Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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martes, 29 de diciembre de 2015

Puddle Jumping * Capítulo 13

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 13

La sangre se apresuró a mi rostro y me aferré a su mano, preguntándole silenciosamente si podíamos regresar a su casa. Me sentí viva... tan malditamente viva y emocionada por regresar a su hogar. No me importó nada de lo que acababa de pasar. Así como así. 

La noche era fría pero clara, y recuerdo vívidamente mirar las estrellas, con mi pecho subiendo y llenándose hasta casi estallar por lo mucho que lo amaba. Lo amaba con un dolor físico en mi pecho. 

¿El amor? A veces es tan grande que duele.

Una vez de regreso en la casa, puse a recalentar la comida porque imaginé que necesitaríamos la energía para lo que planeaba para más tarde. Y mientras esperábamos, busqué en sus canales una película o algo así. Dejándola en una que lucía romántica de una manera extraña, ordené y serví la comida, haciéndonos un pequeño picnic en el suelo. Mi ramillete se hallaba justo al lado de nosotros y me gustaba la forma en que se sentía. Correcto.

¿Pero la película? Fue probablemente la peor segunda cosa de la noche.

La verdad era que no tenía idea de qué se trataba. Apenas había oído de ella y ninguno de mis amigos comentó haberla visto. ¿Cómo se suponía que supiera?

No fue hasta que estábamos a punto de terminar de comer que me di cuenta que el protagonista tenía Asperger. 

Para entonces Edward estaba fascinado, con su atención puesta en la película y su ceño fruncido conforme observaba. Me asombraba la protagonista femenina. 

A veces era fría, y otras veces estaba irritada. Pero me sentí muy representada con ella, y era... extraño. Nuestra comida se enfrió y ninguno habló mientras que la película avanzaba, pero pude sentir la tensión en la habitación elevándose.

—Puedo apagarla... —comencé, pero Edward negó con la cabeza, encantado.

—Me gustaría terminarla.

Me sentí como si estuviera conteniendo la respiración todo el tiempo y conteniendo las lágrimas, puesto que estas personas eran mayores... y... no había ningún final al estilo Hollywood. Sólo la realidad. La realidad de amar a alguien que bien podría nunca, jamás amarte con la misma fuerza.

Pero Edward podría, ¿cierto? Éramos diferentes. Teníamos que serlo. Él podía explicar las cosas muy claramente y mostrar su afecto en otras formas, pero no había nada que me hiciera dejar de amarlo. Me sentía segura de ello. 

Los créditos comenzaron y permanecí en un aturdido silencio, debido a que no hubo un final feliz.

No hubo ningún final feliz.

Ninguno.

Necesitaba ese final feliz.

El silencio era arrollador mientras limpiaba los platos y los dejaba en la arandela.

—Voy a alistarme para ir a la cama. —Edward desapareció, yéndose a su habitación para comenzar su rutina y me debatí entre si ir o no.

Lo que acabábamos de ver se reprodujo en mi mente.

No quería eso para nosotros.

No pude permitirme regodearme con estos pensamientos. En vez de eso, me concentré en subir las escaleras hasta su habitación. Estaba en la ducha cuando llegué allí y, por un momento, me detuve.

Hasta que llamó mi nombre.

—¿Bella?

—Sí, estoy aquí. —Entré al baño y me senté en la taza del baño, agobiada por mis pensamientos y emociones, e incapaz de pensar con claridad.

—¿Te bañarías conmigo?

La cortina del baño se movió ligeramente y asomó su cabeza, con el agua corriendo por su rostro y cayendo desde su barbilla mientras me miraba fijamentesentada allí. Tan preocupado como pudiera estar, lucía como si lo estuviera, y odiéverlo así. Algo en la manera en que me miró tiró de mi corazón, y hasta la última expectativa que tuviera para la noche se fue por la ventana.

—¿Estás enojada? ¿No te gustó la cena?

—Sí me gustó —contesté en voz baja. No sabía por qué estaba enojada. Se sentía como si me estuviera conteniendo.

En lugar de desnudarme y ponerme una ridícula lencería para seducirlo, me levanté y quité el vestido y entré en la ducha, situándome debajo del cálido rocío del agua para simplemente... sostenerlo. En un húmedo abrazo. Así él no podía notar la diferencia entre el agua que caía y las lágrimas que fluían en silencio.

Ni siquiera me importó la posibilidad de tener que explicarles a sus padres por qué mi cabello estaba húmedo para cuando llegaran a casa. 

* * *

No soy de las que se rinden. Ni siquiera un poco.

Es decir, si fuera fumadora y necesitara dejarlo, eso sería otra cosa. Pero,¿con Edwad? Nunca.

