Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 22 de diciembre de 2015

Puddle Jumping * Capítulo 10

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 10

El viaje de vuelta a casa fue una tortura.

En la mayoría de las relaciones, puedes decirle a tu pareja: ¿Quién era esa? 

¿Hace cuánto tiempo has estado hablando con ella? ¿Quieres estar con ella?

Ese no era el caso con nosotros, y me mataba no ser capaz de percibir qué era lo que me hacía sentir tan miserable en mi interior.

Él sostuvo mi mano. Habló de arte y respondió las preguntas de sus padres con un inusual toque de emoción. Intentaba con todas mis fuerzas no llorar, pero no era normal en él ser tan hablador, y mi única justificación fue que la presencia de Tanya lo había hecho estar así.

Cuando llegamos a su casa, salió del auto y se dirigió directamente adentro. 

A pesar de que mi corazón se rompía, comencé a seguirlo. Pero la señora Cullen me detuvo antes de que pasara por la puerta, preguntándome si podíamos hablar.

Ahora bien, mi primer pensamiento fue que Edward, sin querer, les había contado que estuvo sobre mis bubis y ella estaría enojada y me diría que debíamos vernos sólo bajo supervisión. Mi cabeza daba vueltas con ansiedad inapropiada y las imágenes recientes de Tanya, por lo que las lágrimas inundaron mis ojos cuando me condujo al lado de la casa, donde se encontraba el columpio del porche, y tomó 
mi mano para sentarme.

Lo que no me esperaba de su parte era que palmeara mi mano con suavidad y suspirara antes de limpiar una de mis lágrimas.

―¿Estás bien?

Lo preguntaba como de verdad si le importara, y sólo pude asentir pues temía que al usar mi voz, comenzaría a sollozar como una loca. Al parecer no me creyó. Yo no lo hubiera hecho, tampoco. Soy una actriz terrible.

―Debí haberte dicho que vendría. No sé por qué no pensé que te afectaría. 

―Sus ojos eran amables, como si lo dijera en serio―. Eres tan buena con él. Para él. 

Ha crecido notablemente en estos meses sólo por tenerte a su alrededor. Deberías saberlo.

―No sé si sea suficiente.

Asintió, como si fuera Gandhi y lo supiera todo.

―Entonces déjame decirlo por él, dado que no puede. ―Sonrió un poco―. Todavía. ―Pensativamente, apretó más fuerte mi mano, recordándome a su hijo―. Habla de ti todo el tiempo.

El pánico me golpeó con fuerza y me preparé para la incomodidad que estaba segura que sentiría cuando comenzara a hablar de mis pechos.

―Habla de ti con nosotros porque no va a hablar de ti contigo. Él habla con ella en línea porque su profesor lo sugirió. Pero esa chica está obsesionada con las matemáticas y la física. Eso lo aburre a muerte, pero lo hace dado que le dijeron que lo hiciera para alcanzar su meta final. La razón de que ella asistiera esta noche fue porque era parte de su tarea de invitarla a un evento social.

―Pero es tan hermosa. ―Me las ingenié para decir finalmente, antes de que mi voz se quebrara.

Los ojos de la señora Cullen brillaron y sonrió de nuevo. 

―Claro, es hermosa. Pero Edward no dijo nada de eso cuando se fue. Dijo que era... ¿cómo fue? ―Pensó por un momento, y luego rio―. Dijo que era extrañamente alta para una chica de su edad. Y que olía a cloro.

Me hizo reír también, porque podía oírlo decirlo en mi cabeza.

Con su mano, tomó mi barbilla y levantó mi rostro para que la mirara. 

―Él te pintó. Es lo más cerca que conseguirá de decirte lo mucho que le importas ahora mismo. Bella, supe desde el primer día que viniste a jugar con él hace años que serían buenos amigos. Es solo que no era el mejor momento. Todo lo que a él le falta, tú lo tienes. Espíritu. Un sentido de la aventura.

Mis lágrimas casi se habían secado antes de que comenzaran de nuevo y asentí, agradecida, intentando alejar la mirada, pero no me lo permitió.

―Eres la razón por la que quiso ir a la escuela. Nunca te ha olvidado. Y creyó que te vería de nuevo si iba.

En realidad, no tenía mucho sentido. Ir a la escuela lo pondría en una posición de burlas y ansiedad. ¿Por qué haría todo eso?

