Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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miércoles, 4 de agosto de 2010

Amante de ensueño * Capítulo 12/2

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.
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Los agentes se marcharon en el mismo instante que Selena llegaba en su coche. Salió del Jeep acompañada de un hombre alto y moreno que llevaba el brazo en un cabestrillo. Selena prácticamente corrió hasta la puerta.

— ¿Estás bien? —le preguntó a Grace mientras la abrazaba con fuerza.

— Sí —le contestó ella. Miró sobre su hombro y entonces saludó al hombre—. Hola Bill.

— Hola Grace. Hemos venido a echarte una mano.

Ella le presentó a Julián y los cuatro entraron en la casa.

Julián detuvo a Selena tan pronto como estuvieron dentro, y la llevó aparte.

— ¿Puedes mantenerla un rato aquí abajo?

— ¿Por qué?

— Tengo que ocuparme de algo.

Selena frunció el ceño.

— Claro, no hay problema.

Esperó hasta que Selena y su marido sentaron a Grace en el sofá. Entonces, fue a la cocina, cogió un par de bolsas de basura y se encaminó al vestidor.

Tan rápido como pudo, comenzó a ordenar todo aquel desastre para que Grace no tuviera que verlo de nuevo. Pero con cada trozo de papel que tocaba, su ira crecía.

Una y otra vez acudía a su mente la tierna expresión de Grace mientras buscaba un libro entre toda su colección. Si cerraba los ojos podía ver su pelo desparramado sobre su pecho mientras leía.

En ese momento, quiso la sangre de este tipo.

— ¡Joder! —exclamó Bill desde la puerta—. ¿Esto lo ha hecho él?

— Sí.

— Tío, menudo psicópata.

Julián no dijo nada y continuó arrojando los papeles a la bolsa. Su alma gritaba, clamando venganza. Lo que sentía hacia Príapo era una leve sombra de lo que en esos momentos pasaba por su mente.

Una cosa era hacerle daño a él. Pero herir a Grace…

Ya podían tener las Parcas compasión de ese tipo, porque él no pensaba tener ninguna.

— ¿Llevas mucho saliendo con Grace?

— No.

— Eso me parecía. Selena no te ha mencionado, pero pensándolo bien, tampoco se ha mostrado tan preocupada porque Grace se quedara sola desde su cumpleaños. Supongo que os conocisteis entonces.

— Sí.

— Sí, no, sí. No eres muy hablador, ¿verdad?

— No.

— Vale, lo he cogido. Hasta luego.

Julián se detuvo cuando encontró la cubierta de Peter Pan. La cogió y apretó los dientes. El dolor lo asaltó de nuevo. Ese libro era el preferido de Grace.

Lo apretó con fuerza un instante y después lo arrojó a la bolsa con el resto.

Grace no fue consciente del tiempo que pasó sentada en el sofá, sin moverse. Sólo sabía que se encontraba muy mal. El golpe de Rodney había sido muy fuerte.

Selena le trajo una taza de chocolate caliente.

Ella intentó beber, pero le temblaban tanto las manos que tuvo miedo de derramarlo y lo dejó a un lado.

— Supongo que necesito limpiarlo todo.

— Ya lo está haciendo Julián —le dijo Bill, que estaba sentado en el sillón haciendo zapping.

Grace frunció el ceño.

— ¿Qué?, ¿desde cuando?

— Hace poco estaba arriba, recogiéndolo todo en el vestidor.

Boquiabierta por la sorpresa, Grace subió en su búsqueda.

Julián estaba en la habitación de sus padres. Desde la puerta, observó cómo acaba de poner orden y se enderezaba. Dobló los pantalones de su padre de un modo que haría que Martha
Stewart hiciese una mueca de dolor, los colocó en el cajón y lo cerró.

La ternura la invadió ante la imagen del que fuera un legendario general ordenando su casa para evitar que ella sufriera. Su delicadeza le llegó al corazón.

Julián alzó los ojos y descubrió a Grace. La honda preocupación que reflejaban sus ojos azules la reconfortó.

— Gracias —dijo ella.

Él se encogió de hombros.

— No tenía otra cosa que hacer. —Aunque lo dijo con un tono despreocupado, algo en su actitud traicionaba su pretendida indiferencia.

— Aún así, te lo agradezco mucho —le dijo ella mientras entraba y miraba todo el trabajo que había hecho. Con el corazón en la garganta, colocó las manos sobre la cama de caoba—. Ésta era la cama de mi abuela —le dijo—. Todavía escucho la voz de mi madre cuando me contaba cómo mi abuelo la hizo para ella. Era carpintero.

Con la mandíbula tensa, Julián contempló la mano de Grace.

— Es duro, ¿verdad?

— ¿Qué?

— Dejar que los seres amados se vayan.

Grace sabía que Julián hablaba desde el fondo de su corazón. El corazón de un padre que añoraba a sus hijos.

Aunque la pesadilla ya no le persiguiese por las noches, ella le oía susurrar sus nombres, y se preguntaba si era consciente de la frecuencia con la que soñaba con ellos. Se preguntaba cuántas veces al día pensaba en ellos y sufría por su muerte.

— Sí —le contestó en voz baja—, pero tú lo sabes mejor que yo, ¿no es cierto?

Julián no contestó.

Grace dejó que su mirada vagara por la habitación.

— Supongo que ya va siendo hora de seguir adelante, pero te juro que aún puedo escucharlos, sentirlos.

— Es su amor lo que percibes. Aún está dentro de ti.

— ¿Sabes? creo que tienes razón.

— ¡Eh! —gritó Selena desde la puerta, interrumpiéndolos—. Bill está encargando una pizza, ¿os apetece comer algo?

— Sí —contestó Grace.

— ¿Y tú? —le preguntó Selena a Julián.