Sólo porque dos personas en una película no pudieron hacer que funcionara no significaba que lo nuestro acabaría igual. No iba a rendirme aún.

Entonces, a la siguiente semana, me dio una nueva noticia: tenía trabajo.

Estuve más sorprendida que el resto.

Había ido a recogerlo y la señora Cullen me lo dijo, explicando la situación y preguntándome si me importaría llevarlo al trabajo después de nuestra última clase del día.

Al parecer, la noche de nuestra visita al museo en San Valentín, Edward habló con el conservador y había una práctica abierta con la que mi novio aceptó hacer. Sólo así. De inmediato. Su profesor de las clases interpersonales había estado hablando de trabajos, y Edward no le veía el problema. Era exactamente lo que él amaba hacer.

Por supuesto, lo habló con sus padres, pero no conmigo. Y odiaba eso, pero no había nada que pudiera hacer. No es como si no se preocupara o pensara en mí. 

Siempre era mi opinión por la que discutía con ellos, y así era como funcionaba. Él respetaba a sus padres y eran los que tenían la última palabra en cada decisión queél había tomado alguna vez. 

No pensé que llevarlo desde y hasta el trabajo sería algo con lo que mis padres estarían de acuerdo. Entrar y salir de la ciudad con tanta frecuencia no le sentó bien a mi padre.

Al final, no podía ser capaz de hacerlo, así que la señora Cullen comenzó a recogerlo cada día después de la escuela. Lo que significó que teníamos menos tiempo a solas, debido a que los pocos minutos que teníamos en el auto hasta y desde la escuela siempre habían sido nuestro tiempo especial. Y el almuerzo no contaba. Ni tampoco Literatura. Quería estar a solas con él.

Luego de dar inicio a su pasantía, solamente nos veíamos en la mañanacamino a la escuela y en nuestros casilleros. Para cuando llegaba a casa en la noche, con su nuevo horario, encontraba difícil adaptarse a los cambios en su rutina y entendí con rapidez que tenía que dejar de presionar el tema. Se irritaba con más facilidad y, en vez de permitir que mis sentimientos salieran heridos, hice algo 
completamente diferente.

Comencé a trabajar de niñera de nuevo.

La verdad es que no estoy segura de por qué lo hice. Tal vez no ser capaz de ver a Edward me hizo sentir sola. Tal vez sólo necesitaba demostrarme a mí misma que otras cosas podían interesarme, aparte de él. Mi madre me había comentado unas cuantas veces que quizá debería pasar más tiempo con mis otros amigos o encontrar un pasatiempo. En su lugar, elegí trabajar. Probablemente fue estúpido, pero no había cuidado a los gemelos con tanta frecuencia desde que comenzamos a salir, y era dinero fácil después de clases. 

Me dio tiempo para aclarar mi mente cuando me ponía ansiosa respecto anuestra relación. Sabía que podría verlo cada mañana. Simplemente teníamos que esperar nuestro momento hasta entonces. Estar ocupada ayudaba a que el tiempo pasara más rápido. Las llamadas de mis amigos funcionaban, pero salir con una pareja sólo me ocasionaba extrañarlo más. 

Se había hecho amigo de unos cuantos practicantes y hablaba de ellos de vez en cuando, pero nunca llegamos a conocernos, ya que estaba demasiado ocupado. 

La socialización adicional añadió más estrés a su ya repleto horario de artes y escuela, además de sus clases interpersonales y yo. Pero notaba algunos cambios buenos en él, por lo que valía la pena.

Comenzó a observar a las personas más de cerca, y podía asegurar que él intentaba usar ciertos gestos o frases que probablemente los otros practicantesutilizaban. Y aunque yo había sido el catalizador en su travesía para que fuera más social, al menos de acuerdo a su madre, la pasantía fue lo que realmente lo sacó de su cascarón. Tal vez fue porque los demás practicantes eran chicos, también. O tal vez fue por el hecho que hablaba de artes todo el día: lo comía, respiraba y vivía.

Fuera lo que fuese, me alegraba. Sin importar lo mucho que le extrañaba. 

Esto era lo que quise desde el primer día.

Aún nos enviábamos correos cuando podíamos. Todavía nos veíamos todo el tiempo posible. Pero la extrema diferencia del momento inicial en que habíamos estado juntos, aparentemente pegados a la cadera, a los momentos esporádicos que teníamos en ese momento, fue una transición difícil.

Para mí.

Si le era difícil estar lejos de mí, no lo habría sabido. Cayó en su rutina y sin más siguió con ella como si fuera simplemente una progresión natural.

