Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 8 de julio de 2011

La Danza de la noche * Capítulo 8

Adapatción



CAPÍTULO 8:

Bella nunca hubiera imaginado que pudiera estar tan relajada, tan contenta.


Edward permanecía tumbado boca abajo, mirándola. Nuca había visto nada tan bello como su cara a la luz débil de la iluminación nocturna de la ciudad, que entraba por la puerta del estudio.

Se preguntó como era posible que él se hubiera vuelto tan importante para ella en tan poco tiempo. Adoraba todas las líneas de su rostro, el poder de su cuerpo blanco y grácil, la pasión con la que hacía el amor; pero sobre todo, adoraba el hecho de que él estuviera de su lado. Hacía años que nadie estaba de su lado incondicionalmente. Pensó que debería estar enfadada por el hecho de que él hubiera ido a Pineville, pero no conseguía sentir ira.

-Soy una estúpida- concluyó, en voz alta

-Por que dices eso?- le preguntó él, con la voz soñadora

-Me alegro de que lo averiguaras todo. Me alegro de no haber tenido que decírtelo. Me alegro de que yo te importe lo suficiente como para que quieras encontrar a... Alec.

El titubeo con el que Bella pronunció su nombre le dio a entender muchas cosas a Edward.

-Que hicieron tus padres?- le preguntó, porque no había tenido tiempo de preguntarle a Sam Uley todo lo que se le había ocurrido.

-No me creyeron- respondió Bella- Mi hermano Seth si me apoyó. Aquella noche me salvó la vida. Pero no es un chico enérgico, con un carácter fuerte. Además, mi padre trabajaba, y sigue trabajando, para el padre de Alec. Seguramente, nadie más lo contrataría. Bebe mucho. Y probablemente no conservara su trabajo de no ser quien es. Mi padre sabe que Vulturi tiene que mantenerlo en su puesto para que no hable. En cuanto a mi madre... bueno, ella decidió pensar que todo era una estratagema inteligente por mi parte para conseguir que Alec se casara conmigo. Cuando supo que no era cierto, se quedó... lívida.

-Quería que te casaras con él.

-Si, de verdad pensaba que yo quería estar atada al hombre que me violó.

-En mi tiempos, lo habríamos obligado a que se casara contigo- dijo Edward

-De verdad?

-Si fueras mi hermana, me habría asegurado de ello.

-Porque de lo contrario, nadie se habría casado conmigo, no? Mercancía estropeada.

Edward se dio cuenta de que había cometido un error

-Y, durante el resto de mi vida, me habría visto obligada a soportar las pequeñas manías de Alec, como que me pegara, por ejemplo, solo porque me había violado- añadió Bella con frialdad

-De acuerdo, en mis tiempo estábamos equivocados- concedió él- pero habríamos estado de tu lado.

-Ahora estás de mi lado. Si es que esto ha significado algo para ti

-Yo no me acerco tanto a alguien a menos que signifique algo para mi

-Y eso viene de ser aristócrata? En tus tiempos eras como Alec?- preguntó Bella con un tono de voz áspero

-La noche en que hacemos el amor por primera vez, me comparas con el hombre que te violó?

Ella no había pensado bien antes de hablar.

-Después de pasarme años sospesando cuidadosamente todo lo que digo a los demás, de repente, digo lo peor de todo... Lo siento muchísimo, Edward. Perdóname la ofensa.

Hubo un largo silencio en la habitación oscura. Él no dijo nada, y a ella se le encogió el estómago. Lo había estropeado todo. Su amargura y su desconfianza la había retorcido más de lo que pensaba.

Después de otros dos minutos de silencio, Bella comenzó a buscar su ropa. No quería echarse a llorar.

-Adonde vas?- le preguntó Edward

-A casa. Lo he estropeado todo

-Me has ofendido- dijo él, y su voz no era calmada ni desapasionada

Le estaba diciendo que le había hecho daño, pero Bella no lo entendió así. Antes de que Edward pudiera ponerse la ropa, ella se marchó. Salió del estudio y del edificio antes de que él la alcanzara. Edward soltó una imprecación en voz alta. Tenía que comprobar que todo quedaba en orden en el estudio y cerrar con llave. Era el deber que tenía que cumplir todo aquel que salía en último lugar, y no podía desatenderlo. Alcanzaría a Bella unos minutos después, estaba seguro. Después de todo, él era un vampiro y ella era una humana.



