era evidente que les estaba dando largas a propósito.

—Está bien, está bien… Parece que nuestro amigo James ha decidido organizar un club de psicópatas para destruir a la especie humana.

—¿Para destruirla? Más bien, para comérsela —puntualizó Renesmee.

—Sí, también para eso —dijo Jacob.

—Bueno, ya sabéis lo que dicen por ahí… —intervino Seth—. Que la carne humana es la más sabrosa.

—Eres un enfermo. ¿Lo sabías? —dijo Carlisle.

—No, sólo soy un pervertido —bromeó Seth.

—Un pervertido, no; un desquiciado —dijo Jacob.

—Claro, últimamente no hago otra cosa que trabajar y trabajar —se defendió Seth—. Nunca tengo tiempo de animar a las damas con mi encantadora presencia. Eso desquiciaría a cualquiera…

—Y hay tantas mujeres y tan poco tiempo… —intervino Carlisle.

—Por Dios, Carlisle, deja ese rollo a lo Julio Iglesias —gruñó Charlie, frunciendo el ceño—. Como insistas con él, te las verás conmigo.

—Vaya, parece que ya he vuelto a molestar a Charlie otra vez…

Renesmee se giró hacia Seth y preguntó:

—¿Siempre están así?

—No, hoy tienen un día bueno. Cuando lo tienen malo, no se soportan.

—Si tuvierais que estar con este tipo todo el tiempo, lo entenderíais —dijo Charlie—. Anoche, Carlisle se dedicó a cantar canciones de Julio Iglesias durante cuatro horas… estuve a punto de matarlo.

Carlisle se encogió de hombros.

—No le hagáis caso. Ya conocéis a Charlie… Mi influencia es magnífica para su presión arterial. Impido que le dé vueltas y más vueltas a la cabeza y lo centro en lo negativo.

Jacob soltó una carcajada.

—Oh, sí, lo centras tanto que sólo piensa en matarte.

—¿Para qué están los amigos? —bromeó Carlisle—. Pero dime una cosa, Black… ahora que has encontrado a tu pareja, ¿vas a seguir cazando?

—Por supuesto. Sin mí, no sabríais encontrar ni vuestra propia sombra. Pero a partir de ahora, Seth y yo nos quedaremos cerca de casa.

Carlisle arqueó una ceja.

—Claro, para que nosotros nos ocupemos de esos salvajes mientras tú te quedas con tu mujercita. Maravilloso.

Jacob lo miró con dureza y declaró:

—Tómalo como una oportunidad de ampliar tu círculo de mujeres.

El irlandés echó la silla hacia atrás, manteniéndola en un equilibrio altamente inestable, y alzó su taza.

—Brindo por eso —dijo.

—¿Habéis averiguado algo nuevo en Delaine? —preguntó Jacob.

—No, nada —contestó Carlisle—. Nada de nada. No sé lo que han hecho con su olor, pero es imposible de seguir.

—A Carlsile y a mí nos dio mala espina —dijo Charlie, que se encogió de hombros—. Y cuando me hablaste del olor extraño de James, no supimos qué pensar. Es lo mismo en todas partes… ese fondo raro, ácido, como a vinagre.

Jacob frunció el ceño y comentó:

—Parece que el truco no les funciona del todo bien. No pudimos captar el olor de Jacob en la distancia, pero lo notamos al acercarnos. Evidentemente, sólo ha aprendido a disimularlo.

—Él y todos los demás —murmuró Charlie.

—En efecto —dijo Carlisle.

—Si las cosas se complican, puedo pedir ayuda a algún clan de otro condado. Nos deben muchos favores.

—No, no pidas ayuda todavía, Black —dijo Carlisle—. Ya habrá ocasión si la cosa llega hasta el punto de que no podamos solucionarlo por nuestros propios medios. Entretanto, creo que deberíamos mantenerlo en secreto; cuantos menos lo sepamos, mejor.

—Estoy de acuerdo.

—Por cierto, ¿qué te dijo James? Antes nos comentabas que te llamó por teléfono cuando apareció esta muñeca…

—Esta muñeca tiene un nombre. Me llamo Renesmee —dijo ella.

—James sólo dijo tonterías. Su basura narcisista habitual sobre el bien, el mal y esas cosas —explicó Jacob.

—¿Y su número de teléfono? —preguntó Charlie—. Supongo que no fue tan amable como para dejarnos un número donde lo podamos localizar.

Seth sacudió la cabeza.

—Era un número privado. Es demasiado listo para cometer un error así. Tendremos que esforzarnos un poco.

—Nos vendría bien un especialista en informática y comunicaciones —dijo Charlie—. Ya sabéis, uno de esos tipejos que viven encerrados en sus sótanos y sólo salen a respirar cuando necesitan otro disco duro.

—¿Y para qué lo necesitamos? —preguntó Carliesle, girándose hacia su compañero.

—¿Para qué? Carlisle, si tuviéramos a un especialista, podríamos haber localizado ese número de teléfono.

—Pues si vamos a empezar a reclutar gente, propongo que reclutemos a un cura —dijo seth—. Tal vez pueda salvar su alma inmortal…

Todos estallaron en carcajadas. Todos menos Renesmee, que tuvo la impresión de que en el chiste había algo más de lo que parecía a simple vista. Sin embargo, se sentía como en casa. Allí estaba ella, tomando café tan tranquilamente con cuatro hombres lobo. Dos días antes, se habría asustado con cualquier cosa; pero su vida había cambiado de un modo tan radical que nada era lo mismo.

—Hay algo que no entiendo. ¿Por qué James, precisamente? —preguntó Charlie—. ¿Y por qué ahora?

