Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 16 de febrero de 2016

¿Nuestro destino? * Capítulo 2

Summary: Bella y Edward han viajado por muchas vidas, han combatido a centenares de enemigos oscuros, para poder estar juntos. Pero cuando su deseado destino casi esta en sus manos, Edward cae en una maldición poderosa. Un simple contacto entre ellos le causaría la muerte a Edward llevándoselo a Shadowland. Bella desesperada por salvar a Edward, consigue ayuda de un surfo: James. Aunque se acaban de conocer, James le resulta muy familiar. Traicionando a Edward, Bella es atraída por James, con su cabellera rubia, sus ojos verdes, sus poderes mágicos y un pasado muy misterioso. Bella sabe que Edward es su alma gemela y nunca lo olvidara. Pero al pasar del tiempo, su conexión con James crecerá más y será más fuerte, poniendo a prueba su amor por Edward como nunca antes...
N/A:  Los personajes son de la magnifica Meyer. Continuació de "Solos tú y yo". Adapatción del libro de Alison Nöel Shadowland





CAPÍTULO 2

Me arrodillo junto a él, con las manos sobre las rodillas, los dedos de los pies enterrados
en la arena, deseando que me mire, deseando que me hable. Incluso si es sólo para
decirme lo que ya sé, que he cometido un grave error y una estupidez, que posiblemente
nunca se borrará. Con mucho gusto lo aceptaría, diablos, me lo merezco. Lo que no puedo
soportar es el silencio absoluto y su mirada lejana.

Y estoy a punto de decir algo, cualquier cosa, para romper este silencio insoportable,
cuando me mira con ojos tan cansados que son la encarnación perfecta de sus seiscientos
años. "Emmett". Suspira, sacudiendo la cabeza. "Yo no lo reconocí, no tenía ni idea-" Su
voz se apaga junto con su mirada.

"No hay manera de que pudieras haberlo sabido", digo, deseando borrar cualquier
sentimiento de culpa que pueda sentir. "Todos ustedes estuvieron bajo su hechizo desde
el primer día. Créeme, lo tenía todo planeado, se aseguró de que todos sus recuerdos
fueran borrados por completo."

Sus ojos buscan mi cara y me estudia estrechamente antes de ponerse de pie e irse lejos.

Mirando hacia el océano, aprieta sus manos en puños, y me pregunta, "¿Te lastimó? ¿Te
persiguió o te hizo daño de alguna manera?".

Sacudo la cabeza.

"No tenía que hacerlo. Fue suficiente con hacerme daño a través de ti".

Se voltea, y veo que sus ojos se oscurecen cada vez más, y sus rasgos se endurecen,
inhalando profundamente, responde, "Esto fue mi culpa".

Lo miro boquiabierta, preguntándome cómo podía creer eso después de lo que yo

acababa de hacer. Me acerco más a él mientras le grito: "¡No seas ridículo! ¡Por supuesto
que no es tú culpa! ¿Escuchaste lo que dije?" Sacudo la cabeza. "Emmett envenenó tu
elixir y te tenia hipnotizado. ¡Tú no tienes nada que ver con eso, tú solo seguías sus
órdenes, todo esto estaba fuera de tú control!"

Pero apenas he terminado cuando él hace un gesto con su mano.

"¿Bella, no lo ves? Esto no es por Emmett, no, esto es el karma. Esto es la venganza de
seis siglos de vida egoísta.‖

Él sacude su cabeza y ríe, aunque no es el tipo de risa que te invita a participar. Es de otro
tipo, de la que te hiela hasta los huesos.

"Después de tantos años de amarte y de perderte, una y otra vez, yo estaba seguro de
que ese era mi castigo por la forma en que había vivido, sin tener idea de que habías
muerto a manos de Tanya. Pero ahora, veo la verdad que se me escapó todo el tiempo.

Justo cuando yo estaba seguro de eludir el karma haciéndote inmortal y manteniéndote
para siempre a mi lado, el karma se ríe al último, lo que nos permite una eternidad juntos,
pero sólo para mirarnos, pero nunca tocarnos de nuevo‖.

Llego hasta él, con ganas de abrazarlo, consolarlo, convencerlo de que no es del todo
cierto. Pero me aparto con la misma rapidez. Al recordar cómo nuestra incapacidad para
tocarnos es la misma cosa que nos hizo venir hasta aquí.

"Eso no es cierto", digo, mirándolo fijamente.

"¿Por qué quieres ser castigado cuando yo soy la que cometió el error? ¿No lo ves?"

Muevo la cabeza, frustrada por su singular forma de pensar.

"Emmett planeó esto todo el tiempo. Amaba a Tanya-Apuesto a que no lo sabías, ¿eh? Fue
uno de los huérfanos que sobrevivió a la plaga en la Florencia renacentista, y la amó a
través de los siglos,- nunca hizo nada malo por ella. Pero Tanya no se preocupaba por él,
sólo te quería a ti- y tú solo me querías a mí-y luego, bueno, después de haberla matado,
Emmett decidió ir a por mí, y lo logró a través de ti. ¡Quería que sintiera el dolor de no
poder tocarte, igual que él se sentía con Tanya! Y todo sucedió tan rápido,...-"

Me detengo, sabiendo que es inútil, una pérdida total de palabras. El dejó de escuchar
sólo después de que empecé, convencido de que él era el culpable.

Pero yo rechazo incluso visitar aquel lugar, y no dejaré que él lo haga tampoco.

"¡Edward, por favor! No podemos rendirnos. ¡Esto no es el karma - soy yo! Me equivoqué,
cometí un error horrible, terrible. ¡Pero eso no significa que no podamos solucionarlo!

Tiene que haber un camino‖. Me aferro a la más falsa de las esperanzas, obligándome a
mostrar un entusiasmo que realmente no siento.

Edward se pone delante de mí, una silueta oscura en la noche, el calor de su triste mirada
cansada actúa como nuestro único abrazo.

"Yo nunca debí haber empezado", dijo. "Nunca debería de haber hecho el elixir-debí dejar
que las cosas tomaran su curso natural. En serio, ¡Bella, mira el resultado-no ha traído
nada más que dolor!"

Sacude la cabeza, su mirada es tan triste, tan infeliz, que rompe mi corazón.

"Todavía hay tiempo para ti sin embargo. Tienes toda tu vida por delante, una eternidad
en la que puedes ser lo que quieras ser, hacer lo que quieras hacer. Pero yo...‖ Se encoge
de hombros. "Estoy contaminado. Creo que todos podemos ver el resultado de mis
seiscientos años."

―¡No!‖ Mi voz se quiebra tanto que mis labios se extienden hasta mis mejillas. ―¡Tú no
conseguirás alejarte, no puedes abandonarme otra vez! Pasé todo el mes pasado
examinando el infierno para salvarte y ahora que estás bien no voy a rendirme. Somos el
uno para el otro, ¡tú mismo lo has dicho! Estamos experimentando un retroceso temporal,
eso es todo. Pero si podemos unir nuestras mentes, sé qué pensarán una manera de..."

Me detengo, mi voz decae, viendo como él esta yéndose, retirándose a su mundo triste y
lamentable donde únicamente él es el culpable. Y sé que es hora de contar el resto de la
historia, las partes lamentables y vergonzosas que preferiría excluir.

Tal vez entonces él lo verá de manera diferente, tal vez entonces... ―Hay más" digo,
precipitadamente aunque yo no tenga ni idea de cómo seguir después.
―Antes de que asumas el karma o lo que sea, debes saber algo más, algo de lo que no
estoy orgullosa... Aun así...‖

Entonces tomo una respiración profunda y empiezo a hablarle de mis viajes a
Summerland-esa dimensión mágica entre dimensiones, donde aprendí a retroceder en el
tiempo-y que, cuando me dio la posibilidad de elegir entre mi familia y él- los escogí a
ellos. Convencida de que de alguna manera podría restaurar el futuro, que estaba segura
me habían robado, y sin embargo todo lo que realmente importaba era una lección que ya
sabía:

A veces el destino se encuentra fuera de nuestro alcance.

Trago saliva y miro fijamente la arena, reacia a ver la reacción de Edward cuando mire a
los ojos de quien lo traicionó.

Pero en lugar de enfadarse o molestarse como yo pensaba, me rodea con una luz
hermosa blanca y brillante- una luz tan reconfortante, tan compasiva, tan pura- es como
el portal de Summerland- sólo que mejor. Así que cierro los ojos y le rodeo a él con la luz
también, y cuando los abro de nuevo, estamos envueltos en el más hermoso y caliente
resplandor vaporoso.

"Tú no tenías otra opción", dijo, con una voz suave y una mirada tranquilizadora, haciendo
todo lo posible para aligerar toda mi vergüenza.

"Por supuesto que elegiste a tu familia. Era lo correcto. Yo habría hecho lo mismo- dada la
elección-"

Asiento con la cabeza, alumbrados con una luz incluso más brillante y trenzados en un
abrazo telepático. Sabiendo que esto no es tan reconfortante como en la vida real, pero
por ahora esto es lo único que podemos hacer.

"Sé de tu familia, yo lo sé todo, lo vi todo".

Él me mira con ojos oscuros e intensos obligándome a seguir. "Tú siempre eras tan
reservado sobre tu pasado, de dónde viniste, cómo vivías-que un día, mientras estaba en
Summerland, pregunté acerca de ti-y-así me enteré de la historia de tú vida".

Presiono mis labios juntos y lo miro fijamente de pie ante mí, aún más silencioso si eso
pudiera ser posible. Suspiro cuando él me mira fijamente a los ojos y telepáticamente
remonta sus dedos a lo largo de la curva de mi mejilla una imagen tan deliberada, tan
palpable, casi parece real.

"Lo siento", dice, con el pulgar mentalmente suavizando mi barbilla.
―Siento haber sido tan cerrado e indispuesto a compartir esto. Pero a pesar de que
sucedió hace mucho tiempo, todavía es algo de lo que prefería no hablar".

Asiento con la cabeza, al no tener intención de presionarlo.

El testimonio de sus padres, el asesinato seguido por años de abusos a manos de la
Iglesia no es un tema que tenga intención de tratar.

"Pero hay más", le digo, con la esperanza de poder tal vez restaurar un poco de esperanza
compartiendo algo de lo que he aprendido.
―Cuando yo observé la revelación de tu vida, al final, Emmett te mataba. Pero aun cuando
parecía predestinado a pasar, yo logré salvarte.‖

Lo miro fijamente, sintiendo que estoy lejos de convencerle y tengo que tomar decisiones
apresuradas antes de que lo pierda por completo.

"Quiero decir, sí, tal vez nuestro destino es a veces fijo e inmutable, pero hay veces que
está movido puramente por las acciones que hacemos. Así que cuando no pude salvar a
mi familia al viajar en el tiempo, fue porque era el destino que no se podía cambiar. O
como dijo Jake segundos antes del segundo accidente que se los llevó de nuevo, no se
puede cambiar el pasado, simplemente así es. Pero cuando me encontré de vuelta aquí en
Laguna, y pude salvarte, bueno, creo que eso demuestra que el futuro no es siempre
concreto, que no todo se rige exclusivamente por el destino‖.

"Tal vez".

Suspira, mirándome fijamente. "Pero no se puede escapar del karma, Bella. Es lo que es.
Él no juzga, no es ni bueno ni malo como la mayoría de la gente piensa. Es el resultado de
todas las acciones, positivas y negativas-un equilibrio constante de los acontecimientos,
causa y efecto-ojo por ojo-cosecha y siembra-lo que va, vuelve‖.

Se encoge de hombros. "Sin embargo todas estas frases, son la misma al final. Y por
mucho que te gustaría pensar de otra manera, eso es exactamente lo que está pasando
aquí. Todas las acciones causan una reacción. Y aquí es donde mis acciones me han
traído". Sacude la cabeza. "Todo este tiempo me dije que volvería a encontrar el amor,
pero ahora veo que era realmente egoísta, porque no podía estar sin ti. Es por eso que
esto está pasando ahora".

"Entonces, ¿eso es todo?"

Muevo la cabeza, casi sin creer que está decidido a darse por vencido tan fácilmente.

