Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 26 de agosto de 2010

Un amante de ensueño * Capítulo 16/2

Esta novela no me pertenece, es de Sherrilyn Kenyon. Yo solo la publico para que disfruteis tanto como yo. Los capítulos, estan divididos en varias partes, para que sea mas fácil su lectura. Esta novela es de Rated M, contenido para adultos, y lemmon.

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Ella suspiró con fuerza y abrió el libro.


— Me van a joder bien por esto.

Súbitamente, otro destello cegador iluminó la sala y Grace tuvo que cerrar los ojos. La cabeza comenzó a darle vueltas y todo pareció girar a su alrededor, haciendo que su estómago protestara.

¿Por esto pasaba Julián cada vez que alguien lo invocaba? No lo sabía con certeza, pero ya era bastante terrorífico y por sí solo suponía una tortura.

Y, entonces, la luz desapareció.

Grace cayó a un profundo foso donde la oscuridad era un ente con vida que la ahogaba, impidiéndole respirar y haciendo que le escocieran los ojos.

Intentó incorporarse para frenar la caída y sintió bajo ella una superficie mullida que le resultaba familiar.

La luz volvió y se encontró en su cama, con Julián sobre ella.

Él miró alrededor, perplejo.

— ¿Cómo…?

— Será mejor que esta vez no la fastidiéis —les dijo Afrodita desde la puerta—. No quiero ni pensar en lo que me harán los de arriba si intento esto de nuevo.

Y se esfumó.

Julián dejó de mirar el hueco de la puerta y clavó los ojos en Grace.

— Grace, yo…

— Cállate, Julián —le ordenó; no quería perder más tiempo— y enséñame cómo quieren los dioses que un hombre ame a una mujer.

Diciendo esto, lo agarró por la cabeza y lo acercó para darle un beso apasionado y profundo.

Él se lo devolvió con ferocidad, y con un poderoso y magistral envite se introdujo en ella.

Echó la cabeza hacia atrás y gruñó cuando el húmedo cuerpo de Grace le dio la bienvenida, envolviéndolo con su calidez. El impacto que sufrieron sus sentidos fue tan poderoso que se estremeció de la cabeza a los pies. Por los dioses, era mucho mejor de lo que había imaginado.

Recordaba las palabras que le había dirigido.

«No quiero vivir sin ti, Julián. ¿Lo entiendes? No puedo vivir sin ti.»

Con la respiración entrecortada, la miró a la cara y quedó subyugado al sentir a Grace, cálida y estrecha, alrededor de su verga. Deslizó la mano por su brazo, hasta capturar su mano y aferrarla con fuerza.

— ¿Te estoy haciendo daño?

— No —le contestó con una mirada tierna y sincera. Se llevó la mano de Julián a los labios y la besó—. Jamás me harás daño estando conmigo.

— Si lo hago, dímelo y me detendré.

Ella lo rodeó con los brazos y las piernas.

— Si se te ocurre sacarla antes del amanecer te perseguiré durante toda la eternidad para darte una paliza.

Julián se rió; no le cabía la menor duda.

Grace le pasó la lengua por el cuello y se deleitó al sentir cómo vibraba entre sus brazos.

Él alzó las caderas, muy lentamente, torturándola con el movimiento y, sin previo aviso, se hundió en ella con tanta fuerza que Grace creyó morir de placer.

Contuvo el aliento al sentirlo por completo dentro de ella. Era una sensación increíble. Era maravilloso sentir las embestidas de ese cuerpo ágil y fuerte.

Cerró los ojos y disfrutó del movimiento de los músculos de Julián, que se contraían y se relajaban sobre su cuerpo. Entrelazó las piernas con las suyas y la embrujó el cosquilleo que producía el vello masculino.

Jamás había sentido algo parecido. Se limitaba a respirar y a expresar con su cuerpo el amor que sentía por él. Era suyo. Aunque luego la abandonara, disfrutaría de este momento de gloria junto a él.

Extasiada por el peso de su cuerpo sobre ella, le pasó las manos por la espalda hasta llegar a las caderas y lo empujó, incitándolo a ir más rápido.