Seth tomó un sorbo de café, sostuvo la taza entre las dos manos y dijo:

—Si quieres declarar una guerra, empieza por los jefes. Jacob es el Cazador más antiguo de nosotros. James sabía que si se pasaba al otro lado, sería Jacob quien lo seguiría.

Charlie asintió.

—Comprendo. Intenta cortar la cabeza a la serpiente.

—¿Cortar la cabeza a la serpiente? —preguntó Renesmee.

—Es estrategia militar —explicó Seth—. Si quieres acabar con una unidad, empieza por los oficiales y será más fácil. Como Jacob es el Cazador más antiguo del clan, James habrá supuesto que también es el más fuerte…

—Pero eso sólo es una suposición, cariño —le dijo Carlisle, guiñándole un ojo.

—Además, cualquier Cresta Plateada sabría que Jacob sería el encargado de acabar con él —concluyó Charlie.

—Así que quiere atraer a Jake, eliminarlo, debilitarnos a todos y vengarse al mismo tiempo por la muerte de su hermano —dijo Seth—. Eso es lo que se llama matar dos pájaros de un tiro. Pero ¿estamos seguros de que James es el cerebro de la operación? ¿O hay alguien más, alguien por encima?

—Sea como sea, es evidente que se encarga de los reclutamientos —intervino Charlie, que se frotó la mandíbula—. ¿Quién mejor para manipular a chicos como Riley que un hombre dispuesto a darles lo que quieren? Mujeres, drogas… nombrad cualquier cosa y James puede conseguirla.

—¿Crees de verdad que sólo es un subalterno? —preguntó Jacob.

—Sí, lo creo. Me parece que aquí hay algo más grande, más ambicioso que una simple venganza personal.

Jacob asintió.

—¿Y quién podría ser el jefe?

—¿Quién sabe? —murmuró Seth—. La estructura social de los Crestas Plateadas hace aguas por todas partes.

—Puede que el chico que atrapasteis nos pueda sacar de dudas —observó Carlisle.

—Lo hemos intentado —dijo Seth, que suspiró—. Es obvio que nos oculta algo, pero se niega a hablar.

—Carlisle podría convencerlo —intervino Charlie.

Seth sacudió la cabeza.

—Asustarlo no serviría de nada —afirmó.

Carlisle volvió a mirar a Renesmee con expresión libidinosa y Jacob perdió la paciencia con él.

—Ya basta, Carlisle —gruñó.

—¿Ah, sí?

—Eh, nada de peleas —intervino Charlie—. Dejad vuestras diferencias para otro momento. Tenemos un enigma que resolver.

Renesmee carraspeó y habló.

—Tengo una idea. Dejad que tenga una pequeña conversación con Riley.

—¿Cómo? —preguntó Jacob, asombrado.

—No os ofendáis, pero vosotros intimidaríais a cualquiera. Estoy segura de que se sentirá más cómodo conmigo.

Carlisle la miró un momento y asintió.

—Tiene razón —dijo—. Puede que se sienta más cómodo si habla con una mujer. Si el asunto le preocupa tanto como parece, es posible que sólo se necesite un poco de tacto para animarlo a cantar.

—No, no, de ningún modo —protestó Jacob.

—¿Por qué no? —preguntó ella.

—¡Porque no quiero que te acerques a él! —respondió, frustrado—. Es demasiado peligroso, Ness.

—Oh, vamos, ya me ha salvado la vida una vez. ¿Qué crees que me puede hacer? —dijo ella.

Jacob permaneció en silencio.

—Por favor, Jake… Deja que hable con él. Quiero ayudar.

—De ninguna manera.

Jacob insistió por insistir. Sabía perfectamente que Renesmee no iba a dar su brazo a torcer. Y mucho menos, cuando los demás parecían estar de acuerdo.

Momentos después, se encontró acompañándola al sótano mientras el resto esperaba en la cocina. Renesmee se metió las manos en los bolsillos porque no quería mostrar nerviosismo delante de un hombre lobo. Pero cuando entró en la habitación, su valentía se desvaneció al instante; aunque Riley le hubiera salvado la vida, era uno de los tipos malos.

Sorprendentemente, se sintió bastante mejor cuando lo miró a la cara. Era un joven muy guapo; con su nariz aguileña, su pelo de color caramelo, sus pestañas largas, su mandíbula cuadrada y su mirada solemne y algo triste, parecía una especie de ángel caído. No se podía decir que fuera un niño, pero tampoco un hombre hecho y derecho, acostumbrado a los aspectos más duros de la vida.

Se acercó a él y se sentó en la cama.

—Hola, Riley. Me llamo Renesmee.

—Hola —dijo, mirándola con cierta desconfianza.

Jacob se mantuvo en el fondo de la habitación.

—Quiero darte las gracias por haberme salvado la vida. Fuiste muy valiente al enfrentarte a tu compañero…

—Renesmee…

—Cállate, Jacob —protestó ella—. Si insistes en entrometerte, será mejor que salgas de aquí.

Jacob gruñó, pero no dijo nada más.

—Sé lo que se siente al encontrarte en mitad de algo que escapa a tu control —continuó Renesmee—. Hasta hace unos días, yo tenía una vida tranquila y sencilla… y luego, de repente, todo cambió.

—Sí, bueno… —dijo el chico, mirándola con pesadumbre.

—Sé que le has hablado de James a Jacob y a Seth, pero también sé que hay algo más, ¿verdad?

El joven trago saliva y se mantuvo en silencio.

—¿Ha pasado algo malo? —le preguntó—. ¿Le ha pasado algo a alguien que te importe?

—No… en realidad, no la conocía.

—Te sentirás mejor si me lo cuentas, Riley.

—No puedo —dijo el chico, cerrando los ojos con expresión de angustia—. Yo… no puedo, en serio.

