Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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lunes, 23 de agosto de 2010

Un amante de ensueño * Capítulo 15/1

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.
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Julián mantuvo la distancia entre ellos lo que quedaba del fin de semana. Por mucho que Grace intentaba derribar la barrera que lo rodeaba, él la apartaba sin dudarlo.


Ni siquiera quería que le leyera.

Totalmente descorazonada, se fue al trabajo el lunes por la mañana, pero ni siquiera debería haberse molestado en acudir a la consulta. No podía concentrarse en otra cosa que no fuesen sus celestiales ojos azules, cargados de confusión.

— ¿Grace Alexander?

Grace alzó la mirada del escritorio y vio a una mujer rubia, increíblemente hermosa, de poco más de veinte años que estaba parada en el hueco de la puerta. Parecía que acababa de salir de un desfile de modas en Europa, con aquel traje de seda roja de Armani y las medias y los zapatos a juego.

— Lo siento —le dijo Grace—. Mi hora de visitas ha acabado. Si quiere volver mañana…

— ¿Tengo aspecto de necesitar a una sexóloga?

A primera vista, no. Pero claro, Grace había aprendido hacía ya mucho tiempo a no hacer juicios apresurados sobre los problemas de la gente.

Sin que la invitara, la mujer entró tranquilamente a su consulta con un andar presuntuoso y elegante que le resultaba extrañamente familiar. Caminó hacia la pared donde estaban colgados los títulos y certificados de Grace.

— Impresionante —le dijo. Pero su tono expresaba todo lo contrario.

Se volvió para observar concienzudamente a Grace y, por la mueca burlona en su rostro, ésta supo que la mujer la encontraba seriamente deficiente.

— No eres lo bastante hermosa para él, ¿sabes? demasiado baja y demasiado rechoncha. ¿Y dónde has encontrado ese vestido?

Completamente ofendida, Grace adoptó una postura rígida.

— ¿Cómo dice?

La mujer ignoró su pregunta.

— Dime, ¿no te molesta estar cerca de un hombre como Julián, sabiendo que si tuviese oportunidad, jamás querría estar contigo? Tiene un cuerpo tan bien formado, es tan elegante… Tan fuerte y cruel… Sé que nunca antes has tenido detrás de ti a un hombre como él, y jamás volverás a tenerlo.

Atónita, Grace no era capaz de hablar.

Y tampoco tuvo que hacerlo; la mujer siguió sin detenerse.

— Su padre era como él. Imagínate a Julián con el pelo oscuro, un poco más bajo y de apariencia más vulgar, no tan refinado. Pero aún así, ese hombre tenía unas manos que… Mmm… —Sonrió pensativamente, con la mirada perdida—. Por supuesto Diocles tenía todo el cuerpo marcado por horribles cicatrices de las batallas; tenía una espantosa que le atravesaba la mejilla izquierda. —Entrecerró los ojos con ira—. Jamás olvidaré el día que intentó marcar a Julián con una daga, para hacerle esa misma cicatriz. En ese momento hubiera deseado que viviese lo suficiente para arrepentirse de esa infracción, pero me aseguré de que no lo hiciera. Julián es físicamente perfecto, y jamás permitiré que nadie estropee la belleza que yo le di. —La fría y calculadora mirada que Afrodita dedicó a Grace hizo que ésta se estremeciera.

— No compartiré a mi hijo contigo.

La posesividad de las palabras de la diosa despertó la ira de Grace. ¿Cómo se atrevía a aparecer ahora y a decir tal cosa?

— Si Julián significa tanto para ti, ¿por qué lo abandonaste?

Afrodita la miró, furiosa.

— ¿Crees que me dejaron otra opción? Zeus se negó a darle la ambrosía; ningún mortal puede vivir en el Olimpo. Antes de que pudiera siquiera protestar, Hermes me lo quitó de los brazos y lo entregó a su padre.

Grace vio el horror en el rostro de Afrodita al recordar aquel momento.

