Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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miércoles, 4 de agosto de 2010

Amante de ensueño * CapítuLo 12/3

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.
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Las puertas se abrieron y Grace se encaminó hacia su consulta, situada muy cerca del ascensor.
Julián la siguió.

Lisa los miró cuando entraron y abrió los ojos de par en par. Sus labios dibujaron una amplia sonrisa al contemplar a Julián.

— Doctora Grace —dijo, jugueteando con un mechón rubio de sus cabellos—, su novio es una bomba.

Meneando la cabeza, Grace los presentó y, después, le enseño a Julián su consulta. Él se quedó de pie, observando a través de los ventanales mientras Grace encendía el ordenador y dejaba el bolso en el cajón de su escritorio.

Ella se detuvo al percibir que Julián la miraba fijamente.

— ¿De verdad vas a pasarte todo el día aquí?

Él se encogió de hombros.

— No tengo nada mejor que hacer.

— Te vas a aburrir.

— Te aseguro que estoy más que acostumbrado al aburrimiento.

Lo malo era que Grace lo sabía. Colocó una mano sobre su mejilla al imaginárselo dentro del libro, solo, encerrado en la más completa oscuridad.

Se puso de puntillas y lo besó con ternura.

— Gracias por acompañarme hoy. No creo que hubiera podido estar aquí de no ser por ti.

Él mordisqueó sus labios.

— Es un placer.

Lisa la llamó por el intercomunicador.

— Doctora Grace, su cita de las ocho está aquí.

— Esperaré fuera —le dijo Julián.

Grace le dio un apretón en la mano antes de dejar que se marchara.

Durante la siguiente hora, no fue capaz de concentrarse en su paciente. Sus pensamientos volaban al hombre que la aguardaba fuera, y no paraban de dar vueltas a lo mucho que significaba para ella.

Y a lo aborrecible que encontraba el hecho de que se marchara.

Tan pronto como acabó la sesión, acompañó a su paciente a la puerta.

Lisa estaba enseñando a Julián a hacer solitarios en el ordenador.

— Doctora Grace —le dijo—, ¿sabe que Julián no había jugado antes al solitario?

Grace intercambió una sonrisa chispeante con Julián.

— ¿En serio?

Lisa se apartó de Julián para echar un vistazo a la agenda.

— Por cierto, su cita de las tres ha sido cancelada. Y la de las nueve ha llamado para decir que llegará unos minutos tarde.

— De acuerdo. —Grace señaló a la puerta con el pulgar—. Mientras jugáis, voy un momento al coche. Olvidé mi Palm Pilot.

Julián alzó la mirada.

— Yo iré.

Grace negó con la cabeza.

— Yo puedo hacerlo.

Sin contestarle, él rodeó el escritorio de Lisa y extendió la mano para que Grace le diera las llaves.

— Yo iré —dijo con un tono que no admitía réplicas.

Como no tenía ganas de discutir, le dio las llaves.

— Está bajo mi asiento.

— Vale, no tardaré nada.

Grace le hizo un saludo militar.

Con gesto de pocos amigos, salió de la oficina y se encaminó hacia el ascensor, al final del pasillo.

Iba a apretar el botón cuando se detuvo. ¡Por los dioses!, cómo odiaba esa cosa estrecha y cuadrada.

Y la idea de estar allí dentro, solo…

Echó un vistazo a su alrededor y vio las escaleras. Sin dudarlo ni un instante, se dirigió hacia ellas.

Grace estaba intentando encontrar el informe de Rachel en su maletín, pero cayó en la cuenta de que había dejado un par de archivadores en el asiento trasero del coche.

— ¿Dónde tengo hoy la cabeza? —se reprendió. Pero no hizo falta que pensara mucho la
respuesta. Sus pensamientos estaban divididos entre dos hombres que habían alterado su vida por completo.

Enfadada consigo misma por no ser capaz de concentrarse, cogió el maletín y salió de la consulta, detrás de Julián.

— ¿Dónde va, Doctora? —le preguntó Lisa.

— Me he dejado unos cuantos informes en el coche. No tardo.