—Si no lo dices, si no pides ayuda, podría volver a ocurrir.

—Es que no quiero pensar en eso —se defendió—. Yo no quería hacerlo… pero él me dijo que, si no aprendía a mantener el control, podría hacer daño a Irina.

Renesmee supo que había roto sus defensas y que el chico iba a hablar. También supo que su historia sería terrible y que la destrozaría por dentro. Pero no había otra solución.

Respiró hondo y preguntó:

—¿Quién es Irina? ¿Es la chica que te gusta, Riley?

—Sí, ella es… Por Dios, qué importa eso —murmuró, mirando la pared—. Ya no querrá saber nada de mí.

—¿Es de tu clan?

—Yo ya no tengo clan.

Renesmee decidió esperar y darle tiempo.

—Es humana —continuó el chico—. La conocí en un concierto. Es pequeña, como tú… pero de cabello rubio, casi blanco, y grandes ojos azules. Parece una muñequita. Yo tenía tanto miedo de hacerle daño si me dejaba llevar… Tenía miedo de transformarme mientras hacíamos el amor.

Riley suspiró y Renesmee miró a Jacob, que contemplaba la escena con gesto impasible.

—No conocía a nadie a quien pudiera preguntar sobre las relaciones con una mujer humana. Hablé con un amigo y me dijo que conocía a un tipo que me podía ayudar —explicó—, así que fui a verlo.

—Y era James, claro.

—Sí, estaba en un almacén de Covington, con otros licántropos jóvenes, chicos de mi clan y de otros clanes de la zona. James nos dijo que si confiábamos en él, nos enseñaría a controlar a la bestia que llevamos dentro; nos prometió que nos ayudaría a controlar a las mujeres humanas sin hacerles daño, incluso a plena luz del día.

—¿Y qué pasó?

—Estuve allí varias veces. Una noche, me dijo que tenía una sorpresa para mí y me pidió que lo acompañara.

—¿Adónde? —preguntó Renesmee.

—Yo no lo sabía cuando me lo pidió. De hecho, lo único que recuerdo de aquella noche fue lo que pasó más tarde.

El chico dejó de hablar.

—No te preocupes, Riley. Puedes decirnos lo que pasó. Te prometo que te ayudaremos.

—James dijo que me ayudaría a controlarme y que así podría estar con chicas como Irina. Fui tan estúpido… le hablé de ella y le confesé por qué necesitaba aprender más de mi condición. Él prometió ayudarme, pero afirmó que primero debía aprender a hacer el amor con una mujer más experimentada y que debía hacerlo con mi forma de lobo.

—¿Y lo intentaste?

Riley se ruborizó.

—Sí, pero…

La habitación quedó en silencio durante unos segundos. Sólo se oía el tictac del reloj de la pared.

—¿Qué pasó?

Riley sacudió la cabeza.

—No te lo puedo decir. Pensarás que soy un monstruo.

—Pasara lo que pasara, no fue culpa tuya, sino de James. Te manipuló porque quería que trabajaras para él. Si me lo cuentas, te sentirás mejor.

—¿En serio? No dirás lo mismo si te lo cuento.

—Confía en mí…

—La maté.

Renesmee sintió una punzada en el estómago, pero mantuvo la calma.

—¿Por qué? —preguntó.

El chico respiró hondo, esperó un momento y soltó la verdad de golpe, con voz quebrada por la emoción.

—James dijo que tenía experiencia, pero no era verdad. Yo creí que podría controlarme, que podría contener la transformación… Supongo que James la había drogado o algo así, porque parecía disfrutar de verdad conmigo. No se comportaba de forma inocente. Pero luego, cuando entré en ella y sangró… no sé lo que pasó, en serio, no lo sé…

—Sigue hablando, Riley, te escucho.

—Sólo sé que perdí el control y me transformé. Había sangre por todas partes. En la cama, en las paredes, en mi boca. Y ella estaba… Oh, Dios mío, fue una pesadilla. Me volví loco. Alguien me golpeó y me dejó inconsciente… un tipo que se llamaba Laurent, si no recuerdo mal. Cuando recobré el conocimiento, me dijeron que la había matado y que ya no podría volver a mi clan, que James se había pasado al lado oscuro y que yo debía unirme a ellos.

Renesmee se inclinó sobre el joven y lo tomó de la mano.

—Lo siento mucho, Riley.

El chico la miró con una tristeza infinita.

—¿Por qué lo sientes? —preguntó.

—Porque te utilizaron, igual que tú utilizaste a esa chica —respondió—. ¿Sabes dónde está Irina ahora?

Elliot cerró los ojos un momento.

—No, no lo sé. Debieron de decirle algo malo de mí, porque dejó de contestar a mis llamadas y no volvió a ponerse en contacto conmigo.

—¿Estabais en las montañas? —intervino Jacob—. ¿O seguíais en la ciudad?

Riley lo miró.

—No lo sé. No quiero recordar.

—Entonces, te quedaste con James porque no tuviste elección… —dijo Renesmee.

—Me dijeron que me había convertido en uno de ellos, que tendría que matar y afrontar las consecuencias, que las normas…

—Olvídate ahora de las normas, Riley —dijo Jacob con voz tranquila.

—¿Me vais a matar?

—Nosotros no matamos a niños.

—Yo ya no soy un niño —dijo el joven, desafiante.

—Mira, Riley, tardarás un tiempo en superar lo que ha pasado, pero no ha sido culpa tuya. James te manipuló y obtuvo exactamente lo que quería.

—Pero yo la maté… la asesiné —afirmó—. Debería pagar con mi vida.

—Eso no es verdad —intervino Renesmee con convicción—. Hicieras lo que hicieras, no te ha cambiado. Sigues siendo una buena persona. ¿O acaso no recuerdas que me has salvado la vida? No me hiciste daño, Riley.

