Hola a todo aquel que se tome su tiempo para pasar por este humilde rincón. En este blog, se publicarán mis fics, esos que tanto me han costado de escribir, y que tanto amo. Alguno de estos escritos, contiene escenas para mayores de 18 años, y para que no haya malentendidos ni reclamos, serán señaladas. En este blog, también colaboran otras maravillosas escritoras, que tiene mucho talento: Lap, Arancha, Yas, Mari, Flawer Cullen, Silvia y AnaLau. La mayoría de los nombres de los fics que encontraras en este blog, son propiedad de S.Meyer. Si quieres formar parte de este blog, publicando y compartiendo tu arte, envía lo que quieras a maria_213s@hotmail.com

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jueves, 17 de diciembre de 2015

Puddle Jumping * Capítulo 5

Summary: Soy Isabella Marie Swan y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un chico que me hizo creer que el amor es todo menos convencional.
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La autora dice: Esto es una adaptación del libro con el mismo nombre de Amber L.Jonshon. Los nombres son de la maravillosa Meyer.
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CAPÍTULO 5


Después de la escuela, abandoné por completo a Rosalie y esperé a Edward afuera de su última clase. Si se sorprendió al verme, no lo demostró. En cambio, se situó a mi lado como si hubiéramos caminado juntos por los pasillos de nuestra escuela por años.

—¿Quieres un aventón a casa? —pregunté, con mis palmas todas sudorosas de nuevo.

Con lentitud, sacudió la cabeza de lado a lado. 

—Se supone que a las 15:35 debo estar afuera esperando a mi madre.

Sonreí tan amplio como pude. 

—Entonces esperaré contigo.

Un asentimiento. Fue todo lo que obtuve, pero no importaba. Era algo.

Seré honesta, me sentía más nerviosa por enfrentar a Esme Cullen otra vez que de lo que me sentí al acercarme a su hijo primero. Mientras esperábamos que ella condujera a largo del recinto circular reservado para los conductores, en su mayoría estudiantes de primer año, pensé en cosas que podía hablar con él. Como por ejemplo: ¿por qué diablos estaba de repente en la escuela?

En su lugar, me acobardé.

 —¿Estás ocupado mañana después de la escuela?

Su respuesta fue brusca.

 —Sí.

Verás, ser una chica en la secundaria es bastante difícil. Pero añadir tener que hacer el trabajo del chico para pedirle a alguien pasar el rato hacía que mi cabeza quisiera explotar. Y no queríamos que pasara eso. 

En ese momento, su madre estacionó con lentitud antes de detenerse por completo. Bajó la ventana del lado del copiloto y bajó sus anteojos por el puente de la nariz mientras entrecerraba los ojos para ver si realmente era yo de pie junto a su hijo

—Esme Cullen. —La forma en que dijo mi nombre me hizo arrugar la nariz. La saludé y se río, arrojando la cabeza hacia atrás y su pelo rojizo rebotando—. No creí que lo lograrías llegar a los dieciséis... mucho menos a tu último año.

-Touché, señora Cullen. Un punto para usted.

Edward comenzó a entrar al asiento del copiloto, bloqueando mi visión, así que rodeé el auto hacia la ventana de ella. Tenía una gran sonrisa plasmada en su rostro y subió sus lentes a su cabeza para hablarme. Me incliné por la ventana y traté de hablar lo bastante alto para que ambos escucharan.

—¿Le importaría si recojo a Edward en la mañana para venir a la escuela? También lo puedo llevar a casa, si le parece bien. 

Juro con mis manos en un montón de Biblias que sus ojos se agrandaron tanto, que pensé que iba a tener un derrame cerebral.

—¿En serio?

—Sí, en serio. Tenemos una clase juntos y todo, de modo que pensé que podríamos venirnos juntos, y además su casillero está junto al mío y así no hay necesidad que lo venga a dejar y a buscar... 

Levantó una mano para detenerme y, por un momento, pensé que tenía lágrimas en sus ojos. 

—Por supuesto.

—Genial. —Fue como si por fin, pero por fin pudiera respirar de nuevo. Iba a cuidar de Edward esta vez, no al revés.

—Tiene una clase mañana en la universidad. ¿Puedes llevarlo? —Se veía tan esperanzada.

—Claro. ¿Debo... participar? —No podía recordar si se llamaba sombreado o auditoría o lo que sea, pero ninguna sonaba bien, así que no presioné.

Su voz... se hizo muy baja. 

