Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Fantasía Prohibida * Capítulo 1

Hola mis dulces lectores!! A partit se hoy, se une a nuestro rincón Silvia. Los jueves se publicará su fic. Su historia, que es una adaptación, contiene lemmon, así que quedaís avisados!! xD Espero que os guste, que le abraiis los brazos, y que le dejeis muchos comentarios!! Os Amo^^


Capítulo 1

Normalmente, a Bella Swan no le importaba pedir favores, pero lo que ella necesitaba no era algo que se considerase normal.


Respiro hondo, como si ese simple gesto pudiese darle las fuerzas que le faltaban para poder hacer realidad la fantasía que llevaba años rondándole la cabeza.

Salió del coche y se encamino hacia la casa de ladrillo rojo. Detrás de la valla blanca, un camino de piedras se extendía a lo largo del cuidado césped hacia el porche, adornado con azaleas de vistosos colores y varias plantas trepadoras alrededor de las columnas de estilo dórico. La paz que transmitía esta imagen no hacía imaginar a nadie las depravaciones que ocurrían al otro lado de la puerta. Depravaciones que Bella estaba dispuesta a experimentar personalmente para averiguar si podía soportarlas.

Cerró los ojos antes de llamar a la puerta, esperanzada en que Edward Cullen no se encontrara en casa.

Edward Cullen, ¿Cuánto tiempo hacía que no lo veía? No lo recordaba pero hubiese deseado que ese tiempo siguiese prolongándose. De hecho el solo imaginar su cara hacia que le rechinaran los dientes. El había despertado en Bella una curiosidad que le atemorizaba y que al mismo tiempo la atraía hacia a el. La única vez que ella decidió acercarse a el, Edward la había rechazado sin ningún miramiento. Lo había odiado por ello durante mucho tiempo, y ahora en vez de evitarlo iba a pedirle el gran favor de su vida, y haría cualquier cosa porque el no se negara.

Impaciente volvió a llamar a la puerta y mientras esperaba retorcía sus manos con nerviosismo preguntándose al mismo tiempo si había elegido correctamente la ropa para ir a pedir ese favor tan particular.

-ya voy- anunció del otro lado una profunda voz masculina.

A pesar del tiempo que había pasado Bella no había olvidado todo lo que concernía a ese hombre.

Sintió mariposas en el estomago cuando oyó ruido de pasos acercándose a la puerta. Había ensayado su discurso miles de veces para no fastidiarla a la hora de la verdad frente a Edward.

De repente un hombre abrió la puerta. No era Edward. Llevaba el pelo negro corto y tenia unos conmovedores ojos oscuros. Su mandíbula, firme e imponente mostraba una ligera sombra de barba. Su camiseta se ajustaba a su esbelto, alto y atlético cuerpo y sus pantalones descoloridos quedaban holgados. Ese hombre podría trabajar de modelo, y ganaría una fortuna. Su cara le resultaba familiar.

-¿Puedo ayudarla en algo? Sería para mi un placer- Sonrío divertido el hombre al darse cuenta de que la mujer le había recorrido con la mirada de pies a cabeza. No le importaba realmente, de hecho, el había hecho lo mismo.

-Lo…lo siento. Creo que me he equivocado. Estoy buscando a Edward Cullen.

-No. Estas en el sitio correcto. Mi primo llegará pronto.

-¿Edward es tu primo?

No podría haberlo imaginado, físicamente los dos hombres eran la noche y el día. El que estaba delante suya era ardiente y sexy, oscuro y lujurioso como la noche, mientras que Edward tenía la piel clara, los cabellos cobrizos y era arduo y duro como el día.

-Somos primos segundos. Pagamos el alquiler a medias. Yo soy…

-Emmett McCarty. ¡Pues claro! Te he reconocido por las fotos. Tengo varios de tus libros de cocina.

-Me siento halagado. – Ella sonrió.

-¡OH, vaya! Me encantan tus recetas, aunque soy un autentico desastre en la cocina.

La cordial risa masculina de Emmett resonó como un eco cálido en su vientre. Le cayó bien de inmediato. Parecía buena gente y sencillo, a pesar de su éxito.

-¿Cómo te llamas, cariño?

-Bella Swan. – le tendió la mano- ¿de verdad eres primo de Edward?

