Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 13 de enero de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 4

Adaptación ---- Lemmon


Capítulo 4

Edward estaba tomando una cerveza en la cocina cuando Emmett abrió la puerta principal y apareció Bella del otro lado. Su sencillo conjunto blanco de camisa y falda se ceñía a sus curvas, intensificando el deseo de Edward, que irritado por tal sensación rechinaba los dientes.


El echo de tener a Bella allí y que con un rápido vistazo le provocara tanto no auguraba nada bueno.

Los andares coquetos de Bella y su pícara mirada hacían que los ojos de los dos hombres allí presentes brillaran de deseo.

Durante toda la tarde, Emmett se había comportado como un cachorrito al que se le ha prometido un juguete nuevo. Había preparado una deliciosa cena para Bella compuesta por un plato, cuyo nombre Edward no sabía pronunciar, y una deliciosa tarta de chocolate y fresas. Tarta, que por supuesto, no pensaba que lograran llegar a probar.

No había que preguntarle a Emmett el porque de su esfuerzo. Edward pensaba que su primo al fin había encontrado a una mujer que los complementara a ambos. Una mujer que querría lo que cualquier otra en su sano juicio ni pensaría en tener: una relación a tres bandas con un militar temperamental y un chef apasionado. De hecho, insistía en que Bella, al final, sería de ellos. Al parecer Emmett había olvidado las miles de veces que Edward le había asegurado que no quería una relación permanente, como también parecía haber olvidado que Bella no quería que penetraran su dulce sexo, sólo prepararse para ser compartida por otros dos hombres.

A pesar de ello Emmett la tenía idealizada como a esa mujer dulce, curiosa, suave y con un gran corazón que podría soportar a tan complicados hombres.

Edward bufó. Aquello no acabaría con un felices para siempre como en los cuentos de hadas, y tarde o temprano Emmett lo tendría que aceptar.

Aunque Bella tenía algo que lo ponía a cien. Su dura erección estaba tensa bajo la bragueta de los pantalones de pinza que Emmett le había obligado a ponerse. No recordaba haberse puesto tan duro nunca, más pensando en que lo único que había hecho Bella era entrar por la puerta con una sonrisa tímida.

- Hola – dijo Bella con un ligero temblor en la voz.

La pobre estaba nerviosa, y no por lo que sabía que iba a suceder sino por lo que podría pasar con su autocontrol cuando Emmett y Edward la llevaran a la cama.

La afirmación de Edward de que ella acabaría implorando ser penetrada le quemaba las entrañas. Por una parte quería reservarse para Jacob, pero por otra no estaba tan segura como días antes de que realmente consiguiera no sucumbir al placer.

Mientras tanto Edward batallaba interiormente con el pensamiento de reclamarla y afrontar las consecuencias o no hacerlo. No quería correr más riesgos con vírgenes. Bella solo aprendería lo necesario durante estas dos semanas y luego se marcharía. Pero la intensidad del deseo hacia ella, que cada vez parecía aumentar un poco más, le hacía replantearse esta acción.

- Adelante – dijo Emmett, interrumpiendo sus pensamientos. – Gracias por quedarte con nosotros y por cambiar de idea. Nos alegra que estés aquí.

Edward se acercó a ella para sujetarle la pesada maleta. Al tocarse sus manos, una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo a ambos, invadiendo sus sentidos. Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos en un cómodo silencio hasta que Emmett cogió de la mano a Bella guiándola al interior de la cocina.

- ¿Vino?- dijo la suave y erótica voz de Emmett.

- Sí, gracias. Huele genial.

Emmett sonrió y miró a Edward como esperando que el por fin dijese algo para continuar la conversación. Sin embargo Edward pensaba que si abría la boca no tendría nada que decir o acabaría por fastidiarlo todo de nuevo, así que permaneció callado.

- Espero que te guste la comida. Le falta un pequeño toque. Si quieres puedes decirle a Edward que te enseñe la casa mientras yo termino de prepararla.

Bella miró ansiosa a Edward mientras daba un sorbo a su copa de vino. Luego se pasó la lengua por los labios y a Edward se le aflojaron las rodillas al imaginar esa lengua deslizándose por su glande.