Alec la estaba esperando en el tercer callejón al norte.

Bella caminaba muy deprisa. Estaba intentando no echarse a llorar, pero no lo conseguía. Quería llegar a tiempo para tomar el último autobús del domingo por la noche. Al pasar por la entrada del callejón, Alec salió repentinamente y la agarró por el brazo, antes de que Bella pudiera reaccionar.

-Hola, Isabella- dijo, sonriendo

Todas las pesadillas que había sufrido durante los últimos cuatro años se hicieron realidad

-Tengo una deuda pendiente contigo- añadió él, sin dejar de sonreír

Bella no había podido emitir un solo sonido cuando él la agarró, pero en aquel momento comenzó a gritar.

-Cállate!- le ordenó Alec, y le dio una bofetada en la boca con el dorso de la mano

Sin embargo, Bella no tenía intención de callarse

-Socorro!- gritó- Socorro!

Entonces, Alec comenzó a darle puñetazos para conseguir que se callara. Ella intentó esquivar los golpes, intentó encontrar el spray defensivo que llevaba en la bolsa, pero tuvo que abandonar la búsqueda, inútil con una mano, y dejó caer la bolsa al suelo. Entonces, adoptó una postura defensiva. No era tan grande como Alec, así que lo atacó en los genitales. Consiguió darle un golpe, suficiente para que él se doblara de dolor. Al oír que una mujer comenzaba a gritar desde la otra acera, Alec se alejó de Bella.

-Deja a la chica en paz!- chilló la mujer- Voy a llamar a la policía!

Bella cayó de rodillas. Estaba demasiado golpeada como para seguir en pie, pero mantuvo las manos alzadas para defenderse. No iba a rendirse. Alec huyó por el callejón tan rápidamente como le permitía el dolor, y Bella permaneció erguida, de rodillas, mirando como se alejaba

-Se encuentra bien?

Bella no apartó los ojos del callejón para examinar a la mujer que estaba a su lado. Aquella mujer le había salvado la vida, pero Bella no iba a dejar que Alec la sorprendiera de nuevo, si decidía volver.

-Bella! Bella!

Para su inmenso alivio, oyó la voz de Edward. Alec ya no podía hacerle daño. Por muy enfadado que Edward estuviera con ella, no permitiría que Alec la golpeara. Bella lo sabía. Entendió que no tenía que permanecer vigilante, y se sentó en el suelo. Después, estaba tendida sobre la acera. Y no supo nada más.





Cuando comenzó a asimilar donde estaba, Bella se dio cuenta de que era un lugar extraño. Un hospital? No, no olía a hospital. Conocía bien aquel olor. Era un lugar tranquilo, cómodo. Estaba tumbada entre sábanas blancas, limpias, y había alguien a su lado. Intentó moverse, sentarse, pero estaba muy dolorida. Antes de recuperar el control de si misma, gruñó.

-Estas bien? Quieres tomar algo de agua?

Al oír aquella voz, Bella intentó abrir los ojos hinchados. Veía. Un poco.

-Rachel?- preguntó con un hilo de voz

-Si, soy yo. Rosalie y yo hemos hecho turnos.

-Y quien más está aquí? Donde estamos?

-Estamos en casa de Edward, en su habitación. El que está dormido a tu lado es él, nena. Es de día, así que ha entrado en su letargo. No quería dejarte sola, así que nos llamó e hizo que le prometiéramos que no íbamos a marcharnos.

Bella asintió

-Quisiera un poco de agua- consiguió decir

En un momento, Rachel le pasó un brazo por debajo del cuello para ayudarla a incorporase un poco, y Bella sintió un vaso de agua fresca contra los labios.

-Necesitas ir al baño?

-Si, por favor

Rachel ayudó a levantarse a Bella, para su alivio, Bella descubrió que seguía llevando la camiseta y los pantalones de la noche anterior. Se arrastró hacia el baño. Se lavó la cara y se cepilló los dientes con un cepillo sin usar que encontró en el armario. Se sintió mejor, y volvió a la cama

- Rachel, ya estoy bien, si es que necesitas ir a trabajar.

-Estás segura? Puedo quedarme. No quiero que Edward se enfade conmigo

-Estoy bien, de verdad.

-Muy bien. Son las cuatro. Edward se despertará en unas dos horas. Tal vez puedas dormir un poco más.

-Lo intentaré. Muchísimas gracias

-No me des las gracias. Nos vemos luego.

