Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 20 de enero de 2011

Fantasía Prohibida * Capítulo 6

Adaptación --- Lemmon




CAPÍTULO 6

- Quiero hablar contigo – Le dijo Bella a Edward a la mañana siguiente, sentándose en la mesa de la cocina donde el estaba tomándose un café.


-No tengo ganas de hablar.

-Vale, entonces escucha. – respondió con dureza.

Edward sabía que no actuaba bien al tratarla de un modo tan rudo, pero sabía que si la trataba mejor al final acabaría tirándosela.

-Bien – dijo el.

-Bien – contestó ella cabreada.

Escucharla llorar en los brazos de su primo mientras que este la consolaba, había despertado en Edward el instinto de acercarse a ella, protegerla y hacerle el amor dulce y suavemente, no sólo follarla. Eso habría creado un lazo afectivo entre ellos y lo habría acabado llevando a la locura.

No entendía que le pasaba, primero celos y ahora eso. ¿Pero que iba mal en él?

Bella cogió aire ruidosamente.

-Después de lo que pasó ayer por la mañana, y luego por la noche, no puedo quedarme. Te agradezco mucho que intentaras ayudarme, pero se que no quieres que esté aquí, así que esta noche me iré.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Se iba? Se marchaba. Aquello que debería aliviarlo le sentaron en realidad como una cuchillada directa a su corazón. Aun sentado en la mesa de la cocina vio como Bella se daba la vuelta para irse.

Edward se puso en pie y le cortó el paso.

-¿Qué te hace pensar que no quiero que estés aquí?

Bella frunció el ceño ante su pregunta.

-Se que desde que era una adolescente no he sido considerada ni demasiado guapa, ni lo suficientemente atractiva ni femenina para los hombres. Lo he escuchado en varias ocasiones. No me gusta el maquillaje, y no me siento cómoda con vestidos, por no hablar de que detesto la ropa de encaje y las medias. No sé ser coqueta ni interesante para seducir a un hombre. Y sé que muchos hombres podrían considerarme como un fenómeno de feria más que como una mujer, entre los cuales te incluyo a ti. – dijo Bella casi sin respirar.

Edward estaba bloqueado. Estaba tan equivocada que el apenas podía asimilar lo que decía.

-¿Piensas que no me siento atraído por ti?

Bella hizo una mueca graciosa con la nariz, que tal vez en otra ocasión habría hecho reír a Edward.

-Cuando me viste aparecer con tacones y encaje me deseaste, hasta que estuve desnuda y se te quitaron las ganas, como a todos los hombres del instituto. Luego me dijiste que te dejara en paz a menos que estuviésemos en la cama, donde cumplirías tu promesa. ¿Se me ha pasado algo por alto acaso?

Edward frunció los labios y negó suavemente con la cabeza. En ese momento deseó tener delante a todos esos hombres de los que ella hablaba y golpearlos por haberla hecho sentir poco femenina.

-Creo haberte demostrado que yo no hago nada por obligación, así que supongo que sabrás que no fingiría que me excitas cuando no lo hicieras. ¿verdad?

Bella bajó la mirada un segundo y luego volvió a mirarlo con los labios apretados. Edward continuó:

-Y en cuanto a lo de que no eres femenina, vaya tontería. No es el maquillaje lo que te convierte en mujer, sino tu respuesta ante Emmett y yo. Si me comporto como un gilipollas, es porque te deseo demasiado.

-¿Demasiado?- Bella lo miró asombrada, sin creerse lo que él decía.

Edward la tomó de la muñeca y la atrajo hacia el, posando la mano femenina directamente sobre su erección.

-¿Te parece que miento?

Ella acarició fascinada por encima del pantalón hacia arriba y abajo.

-No.

Edward sintió que se excitaba más de la cuenta. La sujetó de la muñeca deteniéndola.

-No comiences algo que no puedas terminar.

Bella se agarró firmemente de la cinturilla de los pantalones cortos de Edward y comenzó a bajárselos.

-Puedo terminarlo. ¿Acaso no lo hice anoche?