- Claro. Me encantaría. Si a Edward no le importa.

- Por supuesto que no. Vamos. – dijo al mismo tiempo que posaba una mano sobre su cintura y la arrastraba fuera de la cocina.

El contacto le supo a gloria. No podía estar ni un minuto más sin tocarla. Cogió su maleta y se encaminó al piso superior.

Mientras le enseñaba la casa, que poseía en cada rincón el toque masculino de Emmett, Edward le explicó que dormiría en la habitación de su primo, ya que esta era más grande, cómoda y confortable que la suya.

Edward la llevó al cuarto de los juegos, en el que la elegante mesa de billar hacía juego con el minibar del fondo. Bella se volvió hacia el y lo agarró del brazo, provocándole un feroz deseo de desnudarla y hacerla suya sobre la mesa de billar, sin tener que compartirla con Emmett. Un pensamiento que le puso la carne de gallina por lo que para el representaba.

- Sé que piensas que cometo un error, y que no te emociona demasiado ayudarme... – habló Bella. – pero no voy a complicarte la vida. Te lo prometo. Sé que en el fondo no me quieres aquí.

En realidad le ocurría todo lo contrario. Sí que la quería allí. Mucho más de lo que sería seguro para ella, y tarde o temprano se daría cuenta.

- Está bien.

Edward siguió enseñándole las demás habitaciones.

- Por cierto – dijo con un suave siseo en su voz – hay un jacuzzi fuera.

- Vaya, no he traído bañador.

- Tranquila – rió entre dientes - No lo necesitaras.

- Oh, ya veo – Bella captó la insinuación sexual y sus ojos se iluminaron. Miró profundamente a Edward mientras se mordía suavemente el labio inferior. Esto provocó aun mas a Edward, que a estas alturas estaba a punto de saltar sobre ella, desnudarla y empujarla contra la pared – Tiene sentido, de todas formas, vais a verme desnuda – continuó ella.

- ¡La cena! – gritó Emmett desde la cocina.

Agradeciendo que comenzaran las dos horas que a Emmett le gustaba que durara la cena antes de que comenzara el verdadero festín, Edward condujo a Bella de vuelta a la cocina.

Emmett ya los esperaba con la mesa preparada. Apartó la silla de Bella como todo un caballero para que se pudiera sentar. Maldición, ¿Por qué no se le había ocurrido a el?

Edward se sentó y observó enfurecido como su primo al mismo tiempo que servía la cena aprovechaba para coquetear y acariciar a Bella. Esta se sonrojó y sonrió, lo que lo puso aun más furioso. Necesitaba tirársela de una vez y demostrarle que desnudos y en la cama, sería él el que la haría retorcerse de placer.

En ese momento se prometió a si mismo dos cosas. La primera, que haría que Bella se aferrara a su cuerpo mientras se corría tantas veces que al final perdería la cuenta. Y la segunda, que su nombre sería el único que pronunciarían los carnosos labios femeninos.

(((( O ))))

- ¿Te ha gustado la cena? – preguntó Emmett.

¿Qué si le había gustado? La pregunta correcta debería ser ¿A quién no podría gustarle? Emmett era un excelente chef. Más que eso, podría considerarlo un auténtico maestro del arte de cocinar. Se había ganado con creces su reconocimiento social. Pero después de esas dos tensas horas comiendo y charlando Bella estaba con los nervios de punta, sabiendo lo que vendría a continuación.

El deseo fluía por entre sus piernas e intuía que Edward estaba de igual manera, dado que había hablado poco durante la cena, y cuando lo había hecho era con monosílabos. O eso, o que seguía sin querer que ella estuviera allí.

-La cena ha sido maravillosa. Gracias, Emmett.

-¿Más vino? – Las palabras salieron de su boca mientras un brillo travieso cruzaba su mirada.

-No gracias. Dos será suficiente o me quedaré dormida. – rió Bella.

-¿Postre? Puedo hacer café. Lo tengo de vainilla, de caramelo, con canela...

-Gracias, pero no. Lo que realmente me gustaría es que nos fuéramos a la cama de una vez.

Emmett se detuvo en medio de la cocina, con los platos en la mano. Edward contuvo el aliento. Ninguno se movió.