"¿Así es como termina? ¿Estás tan seguro de que has sido perseguido por el karma que ni
siquiera trataras de defenderte? Has venido hasta aquí sólo para que pudiéramos estar
juntos y ahora que estamos frente a un obstáculo, ¿ni siquiera vas a intentar escalar la
pared de ladrillos en el camino?‖.

"Bella". Su mirada es cálida, amorosa, que lo abarca todo, pero no hace nada para quitar
la derrota de su voz.

"Lo siento, pero hay algunas cosas que yo sé."

"Sí, bueno..." Sacudo la cabeza y miro hacia el suelo, enterrando los dedos profundamente
en la arena.

"Sólo porque tienes unos cuantos siglos y no quieres decirme una última palabra. Porque
si realmente estamos juntos en esto, si nuestras vidas, como nuestros destinos, están
realmente entrelazados, entonces te darás cuenta de que esto no te ocurre solo a ti, yo
soy parte de esto también. Y no tienes que caminar lejos de esto-¡no tienes que caminar
lejos de mí! ¡Tenemos que trabajar juntos! Tiene que haber una forma..." me detengo, mi
cuerpo esta temblando, mi garganta se cierra con tanta fuerza que ya no puedo hablar.

Todo lo que puedo hacer es estar allí ante él, en silencio, instándolo a que se una a mí en
una pelea que no estoy segura de que podamos ganar.

―No tengo ninguna intención de abandonarte, " dice él, con su mirada fija llena del deseo
de cuatrocientos años. " No puedo abandonarte, Bella. Cree en mí, lo he intentado. Pero al
final, siempre encuentro el camino de regreso a tu lado. Eres todo lo que siempre quise-
todo lo que he amado, pero siempre...‖

"Nada de peros." Muevo la cabeza, deseando poder abrazarlo, tocarlo, presionar mi
cuerpo fuertemente contra su.... ―Tiene que haber una forma, una especie de cura. Y
juntos vamos a encontrarla. Sólo sé que lo haremos. Hemos llegado demasiado lejos para
que Emmett nos mantenga separados. Pero no puedo hacerlo sola. No sin tú ayuda. Así
que por favor prométeme-prométeme que lo intentaras."

Me mira, me atrae con su mirada, cierro mis ojos mientras él llena la playa con tantos
tulipanes que estoy en medio de una explosión de pétalos de cera roja sobre curvados
tallos verdes-el último símbolo de nuestro amor eterno cubriendo cada centímetro
cuadrado de arena.

Luego desliza su brazo sobre el mío y me lleva de vuelta a su coche. Nuestra piel separada
sólo por su suave chaqueta de cuero negro y mi camiseta de algodón orgánico. De sobra
sé las consecuencias de cualquier intercambio accidental de ADN, pero soy incapaz de
moderar el hormigueo y el calor que late entre nosotros.


jueves, 11 de febrero de 2016

Los placeres de la noche * Capítulo 11

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 11

Kyrian seguía atormentado por lo que había sucedido con Amanda la noche anterior. Había estado

muy cerca de estropearlo todo. Había estado tan cerca de...

Desechó la idea de su mente y siguió caminando sobre los tejados del Barrio Francés; era casi me-
dianoche. Las ráfagas de aire helado agitaban su abrigo de cuero mientras caminaba por el borde del te-
jado, mirando los callejones adyacentes al edificio. Solía encaramarse a los lugares más altos, como un

gato; de ese modo, nadie advertía su llegada. Al menos no hasta que era demasiado tarde. Se detuvo al

escuchar algo.

–No me hagáis daño.

El viento trajo el débil sonido de una voz, procedente de unos edificios cercanos al lugar donde se

encontraba.

Se deslizó sobre los tejados, más ágil y rápido que un guepardo, hasta que encontró a la persona

que acababa de hablar. Si alguien se asomaba al oscuro callejón, sólo vería a un pobre hombre al que

estaban asaltando; pero los cuatro Daimons rubios no podían pasar desapercibidos a los ojos de un Ca-
zador Oscuro.

Arqueó una ceja. Era la misma imagen de siempre. Por alguna razón, a los vampiros les gustaba mo-
verse en grupos de cuatro o seis. Habían acorralado al humano en un rincón, junto a un viejo edificio en

ruinas. Sorprendentemente, la víctima le resultaba familiar.

Rodeado por el insoportable olor a basura, el hombre intentó ofrecerles a los Daimons la cartera.

–Tomad –les dijo con voz insegura–. Pero no me hagáis daño.

El vampiro más alto del grupo soltó una carcajada.

–¡Vaya! Pero si no vamos a hacerte daño, humano... vamos a matarte.

Kyrian saltó desde el tejado, con los brazos extendidos para guardar el equilibrio. Mientras descendía

los tres pisos que le separaban del callejón, el abrigo flotaba a su alrededor empujado por el viento. Ate-
rrizó sin hacer ningún ruido, agazapado tras los Daimons.

–¿Habéis oído eso? –preguntó uno de los vampiros, mirando a uno y otro lado.

–Lo único que oigo son los latidos de un corazón humano. –Nada más decirlo, el más alto de los

Daimons agarró al hombre.

–O... –dijo Kyrian, alzándose muy despacio hasta quedar completamente erguido. Apartó el abrigo y

colocó la mano sobre la empuñadura del srad de Talon–... el sonido de cuatro Daimons a punto de mo-
rir.

Cuando los vampiros se apartaron de su víctima, Kyrian reconoció al humano. Era Cliff que, a su vez,

también lo reconoció al instante.

–¡¿Tú?! –rugió–. ¿Qué estás haciendo aquí?

Malditas sean las Parcas, pensó. No le apetecía nada ayudar al hombre que había hecho daño a

Amanda. Ella le había contado toda la historia, junto con las duras críticas que su ex-prometido había

dedicado a la familia Devereaux al completo. El tipo no se merecía su ayuda.

Maldito sea el Código.

Kyrian le contestó en voz alta.

–Según parece, te estoy salvando la vida.

–No necesito tu ayuda.

Los cuatro Daimons se dieron la vuelta para mirar a Cliff y estallaron en carcajadas.

–Ya lo has oído, Cazador Oscuro –dijo el líder del grupo–. No necesita tu ayuda, así que te puedes

largar.

Kyrian suspiró, tentado por la idea de marcharse.

–Sí, pero ¿sabes una cosa? A veces hay que salvarlos aunque no quieran.

En ese momento, el más alto de los cuatro vampiros atacó. Kyrian arrojó el srad pero, antes de pu-
diera golpear al Daimon, Cliff agarró a su atacante y tiró de él hasta hacerlo tambalearse y perder el

equilibrio.

–Ahora vas a saber quién es el malo aquí. –Y, diciendo esto, dio un puñetazo al vampiro, que no pa-
reció notarlo, ya que siguió en pie riéndose de él.

El srad se estrelló contra la pared y se rompió en dos. ¡Gilipollas! De no ser por la bravata de Cliff, el

Daimon ya estaría muerto. Haciendo un esfuerzo supremo, Kyrian corrió a interponerse entre el humano

y el vampiro antes de que éste atacara. No llegó a tiempo; apenas se había acercado a Cliff cuando el

Daimon le dio una patada que lo lanzó sobre el cuerpo endeble del humano. Los dos cayeron al suelo,

pero Kyrian rodó sobre sí mismo y se puso en pie con agilidad mientras el ex-novio de Amanda force-
jeaba para levantarse. Le costó la misma vida no poner los ojos en blanco ante la inutilidad del tipo.

–¿Te importaría salir corriendo?

Cliff volvió a adoptar una actitud arrogante nada más ponerse en pie.

–Soy perfectamente capaz de luchar contra ellos, igual que tú.

Kyrian reprimió un gruñido de exasperación. Ese tío era un imbécil. En primer lugar, apenas si llega-
ba al metro ochenta, mientras que los Daimons igualaban su altura e incluso la superaban. En segundo

lugar, el cuerpo del humano era el de un experto en el sillón-ball... muy diferente al musculoso y letal de

los vampiros.

Sin ninguna duda, Cliff era una enorme amenaza...

Antes de que pudiera moverse, dos de los vampiros fueron a por él. Kyrian golpeó al primero con

una bota y lo pulverizó. El otro lo atacó con una espada. Impulsándose hacia un lado, saltó, dio una

vuelta hacia atrás en el aire y aterrizó sobre la escalera de incendios, justo encima del Daimon.

–¡Oye! –exclamó Cliff–. ¿Cómo has hecho eso?

No hubo tiempo de responder, ya que los tres Daimons restantes se abalanzaron sobre la escalera,

tras él. Kyrian volvió a saltar al callejón.

Lógicamente, los vampiros lo siguieron.

Kyrian se preparó para el ataque. Tan pronto como el líder se acercó, Cliff llegó corriendo y se colocó

a su lado, empuñando un palo de madera. Se dispuso a golpear a los vampiros al mismo tiempo que és-
tos se acercaban a Kyrian.

Atrapado entre Cliff y los Daimons, Kyrian fue incapaz de maniobrar. Como resultado, el ex-novio de

Amanda acabó golpeándole en la cabeza con el palo. El dolor estalló de repente en el cráneo del cazador

y se tambaleó hacia atrás. Sacudió la cabeza para despejarse y se recuperó un instante antes de que

dos de los vampiros lo agarraran por la cintura y lo echaran al suelo. Sujetándole las muñecas, extendie-
ron sus brazos a los lados y lo inmovilizaron. El pánico se adueñó de él al instante, asaltado por los vie-
jos recuerdos.

–Hemos encontrado su punto débil –dijo uno de los Daimons–. Decidle a Desiderius que con los bra-
zos extendidos se vuelve loco.

Vale, puede que lo hubieran descubierto. Pero ninguno de ellos iba a vivir lo suficiente como para re-
velarlo. Rugiendo de rabia, Kyrian alzó las piernas hasta subirlas por encima de la cabeza y se impulsó

con fuerza, saltando hasta quedar en pie, libre de sus captores. Con los colmillos bien visibles, apuñaló a

un Daimon y luego al otro. El vampiro restante comenzó a alejarse camino de la calle principal. Kyrian le

lanzó el otro srad a la espalda y el Daimon se desintegró.

Cuando se dio la vuelta, vio a Cliff mirándolo con la boca abierta y el rostro ceniciento. Se le pusieron

los ojos en blanco y cayó al suelo, desmayado.

Kyrian se acercó para comprobar su estado, totalmente asqueado. Tenía el pulso acelerado, pero es-
table.

–¿Qué vería en ti? –se preguntó mientras cogía el móvil y llamaba a una ambulancia.

Horas después –una vez se convenció de que el ex-novio de Amanda sobreviviría–, volvió a casa. No

había modo de localizar a Desiderius.

Joder.

Se detuvo en la puerta de la cocina y observó a Amanda con curiosidad. Eran casi las cinco de la

mañana y, según parecía, estaba haciendo sopa y unos sándwiches.

¿Y esto?

Se movía por la cocina con la elegancia de una ninfa, totalmente ajena a su presencia. Estaba tara-
reando una melodía, «In the hall of the Mountain King», de Grieg, si no estaba equivocado. Una elección

extraña...

No había conocido a una mujer más fascinante en toda su vida. Llevaba un camisón de seda ligera-
mente transparente, pero que ocultaba sus curvas. El suave color azul le sentaba de maravilla a esa piel

pálida y al pelo cobrizo.

Su miembro reaccionó al instante y se endureció. Cuanto más la miraba, más la deseaba.

Estaba echando la sopa en dos cuencos y, una vez acabó, metió un dedo para comprobar la tempe-
ratura.

Eso era más de lo que un inmortal podía soportar. Se movió como una sombra hasta ponerse a su

espalda y la cogió de la mano.

Ella alzó la vista con un jadeo, asustada hasta que lo reconoció. Sin dejar de sonreírle, Kyrian se lle-
vó su dedo a la boca y pasó la lengua a su alrededor, saboreando tanto la sopa como la piel de Amanda.

–Delicioso –le dijo.

Ella se sonrojó.

–Hola, cielo, ¿qué tal te ha ido en el trabajo?

Kyrian soltó una carcajada por la imitación de Donna Reed.

–¿Otra vez has estado viendo Nick at Nite?

Amanda se encogió de hombros con timidez.