-Así es. – Emmett le tomó la mano, acariciándola mas que estrechándola- ¿Quieres entrar a esperar a Edward? Me encantaría disfrutar de tu compañía mientras termino de hacer la cena.

Bella se sintió encandilada por aquel encantador hombre.

-Gracias ¿Crees que llegará pronto?

-Sí. Llamó hace un rato para decirme que estaba de camino- Emmett se apartó para que pudiera pasar.

Al entrar en la casa Bella observó el interior con curiosidad. La decoración tenía un aire rústico y moderno al mismo tiempo. En ella se notaba un claro estilo italiano. El suelo de madera oscura contrastaba con las paredes de color blanco. Los sillones eran de cuero y las sillas y mesa eran de hierro forjado. Había un gran televisor de plasma. Era lujoso y de buen gusto y muy masculina.

-Llegara en unos 10 minutos – Emmett le dirigió una pícara sonrisa – El tiempo justo para ofrecerte un té helado de frambuesa y unos bollos de melocotón, y de paso sonsacarte como ha conseguido mi primo que una belleza como tu venga a visitarlo.

A Bella se le esfumó la sonrisa de golpe. La presencia de Emmett había conseguido hacerle olvidar por completo el motivo de su visita a Edward. La mayor locura de su vida, la mayor estupidez que iba a cometer y una acción fundamental para su futuro.

Emmett no le sonsacaría la verdad, estaba completamente segura de ello. Pero eso no significaba que no acabara por enterarse cuando su primo Edward se lo contara.

-Solo estaba bromeando, no hace falta que te pongas tan seria – Su mirada pícara había sido sustituida por otra oscura y adusta.

-Lo siento. – Bella intentó sonreír – Es que estoy un poco…

-¿Nerviosa?- sugirió el conduciéndola a la cocina. Los seis fogones, el horno doble y la encimera de granito la convertían en el sueño de cualquier chef.

-Es una casa preciosa, en especial la cocina. – Suspiró ella feliz de poder cambiar de tema.

-Gracias. Por si te lo preguntas Edward no tuvo nada que ver en la decoración.- dijo guiñándole un ojo.

-Te creo- sonrió – Ha quedado muy bonita. ¿Lo has decorado tu todo?

-Casi todo. Tuve ayuda de un amigo que es decorador. Me alegro de que te guste. ¿un té de frambuesa?

Emmett le paso la mano por la cintura, conduciéndola a una silla de hierro forjado con un cojín de color musgo. La leve caricia le gustó. Además, Emmett la hacía sentir a gusto. Quizá era gay. Lo observó con detenimiento y descartó este último pensamiento. ¡Por supuesto que no era gay! Sólo era educado y de trato fácil.

-Así que conoces a Edward.

-Si, bueno, él trabajaba para mi padre.

Emmett frunció el ceño y luego cayó en la cuenta de quien era ella.

-Ah, ¿eres la hija del coronel Swan?

Bella asintió con la cabeza.

-¿Edward te ha hablado de mí?

-Nunca ha mencionado tu nombre. En realidad sólo me ha hablado de tu padre. Tendré que patearle el trasero por no hacerlo. Eres preciosa – se sentó en la silla de al lado y sonrió, desechando encanto – Me sentiré muy desgraciado si ya te ha echado el ojo.

Un calor recorrió de pronto su cuerpo, instalándose en sus mejillas y cubriéndolas de un simpático color carmín. ¿Se había sonrojado? Ella nunca se sonrojaba ¡Jamás! Los halagos de Emmett eran demasiados para una chica acostumbrada a tratar sólo con militares.

-No. Edward no me ha echado el ojo. Mmm… ni siquiera sabía que iba a venir. Hace años que no lo veo. Creo que la última vez que lo vi yo aun iba al instituto. – la sorpresa se reflejó en la sensual mirada de Emmett – Yo solo, necesito hablar con el. Es urgente.



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Edward estaba junto a la puerta de la cocina apretando los dientes con fuerza. Mierda, reconocería esa dulce voz en cualquier sitio. “Bella Swan”. La chica que lo ponía duro como una roca. Siempre había sido así. Durante todos y cada uno de los días que trabajó para el coronel. Era escuchar su voz y toda su sangre descendía directamente a su miembro. Una mirada de sus dulces ojos color chocolate y ya estaba listo para la acción.

Edward hizo una mueca mientras se recolocaba la bragueta. Joder, todavía tenía ese poder sobre el.