"Oh, oh", ¿Acaso se había equivocado al pensar que ambos estaban interesados? Durante la cena le dio la sensación que ambos la estaban seduciendo, cada uno a su manera. Edward con sus ardientes miradas y Emmett con su pícaro coqueteo.

Bella miró a Emmett y no pudo evitar que su mirada se desviara justo a su bragueta, donde una intensa erección parecía que iba a reventar los pantalones en cualquier momento. Edward se puso de pie arrastrando ruidosamente la silla y Bella descubrió que estaba en el mismo estado que su primo. Ambos listos para la acción.

Vaya, no había malinterpretado nada.

-Vamos – Edward la agarró del brazo y tiró de ella, casi arrastrándola fuera de la cocina.

-¿A la cama?

-¡Pues claro!

Por fin. Había llegado el momento. Iba a descubrir de qué iba todo eso del sexo, y el sexo compartido, algo que iba más allá del placer de la masturbación, y lo iba a descubrir por los dos hombres más guapos que había conocido. No le importaba en absoluto el hecho de ser compartida, al contrario, aprendería todo lo necesario para ofrecérselo a Jacob cuando este volviera a Seattle.

Emmett intentó parecer molesto.

-Me he pasado mucho tiempo haciendo este postre – protestó.

Bella le dirigió una mirada provocativa por encima del hombro.

-Será un buen tentempié para medianoche.

-Lo será si me dejas comérmelo de tus pechos – murmuró Emmett, acercándose a ella.

Bella soltó una risita juguetona.

-Sólo si me prometes que lamerás hasta la última miga.

En menos de 30 segundos Bella ya descansaba sobre la suave colcha de la cama de Emmett, con el enorme cuerpo de Edward sobre el suyo y las firmes rodillas masculinas separando sus muslos.

Edward se apoderó de su boca desesperadamente, besándola con profundidad. Bella le rodeó el cuello con los brazos.

Edward le separó un poco más las piernas para poder acomodarse mejor y apretó su miembro directamente contra ella. Dios, era tan bueno, tan excitante y salvaje. Edward encajaba en ella como si hubiera nacido solo para acunarse entre sus muslos.

Bella dejó escapar un gemido cuando Edward embistió contra ella rozando su clítoris. Edward se tragó su gemido y embistió contra ella una vez mas.

A la derecha, la cama se hundió de nuevo. Sintió el calor de Emmett aproximandose cada vez mas. Bella alargó la mano para tocarlo, y pudo comprobar que Emmett se había quitado la camisa.

Su piel era suave y aterciopelada, y sus músculos eran firmes y duros.

Emmett le plantó una serie de besos en la mejilla y luego bajó a su cuello mientras metía una mano entre ella y su primo hasta encontrar su pezón por encima de la blusa. Bella sintió un hormigueo en este lugar y una creciente humedad entre sus piernas.

Edward apartó la boca de sus labios y bajó para saborearle la suave piel del cuello para a continuación lamer su clavicula.

Bella suspiró y abrió los ojos a tiempo de ver como Edward le abría delicadamente la blusa y le subía el sujetador, exponiendola a su ardiente mirada. Edward acarició suavemente el contorno de su pecho, luego le pasó el pulgar por el pezón. Bella se estremeció, abrió la boca con un suspiro. Emmett aprovechó para adueñarse de su boca. Jugueteó con ella, dándoles suaves roces y prometiéndole un beso profundo que al final nunca le otorgaba.

Emmett sonrió cuando Bella levantó la boca hacia el y le mordisqueó el labio de manera tierna. Edward succionaba su pezón con dureza, dejándole claro que no tenia intención de ser ignorado.. luego mordisqueó el pezón. Bella gimió y se arqueó contra el.

-Es preciosa Edward – murmuró Emmett en la boca de Bella – mejor que cualquier fantasía. ¿Verdad, Edward?

Bella contuvo el aliento, mientras esperaba impaciente la respuesta de Edward. A pesar de que todo esto lo hacía por Jacob, se sorprendió al darse cuenta que la respuesta de Edward le importaba.

-Sí – susurró con un gemido en su pecho – como un sueño húmedo.

Sus palabras fueron directamente a los pliegues femeninos, haciendo que su sexo palpitara de deseo por Edward.