Bella había dejado la luz del baño encendida, y cuando Rachel salió a través de la gruesa cortina que había a un lado de la habitación, Bella se volvió hacia su compañero silencioso. Edward estaba tumbado de espaldas. Tenía los labios ligeramente separados, los ojos cerrados, el pecho inmóvil. La ausencia de respiración, de cualquier movimiento de vida, era desconcertante. Sabía él que ella estaba allí? Estaba dormido de verdad, o solo quieto? A Bella casi se le había olvidado el motivo de su pelea. Le acarició el pelo, le besó los labios fríos. Recordó lo había hecho juntos, y se sonrojó.

Lo que le había hecho Alec, al atacarla años antes, no podía considerase una relación sexual. Había sido una agresión, usando su órgano sexual como arma. Lo que había hecho con Edward había sido sexo auténtico, una relación sexual de amor. Había sido íntima, maravillosa. Alec la había convertido en una cáscara vacía de la noche a la mañana. Y en unas cuantas semanas, Edward la había ayudado a convertirse en una persona nuevamente

No iba asustarse solo porque él estuviera muerto parte del tiempo

Así que, cuando oscureció, Bella se aseguró de su brazo estuviera sobre el pecho de Edward, y su pierna junto a la de él. De repente, ella supo que estaba despierto. Al segundo siguiente, el cuerpo de Edward reaccionó.

-Buenas noches a ti también- dijo, asombrada e intrigada por la instantánea excitación de Edward

-Donde está Rachel?- preguntó él, con la voz áspera del sueño

-Le dije que se marchara. Estoy mejor

Él abrió mucho los ojos al recordarlo todo.

-Demuéstramelo- dijo

-Pareces que estás listo para cualquier cosa- contestó ella atrevidamente, pasándole la mano por el vientre de manera tentativa.

-Primero tengo que ver tus heridas- dijo Edward- ni siquiera debería estar... es tu olor.

-Eh?

-Solo el olor de tu cuerpo... tu piel, tu pelo. Me excita.

Nuca le había hecho un cumplido así, pero vaía la prueba de su sinceridad

-De acuerdo, inspeccióname- dijo Bella, y se tendió sobre la cama.

Edward apoyó la cabeza en la mano derecha y con la izquierda hizo que ella girara la cara de un lado a otro

-Ha sido culpa mía- murmuró- No tenía que haberme entretenido cerrando el estudio

-Esto solo es culpa de Alec- dijo ella- yo me he sentido culpable durante muchos años. Durante el primer año después de que me agrediera, pensaba: y si no me hubiera puesto el vestido verde? Y si no le hubiera dejado que me tomara de la de mano? Y si no hubiera bailado canciones lentas con él? Y si no hubiera permitido que lo besara? Fue culpa mía por comportarme como cualquier chico que me hubiera gustado? No. fue culpa suya, por salir con una adolescente y convertir la cita en un infierno

Edward la tomó suavemente por la barbilla y la giró la cara hacía otro lado, para examinar los hematomas. Le dio un beso en la mejilla, y después apartó la manta para mirarle el cuerpo. Ella tuvo que contenerse para no taparse otra vez. Aquel novel de intimidad era estupendo y muy excitante, pero no estaba acostumbrada a él.

-Es lo más cerca que nadie haya estado a de mi en años- dijo- Ni si quiera un médico me ha mirado tanto- añadió, y su dijo que era mejor callar. Estaba balbuceando.

-Nadie debería ver nunca tanto de ti- respondió él, distraídamente- solo yo.

Sus dedos, más blancos incluso que la piel magnolia de Bella, le rozaron un hematoma que tenía en las costillas

-Te duele mucho?- le preguntó

-Estoy bastante agarrotada y dolorida- admitió ella- Imagino que tenía todos los músculos en tensión, y entonces, cuando me pegó...

Él le acarició el costado con delicadeza, con la mano muy cerca de su pecho.

-Vas a poder bailar esta noche? Si no, tendríamos que llamar a Jessica para avisarla. Puede enviar a Rosalie y a Emmett en nuestro lugar.

Él todavía estaba muy excitado, listo para ella. Y ella ya no se acordaba de los músculos entumecidos.

-No se- dijo Bella, con la voz entrecortada

-Date la vuelta-le pidió Edward, y ella obedeció- como tienes la espalda?

Bella movió los hombros.