—No, claro, no podía…

Riley la miró, se estremeció y añadió:

—Te pareces demasiado a Irina.





Salieron del sótano enseguida, sabiendo que el chico necesitaba estar a solas. Jacob tendía aprovechar la ocasión para hablar con ella, pero Renesmee se dirigió inmediatamente al cuarto de baño con la excusa de que quería ducharse y él lo comprendió: la historia de Riley le había deprimido mucho.

En circunstancias normales, Jacob nunca habría confiado en nadie que hubiera caído bajo la influencia de James. Sin embargo, estaba convencido de que el chico había dicho la verdad. Su dolor y su sentimiento de culpa eran demasiado intensos para ser fingidos. Y la tragedia del joven lo reafirmó en la necesidad de encontrar a James y acabar con él.

Sus compañeros lo estaban esperando en la cocina. Tras contarles la historia de Riley, fue al despacho y comprobó el correo electrónico, pero no había ninguna noticia nueva; sólo tenía una llamada perdida de Dimitri, que respondió.

Salió del despacho y caminó hacia la habitación. Antes de abrir la puerta, notó que Renesmee estaba dentro y supo dos cosas: que hablaba con alguien por teléfono y que parecía alterada.

—No sé qué estoy haciendo aquí, Em. Todo es tan confuso… lo quiero con locura, pero tengo miedo de acostumbrarme demasiado a él. Sé que no se va a enamorar de mí y sé que debería mantener las distancias, pero este asunto de las relaciones amorosas con hombres lobo… es tan intenso que sólo quiero arrojarme a sus brazos.

Renesmee se detuvo un momento, probablemente para escuchar algún comentario de su amiga, y continuó.

—No, no, le agradezco que haya sido sincero conmigo, pero duele terriblemente y no creo que él vaya a cambiar. Me está destrozando, Em. No sé si hago bien al alejarme de él o si lo estoy estropeando todo con mi actitud.

—Maldita sea… —murmuró Jacob.

Las palabras de Renesmee habían conseguido que se sintiera culpable. Tres días antes, la suya había sido una vida sencilla, sin complicaciones, que giraba alrededor de su familia y sus amigos. Cuando tenía hambre, comía; y cuando quería acostarse con una mujer, la buscaba. Sabía lo que tenía que hacer y sabía cómo conseguir los resultados que deseaba. Pero en ese momento se sentía incapaz de relacionarse con aquella humana hermosa y pequeña.

Se metió las manos en los bolsillos y se alejó por el corredor. Ya había oído bastante. Si se quedaba en la puerta del dormitorio, se rendiría al impulso de entrar y ni siquiera sabría qué hacer ni qué decir.

Además, no era el momento para enfrentarse a ese problema; primero tenía que acabar con James y asegurarse de que la vida de Renesmee no corría peligro. Ya tendría tiempo, después, para pensar en ella. No quería perder su corazón. Sólo quería tenerla, tenerla entera, y protegerse a sí mismo a la vez.

Al darse cuenta de lo que había pensado, se detuvo en seco. Acababa de tener una revelación. Y fue tan desconcertante que se tuvo que apoyar en la pared para mantener el equilibrio.

La deseaba, sí, pero no quería sólo su cuerpo: también quería su corazón. Quería que lo amara.

Nervioso, se dirigió a la cocina con intención de tomar algo que le tranquilizara. Seth estaba junto a la pila, tomándose un café mientras contemplaba el bosque por la ventana.

—¿Te sirvo una taza? —le preguntó su amigo.

—No, gracias —contestó, haciendo un esfuerzo para disimular su inquietud—. Si sigues tomando tanto café, terminarás siendo un adicto. ¿Cuántos te has tomado ya? ¿Diez?

—Ya soy cafeinómano —bromeó Seth, sin apartar la mirada del paisaje—. Ahora me limito a alimentar la adicción.

—Pues yo necesito algo más fuerte. Por cierto, ¿dónde están Charlie y Carlisle?

Jacob abrió un armario y sacó una botella de whisky.

—Se han ido a su casa, a dormir. Anoche estuvieron en el bosque, llevándose los cadáveres que les dejamos, y no pudieron descansar mucho.

Jacob se sirvió dos dedos de whisky y echó un buen trago. Después, se sentó en una de las sillas.

—Que duerman mientras puedan. Tengo la sensación de que las cosas se van a complicar —dijo.

Seth se apartó de la ventana y miró la copa de su amigo con expresión crítica.

—¿Tan desesperado estás con ella que te das a la bebida?

Jacob rió sin humor.

—Sí, me está volviendo loco.

Seth se sentó en la encimera y tomó otro sorbo de café.

—¿Sabes cuál es tu problema, Jake?

Jacob conocía perfectamente su problema: una humana irresistible de un metro sesenta y dos de altura.

—Algo me dice que tú me lo vas a explicar —ironizó.

—Exacto. Y te lo voy a explicar porque te quiero como a un hermano… No voy a permitir que destroces tu vida sólo porque eres un miedica, Jake. ¿Te fijaste en todos los libros que tenía en su piso?

—Sí. ¿A qué viene eso?

Seth sonrió.

—No había ni un solo ensayo, amigo. Todo eran novelas. Novelas románticas.

—¿Adónde pretendes llegar?

—A que es una soñadora, Jake.

—Eso ya lo sabía —dijo, echando otro trago—. Ella es una soñadora y nosotros los monstruos.

Seth sacudió la cabeza.

—No me refiero a eso.

Jacob lo miró con frustración.

—Pues si no te refieres a eso, déjate de tonterías y habla claro.