Las manos de Edward se deslizaron por debajo de la falda subiéndosela hasta la cadera. Su puño agarró el tanga que esa misma mañana se había comprado para tener algo erótico y empezó a quitárselo al mismo tiempo que Emmett le quitada el sujetador. Finalmente, tras arrastrar la falda al suelo, Bella quedó desnuda ante las dos ardientes miradas masculinas.

Edward siseó con fuerza y centró su mirada en el recién descubierto sexo de ella. Emmett miraba en la misma dirección que su primo. Bella observó a los dos hombres, que la miraban como si fueran dos pobres hambrientos y ella un gran festín. El corazón le latía apresuradamente, haciendo latir su clítoris dolorosamente.

-¿Edward? – preguntó Emmett, dándole entender a Bella que esta pausa debía ser inusual.

No pudo preguntar nada porque en ese momento Edward dijo:

-Maldición, está mojada.

-Bien – contestó Emmett – comprueba lo mojada que está.

Edward deslizó sus pulgares sobre sus labios abriéndoselos. Introdujo suavemente las puntas de los dedos sobre la resbaladiza piel, electrificando todo su sexo.

Uno de sus pulgares se acercó más a su húmeda apertura y entonces Bella ansió que el llenara su miembro con su rígido miembro. Espera. No. No podía estar pensando eso. Pero con cada roce sentía que perdía más el control y levantó las caderas en una súplica silenciosa.

-No hagas eso – le advirtió Edward – No me tientes a penetrarte.

Eso fue estimulante. El pensar que el hombre que solía ridiculizarla estaba tan excitado por ella que podría llegar a perder el control.

Bella miró a Emmett, que tampoco parecía estar en su mejor momento. Luego desvió su mirada a la entrepierna de Edward y volvió a levantar sus caderas.

-Para. Estas implorando que te de lo que no quieres que te de.

-Haz que se corra de una vez – murmuró Emmett – Está excitada y no sabe lo que pide.

Claro que sabia lo que quería. Alivio. Jacob. Debía mantenerse virgen para Jacob. Pero ahora mismo la postura de Edward y su abstinencia al coito natural la irritaba.

Edward cerró los puños, tragó saliva y por fin dijo:

-De acuerdo. Voy a hacer que te corras – gruñó.

-Ya lo hablamos antes – confesó Emmett acercándose a ella para darle un beso en la boca y luego en el pecho – Esta noche te acostumbraras a las sensaciones de dos hombres dándote placer a la vez. Cuando estes preparada te enseñaremos como complacernos a nosotros. Poco a poco, ¿vale?

Bella asintió, incapaz de pensar en nada que no fuera Edward y su promesa de hacer que se corriera. Levantó la vista hacia Edward, que la miraba con las mejillas ruborizadas y la respiración agitada.

Al verlo una nueva oleada de placer la recorrió por completo y tuvo que obligarse a pensar en Jacob para quitar de su cabeza los pensamientos sobre el enorme, palpitante y preparado miembro de Edward en su interior.

-Tócame, por favor – rogó alzando las caderas una vez mas.

Edward no rechazó la invitación. Deslizó un dedo dentro de ella, mientras le rozaba el clítoris con el pulgar. Bella gimió. Y después sus gemidos se convirtieron en quejidos cuando Edward repitió tortuosamente el proceso mientras Emmett se apoderaba de su boca y jugueteaba con sus pezones.

Bella arqueó la espalda, sintiendo que el clímax se acercaba. Edward introdujo un segundo dedo en ella y luchó por deslizar ambos en su interior.

-Está caliente y me está quemando vivo.

-Dime como la sientes- dijo Emmett contra el lóbulo de su oreja. Era Emmett quien alentaba a Edward, impulsándola más al orgasmo con sus calientes palabras.

-Está...condenadamente caliente y apretada. Su sexo me atrapa. Palpita. ¡Maldición!

-Penétrala con los dedos.

Edward comenzó a meter y sacar los dedos.

-No puedo parar. Es demasiado bueno.

-Córrete para nosotros – murmuró Emmett contra su oido. Bella se estremecía. – Eres tan hermosa. No puedo esperar a ver como gritas de placer. – Emmett le pellizcó el pezón.