Al menos ya no tenía 17 años y no tenía que ser considerada como su fruta prohibida.

Hacia 5 años que había dejado de trabajar para su padre, antes de hacer algo realmente estúpido. Pero ¿qué demonios hacia ella aquí? Solo había una manera de averiguarlo.

Bella contuvo el aliento cuando vio entrar a Edward en la cocina. Edward se detuvo detrás de la isleta de la cocina para ocultar su intensa excitación. Al ver a sonrisa de diversión de su primo, supo que a el no le había engañado.

Pero fue a Bella a quien prestó toda su atención. Había madurado. Sus labios eran aun más provocativos, las pecas se habían desvanecido. Apenas llevaba maquillaje. El aire de inocencia permanecía intacto, y lo invitaba a corromperlo. Edward apostaría todas sus medallas a que todavía era virgen a pesar de sus 22 años. ¡Maldita sea! Tenía que deshacerse de ella inmediatamente. Un deseo incontrolable y una chica virgen era una mezcla explosiva. Demasiado peligrosa.

-Bella – Su voz sonó áspera y ronca por el deseo que en vano trató de ocultar.

-Hola Edward.

Su nombre acarició sus labios rosados y tentadores, poniéndolo mas duro todavía. Entonces ella mordisqueó su labio inferior y él solo pudo pensar en deslizar su miembro entre esos labios, penetrar profundamente en la sedosa humedad de su boca mientras ella lo miraba con esos ojos inocentes.

Si no dejaba de pensar en esas cosas, iba a tener que ir al baño a masturbarse antes siquiera de haber mantenido una conversación y poder al fin deshacerse de ella.

-Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que nos vimos- dijo ella tratando de romper el embarazoso silencio. Edward asintió con la cabeza.

-¿Le ha pasado algo a tu padre? - como solo tenían al coronel en común Edward supuso que ella estaría allí por el. Miró hacia abajo, por fin su erección disminuyó lo suficiente para atravesar la estancia.

-Está bien. Gracias.

-No he podido evitar oír como le decías a Emmett que tenías algo urgente que decirme. ¿Es sobre tu padre?

-N-No. Es sobre… - tragó saliva – Es algo personal.

-“¿Algo personal?” Edward no podía imaginarse a que se refería. ¿Había acudido a el para decirle algo personal? Había sido un autentico cabronazo con ella cuando trabajaba para su padre. No le había resultado difícil puesto que por su culpa se había sentido agarrotado todos los días.

Emmett se levantó y se acercó a Bella.

-Chicos, os dejaré unos minutos a solas. Bella no permitas que el ogro te asuste – Le cogió la mano y se la beso – y no se te ocurra marcharte sin despedirte.

Edward lo observó todo y se dio cuenta de que le rechinaban los dientes. “Bastardo”. Bella poseía todo lo que su primo adoraba en una mujer: dulzura, virginidad e inocencia. Pero ya podía ir olvidándose de esa mujer. Si Bella estaba vedada para el, también lo estaba para Emmett. Edward se volvió hacia Bella en el mismo momento en el que escuchó el sonido de una puerta al cerrarse en el piso superior.

-Adelante. Te escucho.

-He venido a pedirte un favor. Esto es un poco extraño, pero… - Bella miró al suelo, suspiró y luego volvió a alzar la barbilla.- ¿Podrías enseñarme todo sobre el sexo, tal y como a ti te gusta?

Debido a su trabajo Edward había aprendido a mantener una expresión insondable, algo indispensable sin duda. Por ello no es de extrañar que esta fuera la primera vez que Bella lo veía quedarse con la boca abierta. Estaba completamente segura de que no lo habría sorprendido más si le hubiese pedido que excavara el Gran Cañón con sus manos.

-¿Qué?

-Quiero que me enseñes como son las relaciones sexuales que te gustan.

Vale, definitivamente aquí había algo raro. A la virginal Bella no podía gustarle lo mismo que a él. Ni siquiera debería saber que existía. Puede que estuviese interpretándola mal. Si, seguramente Bella no tenia ni idea de lo que le estaba pidiendo.

-¿Por qué coño ibas a querer saber algo así?

-Creo que ha llegado el momento de ampliar mis horizontes – le explicó con despreocupación – Y a pesar de tu actitud brusca, eres un tío legal. Nunca me harías daño…

-¿Hasta cuando tengo que escucharte antes de decir que no?