— Mi dolor por su pérdida iba más allá de los límites humanos. Inconsolable, me encerré para alejarme de todo. Cuando fui capaz de enfrentarme a todos ellos de nuevo, habían pasado catorce años en la tierra. Apenas si reconocí al bebé que yo había amamantado. Y él me odiaba. —Sus ojos brillaron como si estuviese luchando por contener las lágrimas.

» No tienes idea de lo que es ser madre, y que ese hijo que has llevado en tu vientre maldiga hasta tu propio nombre.

Grace comprendía su dolor, pero era a Julián a quien amaba; y su sufrimiento era lo que más le preocupaba.

— ¿Alguna vez intentaste decirle cómo te sentías?

— Por supuesto que lo hice —espetó la diosa—. Le envié a Eros con mis regalos. Me los devolvió, con un mensaje que un hijo no debería decirle a su madre jamás.

— Estaba herido.

— Y yo también —gritó Afrodita. Todo su cuerpo temblaba de furia.

Desconfiada y bastante asustada por lo que una diosa enfadada pudiera hacer con ella, Grace observó cómo Afrodita cerraba los ojos y respiraba hondo para calmarse.

Cuando volvió a hablar, lo hizo con voz dura y el cuerpo tenso.

— Aún así, envié de nuevo a Eros con más regalos para Julián. Los rechazó todos. Me vi a obligada a presenciar cómo juraba lealtad y servicio a Atenea en venganza. —Masculló el nombre de la diosa como si la despreciara.

» Fue en su nombre que conquistó ciudades con los dones que yo le otorgué cuando nació: la fuerza de Ares, la templanza de Apolo y las bendiciones de las Musas y las Gracias. Incluso lo sumergí en el río Estigio para asegurarme de que ningún arma humana pudiera matarlo o dejarlo marcado y, a diferencia de lo que hizo Tetis con Aquiles, sumergí también sus tobillos para que no tuviese ni un solo punto vulnerable. —Meneó la cabeza como si aún no pudiese creer lo que Julián hizo.

» Hice todo lo que estuvo en mis manos por ese chico, y él no me demostró la más mínima gratitud. Ni el respeto que merecía. Finalmente, dejé de intentarlo. Puesto que rechazaba mi amor, me aseguré de que nadie lo amara jamás.

El corazón de Grace se detuvo al escuchar el egoísmo de la diosa.

— ¿Que hiciste qué?

Afrodita alzó la barbilla, altanera, como una reina orgullosa de sus frías y sangrientas hazañas.

— Le maldije del mismo modo que él lo hizo conmigo. Me aseguré de que ninguna mujer humana pudiese mirarlo sin desear su cuerpo, y de que todo hombre que estuviese a su alrededor lo envidiara profundamente.

Grace no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo podía una madre ser tan cruel?

Y tan pronto como ese pensamiento se alejó de su mente, la asaltó otro aún más horrible:

— Tú fuiste la culpable de que Penélope muriera, ¿verdad?

— No, eso fue obra de Julián. Por supuesto que yo estaba enfurecida cuando Eros me contó lo que había hecho por su hermano, y también porque Julián había acudido a él y no a mí.

» Puesto que no podía deshacer lo que la flecha de Eros había conseguido, decidí mermar sus efectos. Lo que Julián tuvo con Penélope fue algo insípido, y él lo sabe. —Afrodita se acercó hasta la ventana y contempló la ciudad.

» Si Julián hubiese acudido a mí alguna vez, habría dejado que Penélope lo amara. Pero no lo hizo. Lo observé acercarse a ella, noche tras noche, tomándola una y otra vez, y percibí su malestar, su angustia porque sabía que su esposa no lo amaba. Y todavía seguía rechazándome y maldiciéndome.

» Fueron las lágrimas que derramé por él a lo largo de los años lo que puso a Príapo en su contra. Siempre ha sido el más leal de mis hijos. Debí detenerlo tan pronto como supe que quería la sangre de Julián, pero no lo hice. Ansiaba que la ira de Príapo consiguiera que Julián me buscara e implorara mi ayuda. —Apretó los dientes.

» Pero no lo hizo.

Grace comprendía su dolor, pero eso no cambiaba lo que le había hecho a su hijo.