—Renesmee cree en el amor. Cree en los finales felices y en las relaciones de por vida —le explicó—. Pero al margen de lo que crea, deberías dejar de castigarte. Esa mujer te adora, Jake; está loca por ti. Y si intentas controlar lo que sientes, fracasarás… el amor tiene sus propias normas; no se puede manipular a nuestro antojo para hacerlo más conveniente.

—No me estás diciendo nada que yo no sepa.

—Por todos los demonios, Jacob… Acepta un buen consejo por una vez en tu vida. Olvida el pasado, olvida lo que le pasó a Edward, acepta lo que la vida te ofrece. No des la espalda al amor. Si lo haces, te devorará por dentro como un cáncer. Y al final, la perderás a ella.

—¿Como tú? —preguntó Jacob, muy irritado.

Seth lo miró con dureza, pero asintió.

—Sí, como yo —murmuró.

—Clerwater, sabes que más tarde o más temprano tendrás que…

El teléfono móvil de Jacob empezó a sonar.

—Será mejor que contestes —dijo Seth.

Jacob miró la pantalla y reconoció el número. Era Carlisle.

—¿Qué pasa, irlandés? ¿Ya nos echas de menos?

—Si Clerwater está contigo, pon el manos libres para que me pueda escuchar.

Jacob pulsó el botón adecuado y dejó el móvil en la mesa.

—Ya está, Carliesle. ¿Qué ocurre?

—Al llegar a casa me he encontrado un mensaje de Esme. Es profesora en Shadow Peak —explicó.

Seth se acercó al teléfono para intervenir en la conversación.

—¿Esme? ¿No es la purasangre con quien estuviste el año pasado?

—No fue el año pasado, sino hace seis meses —puntualizó Carlisle—. Y lo creas o no, seguimos siendo amigos… Pero bueno, resulta que estaba cerca, en Clausen Ridge, cuando encontró algo que le pareció que podría interesarnos. Charlie y yo decidimos ir a echar un vistazo.

—¿Qué era? —preguntó Jacob.

—Otro cadáver. Las circunstancias coinciden con los asesinatos que estábamos investigando.

—Oh, no… —intervino Seth—. ¿Quieres decir que le habían arrancado el corazón?

—Sí, pero eso no es todo. La escena era terrorífica, verdaderamente terrorífica —respondió el irlandés—. Sé que no quieres dejar sola a tu chica, Black, pero creo que deberías verlo en persona.

—Maldita sea… De acuerdo. Estaré ahí en quince minutos.

—Te esperaremos.

Jacob cortó la comunicación y se pasó una mano por el pelo. Sabía que aquello no le iba a gustar.

—Tengo un mal presentimiento —murmuró Seth—. Lo digo muy en serio, amigo. Clausen Ridge está muy cerca de aquí.

—Por eso necesito que te quedes en casa, Seth.

—Vamos, Jake, sabes que detesto hacer de niñera…

Jacob se levantó, dejó el vaso vacío en la pila y guardó la botella de whisky en el armario.

—Lo sé, pero todavía no te has recuperado de esa herida. Además, eres la única persona a quien confiaría la vida de Renesmee.

Seth suspiró.

—Está bien, como quieras. Pero me debes una, canalla…

Jacob arqueó una ceja.

—Ya no sé ni cuántas te debo —observó.

—Yo tampoco llevo la cuenta, pero esta vez te la voy a cobrar. Ten cuidado, o la próxima vez te obligaré a comprarme un juego de llantas nuevas para mi camioneta. De último modelo, amigo.

—Me sales muy barato, Clerwater —bromeó—. Yo estaba dispuesto a pagarte unas vacaciones en el trópico con un montón de mujeres desnudas y tú me pides un juego de neumáticos… Piensa en todo el tiempo que tendrás libre cuando acabemos con James. No sé qué vas a hacer tú, pero yo pienso irme de luna de miel con Renesmee.

Seth lo miró con una sonrisa de satisfacción.

—Vaya, ¿insinúas que vas a hacer el pacto de sangre con ella?

Jacob se guardó el teléfono móvil, se dirigió al vestíbulo y abrió el armario para sacar una chaqueta de cuero marrón, que se puso. Seth lo siguió. Todavía esperaba una respuesta.

—No necesito hacer el pacto de sangre para casarme con Renesmee —contestó—. E incluso si quisiera, ¿crees de verdad que daría su consentimiento para que le hundiera los colmillos en la garganta? Ya sabes lo que piensa de los licántropos. Probablemente, me daría una bofetada.

Seth movió la cabeza en gesto negativo.

—Amigo, eres increíblemente miedoso. ¿Lo sabías?

—Ten cuidado con lo que dices, Seth. Hay gente más miedosa que yo.

—Sí, sí, ya lo sé —dijo su amigo, frustrado—. Pero sinceramente, creo que deberías confiar más en esa mujer. Si te ama, aceptará el pacto de sangre. Es más… si te ama, hasta le gustará.

—Sí, claro. Y si no le gusta, saldrá corriendo.

—Tú no se lo permitirías —afirmó Seth—. Pero bueno, lárgate de una vez. Y ten cuidado, por favor.

Jacob no quería marcharse, aunque pensó que el aire fresco le vendría bien. Necesitaba aclarar sus ideas, bastante confusas por culpa de una pelirroja tempestuosa y pequeña.

—Cuando veas a Renesmee, dile que volveré pronto.

Jacob alcanzó las llaves del todoterreno, abrió la puerta y se perdió en la oscuridad de la noche.

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La Danza de la noche * Capítulo 8

Adapatción



CAPÍTULO 8:

Bella nunca hubiera imaginado que pudiera estar tan relajada, tan contenta.


Edward permanecía tumbado boca abajo, mirándola. Nuca había visto nada tan bello como su cara a la luz débil de la iluminación nocturna de la ciudad, que entraba por la puerta del estudio.