Lisa asintió.

Grace se acercó al ascensor. Aún estaba rebuscando en el maletín en busca de los archivos cuando se abrieron las puertas.

Sin prestar mucha atención, entró en al ascensor y, de forma automática, apretó el botón de la planta baja.

Justo cuando las puertas se cerraron, se percató de que no estaba sola.

Rodney Carmichael estaba justo enfrente, mirándola fijamente.

— ¿Me vas a decir quién es él?

Grace se quedó helada mientras la invadían el terror y la furia. ¡Sentía deseos de despedazarlo!
Pero aunque su altura fuese escasa para ser un hombre, aún le sacaba una cabeza.

Y era muy inestable.

Ocultando el pánico, ella le habló con calma

— ¿Qué hace usted aquí?

Él hizo un mohín.

— No me has contestado. Quiero saber de quién era la ropa que había en tu casa.

— Eso no es de su incumbencia.

— ¡No digas tonterías! —chilló.

Se balanceaba al borde de la locura y lo último que Grace necesitaba era que él se hundiera en el abismo mientras estuvieran encerrados en el ascensor.

— Todo lo que te rodea es asunto mío.

Grace intentó hacerse con el control de la situación.

— Escúcheme, señor Carmichael. No le conozco de nada, y usted no me conoce a mí. No entiendo por qué se ha obsesionado conmigo, pero quiero que esta situación llegue a su fin.

Él apretó el botón que detenía el ascensor.

— Ahora, me vas a escuchar, Grace. Estamos hechos el uno para el otro. Lo sabes igual que yo.

— Muy bien —le contestó ella, intentando apaciguarlo—. Vamos a discutir esto en mi consulta. —
Y apretó el botón para que el ascensor comenzara a moverse de nuevo.

Él volvió a detenerlo.

— Hablaremos aquí.

Grace tomó una profunda bocanada de aire; las manos empezaban a temblarle. Tenía que salir de allí sin enfadarlo aún más.

— Estaríamos mucho más cómodos en mi consulta.

En esta ocasión, cuando ella fue a apretar el botón él le cogió la mano.

— ¿Por qué no hablas conmigo? —le preguntó él.

— Estamos hablando —contestó Grace mientras se aproximaba lentamente al intercomunicador.

— Apuesto a que hablas con él, ¿verdad? Apuesto a que pasas horas riendo y haciendo Dios sabe qué cosas con él. Dime quién es.

— Señor Carmichael…

— ¡Rodney! —gritó—. ¡Maldita sea! Me llamo Rodney.

— Vale, Rodney. Vamos a…

— Apuesto a que te ha puesto sus sucias manos encima, ¿verdad? —le preguntó mientras la aprisionaba en el rincón, de espaldas al teléfono—. ¿Cuántas veces te has acostado con él desde que me conociste, eh?

Grace se estremeció ante la salvaje mirada de aquellos ojos, pequeños y brillantes. Estaba perdiendo el control de su mente.

Grace intentó agarrar el auricular pero, antes de poder acercárselo a la oreja, él lo agarró.

— ¿Qué coño estás haciendo? —le preguntó él.

— Necesitas ayuda.

Rodney estrelló el auricular contra el panel de botones.

— No necesito ninguna ayuda. Sólo necesito que hables conmigo. ¿Es que no me oyes? ¡Sólo necesito que hables conmigo! —gritó, mientras estrellaba el teléfono contra el panel, enfatizando cada palabra con un golpe.

Aterrorizada, Grace contempló cómo el auricular se hacía pedazos. Rodney comenzó a tirarse del pelo.

— Te ha besado, lo sé. —Repetía una y otra vez la misma frase, mientras se arrancaba el pelo a tirones.

¡Santo Dios! Estaba atrapada con un loco.

Y no había salida.

Julián regresó a la consulta de Grace con el Palm Pilot.

— ¿Dónde está Grace? —le preguntó a Lisa al no encontrarla en su escritorio.

— ¿No se ha encontrado con ella? Salió unos minutos después que usted. Iba a su coche.