Sólo pensar en su pequeña boca recorriéndolo lo transportó directamente al paraíso que había descubierto anoche. Emmett le había indicado paso a paso que hacer para enloquecerlo, y él había perdido el control.

Bella sintió bajo su mano como su miembro palpitaba, y como respuesta lo apretó más.

Edward le agarró los dedos con los que bajaba sus pantalones.

-No lo hagas – dijo.

Bella no se detuvo, lo que provocó que él le apartara las manos.

-¿Me deseas pero no quieres que te toque? ¿Me deseas pero no quieres que te la chupe? Edward haz el favor de explicarme esto antes de que me vuelva loca.

-Si sigues con esto voy a querer mucho más de ti. Sólo puedo pensar en follarte. – Bella abrió los ojos sorprendida - Tú quieres conservar tu virginidad, y si sigues provocándome al final acabaré penetrándote. Y si lo hago me quedaré dentro de ti todo el maldito día. Querré más por la noche. Y Emmett también lo querrá.

Bella respiró hondo. Un leve rubor cubrió sus mejillas.

-Oh.

-Apenas puedo contenerme, así que yo que tu saldría de aquí pitando.

Bella no se movió. Lo miraba fijamente mientras que el hombre frente a ella se preguntaba en que estaba pensando. Si ella acababa cediendo en ese momento no tendría el suficiente autocontrol para decir que no. Acabaría arrastrándola de vuelta a la cama de Emmett y acabaría haciendo algo de lo cual después se lamentaría.

Bella se acercó a él, posó sus manos en sus hombros y acarició suavemente sus labios con los suyos.

-Gracias. Ha sido muy considerado de tu parte el que no hayas cogido el camino fácil. Podrías haberme dejado pensar que no era lo suficientemente femenina para ti y no lo has hecho. Gracias. – sonrió ella.

Edward se encogió de hombros. No sabía por que pero se sentía a gusto sabiendo que había provocado en ella esa sonrisa.

-Sólo he sido justo – le sonrió de vuelta.

-Entonces yo también debería ser justa y admitir que también te deseo. Emmett y tu me excitáis. Siento que en vuestros brazos me derrito. Jamás me había sentido así.

La duda de saber si ella lo deseaba más a él que a Jacob o a Emmett le provocó una especie de frenesí que combinaba perfectamente una mezcla de celos y una euforia y lujuria similares a las que se siente al consumir alguna droga.

Estaba perdido. Antes de pensar en que debía comenzar a alejarse, ya la había agarrado del pelo, enterrando sus dedos en sus rizos castaños y había bajado para devorar su boca. Bella abrió sus labios con un jadeo, buscando profundizar el beso.

Edward la estrechó con fuerza mientras unía sus lenguas y sintió como perdía el equilibrio.

Su sabor lo embargó. Su olor lo embriagó. El tacto de sus duros pezones en su pecho lo hizo desear tocarlos. Y no se contuvo.

Bajó delicadamente las tirantas del top que Bella llevaba y luego ahuecó sus perfectos pechos, ni demasiado grandes, ni demasiado pequeños. Para él.

Edward tiró bruscamente del top hasta bajárselo por la cintura y luego agarró sus pantalones cortos, bajándoselos de un tirón al mismo tiempo que sus bragas.

Ya la tenía como la quería. Desnuda. Y ahora sólo le quedaba comprobar sus sospechas.

Pasó un par de dedos por sus pliegues y lo confirmó. Bella estaba húmeda. Muy húmeda. Con firmeza se agarraba a su camisa, cerrando los puños con desesperación, jadeando y con las pupilas dilatadas.

Edward la levantó por la cintura con brusquedad, ignorando su grito ahogado, y la sentó en la mesa de la cocina. La había imaginado miles de veces sobre esa misma mesa, lista para que el la degustara como si fuera el mejor plato. Pero la realidad superaba con creces la ficción.

A Bella se le aceleró el corazón cuando vio como el se quitaba la camiseta, apartándola a un lado sin importancia. El pecho de Edward subía y bajaba aceleradamente. El hombre se bajó los pantalones, provocando una oleada de deseo en la chica.

Con los ojos fijos en ella la tomó por los muslos y la atrajo al borde de la mesa. Se recostó sobre ella y la cubrió con su caliente cuerpo.