—Es una clase de socialización que le ayuda a aclimatarse. Ya sabes, quiso hacer esto por su cuenta. Pidió venir a la escuela, pero no tiene que hacerlo. —Entonces esta vez sus ojos brillaban—. Él sólo quiere amigos.

—No se preocupe, señora Cullen. Ya tiene uno conmigo —le aseguré y luego me incliné un poco más para despedirme de Edward. Asintió un par de veces y se alejaron, dejándome con mil preguntas.

Se sintió como si todo lo que ocurrió el día que empezó la escuela era lo que necesitaba para demostrarme que tenía que investigar lo que había pospuesto por años.

Al fin se sentía como el momento correcto para ceder y averiguar todo lo que pudiera sobre el tema.

De inmediato, conduje a casa y busqué en Google toda la información sobre el Asperger.

Maldita sea. La cantidad de información disponible es tan extensa. No podía asegurar en dónde acababa. Si bien Edward poseía algunas de las cualidades y características enumeradas en el portal, no parecía tenerlas todas y, honestamente, después de un rato, sólo se puso bastante confuso y agotador. Me dieron ganas de agachar la cabeza y llorar, dado que él me era un completo misterio. 

Mi investigación demostró que la socialización era lo más difícil de "conseguir" para alguien como él. Lo que, obviamente, hacía que su clase después de la escuela pareciera aún más necesaria. Pero ¿cómo podría ayudar? En ese momento, no pensé que obligarlo ir a las actividades escolares fuera la clave.

¿Y si se animaba demasiado?

¿Enloquecería y tendría que irse?

¿Estaría absolutamente bien, y yo era una completa idiota por pensar en tantas preguntas estúpidas?

A veces buscar cosas en Google lo empeoraba.

Una cosa era seguro: haría lo necesario para ser lo que él necesitaba. Lo valía incluso después de un simple día.



Como una hora antes de acostarme, me di cuenta que había silenciado mi teléfono y lo revisé para ver cerca de un millón de llamadas perdidas de Rosalie y Riley. Estaba irritada por decir lo menos. Sabía que Rosalie se conformaría con un mensaje, pero con Riley era otra historia. 

Llamarlo resultó ser la segunda mejor cosa que había hecho ese día. La conversación fue algo así:

—Hola. Tengo llamadas perdidas tuyas.

—Sí. ¿Qué demonios hacías con ese chico Cullen? Todo el mundo lo vio. Todos están hablando de ti...No entraré en detalles respecto a todo lo que dijo exactamente, porque... simplemente... no importa lo que la gente decía sobre Edward o cómo lo llamaran o clasificaran. Pero digamos que fue lo bastante ignorante para justificar un beso de tales proporciones.

Básicamente, le dije a Riley que podía besarme el culo.

Rompimos. Por teléfono. Y no me molestó ni por un minuto. Y luego, mi celular explotó con más mensajes de Rosalie.

Lo diré de nuevo: Las noticias vuelan.

Pero nada de eso importaba. Porque al fin vería un pequeño vistazo de quien era Edward.

Dormí bien esa noche, sabiendo que lo recogería para ir a la escuela por la mañana. Soltera.

La primera vez que recogí a Edward para ir a clases, me levanté temprano para ponerme un poco más de maquillaje. Alisé mi cabello un poco más. Y me coloqué una falda.

¿Qué puedo decir? Mis piernas son impresionantes.

Verás, no es que hubiera comenzado con la intención de tener algo más con él. Fue como si, de alguna manera, estuviera inculcado en mí. Sacaba este deseo muy básico de mí de ser una chica. Una mejor chica. Una que podía atraer la atención de alguien como él. Así que, no era como si pensara hacer aquellas cosas cuando iba en camino esa mañana, solo las hice porque quería hacerlas.

El que estuviera atraída por él no significaba que nuestra amistad tenía que sufrir. La amistad vendría primero, independientemente de mis sentimientos.

Saludé a la señora Cullen en la puerta y juro que le echó un vistazo a mis brillantes labios y rodillas desnudas, y la mujer tan solo lo supo. Las mamás son así de espeluznantes a veces. Pero lo ignoré y me señaló el cuarto encima de la cochera donde Edward reorganizaba algunas piezas.

Había pasado un tiempo desde que vi sus cosas de cerca, y me dejó sin aliento lo lejos que había llegado desde la vez que vi sus pinturas en la feria. Los cumplidos salieron disparados de mi boca mientras los contemplaba, pero no parecía como si de verdad le importara. De hecho, no fue hasta que mencioné un lienzo que estaba roto por la mitad y torcido en la esquina del cuarto, que ahí recién me respondió. 

—¿Qué pasó? —Es que el lienzo lucía destrozado.

