Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 14 de julio de 2011

Solos tú & yo * Capítulo 11

Adaptación



CAPÍTULO 11:

Salgo por la puerta a toda velocidad, llego al callejón y observo todo a mi alrededor mientras mis ojos se acostumbran a la obscuridad de ese espacio ocupado solo por una hilera de abarrotados contenedores, vidrios rotos, un gato hambriento, pero nada de Edward.


Me adentro más en el callejón y mis ojos buscan implacablemente mientras mi corazón late tan rápido que temo que vaya a romper mi pecho. Me niego a creer que él no está aquí. Me niego a creer que él me dejó plantada. ¡Emmett es terrible! ¡Él está mintiendo! Edward jamás se iría y me dejaría así.

Mis dedos trazan la pared de ladrillos, buscando una guía. Cierro mis ojos e intento sintonizar la energía de él, llamándolo a través de un mensaje telepático de amor, necesidad y preocupación.

Pero lo único que consigo como respuesta es un vacío negro. Luego, con mi célular presionado contra mi oído, zigzagueo entre todos los autos que esperan para salir, mientras observo por las ventanas y dejo una serie de mensajes en su correo de voz.

Cuando se rompe el tacón de mi sandalia derecha, los arrojo a un lado y sigo caminando. No me importan mis zapatos. Puedo crear cientos de pares.

Pero no puedo crear a otro Edward. Mientras el teatro se vacía lentamente, y aún sigo sin señales de él, me desmorono en la acera sintiéndome sudada, exhausta y desanimada, mientras observo como los cortes y ampollas de mis pies se curan simultáneamente y deseo poder cerrar mis ojos, tener acceso a su mente y poder leer sus pensamientos y saber su paradero.

Pero la verdad es que nunca he sido capaz de entrar a su cabeza. Es una de las cosas que más me gustaron de él. El que él sea psíquicamente inaccesible me hizo sentir normal. Quién diría que lo que una vez fue tan atrayente es la misma cosa que ahora está en contra mía.

-Quieres que te lleve?

Levanto la vista y me encuentro con Emmett parado frente a mí, haciendo tintinear sus llaves con una mano y con la otra sosteniendo mis sandalias rotas.

Muevo la cabeza y miro hacia otra parte, sabiendo que no estoy en posición de negarme a que me acerque a casa, aunque preferiría arrastrarme por un camino de carbones calientes y vidrios rotos en lugar de meterme con él en un coche para dos.

-Vamos,- él dice. -Prometo no morder.

Recojo mis cosas, tiro mi teléfono dentro de mi bolso y aliso mi vestido mientras me levanto y digo:

-Estoy bien.

-De verdad?- Él sonríe, acercándose tanto que la punta de nuestros pies casi se tocan. -Porque, honestamente, no te ves muy bien.

Doy la vuelta y me dirijo a la salida, sin preocuparme en detenerme cuando él dice:

-Me refería a que la situación no se ve muy bien. O sea, mírate Bella, estás despeinada, descalza y, aunque no estoy seguro, parece que tu novio te ha dejado plantada.

Respiro profundamente y sigo caminando deseando que él pronto se canse de este juego, se canse de mí, y se vaya.

-Y aún así, incluso en ese frenético y desesperado estado, debo admitir que sigues siendo sexy, si no te molesta que te lo diga.

Me detengo súbitamente y me giro para encararlo, a pesar de que me propuse seguir avanzando.

Avergonzándome mientras sus ojos recorren lentamente todo mi cuerpo, deleitándose con mis piernas, mi cintura y mi pecho, con una malicia inconfundible.

-Hace a uno pensar en qué está pensando Edward porque, si me lo preguntas…

-Nadie te ha preguntado nada,- le digo, sintiendo que mis manos están comenzando a temblar y me recuerdo a mi misma que aquí yo estoy completamente al mando; que no tengo ninguna razón para temerle. Que, aunque luzca como la clásica chica indefensa, soy todo lo contrario. Soy más fuerte de lo que solía ser, tan fuerte que si de verdad lo quisiera, podría derribarlo de un solo puño. Podría agarrarlo por los pies y tirarlo al otro lado de la calle. Y ni pienses que no estoy tentada a probarlo.

Él sonríe con esa sonrisa despreocupada que convence a todos menos a mí y sus férreos ojos azules miran directamente a los míos de una manera tan conocedora, tan personal y divertida, que mi primer impulso es largarme de allí.

Pero no lo hago.

Porque todo en él se siente como un reto y de ninguna manera voy a dejar que él gane.

-No necesito que me lleves,- digo finalmente, girándome para seguir caminando y sintiendo un escalofrío al estar él justo detrás de mí, con su aliento frío en mi nuca, diciendo:

-Bella, por favor, detente un minuto ¿Sí? No quería hacerte sentir mal.

Pero yo no me detengo, sigo caminando determinada a poner entre nosotros toda la distancia que pueda.

-Vamos, ven aquí.- Él ríe. -Solo estoy intentando ayudar. Todos tus amigos se han ido, Edward se ha largado, el equipo de limpieza se fue, lo cual me deja a mí como tu única esperanza.

-Tengo bastantes opciones,- digo entre dientes, deseando que se largue de una vez para poder intentar manifestar un auto, zapatos y poder irme.

-Yo no veo ninguna.

Yo muevo mi cabeza y sigo caminando. Esta conversación ha terminado.

-Entonces prefieres caminar todo el trayecto hasta tu casa en lugar de ir en el auto conmigo?

Alcanzo el final de la calle y presiono el botón de peatones una y otra vez, deseando que la luz cambie a verde para poder llegar al otro lado y deshacerme de él.

-No sé a qué se deba todo este mal comienzo, pero es claro que me odias y no tengo idea de porqué.- Su voz es suave y tentadora, como si de verdad quisiera que volvamos a comenzar y hacer las paces; borrón y cuenta nueva y esas cosas.

Pero no quiero hacerlo. No quiero hacer las paces con él. Yo solo quiero que se vaya a alguna otra parte y me deje sola para poder encontrar a Edward.

Pero aún así, no puedo dejarlo ir. No puedo dejar que él tenga la última palabra, así que miro sobre mis hombros y digo:

-No te halagues tanto Emmett. Te tiene que importar alguien para poder odiarlo, lo cual en este caso es imposible, así que no puedo odiarte.

Luego, aunque la luz aún no ha cambiado a verde, comienzo a caminar por la calle, bailando alrededor de varios autos que aceleran antes de que la luz amarilla se vuelva roja y sintiendo el insistente frío de su mirada.

-Y tus zapatos?- Él grita. -Es una pena que los dejes así. Estoy seguro que el tacón se puede arreglar.

Pero yo solo sigo caminando. Viendo como él hace una profunda reverencia, haciendo un exagerado arco con su mano y mis sandalias colgando de la punta de sus dedos. Y su risa toda acompasada me persigue a través del boulevard y la carretera.
 
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