–Pensé que te gustaría un poco de comida caliente, para variar, cuando llegaras a casa. Debes sen-
tirte muy solo cuando llegas a una casa vacía y oscura, sin nadie que te dé la bienvenida.

No podía imaginarse cuánto. La miró, observando esos labios abiertos que lo llamaban a gritos. Ha-
bían pasado muchos siglos desde la última vez que alguien le diera la bienvenida al volver a casa. Siglos

de inenarrable soledad y abandono.

Pero ambos sentimientos habían desaparecido en el mismo instante que despertó en aquella fábrica

abandonada y contempló esos enormes y vivaces ojos azules que lo hacían arder.

Amanda no estaba preparada para lo que Kyrian hizo a continuación. La besó como un poseso. Le in-
trodujo la lengua en la boca, saboreando sus profundidades, mientras le acariciaba la espalda con las

manos antes de colocarlas sobre su trasero. Era la primera vez que permitía a un hombre tomarse esas

libertades; claro, que tampoco es que le importara demasiado. Nunca había creído ser una mujer parti-
cularmente atractiva. No hasta que lo conoció a él. Tratándose de Kyrian, parecía no tener inhibiciones.

Quería estar con él a todas horas; quería abrazarlo, tocarlo... estar a su lado. Si pudiera, se volvería a

ponerse los grilletes y, esta vez, para siempre.

Sin interrumpir el beso, Kyrian deslizó las manos por debajo del borde del camisón, en busca de ese

lugar cálido y húmedo que latía de deseo. Amanda gimió cuando la tocó; cuando sus dedos se desliza-
ron en su interior y comenzaron a atormentarla sin piedad. ¡Dios! Qué facilidad tenía ese hombre para

ponerla a cien.

–Kyrian, la sopa –le dijo sin aliento.

Él se retiró un poco, con la respiración alterada y los labios hinchados por el beso.

–Que espere.

Esa noche lo rodeaba un aura un poco más indómita; algo salvaje y malicioso. La llevó hasta la mesa

y la ayudó a tenderse sobre ella. Con una mirada hambrienta y apasionada, se puso en pie entre sus

piernas y la observó.

–Esto sí que es un banquete digno de un rey.

Y se inclinó. Ella emitió un jadeo al sentir la furia de esas manos inquisitivas, que parecían estar en

todos sitios a la vez. Sus caricias la electrificaban; la dejaban saciada y la hacían ansiar mucho más.

Mientras la besaba hasta hacerla perder la cordura, ella estiró un brazo en busca de la cremallera de

los pantalones y la bajó para poder tocarlo. Ya estaba duro como una roca y lo notó palpitar entre los

dedos. Kyrian soltó un gemido sobre sus labios.

Su actitud no dejaba de sorprenderla. Un guerrero inmortal que no necesitaba a nadie y que, aun

así, se comportaba con exquisita ternura entre sus brazos. Un hombre que se estremecía cuando ella

acariciaba su miembro y deslizaba la mano sobre él.

Las caricias de Amanda le nublaban la mente. No podía pensar. Sólo podía inhalar su aroma y sabo-
rearla. La deseaba con toda el alma. La pasión y el deseo le impedían razonar más allá de lo que estaba

sucediendo y, sin darse cuenta de lo que hacía, le apartó las manos y se hundió en ella.

Amanda dejó escapar un gemido ante la increíble sensación de tenerlo profundamente enterrado en

su cuerpo. Su miembro era tan grueso y estaba tan duro... la llenaba por completo. Le envolvió la cintu-
ra con las piernas al mismo tiempo que Kyrian comenzaba a mover las caderas, alternando un ritmo

suave con embestidas largas y profundas.

Se amaron muy lentamente. Ella se retorcía bajo los poderosos envites de Kyrian mientras éste le

mordisqueaba el cuello, arañándola con los colmillos. Al cerrar los ojos, volvió a sentir el increíble vínculo

que los unía. Eran un solo ser. En ese instante, Kyrian se estremeció y susurró su nombre sobre sus la-
bios, haciéndola temblar de deseo.

Y cuando el mundo se desintegró, Amanda creyó ver un millar de colores girando a su alrededor.

Kyrian la observó mientras llegaba al orgasmo y sintió cómo envolvía su miembro con más fuerza.

¡Por los dioses! Cómo anhelaba poder satisfacerse, pero no podía; sus poderes ya se estaban debilitan-
do, y los necesitaba para mantenerla a salvo.

Salió de ella de mala gana, rechinando los dientes.

Se colocó la ropa sin decir una sola palabra, aunque por dentro se moría de dolor, y dio un tirón a

los vaqueros intentando aliviar la incomodidad que le producía la presión de la tela sobre su erección.

Resultó inútil.

Amanda sintió pena por él al percibir su incomodidad y la rigidez de sus movimientos. ¿Cómo podía

llevarla al orgasmo y no buscar su propia satisfacción? Debía estar sufriendo una agonía.

Y sin quejarse.

Ninguno de los dos dijo nada mientras comían, pero Amanda lloraba por dentro. Por su pobre gue-
rrero. En el fondo de su mente, una vocecilla le decía que no importaba lo mucho que lo quisiera, por-
que entre ellos nunca habría lugar para una relación.

Se despertó pasadas las tres de la tarde. Salió de la cama, se dio una ducha y se vistió mientras Ky-
rian seguía durmiendo.

¡Dios santo! Era tan guapo... tenía un brazo alzado sobre la cabeza y, en esa posición, se asemejaba

más a un niño dormido que a un sombrío guerrero inmortal. Siguiendo un impulso, se inclinó y lo besó

en los labios. Él se incorporó y la aferró por el cuello; la apretaba con tanta fuerza que apenas podía

respirar.

–¿Kyrian? –jadeó, forcejeando para soltarse–. Cariño, me estás ahogando.

Él no le hizo caso. Le costó más de tres minutos librarse de sus manos.

–Muy bien –dijo sin aliento, mientras observaba cómo él se daba la vuelta y se quedaba de costado–.

Recuérdame que no se me ocurra volver a hacerlo.

Lo tapó con las sábanas y salió de puntillas de la habitación.

Encontró a Nick en el salón de la planta baja; se había calzado unos patines y se deslizaba de un la-
do a otro de la estancia, sorteando montañas de papeles.

–¿Qué estás haciendo? –le preguntó.

Él se detuvo y se encogió de hombros.

–Kyrian se cabrea si uso el monopatín dentro de la casa.

Amanda soltó una carcajada.

–Vale; aunque supongo que tampoco le harán mucha gracia los patines.

–Probablemente no, pero, ¡joder!, este lugar es enorme y tengo que ir del sitio A al B sin que me

acaben temblando las piernas.

Ella volvió a reírse. El humor del Escudero era contagioso, una vez que te acostumbrabas a él.

Describió una pequeña circunferencia y entró patinando a la cocina. Antes de que ella pudiese llegar

a mitad de la sala, Nick regresó, trayéndole un vaso de zumo de naranja.

–Gracias –le dijo mientras lo cogía–. ¿Qué se sabe de Rosa?

–Miguel dice que está mejor. Cuando llamé se había despertado y estaba viendo La Rueda de la For-
tuna.

–Estupendo.

–Sí, Kyrian se alegrará mucho.

Súbitamente, se escuchó tras ella un estruendo horrible. Aterrorizada por la idea de que fuese De-
siderius irrumpiendo de forma repentina, se dio la vuelta y vio en el suelo un enorme montón de oro y

diamantes; exactamente en el mismo lugar en el que solía estar una mesita tallada a mano del siglo XII.

–¡Mierda! –exclamó el Escudero con una mirada hastiada–. A Kyrian le encantaba esa mesa. Ahora sí

que va a cabrearse.

–¿Qué es eso? –preguntó Amanda, acercándose para ver mejor lo que podría ser el rescate de un

rey en lingotes de oro y diamantes.

Nick suspiró.

–Estamos a primeros de mes.

–¿Cómo?

El Escudero se encogió de hombros.

–Artemisa no acaba de entender que es más sencillo hacer una transferencia a las cuentas de sus

Cazadores Oscuros. Así que, una vez al mes, nos encontramos una montaña de oro y diamantes donde

menos lo esperamos. En una ocasión, todo cayó a la piscina; imagínate la putada.

–No te lo tomes a broma –contestó Amanda, maravillada por la cantidad–. Alguien podría acabar he-
rido.

–Eso es cierto. El tercer Escudero de Kyrian murió así.

Amanda se dio la vuelta para mirarlo a la cara y, al instante, se dio cuenta de que Nick no estaba

bromeando.

–Y, ¿qué hacéis con todo eso? –preguntó, señalando el montón de oro.

Él sonrió.

–Ejerzo de San Nick. Hay un Escudero en la ciudad que se encarga de cambiarlo a dólares. Desde

allí, la mayoría del dinero se destina a obras de caridad. El dos por ciento va a una fundación que se de-
dica a cuidar de las familias de los Escuderos que murieron cumpliendo con su deber y a los Escuderos

que se han retirado; otro dos por ciento se destina a una empresa de investigación, encargada de hacer

juguetitos electrónicos para los Cazadores Oscuros.

–¿Con cuánto se queda Kyrian?

–Con nada. Vive de los intereses del dinero que tenía cuando era humano.

–¿En serio?

Nick le contestó con un movimiento de cabeza.

¡Guau! Debía haber estado forrado en aquella época.

–Vale, ¿puedo hacerte una pregunta un poco impertinente?

Nick sonrió.

–¿Quieres saber cuánto gano?

–Sí.

–Lo suficiente para hacer de mí un hombre muy feliz.

En ese momento sonó el teléfono.

El Escudero se alejó patinando mientras Amanda se tomaba el zumo sentada en el sofá y leía el pe-
riódico. Cuando acabó dejó el vaso en la mesa de café... o ataúd.

Unos minutos después, Nick volvió con muchas prisas; tenía una expresión ceñuda y ni siquiera le

habló mientras se acercaba al armario situado en la pared del fondo. Cuando abrió la puerta, Amanda

vio un impresionante arsenal.

El terror se apoderó de ella.

–¿Qué ocurre?, ¿Quién ha llamado?

–Era Acheron, avisando que entramos en alerta roja.

Amanda frunció el ceño. Por las prisas que llevaba el Escudero, sabía que algo debía ir muy mal.

–¿Y eso qué significa?

La expresión de Nick le erizó la piel.

–¿Conoces el dicho «El infierno acaba de desatarse»?

–Sí.

–Se inventó para designar una situación de alerta máxima. Por alguna razón, hay una alta concen-
tración de Daimons en esta zona. Acaban de abandonar sus refugios. Cuando hay una aglomeración de

esta magnitud, los vampiros alcanzan su fuerza máxima y se alimentan, lo necesiten o no. No hay nada

más peligroso que una alerta máxima, exceptuando, claro está, un eclipse de sol. Las cosas se van a

poner muy feas esta noche.

A las siete en punto, Amanda supo –de primera mano– que Nick no mentía. Estaba limpiando los

restos del «desayuno» de Kyrian mientras su Escudero le contaba la conversación que había tenido con

Acheron.

Kyrian había cogido el doble de armas que de costumbre e iba de camino a la puerta cuando sonó el

teléfono. Amanda contestó.

–¿Mamá? –preguntó al reconocer la voz llorosa. El corazón dejó de latirle un instante–. ¿Qué pasa?

Kyrian se detuvo junto a la entrada y, sin perder un minuto, voló hasta su lado.

–Mandy –continuó la señora Devereaux entre sollozos–. Se trata de Tabby...

Amanda no quiso escuchar nada más. A punto de ahogarse por las lágrimas, dejó caer el teléfono al

suelo. Sólo era consciente de los brazos de Kyrian a su alrededor, sosteniéndola, y de Nick hablando con

su madre.

Kyrian comenzó a verlo todo rojo mientras escuchaba la explicación de la señora Devereaux, presa

de la histeria, y sentía a Amanda temblar entre sus brazos. Sus lágrimas le estaban mojando la camiseta

y, en ese momento, juró que mataría a Desiderius por haber provocado esta situación.

–No pasa nada –le susurró al oído–. Sólo está herida.

Ella se echó hacia atrás y lo miró a los ojos.

–¿Qué dices?

Kyrian le limpió las lágrimas con la mano.