El deseo le hacía hervir la sangre, y pudo ver en los ojos de Bella que ella estaba en la misma situación.

El le besó el vientre, entreteniéndose en su ombligo para continuar su camino hacia el sur. Ella abrió aún más sus piernas ofreciéndose silenciosamente.

Bella tenía los pezones erizados, lo que no pasó desapercibido para Edward, que se inclinó sobre ellos, capturando uno con la boca. Lo devoró como si fuese un caramelo, lamiendo, palpando, mordiendo.

Bella comenzó a jadear. Le acercó la cabeza con las manos, haciendo que se presionara más contra ella.

-Ed...ward – gimió entrecortadamente.

Edward volvió a mirarla. Sus labios enrojecidos le hacían una muda invitación que él no rechazó. El beso fue dulce, apasionado y tierno. Una nueva oleada de lujuria lo invadió.

Le envolvió las caderas con las manos, encantado de que sus palmas casi podían cubrir su cintura por completo y de que su húmedo sexo y sus pliegues hinchados le resultaran tan acogedores.

Cogiendo su erección la situó contra la vagina de Bella.

Estaba tan húmeda y caliente que sus fluidos mojaron completamente su punta y le hicieron arder. El saboreó el momento previo a hacerla suya.

Dios. Estaba temblando. El deseo lo atrapaba de una manera delirante.

-Edward – imploró ella para que la penetrara... o para que se detuviese.

No podía detenerse en ese momento. Ella estaba dispuesta, húmeda, con la mirada brillante. Con... ¿lagrimas en los ojos?

La simple visión de sus lágrimas le hizo mirar a su alrededor y darse cuenta de que Bella, virgen, estaba tumbada sobre la mesa de la cocina a punto de regalarle algo que estaba conservando para otro hombre.

Edward tragó saliva. Tal vez a Bella no le importaría ya. Tal vez esta vez fuera diferente. Bella no era una adolescente. No tenía una familia problemática. No era Tanya.

Si la penetraba sería suya por completo. Todo lo bueno sería de ellos, sonrisas, juegos, bromas, días y noches de buen sexo. Pero también los sería la responsabilidad si algo salía terriblemente mal.

Aquel último pensamiento le sentó como una jarra de agua fría, y el deseo comenzó a abandonarlo. Dio un paso atrás.

-¿Es que no pensabas detenerme? – rugió su bestia interior.

Bella vaciló.

-Sí.

Edward abrió la boca conmocionado.

-¿Cuando?

-Bueno, yo...quiero decir que intenté detenerte.

Edward se subió los pantalones, acomodando su erección con una mueca de disgusto.

-¿De verdad estás enamorada de esa estrella del pop?

Bella se incorporó, se hizo un ovillo y rodeó sus rodillas con los brazos, viéndose muy vulnerable a los ojos de Edward.

-¿Estaría aquí tratando de aprender todo esto si no lo estuviera?

-Sólo tu sabes por qué estas realmente aquí. Pero Bella, estás jugando con fuego y lo sabes. La próxima vez, di simplemente no. Si Emmett hubiera estado aquí, puede que no me hubiera detenido. La próxima vez, te follaré y... a la mierda con las consecuencias.

Edward se fue, dejando a Bella sola con sus pensamientos.


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3 comentarios:

  1. Ohhh Siii! "A la mierda con las consecuencias"!!
    Madre mía! Qué calor!!

    Mariia nena, muchísimas gracias por acordarte de mi cumple! Eres un sol! No imaginas la ilusión que me ha hecho recibir tu correo!

    Un besazo enorme
    T.

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  2. Y si la verdad no es para menos!!! es un poco tonto el querer aprender todo sobre el menage siendo virgen, porque el ser virgen te deja sin posibilidades de aprender por ese lado cosa que se complica en un juego de ese estilo.
    Ojala y Bella recapacite. Edward no da mas.
    Cuidate mucho y nos leemos siempre...
    http://miangelpersonal.blogspot.com/

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  3. dios niña me vas a matar de tanta emocion pero me encanta y al diablo con las consecuencias...Besos sigue asi....

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Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)