-Aún no he terminado.

-Ni siquiera deberías haber empezado.

-Necesito saber que tengo que hacer para complacer a un hombre con esas inclinaciones.

-Edward contuvo una amarga sonrisa. ¿Qué tenia que hacer? ¿Enseñárselo mediante un esquema?

-A ver si nos entendemos, ¿quieres follar conmigo, pero no tienes idea de qué va la cosa?

-Claro que lo sé – protestó – A ti te van los ménages, te gusta compartir a las mujeres.

¿Cómo se había enterado de eso? Era sorprendente, excitante. Pero ella había dicho ménages como si solo la mención de la palabra la asustara de muerte. Edward se rió de ella.

-Gatita, estas metiéndote en camisa de once varas.

-No me trates como a una cría, por favor. Puede que no sea la mujer más experimentada del mundo, pero da igual, estoy tratando de aprender. No te pido un compromiso ni tampoco mucho tiempo, hablamos de una tarde o dos, ¿cual es el problema?

Así que la gatita tenía garras. Excitante. En un segundó se imaginó tumbándola sobre esa misma mesa, separándole las piernas para observar su sexo abierto para él mientras ella se retorcía y jadeaba en pleno orgasmo.

-Está bien, ¿por qué? ¿Por qué quieres experimentar en tus propias carnes el ser compartida?

Bella vaciló, cruzó los brazos y se dispuso a contar la historia, decidiendo claro está, lo que iba a decirle y lo que no.

-Bueno, no se si te acordarás, pero poco antes de que vinieras a trabajar con mi padre, éste había estado protegiendo a Jacob Black.

-Sí. – Edward se encogió de hombros.

-Jake y yo nos hicimos amigos ese verano y… surgió algo entre nosotros. Hemos salido con otras personas pero no es lo mismo. Estos años nos hemos mantenido en contacto, y tenemos muchas cosas en común.

-Ya veo, ¿y eso que tiene que ver?

-Pues, hace unos meses hablamos sobre nuestra relación. Le dije que nunca podría sentir por nadie lo que sentía por el. El me dijo que yo le importaba mucho pero que su estilo de vida me escandalizaría.

-Sí, lo haría – y Edward lo sabía, no había más que leer la prensa amarilla.

-He visto fotos de el con muchas mujeres, he leído que le gusta compartirlas. Se lo que tengo que hacer para tener un futuro con el, pero el dice que no quiere corromperme, piensa que no podría soportarlo, y yo tengo que demostrarle que puedo ser lo que el necesita.

Santo cielo. ¿Acaso había perdido el juicio? Pretendía que le enseñara a darle placer a ese niño bonito y algún otro gilipollas desconocido a la vez. ¿Es que Bella era una groupie? Se le encogió el estomago de solo pensarlo.

-¿Y piensas que yo te enseñaré a atraparle y luego viviréis felices y comeréis perdices?

-Sólo quiero estar preparada para complacer a Jacob – se envaró – y de esa manera puedo demostrarle que puedo ser alguien especial para él.

-¿Y a qué viene tanta prisa?

-Ha vivido en Europa los últimos años pero vuelve a Estados Unidos durante unos meses. Hemos quedado para vernos y ver si nuestra relación tiene algún futuro. Es mi oportunidad para demostrarle que aún tenemos ese vínculo especial.

-Esto es una locura. Ese tío es una estrella del pop que esta rodeado de mujeres. Y además tú eres demasiado inocente para eso.

-Por eso te estoy pidiendo ayuda.

-Y crees que con que te haga un jodido esquema será suficiente para saber todo lo que hay que saber sobre los ménages, ¿verdad?

-Estoy dispuesta a que me expliques, y quizá también me haga falta una demostración.

Increíble. Joder.

-Una explicación no te servirá de nada, gatita y en cuanto a la demostración, seguramente saldrías huyendo espantada.

Ella frunció el ceño.

-De ser así tengo que saberlo ahora, antes de comprometerme con Jake. Si lo compruebo por mi misma…

-No podrías soportarlo.

-¿Por qué? ¿Acaso hablamos también de sadomasoquismo y dominación?

Edward abrió los ojos sorprendido. ¿Cómo sabía ella de esas cosas?

-No te sorprendas tanto, no soy una cría.