–No la ha matado, cariño. –Aunque su estado era grave, según había dicho su madre, Tabitha so-
breviviría.

Desiderius, al contrario, no.

–Tabitha está en el hospital –dijo Nick mientras colgaba el teléfono–. Afortunadamente, sólo se en-
contraron con dos Daimons y ella y su grupo fueron capaces de acabar con ellos. –Miró a Kyrian–. ¿Sa-
bes lo que creo? Me da la sensación de que Desi sólo estaba jugando con ella, lo justo para cabrearte y

hacer que pierdas la cabeza. No hay otra explicación posible. Si no, no hubiese enviado sólo a dos vam-
piros.

–¡Cierra la boca, Nick! –masculló Kyrian. Lo último que quería era que Amanda se preocupara aún

más. La besó suavemente en los labios–. Nick te acompañará al hospital.

Cogió el móvil y llamó a Talon, que ya iba de camino a la ciudad. Le dijo que se pasara por su casa y

se encargara de proteger a Amanda, por si Desiderius estuviera esperándolos en el hospital.

–Kyrian –lo increpó Amanda cuando él acabó de hablar–, no quiero que salgas esta noche. Tengo un

mal presentimiento.

Y él también.

–Tengo que hacerlo.

–Por favor, escúchame...

–Shhh –murmuró, colocándole un dedo sobre los labios–. Éste es mi trabajo, Amanda. Esto es lo que

soy.

No tardó mucho en dejarla en el coche de Nick, con Talon en la Harley siguiéndolos de cerca; en

cuanto se alejaron, se encaminó al centro de la ciudad en busca de ese cerdo chupa-sangre y devora-
almas para hacerle lo que debía haber hecho la noche que se conocieron.

Las horas fueron pasando mientras recorría el Barrio Francés en busca de Desiderius. Los Daimons

recuperarían fuerzas esa noche y sabía que, tarde o temprano, harían su aparición en busca de sangre.

Más peligrosos que nunca. Y Desiderius, al igual que sus congéneres, prefería salir de casa en el Barrio

Francés, donde resultaba muy fácil encontrar turistas descuidados y borrachos.

Pero, de momento, no había ni rastro de ellos.

–Oye, nene –lo llamó una prostituta al pasar a su lado–. ¿Quieres compañía?

Kyrian se giró para mirarla, sacó todo el dinero que tenía en la cartera –unos quinientos dólares– y

se los ofreció.

–¿Por qué no te tomas la noche libre y te vas a cenar a un buen restaurante?

La chica lo miró, atónita, pero cogió el dinero antes de salir corriendo.

Kyrian suspiró cuando la vio escabullirse entre la multitud. Pobre mujer. Ojalá le diera un buen uso al

dinero. De todos modos, estaba claro que le hacía más falta que a él. En ese momento, vio un destello

metálico por el rabillo del ojo. Al girar la cabeza distinguió a dos muchachos entre la multitud. Definiti-
vamente, eran humanos.

Al principio, su apariencia le recordó a la de los chicos de la pandilla callejera con la que Nick se rela-
cionaba; tipos duros con chaquetas negras. Hasta que se dio cuenta de que lo estaban observando...

como si supieran lo que era en realidad.

Con todos los instintos en estado de alerta, Kyrian les devolvió la mirada. El más alto de los dos, que

aparentaba tener poco más de veinte años, arrojó el cigarro al suelo, lo pisó y cruzó la calle sin quitarle

los ojos de encima.

Al acercarse, estudió a Kyrian de arriba abajo con total frialdad.

–¿Eres el Cazador Oscuro?

Kyrian alzó una ceja.

–¿Eres el chico de los recados?

–No me gusta tu tono de voz.

–Y a mí no me gustas tú. Ahora que hemos acabado con las presentaciones y nos hemos declarado

nuestro mutuo desagrado, ¿por qué no me llevas hasta tu jefe?

El chico lo miró con los ojos entrecerrados.

–Sí, ¿por qué no?

Era una trampa. Kyrian lo sabía. Que así fuera. Estaba deseando enfrentarse a Desiderius. Estaba

más que preparado.

Los siguió sin que tuvieran que obligarlo. Atravesaron los callejones traseros hasta llegar a un pe-
queño patio, rodeado por una verja. Los arbustos tapaban los muros e impedían que la luz de las farolas

penetrase en el lugar. Kyrian no reconoció el sitio. Pero tampoco es que importara mucho.

Al rodear un seto muy alto, vio a Desiderius esperándolo. Tenía a una mujer embarazada entre los

brazos, a la que amenazaba con un cuchillo sobre la garganta, y exhibía una sonrisa diabólica.

–Bienvenido, Cazador Oscuro –lo saludó mientras acariciaba con la mano libre el abultado vientre de

la mujer–. ¿Sabes lo que me ha deparado la suerte? Acabo de encontrar dos vidas por el precio de una.

–Agachó la cabeza y frotó la nariz sobre el cuello de la embarazada–. Mmm... se huele la fuerza...

–Por favor –suplicó la mujer, histérica–. Por favor, ayúdeme. No deje que haga daño a mi bebé.

Kyrian respiró hondo, luchando contra el impulso a derramar la sangre de Desiderius y sentirla correr

entre los dedos.

–Déjame suponer... ¿su vida a cambio de la mía?

–Exactamente.

Intentando poner nervioso a su oponente, Kyrian resopló con cansancio mientras tomaba nota de los

seis Daimons y los dos delincuentes humanos que lo rodeaban. Si no fuera por la mujer, podría encar-
garse de todos ellos fácilmente, pero el más leve movimiento por su parte haría que Desiderius le corta-
ra la garganta a la mujer, sin duda alguna. De hecho, para un Daimon no había nada mejor que conse-
guir el alma de una embarazada.

–¿No podías haber planeado algo un poco más original? –se burló Kyrian, a sabiendas que Desiderius

era lo bastante pomposo como para tomarse el insulto al pie de la letra–. Lo que quiero decir es que a

ver si te superas un día de estos. Se supone que tienes una mente privilegiada y ¿esto es todo lo que se

te ocurre?

–Bueno, ya que no te veo muy impresionado, permíteme acabar con ella –contestó el Daimon acer-
cando aún más el cuchillo al cuello de la mujer.

La chica gritó.

–¡Espera! –exclamó Kyrian antes de que Desiderius le hiciera un corte–. Sabes que no puedo permitir

que le hagas daño.

El vampiro sonrió.

–Entonces, tira los srads y acércate a la valla.

¿Cómo sabe lo de los srads?

–Vale –contestó muy lentamente–. Y, ¿por qué tengo que hacerlo?

–¡Porque lo digo yo!

Intentando imaginarse lo que pasaba por la cabeza del Daimon, Kyrian sacó las armas de Talon de

debajo del abrigo y se acercó muy despacio a la valla. Una vez estuvo frente a ella, los dos humanos lo

agarraron por las muñecas y comenzaron a enrollarle unas cuerdas alrededor.

Súbitamente, se encontró atrapado, con los brazos totalmente extendidos a los lados y atados a los

barrotes de hierro. Luchó como si fuese un salvaje. Tiró de las cuerdas que lo mantenían inmóvil mien-
tras el corazón le latía en los oídos. La mente fría y racional del Cazador Oscuro lo abandonó, dejándolo

al borde del pánico. Luchó contra las cuerdas como un animal atrapado en un cepo.

Tenía que salir de allí. No iba a permitir que lo ataran hasta dejarlo indefenso. Así, no. Nunca más.

Los continuos tirones le estaban desgarrando la piel de las muñecas, pero no le importaba. Estaba con-
centrado en recuperar la libertad.

–Ya te dije que sabía cuál era tu debilidad –le dijo Desiderius–. Aparte de saber que jamás permiti-
rías que hiciese daño a una embarazada. –Se inclinó y besó a la chica en la mejilla–. Melissa, sé una

buena chica y agradécele al Cazador Oscuro su sacrificio.

Kyrian se quedó petrificado cuando la mujer se apartó de Desiderius y caminó hasta llegar junto al

humano que lo había atado. Había estado de acuerdo con ellos todo el tiempo.

Hijo de puta, ¿cuándo iba a aprender la lección?

–¿Estás preparado para morir? –le preguntó Desiderius.

Kyrian le enseñó los colmillos.

–Yo no sería tan arrogante. Aún no me has matado.

–Eso es cierto, pero la noche es joven, ¿no es verdad? Tengo mucho tiempo para jugar con el chico

de los recados de Artemisa.

Kyrian agarró las cuerdas y tiró de ellas con todas sus fuerzas, asaltado por una nueva oleada de pá-

nico. Tenía que calmarse. Lo sabía. Pero los recuerdos de las torturas a las que fue sometido en Roma lo

angustiaban.

–¿Qué te pasa? –le preguntó el Daimon, acercándose–. Estás un poco pálido, comandante. ¿Acaso

estás recordando la humillación de tu derrota? ¿O las manos de los soldados romanos mientras te clava-
ban en la cruz?

–¡Vete al mierda! –Kyrian liberó con el dedo del pie la hoja retráctil oculta en la bota, y atacó a De-
siderius.

El Daimon se alejó de un salto, quedando fuera de su alcance.

–¡Vaya! Me olvidé de esas botas. Una vez acabe contigo, el siguiente Cazador Oscuro de mi lista va a

ser el viejo Kell. Con él fuera de combate y sin sus armas, ¿qué será de todos vosotros? –Inclinó la ca-
beza hacia la chica–. Melissa, pórtate bien y quítale las botas al comandante.

Kyrian apretó los dientes al ver cómo la mujer se acercaba. El Código le permitía protegerse de los

humanos que quisieran hacerle daño, pero no era capaz de atacar a una mujer, y menos estando emba-
razada. No era más que una criatura, aunque ella quisiera dar otra imagen.

–¿Qué estás haciendo con esta gente? –le preguntó mientras le quitaba las botas.

–Cuando nazca mi bebé, él me hará inmortal.

–No puede hacerlo. No tiene ese poder.

–Estás mintiendo. Todo el mundo sabe que los vampiros pueden quitarte la vida, o hacer que vivas

eternamente. Quiero ser uno de los vuestros.

Entonces, así era cómo Desiderius conseguía a sus secuaces humanos.

–No podrás ser uno de nosotros jamás. Te matará cuando todo esto acabe.

La chica soltó una carcajada, burlándose de él.

Desiderius chasqueó la lengua.

–Eres capaz de seguir protegiéndola aun cuando te está preparando para que seas sacrificado. Qué

enternecedor. Dime, ¿con tus hermanos, los romanos, también fuiste tan considerado?

Kyrian se abalanzó hacia Desiderius, tirando de nuevo de las cuerdas.

En ese momento, salió un Daimon de las sombras, con una enorme maza en las manos. Kyrian se

paralizó en cuanto reconoció el instrumento. Hacía dos mil años que no veía uno igual.

–Sí –le dijo Desiderius al acercarse–. Sabes lo que es, ¿verdad? Dime, ¿recuerdas el dolor que sentis-
te cuando Valerius la usó para romperte las piernas? –El Daimon lo miró mientras ladeaba la cabeza–.

¿No lo recuerdas? Permíteme que te refresque la memoria.

Kyrian apretó los dientes cuando Desiderius le golpeó la rodilla izquierda con la maza, destrozándole

la articulación al instante. Sólo cuando la rodilla derecha recibió el mismo tratamiento, el vampiro se

atrevió a plantarse delante de él.

Kyrian se mantuvo en pie aferrándose con las manos a los barrotes. Intentaba sostener su peso con

las piernas, pero el dolor lo hacía imposible.

Desiderius le sonrió mientras le entregaba la maza al vampiro y sacaba algo del bolsillo.

La rabia se apoderó de Kyrian cuando reconoció los antiguos clavos romanos que habían utilizado

para crucificarlo.

