Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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domingo, 22 de noviembre de 2015

Solos tú y yo * Capítulo 31

Summary: Bella y Edward ya pueden pasar la eternidad juntos, pero que pasaría si Bella pudiera viajar al pasado? Y si el precio fuera perder a Edward?
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La autora dice: Los personajes son de la magnifica Meyer. Continuació de "Por y para siempre". Adapatción
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CAPÍTULO 31


-Bueno, ya estamos aquí. Actúa normal- digo, agachándome  en laparte de atrás mientras Bee se acerca ala entrada. - Nada más sonríe y dile el nombre que te dije-

Yo junto mis piernas, intentando hacerme más pequeña, menos prominente.Una tarea que hubiese sido condenada másfácil si hubiese sido dos semanas antes,cuando aún no pasaba por esta ridícula racha de crecimiento. Intento agacharme aún más y me cubro con una manta mientras Bee baja su ventana y sonríe a Charlotte mientras dice que se llama Jessica Standley (mi remplazo en la lista de invitados de Edward), la cual espero que no haya venido aquí muchas veces para que Charlotte no la reconozca.

Cuando la entrada se abre y nos encaminamos hacia la casa de Edward, hecho la manta a u nlado y me siento en el asiento mientras veo a Bee observar el vecindario con envidia, moviendo la cabeza y diciendo "ostentoso" por lo bajo.

Yo me encojo de hombros y también observo a mí alrededor ya que nunca antes le había prestado
atención. Siempre veía este lugar como una imagen borrosa de falsas granjas toscanas y haciendas
españolas con jardines bien cuidados y garajes subterráneos. Cosas que tienes que pasar antes de
llegar a la elegante y falsa hacienda francesa de Edward.

-No tengo idea de cómo él puede pagar esto, pero seguramente es bueno vivir aquí,- ella dice
mirándome.

-Él apuesta en carreras de caballos,- digo por lo bajo, concentrándome en la puerta del garaje,
mientras ella se detiene frente a la casa, y me concentro en todos sus detalles antes de cerrar mis
ojos para desear e imaginar que se abre y luego abro mis ojos justo para ver que se mueve un poco,
pero luego vuelve a caer con un sordo ruido. Una señal indiscutible de que todavía me falta mucho
para dominar la psicoquinesis o el arte de mover cosas más pesadas que un bolso Prada.

-Eh, creo que será mejor ir a la parte de atrás como usualmente hago,- digo sintiéndome
avergonzada por haber fallado tan miserablemente.

Pero Bree no me hace caso. Ella agarra mi bolso y se dirige a la puerta principal y aunque yo la sigo
diciéndole que no tiene caso, que está cerrada y que es imposible entrar por ahí; ella sigue caminando diciendo que entonces tendremos que abrirla.

-No es tan fácil como crees,- le digo. -Créeme, lo he intentado antes y no funciona.- Y observo a la
puerta que manifesté la última vez que estuve aquí; la misma puerta que aún sigue reclinada contra
la pared más alejada, el mismo lugar en el cual yo la dejé. Aparentemente Edward está tan ocupado
siento popular y persiguiendo a Jessica, que no ha tenido tiempo para deshacerse de ella.

Pero al momento de pensar en eso, desearía no haberlo hecho. El pensamiento me deja triste, vacía
y sintiéndome más desesperada de lo que quiero admitir.

-Bueno, esta vez me tienes a mí para ayudarte,- ella sonríe, -y creo que ya hemos comprobado lo
bien que trabajamos juntas.-

No puedo ver alguna razón para negarme a intentarlo por la manera en que ella me mira con tanta
anticipación y optimismo, así que cierro mis ojos mientras ambas juntamos las manos e imaginamos
que la puerta se abre ante nosotros y segundos después la puerta se abre, permitiéndonos entrar.