-Puede que no. Pero apostaría mi vida a que todavía eres virgen.

-Si. ¿y qué? Me estoy reservando para Jacob. Edward – suspiró – sé que no me debes nada, pero por favor, ayúdame.

-Joder, es que lo que me estas pidiendo es una estupidez.

-Si lo que te preocupa es que mi padre se enfade…

-Demonios, sí, por supuesto que se enfadará. Pero no es esa la razón por la que no quiero ayudarte. Bella, este no es el tipo de sexo que le va a una virgen.

-Vale lo entiendo – se puso de pie – al parecer no te atraigo. Es igual, ya encontraré la manera de aprender.

-¿Piensas que no me atraes? – bajó la mirada al grueso miembro. Al instante ella siguió la dirección de su mirada. El suave jadeo que emitió sólo lo puso mas duro. – Gatita, no puedes imaginarte lo que me ha pasado por la cabeza desde que me has formulado tu petición con esa boquita tuya, pero dudo que quieras saberlo.

Un ardiente rubor coloreó sus mejillas mientras miraba de nuevo su entrepierna. Mordisqueó su labio, siempre lo hacía cuando estaba nerviosa.

-Si que quiero saber todo sobre las relaciones sexuales que te gustan. Las que le gustan a Jacob.

Edward se sintió molesto y se juró que si alguna vez tocaba a Bella ella dejaría de pensar en esa irritante estrella del pop. Estaría demasiado ocupada con el. Mierda se le estaba ofreciendo en bandeja de plata para saciar su lujuria, una que aún después de 5 años le ponía increíblemente duro. Entonces pensó en que era inocente y virgen y que este era el momento para poner fin a aquello.

-El sexo que me gusta no es ni dulce ni romántico, gatita. Es crudo, y en ocasiones doloroso para una mujer.

Bella se tensó y tragó saliva. Estaba nerviosa y a la vez… intrigada.

-Continúa.

Edward se acercó más. No pudo contenerse. Su aroma, una mezcla de melocotón, azúcar moreno y deseo femenino lo perturbaba. ¿Acaso ella estaba excitada? Dio otro paso hacia ella y acercó los labios a su oído.

-En mi caso ménage implica compartir a una mujer, dos hombres follándola a la vez, llevándola al orgasmo y volviéndola tan loca de placer que ella olvida su nombre y grita hasta que siente que el techo se le cae encima.

Edward se apartó para ver la expresión de Bella. Tenía la boca abierta, los ojos agrandados y las pupilas dilatadas. Mierda. Acaso la idea la atraía.

-Ayúdame a entenderlo, ¿Por qué te gustan los ménages? ¿Por qué no hacerlo tu solo con una mujer?

-Dos hombres pueden lograr que una mujer alcance un placer tan increíble que ella este dispuesta a hacer lo que sea por el placer de sus amantes.

Bella enrojeció aún más.

-Entiendo. Pero ¿Qué pasa con los lazos afectivos?

-¿como? – no era ese tipo de pregunta la que se esperaba realmente.

-¿Cómo manejas la relación para que no interfieran los celos?

-Es que no son relaciones. Solo es sexo. De cualquier manera que pueda ser consumado por tres personas a la vez. A mi me basta con la lujuria.

-Ah. Bueno, lo cierto es que contigo lo de la lujuria me va bien. Solo… solo quiero aprender lo que quieras enseñarme.

-¿Hablas en serio?

-Si, por supuesto que si.

-No soy el hombre adecuado para eso, Bella. No puedo hacerlo.

-¿Por qué no?

-Por un millón de razones. La primera, que no me acuesto con vírgenes.

-No te he pedido que lo hagas, me voy a reservar para Jake. Solo tendrías que darme explicaciones sobre las partes más complejas.

-Las explicaciones no te servirían de nada, gatita. No sabrás de qué va todo esto hasta que no te encuentres taladrada por un par de miembros bien duros.

-¿Taladrada? ¿por donde? ¿de que manera? ¿duele?

-No voy a hablar de eso. Si quieres información sobre los ménages búscala en los libros.

-Tu mismo has dicho que las palabras no son un buen sustituto de la experiencia.

-Pues que te enseñe el niño bonito, yo desde luego no lo haré.

-Genial, tú no vas a ayudarme. Entonces buscaré al compañero con el que salías cuando trabajabas para mi padre para que me ayude, Paul. Recuerdo haber oído rumores sobre él. Así que adiós. – se apresuró a la puerta.