–Dime, Cazador Oscuro –le dijo Desiderius sin dejar de sonreír–, ¿quieres que te ayude a pasar en

pie el resto de la noche?

miércoles, 10 de febrero de 2016

El comienzo de una nueva vida * Capítulo 33

Summary: Bella trabaja para Edward un antiguo compañero de clase que fue muy especial y es novia de Jacob. ¿Qué sucederá?
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Este fic es completamente propiedad de Mari del blog http://sangreyhielo.com.es 
Los personajes son propiedad de la espectacular Meyer.
Tengo permiso de la autora para publicar su historia en mi humilde rincón que es este blog.
Dicho todo esto, espero que la disfruten!^^
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CAPÍTULO 33: Mi despedida de soltera

Una vez estuvimos listas nos despedimos de nuestras parejas y nos montamos en el coche de Alice para dirigirnos a la casa de Leah

Durante el camino fuimos hablando de que si no nos hubiéramos puesto las chaquetas largas para tapar los disfraces  que llevábamos nuestras parejas no nos hubieran dejado salir, porque se hubieran vuelto locos ante tampoco ropa y tan pegada a nuestros cuerpos.

Cuando llegamos a la casa de Leah tanto ella como Emily nos estaban esperando fuera

-Buenas chicas.- nos dijo Emily muy animada

-Buenas.- le dijimos al llegar frente a ellas

-Bella ¿estas lista para tu despedida y para convertirte en una mujer casada?.- me pregunto Emily mientras entrábamos a la casa

-Si estoy lista para convertirme en una mujer casada, pero la despedida me tiene un poco nerviosa porque no se lo que me habéis preparado

-Tranquila nos lo vamos a para muy bien.- me dijo Leah

-Bueno pues vamos a dentro ¿no?- nos dijo Alice

-Si, claro.- les dije ansiosa de ver ya que es lo que me habían preparado

-Entramos al comedor, la mesa ya estaba para la cena, estaba adornada con velas y flores y en los platos habían canapés

Nos sentamos y nos sirvieron lo que quisimos para beber mientras nos tomábamos los canapés Leah, Emily y yo ya que mi suegra y mis cuñadas no comían

Cuando nos comimos los canapés nos sirvieron la cena. Mientras cenábamos hablamos animadamente de cómo les estaba yendo a cada una en su vida de casada y me daban consejos sobre lo que debía y no debía hacer, una vez estuviera casada

También estuvimos contando anécdotas graciosas que nos habían pasado y las cuales al recordarlas nos daban risa aun

Cuando terminamos de cenar Alice nos dirigió al salón donde nos encontrábamos con una pequeña tarima

-Alice…. ¿Qué significa esto?

-Tranquila Bela es tu sorpresa y os va a gustar mucho a ti y a Leah

-Alice………

-Sh……..Bella no vayas a enfadarte- nos dijo Alice cuando comenzó a sonar la música

Instantes después salio un hombre moreno, de piel cobriza, con un antifaz negro, unas orejas de lobo, una cola de lobo, una camiseta negra totalmente ajustada al cuerpo y unos pantalones negros también ajustados al cuerpo.

Se puso de espaldas a nosotras y comenzó a bailar al ritmo de la música.

Tengo que reconocer que se movía muy bien……pero no como mi Edward.
Se giró y rompió su camiseta dejando su musculoso pecho al descubierto.

Seguidamente se rasgo los pantalones dejándoselos por encima de las rodillas y cuando todas las que aun no sabíamos quien era y pensábamos que se iba a terminar de quitar los pantalones con al final de la canción……..se quito el antifaz…….era Jacob…….

-Jacob ¿Qué haces ahí arriba y desnudándote delante de otras mujeres que no soy yo?.- grito Leah enfadada

-Quería daros una sorpresa a ti y a Bella en común a ver que cara se os quedaba al verme en esta situación y ya lo he visto, además la única mujer ante la que yo me desnudaría seria ante ti y  después quería darte una sorpresa solo a ti.

-¿Cómo?

-Escúchalo Leah, te va a gustar lo que tiene que decirte.- dijo Alice tranquilizándola un poco

-Leah ¿quieres casarte conmigo?.- le pregunto Jacob arrodillado delante de ella antes de que se fuera, volviera a gritarle o hiciera cualquier otra cosa con una anillo en las manos

-Jacob……- dijo Leah dejando escapar algunas lagrimas por la emoción

-Mi vida .- le dijo Jacob levantándose y abrazándola

-Si quiero casarme contigo Jacob

-Te amo Leah.- le dijo Jacob poniéndole el anillo

-Yo también.- le dijo Leah a Jacob besándose

-Me alegra mucho que os vayáis a casar.- les dije y los felicite por tan buena noticia

-Gracias Bella, pero la primera de las dos en casarse eres tu y vamos a disfrutar mucho tu boda. Después será la nuestra

-Claro, tienes toda la razón Leah.

-Bueno, me alegra k todo haya salido bien y como esperábamos.- nos dijo Alice- Pero es hora de irnos nuestros hombres nos están esperando un poco nerviosos sobre todo Edward que ya sabe lo que he preparado

-Es una lastima que os tengáis que ir, nos lo estábamos pasando muy bien. Pero bueno ya tendremos otra oportunidad de seguir pasándonoslo bien.- nos dijo Emily

-Si nos tenemos que ir pero nos juntaremos de nuevo muy pronto queda una semana para mi boda solamente

Nos despedimos de Emily, Leah y Jacob y nos fuimos a casa. Estaba cansada y tenia que reconocer que al final lo había pasado muy bien y lo que había preparado Alice para que Jacob le pidiera matrimonio a Leah había sido muy original.

-Hola cariño.- me dijo Edward abriendo la puerta del coche una vez Alice paro el motor dentro de la cochera

-Hola cariño

-Te he extrañado mucho

-Tranquilo hermanito que ya pronto va a ser toda tuya.- le dijo Alice mientras Rose y Esme se bajaban del coche también

-¿Vamos a que duermas?.- me dijo Edward

-Si claro

Subimos todos a nuestros dormitorios y entre al baño a ponerme cómoda con mi pijama. Cuando Salí Edward estaba echado en la cama esperándome con el pijama puesto

-Me gustaría verte una noche con ese disfraz…… Solo para mi

-Bueno…… algún día me lo pondré

Me acosté a su lado y me acomode en su pecho, quedándome durmiendo a los pocos minutos escuchando a Edward tarareándome una nana
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martes, 9 de febrero de 2016

¿Nuestro destino? * Capítulo 1

Summary: Bella y Edward han viajado por muchas vidas, han combatido a centenares de enemigos oscuros, para poder estar juntos. Pero cuando su deseado destino casi esta en sus manos, Edward cae en una maldición poderosa. Un simple contacto entre ellos le causaría la muerte a Edward llevándoselo a Shadowland. Bella desesperada por salvar a Edward, consigue ayuda de un surfo: James. Aunque se acaban de conocer, James le resulta muy familiar. Traicionando a Edward, Bella es atraída por James, con su cabellera rubia, sus ojos verdes, sus poderes mágicos y un pasado muy misterioso. Bella sabe que Edward es su alma gemela y nunca lo olvidara. Pero al pasar del tiempo, su conexión con James crecerá más y será más fuerte, poniendo a prueba su amor por Edward como nunca antes...
N/A:  Los personajes son de la magnifica Meyer. Continuació de "Solos tú y yo". Adapatción del libro de Alison Nöel Shadowland





CAPÍTULO 1 

"Todo es energía".

Los oscuros ojos de Edward se enfocan en los míos, me insta a escuchar, escuchar de verdad esta vez. "Todo está alrededor de nosotros". Su brazo barre delante de él, trazando un horizonte de colores que pronto cambia a negro.

"Todo lo que en este universo, aparentemente es sólido, no lo es, es energía pura, energía que vibra. Y mientras que nuestra percepción puede convencernos de que las cosas son sólidas, líquidas o gaseosas, en el nivel cuántico, todo es sólo partículas dentro de partículas, que es toda la energía".

Aprieto los labios y hago un gesto con la cabeza; la voz en mi cabeza no deja de repetirme: ¡Dile! ¡Dile ahora! ¡Sal del estancamiento, acaba de una vez! ¡Apúrate, antes de que empiece a hablar de nuevo!

Pero no lo hago. No digo ni una sola palabra. Solamente espero a que termine, para continuar, aunque sé que puede tardarse aún más.

"Levanta la mano". Él asiente con la cabeza, con la palma de su mano hacia fuera, moviéndose hacia la mía. Levantando el brazo lentamente, con cautela, decidido a evitar cualquier contacto físico, cuando dice: "Ahora dime, ¿qué ves?"
Miro, sin saber que buscar, encogiéndome de hombros le digo: "Bueno, veo la piel pálida, dedos largos, un lunar o dos, y una urgente necesidad de una manicura..."

―Exactamente". Sonríe, como si acabara de pasar la prueba más fácil del mundo. ―Pero si lo pudieras ver, como es realmente, no verías nada en absoluto. En lugar de eso verías un enjambre de moléculas que contienen protones, neutrones, electrones y quarks. Y dentro de los diminutos quarks, hasta el punto más minúsculo, se vería nada más que energía pura, vibrando y desplazándose a una velocidad lo suficientemente lenta, que parece solida y densa, pero con la suficiente rapidez, que no puede ser observada como lo que verdaderamente es".

―Entrecierro mis ojos, no muy segura de lo que creo. No importa el hecho de que él ha estado estudiando estas cosas durante unos cientos de años‖.

"En serio, Bella. Nada es independiente". Se inclina hacia mí, concentrándose totalmente en el tema.

"Todo es uno. Las cosas que aparecen en materia densa, como tú y yo, y esta arena en la que estamos sentados, en realidad sólo son una masa de energía vibrando lo suficientemente lento como para parecer sólida, mientras que cosas como fantasmas y las bebidas espirituales vibran tan rápidamente que son casi imposibles de ver para la mayoría de los seres humanos".

"Veo a Jake," yo digo, ansiosa de recordarle todo el tiempo que pasé con mi hermano fantasma. ―O al menos lo hacía antes, ya sabes, antes de que cruzara el puente y siguiera adelante".

"Y eso es exactamente porque no podrás verla nunca más". Él asiente "Su vibración es demasiado rápida. Aunque hay quienes pueden ver más allá de todo eso".

―Ahora levanta la mano otra vez y ponla cerca de la mía, hasta tocarme‖.

Dudo, llenando la palma de mi mano con la arena, indispuesta a hacerlo. A diferencia de él, sé el precio, es decir, las horribles consecuencias que el contacto más mínimo de la piel puede traer.

Es por eso qué he estado evitando tocarlo desde el viernes pasado. Pero cuando lo miro detenidamente otra vez, su palma esperando la mía, suspiro y levanto mi mano también; me quedo sin aliento al ver que él esta tan cerca de mí.....la distancia que nos separa es extremadamente pequeña.

―¿Lo sientes?― Él sonríe. ―¿Ese cosquilleo y calor?‖ Esa es nuestra energía de conexión".

Mueve la mano hacia atrás y adelante, manipulando la inserción y extracción del campo de fuerza de la energía que hay entre nosotros.

―Pero si todos estamos conectados, como tú dices, entonces ¿por qué no todos pueden sentir lo mismo?" Susurro, sintiendo el flujo magnético innegable que nos une, haciendo que el calor más maravilloso, siga su curso a través de mi cuerpo.

―Todos estamos conectados, todos nosotros estamos hechos de la misma fuente vibrante.

Pero mientras algunas energías se sienten frías y otras tibias, la que está destinada para ti.....se siente como está‖.

Cierro mis ojos y doy la vuelta, permitiendo a las lágrimas derramarse sobre mis mejillas, ya no era capaz de seguir ocultándolas. Saber que está excluido de la sensación de la piel, el roce de los labios, la comodidad caliente y sólida de su cuerpo sobre el mío. Este campo de energía eléctrica que tiembla entre nosotros es lo más cercano que obtendrá, gracias a la horrible decisión que tomé.

"La ciencia‖; es hora de ponerse al día con lo que los metafísicos y los grandes maestros espirituales han sabido durante siglos. Todo es energía. Todo es uno.

Puedo oír la sonrisa en su voz cuando se acerca, deseoso de entrelazar sus dedos con los míos. Pero me alejo rápidamente, acaparando su atención en el tiempo justo para ver la expresión de dolor que expresa su rostro, la misma mirada que ha estado dando, desde que lo hice beber el antídoto que lo devolvió a la vida. Preguntándose por qué estoy actuando tan tranquila, tan distante, porque me niego a tocarlo cuando sólo unas pocas semanas antes yo no podía conseguir lo suficiente.