Nuestra relación física disminuyó un poco, ya que apenas teníamos tiempo privado para nosotros, a excepción en el auto. Hubo algunos días en los que habíamos estado conduciendo a la escuela y su mano deambulaba por mi pierna, y me debatí si saltarme o no el primer periodo sólo para tener alguna interacción con él. Desde luego no quería que la escuela llamase a sus padres porque llegaba tarde o estaba ausente, pero... maldita sea. Lo extrañaba. 

Por un tiempo, mi conciencia me ganó y me orgullecía por decidir seguir conduciendo hasta llegar a la escuela, donde nos besábamos durante unos minutos antes de dirigirnos a nuestros casilleros. Pero... no siempre fui tan fuerte. De hecho, a veces comenzaba a recogerlo unos minutos antes, sólo para darnos la opción de encontrar un camino lateral para estacionarnos.

No tenía ni idea de lo mucho que ansiaba su toque. Tan sólo escuchar su voz, sin importar sus palabras limitadas. Él se había convertido en mi todo con tanta rapidez, que no tuve tiempo de verlo suceder hasta que ya estuve perdida.

Estuve muy perdida. No tenía ni idea.

La semana antes del baile, había puesto mis ojos en todo. Me encontraba muy ocupada consiguiendo mi vestido y preparando las cosas, junto con el trabajo escolar y tratando de mantenerme al día con mis amigos y mi novio. Estoy segura de que estuve más desconectada de lo habitual, y el recorrido a la escuela con él a mi lado fue probablemente más tranquilo de lo que nos habíamos acostumbrado. 

Pero tenía muchas cosas en mi mente; no pensaba nada sobre eso.

Estábamos de camino a la escuela, pasando por uno de los pocos caminos laterales que habíamos reclamado como nuestro cuando nuestra necesidad de estar con el otro era demasiado para ignorarlo, cuando comencé una conversación.

—¿Tus amigos del museo van a ir al baile con sus novias?

La mano de Edward apretaba la mía un poco más fuerte de lo normal antes de que lo sintiera removerse en su asiento, y habló en voz alta en el auto silencioso. 

Colocando nuestras manos en mi regazo, hizo la pregunta más desgarradora que había escuchado—: Bella, ¿disfrutarías si nosotros...?

No voy a repetirlo. Pero probablemente capten el punto esencial. Es más o menos la tercera base. Está bien, es casi un jonrón.

El auto derrapó gracias a que mi pie golpeó el freno tan fuerte y de forma inesperada. Me estrellé contra el volante, golpeando con fuerza mis adoloridos senos, y lo miré al igual que Bambi observando a su madre siendo asesinada.

—¿Qué? —Estoy muy segura que esa fue mi respuesta elocuente—. Digo, ya somos bastante... físicos. —Estaba consciente de las cosas que habíamos hecho y las que no, y no debió haberme sorprendido que lo sugiriera, pero escucharlo decirlo era algo completamente diferente.

Se enderezó en el asiento y me miró por un instante. —Justin y Keith hablan mucho de sus novias y las cosas que hacen... —Luego entró en una diatriba muy fría sobre mis partes femeninas y lo que le sugirieron que les hiciera. Y también lo que les gustaba que sus novias les hicieran a ellos.

—Eh, sí. Entiendo lo que estás diciendo. —Intenté detenerlo con mi mano mientras trataba de evitar reírme, y morir al mismo tiempo. Conduje un poco, considerando mi próxima frase meticulosamente. Deteniéndome en una extensión desolada de calle rodeada de árboles, apagué el motor y me volteé en mi asiento para evaluarlo.

Definitivamente íbamos a llegar tarde esa mañana.

En verdad, nunca habíamos hablado mucho respecto a esa parte de nuestra relación; había sucedido naturalmente, pero supongo que escuchar de eso viniendo de dos personas que él consideraría "neurotípicos" lo había hecho enfocarse en eso mucho. Mucho, mucho.

—¿Es algo que te gustaría hacer?

Sus ojos observaban por la ventana a medida que pensaba. —He visto cosas antes. Aunque no estoy del todo seguro de cuál es el punto.

Así que había estado viendo videos.

¿Ves? Igual que un chico normal, después de todo.

—Supongo que es porque se siente bien. Como cuando te toco mientras nos besamos.

Sonrisa pícara. Por supuesto que sí.

—De verdad no es necesario, ¿sabes? No es algo que las personas tienen que hacer para demostrar su cariño. 

En ese momento, no sabía por qué intentaba convencerlo de lo contrario.

Tal vez, en el fondo lo sabía.

—¿Edward?

Me observó con aquellos ojos, y sus labios se veían tan suaves, y su rostro estaba tan confundido.

—¿Te... te gustaría hacerlo? Es decir, no tenemos que hacerlo.

Lo amaba. Quería hacerlo. Pero sólo si él quería.

Él tenía que querer hacerlo. No por otra razón, que fuera su decisión.