Se preguntó como era posible que él se hubiera vuelto tan importante para ella en tan poco tiempo. Adoraba todas las líneas de su rostro, el poder de su cuerpo blanco y grácil, la pasión con la que hacía el amor; pero sobre todo, adoraba el hecho de que él estuviera de su lado. Hacía años que nadie estaba de su lado incondicionalmente. Pensó que debería estar enfadada por el hecho de que él hubiera ido a Pineville, pero no conseguía sentir ira.

-Soy una estúpida- concluyó, en voz alta

-Por que dices eso?- le preguntó él, con la voz soñadora

-Me alegro de que lo averiguaras todo. Me alegro de no haber tenido que decírtelo. Me alegro de que yo te importe lo suficiente como para que quieras encontrar a... Alec.

El titubeo con el que Bella pronunció su nombre le dio a entender muchas cosas a Edward.

-Que hicieron tus padres?- le preguntó, porque no había tenido tiempo de preguntarle a Sam Uley todo lo que se le había ocurrido.

-No me creyeron- respondió Bella- Mi hermano Seth si me apoyó. Aquella noche me salvó la vida. Pero no es un chico enérgico, con un carácter fuerte. Además, mi padre trabajaba, y sigue trabajando, para el padre de Alec. Seguramente, nadie más lo contrataría. Bebe mucho. Y probablemente no conservara su trabajo de no ser quien es. Mi padre sabe que Vulturi tiene que mantenerlo en su puesto para que no hable. En cuanto a mi madre... bueno, ella decidió pensar que todo era una estratagema inteligente por mi parte para conseguir que Alec se casara conmigo. Cuando supo que no era cierto, se quedó... lívida.

-Quería que te casaras con él.

-Si, de verdad pensaba que yo quería estar atada al hombre que me violó.

-En mi tiempos, lo habríamos obligado a que se casara contigo- dijo Edward

-De verdad?

-Si fueras mi hermana, me habría asegurado de ello.

-Porque de lo contrario, nadie se habría casado conmigo, no? Mercancía estropeada.

Edward se dio cuenta de que había cometido un error

-Y, durante el resto de mi vida, me habría visto obligada a soportar las pequeñas manías de Alec, como que me pegara, por ejemplo, solo porque me había violado- añadió Bella con frialdad

-De acuerdo, en mis tiempo estábamos equivocados- concedió él- pero habríamos estado de tu lado.

-Ahora estás de mi lado. Si es que esto ha significado algo para ti

-Yo no me acerco tanto a alguien a menos que signifique algo para mi

-Y eso viene de ser aristócrata? En tus tiempos eras como Alec?- preguntó Bella con un tono de voz áspero

-La noche en que hacemos el amor por primera vez, me comparas con el hombre que te violó?

Ella no había pensado bien antes de hablar.

-Después de pasarme años sospesando cuidadosamente todo lo que digo a los demás, de repente, digo lo peor de todo... Lo siento muchísimo, Edward. Perdóname la ofensa.

Hubo un largo silencio en la habitación oscura. Él no dijo nada, y a ella se le encogió el estómago. Lo había estropeado todo. Su amargura y su desconfianza la había retorcido más de lo que pensaba.

Después de otros dos minutos de silencio, Bella comenzó a buscar su ropa. No quería echarse a llorar.

-Adonde vas?- le preguntó Edward

-A casa. Lo he estropeado todo

-Me has ofendido- dijo él, y su voz no era calmada ni desapasionada

Le estaba diciendo que le había hecho daño, pero Bella no lo entendió así. Antes de que Edward pudiera ponerse la ropa, ella se marchó. Salió del estudio y del edificio antes de que él la alcanzara. Edward soltó una imprecación en voz alta. Tenía que comprobar que todo quedaba en orden en el estudio y cerrar con llave. Era el deber que tenía que cumplir todo aquel que salía en último lugar, y no podía desatenderlo. Alcanzaría a Bella unos minutos después, estaba seguro. Después de todo, él era un vampiro y ella era una humana.



Alec la estaba esperando en el tercer callejón al norte.

Bella caminaba muy deprisa. Estaba intentando no echarse a llorar, pero no lo conseguía. Quería llegar a tiempo para tomar el último autobús del domingo por la noche. Al pasar por la entrada del callejón, Alec salió repentinamente y la agarró por el brazo, antes de que Bella pudiera reaccionar.

-Hola, Isabella- dijo, sonriendo

Todas las pesadillas que había sufrido durante los últimos cuatro años se hicieron realidad

-Tengo una deuda pendiente contigo- añadió él, sin dejar de sonreír

Bella no había podido emitir un solo sonido cuando él la agarró, pero en aquel momento comenzó a gritar.

-Cállate!- le ordenó Alec, y le dio una bofetada en la boca con el dorso de la mano

Sin embargo, Bella no tenía intención de callarse

-Socorro!- gritó- Socorro!

Entonces, Alec comenzó a darle puñetazos para conseguir que se callara. Ella intentó esquivar los golpes, intentó encontrar el spray defensivo que llevaba en la bolsa, pero tuvo que abandonar la búsqueda, inútil con una mano, y dejó caer la bolsa al suelo. Entonces, adoptó una postura defensiva. No era tan grande como Alec, así que lo atacó en los genitales. Consiguió darle un golpe, suficiente para que él se doblara de dolor. Al oír que una mujer comenzaba a gritar desde la otra acera, Alec se alejó de Bella.

-Deja a la chica en paz!- chilló la mujer- Voy a llamar a la policía!