Incorrectamente, asume que es a causa de su conducta dañina, su coqueteo con Jessica, su crueldad hacia mí, cuando la verdad es que no tiene nada que ver con eso. Estaba bajo el hechizo de Emmett, toda la escuela lo estaba. No fue su culpa.

Lo que él no sabe es que mientras el antídoto lo devolvió a la vida, el que yo añadiera mi sangre a la mezcla fue lo que aseguro que nosotros nunca pudiéramos volver a estar juntos. Nunca.

Jamás.

Para toda la eternidad.

―¿Bella?―, él susurra, con su voz profunda y sincera. Pero no puedo mirarlo. No puedo tocarlo. Y seguramente no puedo pronunciar las palabras que él merece oír:

Estropeé todo- lo lamento Emmett me engaño, y yo estaba desesperada y fui lo suficientemente estúpida para caer en su trampa - y ahora no hay ninguna esperanza para nosotros porque si tú me besas, si cambiamos nuestro ADN - Tú morirás- No puedo hacerlo. Soy muy cobarde. Soy patética y débil. Y simplemente no hay manera de que pueda encontrar el valor dentro de mí.

―¡Bella, por favor!, ¿Qué pasa?―, él pregunta, alarmado por mis lágrimas. "Tú has estado así por varios días. ¿Es por mí? ¿Es algo que hice? Porque tú sabes que yo no recuerdo mucho de lo que sucedió, y los recuerdos están empezando a aparecer, así que tú debes saber que no era yo en realidad. Yo nunca te haría daño intencionalmente‖.

Me abrazo muy fuerte, hundiendo mis hombros e inclinando la cabeza. Yo deseaba hacerme más pequeña; tan pequeña que él no pudiera verme. El saber que lo que él dice es verdad, que él es incapaz de hacerme daño. Sólo yo podría hacer algo tan hiriente, tan imprudente, tan ridículo e impulsivo. Sólo yo podría ser lo bastante estúpida para caer en la trampa de Emmett. Tan impaciente de probarme que el amor que sentía por Edward era totalmente verdadero. Quería o creía que era la única que podría salvarlo - y ahora mira el desastre que he hecho.

Él se mueve hacia mí, deslizando su brazo alrededor de mí, agarrándome la cintura y acercándome a él. Pero no puedo arriesgarnos a tanta cercanía, mis lágrimas son mortales ahora, y deben estar alejadas de su piel.

Me pongo de pie y corro hacia el océano, metiendo mis dedos del pie en la orilla y permitiendo a la blanca y fría espuma, meterse entre mis dedos. Sintiendo el deseo de poder bucear bajo su inmensidad y ser arrastrada por la marea. Algo para evitar decir las palabras, cualquier cosa para evitar decirle a mi único y verdadero amor, mi compañero eterno, mi alma gemela en los últimos cuatrocientos años y que me ha dado la eternidad.

Que he traído nuestro fin.

Permanezco así, quieta y en silencio. A la espera de que el sol se ponga, hasta que yo finalmente dé vuelta para afrontarlo. Tomando un vistazo, casi indistinguible en la noche, hablando más allá de la picadura que siento en la garganta, cuando murmuro, "Edward... bebé... hay algo que debo decirte‖.


jueves, 4 de febrero de 2016

Los placeres de la noche * Capítulo 10

Sinopsis: Kyrian, príncipe y heredero de Tracia por nacimiento, es desheredado cuando se casa con una ex-prostituta contra los deseos de su padre. El bravo general macedonio, traicionado por la mujer a la que tanto ama, venderá su alma a Artemisa para obtener su venganza, convirtiéndose así en un cazador oscuro. Amanda Deveraux es una contable puritana que sólo ansía una vida normal. Nacida en el seno de una familia numerosa y peculiar, tanto sus ocho hermanas mayores como su madre poseen algún tipo de don, una de ellas es una importante sacerdotisa vodoo, otra es vidente, y su propia hermana gemela es una caza-vampiros. Cuando su prometido la abandona después de conocer a su familia, Amanda está más decidida que nunca a separarse de sus estrambóticos parientes. Pero todo se vuelve en su contra y, tras hacer un recado para su gemela, se despierta en un lugar extraño, atada a un ser inmortal de dos mil años y perseguida por un demonio llamado Desiderius. Por desgracia para ellos, Desiderius y sus acólitos no son el único problema que deben enfrentar. Kyrian y Amanda deben vencer ahora la conexión que los une; un vínculo tan poderoso que hará que ambos se cuestionen la conveniencia de seguir juntos. Aún más, él sigue acosado por un pasado lleno de dolor, tortura y traición que le convirtió en un hombre hastiado y desconfiado. Cuanto más descubre de su pasado, más desea Amanda ayudarle y seguir con él y darle todo el amor que merece...



La autora dice: Este libro es completamente propiedad de Sherrilyn Kenyon. Es el 4º libro de la serie Dark Hunter. Yo lo publico sin ningún tipo de interés económico, solo para que podamos disfrutar de esta increible historia.. y para que la temperatura suba!






CAPÍTULO 10

Kyrian se despertó en cuanto se abrió la puerta de su habitación. Adormilado, notó cómo Rosa en-
traba al dormitorio y se preguntó el motivo, ya que la anciana jamás lo había hecho antes.

Se dio la vuelta hasta quedar de espaldas sobre el colchón.

–¿Qué pas...?

Su voz se desvaneció al tiempo que una red ligera y brillante lo inmovilizaba en la cama. La furia lo

dejó petrificado. No podía soportar que lo mantuvieran atrapado, especialmente si estaba tumbado de

espaldas. Una locura asesina se apoderó de él, exigiéndole la sangre de su captor.

Hasta que vio a Rosa.

La mujer estaba junto a la cama, con la frente cubierta de sudor, mirándolo con los ojos vacíos e

inexpresivos. Murmuraba la misma letanía en español una y otra vez:

–Tienes que matarlo, tienes que matarlo.

Muy lentamente, alzó el cuchillo que llevaba en la mano.

–Rosa –la llamó Kyrian con la voz más tranquila de la que fue capaz–. Baja el cuchillo.

–Tienes que matarlo... –la anciana dio un paso hacia la cama.

–Rosa, no lo hagas. Deja que me levante, por favor.

La mujer temblaba tanto que Kyrian temía que sufriera un infarto en cualquier momento. Ese frágil

cuerpo no podría soportar la presión a la que lo estaban sometiendo.

–Desiderius dice que eres malo, m’ijo. Debes morir.

Intentó pensar en algún modo de alcanzar la mente de Rosa, confundida por toda esa locura, y

traerla de vuelta a la realidad.

–Rosa, tú me conoces y sabes que eso no es cierto.

La anciana alzó el cuchillo aún más.

Totalmente indefenso bajo la red, miró la brillante hoja metálica, esperando que cayera sobre él.

Quería suplicar a Rosa que se detuviera, gritarle hasta que lograra escucharlo, pero no se atrevía por

temor a lo que le pudiera suceder. Rosa estaba sometida a una enorme presión y él no quería empeorar

la situación. Moriría antes de hacerle daño a la anciana.

En ese momento su móvil sonó.

–Lo sé, Desiderius –susurró en español–. Lo sé. Debe morir. –Le colocó una mano sobre el pecho,

como si de ese modo pudiera inmovilizarlo aunque, de todos modos no podía moverse; la red lo tenía

totalmente atrapado–. Debo despedazarlo.

Kyrian se puso rígido en el instante en que el cuchillo descendió.

Se clavó en el colchón, a escasos centímetros de él.

–M’ijo –susurró Rosa. Sus ojos recobraron la expresión habitual, un segundo antes de quedarse en

blanco y caer al suelo.

Aterrorizado por el estado de la mujer y frenético por su propia vulnerabilidad, Kyrian forcejeó para

librarse de la red, pero fue inútil. Era una de las redes de Artemisa y ninguna presa escapaba una vez

capturada bajo ellas.

¡Por todos lo dioses! ¿Cómo había llegado a manos de Rosa semejante arma? Ni siquiera Desiderius

debería tener acceso a ella. Sólo un dios o un semidiós podían reclamar el uso de un arma inmortal y

sacarla del lugar donde se custodiaba. Y Artemisa, en particular, se encargaba de que sus armas estu-
vieran a buen recaudo.

¿Y cómo podía el Daimon haber controlado la mente de Rosa desde un refugio? Ninguno de ellos era

tan poderoso.

¿Qué coño estaba pasando?

Aunque sabía que era inútil, siguió forcejeando para liberarse de su confinamiento. Con cada minuto

que pasaba los recuerdos afloraban a su mente.

«¿Qué se siente, comandante?» La voz de Valerius se burlaba de él desde el pasado. «Estás total-
mente sometido a mi voluntad. Indefenso.» Todavía podía ver con nitidez la sonrisa burlona del romano,

y sentir la agonía de la tortura. «Voy a disfrutar viendo cómo te retuerces de dolor y me pides clemen-
cia.»

La realidad comenzó a difuminarse para Kyrian. Luchó para respirar con normalidad. No volverían a

atraparlo, no así. Comenzó a luchar como un poseso para librarse de la red, utilizando toda la fuerza de

la que era capaz.

Una hora después del anochecer, Nick entró en la casa seguido de Amanda y Talon.

–¿Rosa? –gritó mientras atravesaba a la carrera la cocina y el salón, de camino hacia las escaleras–.

¿Kyrian?

No hubo respuesta. El extraño silencio resonaba en los oídos de Amanda mientras seguía al Escudero

hasta la habitación de Kyrian.

Nick abrió las puertas con tanto ímpetu que las cortinas que rodeaban la cama se agitaron por el ai-
re.

La habitación estaba vacía.

Amanda se detuvo, temerosa, en la puerta mientras echaba un vistazo a su alrededor. No había na-
da fuera de lo normal, excepto las sábanas.

Aunque... Sentía que algo iba mal. Los poderes que tanto tiempo había mantenido a buen recaudo

comenzaron a agitarse en su interior y conectó con Kyrian sin esfuerzo. Estaba preocupado y furioso.

Talon se acercó a la cama y lanzó una maldición al coger una red plateada.

–Esto es increíble –masculló mientras arrugaba la malla hasta reducirla a una bola que cabía perfec-
tamente en un puño.

–¿Qué es eso? –preguntó Amanda.

–Una diktyon. Una de las redes de Artemisa.

No tenía ni idea de lo que significaba pero, por la expresión del celta, supo que aquello no era nor-
mal. Intuyó que la red no debería estar en la cama de Kyrian cuando él no aparecía por ningún lado.

Una oleada de pánico, más fuerte que la anterior, comenzó a apoderarse de ella.

–¿Y qué hace en la cama de Kyrian?

–No lo sé, pero si él estaba debajo, me temo que quienquiera que lo atrapara se lo ha llevado. –

Talon se inclinó y recogió un cuchillo del suelo.

Amanda sintió que el pánico aumentaba y, en contra de su voluntad, sus poderes se despertaron por

completo y conectaron con Kyrian. No le gustaba en absoluto dejar que sus habilidades psíquicas toma-
ran el control de su mente, pero necesitaba saber si él estaba bien. Necesitaba saber algo, cualquier co-
sa.

Cerró los ojos y lo vio en una estancia de aspecto aséptico. Estaba preocupado, pero no se detectaba

ninguna amenaza a su alrededor.

–Llámalo al móvil –le dijo a Talon.

Él la miró con una expresión que decía a las claras: «¿Otra vez?».

–Ya lo hecho una docena de veces.

–Pues que sean doce y una más.

A Talon no le gustó ni un pelo ese tono tan autoritario y así se lo hizo saber con la mirada.

–Vale –le concedió de mala gana–. ¿Qué más da? En ocasiones hasta las cosas más inútiles tienen

un propósito en la vida. –Sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta y marcó.

–No hay indicios de lucha –dijo Nick, que estaba echando un vistazo por la habitación.

–Kyrian –espetó el celta, mirando a Amanda de forma extraña–. ¿Dónde coño estás?

Ella se acercó un poco más mientras el corazón le latía con fuerza al darse cuenta de que sus pode-
res no se habían equivocado.