-Bien, no siento dolor- dijo

Él le recorrió la espina dorsal con los dedos, y ella jadeó. Edward le frotó la cadera con la palma de la mano.

-No creo que tenga hematomas ahí- dijo Bella, sonriendo en la almohada

-Y aquí?- preguntó él, mientras su mano viajaba

-Ahí tampoco

-Y ahí?

-Oh, no. Ahí, definitivamente, no.

Él entró en su cuerpo detrás, apoyándose en el colchón para que su peso no la aplastara.

-Y ahí?- le preguntó, en un tono de picardía.

-Será mejor que masajees... ahí- dijo Bella, y terminó con un jadeo.

-Así?

-Oh, si.

Después de haber disfrutado de los rescoldos del placer durante treinta minutos felices, Bella dijo:

-Detesto decir esto, pero tengo hambre

Edward, molesto por su negligencia, se levantó de un salto grácil. Antes de que Bella se diera cuenta de lo que ocurría, él la levantó de la cama, la depositó en una silla, puso sábanas limpias en la cama y echó las otras a una cesta. Después abrió el grifo de la ducha para ella, y le preguntó que quería comer.

-Lo que haya en el vecindario- dijo Bella- Es lo que más me gusta de la ciudad. Siempre hay comida a un paseo

-Cuando salgas de la ducha habré vuelto con comida- le prometió él

-No has comprado comida desde hace muchos años, verdad?

Edward negó con la cabeza

-Te molesta?

-Tú la necesitas, así que te la traeré

Ella lo miró pensativamente. Edward no lo había dicho como un pelele que estuviera desesperado por una mujer. No lo había dicho como un maníaco de control que quería racionar el mismo aire que respiraba su novia. Y tampoco lo había dicho como un aristócrata que estuviera acostumbrado a que los demás cumplieran sus órdenes.

-De acuerdo- dijo Bella lentamente, pensando todavía en aquello- Me voy a duchar.

El calor de la ducha, y aquellos momentos de soledad, fueron maravillosos. Hacía mucho tiempo que Bella no estaba con gente de una manera tan cercana, y verse precipitada hacia una relación íntima le impresionaba. Era una impresión placentera, pero una impresión.

Tener el cuerpo y el pelo limpio hizo maravillas en su espíritu. Encontró unos vaqueros de Edward que ella podía ponerse remangando los bajos, y una camiseta de color naranja. Después salió del dormitorio y fue al salón a esperarlo. El apartamento era pequeño y estaba muy limpio, y tenía un par de ventanas por las que se veía los pies de la gente pasar. Por primera vez, se dio cuenta de que Edward tenía su apartamento en un sótano.

Poco después, Edward apareció con dos bolsas llenas de comida.

-Cuanto puedes comer?- preguntó- Me he dado cuenta de que se me ha olvidado

Había comprado comida china, que a ella le encantaba, pero suficiente para cuatro personas. Por suerte, en las bolsas también había tenedores y servilletas, porque Edward no tenía esas cosas.

-Edward- dijo Bella, disfrutando del hecho de pronunciar su nombre- siéntate conmigo mientras como, por favor, y cuéntame cosas de tu vida

Sabía como era su cama cuando hacía el amor, pero no sabía nada sobre su infancia. Para ella, eso suponía un desequilibrio.

-Cuando estuve en Pineville- dijo él- miré por las ventanas de la casa de tus padres. Tenía curiosidad, nada más. En el salón, tu padre estaba mirando fijamente una vitrina que cubría toda la pared.

-Son mis cosas- dijo ella suavemente

-Las coronas, los trofeos, las bandas.

-Oh, dios mío, todavía tienen eso? es... triste. Tenía una copa en la mano?

Edward asintió

-Por que me cuentas esto cuando te he preguntado por tu vida?

-Tú eres de la realeza americana- dijo él

Ella se echó a reír, pero no como si eso fuera divertido

-Lo eres- insistió él- y se que le has oído decir a Jessica que yo soy un aristócrata. Bueno, eso es una broma suya. Mis orígenes son mucho más humildes.

-Me he dado cuenta de que puedes hacer una cama en un segundo- dijo Bella

-Puedo hacer cualquier cosa relacionada con atender a un humano- respondió él. Parecía muy sereno, pero ella se dio cuenta de que no era así, pero como tenía posadas las manos, al borde de la mesa- Fui ayuda de cámara durante la mayor parte de mi vida humana.

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