Julián se mordió los labios cuando sintió que Grace le clavaba las uñas en la espalda. ¿Cómo era posible que unas manos tan pequeñas tuvieran el poder de vencerlo?

Jamás lo entendería; como tampoco entendería por qué lo amaba.

Se lo agradecía en el alma.

— Mírame, Grace —le dijo, hundiéndose profundamente en ella de nuevo—. Quiero ver tus ojos.

Grace obedeció. Julián tenía los ojos entrecerrados y, por su modo de respirar y la expresión de su rostro, supo que estaba disfrutando de cada certera embestida. Ella sentía cómo se le contraían los abdominales cada vez que se movía.

Alzó las caderas para salir al encuentro de los furiosos envites. Nada podía ser mejor que tener a Julián sobre ella, besándola con pasión y deslizándose dentro y fuera de su entrepierna.

Cuando creyó que ya no podría resistirlo más, su cuerpo estalló en miles de estremecimientos de placer.

— ¡Julián! —gritó, arqueando más su cuerpo hacia él—. ¡Sí, oh, sí!

Él se hundió en ella hasta el fondo y permaneció inmóvil, observándola mientras los músculos de su vagina se contraían a su alrededor.

Cuando ella abrió los ojos, se encontró con su diabólica sonrisa.

— Te ha gustado eso, ¿verdad? —le preguntó, mostrando sus hoyuelos y rotando sus caderas para que ella lo sintiera dentro.

A Grace le costó un enorme esfuerzo no gemir de placer.

— Ha estado bien.

— ¿Bien? —le preguntó con una sonrisa—. Creo que tendré que seguir intentándolo.

Se dio la vuelta y la arrastró consigo, con cuidado de que su miembro no la abandonara.

Gimió al encontrarse sobre él. Julián alargó un brazo y deshizo el lazo que cerraba el escote de la negligé. El diminuto trozo de tela se abrió.

La mirada de puro gozo que transmitían sus ojos fue mucho más placentera para Grace que sentirlo en su interior. Sonriendo, alzó las caderas y las bajó para absorberlo por entero.

Ella lo sintió estremecerse.

— Te ha gustado eso, ¿verdad?

— Ha estado bien. —Pero la voz estrangulada traicionaba su tono despreocupado.

Ella soltó una carcajada.

Julián alzó las caderas en ese momento y se introdujo aún más en ella.

Grace siseó de placer al sentir que la llenaba por entero. Al sentir la dureza de su cuerpo y la fuerza que ostentaba. Y ella aún quería más. Quería ver el rostro de Julián cuando llegase al clímax. Quería ser ella la que le diera lo que hacía siglos que no experimentaba.

— Si seguimos a este ritmo vamos a estar extenuados cuando llegue el amanecer, ¿lo sabías? —le dijo él.

— No me importa.

— Pero te vas a sentir dolorida.

Ella contrajo los músculos de la vagina para rodearlo con más fuerza.

— ¿Ah, sí?

— En ese caso… —él deslizó la mano muy lentamente por el cuerpo de Grace hasta llegar a su ombligo, y bajó aún más separando los húmedos rizos de su entrepierna para acariciarle el clítoris.

Se mordió los labios mientras los dedos de Julián jugueteaban con ella, acoplándose al ritmo que imponían sus caderas. Cada vez más rápido, más hondo y con más fuerza.

La cogió por la cintura y la ayudó a seguir el frenético ritmo. Cómo deseaba poder abandonar el cuerpo de Grace el tiempo suficiente como para enseñarle unas cuantas posturas más. Pero no les estaba permitido.

Por ahora.

Pero cuando llegara el amanecer…

Sonrió ante la perspectiva. En cuanto amaneciera tenía toda la intención de mostrarle una nueva forma de utilizar el Reddi-wip.

Grace perdió la noción del tiempo mientras sus cuerpos se acariciaban y se deleitaban en su mutua compañía. Sintió que la habitación comenzaba a girar bajo sus expertas caricias, y se dejó llevar por la maravillosa sensación de expresar el amor que sentía por él.