Julián frunció el ceño.

— ¿Está segura?

— Claro. Dijo que se había dejado unos informes o algo.

Antes de poder preguntarle cualquier otra cosa, una atractiva mujer afroamericana vestida con un conservador traje negro y con un maletín en la mano, entró a la oficina.

Se detuvo en la puerta y se quitó un zapato con un puntapié, para frotarse el talón.

— Definitivamente, hoy es lunes —le dijo a Lisa—. Sólo me faltaba tener que subir ocho pisos por la escalera porque el ascensor se ha quedado atascado. Y ahora, ¿qué maravillosas noticias tienes para mí?

— Hola, doctora Beth —la saludó Lisa alegremente, mientras pasaba la mano sobre el libro de citas—. Su cita de las nueve es Rodney Carmichael.

Julián se quedó paralizado.

— Oh, no. Espere —dijo Lisa—. Esa cita es de la doctora Grace. La suya…

— ¿Ha dicho Rodney Carmichael? —le preguntó a la secretaria.

— Sí. Llamó para cambiar la cita.

Julián no esperó a que Lisa terminara de hablar. Arrojó el Palm Pilot sobre el escritorio y salió corriendo de la oficina hacia el ascensor. Con el corazón latiendo desbocado, sólo podía pensar en llegar hasta Grace lo más rápido posible.

Fue entonces cuando comprendió que el ruido que había estado escuchando era una alarma.

Un escalofrío de terror le recorrió la espalda al comprender lo que había sucedido. Rodney había detenido el ascensor con Grace dentro. Estaba seguro.

De repente, se escuchó un grito sofocado tras las puertas cerradas del ascensor.

Con la visión nublada por la furia y el miedo, tiró de las puertas hasta abrirlas.

Y se quedó helado.

No se veía el ascensor. Sólo un abismo negro, muy parecido al libro. Peor aún, bajar por allí sería como descender hacia su infierno. Un infierno oscuro, asfixiante y estrecho.

Luchó para poder respirar y superar el miedo.

En su corazón, sabía que Grace estaba allí abajo. Sola con un loco y sin nadie que la ayudara.

Apretando los dientes, dio un paso hacia atrás y tomó impulsó para alcanzar de un salto los cables.

Grace apartó a Rodney con un violento empujón.

— ¡No voy a compartirte con nadie! —gruñó él, agarrándola de nuevo por el brazo—. Eres mía.

— No pertenezco a nadie —le contestó ella, propinándole un rodillazo en la entrepierna.

El hombre cayó de rodillas al suelo.

Desesperada, Grace intentó subir por las barras laterales para poder alcanzar la trampilla del techo. Si pudiese llegar hasta allí…

Rodney la agarró por la cintura y la estrelló de espaldas contra el rincón.

Con el rostro contraído por la furia, colocó los brazos a ambos lados de Grace.

— ¡Dime cómo se llama el hombre que ha estado dentro de ti, Grace! Dímelo para que sepa a quién tengo que matar.

Con una escalofriante mirada en sus ojos vacíos, comenzó a arañarse el rostro y el cuello hasta hacerse sangrar.

— ¿No sabes que eres mi mujer? Vamos a estar juntos. Sé cómo cuidar de ti. Sé lo que necesitas.
¡Soy mucho mejor que él!

Grace se agachó, para alejarse un poco de él, se quitó los zapatos de tacón y los cogió. No es que fuesen las mejores armas, pero eran mejor que nada.

— ¡Quiero saber con quién has estado! —chilló él.

En el mismo instante en que Rodney daba un paso hacia atrás, la trampilla se abrió. Grace miró hacia arriba.

Julián se tiró desde el hueco y cayó agachado como un sigiloso depredador. Lo rodeaba un aura de peligrosa tranquilidad, pero la expresión de sus ojos era aún más terrorífica. Iluminados por la ira del infierno, estaban clavados en Rodney con mortal determinación, y lanzaban fuego.

Se puso en pie lentamente, hasta enderezarse del todo.

Rodney se quedó paralizado al ser consciente de la altura de Julián.