— ¿Cómo es que Julián acabó siendo maldecido?

La diosa tragó saliva.

— Todo comenzó la noche que Atenea le contó a Príapo que no existía otro hombre más valiente y fuerte que Julián. Ella lo retó a enfrentar a su mejor general con Julián. Dos días más tarde, contemplé cómo Julián cabalgaba hacia la batalla y supe que no perdería. Cuando venció al ejército romano, Príapo se enfureció.

» Eros se fue de la lengua y le contó lo que había hecho. Al instante, Príapo fue en busca de Jasón y Penélope. Yo no sabía las repercusiones que iba a tener. —Se envolvió la cintura con los brazos.

» Nunca tuve intención de que los niños murieran. No te imaginas las veces que me pregunto al cabo del día por qué dejé que ocurriera aquello.

— ¿No hubo ningún modo de evitarlo?

Afrodita negó tristemente con la cabeza.

— Incluso mis poderes están limitados por las Parcas. Cuando Julián se dirigió a mi templo, tras verlos a todos muertos, contuve el aliento pensando que por fin acudía en busca de mi ayuda. Y entonces vio a esa puerca con la túnica de Príapo que se arrojó a sus brazos y le pidió que tomara su virginidad antes de que tuviese lugar la ceremonia en la que sería reclamada por mi otro hijo. Si Julián hubiese pensado con claridad, sé que la habría rechazado. —El rostro de la diosa se ensombreció por la furia.

» Si no hubiese sido por Alexandria, ese día mi hijo hubiese venido a mí. Sé que me habría pedido ayuda. Pero era demasiado tarde. Todo acabó en el mismo momento en que se derramó en ella.

— ¿Y aún así te negaste a ayudarlo?

— ¿Cómo podía elegir entre dos de mis hijos?

Grace se horrorizó ante la pregunta.

— ¿Y no fue eso lo que hiciste cuando permitiste que encerraran a Julián en un pergamino?

Los ojos de Afrodita brillaron con tal malicia que Grace dio un paso atrás.

— Julián fue quien me rechazó. Todo lo que tenía que hacer era pedirme ayuda y yo se la habría dado.

Grace no podía creer lo que estaba oyendo. Para ser una diosa, Afrodita era bastante egoísta y corta de entendederas.

— Toda esta tragedia porque ninguno de los dos ha querido rebajarse a suplicar al otro. No puedo creer que concedieras a Julián la fuerza de Ares y luego lo maldijeras por esa fuerza que tú misma le otorgaste. En lugar de esperarlo o de enviar a otros en tu nombre, ¿no se te ocurrió nunca ir en persona?

Afrodita la miró furiosa e indignada.

— Yo soy la Diosa del Amor, ¿cómo quieres que me arrastre? ¿Tienes la más ligera idea de lo embarazoso que es para mí que mi propio hijo me odie?

— ¿Embarazoso? Tienes al resto del mundo para amarte. Julián no tiene a nadie.

Afrodita se acercó a ella, furiosa.

— Aléjate de él. Te lo advierto.

— ¿Por qué? ¿Por qué me amenazas cuando no lo hiciste con Penélope?

— Porque él no la amaba.

Grace se quedó paralizada.

— ¿Estás diciéndome…?

La diosa se esfumó.

— ¡Venga ya! —gritó Grace mirando al techo—. ¡No puedes esfumarte en mitad de una conversación!

— ¿Grace?

La voz de Beth hizo que diera un respingo. Girándose de inmediato, la vio asomándose por la puerta.

— ¿Con quién estás hablando? —le preguntó Beth.

Grace hizo un gesto abarcando la consulta y después pensó que no sería muy inteligente decirle a su compañera la verdad.

— Conmigo misma.

Beth la miró sin acabar de creérselo.

— ¿Tienes la costumbre de gritarte a ti misma?

— A veces.

Beth alzó una de sus oscuras cejas.

— Me parece que necesitas una sesión —comentó mientras se alejaba.

Haciendo caso omiso de su compañera, Grace no perdió tiempo en recoger sus cosas. Estaba deseando llegar a casa para ver a Julián.

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