Los dos estaban cubiertos de sudor, pero no dejaron de saborearse; seguían disfrutando de la pasión que al fin compartían.

Esta vez, cuando Grace se corrió, se desplomó sobre él.

La profunda risa de Julián reverberó por su cuerpo mientras pasaba sus manos por su espalda, sus caderas y por sus piernas.

Grace se estremeció.

Estaba extasiado por el hecho de tener a Grace desnuda y tumbada sobre él. Sentía sus pechos aplastados sobre su torso. Su amor por ella brotaba de lo más hondo de su alma.

— Podría quedarme así tumbado para siempre —dijo en voz baja.

— Yo también.

La rodeó con los brazos y la atrajo aún más hacia él. Notó cómo sus caricias se ralentizaban y su respiración se hacía más relajada y uniforme.

En unos minutos estuvo completamente dormida.

La besó en la cabeza y sonrió mientras se aseguraba de que su miembro no abandonara el lugar donde debía estar.

— Duerme preciosa —susurró—. Aún falta mucho para el amanecer.



Grace se despertó con la sensación de tener algo cálido que la llenaba por completo. Cuando comenzó a moverse, fue consciente de unos brazos fuertes como el acero que la inmovilizaban.

— Con cuidado —le advirtió Julián—. No la saques.

— ¿Me quedé dormida? —balbució, sorprendida de haber hecho tal cosa.

— No importa. No te perdiste gran cosa.

— ¿De verdad? —le preguntó ella meneando las caderas y acariciándolo con todo el cuerpo.

Él soltó una carcajada.

— Vale, de acuerdo. Te perdiste un par de cosillas.

Se incorporó y lo miró a lo ojos. Trazó la línea de la mandíbula, levemente áspera por la barba incipiente, con un dedo que Julián capturó y mordisqueó en cuanto llegó a los labios.

Súbitamente, él se incorporó y se quedó sentado con ella en su regazo.

— Mmm, me gusta —dijo ella mientras le pasaba las piernas alrededor de la cintura.

— Mmm, sí —convino él y comenzó a mover suavemente las caderas.

Bajando la cabeza, capturó uno de sus pechos y lamió el duro pezón. Jugueteó con ella y la torturó dulcemente antes de soplar sobre la humedecida piel, que se erizó bajo su cálido aliento.

Dejó ese pecho y se dirigió al otro. Grace acunó su cabeza, acercándolo aún más a ella, completamente extasiada por sus caricias. En ese momento se dio cuenta de que el cielo comenzaba a clarear.

— ¡Julián! —exclamó—. Está amaneciendo.

— Lo sé —le contestó, tumbándola de espaldas sobre la cama.

Lo miró a los ojos mientras se acomodaba sobre ella sin dejar de mover las caderas.

La contemplaba totalmente hechizado. Percibía su ternura y su amor. Nadie lo había conocido como ella y jamás habría creído posible que alguien pudiese lograrlo. Lo había acariciado en un lugar que nadie había tocado antes.

En el corazón.

Y entonces anheló mucho más. Desesperado por tenerla por completo, siguió moviéndose dentro de ella.

Necesitaba más.

Grace lo envolvió con sus brazos y enterró el rostro en su hombro al sentir que aceleraba el ritmo de sus envites. Más y más rápido, más y más fuerte; hasta que ella se quedó sin aliento por el frenético ritmo.

De nuevo, el sudor los cubría. Grace lamió el cuello de Julián, embriagada por sus gemidos. Él siseó de placer.

Y todavía seguía hundiéndose en ella, una y otra vez, hasta que Grace pensó que no podría soportarlo más.

Le clavó los dientes en el hombro mientras alcanzaba el orgasmo rápida y salvajemente. Julián no disminuyó sus acometidas cuando Grace se tumbó sobre el colchón.

Se mordió el labio con fuerza y se movió aún más rápido, haciendo que ella se corriera de nuevo, y esta vez con más intensidad que la anterior.

Justo cuando el primer rayo de sol atravesaba los ventanales de la habitación, escuchó que Julián gruñía y lo vio cerrar los ojos.