―Muchas veces, más de las que puedo contar, preguntaba: ¿Dónde está Bella?, y tenía que decirle que era probable que estuvieras en la escuela. Con el tiempo, preguntó a cuál ibas y si podía ir, también. Por favor no te enojes, pero me aseguré de que estuvieras ahí antes de que aceptara. ¿Cómo podía negarme? 

Estuvo en terapia profesional. Pagué un montón de dinero cuando era pequeño para conseguir que entrara a un cuarto con otros niños para hacer amigos bajo la supervisión de un terapista. Por si no lo has notado, está mucho más cómodo con los adultos. Pero ¿tú? Quería encontrarte otra vez. No le importa lo que los demás piensen de él. Pasar tiempo con aquellas otras personas en su clase ha sido un bono extra. Pero tú eres la razón por la que sigue yendo.

Llámenme despistada, pero no tenía ni idea.

―Me sorprendí mucho al verte ese primer día cuando fui a recogerlo. Creí que le tomaría más que unas horas encontrarte y volver a ser amigos otra vez. Pero siempre has tenido un buen corazón, incluso si eres más torpe que cualquier otro en el mundo. De cualquier parte. Nadie te gana.

Quise reír, pero necesitaba respuestas. 

―¿Es por eso que dijo que ya no podía estar con él cuando éramos pequeños?

Sus ojos viajaron donde nuestras manos aún se hallaban entrelazadas. 

―De veras temía que te mataras en nuestra casa...

En ese punto, ambas comenzamos a reír, porque era la verdad. Si hubiera estado con él más tiempo, de seguro Edward hubiera presenciado mi funeral.

―Ha sido un viaje difícil para nosotros. Desde el minuto que supe que algo andaba mal con él. Entre los estudios y las evaluaciones, aprender de él y cómo funciona... he pensado muy seguido que tal vez hice mal las cosas; que debió haber estado en la escuela todo este tiempo, pero simplemente no es para él. Se frustra cuando no puede comunicarse con otra persona que no es de su nivel. Toca demasiado fuerte. Se abruma y colapsa al no poder decir lo que está pasando en su interior. Tener tutores alivia algo de eso.

»Tal vez debí habértelo dicho cuando eras pequeña. Pero si hubiese entrado en cada habitación, gritando a los cuatro vientos que no era igual que el resto, no le hubiera hecho ningún favor. Quiero que la gente lo vea por quién es. Todo lo que siempre quise es que tuviera algo parecido a una niñez normal... una vida normal. Cuando llegaste tú, creí que, quizá, dado que estaba tan enamorado por ti, podrían encajar a la perfección. Nunca lo has juzgado. Soy sobreprotectora con razón porque hemos pasado por mucho, y fue una decisión imprudente sacarte de su vida, pero sentí que era lo mejor. Pero nunca te olvidó. Ni un solo día. Hay pinturas allá arriba que lo evidencian. Y si pudieras aferrarte a esa verdad en el futuro, cuando las cosas se pongan duras y te sientas como si fuera desigual, entonces tal vez no será tan malo.

Esta era la verdad que él no podía decir, y me hizo más feliz de lo que creí que podría ser.

Me dejó ir, y me dirigí a su habitación para despedirme. Y, a pesar de que me dolía dejarlo, sabía que tenía que salir por la puerta principal. Pero antes de hacerlo, me escabullí al cuarto de arte para desbloquear su ventana.

Porque esa sería la primera noche que subiría el entramado para escabullirme en su habitación después de que sus padres se acostaran.

* * *

Me sentía nerviosa mientras me detenía cerca del otro lado de su vecindario y aparcaba en la calle, antes de cambiarme a un par de pantalones de chándal, una camiseta y sandalias, que había dejado en el auto para una pijamada de emergencia cuando salía con Rosalie.

La noche repercutía con cada paso que daba sobre las hojas caídas, magnificándose en un millón por ciento. Tuve que morder mi labio para impedir respirar por la boca y provocar que saliera humo por ella mientras me escabullía por el patio trasero del vecino, directamente detrás de él.

Y déjenme decirles que, una vez que puse un pie en su casa, hice del enrejado mi perra.

Hay algo en estar concentrada y motivada que puede darte una repentina adrenalina que no se compara con nada que hayas experimentado antes. Eso fue lo que pasó cuando me paré en la inestable y delgada madera, y empujé la ventana, abriéndola para entrar. Al principio, estuve preocupada de que me caería y aterrizaría en una de las obras en las cuales él aún trabajaba, pero no me caí y una sobrecarga de orgullo me envolvió, haciendo la experiencia mucho mejor.