–No te muevas hasta que lleguemos. –Talon colgó y miró a Nick–. Está en el hospital. Rosa ha sufri-
do un infarto.

–¡Dios mío! –jadeó Nick–. ¿Cómo se encuentra?

–No me ha dicho nada más, porque no está permitido usar el móvil allí dentro. Dice que nos lo con-
tará todo cuando lleguemos.

Kyrian se paseaba nervioso por la habitación, mitad furioso y mitad asustado. Quería la cabeza de

Desiderius por lo que acababa de hacer. De un modo u otro, iba a conseguir hacerle pagar por todo.

–Por favor, que no le pase nada a Rosa –balbució por enésima vez.

–¿Kyrian?

Al escuchar la voz de Amanda se dio la vuelta y se sintió extrañamente feliz y aliviado cuando la vio

acercarse.

Antes de ser consciente de lo que hacía, la atrajo hasta sus brazos y la sostuvo con tanta fuerza que

ella protestó. Pero no podía evitarlo. El alivio que había sentido al verla sana y salva era demasiado in-
tenso. Ahora que sabía lo fácil que le resultaba a Desiderius penetrar en cualquier casa, no estaba segu-
ra en ningún sitio. El Daimon podía llegar hasta ella en cualquier lado. Podía usar a cualquier persona

para matarla.

La idea lo aterrorizaba y, para empeorarlo todo, en el fondo de su mente, una vocecita le dijo que

Desiderius también podía usarla contra él.

Si le daban la oportunidad.

Le tomó el rostro entre las manos y la besó con ansia. Iba a matar a ese Daimon. En cuanto Deside-
rius saliera de su refugio, acabaría con él. Y, por primera vez en toda su vida, no se arrepentiría de darle

muerte a otro ser.

Al levantar la cabeza vio la censura en los ojos de Talon. Sabía exactamente lo que pasaba por la

mente del celta en esos momentos. Los Cazadores Oscuros tenían prohibido involucrarse en una relación

sentimental. Era la primera norma del Código, y la más necesaria. Nadie podía pensar con claridad si in-
terferían los sentimientos, y él lo sabía de primera mano.

Aún así, la existencia de esa norma no cambiaba lo que sentía por Amanda.

–Necesito que la protejas –le dijo al celta.

Talon lo miró con los ojos entrecerrados.

–Dime qué ha sucedido.

–Desiderius utilizó a Rosa para atraparme. La controló por completo. Si ha podido lograrlo con ella,

puede hacerlo con cualquiera.

Sorprendido, Talon soltó un pequeño silbido.

–Y tú me preguntas que por qué vivo solo...

Ignoró la advertencia que yacía tras las palabras de su amigo, así como la mirada cargada de signifi-
cado que lanzó a la mujer que estrechaba entre sus brazos.

Kyrian miró a Amanda a los ojos y comenzó a acariciarle la mejilla con el pulgar.

–Amanda, necesito que hables con tu hermana. Dile que tenga mucho cuidado y que nunca se que-
de sola. Que una de tus hermanas prepare un hechizo de protección, o lo que quiera que sea que ha-
gan, para que Desiderius no llegue hasta ella. No tenemos ni idea de los poderes que puede tener.

–Supongo que no nos enfrentamos a un Daimon normal, ¿no? –le preguntó ella.

–No. Jamás nos hemos encontrado con algo así. –Volvió a mirar a Talon–. He hablado con D’Alerian

y me ha dicho que Desiderius es capaz de entrar en el subconsciente de los humanos para debilitar

cualquier tipo de resistencia a sus poderes. La ayuda de D’Alerian debería ser suficiente, pero no nos ga-
rantiza protección absoluta. Llama a Acheron y dile que creo que tenemos a un dios haciendo travesu-
ras. Alguno de ellos tiene que estar ayudando a Desiderius; no hay otra explicación posible. Y nos resul-
taría de gran ayuda si supiésemos quién es y por qué.

Talon asintió con la cabeza.

–¿Qué vas a hacer?

–Todo lo que pueda para poner fin a esto hoy mismo. Si consigo encontrar su refugio, voy a entrar.

Talon lo miró disgustado.

–Kyrian, no eres un Cazador Arcadio, ni un Katagari. Si entras, no serás capaz de regresar. Morirás

en el intento o te quedarás atrapado para siempre entre dos dimensiones. Déjame llamar a Kattalakis...

–Ya te he dicho que no podemos poner a un Cazador Katagari cerca de este tío. Ahora lo tengo más

claro que antes. Que Zeus nos ayude a todos si Desiderius consigue una de sus almas. No podemos

asumir ese riesgo. –Miró a Amanda de soslayo y captó la preocupación que se reflejaba en su rostro. La

protegería, sin importar lo que tuviese que hacer–. Segunda regla del Código: haz lo que tengas que ha-
cer. Si muero, tú eres el siguiente. Y si llegamos a ese punto, no falles.

El celta asintió mientras Amanda agarraba a Kyrian del brazo.

–Kyrian –murmuró–. No quiero que salgas solo.

–Lo sé, Amanda. Pero Desiderius es demasiado poderoso y peligroso para dejar que campe a sus an-
chas. Ha estado a punto de matar a Rosa. –No quiso mencionar que también había estado a punto de

matarlo a él. Ninguno de ellos necesitaba saberlo.

Gracias a los dioses que D’Alerian había sentido la confusión del subconsciente de Rosa y había lle-
gado a punto. Si no hubiese sido por la intervención del Guardián de los Sueños, aún estaría atrapado

en la cama.

Y estar atrapado en la cama sin Amanda era algo que no le apetecía demasiado.

–Nick –lo llamó. El Escudero estaba junto a Talon–. Llámame en cuanto el médico te diga algo. –Hizo

el intento de marcharse, pero Amanda lo detuvo.

Antes de darse cuenta de sus intenciones, Amanda tiró de él hasta que sus labios quedaron a la

misma altura y lo besó apasionadamente. Le abrió la boca con los labios para poder alcanzar su lengua.

Kyrian sentía sus manos aferrando las solapas del abrigo. Sentía la preocupación por él y eso inundó de

puro gozo su malherido corazón.

–Ten cuidado –le dijo ella con brusquedad.

Él le acarició la barbilla con ternura.

–Lo tendré.

Lo vio marcharse con una extraña sensación en el estómago.

–Talon, ¿estás seguro de que no puedes ayudarlo?

–Créeme, odio la regla de «nada de ayuda» tanto como tú. Pero si intento echarle una mano, sólo

conseguiré debilitar sus poderes.

Nick le ofreció el móvil.

–Llama a Tabitha y avísala.

Al marcar el primer número, la asaltó otra duda.

–¿Quién es el tal D’Alerian y cómo puede proteger nuestro subconsciente?

–Es uno de los Guardianes de los Sueños de los que te hablamos –le contestó Talon.

Amanda frunció el ceño.

–¿Podéis elegir a qué categoría queréis pertenecer?

Talon negó con la cabeza.

–Los Guardianes de los Sueños son una raza diferente. Son hijos de los dioses; no hay una gota de

sangre humana en sus venas.

–¿Y los Cazadores Arcadios?, ¿de dónde vienen?

–Son mitad humanos, mitad apolitas. Hay Cazadores Arcadios y Cazadores Katagaria. Algunos de

ellos utilizan sus poderes para fines no muy altruistas.

Amanda intentó contener el miedo que la atenazaba en esos momentos. Lo que Talon contaba pare-
cía ser bastante serio.

–Pensaba que eran de los buenos.

–Algunos sí lo son, pero otros son asesinos.

–... con los poderes de un hechicero que puede viajar en el tiempo y en el espacio –siguió ella, sin-
tiendo que se le hacía un nudo en el estómago.

–Y, en ocasiones, también penetran en los sueños –añadió Nick.

Amanda soltó una risa nerviosa.

–¿Sabéis una cosa? Era mucho más feliz cuando no sabía nada de todo esto.

–Precisamente por eso hacemos todo lo que podemos para que nada de esto salga a la luz –le dijo

Talon–. Créeme, los humanos no volverían a dormir por las noches si supiesen lo que los acecha en la

oscuridad.

Aterrorizada, le dio razón con un ligero movimiento de cabeza mientras pensaba si sería capaz de

volver a dormir algún día.

Acabó de marcar el número de Tabitha. Ahora que sabía con qué se estaban enfrentando necesitaba

que su hermana se cuidara del Malvado Señor de los Daimons y vigilara al Cazador Oscuro que se había

convertido en su única esperanza.

Kyrian pasó gran parte de la noche rastreando las calles de Nueva Orleáns sin encontrar nada. De-
siderius aún estaba en su refugio y no había ni rastro de él ni de ningún otro Daimon en las cercanías.

Posiblemente se debiera a que sus poderes aún no estaban del todo bien o a que Desiderius era capaz

de ocultar su presencia. Fuera lo que fuese, no encontró ni una sola pista del Daimon. Ni siquiera con la

ayuda del rastreador electrónico.

Menuda suerte la suya. Jamás se había sentido tan inseguro desde que se convirtiera en Cazador

Oscuro. Y no le gustaba nada la sensación. No cuando la vida de Amanda dependía de que él encontrara

a su enemigo y le parara los pies.

Asqueado y exhausto, regresó a casa. Todo estaba oscuro y silencioso. Amanda estaba en el segun-
do piso. Sentía su presencia como si fuera una caricia y saber que estaba allí lo reconfortaba de un mo-
do que no se atrevía a analizar en profundidad.

Con sólo sentirla en su casa... lo invadía la felicidad.

Pero no fue a buscarla. Tenía demasiadas cosas en la mente. Asuntos que necesitaba meditar. In-
cógnitas que resolver.

Entró en la sala de juegos y cogió el guante y la pelota de béisbol. Acto seguido, salió al atrio para

lanzar unos tiros. Se concentró en la pelota y dejó que su mente vagara a través del doloroso pasado y

de las dudas que aún lo asaltaban.

¿Por qué no lo había amado su esposa?

Desde el día en que Theone lo traicionó, había sospechado de todo aquél que se acercaba a él. Se

había entregado en cuerpo y alma a su esposa, pero aun así no había sido suficiente. Si no había sido

capaz de ganar el amor de su mujer, no podría ganar el de nadie más. Lo tenía muy claro; había asimi-
lado ese hecho con el paso de los siglos. Al igual que se había convencido de que no necesitaba a nadie.

Hasta que apareció Amanda.

La chica había resquebrajado sus defensas y ahora se sentía desnudo frente a ella. Tenía el poder de

abrir su corazón y llegar hasta lo más hondo. La deseaba en cuerpo, mente y alma. Quería reclamarla

por entero.

Un movimiento a su izquierda le llamó la atención. Giró la cabeza y vio cómo Amanda entraba al

atrio vestida con un chándal. Llevaba el pelo recogido en dos trenzas que le caían a ambos lados del

rostro. La indumentaria le confería un aura inocente y casi infantil, pero no había nada que recordara a

una niña en la mujer que se aproximaba a él en esos momentos.

Y esa mujer causaba una verdadera conmoción en el hombre que había en él.

–¿Hace mucho que has vuelto? –le preguntó.

Estaba a punto de contestar la pregunta cuando ella se acercó y le dio un beso en la mejilla, hacien-
do que una extraña sensación se adueñase de él. Todos sus gestos eran cariñosos.

–¿Qué haces levantada? –le preguntó él a su vez–. Son más de la cuatro de la madrugada.

–No podía dormir –contestó mientras caminaba hacia el otro extremo del atrio.

Cuando se dio la vuelta, Kyrian se dio cuenta de que llevaba el guante de Nick. Hizo el gesto de los

jugadores profesionales: alzar la mano enfundada en el guante para indicar que estaba lista.

Sonriendo, él le lanzó la bola con suavidad.

Ella la cogió y se la devolvió con tanta fuerza que, al chocar con su guante, el golpe resonó en las

paredes del atrio y la palma de la mano comenzó a picarle.

–¡Uf! –jadeó, exagerando el dolor. Lanzaba mejor que Nick–. Estoy impresionado.

Ella le guiñó un ojo.

–Soy lo más parecido a un hijo que mi pobre padre ha tenido. Él me enseñó a jugar.

Kyrian le lanzó de nuevo la bola.

–Pues lo hizo bien.