Con un envite profundo y certero, se derramó en ella y todo su cuerpo se convulsionó entre los brazos de Grace.

Julián era incapaz de respirar y la cabeza le daba vueltas a causa del éxtasis que acaba de sentir; la intensidad de su orgasmo había sido increíble. Le dolía todo el cuerpo, pero aún así, no recordaba haber experimentado con anterioridad semejante placer. La noche pasada lo había dejado exhausto, y estaba agotado por las caricias de Grace.

Habían roto la maldición.

Alzó la cabeza y vio que Grace le sonreía.

— ¿Ya está? —le preguntó ella.

Antes de que pudiera contestar, el brazo comenzó a dolerle como si le estuvieran marcando con un hierro candente. Siseando, se apartó de ella y lo cubrió con la mano.

— ¿Qué pasa? —le preguntó ella al ver que se alejaba.

Perpleja, observó cómo un resplandor anaranjado le cubría todo el brazo. Cuando apartó la mano, la inscripción griega había desaparecido.

— Ya está —balbució Grace—. Lo conseguimos.

La sonrisa se borró del rostro de Julián.

— No —dijo él, rozándole la mejilla con los dedos—. Tú lo hiciste.

Riéndose, Grace se arrojó en sus brazos. Él la abrazó con fuerza mientras se besaban en un caótico frenesí.

¡Ya había acabado!

Era libre. Por fin, después de tantos siglos, volvía a ser un hombre mortal.

Y era Grace la que lo había conseguido. Su fe y su fortaleza habían revelado lo mejor de sí mismo.

Ella lo había salvado.

Grace volvió a reírse y giró en la cama hasta quedar encima de él.

Pero la alegría le duró poco ya que otro destello, aún más brillante que los anteriores, atravesó la habitación.

Su risa murió al instante. Percibió la malévola presencia antes de que Julián se tensara entre sus brazos.

Sentándose en la cama, obligó a Grace a ponerse tras él y se colocó entre ella y el apuesto hombre que los observaba desde los pies de la cama.

Ella tragó saliva cuando vio al hombre alto y moreno que los miraba furioso. Estaba claro que tenía todas las intenciones de matarlos allí mismo.

— ¡Bastardo engreído! —gritó el hombre—. ¡Cómo te has atrevido a pensar que puedes ser libre!

Al instante, Grace supo que estaba ante el mismísimo Príapo.

— Déjalo, Príapo —le contestó Julián con una nota de advertencia en la voz—. Ya ha acabado todo.

Príapo resopló.

— ¿Crees que puedes darme órdenes? ¿Quién te crees que eres, mortal?

Julián sonrió con malicia.

— Soy Julián de Macedonia, de la Casa de Diocles de Esparta, hijo de la diosa Afrodita. Soy el Libertador de Grecia, Macedonia, Tebas, Punjab y Conjara. Mis enemigos me conocían como Augustus Julius Punitor y temblaban ante mi simple presencia. Y tú, hermano, eres un dios menor y poco conocido, que no significaba nada para los griegos y al que los romanos apenas si tomaron en cuenta.

La ira del infierno transfiguró el rostro de Príapo.

— Es hora de que aprendas cuál es tu lugar, hermanito. Me quitaste a la mujer que iba a dar a luz a mis hijos y que aseguraría la inmortalidad de mi nombre. Ahora yo te quitaré a la tuya.

Julián se arrojó sobre Príapo, pero ya era demasiado tarde. Había desaparecido llevándose a Grace.

2 comentarios:

  1. hola
    hace tiempo q m la paso leyendo tus fics y tan bueniiiiisiimos!!!!!! segui asi te re kiero y espero que escribas mas seguido ..besosss

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  2. hola

    espero que muy pronto subas mas capitulos ya k me he enganchado en la historia de julian y grace xd-.....

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Graciias por dejar tus palabras, estas hacen que quiera seguir escribiendo, y que cada día le ponga más ganas!!

Gracias al blog smilersheart.blogspot.com
por esta firma :)