Todas las luces en su casa estaban apagadas, excepto la de su habitación al final del pasillo. Dejé que el mínimo brillo de la luz me guiara a su puerta y me detuve a un lado, así podría componerme antes de tocar su puerta con suavidad. 

No respondió, pero escuché sus pasos y cuando la puerta se abrió, se congeló y me miró fijamente, desorientado.

―¿Puedo entrar? ―susurré, e inclinó su cabeza para examinarme.

―¿Olvidaste algo?

Me reí con nerviosismo, y tomé una respiración profunda. 

―Me escabullí por la ventana. Quería verte.

―Debiste haber usado la puerta delantera. ―Aún me miraba fijamente.

¿Cómo se suponía que iba a explicarlo?

―Sé que debí haberlo hecho, pero no quería que tus padres supieran que estoy aquí. Quería verte.

―Ya me viste hoy.

Fue todo lo que pude aguantar. 

―Quería besarte un poco más, si te parece bien.

Sonrió. 

―Debiste haberlo dicho primero.

Entré a su cuarto tan silenciosamente como pude, y me detuve junto a su cama conforme él se apoyaba contra su escritorio, visiblemente inseguro de qué se suponía que debíamos hacer.

Ya éramos dos.

¿Mencioné el hecho que se encontraba sin camiseta? ¿Sólo en su pantalón de pijama?

Creo que fue la primera vez que lo había visto así, y no me avergonzaba admitir que miré un poco.

Para mí, mi novio es hermoso. Y sin camiseta, vale más la pena subir un enrejado.

La pantalla de su computador captó mi atención, y luché contra la urgencia de preguntarle si hablaba con Tanya. Lo que su madre dijo era verdad, y necesitaba creer que, manteniendo la esperanza bajo control, todo iba a estar bien entre nosotros.

―¿Edward? ―Me quité las sandalias y metí mi mano en mi bolsillo―. ¿Puedo usar tu pasta de dientes? ―Saqué mi mano con el cepillo de dientes que traía conmigo y sonrió, asintiendo y apuntando a su baño. Me observó desde la puerta mientras hacía mi rutina antes de volver a su dormitorio, y sentarme en su cama, de repente sintiéndome muy tímida.

Estuvo a mi lado en un instante, con su boca presionada en mi cuello y sus dedos apretando mi cintura. Pero me alejé un poco y sostuve sus manos en mi regazo mientras reunía las palabras antes de hablar. 

―Necesito preguntarte algo.

―¿Sí?

―Tengo que preguntar: ¿por qué te gusto?

Se alejó de mí, frunciendo el ceño, haciéndolo lucir incluso más tierno si era posible. 

―No entiendo la pregunta. ―Sus manos apretaron las mías con fuerza cuando bajó la mirada hacia ellas―. Eres mi Bella. Siempre has sido mi Bella.

Mi corazón fue suyo para siempre cuando dijo esas palabras. ¿Cómo podía no serlo?

Esa noche nos besamos y más. Fuimos tan lejos como pudimos sin que las cosas se salieran de control y, aunque quería ir allí, sabía que no era el momento. 

Había un montón de cosas que no sabía sobre estar con un chico. O estar con Edward. Era un proceso de aprendizaje, y estaba bien con descubrirlo y esperar.

Después de un rato, redujimos la velocidad y tuve que alejarme, queriendo aire y necesitando espacio, así podría reponerme.

―Tengo que irme antes que tus padres se levanten, así no nos metemos en problemas... por esto...

―Entiendo.

Puede que lo hiciera, pero mi corazón no. Quería quedarse con él.

―Hasta luego ―dije. Y entonces, antes que pudiera detenerme, me incliné y le di un beso más―. Envíame un correo cuando te despiertes. Podemos hablar. Como lo haces con Tanya.

Sonrió contra mi mejilla y me besó una vez más. 

―Hablar contigo sería mucho más agradable que hablar con Tanya, Bella. ―Sus ojos escanearon el suelo junto a mis pies―. Ella está pintada con números; tú eres una acuarela.

Cosas como esa, momentos como aquellos, ¿cómo le explicas a lo demás que nadie más en el mundo puede hacerte sentir de esa manera?
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Hola mis corazones! Quien esté enamorada de este Edward que levante la mano!

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