-Después de ti.- Bree asiente, mira a su reloj y frunce el ceño mientras dice, -¿Me puedes decir otra
vez cuánto tiempo tenemos para estar aquí?-

Yo miro a mi muñeca, observando el brazalete de herradura de cristal que Edward me dio aquel día
en la pista, el mismo que hace que mi corazón se inflame de nostalgia cada vez que lo veo y aún así
me rehúso a quitármelo. O sea, simplemente no puedo. Es el único recuerdo físico que tengo de lo
que una vez tuvimos.

-¿Oye, estas bien?-Ella pregunta, su cara llena de preocupación. Yo trago con dificultad y digo que sí con la cabeza. -Probablemente estemos a tiempo, aunque debo advertirte que Edward tiene como hábito cortar clases y llegar a la casa más temprano.-

-Entonces será mejor que comencemos.- Bree sonríe, escabulléndose en el vestíbulo y mirando a su
alrededor, sus ojos viajando desde el enorme candelabro en la entrada, hasta el elaborado pasamanos de hierro que lleva hasta el segundo piso. -¿Este chico tiene diecisiete años?-

Yo voy hacia la cocina sin molestarme en contestar, puesto que ella ya sabe que él tiene diecisiete
años. Además, ya tengo demasiadas cosas en la cabeza como para también explicar cómo un chico
de diecisiete años, que no es ni actor ni estrella pop, puede ser dueño de semejante casa.

-Oye, espera,- ella dice tomándome del brazo y deteniéndome. -¿Qué hay en el segundo piso?-

-Nada.-Y al segundo que lo digo, sé que lo he echado a perder porque he contestado demasiado
rápido para que ella me crea. De todas maneras, lo menos que necesito es que Bree vaya a fisgonear
y se tope con la habitación “especial” de él.

-Vamos,- ella dice sonriendo como una adolescente rebelde cuyos padres se han ido por el fin de
semana. -¿A qué hora termina la escuela? ¿Dos y cincuenta?-

Yo digo que sí con un movimiento leve de la cabeza, pero aún así es suficiente para animarla más.

-¿Y luego cuánto tiempo toma en llegar aquí? ¿Diez minutos?-

-Como dos minutos.-Yo sacudo la cabeza. -No, tacha eso. Como diez segundos. No tienes idea de lo
rápido que conduce Edward.-

Ella le echa otra ojeada a su reloj y luego me mira con una sonrisa asomándose en las esquinas de
sus labios cuando dice: -Bueno eso nos deja tiempo suficiente para echarle una rápida ojeada a la
casa, cambiar las bebidas e irnos.

Y cuando la miro, todo lo que escucho es la voz en mi cabeza gritando: ¡Di no! ¡Di no! ¡SOLO DI
QUE NO! Una voz a la cual debería prestar atención.

Una voz que es inmediatamente cancelada por la suya cuando ella dice: -Ay vamos, Bella. Yo no
tengo la oportunidad de ver una casa así todos los días. Además podríamos encontrar algo útil. ¿No
has pensado en eso?-

Yo presiono mis labios y asiento con dolor, siguiéndola con desgana mientras ella corre emocionada
como una colegiala que va a ver la habitación del chico que le gusta, cuando la verdad es que ella es
diez años mayor que yo. Bree se dirige a la primera puerta que ve abierta, la cual resulta ser la de su
habitación, y mientras la sigo al interior no estoy segura de estar sorprendida o aliviada al ver que la
habitación sigue igual que como la dejé la última vez.

Solo que más desorganizado.

Mucho más desorganizado.

Y me rehúso a pensar cómo pasó eso.

De todas maneras, las sábanas, los muebles, incluso la pintura en las paredes -ninguna de ellas,
estoy feliz de reportar- han sido cambiadas. Todas son las mismas cosas que yo le ayudé a escoger
hace unas cuantas semanas cuando yo me negaba a pasar un minuto más en ese mausoleo espeluznante suyo en donde, créanlo o no, él solía dormir. O sea, besarse entre todos esos
polvorientos recuerdos de verdad estaba comenzando a ponerme de nervios.

Sin mencionar el hecho de que, técnicamente hablando, yo también soy uno de esos polvorientos
recuerdos.