Bella cayó de rodillas. Estaba demasiado golpeada como para seguir en pie, pero mantuvo las manos alzadas para defenderse. No iba a rendirse. Alec huyó por el callejón tan rápidamente como le permitía el dolor, y Bella permaneció erguida, de rodillas, mirando como se alejaba

-Se encuentra bien?

Bella no apartó los ojos del callejón para examinar a la mujer que estaba a su lado. Aquella mujer le había salvado la vida, pero Bella no iba a dejar que Alec la sorprendiera de nuevo, si decidía volver.

-Bella! Bella!

Para su inmenso alivio, oyó la voz de Edward. Alec ya no podía hacerle daño. Por muy enfadado que Edward estuviera con ella, no permitiría que Alec la golpeara. Bella lo sabía. Entendió que no tenía que permanecer vigilante, y se sentó en el suelo. Después, estaba tendida sobre la acera. Y no supo nada más.





Cuando comenzó a asimilar donde estaba, Bella se dio cuenta de que era un lugar extraño. Un hospital? No, no olía a hospital. Conocía bien aquel olor. Era un lugar tranquilo, cómodo. Estaba tumbada entre sábanas blancas, limpias, y había alguien a su lado. Intentó moverse, sentarse, pero estaba muy dolorida. Antes de recuperar el control de si misma, gruñó.

-Estas bien? Quieres tomar algo de agua?

Al oír aquella voz, Bella intentó abrir los ojos hinchados. Veía. Un poco.

-Rachel?- preguntó con un hilo de voz

-Si, soy yo. Rosalie y yo hemos hecho turnos.

-Y quien más está aquí? Donde estamos?

-Estamos en casa de Edward, en su habitación. El que está dormido a tu lado es él, nena. Es de día, así que ha entrado en su letargo. No quería dejarte sola, así que nos llamó e hizo que le prometiéramos que no íbamos a marcharnos.

Bella asintió

-Quisiera un poco de agua- consiguió decir

En un momento, Rachel le pasó un brazo por debajo del cuello para ayudarla a incorporase un poco, y Bella sintió un vaso de agua fresca contra los labios.

-Necesitas ir al baño?

-Si, por favor

Rachel ayudó a levantarse a Bella, para su alivio, Bella descubrió que seguía llevando la camiseta y los pantalones de la noche anterior. Se arrastró hacia el baño. Se lavó la cara y se cepilló los dientes con un cepillo sin usar que encontró en el armario. Se sintió mejor, y volvió a la cama

- Rachel, ya estoy bien, si es que necesitas ir a trabajar.

-Estás segura? Puedo quedarme. No quiero que Edward se enfade conmigo

-Estoy bien, de verdad.

-Muy bien. Son las cuatro. Edward se despertará en unas dos horas. Tal vez puedas dormir un poco más.

-Lo intentaré. Muchísimas gracias

-No me des las gracias. Nos vemos luego.

Bella había dejado la luz del baño encendida, y cuando Rachel salió a través de la gruesa cortina que había a un lado de la habitación, Bella se volvió hacia su compañero silencioso. Edward estaba tumbado de espaldas. Tenía los labios ligeramente separados, los ojos cerrados, el pecho inmóvil. La ausencia de respiración, de cualquier movimiento de vida, era desconcertante. Sabía él que ella estaba allí? Estaba dormido de verdad, o solo quieto? A Bella casi se le había olvidado el motivo de su pelea. Le acarició el pelo, le besó los labios fríos. Recordó lo había hecho juntos, y se sonrojó.

Lo que le había hecho Alec, al atacarla años antes, no podía considerase una relación sexual. Había sido una agresión, usando su órgano sexual como arma. Lo que había hecho con Edward había sido sexo auténtico, una relación sexual de amor. Había sido íntima, maravillosa. Alec la había convertido en una cáscara vacía de la noche a la mañana. Y en unas cuantas semanas, Edward la había ayudado a convertirse en una persona nuevamente

No iba asustarse solo porque él estuviera muerto parte del tiempo

Así que, cuando oscureció, Bella se aseguró de su brazo estuviera sobre el pecho de Edward, y su pierna junto a la de él. De repente, ella supo que estaba despierto. Al segundo siguiente, el cuerpo de Edward reaccionó.

-Buenas noches a ti también- dijo, asombrada e intrigada por la instantánea excitación de Edward

-Donde está Rachel?- preguntó él, con la voz áspera del sueño

-Le dije que se marchara. Estoy mejor

Él abrió mucho los ojos al recordarlo todo.

-Demuéstramelo- dijo

-Pareces que estás listo para cualquier cosa- contestó ella atrevidamente, pasándole la mano por el vientre de manera tentativa.

-Primero tengo que ver tus heridas- dijo Edward- ni siquiera debería estar... es tu olor.

-Eh?

-Solo el olor de tu cuerpo... tu piel, tu pelo. Me excita.

Nuca le había hecho un cumplido así, pero vaía la prueba de su sinceridad

-De acuerdo, inspeccióname- dijo Bella, y se tendió sobre la cama.

Edward apoyó la cabeza en la mano derecha y con la izquierda hizo que ella girara la cara de un lado a otro

-Ha sido culpa mía- murmuró- No tenía que haberme entretenido cerrando el estudio

-Esto solo es culpa de Alec- dijo ella- yo me he sentido culpable durante muchos años. Durante el primer año después de que me agrediera, pensaba: y si no me hubiera puesto el vestido verde? Y si no le hubiera dejado que me tomara de la de mano? Y si no hubiera bailado canciones lentas con él? Y si no hubiera permitido que lo besara? Fue culpa mía por comportarme como cualquier chico que me hubiera gustado? No. fue culpa suya, por salir con una adolescente y convertir la cita en un infierno

Edward la tomó suavemente por la barbilla y la giró la cara hacía otro lado, para examinar los hematomas. Le dio un beso en la mejilla, y después apartó la manta para mirarle el cuerpo. Ella tuvo que contenerse para no taparse otra vez. Aquel novel de intimidad era estupendo y muy excitante, pero no estaba acostumbrada a él.

