Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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viernes, 28 de mayo de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 6/4

— No puedo creerlo —comentó Grace—. ¿Las mujeres siempre se comportan así contigo?

— Sí —contestó él con la ira reflejada en la voz—. Por eso odio mostrarme en lugares públicos.

— No dejes que te moleste —le dijo Selena, mientras cogía una alita de pollo—. Definitivamente, tu presencia resulta muy útil. De hecho, propongo que lo saquemos más a menudo.

Grace dejó escapar un bufido.

— Sí, bueno; si esa criatura anota su nombre y su número de teléfono en la cuenta antes de dárnosla, tendré que darle un bofetón.

Selena estalló en carcajadas.

Antes de que Grace pudiese preguntar cualquier otra cosa, Cupido entró sin prisas en el restaurante, y se acercó hasta ellos.

Tenía un ligero moratón en el lado izquierdo de la cara, donde Julián lo había golpeado. Intentó mostrarse indiferente, pero aun así, Grace percibió la tensión en su interior, como si estuviese preparado para huir en un momento dado. Arqueó una ceja ante el pelo corto de Julián, pero no dijo ni una palabra mientras tomaba asiento junto a Selena.

— ¿Y bien? —preguntó Julián.

Cupido suspiró profundamente.

— ¿Quieres que primero te dé las malas noticias o prefieres las pésimas?

— Veamos… ¿qué tal si hacemos que mi día sea más memorable? Comienza con las pésimas y sigue con las malas para intentar mejorar el ambiente.

Cupido asintió.

— De acuerdo. En el peor de los casos, la maldición jamás se podrá romper.

Julián se tomó la noticia mejor que Grace; apenas si hizo un gesto de aprobación.

Grace miró a Cupido con los ojos entornados.

— ¿Cómo puedes hacerle esto? ¡Dios Santo!, mis padres habrían removido cielo y tierra para ayudarme, y tú te limitas a sentarte sin ni siquiera decirle lo siento. ¿Qué clase de hermano eres?

— Grace —la amonestó Julián—. No le retes. No sabemos qué consecuencias puede traer.

— Eso es cierto mort…

— Tócala —le interrumpió Julián— y utilizaré la daga que llevas en el cinturón para sacarte el corazón.

Cupido se movió para alejarse de él.

— Por cierto, te olvidaste algunos detalles jugosos cuando me contaste tu historia.

Julián le miró furioso, con los ojos entrecerrados.

— ¿Como qué?

— Como el hecho de que te acostaras con una de las sacerdotisas vírgenes de Príapo. Tío, ¿en qué estabas pensando? Ni siquiera te preocupaste de quitarle la túnica mientras la tomabas. No eras tan estúpido como para hacer eso, ¿se puede saber qué te ocurrió?

— Por si se te ha olvidado, estaba muy enfadado con él en aquel momento —dijo con amargura.

— Entonces deberías haber buscado a una de las seguidoras de mamá. Para eso están.

— Ella no fue la que mató a mi esposa. Fue Príapo.

Grace estuvo a punto de sufrir un infarto al escucharle. ¿Estaba hablando en serio?

Cupido ignoró la abierta hostilidad de Julián.

— Bueno, Príapo aún está un poco sensible con respecto al tema. Parece que lo ve como el último de tus insultos.

— ¡Ah, ya entiendo! —gruñó Julián—. El hermano mayor está enfadado conmigo por haberme atrevido a tomar a una de sus vírgenes consagradas, ¿es que esperaba que me sentara tan tranquilo y dejara que él matara a mi familia a su antojo? —La ira que destilaba su voz hizo que a
Grace se le erizara el vello de la nuca—. ¿Te molestaste en preguntarle a Príapo por qué fue tras ellos?

Cupido se pasó una mano por los ojos y dejó escapar un suspiro entrecortado.

— Claro, ¿recuerdas que perseguiste a Livio y lo derrotaste en Conjara? Pues él pidió que se vengara su muerte, justo antes de que le cortaras la cabeza.