Su sí fue dudoso. Se veía inseguro y seré honesta, yo también lo estaba.

—Sí.

—¿Sí?

—Sí.

Y entonces mi ansiedad empezó a notarse. 

¿Y si era un mal movimiento?

Yo podía ser, muy, muy, pero muy mala en eso. 

Comencé a entrar en pánico.

Se tomó unos segundos para aceptar su respuesta y después de un par de respiraciones profundas, me miró a los ojos por un segundo. Luego asintió, y estábamos en silencio mientras nos trasladábamos desde los asientos delanteros hasta los traseros. 

Estaba un poco intimidaba.

Bueno, mucho.

—Sólo dime si es demasiado o si no se siente bien, ¿de acuerdo?

Sabía que sería honesto. Ese no era el problema. El problema era que nunca antes lo había hecho.

Me tomé mi tiempo pero él estaba temblando, con sus ojos medio cerrados y los labios temblando ligeramente por debajo de sus mejillas enrojecidas. Su pecho subía y bajaba con ritmos erráticos, y me preparé para cuando me pidiera que me detuviera. Pero no lo hizo.

Después de unos minutos, me preocupé y alcé la vista de nuevo para ver su rostro fruncido con ansiedad. Así que me detuve.

—¿Debería hacer algo diferente?

Cerró sus ojos y llevó sus puños a su frente en señal de angustia. 

—Demasiado —suspiró—. No puedo... no puedo... —Y ese fue el instantedonde comenzó a molestarse. No lo había visto alterarse mucho anteriormente, a excepción de la víspera de navidad, pero este parecía más grande. Se sofocaba con las palabras acerca de cómo se sentía y cómo su cuerpo estaba reaccionando, que se sentía bien pero a la vez no, y no era igual que las otras cosas que habíamos hecho.

—Está bien —le dije, haciendo a un lado las sensaciones que experimentaba al escucharlo—. Podemos detenernos. No tenemos que hacerlo —le prometí.

La verdad era que me sentí como un fracaso.

Pero no se trataba de mí.

Comenzaba a agitarse cada vez más, sacudiendo su cabeza de un lado aotro, apretando sus ojos con fuerza y presionando sus puños en el techo del auto. 

Las palabras saliendo de su boca eran dispersas, pero pude entender que lo que expresaba era que simplemente quería hacer las mismas cosas que el resto, y que le frustraba que fuera tan difícil para nosotros.

—No es tan difícil para otras personas. —Sus ojos estaban abiertos, y mirabapor la ventana, con sus manos presionadas contra el techo mientras respiraba con dificultad.

—¿Y qué? ¿Y qué si otras personas hacen estas cosas? No me importa. —

Comencé a extender los brazos para tocar su rostro, y luché contra las lágrimas que amenazaban con aparecer. Porque él tenía lágrimas en sus ojos, también—. No me importa lo que los demás hagan. Porque ninguna de esas otras personas eres tú.

Cerró sus ojos.

—Solamente te quiero a ti, pase lo que pase, ¿vale? Sólo tú y yo. El resto no importa.

Era cierto. Con todo lo que habíamos experimentado físicamente, no podía decir que realizar esa actividad en particular sería un motivo de ruptura. Él tenía mucho más que ofrecer que eso.

Me situé en su regazo y envolví mis piernas a su alrededor, introduciendo mis brazos detrás de su cabeza y presionando mi frente contra la suya. Hubo un minuto de silencio absoluto antes de que dejara de temblar. Antes de que sus manos descansaran contra el costado de mis piernas y las presionara más fuerte contra su cuerpo. Flexioné mis muslos y apreté sus caderas, escuchando como una ráfaga de aire escapaba de sus pulmones.

Y luego, lentamente, abrió sus ojos. 

—Eso hace desaparecer el ruido.

—¿Ah, sí? ¿Cuando te aprieto así? —lo hice de nuevo.

Asintió, permitiendo a sus parpados cerrarse.

—Lo tendré en mente —susurré, besándolo firmemente en la frente.

Sus manos empezaron a vagar por mi espalda y debajo de mi camisa, y soltó un largo y lento suspiro. —Eres mi tranquilidad, Bella.

Sacudiendo mi cabeza, murmuré—: Soy la que te hizo agobiarte, en primer lugar.

Sus dedos trazaron los lados de mi cintura. —Durante el tiempo que puedo recordar, has sido la única capaz de calmarme. 

—¿Cómo es eso posible siquiera? Cuando éramos niños, casi morí cada vez que estábamos juntos. Soy un desastre. Soy un caos.

—No —susurró—. Eres mi hermosa Bella. La que mejora todo en mi mundo. 

Ese día sentí que nos veíamos el uno al otro exactamente de la misma forma.
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