La sonrisa de Amanda se ensanchó.

Estuvieron varios minutos lanzándose la pelota en silencio.

¡Por los dioses! Nunca se había imaginado que pudiese encontrar a una mujer dispuesta a hacer esto

con él a semejante hora de la madrugada. Nick se quejaba, pero ella parecía estar contenta por el sim-
ple hecho de pasar un rato con él.

–¿Qué tal te ha ido? –le preguntó ella–. ¿Lo has encontrado?

–No –contestó con un suspiro–. No puedo descubrir su escondite.

–Ya lo harás.

La absoluta seguridad que transmitía la voz de Amanda le resultó extraña.

–¿Tanto confías en mis habilidades?

–No tengo ninguna duda. No dejarás que nos haga daño.

–No pude ayudar a Rosa.

–Lo siento –le dijo ella mientras cogía la pelota y se la devolvía–. Debe ser duro para ti aceptar lo

ocurrido, pero tú no tuviste la culpa. Hiciste todo lo que estuvo en tu mano para protegerla.

Kyrian apretó la mandíbula.

–Pero duele. Más de lo que creía. Aún no puedo creer que lograra controlarla.

Amanda le sonrió débilmente; sus ojos tenían una mirada cálida y afectuosa.

–Supongo que eso explica cómo entró en mi casa y en la de mi hermana.

Kyrian asintió.

–Lo más probable es que utilizase a Allison. La encontré desmayada en su habitación, igual que le

ocurrió a Rosa. Supongo que la mente humana no puede soportar esa presión durante mucho tiempo.

–Si te sirve de consuelo, Tabitha me dijo que Allison está muy bien y que pronto estará en casa, así

que Rosa se curará y volverá a la normalidad sin ningún tipo de secuelas.

–Es bueno saberlo.

No podía dejar de observarla mientras jugaba con él. Con cada lanzamiento, sentía como caía más y

más. Sabía que se estaba enamorando de ella y no podía evitarlo. No podía luchar contra ese sentimien-
to.

Y, según el juego se fue alargando, su deseo se intensificó. Cada vez que Amanda echaba el brazo

hacia atrás y cogía impulso para lanzar la pelota, la camiseta se le ceñía al pecho. Le encantaba la forma

en que se apartaba de la cara los mechones que habían quedado sueltos con el ejercicio. Y el modo en

sus labios se separaban para respirar entre jadeos, cansada por el esfuerzo.

Comenzó a arrojarle la pelota por encima de la cabeza, de forma intencionada, para que tuviera que

estirar el brazo al recogerla. Cada vez que lo hacía, la sudadera se alzaba y dejaba al aire una pequeña

porción de su vientre que él se encargaba de devorar con los ojos. Y, cuando no lograba cogerla y tenía

que ir corriendo tras ella, el movimiento hacía que sus pechos botaran y que sus caderas se balanceasen

de un lado a otro. Pero lo mejor de todo era cuando se agachaba para recoger la bola y dejaba bien a la

vista ese proporcionado trasero. ¡Por los dioses! Esa mujer tenía el mejor culo...

Incapaz de soportarlo durante más tiempo, se quitó el guante y lo arrojó al suelo.

Amanda se quedó helada al ver cómo Kyrian se acercaba con pasos largos y decididos. Antes de po-
der imaginarse lo que sucedía, la cogió en brazos y la besó ferozmente.

Esos maravillosos músculos la alejaron del suelo mientras se contraían a su alrededor. Debido a su

altura, ningún hombre había sido capaz de alzarla antes, pero Kyrian parecía hacerlo sin que le costara

ningún esfuerzo. El corazón le latía frenético; al lado de él se sentía tan femenina... tan pequeña... y eso

le encantaba.

Le rodeó la cintura con las piernas al tiempo que él la devoraba con la lengua. Sentir esos duros ab-
dominales contrayéndose bajo los muslos era como alcanzar el cielo... Ese hombre era la perfección per-
sonificada.

Kyrian le mordisqueó los labios y ahuecó las manos en torno a su trasero. Gruñendo, abandonó los

labios y bajó hasta el cuello, no sin antes depositar un húmedo beso en su barbilla.

Amanda se derretía cada vez que sentía el cálido aliento de Kyrian sobre la piel. ¡Dios, sí! Esto era lo

que había estado deseando durante todo el día: estar encerrada entre sus brazos, rodearlo con su cuer-
po y demostrarle todo el amor que sentía por él. La necesidad de sentirlo de nuevo dentro de ella hizo

que se estremeciera.

Kyrian también temblaba por la intensidad del deseo. No podía evitar recordar la noche anterior,

cuando se había hundido en ella, o la expresión de su rostro cuando se corrió entre sus brazos. Estaba

ardiendo, pero no se atrevía a hacerle el amor. No ahora. No cuando más necesitaba toda su fuerza pa-
ra acabar con Desiderius. Pero su cuerpo no entendía de razones. Tenía que acariciarla, tenía que sentir

el roce de su piel.

Antes de poder detenerse, cayó de rodillas y la tumbó en el suelo, sobre las frías baldosas.

Amanda tragó saliva al ver esa hambrienta mirada. Kyrian le estaba quitando la ropa con tanta rapi-
dez que apenas si sentía sus manos. Pero, una vez que la tuvo totalmente desnuda, la cosa cambió. Sus

caricias se hicieron más lentas. Completamente vestido, observaba su cuerpo desnudo a la luz de la luna

mientras le acariciaba los pechos, trazando su redondeado contorno y atormentando los pezones con las

palmas de las manos.

–Eres la mujer más hermosa que he visto jamás –le dijo en voz baja.

Amanda sabía que no era cierto. Ella conocía la belleza de Theone; pero, de todos modos, saber que

él lo sentía de aquel modo le provocó un delicioso escalofrío. Él sí que era el hombre más apuesto que

ella había visto jamás. Punto.

Cuando Kyrian se inclinó para besarla, ella alzó los brazos y comenzó a desabrocharle la camisa, pero

él la sujetó por las muñecas y negó con la cabeza. Si dejaba que esas delicadas manos lo tocaran, esta-
ba perdido. En lugar de decir nada, se las llevó a la boca y besó las palmas antes de volver a prestar

atención a su garganta y sus pechos.

Saboreó todo ese cuerpo con los labios, la lengua y los colmillos. Y, mientras lo hacía, notó cómo

despertaban sus poderes. Desesperado y consumido por el deseo, descendió depositando un reguero de

besos desde sus pechos hasta la suave piel del vientre y, desde allí, siguió bajando hasta llegar a los

muslos. Al instante, escuchó el jadeo de Amanda que, de forma instintiva, separó las piernas, quedando

totalmente expuesta a él. En ese momento, el deseo se intensificó de tal modo que se sintió sobrecogi-
do. Era una sensación primitiva y arrolladora. El mundo se reducía a ella. Lo único que escuchaba eran

los latidos del corazón de Amanda resonando en sus oídos.

Temblando a causa de la fuerza de la pasión que lo consumía, cerró los ojos y la tomó con la boca,

saboreando la dulzura de ese cuerpo que tanto anhelaba.

Amanda gimió al sentir cómo la lengua de Kyrian la penetraba. Enterró las manos en su cabello y al-
zó las caderas, acercándose aún más a sus labios, estremecida por la ferocidad de sus caricias. No pudo

evitar sisear ante la increíble experiencia de sentir a Kyrian haciéndole el amor con la boca de un modo

tan voraz y desesperado. Se mostraba implacable, moviendo la lengua sobre su sexo hasta que Amanda

se corrió y gritó, sin poder dejar de agitarse, mientras experimentaba el orgasmo más intenso de su vi-
da.

Pero Kyrian no se apartó. Siguió atormentándola, besándola, trazando pequeños círculos con la len-

gua y con los labios, sin apenas rozarla, e intensificando sus caricias después para llevarla de nuevo a

las puertas de otro orgasmo que prometía ser más devastador que el anterior.

Y así fue.

Cuando se relajó, todo daba vueltas a su alrededor y las terminaciones nerviosas de su cuerpo reac-
cionaban al más mínimo estímulo, sobrecargadas por las sensaciones.

Con la respiración agitada, Kyrian se apartó en ese momento y, gateando al estilo de un felino, se

acercó hasta cubrirla por completo. Sus ojos eran aún más oscuros que antes. Separó los labios y se

quedó mirando fijamente el cuello de Amanda con un deseo tan voraz que ella se quedó perpleja.

–¿Kyrian? –lo llamó.

Apenas la escuchó a través de la neblina que le embotaba la mente. Lo único que percibía en esos

momentos era su aroma, y ese cuerpo presionado bajo el suyo mientras el fuego lo consumía, exigién-
dole más y más.

Tómala. Pruébala. Reclámala.

Hazla tuya...

Apretó los dientes mientras contemplaba la vena que latía en el cuello de Amanda.

Sólo una vez...

Una vez...

Pero ella no lo consentiría, la estaría forzando.

–¿Te pasa algo? –le preguntó Amanda.

Luchó contra la parte de sí mismo que le exigía tomarla sin miramientos. La entrepierna le ardía por

el deseo. Estaba fuera de control.

El aroma de Amanda lo rodeaba; no había nada más. No existía nada que no fuese ella. Y eso lo ha-
cía muy peligroso.

Letal.

Con un gruñido, echó mano de la poca fuerza de voluntad que le quedaba y se obligó a apartarse de

ella.

–Corre, Amanda –masculló.

Ella no dudó ni un instante. Algo iba muy mal. Agarró la ropa y salió corriendo hacia su habitación.

Kyrian escuchó, tendido en el frío suelo, cómo los pasos se alejaban. Rodeó su miembro con una

mano y notó cómo se agitaba, dolorido, bajo la palma. Nunca había experimentado algo parecido a lo

que le estaba sucediendo. ¡Por Zeus! Un minuto más y le habría hundido los colmillos en el cuello.

Cerró los ojos y siguió temblando mientras luchaba por dominarse. Por someter a esa bestia que le

exigía tomar a Amanda una y otra vez, sin importar las consecuencias.

Amanda no dejó de temblar hasta que llegó a su habitación. Nunca podría olvidar la expresión ani-
mal del rostro de Kyrian cuando le había ordenado que huyera. No había tenido miedo de él antes pero,

ahora que había visto claramente al Cazador Oscuro, comprendía por qué los Daimons se meaban enci-
ma cuando se topaban con él.

Intentó calmarse respirando profundamente. Lo único que siempre había deseado era una relación

normal.

Pero claro, pedir normalidad a un vampiro era excederse...

Con el corazón desbocado, se miró al espejo. Tenía los labios hinchados por sus besos y el cuello en-
rojecido allí donde la barba de Kyrian la había rozado.

–¿Amanda?

Se quedó petrificada al oír su voz al otro lado de la puerta.

–¿Qué? –le contestó, insegura.

Él abrió la puerta pero no entró.

–¿Te he asustado?

–¿Quieres que sea sincera?

Él asintió con la cabeza.

–Sí.

Esa mirada ardiente se clavó con más intensidad en ella.

–Lo siento.

Amanda supo que era verdad. Kyrian se sentía culpable y sus ojos lo decían con claridad.

–Si es así, ¿por qué no me has pedido que te lleve a casa? –le preguntó él. Aunque hablaba casi en

un susurro, su voz resonó en el pesado silencio de la habitación.

Ella se puso nerviosa.

–¿Quieres que me vaya?

Kyrian tardó tanto en contestar que pensó que no diría nada. Finalmente, murmuró:

–No.

La sinceridad de la respuesta la dejó atónita. Ni una declaración de amor en toda regla habría conse-
guido sorprenderla tanto como esa escueta respuesta.

Estaba a punto de acercarse a él cuando Kyrian retrocedió y ella se dio cuenta de que aún no debía

haber recuperado del todo el control de sus acciones. Pero aún así lo deseaba.

–Entonces no me iré hasta que me eches.

Se quedó helado. El mundo dejaría de existir antes de que él la apartara de su lado. Y, al instante, lo

asaltó otra idea: cuando el mundo dejara de existir, él aún estaría vivo, mientras que ella... se estreme-
ció al recordar el significado de la palabra «inmortal». Era muy consciente de que para ellos dos no ha-
bría un «y vivieron felices para siempre».




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