— ¿Quién coño eres tú?

— El hombre con el que ella ha estado.

Rodney abrió la boca por la sorpresa.

Julián miró escuetamente a Grace para asegurarse de que se encontraba sana y salva, y volvió su atención de nuevo a Rodney, lanzando un rugido.

Aplastó al tipo contra la pared con tanta fuerza que Grace pensó que habían dejado una señal en los paneles de madera.

Julián lo agarró por la camisa y volvió a golpearlo contra la pared.

Cuando habló, la frialdad de su voz hizo que Grace se estremeciera.

— Es una pena que no seas lo suficientemente grande para poder matarte, porque quiero verte muerto —le dijo apretando los puños—. Pero pequeño o no, si vuelvo a encontrarte cerca de
Grace otra vez o haces que derrame una sola lágrima más, no habrá fuerza en este mundo ni en el más allá que me impida hacerte trizas. ¿Lo has entendido?

Rodney luchó inútilmente para zafarse de los puños de Julián.

— ¡Es mía! Te mataré antes de que te interpongas entre nosotros.

Julián ladeó la cabeza como si no pudiese creer lo que acababa de oír.

— ¿Estás loco?

Rodney lanzó una patada al vientre de Julián.

Él le dio un puñetazo en la mandíbula con los ojos ensombrecidos. Rodney cayó desmadejado al suelo.

Mientras Julián se agachaba junto al tipo, Grace suspiró aliviada. Todo había acabado.

— Es mejor que te mantengas inconsciente —lo amenazó Julián.

Se enderezó y abrazó a Grace hasta casi aplastarla.

— ¿Estás bien, Grace?

Ella no podía respirar pero, en ese momento, no le importaba.

— Sí, ¿y tú?

— Mejor, ahora que sé que estás bien.

Unos minutos después, la policía consiguió abrir las puertas del ascensor y Grace vio que habían quedado atrapados entre dos pisos.

Julián la alzó por la cintura y ella agarró la mano que le tendía un policía para ayudarla a llegar hasta el suelo.

Una vez estuvo fuera del ascensor, frunció el ceño mientras observaba a los tres agentes que
estaban ayudando a Julián a sacar el cuerpo inconsciente de Rodney.

— ¿Cómo supieron que estábamos ahí?

El agente de más edad retrocedió un paso y dejó que los otros dos hombres alzaran a Rodney para sacarlo.

— La operadora del servicio de emergencias nos llamó. Dijo que parecía haber una guerra en el ascensor.

— Y lo fue —le contestó ella, nerviosa.

— ¿A quién esposamos?

— Al que está inconsciente.

Mientras Grace esperaba que Julián llegara a su lado, observó la oscuridad que reinaba en el hueco del ascensor, por donde él había bajado para llegar hasta ella. Era un espacio muy reducido.

Recordó la mirada en el rostro de Julián, la noche que apagó la luz. Y la expresión alterada que tenía poco antes, cuando subieron a su consulta.

Aún así, había venido a rescatarla.

Abrumada, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Ha sido capaz de pasar por eso para protegerme.

Tan pronto como salió del ascensor, Grace lo abrazó con fuerza.

Julián temblaba a causa de la fuerza de las emociones que sentía. Estaba tan aliviado al verla sana y salva… La cogió por la cintura y la besó.

— ¡No!

Julián la soltó en el mismo instante que Rodney se zafaba de una patada del policía. Las esposas le colgaban de una de las muñecas mientras se hacía con la pistola del agente y apuntaba.

Acostumbrado a reaccionar en mitad de una batalla, Julián agarró a Grace y la empujó hacia la izquierda en el instante en que Rodney disparaba.

El disparo pasó rozándolos, y fue seguido por otros dos más. Otro de los agentes, el de más edad, había disparado a Rodney.

Grace intentó acercarse, pero Julián se lo impidió.

La mantuvo pegada a él, con el rostro enterrado en su pecho, mientras observaba cómo Rodney moría.

— No mires, Grace —susurró—. Hay ciertos recuerdos que no necesitas conservar.

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