Edward se envaró, por supuesto que Paul y Jared la ayudarían, pero ninguno de los dos era cuidadoso. La virginidad de Bella no significaría nada para ellos. Pero ese era el problema de Bella. Sin embargo, si Bella salía por esa puerta acabaría siendo aplastada por ese par de perros hambrientos, cosa que le encabronaba y que desde luego no podía permitir.

Edward la agarró del brazo y la atrajo a su cuerpo.

-Espera un momento. Supongamos que hablas en serio y yo reconsidero tu petición. Tendría que ser con demostración práctica y todo eso.

Ella tragó saliva. El corazón se le aceleró.

-Vale, ¿Quién será? ¿quien se unirá a nosotros?

Emmett resolvió el problema al entrar tranquilamente en la cocina con su sonrisa seductora. ¿Así que Emmett lo había escuchado todo? Edward giró a Bella hacia Emmett.

-Hola cariño – dijo Emmett con acento arrastrado.

Bella tembló, y por un instante Edward sintió el instinto de tranquilizarla, solo para recordarse un segundo después que eso era lo último que debía hacer.

-¿Edward y tu…? – A Bella le tembló la voz.

-Exacto.

La respiración de Bella se hizo temblorosa. Estaba nerviosa. Genial, había llegado el momento de que Bella dijera no.

Edward se dirigió a su primo con una mirada de advertencia mientras asentía con la cabeza. Emmett le respondió con un asomo de sonrisa, luego se acercó a ellos.

Bella se tranquilizó un poco con el suave tacto de Edward. La idea de esos hombres salvajes y atrevidos y ella estaba a punto de convertirse en realidad ¿podría sobrellevarlo? La mirada hambrienta de Emmett que poco a poco se iba acercando a ella conseguía intimidarla. Pero el miedo no era una opción, no cuando todo esto valdría para ser la mujer que Jacob necesitaba, y además también sentía curiosidad. Curiosidad que se mezclo con un cosquilleo en su estomago que de repente la devolvió a la realidad. Ella estaba allí para aprender, para que Jacob la viera como mujer.

Entonces Emmett la tocó, le deslizó las manos por las caderas, la acarició lentamente y le dio la vuelta, dejándola de nuevo de cara a Edward. Su mirada se encontró con la de Emmett por encima del hombro de Bella. Emmett la hizo descansar sobre su cuerpo, apretándola sobre su pecho, acunando su erección contra el trasero.

Apenas tuvo tiempo de reaccionar ante la descarga ardiente y el abrasador deseo que se enroscó en su vientre antes de que los dedos de Edward se enredaran en sus cabellos y arrastrara su mirada hacia sus hipnotizantes ojos verdes.

-Bella – gruñó Edward -, estas jugando con fuego, nena. Prepárate para quemarte.

Cerró los ojos y sin más aviso bajó la cabeza.

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7 comentarios:

  1. ¡Madre mía! Mira que ya he leído esta historia, pero continuo estremeciéndome cuando leo "gatita"...aquí los jueves va a hacer un calor...
    Un besazo!
    T.

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  2. Dios esta historia esta genialll y me encanta la forma de expresar de la autora es maravillosa la verdad espero mas ...Besitos desde Ecuador

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  3. Woooo, me encantó este primer capítulo, me encanta este Edward pervertido y cuando dice gatita, wau, felicidades a la autora, espero con ansias el próximo capítulo. saludos y suerte.

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  4. wow wow y mas wow!!! me encanta!!! definitivamente sabes darle calor a tu historia... si asi es el principio me imagino el resto de la historia!! besos!!!

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  5. Hola! oye me he leido tu historia y quisiera seguir leyendola, queria pedir tu permiso porfas de publicarlo(obvio con creditos del autor) en mi pagina de facebook y pasar tambien el link para que sepan los fans de tu historia de donde la saco muzas gracias y espero que me digas un si :)

    Me llamo Vanessa

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  6. Me llamo Vanessa

    otra vez yo quisiera pedirte porfas que si tenes facebook me envies un mensaje con tu respuesta esq muxo no entro un mensaje a mi otro facebook
    le das clic en enviar mensaje o sino me agregas q yo acepto a todos xD

    http://www.facebook.com/profile.php?id=100002897465862

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Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)