Fue todo lo que necesitó para dejarse ir. Bella gimió, gritó y se contorsionó, mientras sentía una energía renovadora recorrer todo su ser.

-¡Sí! – los dedos de Edward aun estaban en su interior, sintiendo las contracciones de ella, apretándolos y soltándolos – Sí. Otra vez. Córrete otra vez – exigió el.

Ella gimió – no creo que pueda. Después de haberme corrido una vez, no creo que... – dijo.

Emmett rió sensualmente y Edward negó fuertemente con la cabeza.

-No con dos hombres. Con nosotros te correrás repetidamente, hasta que caigas inconsciente.

Bella gimió, sintiendo su pulgar aun en su clítoris, prolongando su placer y haciéndola sentir de nuevo excitada y adolorida.

-Eso es – murmuró Edward.

Luego se inlcinó sobre ella y le rozó el clítoris con la lengua, repitiendo los mismos movimiento que había estado haciendo con el pulgar.

Las sensaciones eran mas intensas ahora. Bella se sintió como si no se hubiera corrido antes, con un placer mas fuerte. Edward la llevaría de nuevo al extasis.

Bella lo observó. La imagen de Edward disfrutando su clítoris era tan excitante como el mismo roce que sentía. Bella sentía su cuerpo tensarse. Abrió más las piernas, invitando a Edward a profundizar mas, queria llegar al orgasmo ya.

-¿Cómo sabe? – preguntó Emmett mientras succionaba dulcemente un pezón.

-Jodidamente dulce – masculló Edward lamiéndola una y otra vez.

Le gustaba. No, mas bien, estaba gozando de lamerla. Su voz ronca se lo decía a Bella.

Emmett se alzó sobre ella. No le gustaba observar. Esperaba ansioso su turno.

El placer de Bella fue en aumento hasta que sintió que se perdía en un orgasmo increíble.

-Mirame mientras te corres – exigió Emmett.

Bella lo hizo, agarrándose a las sábanas.

-Emmett...

-Pronto, te lameré. Te succionaré. Y volverás a correrte.

-Sí – jadeó ella.

Luego la lengua de Edward le dio un golpecito en el clítoris, haciéndola perder el control.

- Oh, Dios... Edward – gritó, mientras sentía un arco iris de sensaciones recorriendo cada nervio de su cuerpo. Trató de recobrar el aliento.

Edward levantó la cara de entre sus piernas – Otra vez, gatita.

Bella no podía decir que si, pero tampoco tenía fuerzas para negarse. Emmett negó.

-Es mi turno – insistió – Antes de que la dulce Bella se desmaye. Y tienes que prepararla para otras cosas.

Espera. ¿De que hablaban?

A regañadientes Edward asintió, se levantó de la cama y se dirigió al otro extremo de la habitación. Bella lo siguió con la mirada, pero Emmett reclamó su atención acariciándole con un par de dedos la húmeda vulva hinchada, introduciéndolos lentamente en su interior.

-Túmbate y disfruta – murmuró Emmett.

Bella cerró los ojos, estremeciéndose de placer. Nunca se había considerado una mujer muy sexual. Se masturbaba, sí, pero casi nunca se corría mas de una vez. Emmett provocó que el deseo resurgiera. Las paredes de su sexo palpitaron, tensándose dolorosamente.

-Tu vulva se hincha y se vuelve rosada cuando te excitas. Es fascinante observarlo.

Emmett se inclinó y estimuló su clítoris con un largo y lento lametazo.

Bella volvió a agarrarse a las sabanas mientras gemía.

-Me encanta como hueles – inspiró profundamente – Es asombroso. Un olor picante, adictivo, me hace querer seguir saboreándote.

-Emmett...

-Deja que te saboree. Acepta el placer que te doy.

Bella se preparó para otro clímax, pero esta vez mas poderoso. Este podría dejarla inconsciente, pero valdría la pena.

Edward masculló algo en el oído de Emmett. Este asintió con la cabeza y luego Edward deslizó sus manos entre sus piernas.

Sus miradas se encontraron. Edward tenía una expresión abrasadora. Quería verla correrse de nuevo bajo la boca de Emmett y colaboraría para lograrlo.