Pero incluso luego de que todos los muebles nuevos fueran instalados, yo seguía prefiriendo estar
en mi casa. Supongo que se sentía, no sé, seguro. Como si el que Esma pudiera llegar en cualquier
minuto me mantuviera a salvo de hacer algo que no estaba segura de estar lista para hacer. Lo cual
ahora, luego de todo lo que ha pasado, me parece bastante ridículo.

-¡Vaya, mira este cuarto de baño!- Dice Bree, mirando la ducha de Edward que tiene un diseño en
mosaicos y suficientes grifos como para bañar a veinte. -¡Yo podría acostumbrarme a vivir así!- Ella
se sienta en el borde del jacuzzi y juega con los grifos. -¡Yo siempre quise uno de estos! ¿Lo has
usado?-

Yo miro a otro lado, pero no sin antes ella captar un atisbo del sonrojo en mis mejillas. O sea, solo
porque dejé escapar algunos secretos y le permití venir aquí, no significa que ella vaya a tener
acceso a toda mi vida privada.

-Tengo uno en casa,- finalmente digo, deseando que eso sea suficiente para así terminar con este
recorrido y hacer lo que tenemos que hacer. Necesito bajar al primer piso para poder intercambiar el
elixir de Edward con el mío y si ella se queda aquí sola, me temo que nunca se irá.

Así que le doy un golpecito a mi reloj, para recordarle quién es la que está al mando.

-Esta bien,- ella dice prácticamente arrastrando los pies mientras la llevo fuera de la habitación hasta
llegar al pasillo. Pero luego nos detenemos unas cuantas puertas después y dice: -bien rápido ¿qué
hay aquí?

Y antes de que pueda detenerla, ella está entrando a La Habitación; el espacio sagrado de Edward.

Su santuario privado. Su espeluznante mausoleo.

Pero esta cambiado.

Y me refiero a que esta drástica y dramáticamente cambiado.

Todos los últimos rastros del tiempo personal de Edward han desaparecido por completo; sin ningún
Picasso, Van Gogh y butaca de terciopelo a la vista.

Todo eso ha sido reemplazado por una mesa de billar de felpa roja, una muy bien equipada barra de
mármol negro con lustrosos taburetes cromados y una larga fila de reclinadores en frente de una
pared cubierta de televisores de pantalla plana y no puedo evitar el preguntarme qué habrá pasado
con todas sus cosas, todos esos invaluables artefactos que solían ponerme los nervios de punta,
pero ahora que han sido reemplazados con estos modernos diseños, son como símbolos perdidos
de tiempos mejores.

Extraño al viejo Edward. Extraño a mi novio brillante, apuesto y caballeroso; que aún estaba muy
apegado a su pasado renacentista.

Este acicalado Edward del nuevo milenio es un extraño para mí y mientras miro una vez más
alrededor de esta habitación, me pregunto si será muy tarde para salvarlo.

-¿Pasa algo?- Bree pregunta, mirándome detenidamente. -Tu cara se ha puesto blanca.-

Yo agarro su brazo y la arrastro hacia las escaleras: -Necesitamos darnos prisa,- le digo. -¡Antes de
que sea tarde!.-
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Hola mis dulces lectores! Se que no tengo perdón ninguno, siempre digo que no estaré tanto tiempo desaparecida pero ende aquí... hace meses que no publico nada... siento vergüenza! Así que lo siento mucho! 
Vosotros siempre me estáis apoyando, siempre estáis ahí, y eso no  hay dinero que lo  pague.. Os amo por eso!
No se si recordáis esta historia.. pero después de muuuuuucho tiempo (años creo yo..) creo que es hora de terminarla.
Espero que las disfrutéis muchísimo, y os animo que os volváis a enamorar de ella. Dejar comentarios por favor!! Que aunque se que no me los merezco, son indispensables para mi, me dan mucha energía.

Espero que tengan un bonito domingo! Os quiero!

PD: pasaros por mi página en FF https://www.fanfiction.net/~mariia213





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