Julián sonrió a Grace.

— Me encantaría comer pizza.

Grace soltó una carcajada al recordar cómo Julián le había pedido pizza la noche que lo invocaron.
— Vale —dijo Selena—, pizza para todos.

Julián le dio a Grace los anillos de su madre.

— Los encontré en el suelo.

Se acercó a la cómoda para guardarlos, pero se detuvo. En lugar de eso, se los colocó en la mano derecha y, por primera vez después de unos cuantos años, se sintió reconfortada al verlos.

Al salir de la habitación, Julián cerró la puerta.

— No —le dijo Grace—, déjala abierta.

— ¿Estás segura?

Ella asintió.

Cuando entraron en su dormitorio, vio que Julián también lo había ordenado. Pero al contemplar las estanterías que habían guardado sus libros, ahora vacías, se le rompió de nuevo el corazón.

En esta ocasión no protestó cuando Julián cerró la puerta.

Horas más tarde y después de haber comido, Grace pudo convencer a Selena y a Bill de que se fueran.

— Estoy bien, de verdad —les aseguró por enésima vez en la puerta. Agradecida por la presencia de Julián, colocó la mano sobre su brazo—. Además, tengo a Julián.

Selena la miró con severidad.

— Si necesitas algo, me llamas.

— Lo haré.

Sin sentirse segura del todo, Grace cerró la puerta principal y subió a la habitación. Julián la siguió.

Se tumbaron en la cama, uno junto al otro.

— Me siento tan vulnerable… —susurró.

Él le acarició el pelo.

— Lo sé. Cierra los ojos y duerme tranquila. Estoy aquí. Yo te mantendré a salvo.

La rodeó con sus brazos y ella suspiró, reconfortada. Nadie la había consolado nunca como él lo hacía.

Tardó horas en dormirse. Cuando lo hizo, estaba rendida.

Se despertó con un silencioso grito.

— Estoy aquí, Grace.

Escuchó la voz de Julián a su lado y se calmó al instante.

— Gracias a Dios que eres tú —murmuró—. Tenía una pesadilla.

Julián depositó un ligero beso en su hombro.

— Lo sé.

Ella le dio un apretón en la mano antes de salir de la cama y prepararse para ir al trabajo.

Cuando intentó vestirse, le temblaban tanto las manos que no fue capaz de abotonarse la camisa.

— Déjame a mí —se ofreció Julián, apartándole las manos para poder hacerlo él—. No tienes por qué estar asustada, Grace. No dejaré que ese tipo te haga nada.

— Lo sé. Sé que la policía lo atrapará y, entonces, todo habrá acabado.

Él no contestó, y siguió ayudándola a colocarse la ropa.

Una vez estuvieron preparados, Grace condujo hasta la consulta, situada en el centro de la ciudad. Tenía un nudo tan grande en el estómago que le costaba respirar. Pero no podía encerrarse. No iba a dejar que Rodney controlara su vida. Ella era la que llevaba las riendas y nadie iba a cambiar eso. No sin luchar.

No obstante, estaba muy agradecida por la presencia de Julián. La reconfortaba de tal modo que no quería pensar demasiado a fondo en el porqué.

— ¿Cómo se llama esto? —preguntó Julián cuando entraron al antiguo ascensor del edificio de
finales de siglo.

Ella le enseñó cómo tirar para cerrar la puerta y, de inmediato, percibió la incomodidad de Julián al quedarse encerrados.

— Es un ascensor —le explicó Grace—. Aprietas estos botones y subes a la planta que quieres. Yo trabajo en el último piso, que es el octavo. —Y apretó el botón de diseño antiguo.

Julián se puso aún más nervioso cuando comenzaron a ascender.

— ¿Es seguro?

Ella alzó una ceja y lo miró con curiosidad.

— No me puedo creer que el hombre que se enfrentaba sin miedo a los ejércitos romanos esté ahora asustado de un simple ascensor.

Julián le dedicó una mirada irritada.

— Sé lo que son los romanos, pero esto me resulta desconocido

Grace le rodeó el brazo con el suyo.

— No es muy complicado. —Señaló a la trampilla del techo—. Sobre esa puertecilla hay unos cables que suben y bajan la cabina, y también hay un teléfono —dijo, señalando el intercomunicador situado bajo los botones—. Si el ascensor se queda atascado, lo único que hay que hacer es apretar el botón del teléfono y, el equipo de emergencia acudirá de inmediato.

Los ojos de Julián se oscurecieron.

— ¿Y suele quedarse atascado con mucha frecuencia?

— La verdad, no. Llevo trabajando en este edificio cuatro años y no ha sucedido ni una sola vez.

— Y si no estabas dentro, ¿cómo lo sabes?

— Los ascensores tienen una alarma que se activa si se quedan atascados. Confía en mí, si nos quedamos encerrados aquí dentro alguien nos oirá.

Julián dejó vagar su mirada alrededor del reducido espacio y, por la luz que había en sus ojos
Grace supo las malvadas ideas que le pasaban por la cabeza.

— ¿Puedes hacer que se detenga a propósito?

Ella se rió a carcajadas.

— Sí, pero no quiero que me pillen en flagrante delicto en el trabajo.

Él inclinó la cabeza y depositó un leve beso en su mejilla.

— Pero ser pillado en flagrante delicto en el trabajo puede ser muy divertido.

Grace lo abrazó con fuerza. ¿Qué había en él que le hacía sentirse feliz? Sin importar lo que ocurriera, Julián siempre conseguía que las cosas fueran mucho más divertidas. Más brillantes.

— Eres malo —le dijo, y se apartó de él de mala gana.

— Cierto, pero te encanta.

Ella volvió a reírse.

— Tienes toda la razón. Me encanta que seas malo.

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