-Es lo más cerca que nadie haya estado a de mi en años- dijo- Ni si quiera un médico me ha mirado tanto- añadió, y su dijo que era mejor callar. Estaba balbuceando.

-Nadie debería ver nunca tanto de ti- respondió él, distraídamente- solo yo.

Sus dedos, más blancos incluso que la piel magnolia de Bella, le rozaron un hematoma que tenía en las costillas

-Te duele mucho?- le preguntó

-Estoy bastante agarrotada y dolorida- admitió ella- Imagino que tenía todos los músculos en tensión, y entonces, cuando me pegó...

Él le acarició el costado con delicadeza, con la mano muy cerca de su pecho.

-Vas a poder bailar esta noche? Si no, tendríamos que llamar a Jessica para avisarla. Puede enviar a Rosalie y a Emmett en nuestro lugar.

Él todavía estaba muy excitado, listo para ella. Y ella ya no se acordaba de los músculos entumecidos.

-No se- dijo Bella, con la voz entrecortada

-Date la vuelta-le pidió Edward, y ella obedeció- como tienes la espalda?

Bella movió los hombros.

-Bien, no siento dolor- dijo

Él le recorrió la espina dorsal con los dedos, y ella jadeó. Edward le frotó la cadera con la palma de la mano.

-No creo que tenga hematomas ahí- dijo Bella, sonriendo en la almohada

-Y aquí?- preguntó él, mientras su mano viajaba

-Ahí tampoco

-Y ahí?

-Oh, no. Ahí, definitivamente, no.

Él entró en su cuerpo detrás, apoyándose en el colchón para que su peso no la aplastara.

-Y ahí?- le preguntó, en un tono de picardía.

-Será mejor que masajees... ahí- dijo Bella, y terminó con un jadeo.

-Así?

-Oh, si.

Después de haber disfrutado de los rescoldos del placer durante treinta minutos felices, Bella dijo:

-Detesto decir esto, pero tengo hambre

Edward, molesto por su negligencia, se levantó de un salto grácil. Antes de que Bella se diera cuenta de lo que ocurría, él la levantó de la cama, la depositó en una silla, puso sábanas limpias en la cama y echó las otras a una cesta. Después abrió el grifo de la ducha para ella, y le preguntó que quería comer.

-Lo que haya en el vecindario- dijo Bella- Es lo que más me gusta de la ciudad. Siempre hay comida a un paseo

-Cuando salgas de la ducha habré vuelto con comida- le prometió él

-No has comprado comida desde hace muchos años, verdad?

Edward negó con la cabeza

-Te molesta?

-Tú la necesitas, así que te la traeré

Ella lo miró pensativamente. Edward no lo había dicho como un pelele que estuviera desesperado por una mujer. No lo había dicho como un maníaco de control que quería racionar el mismo aire que respiraba su novia. Y tampoco lo había dicho como un aristócrata que estuviera acostumbrado a que los demás cumplieran sus órdenes.

-De acuerdo- dijo Bella lentamente, pensando todavía en aquello- Me voy a duchar.

El calor de la ducha, y aquellos momentos de soledad, fueron maravillosos. Hacía mucho tiempo que Bella no estaba con gente de una manera tan cercana, y verse precipitada hacia una relación íntima le impresionaba. Era una impresión placentera, pero una impresión.

Tener el cuerpo y el pelo limpio hizo maravillas en su espíritu. Encontró unos vaqueros de Edward que ella podía ponerse remangando los bajos, y una camiseta de color naranja. Después salió del dormitorio y fue al salón a esperarlo. El apartamento era pequeño y estaba muy limpio, y tenía un par de ventanas por las que se veía los pies de la gente pasar. Por primera vez, se dio cuenta de que Edward tenía su apartamento en un sótano.

Poco después, Edward apareció con dos bolsas llenas de comida.

-Cuanto puedes comer?- preguntó- Me he dado cuenta de que se me ha olvidado

Había comprado comida china, que a ella le encantaba, pero suficiente para cuatro personas. Por suerte, en las bolsas también había tenedores y servilletas, porque Edward no tenía esas cosas.

-Edward- dijo Bella, disfrutando del hecho de pronunciar su nombre- siéntate conmigo mientras como, por favor, y cuéntame cosas de tu vida

Sabía como era su cama cuando hacía el amor, pero no sabía nada sobre su infancia. Para ella, eso suponía un desequilibrio.

-Cuando estuve en Pineville- dijo él- miré por las ventanas de la casa de tus padres. Tenía curiosidad, nada más. En el salón, tu padre estaba mirando fijamente una vitrina que cubría toda la pared.

-Son mis cosas- dijo ella suavemente

-Las coronas, los trofeos, las bandas.

-Oh, dios mío, todavía tienen eso? es... triste. Tenía una copa en la mano?

Edward asintió

-Por que me cuentas esto cuando te he preguntado por tu vida?

-Tú eres de la realeza americana- dijo él

Ella se echó a reír, pero no como si eso fuera divertido

-Lo eres- insistió él- y se que le has oído decir a Jessica que yo soy un aristócrata. Bueno, eso es una broma suya. Mis orígenes son mucho más humildes.

-Me he dado cuenta de que puedes hacer una cama en un segundo- dijo Bella

-Puedo hacer cualquier cosa relacionada con atender a un humano- respondió él. Parecía muy sereno, pero ella se dio cuenta de que no era así, pero como tenía posadas las manos, al borde de la mesa- Fui ayuda de cámara durante la mayor parte de mi vida humana.

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