Edward lo miró y suspiró, apartando la mirada de nuevo mientras terminaba de preparar su mochila. 

—Me enfadé cuando no pude hacer bien los ojos.

Los bordes marrones del cuadro me incitaban a investigar más a fondo, pero me beneficiaba mantener el acecho al mínimo, sólo una pizca, así que lo ignoré. 

Además, no parecía como si quisiera hablar de eso. Para nada.Viajamos en un silencio que se sintió como millones de estremecimientos por mis brazos y cuello. Era un viaje tan corto que no quise preguntarle más sobre arte, por miedo a que no se detuviera cuando llegáramos al estacionamiento, pero, de acuerdo a mi investigación, al hacer cualquier otra pregunta conseguiría respuestas monosílabas. 

Como por ejemplo: ¿Te gusta la música?, podría conseguir una respuesta de "sí" y eso habría sido todo.

Fue un momento tan estresante que no pude hacer que mis manos dejaran de temblar en el volante, y eventualmente me convencí que quizá el silencio era lo mejor para que él pudiera acostumbrarse a viajar conmigo.

Si soy completamente sincera, no soy una muy buena conductora.Ese día fue mejor de lo esperado y, para la hora del almuerzo, realmente no había pensado en dónde me sentaría. Rosalie intentó hablar conmigo en el primer periodo sobre Riley, pero le dije que no quería conversar de ello en la escuela. No tenía la certeza si ella intentaría sentarme a la fuerza en la mesa y obligarme a hablarlo en público.

En cambio, me envió un mensaje justo antes de llegar allí, haciéndome saber que se saltaría el almuerzo para reunirse con un chico de tercer año en el estacionamiento.

Ni siquiera pensé dos veces en ir a sentarme con Edward y sus amigos. Tan solo lo hice.

Los ojos de Ben fueron de ida y vuelta entre Edward y yo un montón de veces. Tuvo una mirada intencional en su rostro todo el almuerzo conforme yo fingía escuchar a Alice divagar y cambiar de tema más rápido que un adicto a la metanfetamina con un control remoto cambiaría los canales entre caladas. También sonreí un poco cuando me di cuenta de la mirada fija de Edward en mis muslos a 
mitad de una conversación. Lo que reforzaba el hecho de que era un chico normal, sin importar cual fuera el obstáculo con el que pudo haber nacido, que le impedía demostrarlo tan osadamente como otra persona.

Literatura fue aún mejor, pues conseguí sentarme a su lado mientras el Sr. Mercer enseñaba, y a ratos pude escucharlo susurrar cuando el profesor decía algo mal o gramaticalmente incorrecto.

Era claro que había tenido algunos tutores increíbles.

Las mariposas explotaron en mi estómago cuando lo llevé a su clase en la universidad, y después de entrar con él, fue evidente que sería mejor que lo esperara en el pasillo, así Edward no se sentiría más incómodo teniéndome allí dentro. Todos los demás en el salón estaban en igualdad de condiciones. Podrían haber retrocedido en su progreso con mi presencia.

Esperé la hora que estuvo dentro, jugando en mi teléfono, preguntándome qué estaba aprendiendo. 

Apareció a mi lado al instante que abrieron las puertas, y tenía una extraña mirada en su rostro, como si no estuviera afectado a propósito. Sus manos se introdujeron a los bolsillos otra vez, y recuerdo claramente que la parte delantera de su camiseta amarilla se escondía desordenadamente detrás de la hebilla de su cinturón mientras asentía una vez en mi dirección, saludándome.

—¿Estás listo para ir a casa? —pregunté, cuestionándome si debería llevarlo directo allí u ofrecerle algo para cenar.

Pero su respuesta hizo que mi boca se abriera con sorpresa.

—Lo que sea.

Parpadeé y junté mis labios, intentando formar una respuesta. 

—¿Lo que sea?

—Sí —rodó los ojos—, lo que sea.

Y entonces me miró y la esquina de su boca se levantó en una sonrisa astuta. 

—Hoy nos enseñaron eso para ayudarnos a mezclarnos con nuestros pares.

Esto hizo que mi corazón saltara de mi pecho, y tuve que resistir la tentación de darle un abrazo y reír al mismo tiempo porque, maldita sea, se veía tan lindo y un poquito orgulloso cuando lo dijo. En cambio, me puse de pie y le di una rara aprobación con dos pulgares en alto.

—Diste en el clavo —le dije, mi sonrisa mostrándose hasta que no pude ocultarla más.

Se sintió como el comienzo de algo increíble.
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