Emmett no necesitaba su ayuda, por supuesto, pensó ella mientras este le chupaba el clítoris.

Bella cerró los ojos ante la liberación que se aproximaba. Emmett se soltó de ella y se echó para atrás.

-Todavía no, cariño. Pronto. Hay mas. Y quiero saborearte.

-No. No. Ahora – jadeó ella.

-Paciencia – rió Emmett.

-No- repitió ella mirando a los dos hombres.

-Sí – insistió Edward.

-Hazlo – ordenó Emmett.

Con un lento asentimiento de cabeza, Edward le cogió los muslos y se los subió mas arriba.

-Será un placer.

¿Qué iban a hacer? Emmett colocó las palmas de las manos bajo sus rodillas y le siguió subiendo las piernas, dejándola totalmente expuesta.

-Sujétalas – ordenó Emmett, colocándole las manos bajo las rodillas.

-Emmett.

-No supliques piedad. No la tendrás de ninguno de los dos. Querías saber lo que era un menage, gatita, y mantener intacta tu virginidad. Pero eso no quiere decir que no vayamos a poseer ese culito delicioso que tienes.

-¿Dolerá?

-Hoy será muy poco – la tranquilizó Emmett – solo lo suficiente para proporcionarte las sensaciones sin abrirte demasiado.

-Aun no te follaremos ahí – Edward directo al grano.

Pero pronto lo harían. Ella asintió débilmente con la cabeza.

-De acuerdo.

-No estábamos esperando tu consentimiento. Nos lo diste cuando entraste por la puerta, maleta en mano. – Edward sonaba enfadado. O tal vez muy excitado.

-Lo sé.

Parte de la tensión abandonó a Edward, luego bajó la mirada a Emmett.

-Acaba.

-No durará mucho – comentó Emmett.

Al momento sintió algo frío y resbaladizo en su ano. Se tensó. ¿Y si no le gustaba?

-No te tenses – recomendó Emmett – Relájate. No es grande.

Mordiendose los labios intento relajarse y aceptar el objeto.

Edward se vió forzado a quitarse los pantalones, y ocuparse de us miembro con la mirada fija en la penetración anal que estaba haciendo Emmett.

Al ver lo excitado que estaba, hasta el punto de tener que acariciarse a si mismo, Bella quiso darle mas de esa funcion. Jugar con ambos. Ya no habia timidez. Podía volverlos locos de deseo.

Concentrandose en las indicaciones de Emmett sintió algo deslizarse en su recto y luego comenzó a vibrar.

¡Oh, Dios mio!

Emmett deslizó mas profundamente el vibrador y el placer se multiplicó en segundos. Las sensaciones y la visión de Edward tocándose a si mismo la estaban llevando a la locura. Emmett inclinó de nuevo su cabeza para tomar el clítoris con la boca. Arqueó la espalda y jadeó.

-Lista para correrte – susurró Emmett mientras deslizaba los dedos en el sexo anhelante.

Bella no podía responder, no podía hacer nada salvo gemir por el clímax que se avecinaba.

-¡Joder!- maldijo Edward. Se inclinó sobre ella, fundiendo su lengua con la de ella, para un rato después apartarse para recuperar el aliento mientras seguía bombeando su miembro.

La imagen era insoportablemente erótica, excitante.

Luego Edward volvió a besarla con hambre, sin dejar de tocarse a si mismo mientras la saboreaba. Y durante todo ese tiempo, Emmett la atendía enloquecedoramente en su ano y su sexo palpitante.

Todo aquello la sobrepasó. No pudo contenerse, ni quiso hacerlo.

Gritó en la boca de Edward mientras su mundo se hacía mil pedazos. Su vagina atrapó con fuertes contracciones los dedos de Emmett: -¡Edward! - gimió en la boca de Edward una vez mas.

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1 comentario:

  1. omg!!!!!! infierno sangriento!!! shit y re contra shit ahora me tengo q dar esa ducha de agua fria pero por dios q envidiaa le tengo a bellaa!!! me mueroo de envidia porque la vida tiene que ser tan injusta y una no puede tener semejantes hombres en la cama?? ufff me muero!!! me encanto!!!

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Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)