— Estábamos en guerra.

— Ya sabes lo mucho que siempre te ha odiado Príapo. Estaba buscando una excusa para poder lanzarse sobre ti sin temor a sufrir represalias; y se la diste tú mismo.

Grace observó a Julián, cuyo rostro era una máscara inexpresiva.

— ¿Le has dicho a Príapo que quiero verlo? —le preguntó.

— ¿Estás loco? ¡Maldición! Claro que no. Mencioné tu nombre y estuvo a punto de estallar de furia. Dijo que podías pudrirte en el Tártaro durante toda la eternidad. Créeme, no te gustaría estar cerca de él.

— ¡Ja! ¡Me encantaría!

Cupido asintió.

— Vale, pero si lo matas, tendrás que vértelas con Zeus, Tesífone y Némesis.

— ¿Y crees que me asustan?

— Ya sé que no, pero no quiero verte morir de ese modo. Y si no fueses tan terco como una mula, al menos durante tres segundos, tú mismo te darías cuenta. ¡Venga ya! ¿De verdad quieres desencadenar la ira del gran jefe?

Por la expresión de Julián, Grace hubiera dicho que le daba exactamente igual.

— Pero —continuó Cupido—, mamá señaló que existe un modo de acabar con la maldición.

Grace contuvo la respiración mientras la esperanza revoloteaba en los ojos de Julián. Ambos esperaron a que Cupido se explicara.

En lugar de seguir, él se dedicó a observar el interior del sombrío local.

— ¿Crees que esta gente se come esta mier…?

Julián chasqueó los dedos delante de los ojos de su hermano.

— ¿Qué hago para romper la maldición?

Cupido se arrellanó en el asiento.

— Ya sabes que todo en el universo es cíclico. Todo lo que comienza tiene un final. Puesto que fue Alexandria la que originó la maldición, debes ser convocado por otra mujer dedicada a Alejandro.
Una que también necesite algo de ti. Debes hacer un sacrificio por ella y… —entonces, estalló en carcajadas.

Hasta que Julián se estiró por encima de la mesa y le agarró por la camiseta.

— ¿Y…?

Él le dio un empellón para que le soltara y adoptó una actitud seria.

— Bueno… —continuó mirando a Grace y a Selena—. ¿Nos disculpáis un momento?

— Soy una sexóloga —le dijo Grace—. Nada de lo que digas podrá sorprenderme.

— Y yo no pienso levantarme de esta mesa hasta que escuche los jugosos cotilleos —confesó Selena.

— De acuerdo entonces —convino Cupido, mientras miraba de nuevo a Julián—. Cuando la mujer consagrada a Alejandro te invoque, no podrás meter tu cucharita en su jarrita de mermelada hasta el último día. Será entonces cuando debáis uniros carnalmente antes de la medianoche, y te encargarás de no separar vuestros cuerpos hasta el amanecer. Si sales de ella en cualquier momento, por cualquier motivo, regresarás de inmediato al libro y la maldición seguirá vigente.

Julián maldijo y miró hacia otro lado.

— Exactamente —le contestó su hermano—. Sabes lo fuerte que es la maldición de Príapo. No hay una puñetera forma de que aguantes treinta días sin tirarte a tu invocadora.

— Ése no es el problema —dijo Julián entre dientes—. El problema radica en encontrar a una mujer consagrada a Alejandro que me invoque.

Con el corazón latiendo desenfrenado a causa de los nervios, Grace se incorporó en el asiento.

— ¿Qué significa lo de «una mujer consagrada a Alejandro»?

Cupido encogió los hombros.

— Que tiene que llevar el nombre de Alejandro.

— ¿Como apellido? —preguntó ella.

— Sí.

Grace alzó los ojos y buscó la mirada apesadumbrada de Julián.

— Julián, mi nombre completo es Grace Alexander.

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